EL NACIONAL, Caracas, 26 de junio de 2016
Ednodio Quintero y los cuentistas venezolanos
20/33: Silda Cordoliani
Ciudad Bolívar, 1953. Cuentista, cronista de cine y editora. Cursó estudios de Letras en la Universidad Central de Venezuela, y un postgrado en cine y literatura en la Universidad de Barcelona.
De joven quiso ser actriz, de ahí su afición al arte cinematográfico –y sus maneras de María Félix– que la han llevado a convertirse en una acuciosa crítica y cronista. Varios de sus trabajos sobre cine fueron recogidos en su primer libro, Sesión continua (1990) donde demuestra su sensibilidad y pericia en el acercamiento a films, directores, actores, temas y motivos del séptimo arte.
De su dilatada carrera como editora, habrá que destacar su paso por el Museo de Bellas Artes y el Banco Central, y muy en especial su eficiente desempeño en Monte Ávila Editores donde puso en práctica sus modernas ideas acerca de la edición. También ha incursionado con éxito en la literatura infantil, en particular con Simón Bolívar, un relato ilustrado (2002) que escribiera en colaboración con María Elena Maggi.
A la par de su afición por el hecho cinematográfico y de su oficio de editora, Cordoliani ha encauzado su vocación hacia la narrativa, centrándose exclusivamente en el cuento. “Cuentista absoluta”, a decir de José Balza. Exigente consigo misma, perfeccionista hasta la extenuación, quizá insegura y temerosa de exponerse a la crítica por haberse fijado un muy alto nivel, apenas ha publicado una treintena de relatos en tres volúmenes compactos. Suficientes, sin embargo, para revelar un mundo muy particular regido por la pasión, suficientes para reclamar un destacado sitial en la narrativa venezolana.
En Babilonia (1993) asoma una escritora –y una escritura– madura, dueña y señora de los instrumentos de su oficio, con una voz firme y segura que se define desde la femineidad más profunda y sensual. Los temas se mueven en el círculo estrecho y a veces sofocante de las pasiones humanas, donde el deseo y la sexualidad ocupan un lugar preponderante. Seres escindidos, mujeres viajeras y fugitivas a la manera de las road movies tan caras a los films predilectos de la autora (¿alguna reminiscencia de Thelma & Louise?), la violencia convocada por el fragor de los cuerpos, la necrofilia, la sumisión, lo masculino como prescindible o suplementario, son algunos de los temas que aparecen y reaparecen en estos relatos estupendos como los episodios de una crónica que ilustrara el eterno combate entre Eros y Tanatos.
Íntimas revelaciones, conflictos existenciales, los avatares y contradicciones de lo femenino reaparecen en La mujer por la ventana (1999). En un tono que podríamos llamar reposado, Cordoliani continúa poblando su catálogo de mujeres perdidas, signadas por la ausencia y el abandono, mujeres sumidas en la reflexión, nada resignadas pero conscientes de su destino, tal vez felices y plenas a su particular manera. El lenguaje de estos relatos es terso, preciso, muy cuidado, siempre al servicio de la narración. No obstante, en la búsqueda de la perfección, y precisamente por ello, aparecen ciertas señales elusivas que ponen en duda aquello que leemos en la superficie, creando un ambiente ambiguo que posibilita la irrupción de lo desconocido, y así el relato se enriquece con una doble lectura. Y a mi parecer, en esto consiste la auténtica literatura.
En lugar del corazón (2008) reafirma la presencia poderosa de Silda Cordoliani en el ámbito de la cuentística venezolana. En la plenitud de sus dotes creativos nos ofrece unos relatos “absolutos”, acabados, algunos memorables y sin desperdicio como “Océano”: impregnado de un lirismo que me atrevería a calificar de perfumado y de una sutil mirada a las emociones en aquel punto donde coinciden con los sentimientos, dejando en el lector una ligera inquietud como el aleteo de una golondrina o como un inesperado haikú.
Desde que lo leí por primera vez quedé fascinado por “Babilonia”: un relato “clásico”, como extraído de Las mil y una noches: la entrega de la virginidad dentro de un rito ancestral, la sangre que dibuja los mapas del amor.
Fotografía: Leonardo Guzmán.
