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domingo, 3 de marzo de 2013

INTERPELACIONES


EL UNIVERSAL, Caracas, 3 de Marzo de 2013
¿Aggiornamento del Cristianismo?
Si la Iglesia es oscurantista, la Ciencia es peor. La Religión es la forma de acercarnos a lo esencial
EMETERIO GÓMEZ

La renuncia del Papa parece que -por fin- podría abrir para el Catolicismo un proceso de Aggiornamento o Actualización. Una puesta al día que debió haberse producido hace 500 años, en el Renacimiento. O hace 400, cuando irrumpieron Descartes y la Filosofía Moderna; cuando Spinoza, en la cumbre más alta del Racionalismo, propuso la estupidez de una "Ética demostrable geométricamente". O, como mínimo, hace 100 o 150 años, cuando Darwin, Freud y Einstein sacudieron los cimientos cristianos más profundos; con tres tesis científicas, cada una de ellas más demoledora que las otras: a) La indiscutible Evolución de las Especies, que puso en evidencia la ingenuidad del Creacionismo; b) la Noción del Inconsciente, que atentaba contra la Idea del Alma, ¡¡por mucho que ésta resultó muy superior a Freud!! Y, c) la Física Cuántica -con su Big Bang incluido- que acababa con cualquier versión simplista de Dios y del origen del Universo.
Pero cualquier aggiornamento católico hoy, deberá enfrentar dos formidables retos: 1) La profunda debacle de la Civilización Occidental, del mundo laico, el pensamiento racional, la ciencia, la economía, el consumismo, la sumisión imbécil a la tecnología y, resumiéndolo todo, la necia Idea de Progreso. Y, 2) la necesidad urgente de actualizar el núcleo básico de la Religión: la Noción de Dios. Porque no se trata (sólo) de aggiornar aspectos muy importantes, pero secundarios, como el celibato, la infalibilidad papal o el sacerdocio femenino; se trata, en lo esencial, ¡¡de revisar a fondo la Noción de Dios!! Del primero de estos temas me ocuparé hoy y del segundo -de lejos, el más importante- el próximo domingo.
El primer problema, la Debacle de Occidente, tiene que ver con una inmensa paradoja: hace 400 años, cuando se inicia la Modernidad y Descartes impone su Giro hacia la Subjetividad, la Ciencia, la Tecnología y el supuesto Progreso, la Iglesia Católica "clavó el freno" y se aferró a sus creencias. El Racionalismo se impuso abiertamente. Hoy, 400 años después, -cuando la Iglesia pudiera intentar su aggiornamento-, todas aquellas ilusiones de la Razón, la Ciencia, la Tecnología y el Progreso han fracasado rotundamente. Nietzsche y Heidegger -por solo dar dos nombres- han puesto en evidencia que ¡¡las ilusiones de la Ilustración y la Modernidad fueron un fraude radical!! Que nadie es mejor como Ser Humano -ni un ápice más solidario, piadoso o bueno- por mucho que se eduque o incremente sus conocimientos... o vaya a misa todos los domingos. Que todo el Progreso, la Ciencia y la Sabiduría Occidental tan sólo sirven para urdir la próxima guerra; que la Tecnología absolutamente nada tiene que ver con la Moral; y, sobre todo -la penúltima limitación- la que nos mostró Wittgenstein: que "todas las proposiciones de la Lógica son tautológicas", esto es, que la Razón no nos agrega el mas ínfimo conocimiento al que ya está en sus premisas, esto es, que no nos sirve en lo mas mínimo para entender nada. ¡¡Porque toda "La Verdad" -íntegra- está contenida en las premisas!! Y, derivada de todo ello, la última limitación, la Tragedia Final: que ninguna ciencia -y mucho menos ninguna tecnología- puede aportarnos la más pequeña pista para entender la Inescrutabilidad del Espíritu. "O sea" (paradoja simpática) que aggiornar al Cristianismo, hoy, podría significar sumirlo en el fracaso de Occidente, ¡¡ponerlo al día con el atraso!! Porque si la Iglesia ciertamente es oscurantista, la Ciencia es peor. Porque la Religión sigue siendo la única forma de acercarnos a lo esencial: a la intuición de Lo Humano.

