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lunes, 6 de abril de 2020

LECTORANTES EN TIEMPOS DE PANDEMIA

La lectura como coartada
Luis Barragan el día 
Convengamos, no es igual afrontar la pandemia en los países organizados y librecambistas que en los inveteradamente desorganizados e inútilmente estatistas.  En unos, la tendencia es hacia los servicios públicos eficaces y, en los otros, hacia su inexistencia misma.

El contraste es notable, gracias a los anuncios que inmediatamente hicieron muchas de las bibliotecas e instituciones culturales del occidente liberal para darle un distinto soporte a la obligada cuarentena. Entre las más variadas opciones gratuitas, a bajo costo o pago diferido, destaca una extraordinaria oferta a los lectorantes interesados.

Observemos que, en tiempos sólo nominalmente normales, la atención física y personal de nuestras bibliotecas púbicas es prácticamente nula, sometidas – desde hace un buen tiempo – al horario del peculiar y largo período especial que nos aqueja. Y, huelga comentar, que ninguna plataforma digital está disponible, sobre todo el portal de la Biblioteca Nacional y, mucho menos, ahora.

En numerosos casos, el enclaustramiento ha sido ocasión para intensificar los oficios de la casa, más aún los de la limpieza febril y preventiva, con excursiones precisas para la búsqueda de los alimentos, medicamentos y detergentes necesarios y posibles, pero todavía no tenemos noticias de algún estudio o  esbozo en torno a la utilización del tiempo presuntamente libre del que disponemos. Nada aventurado es afirmar que no hay lectorantes en los hogares venezolanos, según la tradición, excepto se trate de las redes sociales de tan breves fogonazos o de los subtítulos de los videos o películas que igualmente fatigan. Valga la acotación, la lectura – herramienta ineludible desde la propia escolaridad – es un hábito necesario de retomar, quizá recordando aquella anécdota atribuida a Jorge Luis Borges: nunca fue peronista, dijo, porque aprendió a leer a tiempo.

El asunto es arduo y complejo, pero el coronavirus puede constituir la mejor oportunidad para esas otras atrevidas excursiones indispensables hacia la metrópolis intrincada de la razón y de la sensibilidad que también ofrece generosos espacios para la diversión insospechada. Por cierto, el hijo de corta edad de una pareja amiga, a quien llamamos Spider-Man (pues, es su héroe), hace poco aprendió a leer e incurrió en una extraordinaria coartada por iniciativa propia: ha leído los manuales poco a poco para aventajarse en el disfrute de los video-juegos.
 
06/04/2020:
Fotografías: LB, intervención mediante escaneo. Original tomada de la red, sin identificar autoría.
Brevísima nota LB: Spider-Man, es Ricardo, hijo de Rodney y Tirsa de Castro Soto. Algún día, Ricardito sabrá excusar mi delación.

sábado, 29 de abril de 2017

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Claudia Lanzarotti entrevista a los integrantes del grupo Medio Evo, con fotografías de Francisco Ollarves. El Diario de Caracas, 19/02/1984.
- Resolución ministerial suscrita por Luis Beltrán Prieto Figueroa: los libros serán prestados a los particulares por la Biblioteca Nacional. El Nacional, Caracas, 07/05/48.
- Sofía Ímber. "Elogio de la adulancia". El Nacional, 13/08/77.
- Juan Nuño. "La democracia como teatro". El Nacional, 05/12/88.

Reproducción: Juan Vicente Gómez. El Independiente, Caracas, 11/02/1909.

domingo, 20 de noviembre de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Carmen del Valle Blanco. "Microfilm y documentos públicos". 2001, Caracas, 21/01/1978.
- Resolución ministerial suscrita por Luis Beltrán Prieto Figueroa. "Los libros serán  prestados a los particulares por la Biblioteca Nacional". El Nacional, Caracas,07/05/48.
- Edmundo Bracho. "Minimalismo, un iceberg que se hunde". El Nacional, 08/03/93.
- Alfredo Boulton. "Reverón, una eternidad". Élite, Caracas, nr. 3314 del 20/06/89.

Reproducción: El Gráfico, Caracas, 27/12/1949.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

EDICIONES MÁS PERDIDAS QUE ...

De una edición tapa-dura
Luis Barragán


A propósito de las notas que tomamos sobre Phillip Roth y la novelística de política-ficción, acudimos a la Biblioteca Nacional para la puntual consulta de una biografía especializada. Disfrutamos, teniendo el volumen entre las manos, a “Lindbergh” de A. Scott Berg (Putnam’s Sons, New York, 1998), apreciando y palpando los detalles de una magnífica impresión, incluyendo el correspondiente golpe del pulgar, pues también una edición limpia reporta siempre una distinta y distintiva sonoridad, obviamente desconocida por las versiones digitales.

