Gramsci como aplicación
José Rafael Herrera
“Cuando ustedes, los que están en
la cima del Estado, tocan la flauta
¿cómo pueden esperar otra cosa
sino que los de abajo bailen?
Karl Marx
Dice un adagio popular que conviene recibir lo dicho dependiendo de quién lo diga. No son pocos los políticos o los “especialistas” que aseguran ver la sombra corva y siniestra de Gramsci detrás de los propósitos del gansterato narcoterrorista que mantiene secuestrada a Venezuela. Y es que el pensamiento del filósofo italiano, especialmente su concepto de hegemonía, ha sido representado por estos “expertos” en las formas vaciadas de contenido -adiestrados en prescindir del ser y canjear la verdad por la “metodología”- como el fundamento mismo, el “nervio vital”, de sus objetivos políticos. El plan consistiría, siempre siguiendo le storte intenciones de Gramsci, en “aplicar” su jorobado concepto de hegemonía a la realidad, es decir, adueñarse de la entera sociedad civil, de su cuerpo y de su alma, para consolidar así su poder e instaurar un régimen totalitario, al estilo soviético, que era, claro está, el modelo de estatolatría que Gramsci siempre tuvo en mente. A partir de semejante disquisición, de tan rigurosa elucubración, de tan sorprendente profundidad, uno llega a comprender por qué pueden existir personas que tienen el rostro semejante al de un mocasín. Mentón agudo y cuadrado, cabeza ancha y hueca. Después de todo, algo de verdad tiene que haber en las ficciones de la Nuova Scuola lombrosiana.
Ver la fotografía de Gramsci como telón de fondo del programa de televisión de un maleante, que en algún momento tuvo la osadía de intuir que la política podía ser usada como mecanismo de sustentación criminal, a base de transmutar la comunicación en intrigas y ruindades, dice mucho. Mucho, no tan solo de sí mismo, cabe decir, del inusitado y retorcido cinismo propio del malandro, sino del nivel de los que, fascinados por quienes se han habituado a hacer de la intriga, el escándalo y la ruindad sus mayores delicias, lo siguen con mórbido afán. Da lo mismo echar mano de Simón Bolívar, de Simón Rodríguez, de Antonio José de Sucre o de Armando Reverón y colgarlos en el mismo pedestal del que cuelgan facinerosos de la “talla” de Maisanta, Fidel Castro, el Che Guevara o Hugo Chávez. Son las enseñanzas del viejo aparato de propaganda soviética. El Diamat ruso comenzaba con las fotografías de Marx, Lenin y Stalin. Hoy han sido sustituidas por las de Putin, Masha y el Oso.
Es dentro de semejante contexto de patrañas y manipulaciones que se justifica, en el escenario del estudio televisivo del canal de “todos los venezolanos”, la presencia de la fotografía de Gramsci, al fondo, observando con mirada perpleja, inevitablemente silente, aunque estupefacto, las procacidades de un adicto y demencial delincuente que hoy puede afirmar que la Universidad Simón Bolívar es una institución “privada” y mañana que el presidente Guaidó es el jefe de un cartel de narcotraficantes con alerta roja en China, Rusia e Irán. Whatever! Sólo recibirá elogios por sus infamias de la complaciente pobreza espiritual que nutre su audiencia. Y cabe decirlo, no sólo de los fieles o correligionarios del gansterato. En el diálogo Parménides Platón demostró con creces que toda negación abstracta es, en el fondo, una afirmación abstracta. Los mocasines suelen ser muy cómodos, por lo que exigen pocas mediaciones para ser calzados.
La audacia es tan propia del prejuicio como de la ignorancia, porque la una es un síntoma inequívoco del otro. La expresión “hegemonía” causa urticaria no sólo entre unos cuantos respetables socialdemócratas de formación sino, además, entre quienes han llegado a autodefinirse como “liberales”, sin tener la responsabilidad de conocer, más allá de las reseñas enciclopédicas, los orígenes histórico-culturales de los términos con los que dicen “sentirse” comprometidos. Uno de los más sólidos, coherentes y fundamentados representantes del liberalismo contemporáneo es Norberto Bobbio. Y uno de los autores de cabecera de Norberto Bobbio es Antonio Gramsci, a quien no sólo admira, sino de quien ha derivado la exigencia de recuperar el significado más hondo y auténtico de la democracia republicana. Sólo por “vaga experiencia” o “conocimiento de oídas”, como diría Spinoza, se puede considerar a Antonio Gramsci como un pensador panfletario, digno de presidir el estudio de televisión de un hampón de poca monta, o colocar sus Quaderni del carcere al lado de las “obras incompletas” -nunca escritas- de Ezequiel Zamora.
Piero Sraffa fue un destacado economista italiano, defensor del liberalismo económico y autor de la llamada “teoría de la producción de mercancías por medio de las mercancías”, considerado por los -¡esta vez sí!- auténticos expertos como el refundador de la escuela clásica de economía. Pues bien, a la vuelta de sus frecuentes visitas a la cárcel donde el fascismo mantenía detenido a Gramsci, Sraffa traía ocultos, entre sus prendas de vestir, los cuadernos en los que Gramsci iba pacientemente dando cuerpo a su filosofía de la praxis, de la cual forma parte su concepción de la hegemonía, es decir, del fundamento de la vida dentro de un Estado ético, estrictamente consensual. Una obra, por cierto, que fuera publicada por la prestigiosa editorial Einaudi, cuyos vínculos con el pensamiento liberal son bien conocidos, especialmente porque su editor, Giulio Einaudi, era hijo de uno de los fundadores del Partido Liberal de Italia y segundo presidente de la República italiana, después de la caída del fascismo, Luigi Einaudi.
Es probable, sin embargo, que en las mentes de los prejuiciosos e ignorantes no quepa la posibilidad de formularse la pregunta de por qué los más serios liberales italianos -incluyendo al propio Benedetto Croce- no sólo celebraran la obra de Gramsci, sino que la rescataran de las mazmorras fascistas y la publicaran, primero, en edición temática, a cargo de Palmiro Togliatti y, más tarde, en edición crítica, a cargo de Valentino Gerratana. Para ellos, en cambio, Gramsci es el demonio que tramó e inspiró el perverso plan de Maduro para destruir a Venezuela. Maduro -afirman- “aplica” la concepción de la hegemonía gramsciana. Pero el pensamiento de Gramsci no se “aplica” porque el consenso no se “aplica”, se construye. Si el régimen siguiera efectivamente la lección de Gramsci, la sociedad civil sería escuchada, el país tendría poderes independientes, medios de comunicación libres. Los gobernadores y alcaldes, distintos al régimen, no tuviesen sobre ellos tutelaje gansteril y la Asamblea Nacional no habría sido, primero, desconocida mediante la trastada de una Asamblea Constituyente y, luego, partida en dos mediante la compra y venta de unos cuantos diputados corruptos. Hay quienes gustan tirar piedras al vacío y bailar al ritmo de la flauta de Maduro. Cuando se les agoten los guijarros del sensacionalismo danzante quizá logren comprender que el único “concepto” que sustenta al gansterato es el narcotráfico. Y que por el hecho de ser italiano Gramsci no formaba parte de La cosa nostra.
16/07/2020:
https://www.elnacional.com/opinion/gramsci-como-aplicacion/
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jueves, 16 de julio de 2020
martes, 23 de noviembre de 2010
a capella

EL NACIONAL - Lunes 08 de Noviembre de 2010 Opinión/9
Libros: Juan-Ramón Capella (I)
NELSON RIVERA
Una imagen: Antonio Gramsci preso en Turi: había sido detenido en 1926 y así moriría 11 años más tarde: encerrado y enfermo. Espera y escribe. Desde su oscuro observatorio piensa en el devenir del tiempo y escribe Americanismo y fordismo ("fordismo" es un juego conceptual, basado en el nombre de Henry Ford, que se refiere a la voluntad industrializadora). Lo señala Juan-Ramón Capella con lucidez: Gramsci piensa en el progreso como resultado de un proceso industrializador que entiende como socialista.
La industria como instrumento del socialismo. El modelo industrial angloamericano como factor constituyente del socialismo. Gramsci o el "tiempo de progreso".
En la visión de Gramsci hay una vocación puritana: el establecimiento de lo industrial reclama el reforzamiento de la familia, la estabilidad de las relaciones sexuales, el alejamiento de aquellos obreros que mantengan conductas libertinas. Capella señala una equivocación fundamental en Gramsci: el de haber calculado (no lo olvidemos, es la visión de un hombre preso) que el trabajo industrial liberaba: como si el fordismo fuese una fuerza de una posible revolución pasiva, y la industrialización fuese por sí misma un bien, aunque constituyese una apología del taylorismo y no respondiera a la pregunta del sacrificio de los elementos destructivos de la misma.
A esta visión del "tiempo de progreso" le sigue en el texto de Capella el "tiempo mesiánico" de Walter Benjamin: la de un tiempo histórico que se articula en el presente, "la fulguración de algo que se recuerda en el instante de peligro". Lo revolucionario para Benjamin no se produce en el salto hacia los supuestos de un futuro mejor, sino que describe la acción de escapar a un peligro inminente. Escribe Capella: "Como un frenazo de urgencia; como un pararse en seco, al borde del abismo".
Benjamin rebate la figuración del progresismo según la cual todo imaginario del futuro es esperanzador y, en consecuencia, todo momento presente es un punto de transición a ese tiempo mejor. El progresismo sería una ideología en tanto que se presenta cargado de promesas redentoras para las generaciones futuras. Pero aún más: se basa en el pasado de los oprimidos y no en la imagen de los descendientes liberados. Por lo tanto, el presente no sería un tiempo de transición, sino un tiempo detenido en el tiempo, un tiempo-ahora, signo del tiempo mesiánico.
Precisa Juan Ramón Capella: "El futuro está realmente no como representación en el presente. Lo está como causación, como determinación del presente. Se gesta en tiempo-ahora" (la próxima semana cerraré este comentario a Entrada en la barbarie de Juan-Ramón Capella, publicado por la Editorial Trotta, España, en 2008).
EL NACIONAL - Lunes 22 de Noviembre de 2010 Opinión/10
Libros: Juan-Ramón Capella (y II)
NELSON RIVERA
Si el "tiempo mesiánico" de Walter Benjamin puede servirnos de marca diferenciadora del "tiempo de progreso" de Antonio Gramsci, el "tiempo de desarraigo" que representa Simone Weil lo opone abiertamente. Copio unas precisas palabras de JuanRamón Capella: "Por Simone Weil sabemos que incluso Gramsci idealizaba el trabajo de fábrica; que el vacío espiritual que éste produce, pese a exigir la concentración y la movilización de los cinco sentidos, y la sordidez de repetir toda la jornada una misma operación simple, traducida sólo en fatiga y en lasitud, en imposibilidad de pensar, en indisponibilidad para otra cosa que no sea el descanso, son el pan cotidiano de los trabajadores y trabajadoras de las cadenas de producción" (Entrada en la barbarie; Editorial Trotta, España, 2008).
