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jueves, 23 de agosto de 2012

LA ILUSIÓN DEL BUEN LIBRO


El Nacional - Domingo 28 de Diciembre de 2003     B/7
Cultura y Espectáculos
La muerte de la novela no goza de buena salud
La consulta a un editor (Raúl Cazal), un librero (Andrés Broesner) y un empecinado lector (Simón Alberto Consalvi), acerca del mejor libro que leyeron en el 2003, confirma que el año que culmina deja algunas buenas obras, sobre todo de largo aliento, que ponen a salvo por los momentos, a la literatura del presente
RUBÉN WISOTZKI

Simón Alberto Consalvi eligió a Soldados de Salamina
Para Cazal lo mejor fue la obra de Auster
En América Latina nunca falta el espacio para la imaginación. Tierra afortunada ésta, que a pesar de ser inundada por la pobreza y el desatino, siempre consigue un lugar, por más pequeño que sea, para el sueño individual o colectivo.
No en vano, por lo tanto, la literatura, su escritura y su lectura, ese vasto territorio donde se entrecruzan en vuelo salvaje la realidad y la ficción, siempre ha estado de pie mientras todo a su alrededor se tambalea.
Entonces, cuando ya el año apaga la lámpara de la mesita de luz, el preguntarse por el mejor libro leído del 2003 en Venezuela es materia pertinente. Pero no hay, obviamente, oportunidad para los veredictos finales y concluyentes.
Cada quien lleva dentro de sí su propia lectura, cada quien es llevado por un libro, cada quien es llevado por un autor, cada quien describe, reescribe y hasta escribe lo ya escrito. Eso sí: la muerte de la novela no goza de buena salud.
Salamina y sus soldados La pregunta asalta al historiador, escritor, pero por encima de todo, lector, Simón Alberto Consalvi justo cuando las metáforas de la mañana están dejadas a un lado ante un suculento desayuno que promete ser protagonista de un gran capítulo gastronómico. “¿El mejor libro que leí en 2003? Sin lugar a dudas la novela Soldados de Salamina (editado por Tusquets) del español Javier Cercas.
Es un libro que aunque ya lo leí hace muchas semanas aún ronda por mi cabeza y me acompaña todos los días”.
La obra de Cercas, que estuvo entre las finalistas del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, pero que terminó en manos del colombiano Fernando Vallejo por El desbarrancadero (editado por Alfaguara), es para Consalvi una obra muy bien lograda, “soprendente al momento de lograr mantener la intensidad desde el principio al fin”.
Pero, como bien apunta el autor de Profecía de la palabra, vida y obra de Mariano Picón Salas, es difícil que exista un libro único para un lector, aunque sea en un lapso tan preciso de un año. Y dejando a un lado ya el desayuno sostiene que el otro gran libro que ha leído en el 2003 ha sido La criolla principal (editado por Fundación Bigott) de la historiadora venezolana Inés Quintero. “Creo que es una de las lecturas más apropiadas para estos días”.
Pessoa y su desasosiego Al igual que Consalvi, el librero y periodista Andrés Broesner, no es consultado en el mejor momento ya que la pregunta toma aire en su librería Noctua, refugio de miles de libros. Y por un momento se tiene la sensación de que más de un libro espera estar en su respuesta.
“Este último año se editaron algunas novelas sobresalientes.
Recordaré cuatro: El mal de Montano, de Vila-Matas; La loca de la casa, de Rosa Montero; El libro de las ilusiones, de Paul Auster; y El fin de la locura, de Jorge Volpi”. Para Broesner las cuatro novelas tienen una construcción “más bien tradicional donde el deseo de contar una buena historia predomina sobre experimentalismos”.
Asumiendo que no se puede quedar con un libro en el 2003, el librero aborda el renglón de las lecturas veenzolanas y destaca el ensayo Fábrica de ciudadanos (editado por Fundación Bigott), de Rafael Cartay. “Es un libro básico para entender el desarrollo de la sensibilidad en Venezuela a partir del Guzmancismo. Será un clásico dentro de la historia de las mentalidades en nuestro país”.
Obligado a quedarse con uno, a pesar de que toda la literatura de sus estantes caigan como castigo sobre su cabeza, Andrés Broesner apunta hacia Libro del desasosiego (editado por El Acantilado) de Fernando Pessoa. “Es de esos libros que se pueden leer todos los días, desde cualquier página, y siempre tienen algo nuevo que decir. En mi mesa de noche quedó anclado junto a Cioran y Borges”.
Las ilusiones de Paul Auster El editor de Comala.com, sello que ya cuenta con más de 200 títulos publicados, tanto de autores nóveles como reconocidos, y conductor del programa radial El libro en 60 minutos, aclara que uno siempre apuesta a los clásicos de estos tiempos. “Mario Vargas Llosa, por ejemplo, pero su más reciente novela El paraíso en la otra esquina (editado por Alfaguara) la despaché sin remordimientos en la primera cuadra”.
“Este año realmente leí muchos libros que merecían estar en una lista del año pasado, pero que vale la pena tenerlos en cuenta, como Los impostores (editado por Seix Barral) de Santiago Gamboa, que no le llega a los talones a su novela Perder es cuestión de método (editado por Norma en 1997, reeditado por Seix Barral este año), pero se nota la madurez en la escritura.
Estoy en deuda con El cerco de Bogotá (editado por Ediciones B) ”.
Reflexiones a un lado, Cazal considera, sin titubeo alguno, que el libro de 2003 es El libro de las ilusiones, la novela de Paul Auster (editado por Anagrama). Autor que desde que lo descubrió, asegura, no puedo dejar de nombrarlo. “Un libro de él te invita a leer toda su obra y esta novela ejerce ese hechizo particular de Auster, que desde la primera frase te lleva hasta la última página y aún llegando a ésta, quieres seguir leyendo. Escritor de historias sencillas, como si hablara de la vida misma o como si todo fuera un juego de falsificaciones”.