Fuente:
http://www.el-nacional.com/papel_literario/Ednodio-Quintero-venezolanos-Silda-Cordolianii_0_870513149.html
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domingo, 26 de junio de 2016
domingo, 15 de mayo de 2011
LA FLECHA INDISPARADA

EL NACIONAL - Sábado 14 de Mayo de 2011 Papel Literario/4
Amando a una mujer se deja la vida
VIRGINIA RIQUELME
Narrar desde el interior de los personajes , mostrar todas sus fisuras, lo que los embate y lo que los hace fuertes, no es siempre la estrategia más fácil para un narrador. Sin embargo, cuando alguno de ellos opta por escoger esta vía, sentimos que nos adentramos de una manera diferente en aquellos mundos posibles en lo que estos deciden hacer vida o, más bien, en aquella parte de sus vidas que deciden mostrarnos: el instante preciso en el que abren sus puertas para al menos dejarnos sentar en una esquina a ver pasar sus acciones.
Hablo de instante y pareciera que más bien refiero a ese campo semántico cerrado que nos ofrece el cuento. Una historia acotada en la página pero que dispara un antes, un durante y un después más allá de lo que ahí se muestra.
Por acotado entonces, entendemos que habremos de leer pocas páginas. ¿Pero qué sucede cuando esas pocas páginas no contienen un realto ni un cuento largo ni una nouvelle? Estamos leyendo El arquero dormido de Ednodio Quintero. Un libro que contiene cinco novelas en miniatura, una especie de subgénero que el mismo autor nos explica en su prólogo: en pocas páginas, el lector encontrará "un mundo pleno de conflictos y anécdotas, variopintos personajes, bifurcaciones, tensiones, celajes (...) y algunas de las licencias propias de la novela de largo aliento: la inclusión de relatos autónomos insertados a la manera de cápsulas narrativas, ajenos a la trama principal" (p. 9).
Así se desarrollarán estas cinco historias (tres de ellas publicadas con anterioridad y dos inéditas) "gobernada[s] por la voluntad férrea de narrar a toda velocidad" sobre "cinco mujeres empeñadas en amar y castigar a toda velocidad" (p. 11). Entrar en ellas es participar en el recorrido de una montaña rusa: subidas lentas, oyendo el chirrido de los rieles y sin esperarlo, de golpe, una bajada delirante hacia los sentimientos de los personajes masculinos de las novelas: seres opacos y pesados (p. 97), refractarios, ciegos, sordos, mutilados (p. 124) a los que se le va la vida en la existencia de una mujer que huele a "mastranto, canela, nueces, almizcle y alhelí" pero conlleva a la pena, al destierro del afuera de la página, ese metaescenario, ese borde por el que parecen pasearse siempre los personajes.
En El arquero dormido nadie sale ileso, no hay finales felices ni reencuentros que valgan el esfuerzo de los amantes, hay una carrera hacia el vacío del desamor, hacia la ansiedad. Así que usted, querido lector, entre con cuidado, siéntese a ver, porque aquí puede pasar cualquier cosa, no olvide que toda mininovela contiene, "a la manera de un kamikaze de papel, el gérmen de la destrucción" (p.177) y usted ha sido invitado a presenciar este camino desesperado hacia la palabra narrada.
Lectura de vía libre
EL NACIONAL - Sábado 14 de Mayo de 2011 Papel Literario/4
Flechazos y deseo
Y el deseo es mi única guía, el aguijón que me acicatea y traza mi derrotero.
Ednodio Quintero.
"El cielo de Ixtab"
DIAJANIDA HERNÁNDEZ G.
Velocidad y brevedad son las principales características que Ednodio Quintero asigna a la novela en miniatura, término con el que def ine las cinco narraciones reunidas en El arquero dormido. Según Quintero ese ejercicio consiste en narrar a toda velocidad mientras se const r uyen mundos amueblados, con sus personajes, con sus historias, con sus líneas de fuga, permitiéndose "alguna de las licencias propias de la novela de largo aliento"; pero de forma breve, con u na ex tensión i ncluso inferior a "la de un cuento de mediana longitud".
Los flechazos narrativos que presenta el autor en El arquero dormido están construidos desde la descripción precisa, minuciosa; combinada con potentes imágenes, unas líricas, que se alternan con otras sencillas y contundentes, digamos, de tono coloquial que crean una especie de momentos de catálisis. Estos instantes se combinan con dosis justas de humor. Más allá está el juego con el lenguaje, el uso de frases cortas, sonidos, onomatopeyas que dicen más, que incitan al lector a leer entre líneas.