Fue la extraña mística, "la loca", la mujer cuyo pensamiento parece por momentos ubicarse fuera del mundo, quien un día dejó la enseñanza para irse a trabajar como obrera, primero en Alsthom y a continuación en Renault. Weil escogió desprenderse de los privilegios de la vida intelectual, para experimentar la condición obrera y descubrir en carne propia la precariedad, el vaciamiento espiritual que genera el machacante trabajo en una línea de producción: el desarraigo del mundo (entre las varias biografías traducidas a nuestra lengua, Vida de Simone Weil, de Simone Pétrement, es un trabajo más que notable, que profundiza en el vínculo del autocastigo corporal como precedente al entregarse a la muerte que significó el fin de la vida de Weil, a los 34 años de edad).
Tan sorpresiva me ha resultado la propuesta de Capella consistente en reunir bajo la categoría de los pensadores de la emancipación a Gramsci (tiempo de progreso), Benjamin (tiempo mesiánico) y Weil (tiempo de desarraigo), como la incorporación de Pier Paolo Pasolini como el cuarto invitado de esta secuencia, cuyo pensamiento habría anticipado el "tiempo de consumo".
Pasolini fue mucho más que un intelectual controvertido (comunista y homosexual, fue objeto de 33 procesos legales en su contra). Como ensayista planteó la vida intelectual como un andar "fuera del palacio". A partir de la denuncia de Marx del fetichismo de la mercancía, levantó su crítica al consumismo. La burguesía, más que una clase social, podría describirse como una terrible enfermedad contagiosa.
De ello derivan las peculiares formas del hedonismo contemporáneo: "Sumisión esclava al imperativo de consumir, psicopatía de necesidades posesorias, infelicidad del no comprar y del haber comprado cosas que resultan innecesarias casi desde el instante mismo de su adquisición".
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lunes, 2 de mayo de 2011
G & G (REPOSICIÓN)

Gramsci, Italia y Venezuela
Luis Barragán
Conocido desde una temprana edad, Jorge Giordani publicó un emotivo repertorio de notas relacionadas con el – ciertamente – heroico político y filósofo italiano: “Gramsci, Italia y Venezuela (Apuntes e impresiones)” [1]. De una redacción a veces confusa, etérea, insegura o meramente retórica, comprensible en el funcionario de gobierno que fue y – pacientemente – esperó volver, armado políticamente de su mejor cautela, la obra constituye un buen aporte, en medio de la estridencia y oquedad del debate nacional.
Prontamente desea convencernos de una transición iniciada por 2006, cuya fase actual habla de una recuperación del crecimiento económico, estabilidad política, mejor inserción del país en el concierto internacional: “paz interna legitimada por los procesos democráticos seguidos en concordancia con la Constitución”, camino hacia una “economía productiva programada” [1: 27, 36, 42, 122]. Versión idílica e hidrogenada que puede flotar con facilidad entre los partidarios del régimen, merecedora de una encendida polémica si hubiese un fiable ambiente parlamentario y una mayor profundidad de la opinión pública.
Líder del gabinete ejecutivo, importa un par de reconocimientos: el de hallarnos en un “proceso constituyente en curso”, al compás de un “socialismo indeterminado” [1: 36, 97]. Más o menos una infidencia de quien forma parte – quizá indeseada – del grisáceo paisaje ministerial, pugna por un “liderazgo colectivo que intenta superar el yo por el nosotros” [1: 55], olvidando a quien lo preside o deslizando la crítica, con algo de habilidad.
Una constante, el señalamiento del golpe de Estado y sabotaje petrolero de 2002, con el concurso del fascismo nacional e internacional, exalta la democracia participativa y protagónica, dejando de lado la derrota del proyecto de reforma constitucional y las circunstancias en las que fue aprobado el Plan de Desarrollo Económico y Social, extendido hasta 2013. Asegura como un atrevimiento o exageración tomar al sardo para ventilar una realidad “extraña y lejana” [1: 112, 131], siéndolo – por ejemplo – cuando no aterroriza en el análisis concreto del “aparente fracaso de la utopía comunista” [1: 190], nostálgico de lo que significó el PCI; la crisis que se nos antoja más coyuntural que orgánica de la hegemonía, por la existencia y pasión del rentismo anomizador venezolano; la misión y dirección política y ética del proletariado, demás imposible cuando se le quiere interponer el aparato estalinista y corporativo de los consejos de trabajadores; la naturaleza adquirida por el Estado, lesionado irónicamente por el ultraestatismo en pie; o el partido estelar y los subsidiarios del gobierno, amén de los llamados colectivos.
Acotemos que, tratándose de un mismo expediente, puede interrogársele también por las imputaciones que hace al pasado, ejemplificado con la desnacionalización, la insensibilidad ante las (protestas y) explosiones sociales, el empeoramiento de las condiciones de vida, la acumulación de riquezas en el exterior, el endeudamiento y – nos permitimos – la misma reseña que hace del congreso inaugural del PSUV en la sede histórica y tan bien conocida del cuartel San Carlos [1: 29 s., 31, 33, 36, 43 s.], mientras la disidencia aún más modesta hoy es remitida a compartir la vida diaria con la más peligrosa delincuencia común. Sumemos otra observación contrastante: “Las revoluciones en Gramsci no eran golpes de fuerza, sino que resultaba de la acumulación de un patrimonio intelectual que rompiese con la ‘espontaneidad’ de las masas…” [1: 118].
Propios y extraños están, literalmente, en el deber de leer a Giordani, quien – por lo menos – cuenta con la preocupación de escribir sobre un proceso – disculpen – evidente y convenientemente indefinido. Independientemente de las diferencias políticas e ideológicas, es un referente serio
APUNTES CAUTELOSOS
Señalamos la importancia del viejo, sobrio y modesto luchador. Y no sólo porque ha ocupado el decisivo despacho de Planificación por ocho de los diez años que lleva el régimen, sino por el empeño de consignar sus observaciones y, en lo posible, impartir las orientaciones ideológicas que cree necesarias en la compleja intimidad del poder; de rendir testimonio de sus ejecutorias, reservados los datos a los que privilegiadamente accede, solapados o ausentes en la Memoria y Cuenta ministerial; o de salvar su propia responsabilidad histórica, permitiéndose una crítica velada a la gestión gubernamental [2].
Regresa al gabinete, finalizando febrero de 2009, a objeto de ejercer un liderazgo en el área económica que no alcanzaron Felipe Pérez y su prédica ética, ni Haiman El Troudi y sus específicas iniciativas socialistas. Calificado de ermitaño, al abandonar la cartera el año anterior [3], le corresponderá afrontar problemas muy concretos, como el de la inflación, dejando a buen resguardo las delicadas o comprometedoras reflexiones que son, en última instancia, las del poder que irremediablemente se ejercita.
Giordani ofrece un conjunto de impresiones gramscianas, puntos particulares de vista en torno al sardo que consigna cuidadosamente fechados, aunque no logramos relacionar las “afirmaciones no controladas”, aproximaciones, enunciados o temas no desarrollados [1: 23, 48 s.], con los inmediatos acontecimientos políticos que pudieron inspirarlos. Por ejemplo, una de las noticias más significativa que hallamos en la glosa del 16 de Enero de 2008 [A: 48 s.], fue la visita de Chávez Frías a La Habana, en la que indicó que “Fidel apunta a la madre de la crisis: la crisis del buen sentido político donde se toman las decisiones” [4]: intento infructuoso, excepto la correlación sea lo más abstracta posible en una obra que es, predominantemente, fruto de la visita a la península itálica. Empero, ella está teñida de la angustia teórica del antiquísimo militante.
En efecto, la exigencia es la de indagar, descubrir y compartir un proyecto que el poder no tiene, a menos que aceptemos muy post-moderna o improvisadamente que cualquier cosa lo es. En los rieles del marxismo básico de la actual dirección del Estado, gramsciano romántico que también pugna por aprovechar la irrepetible oportunidad que brinda el liderazgo presidencial, no desea forzar los supuestos de validez universal con el análisis de ciertas cifras e informaciones, aunque permitan “mejores explicaciones de los que queremos” [1: 25 ss.].
Resaltando la búsqueda y elaboración afanosa de una teoría revolucionaria a partir de una específica praxis, como la realización histórica de una voluntad racional y colectiva, en Gramsci, insiste Giordani en el estímulo del debate “útil para la acción práctica” [1: 76 s., 112, 115]. No obstante, proclamada una revolución, escasamente encontramos la racionalidad, coherencia y profundidad esperada, en propios y extraños, habida cuenta – por una parte – de la dudosa e interesada calidad de la discusión política en Venezuela, como – por otra – de la subyacente y – a veces - vacilante contraposición entre Lenin y Gramsci [5].
Hay cautela en Giordani, porque la hondura de una controversia teórica o ideológica, compromete en exceso a oficialistas - y opositores - que, quizá involuntariamente, dibujando el trance de un autoritarismo de nuevo cuño, tiene en la ligereza utilitaria una de las claves del régimen. Es decir, la imposibilidad de abandonar las labores ministeriales para asumir la posible vastedad de una elaboración teórica de éxito muy incierto, guarda cabal correspondencia con un gobierno que se ha hecho de simples enunciados, sustentado más por las emociones que bien administra, que por la precisa claridad y naturaleza de sus definitivos propósitos.
CARACTERIZACION Y CAMBIO
Giordani insiste en la herencia recibida: una “democracia representativa y clientelar”, “modelo político clientelar”, “clientelismo político de tipo distributivo de la renta petrolera”, “gobierno corporativo”, “Estado rentista y clientelar” [1: 25, 29, 37, 38, 121]. Sufrida una crisis de legitimación del Estado, obviamente que las características señaladas obligan a una pronta devolución al presente para adivinar otra crisis similar.
El cambio parte de dos premisas constantes en sus reflexiones, tomadas de István Mészáros y Asdrúbal Baptista. Por una parte, referida a la lógica del metabolismo social del capital, asistimos a una debacle estructural que abanica las contradicciones del capital transnacional y los Estados Nacionales, como del medio ambiente, la liberación de la mujer y el desempleo crónico, apostando por una sociedad fundada en una nueva lógica del trabajo; y, por otra, la que versa en torno al colapso del capitalismo rentístico venezolano, basado en la renta captada y no producida, sintetizada por la fórmula de a mayor rentismo, mayor incapacidad económica para crecer y desarrollarse sostenidamente [1: 27-31, 113 ss.]. Empero, nos permitimos dos acotaciones inmediatas.