sábado, 27 de agosto de 2011

INADVERTIDA


Andrés Boersner estuvo en días pasados en Globovisión. ¿El tema?. Por siempre el libro y la lectura. Y, como están las cosas, se le agradece a la planta que, por lo menos, orbiten un problema y a un conocedor de la materia. Es decir, la noticia ¿inadvertida?.

viernes, 10 de junio de 2011

LA NUEVA BIBLIOFILIA


Obsequio de Andrés Boersner, luego de la grata conversación que sostuvimos sobre el libro en Venezuela, "Las mismas aguas" de Alejandro Oliveros (Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, Caracas, 2006), tiene - además - una doble particularidad que mueve a la más profunda preocupación y consternación.

Por una parte, estuvo en depósito alrededor de dos o tres años y, ahora, es que circula, excepto que haya servido para los festejos del gobierno y sus reducidas relaciones públicas. Nada más endógena que la circulación de impresos entre los medianos y altos funcionarios del régimen.

Y, por la otra, que la Casa Bello autorice, imprima y distribuya una obra de índice tan ... curioso, entristece. El prólogo que anuncia es de Luis Alverto (SIC) Crespo, aunque después aparece en forma correcta el nombre.

Al permitirnos extender el comentario, el corrector pudo hacer lo propio, pues, apenas, tratamos del principio de la obra. Posiblemente, versamos sobre una mala jugada del programa informático. Empero, quizá la inteligencia gubernamental no merezca el beneficio de la duda, ya que los errores más garrafales constituyen un hábito que es el de la improvisación sistemática o coherente, oximorón indispensable al ventilar el asunto.

Extraño afán bibliofílico nos ofrecen las imprentas oficiales, porque ya no se trata del hallazgo y captura de los gazapos expuestos. Acostumbrados, la cacería parece orientarnos hacia aquellos ejemplares de edición, diagramación, corrección y hasta empacadura impecables.

Contraste lamentable con la vieja Casa Bello.

LB

lunes, 25 de abril de 2011

LIBRÓMA


EL NACIONAL - Lunes 25 de Abril de 2011 Cultura/3
El foro del lunes
ANDRÉS BOERSNER Preside la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana
La organización continúa el trabajo de la Fundación para la Cultura Urbana mientras 30.000 productos editoriales y 12 proyectos editoriales permanecen retenidos por la junta interventora de Econoinvest
«No quisiéramos demandar, pero se agotan las posibilidades»
MICHELLE ROCHE R.

Una década de compromiso con la cultura nacional, reafirmada en más de una centena de libros y en el profesionalismo de los miembros de la Fundación para la Cultura Urbana, será premiada por la Academia Venezolana de la Lengua, en el marco de la conmemoración del Día del Idioma.

El reconocimiento se entregará el miércoles 27 de abril, a las 11:00 am, en una ceremonia que contará con la participación del presidente de la Academia, Blas Bruni Celli.

Lo recibirá Andrés Boersner, en calidad de presidente de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, la institución sin fines de lucro que continúa con el trabajo de la fundación, dedicada a la divulgación de la obra de creadores en las áreas de literatura, música y fotografía, entre otras de las artes nacionales.