Dice Quintero que el quinteto de novelas en miniatura está impregnado "por el aroma a mastranto, canela, nueces, almizcle y alhelí de cinco mujeres empeñadas en amar y castigar a toda velocidad".
Ciertamente, las historias del libro giran en torno a la figura de esas mujeres y de lo que provocan con su paso y talante, de sus fuerzas seductoras; pero también hay otro hilo que mueve la trama de los relatos de El arquero dormido: el deseo, en su enorme amplitud, en sus distintas manifestaciones, con su lado feliz y su lado oscuro. Las narraciones del libro nos dicen de la potencia de sus efectos, de cómo puede operar en las personas (y específicamente en el hombre).
Dentro de las miniaturas se encuentran hombres que se mueven por ese afecto, que son acicateados por él; o que lo viven como "veneno en la sangre" que puede conducir al "abismo o al crimen". Luz y oscuridad. Los hombres que van tras estas cinco mujeres se enfrentan a la experiencia del deseo y sus derroteros, precisamente porque ellas son objetos de deseo. Así, a toda velocidad, los personajes de estas historias les toca transitar ese recorrido trazado por un movimiento afectivo que espolea y premia o castiga.
Lectura de vía libre
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sábado, 19 de febrero de 2011
ARCO, ¿FLECHA O BALON?

EL NACIONAL - Sábado 19 de Febrero de 2011 Papel Literario/4
El país tomado, versión Ednodio Quintero
CAROLINA LOZADA
Dicen que la literatura puede funcionar como oráculo, como un vigía avizorador de futuras suertes o tempestades. No sé si la literatura tenga esa propiedad vidente; tal vez sea la historia del hombre la que le gusta armarse de reincidencias. Los ejemplos ocurren a diario, la historia es tan poco novedosa que no debería causar extrañeza el resurgimiento de antiguas ceremonias. En "El arquero dormido", una de las ficciones breves de Ednodio Quintero (El arquero dormido. Caracas: Alfaguara, 2010), la premonición de un país asaltado-tomado se cumple en la suerte de Manuel, un Agrimensor que regresa a su casa y la encuentra tomada; un eufemismo literario para matizar algo mucho más contundente: la invasión.
Escrita en marzo de 2001 (cuando los verbos expropiar, censurar, invadir nos sonaban a muchos venezolanos como exagerados recursos lingüísticos usados para pronosticar futuras situaciones del poder desbordado, repetidos hasta el cansancio por un discurso histérico y televisado), la novela en miniatura de Ednodio Quintero explora el absurdo de una situación vivencial, padecida por un sujeto que se adentra a un terreno (antes propio) y que ahora le ha sido confiscado por el resentimiento atizado y la anarquía amparada bajo la égida de un delirio redentor: "Fue entonces cuando caí en la cuenta de los destrozos que la bruja y sus secuaces, los que fueran, habían causado en mi dulce hogar. Todo estaba roto y destripado, los muebles convertidos en astillas, los cuadros vueltos trizas, las cortinas rasgadas. La razzia, amigos míos, había sido total. Creo que Atila y sus huestes de hunos y de otros no lo hubieran hecho mejor, es decir peor. Con mis manías por el cálculo y la precisión estimé que semejante afán demoledor requería paciencia, saña y tiempo. Quién sabe desde cuándo se habían instalado los invasores en aquel lugar" (pág. 278).
En adelante, Manuel tendrá que vérselas con un par de agresivas y enloquecidas mujeres en una particular convivencia,en la que el otrora propietario se convierte en una especie de burlado rehén: "--Explíqueme, señora, qué significa todo esto, ¿Qué hace usted aquí? ¿Por qué me amenaza? (...) --Ay, caballero. No se me haga el pendejo. Que usted sabe muy bien cómo es el maní.
El maní es así, yo lo sabía. Y también sabía cómo se bate el cobre, a la hora de la venganza, en esta mierda de país. Pero nadie iba a impedir que yo siguiera representando mi papel, no importa que éste fuese el de un pendejo" (págs. 280281).