Respecto al capitalismo, ciertamente padece una crisis de grandes dimensiones que en el fondo igualmente apunta a la del Estado de Bienestar, sin que pueda obviarse con facilidad la del llamado socialismo real que obedeció a la pérdida o extravío de la noción misma de mercado, cuya reivindicación ofrece otros y agigantados retos en el marco de la inevitable globalización. Mucho tememos que el problema no pueda despacharse con una facilidad estridente, semejante al anuncio del colapso o crisis terminal del capitalismo en los años treinta, bajo los auspicios de una mera propaganda anti-imperialista, capaz de caricaturizar las contradicciones abanicadas cuando da alcances a potencias emergentes como India y la emblemática China [1: 28].
Sobre el capitalismo rentístico venezolano, realizado por el proyecto reformista posterior a 1958 que subsistió gracias a los recursos provenientes del petróleo [1: 37], luce evidente la sustitución por un socialismo rentístico, en virtud de su principal medio de subsistencia a lo largo de diez años, incluyendo lo que podemos llamar una política sustitutiva de exportaciones, aunque se hable de una “economía productiva programada” [1: 122]. Tratado en anterior ocasión por el hombre de gobierno que inevitablemente es, el problema tiende a agravarse por la confusión conceptual que ya genera [6], contentándose con sentenciar: “… el país productivo más allá de la renta aún se refugia en mecanismos que provienen del estamento estatal” [1:121].
Tratamos de un socialismo que es fiel reflejo de la sociedad rentista que somos, no cuestionada por Giordani, por lo menos, con la sinceridad y disposición que invirtió Gramsci para abordar las manifestaciones de la cultura italiana promedio, como la pereza fatalista, la improvisación, el “talentismo”, el diletantismo fantasioso, la indisciplina intelectual, la irresponsabilidad y la deslealtad moral [7: 296]. Necesaria revisión al invocarlo, parece importante actualizar ideas como la del burgués agotado, “rama seca en el campo de la producción”, prescindible frente al “altísimo grado de autonomía” del proletario: optimista, Gramsci disertaba en torno a la crisis extrema del capitalismo que imponía un nuevo modo para recuperar la producción [7: 70, 72, 113], por lo que el socialismo venezolano tiene la tarea pendiente de demostrar su superioridad en términos de producción, productividad, eficacia y elevación de las condiciones de vida.
Y es que, a contrapelo de lo expresado por Giordani, no emerge una clase dirigente capaz de desarrollar o de esbozar el desarrollo de las fuerzas productivas para atender las necesidades de la población; la propaganda y la publicidad resultan sustitutivas de la esperada consciencia social, presente y perseverante en la lucha; y deslucen los partidos oficialistas como instancias aptas para cabalgar un nuevo bloque histórico [1:116 s.]. De modo que las contradicciones obedecen a las del propio régimen, el cual no sobreviviría con un uso preciso del bisturí gramsciano.
El ministro hoy nuevamente en funciones, comenta con tino que el PSUV ha dejado de lado la discusión a fondo de sus propuestas ideológicas y programáticas, debido a las circunstancias electorales. Apela a la vieja y genérica alianza de los obreros, campesinos e intelectuales que, en un favorable contexto internacional, abrirán las puertas gramscianas a una revolución civil (SIC), promotora de una nueva cultura socialista y masiva difusora de una ética laica y autónoma [1: 119 ss., 132].
No sabemos de un estudio actualizado y pormenorizado de las clases sociales en Venezuela y de las que particularmente puedan afrontar la construcción del socialismo planteado, salvo se trate objetivamente de los sectores castrenses, representativos de la mesocracia, y del lumpemproletariado que lo ha ilustrado. Con Gramsci, nos enteramos que la burguesía mercantil o rentista agotó su función, desintegrado su bloque, pero tiende rápidamente a recomponerse pasando del consenso espontáneo que suscitó a otro, impuesto por la violencia [7: 488], si se nos permite tan libérrima interpretación de lo que está ocurriendo en Venezuela, frente a una sociedad civil cada vez más desarticulada, reprimida la complejidad y pluralidad que nos caracteriza mediante el puro dominio del Estado: ¿qué hacer con aquello de “la crisis revolucionaria se manifiesta como crisis de hegemonía, cuando dominación y dirección se encuentran disociadas” [7: 44]?.
GIORDANI O EL OPTIMISMO BIZANTINO
Doble indagación, la del autor que intenta un proyecto público, coherente y devoto para el gobierno, y la nuestra que pretende descubrirlo expresamente, a fin de hallar una mayor sensatez del poder que se despliega, el cual – nos parece – concita la lealtad o devoción únicamente de talante presupuestaria. Nos permitiremos lo más concisamente posible, ventilar algunos aspectos como el de la hegemonía, bloque histórico y partido, para tratar luego el harto decisivo de los consejos de fábrica.
Giordani correctamente asume la hegemonía como la generación de consenso que concibe y logra la dirección del proceso, constitutiva de una consciencia de cambio, traducida la capacidad de una clase social para impulsarla política, intelectual y moralmente, alcanzada aún antes de arribar al poder tras una crisis orgánica o estructural, antes que coyuntural o de reacomodo [1: 58 s., 63 s.]. Dijimos, falta un estudio fiable de las clases sociales en Venezuela, por lo que la formación objetiva de los sectores subalternos, la adhesión activa y pasiva a los partidos dominantes, el nacimiento de nuevos partidos y organizaciones, susceptibles de unificarse mediante el Estado, como aconsejaba estudiar Gramsci [7: 491 s.], merece una consideración más allá de lo intuido.
Por lo pronto, según el canon, habría que preguntarse cuál clase social es la propulsora de la novísima hegemonía y si no se trata de una crisis de reacomodación en la sociedad rentista, ganada más para el puro dominio o la escalada de violencia que la persuasión o captación de voluntades espontáneas. Mujica Ricardo observa que el término – hegemonía – se hace inexacto, tornadizo o variable [5:100 ss.], suponiendo – grosso modo - la elevación del nivel cultural y moral para la dirección y - obvia – resolución de los problemas de la producción, motivando el consenso activo de las clases subalternas, pero adivinamos que la polarización artificial, la doble moral del poder, el sicariato sindical o la anomia campante, añadida la configuración de sendos clanes burocrático-comerciales a la sombra del Estado o la forzada lealtad presupuestaria de los seguidores, no manifiestan precisamente el optimismo de Gramsci en torno a un profundo desarrollo de la sociedad civil.
Antes que bloque histórico, soportado organizacionalmente por los consejos de fábricas, portador de esa capacidad política e ideológica de dirección, asistimos a una alianza oportunista de sectores y grupos sociales en el intento de capturar la renta mediante una frente de partidos que, incluso, por más denostados que sean por el mismísimo mandatario nacional, se resisten a abandonarlo. Las propias maniobras parlamentarias, orientadas a la ventajosa y unilateral aprobación de la Ley Orgánica de Procesos Electorales, formalizados o fingidos los canales de participación, confirman la degenerada premisa [8].
El destino del país entero, “no puede ser delegado a ninguna autoridad constituida” [1: 54], refiere Giordani apremiado por la idea del liderazgo colectivo, aunque existe desconfianza hacia las manifestaciones espontáneas del pueble venezolano, protestatario aún en nombre del chavismo, adulterado el bloque histórico por el partido – Estado que procura ejercer su dominio (leninista) ante los que están llamados a ser, alcanzar y esgrimir la condición de dirigentes, según Gramsci. Y es que el partido o los consejos comunales, por citar otro ejemplo, no se ofrecen como novedosas experiencias e instituciones de las clases subalternas, precursoras del Estado proletario que “no se improvisa” [7: 59, 62], contrapuesto al burgés, sino como falsificación del bloque histórico.
Giordani acepta y asume discretamente al PSUV como el partido protagonista del proceso, intelectual orgánico, embrión del futuro Estado, vanguardia y escuela de militantes, aunque lo desea de una continuidad propia de los partidos en las sociedades modernas que trascienden a su miembros iniciales, prestos a la conquista y ejercicio del poder a fin de realizar una determinada doctrina política [1: 55, 70 s., 77, 115]. Anotación del día 13 de Marzo de 2008, mediante la cual evade las situaciones concretas que produjo la fundación del PSUV por el Presidente de la República, sin que quepa la deserción y el regreso de militantes al PPT, PCV y MEP, incluida la denuncia en torno a la inscripción de un supuesto narcotraficante en sus filas [9].
Desmedida aspiración protagónica de tomar en cuenta el historial del partido, así como el de su antecesor (MVR), sobrando los comentarios. Preferimos acotar sobre el absoluto sometimiento a su presidente que, no por casualidad es simultáneamente el jefe de Estado, en el marco de un palmario culto a la personalidad.
Frente al mito personalizado, el ministro se atreve a esgrimir la idea del liderazgo político colectivo [1: 84 s.]. La objeción de Gramsci, por 1924, no radicó en la personalización física de la función de mando, sino en la naturaleza de las relaciones de la jefatura con el partido de clase, enfocado en la experiencia del bochevique [7: 150 ss.], cuestión que sobrepasa la amable intención de unas apostillas conmemorativas.
La sola referencia del sardo al partido bolchevique, ligado a la clase obrera, fruto de una selección de décadas (luchas de facciones, debates, detenciones, etc.), pudo provocar un juicio políticamente indebido del PSUV, al que estimamos de naturaleza presupuestaria, temperamento burocrático, pasión fulanizadora. Conforme con el vistazo aéreo de Gramsci, presuntamente autolimitado, la resignación lo obliga al optimismo bizantino.
EL CIRCUITO RENTISTA
A nuestro parecer, esencial y didáctico, reconocida la importancia de la “teoría generada partir de una determinada práctica” [1: 113], subrayada la necesidad del genuino soporte institucional, expresión del poder directo de los trabajadores, epicentro formador de la voluntad colectiva, el consejo de fábrica nos remite a un “sistema de dominación coherente y funcional de la unidad decisional”, susceptible de llegar al campo militar, por cierto. Asociado a la primacía de las fuerzas productivas, a la regulación de la relación de clases sobre la base de la libertad política y – atención – descentralización administrativa [11: 91, ss., 107 s.], es de suponer la búsqueda de un equivalente venezolano a la instancia en la que Gramsci aspiró a la sustitución del taylorismo y fordismo.
Agreguemos que, a propósito de la militarización del trabajo de Trotsky, el sardo confió en la justeza de sus preocupaciones, pero las creyó una práctica equivocada y bonapartista, pues, hermosamente expresado, “los nuevos métodos de trabajo son inseparables de un determinado modo de vivir, de pensar y de sentir la vida” [17: 475]. Dimensión contraria al “estajanovismo” que no tuvo tiempo de conocer, típico de la industralización estalinista, puramente coactiva, con supresión de las garantías elementales de seguridad, afianzado por un heroísmo que tuvo un alto costo en vidas humanas, de acuerdo a Mujica Ricardo [5: 475].