Co-protagonista de “La conjura contra América”, los venezolanos nos familiarizamos tanto con la suerte del  famoso aviador que, además de visitarnos a finales de los años 20 del XX,  se hizo presente en el refranero de varias generaciones. Víctima de un repudiable y dramático hecho, trascendió con una sentencia cotidiana que no entendería fácilmente la muchachada actual: “Más perdido que el hijo de Lindbergh”.

El caso está en que la obra cuenta con una cuidadosa encuadernación, diagramación e impresión que anuncia muy bien un contenido lleno de detalles extraordinarios. Lo más importante, está resguardada por unas tapas duras que garantizan su manipulación y ubicación en las estanterías, sufriendo el menor daño posible, concitando la emoción del novel bibliófilo más que la del libródromo que no la distingue de otros productos.

La sola circunstancia de una edición de tapas duras, con sobrecubierta de impecable diseño, nos avisa de una rareza en el mercado editorial venezolano aún desde principios del siglo XXI, pues, obviamente, la manufacturación del libro en nuestros predios o la importación de aquellos que nos insertaban en una globalidad aparentemente irresistible, con las importaciones, sincronizó muy bien con el déficit de divisas para tan importante renglón, así atravesáramos – como atravesamos – la mayor bonanza dineraria en toda nuestra historia. Se hizo hábito el consumo de las ediciones de bolsillo, vulnerables y – por tal – prescindibles, hasta traspasar la antes impensable frontera de la escasez y definitiva inexistencia de novedades para leer, reconfirmada por la imposibilidad generalizada de hacerlo a través de la generosa oferta que exhiben las telecomunicaciones foráneas.

Valga acotar que el libro en cuestión, adquirido por la Biblioteca Nacional en los tiempos de Virginia Betancourt, al parecer nadie lo había abierto hasta ahora, cosa que no ha  de cuestionar el programa de adquisiciones, por cierto, variadas y masivas que, por siempre, nos merecemos. Ha entrado en los nuevos catálogos del software libre empleado hoy por la institución, porque los de más vieja data no están disponibles a un  problema de la plataforma tecnológica de los servicios que una vez tuvimos ocasión de denunciar en la Asamblea Nacional.


15/09/2016:
http://opinionynoticias.com/opinioncultura/27548-de-una-edicion-de-tapas-duras

domingo, 16 de agosto de 2015

EMPAPELAMIENTO

De una breve utopía bibliotecaria
Luis Barragán


Necesitamos una biblioteca pública cercana a la casa, una de las centenares del poblado, del municipio o de las grandes metrópolis, sobreviviente al deterioro que las devora. Capaz de recibir también en donación las obras que ya no caben en casa y que, dentro de diez, cincuenta y cien años, conservadas, pueda la tercera, quinta o décima generación pedirla y leerla.

Una biblioteca en la que no se pierdan las obras, por extravío, descomposición o hurto, hallados en cualquier momento los clásicos o festejadas las novedades. Susceptible de recibir y preservar hasta los documentos que trasciendan al propio ámbito familiar, porque le dicen o pueden decirle algo más a la comunidad.

Equipada de títulos que nos hagan dudar entre el préstamo circulante o la definitiva compra en una librería, acaso por la manía de subrayar, anotar, garabatear o sellarla con signos u otras claves. Equipada también con dispositivos electrónicos de reproducción o transmisión, como de aquellos que celen cada página con demasiado rigor frente a la humedad, los ácaros, u otros agentes de la subversión bibliográfica, aplaudiendo la coexistencia del papiro y los bytes.

Queremos saber de un autor favorito que haya donado sus libros harto trabajados y apuntados, localizable en ésta u otra biblioteca. Autor que confíe ciegamente su donación, como nosotros pudimos hacer con libros de frecuente apuntación personal al margen: los nuestros, incomparablemente inferiores al interés de aquél que permita una suerte de arqueología de sus aportes.

Urgimos de una biblioteca que sea tal, en la que el referencista compita con el librero por el dominio de las fuentes, reivindicando al bibliotecólogo de hecho y al de derecho. Igualmente, sede de ocasionales conciertos,  confortable, de un administrado silencio para la reflexión y el disfrute.