Como el Agrimensor de Kafka, Manuel llega a un lugar extraño, ajeno, donde es recibido con burla y amenazas de violencia; pero a diferencia del personaje del escritor checo, Manuel ha llegado a un sitio que antes le pertenecía, sólo que a su regreso se ha extranjerizado: "Andas por ahí, tranquilo y confiado, silbando bajito, rascándote la entrepierna, y de pronto, como lo más natural del mundo atraviesas una línea cualquiera, que puede ser el umbral de tu misma casa, y ya estás metido en un infierno de incertidumbre y desazón" (pág. 277). Esto es la irrupción de lo siniestro, señores, pasen y lean. Manuel no sabe cómo sucedió; sin embargo, su suspicacia recae sobre el sospechoso habitual, la fuerza acústica omnipresente: "Tendré que escribirle una carta abierta al Presidente reclamándole su conducta sospechosa e incluso su presunta complicidad, pues cada una de sus alocuciones televisivas o radiales es una invitación abierta a delinquir" (pág. 276).
El propietario se convirtió, de golpe y porrazo, en forastero de su propio hogar, en prisionero de una ley caprichosa. Ahora está frente a un otro engrandecido, que explota con saña viejos resentimientos sociales. Y lo encuentra ahí, metido dentro de lo que era su hogar, escondido como un fantasma burlón. Ya no sólo voz: ahora cuerpo. Voces de enanas con risas de rata.
En "El arquero dormido" la premonición de un país asaltadotomado se cumple en la suerte de Manuel, un Agrimensor que regresa a su casa y la encuentra tomada
Las mujeres de "El arquero dormido", especialmente la enana, me hicieron recordar la enana que se introduce por la ventana de la casa de sus benefactores, en Viridiana, la película de Buñuel, dando así pie al festín de los mendigos que terminará en el descontrol, la imposición de la anarquía, la apropiación, por un breve tiempo, del lugar de sus dueños, quienes los han acogido gracias a la caridad cristiana de la beata Viridiana, la misma que casi termina violada por uno de sus protegidos.
También encuentro una relación entre esta novela y el cuento "Casa tomada" de Julio Cortázar, casualmente escrito en época del primer peronismo, con la salvedad de que en "Casa tomada" los dueños del lugar son echados al exterior; mientras que en "El arquero dormido" el dueño es obligado a quedarse en sus antiguos dominios, para presenciar el auge del descalabro. En la historia de Cortázar hay un ceder las llaves y cerrar las puertas; en Quintero hay un instalarse en ese espacio sórdido. Cosa curiosa, Julio Cortázar no soportó más las voces de los Perones en los altavoces y se fue a escuchar jazz en París; en cambio, Ednodio Quintero se ha ido quedando en los Andes, preparando mojo trujillano, a pesar de la insistencia de la presencia invasiva; aunque a veces lo seducen cerezos extranjeros.
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lunes, 21 de junio de 2010
De lo escrito en Japçón (1)

EL NACIONAL - Sábado 19 de Junio de 2010 Papel Literario/1
La novísima literatura japonesa (I)
Los últimos samuráis y... un par de geishas
EDNODIO QUINTERO
Los pioneros
La literatura japonesa sigue siendo un enigma para los lectores occidentales, básicamente por los retos de traducción que plantea un idioma aglutinante, elusivo y de difícil aprehensión. Sin embargo, el siglo pasado pudimos tener acceso a la obra de sus principales narradores, con algunos importantes e impactantes hitos: el sutil y encantador Yasunari Kawabata, primer japonés premio Nobel de Literatura (1968); el genial y controvertido Yukio Mishima, que se hiciera archifamoso a raíz de su escandaloso y operático seppuku en 1970; y finalmente Kenzaburo Oé, preocupado por asuntos éticos, que obtuvo el Premio Nobel en 1994.
Antes --y después-- hemos podido conocer, aunque de manera parcial, la obra de algunos escritores fundamentales: Natsume Soseki, el escritor clásico por excelencia y renovador de la lengua japonesa; Mori Ôgai, un famoso médico que en sus narraciones tocó temas considerados tabúes; Ryunosuke Akutagawa, refinado cuentista, autor del famoso cuento "Rashômon", que inspiró la película homónima de Akira Kurosawa; Osamu Dazai, considerado en su momento como el enfant terrible de las letras japonesas; el gran Junichiro Tanizaki, autor de memorables cuentos y novelas y del inolvidable ensayo que captura el espíritu de lo japonés: Elogio de la sombra; y Kôbô Abe, conocido por su densa y sombría novela La mujer de la arena, llevada al cine por Hiroshi Teshigahara.