La Academia destaca la contribución de la fundación al idioma con obras como el Diccionario del habla coloquial de Caracas de María Elena D’ Alessandro y Sordera, estruendo y sonido (Ensayos de lingüística venezolana) de Francisco Javier Pérez; así como con el Concurso Anual Transgenérico, único en Venezuela, que ha estimulado y difundido el trabajo de ensayistas, narradores y poetas venezolanos.

Los retos de una sociedad Boersner, también director de la librería Noctua del Centro Plaza, en Los Palos Grandes, representa a una organización que nació hace más de seis meses, cuando miembros de la Comisión Nacional de Valores desalojaron a los trabajadores de la Fundación para la Cultura Urbana y cerraron con candado su sede en el piso 6 del edificio Mene Grande.

Las autoridades entonces señalaron como explicación de la medida la relación entre la institución sin fines de lucro y Econoinvest. Sin embargo, si bien la fundación disfrutaba de las donaciones de la casa de bolsa, su principal patrocinante, no pertenecía a ésta e, incluso, había comenzado gestiones para autofinanciarse.

Los números no mienten. En 2009, un año en el que la mayoría de las empresas culturales del país estaban en crisis, el fondo editorial de la institución colocó en los anaqueles de las librerías del país 20 títulos Made in Venezuela, proeza que pocos sellos privados lograron en la última década.

Paradójicamente, en recompensa a ese esfuerzo, luego del desalojo, los trabajadores de la fundación debieron sufrir largos interrogatorios ­de horas­ y hasta hubo quien recibió amenazas. Además, se mantiene la prohibición de acceso a la sede en Mene Grande, donde quedaron los instrumentos de pago y otros activos de la institución.

En respuesta a la situación, un grupo de autores comandados por los poetas Jacqueline Goldberg y Alexis Romero pronto sentaron posición.

Presentaron un documento digital firmado por más de 1.500 intelectuales dentro y fuera de Venezuela en el que se condenan las acciones de la junta interventora de Econoinvest.

Así se sembró la semilla de la Sociedad de Amigos, planta que mañana en la librería El Buscón, a las 6:30 pm, dará sus primeros retoños, cuando se entregue el Premio Transgenérico a Roberto Martínez Bachrich, quien escribió la biografía de Antonia Palacios titulada Tiempo hendido, y se presente la colección de cuentos de Joaquín Marta Sosa No todos los días son felices.

­¿Qué continúa al otro lado de la puerta de vidrio en las que fueron las oficinas de la fundación? ­Las instalaciones de las oficinas y de los depósitos de la fundación están ocupadas.

Allí hay más de 30.000 productos editoriales listos para repartirse en librerías de todo el país y 12 proyectos editoriales, entre los cuales están 4 libros de la serie Inmigrantes y una colección de ensayos de José Balza. Lo único que se solucionó fue el problema de los empleados de la institución, que al final sí pudieron cobrar, incluso, su fideicomiso.

­¿Cómo van las negociaciones con la junta interventora para recuperar esos activos? ­La estrategia ha sido el silencio, lo que hace suponer que todo se ha decidido al más alto nivel, como ha sido en el caso de Econoinvest. Ni siquiera nos han recibido para escuchar nuestras demandas.

Estamos redactando una carta que enviaremos a Tomás Sánchez, superintendente general de bancos, y a la directora de Econoinvest, Nahunimar Castillo, para solicitar la entrega de esos activos. Nos hemos mantenido en un empeño pacífico, sin intención de demandar, pero se están agotando las posibilidades desde el punto de vista extralegal y tendremos que apelar a lo que la Constitución nos da derecho: demandar jurídicamente la entrega de los activos de la Fundación para la Cultura Urbana.

­¿La junta directiva de la Fundación para la Cultura Urbana apoya las actividades de la Sociedad de Amigos? ­La mayoría de la junta directiva sí, los que hicieron frente al problema y los que están activos, todos apoyan la Sociedad de Amigos. Pero hay otra parte, pequeña, que calla.

­¿Qué otras actividades tiene pautadas la Sociedad de Amigos para lo que resta del año? ­Nosotros, a sabiendas de que ya no tenemos un mecenas, como era Econoinvest, maximizamos los recursos de la Sociedad de Amigos y la colaboración de los 1.500 firmantes de aquel documento que nos inspiró. No publicaremos 20 títulos al año, como sucedió en 2009; quizá llegaremos a 5 libros, pero seguiremos en nuestro empeño. El mes que viene esperamos bautizar el estudio de Arturo Gutiérrez Plaza sobre la lírica nacional, Itinerarios de la ciudad en la poesía venezolana, que ganó el Premio Transgenérico en 2009. También pondremos en práctica coediciones y reanudaremos los seminarios de la fundación, en especial en las áreas de literatura y fotografía.