Un recinto respetable, por modesto que fuese, con un liderazgo cultural que supere la sola ansiedad y supervivencia burocrática. Toda una institución pública en la que el Estado justifique largamente los impuestos que cobra y en la que el sector privado de la economía también descubra la prestación de un servicio social de trascendencia.

Un sitio para escolares, aficionados, transeúntes, al igual que especialistas, monjes de las letras.  Por ejemplo, con todas sus imperfecciones, aspiramos a algo así como un puente que, en los tiempos no recordamos ya si con Virginia Betancourt, nos permitió – adolescentes – estrechar la mano de Fernando Paz Castillo en la Biblioteca Nacional, de generosa sonrisa desplegada bajo la blanca cabellera;  oir el primer movimiento del Aranjuez de Joaquín Rodrígo, trenzado por Alirio Díaz, en la Fonoteca de la Biblioteca Pública Central de Caracas;  apenas salido del horno, “El péndulo de Foucault” de Eco, novela devorada en dos tardes gracias al dato de la bibliotecóloga-jefe ya familiarizada con los lectores más asiduos; o, admirar al señor jubilado, que cumplimentaba sus tardíos ejercicios de las matemáticas que no entendió en el lejano bachillerato, recreándose inusualmente.

Días atrás, la Comisión Permanente de Cultura de la Asamblea Nacional introdujo y logró la aprobación en primera discusión del Proyecto de Ley del Sistema Nacional de Servicios Públicos de Redes de Bibliotecas. Por más rigor técnico que se quiera en la nomenclatura, hubiese preferido que llevase el nombre de Biblioteca Nacional, pues,  un hecho insólito en nuestro accidentado XIX, el siglo aportó una institución y una denominación  llena de significado histórico.

Mejor, hubiese preferido trabajar extensamente el proyecto, actualizando nuestras notas y preocupaciones, recobrando las denuncias y observaciones que hicimos en la aludida Comisión, añadido el borrador para la modernización jurídica del ejercicio del profesional de la archivología, pero – perteneciendo ahora a otra Comisión, como la de Administración y Servicios – nos ocupan leyes proyectadas como la de Comercio Electrónico o la del Correo Postal, a escasos meses de culminar nuestras responsabilidades parlamentarias del presente período constitucional.  Algunas e infructuosas diligencias personales hicimos, tras denunciar la actual situación de las bibliotecas de un Estado tan irresponsable, y esto porque nunca dejamos de ser el usuario que desde muchachos las empleamos, soñando con la contribución de un texto legal que, por cierto, ha de fijar definitivamente un porcentaje del presupuesto público anual para que abandonen esa condición de cenicientas que traiciona un misión tan importante.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/23442-de-una-breve-utopia-bibliotecaria

sábado, 1 de agosto de 2015

CUADERNO DE BITÁCORA

Libro de mesa. Publicado por Scyla Editores, Barcelona. Impreso en China, con un papel de mala calidad, amplia las reseñas acostumbradas sobre la banda. Su autor, periodista del espectáculo, por lo que vimos en este ejemplar expuesto en Libros Raros de la Biblioteca Nacional, nos llamó la atención - además - porque nos interroga sobre el futuro del libro musical impreso, cuando las redes abundan sobre la materia y la hipertextualización contribuye a precisar y escuchar las canciones referidas. Abundancia relativa, ya que cuesta también hallar novedades. Una de éstas sería la de apreciar ciertos valores musicales en la perspectiva del rock, ya que la infopista es un comenterio inmenso  de sitios que, por interesantes que fuesen, ceden el espacio a aquellos más ligeros, banales, pasajeros.Entendemos que antes eran necesarios los impresos, pues, no había otra manera de acceder a la información; mas, ahora, mientras no haya censura, un dato importancia, se hace más fácil saber de los grupos convertidos en leyendas. Agreguemos que, antaño, hubo locutores que hacían algo más que pinchar un disco y, como Iván Loscher, ofrecían sesudos comentarios provenientes, por lo general, de las revistas especializadas que llegaban al país.


Por cierto, nos permitimos comentar el ejemplar con el referencista, quien - no sin halagar a los "zepelines" - tiene por referencia al Pink Floyd. A pesar de la edad, quizá no llega a la treintena, nos dijo rechazar la "música" de estos días, excepto se trate de una rumba que la hace inevitable, pero no la oye con exclusiva atención y disfrute.