La caballería ligera
Hacia finales del siglo XX y comienzos del XXI surgen y se consolidan en Japón y fuera de sus fronteras una serie de autores que han logrado copar una escena muy competitiva. Los temas de sus narraciones se ubican por lo general en la periferia de las grandes urbes, e indagan en las problemáticas propias de las sociedades industriales altamente tecnificadas y en apariencia satisfechas en sus necesidades básicas.
Sin afán de agotar una temática rica y variada, señalamos entre sus búsquedas: la soledad, la incomunicación, el tedio, la insularidad, la ruptura de la unión familiar, el suicidio, la vergüenza y la sensación de precariedad.
Algunos de estos autores han traspasado las fronteras de su país, siendo acogidos, con distintos grados de aceptación, en Occidente. Para efectos de esta breve crónica destacamos en orden cronológico los siguientes: Akira Yoshimura (1927-2006) fue un narrador prolífico que se dio a conocer con mayor fuerza en Occidente a raíz de la adaptación al cine de su novela Libertad bajo palabra (1998), con el título de La anguila, donde muestra, valiéndose de un estilo denso y de un hábil manejo de las tensiones, la angustia existencial, expresada en el sentimiento de culpa de un ex presidiario condenado a cadena perpetua que obtiene su libertad condicional. Un tema semejante es explorado por el autor en Justicia de un hombre solo (1978), en la persona de un ex combatiente de la II Guerra Mundial que se convierte en prófugo.
Ambas novelas han sido traducidas al español por César Aira.
Yasutaka Tsutsui (1934) es el último de los escritores japoneses traducido a nuestro idioma. Narrador, músico y comediante, ha escrito numerosas novelas y cuentos de ciencia ficción. También aborda temas de lo cotidiano, valiéndose de la burla y el sarcasmo llevados a los extremos. En general, sus escritos son críticas irritantes y a menudo grotescas a las convenciones sociales. En español han aparecido dos antologías de sus cuentos: Hombres salmonela en el planeta porno (2008), y Estoy desnudo (2009). Del primero destacamos el cuento que da título al libro, una enloquecida fábula sexual en una colonia planetaria.
Ilustración:
Banana Yoshimoto, autora de Sueño profundo ARCHIVO
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De lo escrito en Japón (2)

EL NACIONAL - Sábado 19 de Junio de 2010 Papel Literario/1
La novísima literatura japonesa (II)
Los últimos samuráis y... un par de geishas
EDNODIO QUINTERO
El caso de Haruki Murakami (1949) merece una atención especial. Murakami irrumpe de forma espectacular en el panorama de la literatura japonesa con Tokyo Blues (1987), las memorias de un adolescente de los años sesenta, que rompe todos los récord de venta para este tipo de literatura en Japón. En menos de 20 años y a raíz de la traducción de sus novelas y cuentos a numerosos idiomas, Haruki Murakami se ha convertido en uno de los escritores más populares del mundo y en un fenómeno de culto entre los jóvenes. En español, donde sus libros se vienen traduciendo sistemáticamente desde hace algunos años, destacamos: A la caza del carnero salvaje (1982), la deslumbrante Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1992-95) y la sensual, espectral y polémica Kafka en la orilla (2002). Y por encima de todos Al sur de la frontera, al este del sol (1992).
Murakami, un genio de la composición y la elaboración de personajes, logra combinar su admiración por la cultura occidental con las más arraigadas tradiciones de su país.
Recientemente han aparecido dos nuevas novelas de Murakami: After dark (2004), una inquietante fábula nocturna en pleno corazón de Tokio y El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (1985), un relato fantástico con huellas de Lewis Carroll y Carlos Castaneda. La recopilación de cuentos Sauce ciego, mujer dormida (2008), permite a Murakami demostrar su pericia en las distancias cortas y así nos ofrece una serie de relatos magistrales. Convertido él mismo en una especie de icono del rock, acaba de aparecer la traducción de sus memorias de maratonista: De qué hablo cuando hablo de correr (2010).
La obra de Ryu Murakami (1952), también cineasta destacado, está marcada desde su primera novela Azul casi transparente (1976), por la violencia, el sexo desaforado, las drogas y los dramas de la vida urbana. Ha escrito unas treinta novelas, algunas conocidas en Occidente como Los bebés del locker (1980), todavía sin traducción al español, y Sopa de miso (1997), inspirada en los asesinos en serie de la literatura --y de la realidad-- norteamericana.