Además, pensamos en organizar un seminario, que probablemente se convierta en un diplomado sobre poesía venezolana del siglo XX, para lo que estamos en conversaciones con universidades.

"La estrategia ha sido el silencio, lo que hace suponer que todo se ha decidido al más alto nivel, como ha sido en el caso de Econoinvest".

"Pondremos en práctica coediciones y reanudaremos los seminarios de la fundación".

Fotografía (y post-data): Tomada de la red. AB y la librería Noctúa (Centro Plaza, Caracas), constituyen un referente importantísimo en el campo. Acaso, él es un líder de la resistencia por el inmenso problemario del libro en Venezuela.
LB

sábado, 4 de diciembre de 2010

favelandeses


EL NACIONAL - Sábado 04 de Diciembre de 2010 Papel Literario/1
Jon Lee Anderson y el Nuevo Periodismo
Jon Lee Anderson estará en Caracas el próximo 7 de diciembre para dictar una conferencia, "Favelandia: el futuro de las ciudades latinoamericanas", en el marco de la X Conferencia de la Fundación de la Cultura Urbana. Será en la sede del IESA, a las 7 pm
ANDRÉS BOERSNER

Hasta bien entrada la década de los ochenta del siglo pasado el Nuevo Periodismo era considerado una invención anglosajona.

El término lo puso de moda Tom Wolfe, pero las referencias iban a tiempos remotos.

Por lo general la data más antigua se estacionaba en el siglo XVII con Daniel Defoe y su diario del año de la Peste.

Lo curioso es que el Nuevo Periodismo no es asociado inicialmente al periodista sino al escritor. Se barajaban siempre los nombres de Mailer, Capote, Hemingway o, más atrás, London, Ring Lardner y Mark Twain. Hemingway comenzó como periodista pero su reputación y reconocimiento fueron desde el inicio como narrador.

Esta forma de hacer periodismo se centró en dos vertientes: los hechos (Hemingway como corresponsal de guerra, Ring Lardner como cronista deportivo) y el reportaje a celebridades (como el caso de Mailer o Talese), aunque sin descartar fenómenos como el de las patotas (Hunter Thompson) o la "izquierda exquisita" (Tom Wolfe).

Es con estos últimos nombres, Talese, Thompson y Wolfe que los periodistas desplazaron a los escritores del espacio de Nuevo Periodismo. A Latinoamérica llegaron una década después, de la mano de editoriales para ese momento subterráneas como Anagrama. Y lo hacían en traducciones marcadas por el llamado "destape español", con su argot nada convencional. Pero en las aulas de Comunicación de la UCV mandaban a leer, aún en los ochenta, A sangre fría como piedra angular del Nuevo Periodismo. Veíamos con cariño, aunque a la distancia, los esfuerzos de algunos profesores que vendían la obra de Capote como el ejemplo más acabado y actual de esta tendencia. Entre tanto ya nos habíamos leído Relato de un náufrago, de García Márquez y nos turnábamos en la lectura de La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska o A ustedes les consta, de Carlos Monsiváis.

En el plano literario Ángel Rama recordaba las bondades de la crónica periodística presente en la generación modernista latinoamericana: Martí, Darío, Gutiérrez Nájera, Gómez Carrillo, Blanco-Fombona. Años después, Susana Rotker hacía un estudio completo acerca de la crónica dentro de este movimiento. El Nuevo Periodismo, después de todo, tenía larga data en nuestro continente.

El Nuevo Periodismo latinoamericano se asocia incluso al de los Cronistas de Indias, por su voluntad de narrar la historia desde adentro y con elementos narrativos que realzaban las noticias que se transmitían a las autoridades imperiales.

Cuando el Nuevo Periodismo se desarrolló en Estados Unidos existían revistas importantes que tenían décadas circulando y estaban asociadas a lo literario. Unas pocas se involucraron directamente con la nueva tendencia periodística: The New Yorker (1925) y Esquire (1933) principalmente. Esta última apostó también por nuevas formas narrativas, como el minimalismo. El conocimiento que tenemos hoy de Raymond Carver o Richard Ford tiene parte de su historia inicial en Esquire.

Poco después de que Tom Wolfe acuñara el término aparece otra revista que apuesta por el periodismo literario. Se trata de Rolling Stone (1967), de donde resalta la figura de Hunter Thompson, el más radical de los nuevos periodistas y creador del "periodismo gonzo", por lo que tiene de personal dentro de la historia.