Ahora bien, consabido el proceso de desindustrialización y desinversión de las últimas décadas en Venezuela, evidentemente que la célula fundamental de nuestro capitalismo rentístico no se halla en la fábrica, por lo que una transformación del sentido común ha de adivinar los componentes del circuito básico. Esto es, el del utilitarismo, clientelismo y reacomodo prebendario, indisciplinado y oportunista, en el que confluyen los asalariados y contratistas, como otros beneficiarios del Estado que monopoliza la divisa petrolera.
Entendamos como “aparatos” generadores de la hegemonía rentista a Pdvsa y al resto del Estado que lo usufructa, pero no subestimemos el impulso de la economía informal, como la creación y financiamiento por el poder central de los consejos comunales, ideológicamente “cementados” por el bolivarianismo en uso. Luego, soslayados los parámetros que no hablan precisamente del taylorismo y fordismo inalcanzados, hay motivaciones y conductas, métodos y vivencias que modificar: tras las distintas medidas de “nacionalización”, la tendencia de Chávez Frías es la de llamar al voluntarismo heroico de los venezolanos que, dato olvidado por Giordani, no se refleja exactamente en las inauditables empresas del Estado, las de producción social y las más modestas cooperativas.
Propósitos como el intensificar el mercado interno para cubrir las demandas crecientes de la población, abonando a la inmensa deuda social acumulada, generando condiciones para el posible “capitán de industria” (con “seguro energético”) o el desarrollo de la economía social [1: 96], naufragan con una prontitud aterradora. Libre de toda sospecha, calificado el proyecto como “castrocomunista”, el Padre Trigo bien ha retratado el fondo de manipulaciones de un régimen que ha despilfarrado oportunidades a pesar de la altísima concentración del poder y de los recursos con los que ha contado [11].
Las frecuentes referencias a Mészáros por Chávez Frías, sin duda alguna obedecen a la influencia proyectada por Giordani. Y, es de suponer, que puede sentirse una mayor de Gramsci, en el confuso cruce de autores presuntamente estudiados con la hondura esperada, aunque prevaleciente siempre una perspectiva guevarista de la revolución [12]. No obstante, inconsciente o involuntariamente, por ahora asistimos a una evolución de la “guerra de posiciones”, gramscianamente generalizada una situación, que puede concluir en una “guerra de movimientos”, leninistamente copado el poder definitivo.
Finalmente, encontrándonos en el curso de un socialismo “indeterminado”, luce pertinente citar a Mujica Ricardo: “¿El socialismo se define por el hecho de la supresión del mercado o podrá entenderse como el autogobierno de los trabajadores? ¿Podemos hablar de un socialismo pluralista, descentralizado y autogestionario? ¿Cómo podemos evitar la concentración del poder en la edificación del socialismo? ¿Cómo podemos eludir la corporeidad de un único sujeto que controle los recursos materiales y espirituales en la sociedad?” [5: 126].
Referencias:
[1] Giordani C., Jorge A. (2009) “Gramsci, Italia y Venezuela (Apuntes e impresiones)”, Vadell Hermanos, Valencia-Caracas.
[2] En una nota editorial, Teodoro Petkoff lo tilda de cínico, ignorante (y) crítico encubierto del gobierno, a propósito de las declaraciones relacionadas con la política económica y petrolera. Vid. “El rey de la pamplina frita” (2009), Tal Cual, Caracas, 20 de Octubre.
[3] Consultado, Ricardo Sucre no lo consideró un hombre de diálogo, junto a William Lara y Pedro Carreño, también cesanteados, destacando a El Troudi como el más abierto al debate, por proceder del Centro Internacional Miranda. Vid. Pereira, Javier (2008) Reportaje, El Nacional, Caracas, 31 de Agosto.
[4] S/a (2008) Nota, Vea, Caracas, 17 de Enero. Por cierto, no se encuentran todos los archivos digitales del diario.
[5] De un lado, Magallanes (2007) observa la disfuncionalidad del debate político venezolano, caracterizado por la polarización, degradación, irracionalidad, desestimación del conocimiento y la experiencia, oportunismo, apelación a la Fuerza Armada, excesiva concentración en la figura presidencial e ingerencia de factores externos; e, igualmente, “la constatación a nivel formal de la existencia entre nosotros de posturas de izquierda estereotipadas, prejuiciadas y carentes de fundamento en el estudio y comprensión de la realidad” (2008). Vid. Magallanes, Rodolfo (2007) “El debate político en Venezuela a inicios del siglo XXI”, Politeia, UCV, Caracas, nr. 38; y (2008) “Del socialismo del siglo XIX a la propuesta de un socialismo para el siglo XXI”, Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, UCV, Caracas, nr. 3. Y, del otro lado, hay diferencias entre la escuela leninista y gramsciana que, al decir de Mujica Ricardo, el sardo no asumió plenamente, cuya independencia y originalidad eran “insólitas en la tradición marxista”, según Eric Hobsbawn (1976). Incluso, éste especula que de haber actuado libremente, Gramsci hubiese corrido el riesgo de condenar al Kominters o actuado como jefe efectivo del PCI, imponiendo una fuerte censura como hizo Togliatti. Vid. AA.VV. (1976) “Revolución y democracia en Gramsci”, Editorial Fontamara, Barcelona: 28, 32; y Mujica Ricardo, Michel (1994) “Democracia sustantiva, democracia formal y hegemonía en Gramsci (el fenómeno del americanismo y del fordismo)”, Academia Nacional de la Historia, Caracas: 85. Cfr.: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/1927900.asp.
[6] En relación a “La transición venezolana, y la búsqueda de un camino propio” (2007), de Giordani, vid.: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/6626065.asp. Parafraseando a Baptista, puede decirse que el socialismo venezolano no tiene como contrapartida el trabajo ni el capital doméstico o estatizado (¿socializado?), sino “sólo la propiedad sobre un medio de producción no producido”, objeto de distribución clientelar, a sabiendas que un “clima de cosas ideológicamente orientado termina por imponer sobre el Estado-propietario la decisión a favor de su uso prioritario”. Por lo demás, “no hay viabilidad del proceso de desarrollo social apoyado en la circulación y acumulación del provento rentístico”, y el colapso “antes que el anuncio de un tiempo por venir, se trata de la caducidad de un tiempo ido”. Vid. Baptista, Asdrúbal (1997) “Teoría del capitalismo rentístico. Economía, petróleo y renta”, Ediciones IESA, Caracas: 13, 134, 159.
[7] Gramsci, Antonio (1970) “Antología / Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán”, Siglo Veintiuno Editores, México.
[8] Al prologar la obra, Gustavo Bueno Martínez advierte que el bloque histórico no puede ser teóricamente el resultado de una composición conceptual (clase obrera y campesina), pacto de grupos o partidos, antes alianza que integración, mostrando su “debilidad mal disimulada por la buena voluntad ideológica”. Vid. Laso Prieto, José María (1973) “Introducción al pensamiento de Gramsci”, Editorial Ayuso, Madrid: 13 ss.
[9] Lugo-Galicia, Hernán (2008) Reportaje, El Nacional, Caracas, 12 de marzo; ibid., S/a, Nota, 13 de marzo.
[10] Aguijoneando en dirección a las transformaciones sociales, éstas comienzan con las del sentido común que para el filósofo y político italiano es la propensión “a creer que lo que hoy existe ha existido siempre”. Vid. Gramsci, Antonio (1974) “El ‘Risorgimento’ “, Editorial Granica, Buenos Aires: 67.
[11] Señala que “no ha logrado ningún avance en ningún (sic) área proporcional al poder del que ha dispuesto”. Vid. Trigo (SJ), Pedro (2009) “Chávez y pueblo, sobredimensionados”, SIC, Caracas, nr. 71 de septiembre-octubre. Luce interesante, respecto a la sociedad civil, el intento de “recuperación” de una noción explotada por la derecha, reconociéndola plural y compleja, como el problema de interpretación correspondiente. Cfr. Montilla, Omar (2007) “Aproximaciones al concepto de Sociedad Civil en Antonio Gramsci y sus repercusiones en Venezuela”, www.tribuna-popular.org, 18 de Julio; (2007) “Antonio Gramsci y la Teoría del Consenso: Problemas de interpretación”, ibid., 8 de Julio; (2007) “Antonio Gramsci y el concepto de Bloque Histórico: Contribución para un análisis ", www.aporrea.org, 23 de junio.
[12] Por ahora, solamente tenemos noticias de los señalamientos circunstanciales que ha hecho Chávez Frías sobre Gramsci, como ocurrió en la VII Cumbre de ALBA, en Bolivia, al recordar al “gran teórico revolucionario italiano” por aquello de ”perder el tiempo es perder la vida” [Vid. Filomeno, Omar (2008) “Chávez en la Cumbre: ‘Cristo era comunista’ “, Vea, Caracas, 18 de Octubre]. En otras ocasiones lo toma para fundamentar la existencia del PSUV, paradójicamente publicado en un órgano del PCV: “Recordemos la premisa fundamental de Gramsci, punto de partida, jamás de llegada, de nuestra organización política: un partido de masas que cree, genere, produzca cuadros” [Cfr. Chávez Frías, Hugo (2009) “¡Colombia, Colombia!”, Tribuna Popular, 10 de Agosto; ibid. S/a. Nota, 3 de mayo]. Al juramentar la Comisión Central de Planificación: “Chávez aclaró que según la teoría gramsciana, la superestructura no solo está compuesta por las ideas, sino también por los ‘instrumentos para difundir las ideas (…) Él (Gramsci) señala que hay diferentes mecanismos, instituciones y herramientas para difundir la ideología de las clases dominantes, entre ellas los medios de comunicación social’, razón por la cual estos se han ubicado entre los grupos de oposición contra el Gobierno nacional, explicó” [S/a (2007) Nota, www.tribuna-popular.org, Caracas, 20 de junio]. Para un programa televisivo, mostró una mejor disposición: instó a no dejarse "chantajear por voces del extremismo, de tesis pasadas de moda que en ninguna parte del mundo las van a conseguir: que si eliminación de la propiedad privada... ¡no, no, no! Esa no es nuestra tesis. Hay que buscar, más allá de eso, las alianzas para fortalecer el nuevo bloque histórico, como lo llamaba (Antonio) Gramsci" [Delgado, Sergio (2008) “Una Revolución de Otoño”, Tribuna, Popular, Caracas, 7 de junio]. Por cierto, recientemente, Gramsci ha inquietado a la prensa de gran circulación: Barreto, Juan (2009) “Sólo para marxistas”, El Nacional, Caracas, 16 de Abril; Biardeau, Javier (2009, ibid. “¿Intelectuales?: más allá de Gramsci”, 20 de Junio; Romero, Aníbal (2009) “Sobre Marx y Gramsci”, 16 de Septiembre.