La prensa española en red, otro ejemplo (http://cultura.elpais.com/cultura/2015/07/31/actualidad/1438341570_004725.html), todavía presta atención a la banda. Demasiado excepcionalmente, la ponen en la perspectiva aludida, prefiriendo alusiones como el de la estrategia comercial de la masterización, bien calculada, o los frecuentes tributos recibidos. Hay mens nostalgia que constatación de una ausencia del alternativas exitosas en el mercado.
LB

domingo, 26 de abril de 2015

EL SUELO MOVEDIZO DE LA MEMORIA

De la añoranza y consternación
Luis Barragán


Gracias a la brevedad reglamentaria de las intervenciones en la Asamblea Nacional,  a finales del año pasado apenas enunciamos nuestra preocupación por el destino de los inmuebles de valor histórico y arquitectónico en Venezuela.  Lo ejemplificamos, entre otros casos, con las condiciones en las que se encontraba la vieja sede la Biblioteca Nacional, tan cercana al Palacio Legislativo.

En efecto,  sede por numerosas décadas, a mediados o finales de los setenta del XX,  fue escenario de una experiencia exitosa: la Biblioteca Pública Central de Caracas, esperando un poco más la Biblioteca y la Hemeroteca Nacionales por otro destino definitivo, con la futura construcción del Foro Libertador, aceptado el tránsito de la prensa por la Pista Mucubají del Nuevo Circo.  Tiempos en los que la inquietud juvenil se paseaba entusiasta por una estantería extraordinaria, añadidos servicios como el del préstamo circulante, una fonoteca y la sala de lectura de la Plaza Bolívar con sus revistas extranjeras: por muy críticos que nos digamos, Virginia Betancourt hizo una inmensa contribución al país que todavía no tiene equivalente alguno.

Nos familiarizamos tanto con el lugar que, ya adultos, continuamos con la costumbre de hurgar y devorar de vez en cuando las novedades que ofrecía la biblioteca ubicada entre las esquinas de La Bolsa y San Francisco, al salir del tribunal penal donde laborábamos.  Todavía sobreviven muchos apuntes y fotocopias de aquella época en la que disfrutábamos de unos espacios reverenciados, pues se asomaban las colecciones en las terrazas con una vistosidad sobria, ordenada y premonitoria del paciente oleaje que nos esperaba.

La vieja sede sería reformulada con la llegada de Chávez Frías al poder, heredero – por cierto - de un Foro Libertador que hoy no tiene semejanza con sus inicios. No hubo mejor reformulación que el cierre y, al transcurrir el presente siglo,  terminó como el justificado refugio de las víctimas de las lluvias por un prolongado tiempo hasta que, no hace mucho, fue paulatinamente desalojado.

Tránsito obligado para acudir a la Asamblea Nacional, quienes resguardaban el sitio se aireaban un poco, abriendo las puertas y ventanas colándose la vista de cualquier peatón sobre el terrible deterioro de las instalaciones vacías. Semanas atrás, sinceraron la vista por los trabajos de remodelación emprendidos, imposibles de fotografíar por el riesgo de sacar el móvil en otra de las arterias caraqueñas empañadas por el hampa.

El viernes 24 de los corrientes, saliendo del Palacio de las Academias, después de escaparnos de nuestras labores habituales para escudriñar la antigua prensa, nos detuvimos frente al portón de la otrora Biblioteca Nacional que tiene días engalanada con sendos pendones que hablan del Centro de Historia Nacional y de una Exposición sobre la Constitución. Oportunidad esperada, preguntamos y nos detuvimos en medio de la sala, empuñando distraídamente el perolito electrónico: sentimos la profunda consternación de un sitio que añoramos, con todos los remiendos vivos de una remodelación evidentemente inconclusa que hasta la losa del piso, seguramente de remota data, tenía el sello de una criminal improvisación.

Terrazas solitarias, golpeadas por luces multicolores para una audiencia de escasos muchachos a la usanza postmoderna que parecía fastidiarles el conjunto de cuatro, arpa, maracas y cantante de encendidas letras antipuntofijistas, invitando a pormenorizar la exposición. ¿Cómo funcionará el Centro de Historia Nacional en un espacio concebido para apoteósicas colecciones de libros? ¿Por qué de la festividad ante una obra de remodelación – insistimos – inconclusa que puede llevarse por el medio hasta un vetusto pasamanos? ¿Qué harán con los ahora tapiados ascensores para libros que tampoco sirven de chimeneas para una cocina?

Supusimos mal, pues la exposición se limitaba a una ridícula pared taseajeada para videos, impresas las consabidas leyendas, o un no sé qué recurso didáctico a objeto de explicar la Constitución que ha sido violada reiteradamente. Guardamos poco a poco el arma de reglamento, no otro que el repletador de imágenes, sin ocasión para un video que extrañaría a la concurrencia de un espectáculo barato y abaratador de inconfundible cuño propagandísticos para … ellos mismos.