El Nuevo Periodismo, escrito por periodistas, comienza a tener presencia sólida en nuestro continente a partir de la década de los setenta, aunque hay ejemplos importantes en la década anterior. Algunos remarcan la aparición definitiva del género con la novelareportaje Operación masacre (1957), del periodista argentino Rodolfo Walsh.

En Venezuela fue a través de El Nacional , el suplemento cultural de Últimas Noticias y El Diario de Caracas, cofundado por periodistas argentinos exiliados, donde se desarrolló un periodismo más literario.

En esto influyó también el que se desarrollaba en España, sobre todo a través de las páginas de El País y del género de la entrevista.

A fines de esa década, en Perú, comienza su carrera un joven periodista norteamericano, en los estertores del mandato de facto del general Francisco Bermúdez. Tenía poco más de 20 años pero ya conocía, por circunstancias familiares o iniciativa propia, buena parte del planeta. Había transitado por países con baja circulación turística o realidades tan diversas como Liberia, Corea del Sur e Indonesia.

Este joven, Jon Lee Anderson, nacido en 1957 en Long Beach, California, hijo de un funcionario diplomático y una escritora, se inició en The Lima Times y como corresponsal de una agencia de noticias. Desde muy temprano sintió curiosidad por zonas poco conocidas para el occidental común y que hoy siguen teniendo preferencia en su afecto: Latinoamérica y África. Su segunda lengua es el español, hablado con un acento que recuerda a Perú, Colombia, Cuba o México, países en los cuales ha residido por largas temporadas.

Jon se sintió fascinado por el panorama que presentaba América Latina en ese momento: en el Cono Sur sólo había dictaduras militares; en la parte media predominaban gobiernos en transición (como en el Perú mismo o en Ecuador); en la parte norte habían democracias tradicionales y en Centro América sucedían cambios alentadores, como la Revolución Sandinista y efervescencias como la de San Salvador. Cuando pudo cubrir parte del conflicto centroamericano ya el grueso de los acontecimientos había ocurrido. Sentía que, al igual que con la guerra de Vietnam, llegaba tarde al escenario y con fuentes de segunda mano. A partir de allí se prometió ejercer un periodismo de primera instancia, lo más lejano posible a la sala de redacción y los intereses particulares de un medio. Desde entonces ha sido corresponsal político y de guerra de muchas publicaciones, haciendo especial énfasis en el estudio sistemático de procesos (como la política exterior norteamericana y su interferencia directa, militar, en Irak o Afganistán o el fenómeno de las guerrillas, especialmente en Centro América) y en un elemento más común dentro del Nuevo Periodismo norteamericano: el retrato de celebridades políticas. En su caso se trata sobre todo de un estudio acerca del fenómeno del poder.

Entre estas dos instancias, el análisis político y biográfico, se ha desarrollado principalmente la carrera de Lee Anderson.

Tal vez por eso y por su voluntad didáctica se le conozca como "el sucesor de Kapuscinski".

Sin entrar en detalles sobre esta comparación podemos agregar que Anderson no ha parado de viajar y meterse en la boca del lobo en estos últimos años. Su crónica es detallista y por eso mismo suele consumir varios viajes y semanas antes de cristalizar. Mientras la mayoría de los corresponsales hacen uso de rutas relativamente seguras, como las de convoys militares o partes claramente interesadas en el conflicto iraquí o de Afganistán, el autor de La caída de Bagdad y El dictador, los demonios y otras crónicas apela a trayectos más independientes para acceder a la fuente. Para él buscar un equilibro de la realidad entraña un choque directo, constante, insistente, en el desarrollo de la historia. Hay dos explicaciones para ello, que él mismo ha referido: la noción de aventura que siempre lo acompañó y el planteamiento ético, moral, que tiene como principio de vida.

Un buen periodista sabe cuál es su lector. En el caso de este tipo de crónicas y reportajes se trata de una capa culta, media, interesada por la historia y por un periodismo de fondo que vaya más allá de los noticieros y comentarios previsibles. El lector de Anderson entiende que va a recibir malas noticias y que este periodista, metido en la historia, no lo va a dejar tranquilo en su poltrona favorita. Es una regla sencilla que enseñan en las buenas escuelas de Comunicación Social: el periodista es un agitador, un concientizador. No se trata de un propagandista político, sino de alguien que da una idea del conjunto y la pone en perspectiva.