Fuente: www.medios24.com
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jueves, 21 de octubre de 2010
estatogramscismo

EL NACIONAL - SÁBADO 04 DE AGOSTO DE 2007 PAPEL LITERARIO/10
Reflexiones
Gramsci y el Estado
José Rafael Herrera (*)
Hegel, el gran filósofo alemán, en una de s u s m á s importantes obras –la Enciclopedia de las ciencias filosóficas–, se queja, no sin razón, de quienes están convencidos de no necesitar de una mayor formación filosófica para opinar libremente sobre los temas y problemas que le son propios, al punto de considerarse "filósofos": "Esta ciencia –dice Hegel– tiene la mala suerte de que aun aquellos que nunca se han ocupado de ella se imaginan y dicen comprender naturalmente los problemas que trata, y ser capaces, ayudados por una cultura ordinaria, de filosofar y juzgar en filosofía".
Recientemente, el señor Presidente, en un mitin en la Avenida Bolívar, dictó toda una lectio sobre la concepción del Estado en Antonio Gramsci, filósofo italiano y padre del marxismo occidental. Con su acostumbrada audacia, el comandante en jefe, ahora devenido filósofo, expuso lo que, en su opinión, sintetiza las "líneas maestras" del pensamiento político gramsciano. Es difícil saber si alguno de los funcionarios que allí se encontraba sabía quién era Gramsci. Quién lo sabe. Pero más difícil todavía sería averiguar si el público que, templete abajo, le escuchaba tenía idea no sólo de quién era Gramsci, sino de la muy peculiar interpretación que el primer mandatario hizo sobre su pensamiento. Según el señor presidente-comandante, Gramsci no era Gramsci, sino todo lo contrario, o sea, Mussolini.
En su interpretación, la "sociedad civil" es, para Gramsci, aquello que debe ser aplastado, erradicado de la sociedad, porque es en ella donde los hombres se hacen indiv idualistas, egoístas, competitivos; en fin: burgueses. Sólo en la "sociedad política", o sea, "en el Estado" (sic), el hombre reconoce lo colectivo y se convierte en socialista. Por eso, según el exegeta, para Gramsci, el Estado está constituido por la sociedad política, la cual tiene la obligación de imponer su "hegemonía", su "coerción", sobre esa suerte de "superestructura", esa especie de "falsa conciencia", ese caldo de cultivo de los más viles perjuicios contra el Estado, que es la sociedad civil.
El presidente-comandante y "filósofo de la praxis", ha expuesto, con magistral lucidez hermenéutica, las tesis fundamentales del pensamiento gramsciano, aunque con una "ligera" imprecisión: o sea, ha mostrado exactamente su reverso. Lo cual coloca al intérprete en una situación doblemente delicada, porque no sólo ha definido una versión antitética de todo Gramsci, sino que, al hacerlo, puso en evidencia su profundo desconocimiento de Marx. ¡Pura dialéctica! En realidad, se equivoca el "filósofo-rey": ni Mar x ni Gramsci se proponían "aplastar" con el peso del Estado a la sociedad civil.
El primero se proponía superar toda forma de Estado absolutista, despótico, autocrático y opresor, para que, liberada de las cadenas que el Estado históricamente le ha impuesto, la sociedad civil, como "estructura" real y efectiva de la sociedad (y en ningún caso como "sobrestructura") pudiese con plena libertad encontrar formas de producción y organización –tanto materiales como espirituales– basadas no en la coerción sino en el consenso, no en la barbarie sino en la civilización. Sólo entonces los ciudadanos libres podrían escribir en su bandera: "a cada cual según sus necesidades, a cada quien según sus capacidades". Marx, por tanto, no se proponía liquidar la propiedad privada: como dice en el Manifiesto, se trata de "superarla y conservarla", porque el problema de la propiedad privada en la sociedad burguesa, consiste en su no distribución, en el hecho de que esté concentrada en pocas manos. Como puede verse, se trata de una cuestión de
"El comandante en jefe expuso lo que, en su opinión, sintetiza las ’líneas maestras’ del pensamiento político gramsciano. Es difícil saber si alguno de los funcionarios que allí se encontraba sabía quién era Gramsci. Pero más difícil sería averiguar si el público tenía idea de la peculiar interpretación que el primer mandatario hizo sobre Gramsci"
equidad, no de un hurto. En el caso de Gramsci, no existe Estado –por lo menos no en Occidente– que no contenga dos elementos esenciales: la sociedad política y la sociedad civil, es decir, la coerción y el consenso, la heteronomía y la autonomía, diría Kant. La sociedad política es el receptáculo de las instituciones, las leyes, el ejército, la burocracia, etc. Ella constituye la sobrestructura del Estado, no su estructura.
La sociedad civil es aquella parte más amplia del Estado –su real y efectiva estructura productiva, tanto material como espiritual– que tiene la virtud de sustentar o de revolucionar permanentemente a la sociedad política, porque cuando la sociedad civil adquiere plena conciencia de sus necesidades, y se hace radical, se halla en capacidad de romper con una sociedad política esclerotizada, enmohecida. Para Gramsci, un Estado lo es sólo "en la medida en que es la misma sociedad ordenada". No bastan los límites jurídicos: no se le pueden poner límites a los derechos civiles, ni se le puede exigir que se autolimiten. El derecho positivo no puede ser el límite del Estado, porque éste –como sociedad civil– puede modificarlo en cualquier momento, en nombre de sus necesidades radicales y de las exigencias que promueva.
Un concepto unilateral de Estado, concebido, como pura "sociedad política", es una presuposición en extremo reaccionaria y redunda en el despotismo. La hegemonía estatal no radica en la sociedad política: es el nervio vital de la sociedad civil.
De esta manera, el Estado no puede ser sólo "el aparato gubernamental", como lo conciben los autoritaristas, sino que es además el ámbito de lo "privado", es decir, de la sociedad civil. En tal sentido, la formulación gramsciana es tajante: "el Estado es igual a la sociedad política más la sociedad civil, es decir, la hegemonía reforzada por la coerción".
La idea leninista de Estado en modo alguno puede ser "aplicada" en Occidente. El Estado en Oriente –afirma Gramsci– posee un aparato más o menos simple, compuesto básicamente por la esfera de lo político. En él el consenso sólo se haya en estado embrionario. Quien sustenta el poder lo es todo.
Por tal motivo, la Revolución bolchevique pasó de una sociedad autoritaria a otra.
Contrariamente, en Occidente, la estructura económica y social es más elaborada y compleja. En ella coexisten las dos esferas en sentido polar, la civil y la política, lo cual implica una transformación de la estrategia "revolucionaria", la cual comprende dos etapas distintas: la concientización de la sociedad y la acción política. De ahí que el significado de hegemonía se identifique con "la crítica real", con una "filosofía viviente". Hegemonía significa, pues, crítica filosófica, no dominio. Por eso, la hegemonía no se construye desde el poder, sino en la sociedad.
El objetivo es el de superar la simpleza de la visión reivindicativa (corporativista) de la sociedad y de construir su visión orgánica, conquistando la dirección moral y cultural de la sociedad, logrando una inescindible relación entre la estructura y la sobrestructura, sin la cual la hegemonía se transforma en simple coerción desprovista de acción cultural, incapaz de reordenar el Estado. El "filósofo-rey" de Sabaneta ha sido burlado en su buena fe. Le han creado una ilusión. Como al daltónico, le han hecho invertir los colores del "semáforo" hermenéutico. Ha creído ver el rojo donde sólo hay verde oliva.
Los ductores de sus aporreadas lecturas le han hecho falsificar no sólo a Gramsci sino también a Marx.
En nombre de Marx –y ahora, también de Gramsci– intenta conducir un proceso "revolucionario" que ni es revolucionario ni tiene que ver con el marxismo, por lo menos no con el marxismo de Marx. Pero, hay que decirlo: tampoco con el de Gramsci.
(*) Licenciado y Doctor en Ciencias Políticas , José Rafael Herrera (1959) es autor, entre otros, de Crítica de Hegel al ideal kantiano de una religión dentro de los límites de la razón (2006), Ontologismo e historicismo (2007) y Principios de la Filosofía de la Praxis (2007). Fue Director de la Escuela de Filosofía de la UCV
domingo, 19 de noviembre de 2017
VIEJOS HOMBRES, VIEJOS IDEALES, VIEJOS PROCEDIMIENTOS
De la célula fundamental del régimen
Luis Barragán
Recientemente, en el marco del curioso y harto prolongado Estado de
Excepción que padecemos, Maduro Moros decretó e instaló los llamados Consejos
Productivos de Trabajadores y Trabajadoras (CPTT) que los supondrá presentes y
activos en 660 empresas privadas y 144 públicas, tributarios de la Gran Misión
de Abastecimiento Soberano (GMAS).
Señaló en El Poliedro de Caracas, escenario exclusivo de todo acto
oficial y oficioso, que deberán posicionarse como “una instancia de poder” para
elevar la producción y la productividad, en consonancia con la llamada Agenda
Económica Bolivariana.
La única premisa nos remitiría no sólo a la constante y sofocante
burocratización del régimen, sino a la imposición de un sistema de reglas
reñido con la más elemental noción de Estado de Derecho, lesionado desde sus
propios orígenes habida cuenta del otrora control gubernamental del parlamento,
del más obcecado que ha ejercido sobre el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y,
no faltaba más, de las reiteradas habilitaciones presidenciales. La sola
denominación de los programas y entidades, propios de un lenguaje de la devastación
económica, nos remite mejor a Comala de Juan Rulfo que al Macondo de Gabriel
García Márquez o Yoknapatawpha de
William Faulkner.
Anuncio y (des) consuelo
Anunció el decretante (https://www.youtube.com/watch?v=aLdfyddmoOA),
una nueva etapa del socialismo, asegurando la iniciativa como propia de la
clase obrera que, en la empresa Cacique Maracay, por ejemplo, asumió el control
con la ayuda del gobierno, tras el abandono de los capitalistas, aunque – buen
saludo a la bandera - criticó el sentido
burocrático en el ejercicio del liderazgo y la corrupción. Intervino también el
general Vladimir Padrino, coordinador nacional de la GMAS, quien saludó la
iniciativa como “demostración de la más perfecta expresión de la unión
cívico-militar (..) porque el socialismo hay que territorializarlo y lo primero
que tenemos que territorializar es la conciencia de la clase obrera”, realizado
un esfuerzo conjunto entre la
Universidad Militar Bolivariana y el ministerio del Trabajo para incidir desde
el concepto filosófico hasta lo más táctico o elemental en los procedimientos
de la instancia (re) creada.
La novísima etapa es la de la productividad y, en consecuencia, la clase
obrera ha de convertirse en fuerza productiva dirigente, pues, ella,
organizada, es la gran vacuna y medicina, a la vez, contra el sida capitalista,
la economía criminal y parasitaria. Huelga comentar en torno a la insólita
lumpenprolerización del país en lo que va de siglo, y el escaso o existente
respaldo que tiene el socialismo, precisamente, en la clase obrera que apenas
le sobrevive.