Proyectamos plantear nuestras inquietudes en el seno de la Comisión Permanente de Cultura, como ha ocurrido antes. Queda el sabor amargo de un gigantesco simulacro revolucionario que, al detal, halla una versión de mediodía sobre los escombros de un referente urbano que trepidaba tinta y papel.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/22355-de-la-anoranza-y-consternacion
Fotografías: LB, Caracas (24/04/2015).

lunes, 9 de marzo de 2015

REALFABETIZACIÓN

Expo-Ledezma 2015
Luis Barragán


Desde hace dos semanas, ideada por la nueva dirección de la Biblioteca Nacional que requiere de la pronta acumulación de méritos, se preparan los recursos hemerográficos necesarios para una particular exposición. Todos los aspectos negativos de la trayectoria pública del alcalde Antonio Ledezma, despuntada involuntariamente la larga trayectoria política que lo avala, ocuparán los espacios del Foro Libertador y, si es necesario, la insólita iniciativa se hará luego itinerante.

Ciertamente, no es la primera vez que la institución incurre en tamaña osadía, alcanzando el más elevado puntaje con la gestión realizada por Fernando Báez con motivo de la relativamente frustrada reforma constitucional de 2007, pero no menos cierto es que, ahora, urgida del peculiar refuerzo, apenas comienza una de las campañas de estigmatización más brutales emprendidas contra opositor o disidente alguno. Cada vez más desterrados los lectores profesionales de la que, década y media atrás, fue una de las instituciones más serias del país, tan perverso esfuerzo didáctico tiene por destino a los escolares, agravando dolosamente las intenciones y pretensiones del régimen que apuntan a los sectores vulnerables.

Precisan de la demolición moral de Ledezma, facturándole por la decidida posición que ha asumido desde los orígenes del actual y ya antiguo gobierno nacional. No les ha bastado despojarlo descaradamente de competencias y recursos en la alcaldía metropolitana, presumiéndolo un peligroso subversivo por la suscripción de un documento – por lo demás – indispensable, o planteándose incriminar de alguna manera a su esposa, sino que les disgustó y disgusta una clara y firme postura en defensa de las libertades públicas y de la institucionalidad democrática, desde el inicial momento que soportó toda suerte de agresiones luego de auspiciar una sesión del parlamento venezolano en la sede del cabildo hacia 1999, cuando las fuerzas represivas y los precursores colectivos armados hicieron del casco histórico de la ciudad capital su mejor domicilio.


La exposición sobre Ledezma, según una fuente de alto nivel que transmitió su preocupación, sucederá a otra que, repetida enfermizamente, versa sobre el 4-F. Al parecer, seleccionados los materiales más vistosos de la vieja prensa, meditado suficientemente el impacto que ocasionará su distribución en los espacios estelares del inmueble, el problema reside en la agenda ministerial y hasta presidencial para la estridente inauguración, como aspiran los promotores deseosos del ascenso burocrático.

De escaso pudor, no hay dependencia oficial que no aspire a acoplarse a las directrices estratégicas del régimen, deseosa la directiva de fulgurar en los elencos consagrados del poder establecido. Empero, crecientemente deteriorada, lamentamos que la Biblioteca Nacional procure forzar el imaginario social afectando a los más jóvenes, a través de la calculada realfabetización política e ideológica de un país bajo fuerte censura y bloqueo informativo.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2015/03/expo-ledezma-2015/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1078428
Fotografía: LB, Caracas (03/2015).

lunes, 9 de diciembre de 2013

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Israel Pena. "Evocación de Franz Schubert". Élite, Caracas, nr. 1211 del 18/12/1948.
- Daniel Salas. #Bajo cifado: Edith Peña" (Presentación en la Sala de Lectura de la Biblioteca Nacional). El Nacional, Caracas, 24/07/86.
- Roberto Guevara. "Pintura: Maruja robando en Bellas Artes". El Nacional,  26/07/63.

- Rafael Pinedo y la inauguración del Museo Soto. El Universal, Caracas, 02/09/73.
- Luis Felipe Ramón y Rivera. "De folklore y creación artistica". La Religión, Caracas, 09/06/57.

Reproducción: "El pintor Argimiro Gabaldón expone en el Centro Venezolano Americano 40 de sus cuadros. Gabaldón ha viajado por Argentina y Brasil y expone por primera vez en Venezuela, su patria". Élite, Caracas, nr. 1022 del 05/05/1945.