Todos los periodistas influyentes que aplican estos principios en su escritura han tenido problemas. Kapuscinski los tuvo y no cesaron con su muerte. En el conjunto de crónicas sobre Hispanoamérica El dictador, los demonios y otras crónicas aparecen retratos de personalidades que despertaron agrios comentarios. Se dijo, por ejemplo, que la figura de Pinochet aparece suavizada, que la de Noriega es feroz o que la de Chávez resulta demasiado favorable.

Pero también se ha dicho lo contrario. Lo que tal vez más molesta al periodista es contender con esa visión miope, intolerante, maniquea, de algunos lectores para los cuales sólo existe el blanco y el negro. La tumba de Lorca es la excusa perfecta para mostrar como las heridas de guerra siguen a carne viva en España. La entrega del Canal de Panamá por parte de Estados Unidos deviene en un retrato crudo de la sociedad panameña y de los intereses nada transparentes que se mueven detrás de su floreciente economía. Su visión de García Márquez es, sobre todo, un estudio eficaz de la situación política colombiana. Y el retrato de dictadores que tuvieron todo el poder y terminan agradecidos por el trato que le dieron en una tienda por departamentos no puede ser más patético e ilustrativo de lo demoledora que es la vida cuando se acaban los 15 años de gloria.

Algunos de los contenidos que se desprenden de los reportajes de Jon Lee Anderson nos pueden hacer pensar en un manual de auto-ayuda o en un propagador de principios éticos.

--Asume tus decisiones hasta las últimas consecuencias.

--No asumas una realidad por sentada sin antes comprobarla. La historia está en el lugar de los hechos, no en las salas de redacción.

--Mantén una posición abierta frente a la fuente, no hostil o donde se noten a las claras tus inclinaciones.

--Concéntrate en los detalles para que tengas una idea del conjunto.

--Mira lo que se mueve alrededor.

--No señales la cantidad de fuentes o dificultades sorteadas para conseguir tus informaciones, a no ser que quieras escribir un relato de aventuras en vez de un reportaje.

--El deber del cronista es incomodar al lector pero dejando abiertas las vías que le permitan una conclusión particular. Eso se logra con una información amplia y lo más heterogénea posible.

--El periodista debe estar presente como observador directo de los hechos, pero no en un rol de protagonismo.

martes, 11 de mayo de 2010

LA ACTUAL NARRATIVA VENEZOLANA (I)



EL NACIONAL - Sábado 24 de Abril de 2010 Papel Literario/2
Consulta
EQUIPO DE PAPEL LITERARIO

* El balance que se presenta tiene un carácter periodístico y su resultado no es más que la expresión de una consulta realizada bajo ciertas reglas, tal como es común en revistas y suplementos literarios en Estados Unidos, Inglaterra y España.

* En nuestro caso, elaboramos una lista inicial de 30 personas, que cumplían con tres requisitos: no son narradores, son buenos lectores y siguen con atención el transcurrir editorial venezolano. Nuestra lista incluyó lectores de distintas generaciones y regiones del país.

* Enviamos la petición los tres últimos días de diciembre de 2009. El plazo de entrega culminaba el pasado 28 de febrero. Hasta esa fecha recibimos 14 contribuciones. Además de la lista ordenada del 1 al 10, los consultados podían aportar un breve texto para comentar, desde cualquier perspectiva, lo ocurrido en diez años de narrativa venezolana. Los nueve textos que recibimos se incluyen en esta edición.

* El compromiso que adquirimos con las personas que participaron en la consulta fue el de publicar sólo una lista con los resultados totales, y no divulgar las listas individuales. Nuestro interés consiste en mostrar algunas tendencias y no el detalle contenido en listas particulares. En definitiva, lo que nos proponemos es ofrecer una guía a los lectores que siguen estas páginas. ¿De dónde salió la puntuación? A los que encabezan la lista les asignamos 10 puntos. A los segundos, nueve. A los terceros, ocho. Y así, sucesivamente.

* En las 14 listas aparecieron mencionados un total de 57 libros. De ellos, 34 recibieron una mención. El resto, como es obvio, dos o más menciones. Los tres libros que encabezan los resultados fueron incluidos en 12 de las 14 listas tabuladas. En la mitad de las listas, Falke, la gran novela de Federico Vegas, fue la primera en ser nombrada. Que haya obtenido 100 puntos es un puro fruto del azar.

* Varios autores aparecen mencionados con varios libros. Además de Francisco Suniaga, que tiene dos títulos entre los más puntuados, Victoria de Stefano, Antonio López Ortega, Ednodio Quintero, Rodrigo Blanco, Juan Carlos Méndez Guédez, Ana Teresa Torres, Wilfredo Machado, Eduardo Liendo y Miguel Gomes, aparecen con más de un título.