Interpelación desde el marxismo
Ahora bien, la mayor ventaja de un régimen que no esconde su naturaleza y
vocación marxista, es la de verse relevado de toda crítica desde la perspectiva
de esta escuela. Podemos cuestionarla desde el estricto ámbito jurídico y económico,
mas no renunciar a una aproximación política e ideológica, por mucho que hoy,
como no ocurrió ayer, sea considerada
como toda una veleidad académica.
Por lo visto, distinto a la experiencia cubana, Venezuela cuenta todavía
con grandes ventajas comparativas para reindustrializarse y, luego del
monumental retroceso experimentado, insuficiente la renta petrolera mil veces devorada en esta
centuria tan inútilmente, atisban, intuyen o presienten que, a largo plazo, no
queda otro camino. Excepto, el disparo imprevisto y recurrente de los precios
del barril, aunque no haya políticas, planes y condiciones concretas que deban
materializar a los fines de la supervivencia del propio régimen al que no le
bastará sus incursiones en la economía delictiva, ensayará la vía de la
industrialización forzada o, como fue denominada en la extinta Unión Soviética,
estajanovista. Sin embargo, en lugar
de idear y plantear esas políticas, planes y condiciones, comienzan por el
control hegemónico de las empresas, principalmente públicas y provisoriamente
privadas, esbozadas como las células fundamentales en las que debe intervenir el dispositivo cívico-militar para modelarlas.
Fordismo o taylorismo aparte, concebido el socialismo como el lógico e inevitable paso siguiente al capitalismo –
por supuesto – industrializado, Antonio Gramsci concibió los consejos de
fábrica (CF) como las células fundamentales de la revolución, organización
básica de la vida social del trabajador, el organismo de base representativo y
no burocrático, embrión del nuevo Estado, constitutivo y decisivo, convertido
en una institución de carácter “público” frente al carácter “privado” del
partido (AG: 101). Estimaba que, al
expresarla, “el Estado socialista existe ya potencialmente en las instituciones
de vida social características de la clase obrera explotada”, pues, “la
dictadura del proletariado es la instauración de un nuevo Estado, típicamente
proletario, en el cual confluyan las experiencias institucionales de la clase
obrera, en el cual la vida social de la clase obrera y campesina se convierta
en sistema general y fuertemente organizado”, subrayando que “ese Estado no se
improvisa” (ibídem: 59, 62).
Vale decir, hay una relación hipotética de continuidad, garantizando el
control de la producción, aunque también la independencia frente al partido y
al sindicato, según la “delimitación crítica” que la interpretación gramsciana
hace de los CF (MMR: 125). Por consiguiente, es válido afirmar que los CPTT
constituyen una entelequia en la Venezuela deliberadamente desindustrializada
de las últimas décadas, un aparato preventivo de control hegemónico en un país
que no produce y que se cree que puede producir, por la ruta demasiado
improbable de los incontables decretos, salvo que se imponga la definitiva militarización del
trabajo que explica la intervención de la Fuerza Armada en una materia ajena a
su especialidad.
Por lo demás, aspiraba el sardo,
“los nuevos métodos de trabajo son inseparables de un determinado modo
de vivir, de pensar y de sentir” (AG: 475). Obviamente, no hay mayor novedad
que la desaparición o aniquilación misma del proletariado por el régimen
socialista del XXI, por lo que habría
que preguntarse cuál es su célula fundamental, anuncio y resultado de un modo
de vivir, pensar y sentir.
Ante los CF gramscianos, los soviéts del bolchevismo, o los comités de
defensa de la revolución del castrismo, podemos indagar sobre la preeminencia
del modo de vivir, pensar y sentir, hacer o deshacer, de la presidencia de la
República, del alto mando militar, la cúpula del PSUV sindicalmente
incapacitada, de las juntas comunales, de los llamados colectivos armados, de
los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), o, ahora, de los
CPTT. Quizá del aparato publicitario y propagandístico del régimen, aunque habría que apuntar a las posibilidades
reales de inclusión, como a la función económica y represiva que desempeñan
para la citología política que deseamos.
Conjeturas
Toda célula ha de apostar por su multiplicación, consistencia y eficacia,
dispuesta a abrir las puertas a la participación desde la base, por lo que
evidentemente sólo pueden ser concursables las juntas comunales, los
colectivos, los CLAP y los CPTT, como sostenes del proceso. Requieren de un
crecimiento de comprobadas voluntades sectarias, dispuestas a cualesquiera tareas políticas encomendadas,
donde ha fallado el partido, como suele ocurrir con todo artificio
eminentemente presupuestario, por lo que quedan los CLAP y las perspectivas muy
distantes de los CPTT, ya que las juntas comunales están contaminadas por los
adversarios, fracasado el subsidio masivo y directo de los adherentes,
exponiendo los colectivos requisitos
algo especiales de pertenencia.
En una economía empedernidamente rentista, el modo de vivir, pensar,
sentir, hacer y deshacer, por excelencia, compromete a dos sectores
delincuenciales extremos y excluyentes, favores concedidos aparte, como la
boliburguesía y los pranes, expresiones sociales que resultan de esta
particular lucha de clases que el socialismo de la centuria ha parido. La
“democratización” directa e indirecta del subsidio, convierte a los CLAP en un
atractivo, así fuere de limitada composición, pues, abre una vía distinta para
la comercialización en el prometedor mercado negro y, a la vez, la intervención
de los elementos partidistas y militares,
complementan las tareas de inteligencia y de represión que adelantan los
colectivos.
Del radical divorcio entre los hechos y la prédica que, por cierto, cada
día adquiere una mayor franqueza, se desprende que la célula fundamental del
socialismo venezolano radica en el “guiso” y sus formas y fórmulas alcanzadas, por lo que
Gramsci es una noticia irreal e indeseada, como una simple manía retórica de
Jorge Giordani. Por cierto, al principiar los ’90 del ‘XX, denunciando el
riesgo de generar un Estado más autoritario en Venezuela, Mujica Ricardo apostaba por la comprensión de
fenómenos como la burocracia y el bonapartismo, y comentaba sobre la práctica
política que negó la complejidad y heterogeneidad de las fuerzas sociales y del
mundo real, constatando que las propuestas teóricas marcadas por el
neoliberalismo tenía más fuerza que las del marxismo. Empero, presumimos, es el
actual Ambassadeur de la République
bolivarienne du Venezuela en France et auprès des Principautés de Monaco et
d’Andorre.
Referencias:
GRAMSCI, Antonio (1968) “Antología” [Selección,
traducción y notas de Manuel Sacristán]. Siglo XXI Editores. México, 1978.
MUJICA RICARDO, Michel (1994) “Democracia
sustantiva, democracia formal y hegemonía en Antonio Gramsci (el fenómeno del
americanismo y del fordismo)”. Academia Nacional de la Historia,
Caracas.
Imágenes: Tomadas de la red. Ilustración de AG: https://www.amuyshondt.com/2017/07/apuntes-sobre-el-pensamiento-politico-estrategico-de-antonio-gramsci-jaime-pastor/
20/11/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/31365-regimen
Imágenes: Tomadas de la red. Ilustración de AG: https://www.amuyshondt.com/2017/07/apuntes-sobre-el-pensamiento-politico-estrategico-de-antonio-gramsci-jaime-pastor/
20/11/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/31365-regimen
domingo, 23 de junio de 2013
REHENES
SOL DE MARGARITA, 1ro. de junio de 20132 notas para 1 sábado de junio
Decía Antonio Gramsci, el político, el ideólogo, el recio luchador italiano opositor al fascismo de Mussolini que luchar contra la hegemonía de las clases dominantes no podía ser resuelta, sólo con la violencia y la toma del gobierno.
Walter Castro Salerno
1/ La visión del Globo: Hay nuevos propietarios en un canal de Tv y por ello hay cambio de dirección, así como de lo que se llama “las líneas” orientadoras en los programas, en la cobertura de los hechos, en los análisis y las perspectivas que de estos se derivan, en torno a la economía, la política, el desenvolvimiento general de la actividad diaria del país. No por azar se muta la programación de un canal de tv de hoy para mañana. Decía Antonio Gramsci, el político, el ideólogo, el recio luchador italiano opositor al fascismo de Mussolini que luchar contra la hegemonía de las clases dominantes no podía ser resuelta, sólo con la violencia y la toma del gobierno. Con la mera y rápida suplantación de una clase por otra en el ejercicio del poder. La cultura, las ideas, los valores de la clase arrojada, con o sin violencia del dominio, del mando, del gobierno, continuaban ejerciendo gran influencia. Perviven durante cierto tiempo Es lo que se conoce como la hegemonía de la clase dominante. Gramsci fue certero. No se cambia de un día para otro todo un “sistema” de ideas y conductas que durante tantos años estuvieron en boga. “Dominando”, así entre ésas comillas, a toda la sociedad. Permeando los tejidos de la misma. Y como la ideología no es una inyección que se le pone a la gente para prevenir el virus AH1-N1, ni un paquete de harina para hacer arepas, pues hay que tratarla y considerarla como parte formal, pero esencial, de un proceso cultural. Didáctico. Aprendizaje y práctica simultáneamente. En el caso del canal de tv, ha sido despedido un periodista de quien lo menos, lo nimio que pueda decirse es que carecía totalmente de objetividad en sus comentarios o apreciaciones sobre la realidad del país. Mucha, por no indicar casi toda la programación de ése medio, estaba vertida hacia la negación, el repudio de lo que ocurría en el país. Ahora se intenta poner al despedido como si fuese una especie de “monstruo sagrado” de la comunicación social en Venezuela. Una suerte de Orson Welles criollo, sin desde luego nunca, ni por milésimas de segundos acercarse a la portentosa figura, casi mitológica, del genial yanqui, revolucionario del 7mo. Arte.
2/ En el Cabello de Dios dado. No tengo relación alguna con Diosdado Cabello. Me fue presentado una vez que fui de visita en la cárcel para ver a unos presos amigos por mi fraternal Jota Erre Núñez Tenorio. Luego le vi un par de veces aquí en Margarita en una de las tantas visitas de Chávez. Ni él tiene nada que darme, ni tampoco este servidor Walter Castro, nada que pedirle. Por manera que lo aquí escribo es simplemente fruto de mi forma de pensar y de ser. Recientemente volvieron varias personas, a propósito de la grabación de Mario Silva, a referirme presuntos hechos de corrupción, de guisos que involucran a Diosdado Cabello. Le pregunto a ellos y a todo el mundo: ¿Hay una sola denuncia, con pruebas en la mano, con las cuales pueda imputarse a Cabello? ¿Dónde estás las pruebas para demostrar ante los órganos competentes la supuesta corrupción de Diosdado Cabello? Como en carne propia sufrí en el pasado acusaciones semejantes y hasta las pagué con exilio y persecuciones, ahora saldré en defensa de quien sea acusado sin que se presenten las pruebas. Se le acusa también de ambición de poder. Pero en dos oportunidades históricas, tuvo la opción de darle una patada a Chávez, y al proceso: cuando el golpe de abril del 2002, y luego recientemente con su desaparición física, y no lo hizo. ¿Entonces?
