La palabra ahorcada
Luis Barragán
Disminuyendo las oportunidades y los recursos disponibles para realizar eventos similares en el país, CEDICE celebró su nuevo aniversario con una extraordinaria jornada de discusión pública de los temas más apremiantes de la actualidad, destacando la vigorosa presencia de Mario Vargas Llosa. Gracias a las redes sociales que ayudan a recomponer los horarios, todavía nos imponemos de la conferencia y de las múltiples entrevistas y tertulias que el nobelista concedió, incluido el reconocimiento hecho a Arturo Uslar Pietri como el narrador y ensayista que aún el continente está pendiente de descubrir.
Deseando prolongarlos, por unos instantes supimos del debate público congruente, respetuoso, sobrio, cordial, profundo y, a la vez, claro y sencillo. Acotemos, de inevitable contraste con el deterioro que ha alcanzado en una democracia participativa formal, arrollado el argumento a favor de la ofensa que abunda: demencialmente descreditada por el poder establecido, la palabra sintetiza todos los riesgos que afronta o dice afrontar.
Antaño, afianzada por una convincente libertad de prensa, no hubo polémica duradera y fructífera que no estuviese afincada en la fuerza de los argumentos. Eran pocas las expectativas para el dirigente social o político y aún el simple opinante en las lides vecinales o deportivas, que no esgrimiera convencida y coherentemente sus alegatos, prefiriendo el insulto y la golpiza como tiende a ocurrir ahora.
Un modesto vistazo a la ya remota hemerografía e, incluso, Diarios de Debates parlamentarios y edilicios, nos permiten constatar la calidad de una polémica y la disposición hacia soluciones políticas que ahora no encuentran equivalentes. Convengamos que las sesiones de la Asamblea Nacional están regidas por un Orden del Día sobrevenido, retando a la oposición con su equipaje cultural de mano, sin tiempo para prever y estudiar las más disímiles materias como hacía el entonces senador Rómulo Gallegos, según el comentario que Simón Alberto Consalvi una vez le hiciera a Ramón Hernández.
Autores de diferentes escuelas, como Uslar Pietri, Arístides Calvani o Rodolfo Quintero, jamás dirimieron sus diferencias a través de la inaudita violencia personal, convertido el periódico en una magnífica tribuna al alcance del ciudadano preocupado y requerido de explicaciones. Ciertamente, consabida la crisis de los medios convencionales, los portales y demás recursos digitales pueden solventarla; empero, el problema no reside en las herramientas, sino en los propios actores atrapados por la banalidad y el fatalismo, ahorcada la palabra como el más firme compromiso del régimen consigo mismo.
Ilustraciones:: Arturo Uslar Pietri, según ilustración publicada en El Globo, Caracas, 04/09/1995. La otra, tomada de la revista ëlite, Caracas, 13/09/1930.
Puede decirse que es inédita, pues son ya varias las generaciones las
que después que no vieron tan temprana y particular interpretación del
personaje.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/05/la-palabra-ahorcada/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1032622
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domingo, 4 de mayo de 2014
lunes, 20 de mayo de 2013
FIGURACIONES
Maduro y el arte figurativo
Luis Barragán
Naturalmente, la infopista se hace eco de las imágenes de toda persona que adquiera una cierta, mediana o alta relevancia en la opinión pública, por el cultivo de la disciplina política, artística, deportiva, científica, delictiva, astronáutica, jurídica, cinematográfica, filatélica, nanológica, etc. Nicolás Maduro apareció en la inmensa galería, sujeto a las más variadas interpretaciones que sólo el debate abierto puede generar. No obstante, Google lo ha complacido atendiendo el reclamo por aquellos trazos que lo deformaban físicamente, reportándonos un semblante que las agencias oficiales de noticias fatigan.
Excepto una modificación obscena y obcecada de su estampa, la que solemos rechazar y condenar por su inocultable inspiración escatológica, no entendemos la preocupación de Maduro que ha de (pre) ocupar un poco a los psicólogos. Quizá se deba al gusto personal por un riguroso arte figurativo de detalles – incluso – asombrosos, concibiendo el realismo como la más exacta copia de la realidad, aunque el género conoce de varias escuelas de aproximación que no, de pretendido y burdo calco.