Brevísima nota LB: La publicación promete dedicarle al pintor unas líneas adicionales, más adelante. Empero, es la mejor fotografía por aquellos días de AG.

viernes, 14 de septiembre de 2012

PICADURA: JV

Retomamos esta "sección". Tres cosas llaman la atención de la fotografía: la empuñadura del cigarro que hoy se ocultaría, la celebración de una entrevista que ahora sería imposible en el lugar, la presunta majestad de la Biblioteca Nacional. Otros dirán de la vestimenta, con  una curiosa constatación: ella, al parecer, también es irrepetible, pues la moda del "safari" no volvió más como tampoco la de "mao"... El periodista falleció junto a Renny Ottolina en un lamentable accidente de aviación.

LB

Fotografía: (S/a) Jóvito Villalba y Ciro Medina. Bohemia, Caracas, nr. 672 del 09/02/76.

jueves, 17 de mayo de 2012

FALACIA

EL GLOBO, Caracas, 01 de Diciembre de 1997
¿Desideologización de la política del  Siglo XXI?
Luis Barragán


Desde ya se anuncia un nuevo apocalipsis: el desencuentro de todos en el marco de un nuevo milenio. La política  atenta contra nuestra felicidad individual. Cuatro jinetes la cabalgan en medio de una tempestad silenciosa: para reanimarla, reclamando el esplendor de los viejos tiempos;  para desmentirla, enmascarando las ambiciones de poder; para exacerbarla, en promesa de nuevas experiencias totalitarias; o simplemente para liquidarla, vaciando de sentido la historia.

La desideologización de la política es una falacia. Tal criterio escamotea una doble abstención. Preservando la pureza de propósitos, no nos atrevemos a oler la realidad para subvertirla. Pefeccionando las fórmulas de supervivencia, no incurrimos en la audacia de repensar la vida misma. Por consiguiente,  luce más cómoda la pretensión de deslegitimar a quienes, de una forma u otra, tienen principios y (anti) valores que realizar.

No hay tal desideologización, sino un asalto a la política para desfigurarla. Es decir, la materialización de un conjunto de intenciones orientadas a la  exclusión creciente de grupos y personas en las decisiones que les concierne.

La crisis persistirá y la próxima centuria, por muy mítica que sea, no nos relevará de ella y de las responsabilidades personales que acarrea.  No es deseable volver a los antigüos procederes, apostar por una solución única y terminal, someterse al espectáculo y huir despavoridos. Es necesario reencontrarnos y, así, actualizar las instituciones, estimular los consensos alrededor de proyectos claramente definidos y discutidos, reivindicar los espacios y el servicio público, protagonizar los cambios.

Son diversos los modelos que integran nuestras creencias morales y cognitivas en torno al hombre, a la sociedad y al universo. De acuerdo  al grado de claridad y coherencia o de sistematización y - fundamentalmente - asunción de una realidad concreta, podemos hablar de ideología en contraste con la doctrina, la cual versa sobre los principios y valores esenciales que inspiran nuestra acción,  asignándole una serie de fines abstractos; y el programa,  cuya especificidad tiene que ver con la estrategia y táctica de la realización ideológica. Evidentemente, hay distintas corrientes ideológicas consolidadas o en vías de  consolidación de acuerdo a  su nivel teleológico, estructural, globalizante, de conciliación y de prelación.

La preposición inseparable “des”  denota negación   o inversión del significado del simple, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, por lo  que se infiere la fragilidad o inexistencia de una ideología. Siendo así, tomando  una de las nociones básicas de quienes hace décadas versaron sobre el fin de las ideologías, nos movemos en los terrenos de la doctrina, de lo que Edward Shils llama “concepción del mundo” o de lo cultural,  ya que no hay sociedad ni persona sin una trama de orientaciones.

Lo ideológico en Marx tiene otra connotación. Se refiere a la “falsa conciencia”, al enmascaramiento de la realidad y de los intereses de las clases dominantes;  Althusser, por ejemplo,   habla de la lógica y papel histórico de las representaciones (imágenes, mitos, ideas, conceptos).  Tenemos que, por una parte, el fin de la ideología en Marx sobrevendrá con el comunismo; y, por otra,  en una tendencia liberal, ya finalizó en razón del bienestar generalizado de las sociedades altamente avanzadas cuyas diferencias y tensiones no tienen un carácter existencial.