Fotografía: http://corinariosargentina.blogspot.com/2012/09/odio-los-indiferentes.html
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jueves, 1 de septiembre de 2011
PARTICULAR TRADUCTOR
Traducir a Gramsci
Luis Barragán
Sorprendidos, hallamos en Librerías del Sur un título excepcional: "Traducir a Gramsci" de Jorge Luis Acanda González (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009). La cadena estatal de una anterior, hermosa y paradójica denominación comercial, está repleta de una burda literatura marxista, encarecido lo poco de que ofrece Siglo Veintiuno Editores, acentuando la sospecha sobre el libro cubano de exportación. Empero, el mayor asombroso proviene de una línea sostenida y aparentemente pacífica de investigación en torno al sardo.
Impensable años atrás, en un país regido por una Constitución de recio e inconfundible cuño estalinista que la hace obviamente prescindible, descubre y trabaja a un heterodoxo que irónicamente desenmascara al régimen. Nunca antes la imprenta cubana hubiese aportado una obra semejante, indicando ahora cuán lejos está llegando el ya irreprimible reconocimiento de un fracaso, por lo menos en el cauto mundo académico, que ayudará a una definitiva aflojadura de las tuercas que la alianza con Venezuela y la propia supervivencia biológica de los Castro pretende soldar.
Cierto, Acanda González apenas dedica tres de los doce capítulos, incluido el epílogo, concretamente a Antonio Gramsci, pero traza un indispensable, erudito y didáctico recorrido que lo contextualizará, marcando una abismal diferencia con la vulgata marxista que condena, principal y curiosamente tomado de la mano de Nicos Poulantzas. Muy bien le aprovecharía al ministro por siempre, Jorge Giordani, etéreo graficador de la escuela, acercarse a un investigador que, además, ha tenido el privilegio de acceder a una bibliografía que seguramente envidiarán sus colegas.
Por lo pronto, constatamos un esfuerzo de diferenciación con lo que el autor denomina socialismo o comunismo de Estado, reconocido el fracaso del proyecto totalitario euroriental que contrasta con aquellos que, en este lado del mundo, aún no reciben la noticia de la caída del muro de Berlín. Hay una experiencia histórica que acá ridículamente soslaya la casta gubernamental, tupida de toda suerte de consignas que se convierten con facilidad en improperios por su débil soporte.
Hallándose en la isla caribeña, puede esperarse un análisis sincero, audaz y profundo de las propias realidades del modelo castrista, a partir de Gramsci. Empero, siendo aún una empresa harto riesgosa, comprendemos que lo remita directamente a una amplia consideración del capitalismo. Valga la coletilla, a pesar de atreverse a observar - por ejemplo - la "trapisondería intelectual y oportunismo político" de independizar la superestructura de los procesos económicos de base, "allí donde todavía se intenta mantener un proyecto socialista (siendo) necesario abrir un espacio mayor a la existencia de relaciones monetario-mercantiles y a las inversiones extranjeras, con la consiguiente diversificación de los tipos de propiedad y la disminución de la capacidad del Estado de regular directamente los procesos de producción y circulación social" (166).
El capítulo iluminador sobre la concepción gramsciana de la hegemonía, a guisa de ilustración, repara en la perspectiva instrumental y maquiavélica de la política que, en el caso venezolano, es de degeneración o descomposición continua, pues, confundida con la reyerta terca y ampulosamente descalificadora, emplea "los mismos mecanismos y recursos, trucos y tretas" burgueses, derivando en un "espectáculo, no por curioso menos trágico, de una programación televisiva que repite los patrones de su supuesto rival ideológico" (167). Bastará con el discurso del poder establecido, las intervenciones en el parlamento del gramsciano Giordani y toda la programación radiotelevisiva del Estado, para apreciar esa concepción que galopa sobre la hegemonía en la sociedad - dato fundamental - ultrarrentista que perfecciona.
En lo posible (y asequible), seguiremos la pista de Acanda González en la Cuba encallejonada. Significa seguirlo de cara a Venezuela, no menos atrapada.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2011/08/traducir-a-gramsci/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=797891
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sábado, 5 de febrero de 2011
gramsci australiano

Préstamo de Jonathan Benavides, forma parte de una colección de cuatro pequeños volúmenes que publica Ocean Press (Australia) / Néstor Kohan (2006). Esta entrega trae a Antonio Gramsci, un imprescindible, cronología y bibliografía general (introdución), El joven Gramsci, La insurrección de los consejos de obreros, La filosofía en prisión, La reflexión política en la cárcel, La dignidad moral de un combatiente. Respecto a la edición, es extraordinaria, sencilla, muy bien diseñada y diagramada (la portada habla por la obra). Quizá algunos textos ya están en la conocida antología de Siglo XXI Editores
De Gramsci, quien sistemáticamente intenta abordarlo desde el gobierno nacional es Jorge Giordani. Es necesario leerlo. No sólo por razones del combate político, sino por la propia esplendidez del autor.
LB
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martes, 8 de febrero de 2011
retrato de un sistema

Gramsci en Saigón
Luis Barragán
Baremo y plataforma de lanzamiento fue para Antonio Gramsci el consejo de la fábrica, pues, retrató el desarrollo del capitalismo en la Italia de los albores del siglo XX, a la vez que su desarrollo era anuncio seguro del proyecto socialista al que tanto aportó heroicamente desde la cárcel. Semilla, célula o núcleo fundamental (y fundacional), toda relación social tendría explicación a partir de los trabajadores organizados en los medios de producción. Empero, por más que Jorge Giordani fuerce las premisas a través de sus libros, a través de una gestión ministerial sometida al cruce constante de los portavoces e ideas sobrevenidas, agudizando las contradicciones del régimen, se levanta el testimonio de lo que se dio en llamar “Ciudad Saigón”, ubicada en el centro de Caracas.
Presuntamente desaparecida, la experiencia constituyó el retrato hablado del chavezato. Ayer, como hoy, nos interpela respecto a las intenciones y pretensiones del régimen, como la destrucción del casco histórico de la ciudad capital. Recordemos que tan prontamente imitada a lo largo y ancho del país, Saigón fue el mayor expendio de videos ilegales que, por tres o cuatro años, deshizo la antigua Plaza Diego Ibarra, ubicada entre el denominado Palacio de Justicia y el Centro Simón Bolívar.
Por una parte, la sola constitución de un inmenso laberinto de puestos de venta de irregulares dimensiones, algunos hasta lujosos, fotografió muy bien la naturaleza y alcance del Estado rentista y corrupto, cuyos elencos protocolizaron su participación en el pernicioso negocio de la “piratería”, evidentemente al admitirla, patrocinarla y perfeccionarla. No hubo programa informático, musical, documental o film, que no se encontraran en la vastedad encapsulada y – por cierto – segura de la ciudadela, por más exquisitos y exigentes fuesen los demandantes de un lugar tan estratégicamente ubicado.
Puede aseverarse que la célula, semilla o núcleo fundamental (y fundacional), en relación al régimen, la descubrimos – precisamente – en la economía informal hecha literalmente de sobrevivientes, aún desde los centenares de inmuebles urbanos invadidos, que abre la bóveda de los intereses del poder establecido, delatándolos a través de los (anti) valores del clientelismo y la prebenda que realizan y se perfeccionan mediante la conformación de sendas mafias, aunque tardaremos mucho en descubrir los mecanismos y personalidades involucradas en más de doce años. Saigón se hizo una comunidad que expresó fielmente cuán lejos ha llegado el socialismo dizque bolivariano, con una gigantesca legión de subempleados que irremediablemente entraron en el circuito generado o amparado por el Estado, ahora alcanzando otras manifestaciones menos visibles o elocuentes que su entronización en el corazón de la metrópoli.
La ciudadela fue el equivalente del “consejo de fábrica” de Gramsci, retrato hablado de las exacerbaciones de un capitalismo de Estado: indicador del gobierno que ejerce – agravándola - en nombre y representación de la sociedad ultrarrentista que somos, deseosa de pasar de la incumplida promesa de una economía agropecuaria, endógena, a otra de servicios, fatalmente importadora, definitivamente desindustrializada. Por lo que es el sardo mismo el interrogador de los socialistas de nuevo cuño, desprendida toda originalidad de la mera numeración de la nueva centuria.
Por otra parte, rapaz, es el Estado el que ha permitido (y seguirá permitiendo), el abusivo empleo de los espacios públicos para los negocios del contrabando, porque no hay otra explicación para la realización de las mercancías bajo un rígido control de cambios, agregados los ínsumos básicos de alimentación que no se conocen en los predios de la economía formal. No olvidemos que Saigón se levantó en una histórica y vistosa plaza, perfeccionada su destrucción ante la mirada indiferente de los funcionarios o autoridades que debieron velar por ella.
En una urbe de agorafóbicos, la Diego Ibarra se ofreció como una inmejorable oportunidad para el negocio, por lo que sacrificó sus irrepetibles monumentos, bancos, fuentes y hasta tuberías de cobre, para la lenta edificación del laberinto que únicamente exigía audacia y apoyo para conquistar cada centímetro y rincón. Quizá por el elevado costo político que comportaba, o las propias tensiones de un negocio de tan desleal competencia, Saigón desapareció físicamente del lugar, pero ya pasa de tres o cuatro años que, completamente destruido, apenas hubo una remoción de escombros e – imaginamos – la pugna por lograr las contrataciones de una magna remodelación (que no, remodelación), quedando enteramente impune la gesta que la pulverizó.
Saigón no ha desaparecido, porque es la savia espiritual del socialismo rentístico en marcha. DE distintas formas se repite, preferiblemente destruido todo testimonio de libre y ordenada civilidad.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2011/02/gramsci-en-saigon/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=736821
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domingo, 14 de julio de 2013
EL MENOS MAQUIAVÉLICO DE TODOS: MAQUIAVELO (2)
EL NACIONAL - Domingo 14 de Julio de 2013 Papel Literario/4
El poder constituyente de la multitud: Antonio Negri lector de Maquiavelo
El norte de la refl exión de Negri consiste en volver sobre el tema de la interdependencia entre los textos de Maquiavelo, con el propósito de mostrar algunos registros históricos del "poder constituyente de la multitud"
OMAR ASTORGA
Maquiavelo aparece encabezando el índice de un libro de 1992 titulado El poder constituyente , donde su autor, Antonio Negri, se muestra maduro y radical, buscando alternativas al mundo moderno, más allá del principio de representación, en un intento audaz y sugerente donde ya se anuncia su célebre trilogía, escrita con Michael Hardt: Imperio (2000), Multitud (2004), y Commonwealth (2009).
Negri revisa el panorama de las interpretaciones de Maquiavelo y señala dos grandes líneas. Por un lado, la historiografía italiana en la cual se observa la primacía atribuida a El príncipe y la autonomía de lo político. Por otro lado, la tradición anglosajona donde se privilegia el republicanismo que se halla en los Discursos sobre la primera década de Tito Livio .