Fotografía: Un falso anuncio electoral en Roma pide que se vote por el cardenal de Ghana Peter Turkson AFP. El Nacional, Caracas, 03/03/13.

domingo, 17 de febrero de 2013

DOS POSTURAS

EL UNIVERSAL, Caracas, 16 de Febrero de 2013
Benedicto XVI
El testimonio más trascendente nos lo da al renunciar para que crezcan la fe y la esperanza
MONS. BALTAZAR PORRAS 

La inesperada renuncia al papado encaja perfectamente en la personalidad del papa Ratzinger. Es inusual, porque de los 265 papas que ha habido, solo 4 han dimitido. Benedicto IX en 1044, Celestino V en 1294, Gregorio XII en 1414 y, ahora Benedicto XVI. No se trata de una decisión precipitada sino del concepto de finitud que lo ha acompañado toda su vida. Puso su cargo a la orden de Juan Pablo II después del accidente cerebro vascular a su regreso de México y al cumplir los 75 años. En ambas oportunidades el Papa quiso retenerlo a su lado. Su grandeza intelectual y moral, ajena a toda componenda llevó a los cardenales a fijarse en él. En "Luz del mundo", dejó entrever que la renuncia no le era ajena si se tiene "la clara conciencia de no estar bien física y espiritualmente para llevar adelante el encargo confiado".
Ante su conciencia y ante Dios, tomó la determinación de renunciar en una fecha emblemática. Reconocimiento de que las realidades requieren un seguimiento no solo intelectual o espiritual, sino organizativo, para el que las fuerzas ya no lo acompañan. Hermoso ejemplo de la manifestación de la finitud, como parte de la cruz, expresados como disminución del vigor que ya no lo acompaña. Su aceptación es la negación y el mejor antídoto contra la voluntad del poder. Pasa a la disponibilidad a cualquier tarea en la que verá la voluntad de Dios.
Se imponen lecciones para nuestra situación actual. Primero, el valor primigenio de la conciencia y la libertad frente a los condicionamientos del poder. Segundo, el valor del respeto a las normas que no son meros formalismos, sino obra de la razón y del espíritu. Tercero, el ejercicio del poder tiene límites que imponen la edad y la salud. El testimonio más trascendente de Benedicto XVI nos lo da al renunciar para que crezcan la fe y la esperanza.

Ilustración: Peli. Ciudad Caracas, 15/02/13.