Después del incidente ocurrido con el joven Yendri Sánchez en la Asamblea Nacional, la ofensa a la majestad presidencial luce como el delito preferentemente tipificado de todo acercamiento no consentido y, lo más alarmante, de toda discrepancia que se tenga con el personaje, por política que fuese. El vilipendio se asoma como nunca antes en el horizonte histórico, obligándonos a Saturnino Angulo Ariza, Arminio Borjas,José Rafael Mendoza o Tulio Chiossone, por no citar los tratadistas actuales, para explicar la propia presidencia de Nicolás.
Los ilustradores y caricaturistas de la hora venezolana, porque los foráneos no sentirán la más mínima angustia, tendrán que poner sus barbas y bardas en remojo. Probablemente, Tocorón sea la regla y la sede del Sebín la excepción para un Pedro León Zapata o una Rayma.
De las piezas retiradas de la gran red, muchas son inocentes y decentes, todo un ejercicio creativo. Sin embargo, María Elena Ramos, Lorena González o Carmen Victoria Méndez, las periodistas que acostumbramos sobre una materia de la que poco entendemos, pero más degustamos, podrán orientarnos mejor sobre el renacimiento del arte figurativo – obviamente – convencional en el país del XXI.
Fotografía: Tomada de la red. Breve nota LB: Quizá imposible de quitar o de censurar en Venezuela, prosiguen las motivaciones gráficos a propósito de Maduro. Unas son franca y cobardemente ominosas, es bueno decirlo, al lado de otras bastante creativas.
Luis Barragán
Naturalmente, la infopista se hace eco de las imágenes de toda persona que adquiera una cierta, mediana o alta relevancia en la opinión pública, por el cultivo de la disciplina política, artística, deportiva, científica, delictiva, astronáutica, jurídica, cinematográfica, filatélica, nanológica, etc. Nicolás Maduro apareció en la inmensa galería, sujeto a las más variadas interpretaciones que sólo el debate abierto puede generar. No obstante, Google lo ha complacido atendiendo el reclamo por aquellos trazos que lo deformaban físicamente, reportándonos un semblante que las agencias oficiales de noticias fatigan.
Excepto una modificación obscena y obcecada de su estampa, la que solemos rechazar y condenar por su inocultable inspiración escatológica, no entendemos la preocupación de Maduro que ha de (pre) ocupar un poco a los psicólogos. Quizá se deba al gusto personal por un riguroso arte figurativo de detalles – incluso – asombrosos, concibiendo el realismo como la más exacta copia de la realidad, aunque el género conoce de varias escuelas de aproximación que no, de pretendido y burdo calco.
Después del incidente ocurrido con el joven Yendri Sánchez en la Asamblea Nacional, la ofensa a la majestad presidencial luce como el delito preferentemente tipificado de todo acercamiento no consentido y, lo más alarmante, de toda discrepancia que se tenga con el personaje, por política que fuese. El vilipendio se asoma como nunca antes en el horizonte histórico, obligándonos a Saturnino Angulo Ariza, Arminio Borjas,José Rafael Mendoza o Tulio Chiossone, por no citar los tratadistas actuales, para explicar la propia presidencia de Nicolás.
Los ilustradores y caricaturistas de la hora venezolana, porque los foráneos no sentirán la más mínima angustia, tendrán que poner sus barbas y bardas en remojo. Probablemente, Tocorón sea la regla y la sede del Sebín la excepción para un Pedro León Zapata o una Rayma.
De las piezas retiradas de la gran red, muchas son inocentes y decentes, todo un ejercicio creativo. Sin embargo, María Elena Ramos, Lorena González o Carmen Victoria Méndez, las periodistas que acostumbramos sobre una materia de la que poco entendemos, pero más degustamos, podrán orientarnos mejor sobre el renacimiento del arte figurativo – obviamente – convencional en el país del XXI.
Fotografía: Tomada de la red. Breve nota LB: Quizá imposible de quitar o de censurar en Venezuela, prosiguen las motivaciones gráficos a propósito de Maduro. Unas son franca y cobardemente ominosas, es bueno decirlo, al lado de otras bastante creativas.