Dos damas vestidas para matar
Dentro de una onda que podríamos llamar Pop aparece la figura de Yoko Ogawa (1962), una chica que confiesa haberse inspirado en la lectura de El diario de Ana Frank.
Su novela epistolar El embarazo de mi hermana (1990), impecable, cruda y perversa, revela un gran conocimiento de los sentimientos humanos. Su libro más reciente: La fórmula preferida del profesor (2004), una especie de fábula pedagógica, se ha convertido en un best seller en Japón. A finales de 2009 apareció la edición en español de Perfume de hielo, una novela cosmopolita un tanto confusa por su componente espectral.
Banana Yoshimoto (1964) se dio a conocer desde muy joven con Kitchen (1987), relato en el que explora temas universales como la familia, el amor, la muerte y la amistad, desde una perspectiva directa y ligera, muy acorde con los tiempos, y que ha logrado encontrar un eco sorprendente entre la juventud de su país y del extranjero. En su engañosa sencillez, Banana Yoshimoto se ha convertido en una aguda observadora de lo que podríamos llamar la psiquis de las familias disfuncionales japonesas. Sus novelas más conocidas son: N.P. (1992); Sueño profundo (1994), que rinde un homenaje no tan secreto al Kawabata de La casa de las bellas durmientes; Tsugumi (1994) y Amrita (1997), quizá su proyecto más ambicioso.
Ilustración:
Haruki Murakami, el célebre autor de Tokyo Blues ARCHIVO
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martes, 11 de mayo de 2010
LA ACTUAL NARRATIVA VENEZOLANA (I)

EL NACIONAL - Sábado 24 de Abril de 2010 Papel Literario/2
Consulta
EQUIPO DE PAPEL LITERARIO
* El balance que se presenta tiene un carácter periodístico y su resultado no es más que la expresión de una consulta realizada bajo ciertas reglas, tal como es común en revistas y suplementos literarios en Estados Unidos, Inglaterra y España.
* En nuestro caso, elaboramos una lista inicial de 30 personas, que cumplían con tres requisitos: no son narradores, son buenos lectores y siguen con atención el transcurrir editorial venezolano. Nuestra lista incluyó lectores de distintas generaciones y regiones del país.
* Enviamos la petición los tres últimos días de diciembre de 2009. El plazo de entrega culminaba el pasado 28 de febrero. Hasta esa fecha recibimos 14 contribuciones. Además de la lista ordenada del 1 al 10, los consultados podían aportar un breve texto para comentar, desde cualquier perspectiva, lo ocurrido en diez años de narrativa venezolana. Los nueve textos que recibimos se incluyen en esta edición.
* El compromiso que adquirimos con las personas que participaron en la consulta fue el de publicar sólo una lista con los resultados totales, y no divulgar las listas individuales. Nuestro interés consiste en mostrar algunas tendencias y no el detalle contenido en listas particulares. En definitiva, lo que nos proponemos es ofrecer una guía a los lectores que siguen estas páginas. ¿De dónde salió la puntuación? A los que encabezan la lista les asignamos 10 puntos. A los segundos, nueve. A los terceros, ocho. Y así, sucesivamente.
* En las 14 listas aparecieron mencionados un total de 57 libros. De ellos, 34 recibieron una mención. El resto, como es obvio, dos o más menciones. Los tres libros que encabezan los resultados fueron incluidos en 12 de las 14 listas tabuladas. En la mitad de las listas, Falke, la gran novela de Federico Vegas, fue la primera en ser nombrada. Que haya obtenido 100 puntos es un puro fruto del azar.
* Varios autores aparecen mencionados con varios libros. Además de Francisco Suniaga, que tiene dos títulos entre los más puntuados, Victoria de Stefano, Antonio López Ortega, Ednodio Quintero, Rodrigo Blanco, Juan Carlos Méndez Guédez, Ana Teresa Torres, Wilfredo Machado, Eduardo Liendo y Miguel Gomes, aparecen con más de un título.
* De considerable interés es la riqueza y diversidad, el llamado de atención que late en la dispersión de los resultados, como si en las listas tabuladas cada uno de los lectores consultados, ellas nos estuviera advirtiendo: hay que poner atención también a estos otros títulos (me refiero al universo de los 34 libros que recibieron una mención, es decir, un lugar en el aprecio de ciertos lectores).