* De considerable interés es la riqueza y diversidad, el llamado de atención que late en la dispersión de los resultados, como si en las listas tabuladas cada uno de los lectores consultados, ellas nos estuviera advirtiendo: hay que poner atención también a estos otros títulos (me refiero al universo de los 34 libros que recibieron una mención, es decir, un lugar en el aprecio de ciertos lectores).

* Por último, nuestras expresiones de gratitud a quienes accedieron a sumar sus opiniones al ejercicio propuesto: Alexandra Cariani, Alexis Márquez Rodríguez, Andrés Boersner, Carlos Pacheco, Gustavo Guerrero, Ildemaro Torres, Jason Maldonado, Luis Moreno Villamediana, Luis Yslas, Michelle Roche, Miguel Ángel Campos, Nelson Rivera, Oscar Rodríguez Ortiz y Rafael Osío Cabrices.

EL NACIONAL - Sábado 24 de Abril de 2010 Papel Literario/3
Voces sobre Falke

He comentado Falke con otros lectores entusiastas de ella y es llamativo el consenso de que la peripecia del protagonista, desplegada morosamente en los sobresaltos que experimenta y los balances existenciales que hace Rafael Vegas durante largas semanas de persecución gubernamental a través de una sucesión de parajes del oriente venezolano, aplazan el goce de la conversación que entablan Rafael Vegas y Doroteo Flores en Trinidad (...) Quizá la fascinación de los papeles privados de Rafael Vegas haya apartado al autor de darnos un texto más compacto. Me gustan las novelas con barcos. Si a bordo del barco hay conspiradores, me gustan más.

Si el barco es de guerra, no tengo más qué pedir. Abordada por su autor (una novela de expedicionarios caribeños que se embarcan en Danzig y son desbaratados militarmente no bien desembarcan, no puede sino "abordarse") con el ánimo de mesmerizarnos con su singular poder evocativo, esta novela se vincula, creo, a una tradición universal y milenaria que parte del mito de Jasón y se multiplica en navegaciones de tan diversa calidad y suerte literaria como Moby Dick; Baza de Espadas, de Valle-Inclán; El motín del Caine, de Hermann Wouk; Los premios, de Julio Cortázar o Vendaval en Jamaica de Richad Hughes, y basta ya de citar de memoria. Héctor Feliciano, el escritor puertorriqueño radicado en Nueva York, dice con encomio de Falke que se trata de una especie de "anti-Granma": "El lector extranjero la lee como suya , señala Feliciano, reconoce los múltiples y descabellados disparates marinos que, desde el siglo diecinueve, se han multiplicado en nuestros países o la fascinación obligatoria por la formativa París para la condensación y elaboración de nuestras ideas políticas".

Ibsen Martínez. "Falke". El Nacional .

A diferencia de la historia , la literatura necesita una arquitectura. El paisaje plano de los hechos y testimonios sólo adquiere profundidad cuando se reconstruye en sus diversas capas, como maqueta diminuta que deja ver lo que el recorrido por el edificio real no permite. A Federico Vegas le preocupa la verosimilitud, la habitabilidad de su extraordinaria maqueta, pero sólo lo suficiente para inyectar en el lector un sobresalto que se reprime de inmediato, porque uno se entrega completamente, con ese fiat que es la codicia de todo escritor. Falke existe como existe el país, y la trenza infinita que une, como las figuras de Escher, realidad y ficción, vuelve gozosa a mostrarse en este libro que es arquitectura del movimiento, que es travesía en el tiempo, periplo de una vida, descubrimiento y conquista de sí mismo, trayecto de noviciado, peregrinación penitencial, levantamiento topográfico, cartografía de nuestra cultura, expedición de límites. Falke es una novela de iniciación, de comingof-age de un país. La anima una doble exploración: la del tiempo y la del espacio.

El tiempo de un siglo que se acaba en el interminable letargo gomecista; el espacio de un país desconocido cuya geografía apenas llena mapas sin ser territorio vivo. En el Falke venían unos extranjeros a reconocer su propio país, Ulises con maúseres, ciegos y sordos, a los que el autor ofrece la enseñanza en boca del maestro Gallegos, el que quiso ver y oír: "La tarea esencial es comprender nuestro carácter, mezcla de servidumbre y prepotencia".