Siendo así, presente el componente ideológico en forma explícita o implicita,  manifestación realizada o por realizar, expresión estancada o por innovar en una sociedad dada, difícilmente puede negarse.  El dilema de la (des) ideologización cede el paso a otro más importante y crucial referido a la lucha del (anti) humanismo. En consecuencia puede hablarse de las ideologías (des) humanizantes, aunque también de anomia en cuanto hay, de un lado, razones y conductas paralelas que dicen llamarse “ideología” y realmente obedecen a un asiento de actitudes y visiones; y, de otro, la confesión,  apego formal a una ideología cuando, en los hechos, se la adultera y traiciona.

Ahora bien,  esa realidad que es materia prima de la política ha sufrido una serie de transformaciones que tienden a alterar sustancialmente el sentido de lo colectivo.  Es cierto que los decisores públicos han incurrido en errores, fracasos y ligerezas al lado de sus aciertos, éxitos y previsiones, pero también lo es que la apatía, la indiferencia, el escepticismo, la anomia afectan crecientemente a todo el conjunto social, como factores a la vez condicionantes  y condicionados.  Todos los males de la sociedad se le imputan al obrar político.

El desinterés por el origen y las consecuencias reales de  los problemas, lleva a un debate superficial donde apenas cabe la política como un espectáculo más. Y es de suponer que los profesionales de la diversión, en este marco, cuentan con mayores posibilidades, imponiéndose por encima de las trayectorias que digan del estudio profundo de las realidades así como de los remedios y diligencias que son necesarios de acordar.

El lenguaje doctrinario, ideológico y programático es reemplazado por el que apela a los instintos. Este es un camino que intenta reconstruir nuestra realidad, porque también aquél ha fracasado en hacerlo y, más de las veces, libra un combate desigual con los medios de comunicación social. Se hacen cada vez más complejos los asuntos que conciernen a todos y no hay un código que los asuma íntegramente. Y es que el poder, en lo que se ha dado en llamar la postmodernidad, sufre progresivamente los embates de la dispersión y, en el imaginario popular, sus agentes deben distinguirse por la frivolidad y el exhibicionismo, supuestamente capaces de sacarnos del retraimiento.

El Siglo XXI levanta toda suerte de expectativas. Le conferimos un carácter mágico a su llegada. Y la ingenuidad puede arrinconarnos hasta negar las posibles tendencias en el desarrollo político, en nombre de las sorpresas que puede depararnos la ciencia y la tecnología en un milenio que se supone su exacto domicilio.

Las ideas e imágenes que tenemos y nos hacemos de la próxima y decisiva centuria provienen de una serie de autores que dibujan el futuro, desde una perspectiva optimista, como Alvin Toffler y Francis Fukuyama, o pesimista, como Paul Kennedy y  Zbigniew Brzezinski.

En Toffler se evidencia lo que se ha dado en llamar un marxismo redefinido, debido al desarrollo de las fuerzas productivas (estructura) que influye a la política (superestructura). Fukuyama es devoto de los viejos vaticinios en torno al fin de las ideologías. En todo  caso, deducimos una franca agudización de la individualidad (que no personalización) y la conquista del poder por aquellos grupos formales e informales que alcancen el rango de gladiadores, bajo los supuesto de un liberalismo victorioso. ¿ El fin de la historia significa la superación de los grandes relatos o su extravío y adulteración?.

La transición inconclusa que experimentamos hacia otro estadio histórico muestra una riqueza simbólica que contrasta con las incertidumbres conceptuales. El Siglo XXI  aparece como un mito alimentado por la fantasía, en el podemos invertir todas las ilusiones y enfatizar los más variados estereotipos que den cuenta de una realidad insuficientemente comprendida. Símbolos e imágenes  que sirven de orientación cognoscitiva, estimativa y afectiva, sirviendo a una actitud política. La tecnociencia, con sus productos y servicios, deslumbra a todos y es capaz de fraguar un optimismo exagerado al pretenderla un sustento básico de la democracia o de la vida pública, para unos, así como un factor de legitimación de una dictadura en la que los tecnócratas sean el eje central y nos releven de conocer asuntos muy complicados y casi esotéricos.

Simplicidades que obedecen a ciertos determinismos en relación a la economía y el consumo, como si el hombre sólo produjera, consumiera y se divirtiera; o al Estado, único ámbito de realización colectiva y personal.  Para Pedro Mario Bazán   se evidencia una “compulsión al gozo y al narcisismo: para el consumidor ha nacido una nueva ética, la de la compulsión al gozo supliendo la tradicional ética del trabajo: si no se consume no se tiene derecho a ser feliz”, impuesta crecientemente la “democracia del ocio, de la autopista y del refrigerador” .  Lo irónico está en no contar  con  una adecuada vialidad, una sana   recreación y  menos comer en buena parte del globo terráqueo.