* Por último, nuestras expresiones de gratitud a quienes accedieron a sumar sus opiniones al ejercicio propuesto: Alexandra Cariani, Alexis Márquez Rodríguez, Andrés Boersner, Carlos Pacheco, Gustavo Guerrero, Ildemaro Torres, Jason Maldonado, Luis Moreno Villamediana, Luis Yslas, Michelle Roche, Miguel Ángel Campos, Nelson Rivera, Oscar Rodríguez Ortiz y Rafael Osío Cabrices.
EL NACIONAL - Sábado 24 de Abril de 2010 Papel Literario/3
Voces sobre Falke
He comentado Falke con otros lectores entusiastas de ella y es llamativo el consenso de que la peripecia del protagonista, desplegada morosamente en los sobresaltos que experimenta y los balances existenciales que hace Rafael Vegas durante largas semanas de persecución gubernamental a través de una sucesión de parajes del oriente venezolano, aplazan el goce de la conversación que entablan Rafael Vegas y Doroteo Flores en Trinidad (...) Quizá la fascinación de los papeles privados de Rafael Vegas haya apartado al autor de darnos un texto más compacto. Me gustan las novelas con barcos. Si a bordo del barco hay conspiradores, me gustan más.
Si el barco es de guerra, no tengo más qué pedir. Abordada por su autor (una novela de expedicionarios caribeños que se embarcan en Danzig y son desbaratados militarmente no bien desembarcan, no puede sino "abordarse") con el ánimo de mesmerizarnos con su singular poder evocativo, esta novela se vincula, creo, a una tradición universal y milenaria que parte del mito de Jasón y se multiplica en navegaciones de tan diversa calidad y suerte literaria como Moby Dick; Baza de Espadas, de Valle-Inclán; El motín del Caine, de Hermann Wouk; Los premios, de Julio Cortázar o Vendaval en Jamaica de Richad Hughes, y basta ya de citar de memoria. Héctor Feliciano, el escritor puertorriqueño radicado en Nueva York, dice con encomio de Falke que se trata de una especie de "anti-Granma": "El lector extranjero la lee como suya , señala Feliciano, reconoce los múltiples y descabellados disparates marinos que, desde el siglo diecinueve, se han multiplicado en nuestros países o la fascinación obligatoria por la formativa París para la condensación y elaboración de nuestras ideas políticas".
Ibsen Martínez. "Falke". El Nacional .
A diferencia de la historia , la literatura necesita una arquitectura. El paisaje plano de los hechos y testimonios sólo adquiere profundidad cuando se reconstruye en sus diversas capas, como maqueta diminuta que deja ver lo que el recorrido por el edificio real no permite. A Federico Vegas le preocupa la verosimilitud, la habitabilidad de su extraordinaria maqueta, pero sólo lo suficiente para inyectar en el lector un sobresalto que se reprime de inmediato, porque uno se entrega completamente, con ese fiat que es la codicia de todo escritor. Falke existe como existe el país, y la trenza infinita que une, como las figuras de Escher, realidad y ficción, vuelve gozosa a mostrarse en este libro que es arquitectura del movimiento, que es travesía en el tiempo, periplo de una vida, descubrimiento y conquista de sí mismo, trayecto de noviciado, peregrinación penitencial, levantamiento topográfico, cartografía de nuestra cultura, expedición de límites. Falke es una novela de iniciación, de comingof-age de un país. La anima una doble exploración: la del tiempo y la del espacio.
El tiempo de un siglo que se acaba en el interminable letargo gomecista; el espacio de un país desconocido cuya geografía apenas llena mapas sin ser territorio vivo. En el Falke venían unos extranjeros a reconocer su propio país, Ulises con maúseres, ciegos y sordos, a los que el autor ofrece la enseñanza en boca del maestro Gallegos, el que quiso ver y oír: "La tarea esencial es comprender nuestro carácter, mezcla de servidumbre y prepotencia".
Con esta clave en mano se recorre el texto como un mapa minucioso de un proceso de autocomprensión que está, sin embargo, henchido de compasión hacia el voluntarismo, hacia ese "monstruo de siete cabezas agitando en cada cerebro una intención distinta", hacia el cosmopolitismo provinciano, hacia la vanidad ingenua de los argonautas empeñados en vencer sabiendo que no es posible. Falke contiene muchos libros, claro. Elija el lector el que le apetezca.