Con esta clave en mano se recorre el texto como un mapa minucioso de un proceso de autocomprensión que está, sin embargo, henchido de compasión hacia el voluntarismo, hacia ese "monstruo de siete cabezas agitando en cada cerebro una intención distinta", hacia el cosmopolitismo provinciano, hacia la vanidad ingenua de los argonautas empeñados en vencer sabiendo que no es posible. Falke contiene muchos libros, claro. Elija el lector el que le apetezca.

Colette Capriles. "Navegar es preciso, vivir no es preciso". El Nacional .

Se trata de una ficción con referencia en la realidad, que cuenta la historia de un grupo de venezolanos, con más corazón que estrategia, que se embarcó (nunca mejor dicho) en el Falke con el propósito de venir de Europa, donde algunos de ellos estudiaban (y no seguían ninguna práctica militar, ni siquiera un poco de educación física al amanecer), para invadir Venezuela y derrocar la tiranía de Gómez. El resultado de esta aventura es conocido, está en la historia contemporánea de Venezuela; lo que la novela aporta es el desplazamiento físico y mental de aquellos hombres, sobre todo de los muchachos involucrados, a partir del momento en que deciden, en una operación quijotesca, convertirse ellos mismos en personajes de la literatura que les tiene la cabeza en ebullición y en redentores de la patria oprimida. El desastre está cantado desde el primer párrafo pero es tal la vitalidad de los personajes, el precioso detalle con que sus psicologías quedan expuestas, que puede afirmarse que Vegas los ha amarrado a la vida por siempre.

Milagros Socorro. "Un falso poeta y tres auténticos narradores". El Nacional.

Falke de Federico Vegas (Ca- racas, 1950) es una excelente novela, novela a secas, sin cognomento. Cuenta la peripecia de Rafael Vegas, ilustrísimo pariente del autor y, a mi juicio, el más importante educador de la historia de Venezuela, hacia el final de la década de 1920 y comienzo de la de 1930, cuando, luego de tener que exilarse en París por los hechos de la Generación del 28 --de la que fue uno de los más notorios integrantes-- participó en la aventura del Falke, el barco en el que se intentó una invasión por Cumaná para derrocar al dictador Juan Vicente Gómez. Debido al fracaso de la curiosa expedición, Rafael Vegas se quedó varado en tierra y se convirtió en un extraño guerrillero inerme, cuya salud sufrió un grave contratiempo al contraer el Mal de Chagas, y luego de catorce meses de aventura logró salir de Venezuela hacia Trinidad, en donde estuvo a punto de ser deportado hacia una muerte segura, pero pudo superar la situación y hasta se reencontró con su madre antes de regresar a París para continuar su vida de estudiante exiliado. La narración se cumple a través de las notas autobiográficas del protagonista, escritas en realidad por el novelista. Por ellas pasan todos sus compañeros de aventura durante los preparativos del viaje, la travesía, la acción guerrera fracasada, la huída por los campos del oriente venezolano, el accidentado retorno y el reencuentro con una alterada cotidianidad, otra vez en París. Para ello, Federico Vegas crea un Rafael Vegas perfectamente verosímil, aunque los que conocimos de cerca a Rafael Vegas nos damos cuenta de que el personaje de la novela no tiene mucho que ver, salvo en algunos elementos físicos, con el personaje de la vida real. Pero eso es algo que no desmerece en absoluto la novela. Al contrario, la enaltece. Los personajes de novela no son sino eso, personajes de novela, y lo que cuenta es que estén bien plasmados, como lo está, y muy bien, el Rafael Vegas de Falke.

La narración es fascinante y en ningún momento cae en lo fácil o en el lugar común, sino que mantiene una tensión muy bien lograda y sostenida desde el comienzo hasta el final. El objetivo de una buena novela es el interés del lector, y es algo que los dos Vegas logran con admirable eficiencia. Tanto el Vegas novelista como el Vegas novelado. El Vegas novelado se convierte, sin duda, en uno de los más atractivos protagonistas de la novelística venezolana, y el Vegas novelista, al crear este pequeño mundo histórico y personal, se consagra como un novelista plenamente formado, uno de los mejores novelistas venezolanos de nuestro tiempo.

Eduardo Casanova. Tomado de la página Literanova.

Federico Vegas es uno de los escritores venezolanos que permanecerán como una referencia en el tiempo futuro, para mí, sin duda, es el más completo de esta época.

Entre otras muchas virtudes, en novelas tales como Falke, Historia de una segunda vez y Prima lejana tuvo la valentía de escribir literatura venezolana sin complejos, como nosotros somos de verdad. Con su obra, reencontró el camino por largo tiempo perdido de nuestro quehacer literario y, por esa razón, marcó un rumbo para quienes le hemos seguido.

Francisco Suniaga.