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sábado, 26 de enero de 2013
LA TRAZADURA LOPECISTA
La pedagogía política del trazoLuis Barragán
Contamos con una larga tradición de estupendos ilustradores, tanto por su ingenio como por la técnica del trazo. Mensaje y estilo revelan una mordacidad extraordinaria, aunque - ciertamente - no sabemos la razón del fracaso de las ediciones humorísticas especializadas y periódicas en nuestra más reciente contemporaneidad, pues - décadas añejas - fueron no sólo destacadas y celebradas, sino objeto de la persecución que anhelaba la ausencia de toda polémica política.
Algo curioso, ya que el predominio de la cultura iconográfica permite suponer un mayor éxito de la didáctica política. Vale decir, la que se relaciona con imágenes de nuestra cotidianidad, pues - muy frecuentemente - el libérrimo diseño gráfico en el universo virtual apela a personajes emblemáticos, por ejemplo, Batman y Robin, para ventilar burlas, rabias y otras facetas que la inevitable discusión pública prodiga.
Valga la coletilla, por supuesto que hay ilustradores y motivos que hoy festejamos, pero no adquieren la popularidad y contundencia que presuntamente conceden otros autores (anónimos) y los referentes que forman parte de la industria cultural. Por ello, al volver la vista atrás, entrando en escena aquellas figuras de cuño histórico, se evidencia una pedagogia necesaria de recuperar.
Eleazar López Contreras protagonizó innumerables caricaturas, término que no nos gusta mucho, aún muchos años después de abandonar el gobierno y desaparecer físicamente. Supervivencia interesantísima, porque - además - nos permite una hipótesis quizá temeraria: su extrema delgadez, incluyendo el emblemático cuello, era fácil de dibujar y difícil de innovar para la sátira. No obstante, por la creatividad de sus intérpretes, disfrutamos de piezas que ojalá sepan algún día de una decidida compilación y publicación.A modo - precisamente - de ilustración, descubrimos la competente perspectiva de Pardo que, economizando trazos, estampa al general con absoluta eficacia, estimulando el interés por una publicación tan particular como "Fantonches". Leoncio Martínez, su director, de quien hemos visto varias contribuciones en El Nuevo Diario del llamado "gomezalato", lo creemos un surfista en medio de las dificultades políticas de un siglo XX que ya se expone distante, presto para el olvido, sorteando la persecución.
Pardo contrasta con la versión ¿hierática o barroca? de Zapata, quien sombrea al tachirense como no lo hace Ugo, con su característico y poco renovado estilo. RAS reivindica el cuello, logrando unos hilos memorables en el marco de la curvilinea que lo identificaba, salvaguardo los anteojos, lentes o gafas.Un cuarteto de piezas que tiene las huellas de otras coyunturas, porque Pardo apuntaba a la incertidumbre de una situación propia de toda transición, diferente a Ugo que posiblemente se hace parte de esa suerte de post-lopecismo que celebró al tachirense - nada más y nada menos - como precursor de la democracia venezolana. Eduardo Roble Piquer (Ras), retrata al reivindicado demócrata, luego senador vitalicio (aunque la iniciativa tuvo sus motivos y bemoles exactamente políticos), mientras que Zapata sabiamente ironiza al entonces Presidente Herrera Campíns por aquello de "tranquilos y sin nervios".
Bien valdría una consideración más serena de tales aportes artísticos, pues la exégesis histórica lo amerita. Y, cuando lo actual irremediablemente se desactualice, algo que es entera angustia de los detentadores del poder, habrá tiempo para capturar las millonarias atenciones que ha recibido Chávez Frías de humoristas, ilustradores y caricaturistas de extraordinario calibre, aunque los hay de bajo cabotaje por sus prejuicios, más que una mirada creadora a lo que ocurre en este lado del mundo, como un día lo supo Cipriano Castro, hay una burda artillería imitada prontamente en las redes sociales.Ilustraciones:
Pardo. Fantonches, Caracas, nr. 525 del 08/02/1936.
RAS, para un texto de Luis Cordero Velásquez. Élite, Caracas, nr. 1811 del 11/06/60.
Ugo, para un texto de Ricardo Combellas. El Diario de Caracas, 28/02/82.
Zapata. El Nacional, Caracas, 05/05/83.
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