Colette Capriles. "Navegar es preciso, vivir no es preciso". El Nacional .
Se trata de una ficción con referencia en la realidad, que cuenta la historia de un grupo de venezolanos, con más corazón que estrategia, que se embarcó (nunca mejor dicho) en el Falke con el propósito de venir de Europa, donde algunos de ellos estudiaban (y no seguían ninguna práctica militar, ni siquiera un poco de educación física al amanecer), para invadir Venezuela y derrocar la tiranía de Gómez. El resultado de esta aventura es conocido, está en la historia contemporánea de Venezuela; lo que la novela aporta es el desplazamiento físico y mental de aquellos hombres, sobre todo de los muchachos involucrados, a partir del momento en que deciden, en una operación quijotesca, convertirse ellos mismos en personajes de la literatura que les tiene la cabeza en ebullición y en redentores de la patria oprimida. El desastre está cantado desde el primer párrafo pero es tal la vitalidad de los personajes, el precioso detalle con que sus psicologías quedan expuestas, que puede afirmarse que Vegas los ha amarrado a la vida por siempre.
Milagros Socorro. "Un falso poeta y tres auténticos narradores". El Nacional.
Falke de Federico Vegas (Ca- racas, 1950) es una excelente novela, novela a secas, sin cognomento. Cuenta la peripecia de Rafael Vegas, ilustrísimo pariente del autor y, a mi juicio, el más importante educador de la historia de Venezuela, hacia el final de la década de 1920 y comienzo de la de 1930, cuando, luego de tener que exilarse en París por los hechos de la Generación del 28 --de la que fue uno de los más notorios integrantes-- participó en la aventura del Falke, el barco en el que se intentó una invasión por Cumaná para derrocar al dictador Juan Vicente Gómez. Debido al fracaso de la curiosa expedición, Rafael Vegas se quedó varado en tierra y se convirtió en un extraño guerrillero inerme, cuya salud sufrió un grave contratiempo al contraer el Mal de Chagas, y luego de catorce meses de aventura logró salir de Venezuela hacia Trinidad, en donde estuvo a punto de ser deportado hacia una muerte segura, pero pudo superar la situación y hasta se reencontró con su madre antes de regresar a París para continuar su vida de estudiante exiliado. La narración se cumple a través de las notas autobiográficas del protagonista, escritas en realidad por el novelista. Por ellas pasan todos sus compañeros de aventura durante los preparativos del viaje, la travesía, la acción guerrera fracasada, la huída por los campos del oriente venezolano, el accidentado retorno y el reencuentro con una alterada cotidianidad, otra vez en París. Para ello, Federico Vegas crea un Rafael Vegas perfectamente verosímil, aunque los que conocimos de cerca a Rafael Vegas nos damos cuenta de que el personaje de la novela no tiene mucho que ver, salvo en algunos elementos físicos, con el personaje de la vida real. Pero eso es algo que no desmerece en absoluto la novela. Al contrario, la enaltece. Los personajes de novela no son sino eso, personajes de novela, y lo que cuenta es que estén bien plasmados, como lo está, y muy bien, el Rafael Vegas de Falke.
La narración es fascinante y en ningún momento cae en lo fácil o en el lugar común, sino que mantiene una tensión muy bien lograda y sostenida desde el comienzo hasta el final. El objetivo de una buena novela es el interés del lector, y es algo que los dos Vegas logran con admirable eficiencia. Tanto el Vegas novelista como el Vegas novelado. El Vegas novelado se convierte, sin duda, en uno de los más atractivos protagonistas de la novelística venezolana, y el Vegas novelista, al crear este pequeño mundo histórico y personal, se consagra como un novelista plenamente formado, uno de los mejores novelistas venezolanos de nuestro tiempo.
Eduardo Casanova. Tomado de la página Literanova.
Federico Vegas es uno de los escritores venezolanos que permanecerán como una referencia en el tiempo futuro, para mí, sin duda, es el más completo de esta época.
Entre otras muchas virtudes, en novelas tales como Falke, Historia de una segunda vez y Prima lejana tuvo la valentía de escribir literatura venezolana sin complejos, como nosotros somos de verdad. Con su obra, reencontró el camino por largo tiempo perdido de nuestro quehacer literario y, por esa razón, marcó un rumbo para quienes le hemos seguido.
Francisco Suniaga.
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