jueves, 14 de febrero de 2013

CONTRASTE

La Iglesia necesita un milagro
Hermann Alvino

La renuncia de este Papa constituye un cisne negro, esto es -de acuerdo a Nassim Taleb, quien acuño el término-, un evento que ocurre muy raramente, que nadie había previsto, y cuya presencia súbita es un revulsivo a una situación que casi nunca se corresponde con el mundo real.
Y es que estos eventos ocurren no solo por el azar de la vida, de la naturaleza, y del impredecible comportamiento humano, sino también cuando se tensa demasiado la cuerda que mantiene el equilibrio social. Ejemplo de ello son las convulsiones financieras de este siglo y los apaños aplicados por quienes dominan al mundo, que no tienen nada que ver con la realidad de las personas, mientras decenas de multinacionales o bancos despiden a miles de sus empleados para luego indemnizar a los directivos con millones de dólares, o euros, libras y prebendas, por no contar las tribulaciones de millones de familias para llegar a fin de mes, mientras que en otros ámbitos, los futbolistas, famosos de la televisión o políticos oportunistas, se embolsillan dinero que a todas luces es inmerecido, al margen de la legalidad de su proveniencia.
Estar entonces fuera de la realidad, y extremar las tensiones que ello causa son motivo de apariciones de cisnes negros, por ello a nadie se le ocurrió que Benedicto podría renunciar, sea por salud, por lo que ocurre a su alrededor en ese mundo de la curia, o por ambas cosas, en una rendición de cuerpo y espíritu que ha sido la cuarta de la historia. La última vez que ocurrió fue en 1294 con Celestino V, quien considerándose no apto para el cargo lo dejó para retirarse a orar en paz, cosa que hizo, pero solo luego de pasar  por la cárcel, ya que su sucesor Bonifacio VIII lo mandó a ella en una rocambolesca historia llena de conspiraciones, donde justamente destaca Bonifacio como representante de lo peorcito del culto romano.
Pero este cisne negro vaticano solo es la etapa evolutiva final del elefante que ha encarnado este Papa durante sus ocho años de mandato, en una constante contradicción entre su profunda preparación teológica y su torpe entrada a la tienda de porcelana representada por las realidades planetarias que ha sido incapaz de comprender y que ha contribuido al declive en el número de creyentes católicos.
Por ejemplo, un Papa no puede ir a África -concretamente Camerún- y afirmar allá que “el SIDA no se combate distribuyendo preservativos”, como no puede ir a la Universidad de Ratisbona en Bavaria y dejar caer en su lectio magistralis “Fe, razón y universidad – Recuerdos y reflexiones” la citación de Manuel II Paleólogo -emperador bizantino desde 1391 hasta 1425- que dice: “Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba”.
Puede que haya mucha gente que crea en estas palabras, incluso si están fuera de contexto, pero aun dentro de éste, las frases son infelices y erradas, espantan a quienes luchan contra las enfermedades de todo tipo, transtornan el diálogo interreligioso, y muestran la cara oscura de la curia que informa, redacta y condiciona palabras y actuaciones papales. Todo ello indica, además, que la infalibilidad que de acuerdo a los creyentes ofrece el Espíritu Santo al Papa de turno -que cesará cuando dimita Benedicto, para volver con quien sea elegido a continuación- solo actúa dentro de las paredes vaticanas, aunque a veces tampoco es así, porque basta recordar la vez que este Papa recibió y bendijo en la Basílica de San Pedro a Rebecca Kadaga, portavoz del parlamento de Uganda, quien promovía una ley contra los “comportamientos sexuales desviados”, para los cuales se proponía la pena de muerte o cadena perpetua en los casos de reincidencia.
Pero nada de esto nos debe sorprender, porque Benedicto es, después de todo, el sucesor y continuador de la obra de su antecesor Juan Pablo II, cuyo conservadurismo lo coloca entre los grandes reaccionarios de la Historia, con pecados aun más graves que su sucesor, como aquella cercanía con el cura mexicano, delincuente y pederasta, Marcial Maciel y sus Legionarios de Cristo. Sin embargo, criticar a la Iglesia y sus papas por sus posturas frente al sexo, la homosexualidad, el matrimonio gay, la evolución, o la ingeniería genética junto a todos los avances de la ciencia, puede que sea una ejercicio de debilidad conceptual, porque después de todo la Iglesia tiene su doctrina y sus principios, y quien pertenece a esa comunidad pues los debe compartir, aceptar, difundir y defender, basándose en una de las líneas maestras de Benedicto, como ha sido el combate a lo que él ha definido como “relativismo ético”, aunque esos principios no eximen a la Iglesia de seguir el precepto aquel de Cristo: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”; porque se puede hasta aceptar que ésta se meta en política y manifieste con sus fieles por lo que consideran leyes justas o injustas, aunque luego condene las críticas que se derivan de sus incursiones en los asuntos terrenales, recurriendo al victimismo y denunciando persecusión; pero lo que no se puede tolerar es que esa misma Iglesia luche por tener un trato preferencial que, visto relativísticamente o en términos absolutos no es ético, como es por ejemplo el no pagar los impuestos por las decenas de miles de inmuebles que posee en todo el mundo, a cuenta de que los disfrazan de casas de huéspedes para sus acólitos, o los impuestos que se derivarían de un inmenso patrimonio, en una postura que siempre intentan defender con eso de las numerosas obras de caridad que se realizan, mientras que las gentes comunes son ahogadas por impuestos y tasas.
Esas cosas, en estos tiempos ya no cuelan, como no cuela su aparente incomprensión de la modernidad en general, que en realidad lo que esconden es la intención de mantener parte del poder y privilegios del que han disfrutado durante siglos a cuenta de muchos incautos, incluyendo centenares de gobernantes actuales, y nuestra la sospecha de que el verdadero dolor de cabeza de esta Iglesia no es el sexo liberado, ni la ciencia que aleja la ignorancia, sino los desvergonzados negocios que dia a dia se le van descubriendo.
Por ello, si es que ello es posible, solo un milagro, pero de los de verdad, y no de esos inventados por alucinados y desequilibrados mentales, podría devolver a la Iglesia y al Papado la fortaleza de la pobreza, la firmeza de la humildad, y la acción efectiva de la sabiduría de su iniciador. Lo cual no parece probable.

Fuente: http://vivalapolitica.wordpress.com/2013/02/14/la-iglesia-necesita-un-milagro/