Son diversas las cosmovisiones y la razón tiene una variedad de dimensiones, en el que la ciencia y la tecnología es el único saber fuerte. Hay cupo para las creencias trivializadas que tiene que ver con la inacabable multiplicación de las sectas o el interés centrado en los horóscopos y los “ovni”, con el debido respeto a los que ciertamente se esmeran en el estudio de ambos temas.    Anomia ideológica donde no hay conciencia del momento histórico, no se es hijo de su tiempo, está ausente lo deliberativo (y, por supuesto, lo crítico), que lleve a un proyecto capaz de representarse en cada uno de nosotros. Puede hablarse de  desideologización de la política en unos términos y, no obstante, creemos que el enlace con el humanismo científico y tecnológico nos remite a una ideología subyacente o, mejor, sin asumirlo en su justa dimensión, a un tejido de orientaciones  individuales  alternas, paralelas,  que sirven para un proyecto que se alimenta de credos, ilusiones, predisposiciones, mitos. Por una parte,  no hay una participación y canalización política que permita someter a prueba la consistencia teórica y fáctica de tales orientaciones; y, por otra, aunque no cuente con los requisitos que la hagan una ideología de una forma u otra se realiza en la sociedad,  influye y es influida en esa colcha de retazos que es   debilidad pero también fortaleza del “pensamiento” en el marco de la postmodernidad.

La política como espectáculo tiene una magnífica plataforma en esta debilidad de las convicciones sobre la vida pública. Es, ante todo, moralista. Es prisionera del discurso moral, de los enunciados grandilocuentes. Así podemos entender a Kolakowski cuando afirma que la idolatría de lo político es la fabricación de “idolos para un uso ad hoc en el juego del poder político” y confirma que “no se trata de nuestra incapacidad técnica para enfrentar los problemas, sino más bien de nuestra incapacidad para tratar los problemas que no son técnicos”  .

La socialización es la progresiva multiplicación de las relaciones de convivencia, según dijera Juan XXIII en su “Mater et Magistra”.  Multiplicación  que debe llevar el signo del humanismo cristiano para asumir las tareas históricas que tenemos pendientes. Realización concreta y acorde a nuestras particularidades de valores como el amor, justicia, bien común, calidad protagónica del hombre, perfectibilidad de la sociedad, libertad, igualdad, democracia, participación, solidaridad, cooperación, austeridad. Estamos en el medio político. No se trata de una mera divulgación, sino de la urgencia de traducirlos en iniciativas políticas concretas. Ustedes, los jóvenes herederos de una crisis de la que son culpables en la medida que no realizan un esfuerzo de búsqueda de soluciones,  deben dar el combate. Nosotros, los más adultos, quienes compartimos la mesa de discusión en este Congreso,  no podemos descansar y esperar que otros libren la lucha. Es el buen combate con la fuerza que da la fe y la buena conciencia en San Pablo.


Post-data (17/05/12):

Quisimos que el texto quedara en la red, a través de: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/5967533.asp . No obstante, nos permitimos acotar una circunstancia. La versión adicional, cercana a la setentena de páginas, la imprimimos artesanalmente, como ya habíamos visto con un diccionario de la democracia cristiana, publicado por el departamento de Formación del PDC de Chile (nos lo hizo llegar Jorge Picón). Sacamos unos cien ejemplares fotocopiados y encuadernamos con una tapas duras que - imagino - diseñó Rafael Mourad. Enviamos esa versión a la Biblioteca Nacional para el correspondiente registro, junto a la resumida que publicó el extinto diario El Globo, Caracas. ¿Qué ocurrió? En el sistema bibliotecario apareció únicamente esta versión, cuatro o cinco hojas, mas no el folleto de setenta páginas. Al solicitar, a mediados de la década, el material simplemente no lo hallaron. Semanas atrás, chequeando la posible aparición de una declaración enviada sobre el Proyecto de la Ley Orgánica de Cultura, a diarios del interior del país, nos sorprendió encontrar: http://libreroonline.com/venezuela/libros/22213/barragan-luis/desidelogizacion-de-la-politica-de-siglo-xxi.html . No disponible. ¿Website alimentado por el sistema de la B.N., por cierto, la que ya conoce de la desastrosa situación de su plataforma tecnológica?