Existe, sin embargo, una tercera línea, precisamente la que retoma Negri, donde se plantea la interdependencia que existe entre esos textos. Quizás el mejor testimonio de esta línea, donde se juntan el teórico y el militante, fue Antonio Gramsci, el representante más agudo y versátil que tuvo el marxismo en el siglo XX, quien hizo énfasis en la conexión que existió entre El príncipe y los Discursos .
El norte de la reflexión de Negri consiste en volver sobre el tema de la interdependencia entre los textos de Maquiavelo, con el propósito de mostrar algunos registros históricos del "poder constituyente de la multitud". Maquiavelo en El príncipe no habría ofrecido un modelo teórico de la política sino, como dice Negri, un "cuaderno de navegación" donde la política se convierte en el centro de las mutaciones históricas. Negri no se interesa por las célebres fórmulas políticas que introduce Maquiavelo apelando a la historia, sino que busca los momentos en que se advierte el paso de la descripción histórica a la fundación política de la subjetividad. Frente a las contingencias de la historia se pregunta hasta dónde llega la potencia del Príncipe.
Para responder esta pregunta Negri incorpora el tema de la mutación vista como revalorización ontológica del tiempo que busca pasar del horizonte naturalista a la estructura histórica. "El problema es el de interiorizar el tiempo histórico en el tiempo antropológico". Y a su vez hacer del tiempo histórico una vía para pensar la política. Ya en los Discursos se anuncia que el poder siempre es republicano. Y es desde esta premisa que, según Negri, ha de comprenderse el momento en que Maquiavelo interrumpe la redacción de sus Discursos para escribir El príncipe .
Los Discursos , de acuerdo con Negri, pretenden reivindicar la República como forma de gobierno a través de la confrontación con su propia crisis, esto es, con el horizonte de la mutación. La relación virtudfortuna, tal como se muestra en El príncipe es, más bien, un asunto irresoluble. El principio constituyente no pretende ser un principio dialéctico; no se resuelve y tampoco se supera, sino que permanece en una situación de precariedad como potencia abierta a múltiples horizontes.
El concepto de poder constituyente está ligado entonces con más claridad a los presupuestos políticos que se hallan en los Discursos . Pero el príncipe es un momento del republicanismo, pues es el nuevo príncipe quien ha de promover la República. Y cuando Maquiavelo retoma la redacción de los Discursos , se advierte el salto, pues ahora aplica el concepto de poder constituyente a su teoría general de las formas de gobierno. La constitución histórica del Príncipe ha de ser la democracia.
De esta manera, Negri se esfuerza en mostrar que el poder constituyente se forma en medio de la mutación vista como "superdeterminación" del tiempo. Hasta allí llega El príncipe si se estudia de un modo aislado. Pero si se toma en cuenta que los Discursos ofrecen el sentido republicano del pensamiento político de Maquiavelo, El príncipe , a pesar de sus limitaciones, se convierte en un momento político desde el cual es posible justificar la emergencia de la República y, con ella, la potencia de la multitud. Negri, en suma, se muestra coherente al tratar de volver a Maquiavelo como una fuente decisiva para pensar alternativas al mundo moderno, anclado en el principio de representación.
El poder constituyente de la multitud: Antonio Negri lector de Maquiavelo
El norte de la refl exión de Negri consiste en volver sobre el tema de la interdependencia entre los textos de Maquiavelo, con el propósito de mostrar algunos registros históricos del "poder constituyente de la multitud"
OMAR ASTORGA
Maquiavelo aparece encabezando el índice de un libro de 1992 titulado El poder constituyente , donde su autor, Antonio Negri, se muestra maduro y radical, buscando alternativas al mundo moderno, más allá del principio de representación, en un intento audaz y sugerente donde ya se anuncia su célebre trilogía, escrita con Michael Hardt: Imperio (2000), Multitud (2004), y Commonwealth (2009).
Negri revisa el panorama de las interpretaciones de Maquiavelo y señala dos grandes líneas. Por un lado, la historiografía italiana en la cual se observa la primacía atribuida a El príncipe y la autonomía de lo político. Por otro lado, la tradición anglosajona donde se privilegia el republicanismo que se halla en los Discursos sobre la primera década de Tito Livio .
Existe, sin embargo, una tercera línea, precisamente la que retoma Negri, donde se plantea la interdependencia que existe entre esos textos. Quizás el mejor testimonio de esta línea, donde se juntan el teórico y el militante, fue Antonio Gramsci, el representante más agudo y versátil que tuvo el marxismo en el siglo XX, quien hizo énfasis en la conexión que existió entre El príncipe y los Discursos .
El norte de la reflexión de Negri consiste en volver sobre el tema de la interdependencia entre los textos de Maquiavelo, con el propósito de mostrar algunos registros históricos del "poder constituyente de la multitud". Maquiavelo en El príncipe no habría ofrecido un modelo teórico de la política sino, como dice Negri, un "cuaderno de navegación" donde la política se convierte en el centro de las mutaciones históricas. Negri no se interesa por las célebres fórmulas políticas que introduce Maquiavelo apelando a la historia, sino que busca los momentos en que se advierte el paso de la descripción histórica a la fundación política de la subjetividad. Frente a las contingencias de la historia se pregunta hasta dónde llega la potencia del Príncipe.
Para responder esta pregunta Negri incorpora el tema de la mutación vista como revalorización ontológica del tiempo que busca pasar del horizonte naturalista a la estructura histórica. "El problema es el de interiorizar el tiempo histórico en el tiempo antropológico". Y a su vez hacer del tiempo histórico una vía para pensar la política. Ya en los Discursos se anuncia que el poder siempre es republicano. Y es desde esta premisa que, según Negri, ha de comprenderse el momento en que Maquiavelo interrumpe la redacción de sus Discursos para escribir El príncipe .
Los Discursos , de acuerdo con Negri, pretenden reivindicar la República como forma de gobierno a través de la confrontación con su propia crisis, esto es, con el horizonte de la mutación. La relación virtudfortuna, tal como se muestra en El príncipe es, más bien, un asunto irresoluble. El principio constituyente no pretende ser un principio dialéctico; no se resuelve y tampoco se supera, sino que permanece en una situación de precariedad como potencia abierta a múltiples horizontes.
El concepto de poder constituyente está ligado entonces con más claridad a los presupuestos políticos que se hallan en los Discursos . Pero el príncipe es un momento del republicanismo, pues es el nuevo príncipe quien ha de promover la República. Y cuando Maquiavelo retoma la redacción de los Discursos , se advierte el salto, pues ahora aplica el concepto de poder constituyente a su teoría general de las formas de gobierno. La constitución histórica del Príncipe ha de ser la democracia.
De esta manera, Negri se esfuerza en mostrar que el poder constituyente se forma en medio de la mutación vista como "superdeterminación" del tiempo. Hasta allí llega El príncipe si se estudia de un modo aislado. Pero si se toma en cuenta que los Discursos ofrecen el sentido republicano del pensamiento político de Maquiavelo, El príncipe , a pesar de sus limitaciones, se convierte en un momento político desde el cual es posible justificar la emergencia de la República y, con ella, la potencia de la multitud. Negri, en suma, se muestra coherente al tratar de volver a Maquiavelo como una fuente decisiva para pensar alternativas al mundo moderno, anclado en el principio de representación.
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martes, 16 de agosto de 2011
CULTURALES
Ley de ¿cultura?
Gisela Kozak Rovero
El Anteproyecto de Ley Orgánica de la Cultura (www.aporrea.org/actuali dad/a92274.html ) podría aprobarse en la Asamblea Nacional o vía Ley Habilitante. Como suele ocurrir con las propuestas oficialistas destaca la inconsistencia. Al lado de concepciones de cultura, diversidad cultural e interculturalidad propias de UNESCO, con las que todos podemos estar de acuerdo, tenemos el legado comunista y fascista del siglo XX: el Estado y el pueblo son uno solo en el interés de regir los destinos de la nación en materia de la vida cultural, lo cual se tradujo en la práctica en el protagonismo autoritario del primero con el fin de conformar las mentalidades del segundo.
Resalta la noción de hegemonía política, social y cultural del marxista Antonio Gramsci, quien propone que la revolución transformará al pueblo a través de la cultura y la educación y no de la violencia. Se trata de una salida "negociada" que toma en cuenta las tradiciones populares para servirse de ellas políticamente. Y digo en cierto modo negociada porque Gramsci se refería a gobiernos de partido único. En Venezuela hay partidos opositores, pero sí leemos el Proyecto Nacional Simón Bolívar Primer Plan Socialista 2007-2013 constatamos que tanto la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela como la posibilidad misma de un gobierno opositor no figuran de verdad en el horizonte oficialista. La mesa estatista y de la formación del "hombre y mujer nuevos" están servidas. Se mencionan con énfasis los consejos comunales pero las gobernaciones y alcaldías pasan al tercer plano al que se les destina habida cuenta de que permiten la llegada al poder de la oposición. Pareciera que la mitad de la sociedad, tomando en cuenta el resultado de las elecciones parlamentarias en el 2010, no tiene importancia para el gobierno.
En este proyecto de ley lo cultural se define en función de indígenas, afrodescendientes y el legado ibérico, por lo cual la "identidad nacional auténtica" se opone a la realidad de que somos una sociedad híbrida y multicultural, de sucesivas oleadas de inmigrantes, que habla sobre todo castellano.
El reconocimiento de las comunidades indígenas del siglo XXI no tiene que ver con la idealización del pasado sino con su participación en la construcción de un presente y un futuro en el que quepan visiones del mundo diversas. Esta mirada pasatista de la cultura como "autenticidad" se evidencia en que no se toma en consideración la importancia de la cultura como generadora empleo y riqueza. Las industrias culturales y creativas amén del turismo patrimonial y la amplia gama de actividades públicas y privadas alrededor de la literatura, la música, las artes visuales y escénicas conforman parte importante del PIB de países como México, España o Brasil.
El énfasis, como suele ocurrir con el gobierno nacional, es ideológico y partidista.
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Proyecto de Ley de Cultura
lunes, 15 de abril de 2019
DIVERTIDAMENTE RECREATIVOS
Del pre – posmarxismo
Luis Barragán
En las postrimerías del siglo anterior, agotado el marxismo en las universidades públicas que le dieron soporte político y, de un modo u otro, presupuestario, surgieron corrientes, por entonces curiosas, que abandonaron el clásico discurso, probando con estrategias heterodoxas. Ya el asunto no radicaba en la lucha de clases, ni en la dictadura del proletariado, sino en la defensa y promoción de las más disímiles causas ecológicas, feministas, indigenistas, etc.
Esquivando el nada menudo problema del derrumbe del socialismo real, aquella izquierda abogó aún más por la causa de los derechos humanos y de las libertades democráticas. Localmente, quizá más por intuición que por una búsqueda reflexiva alternativa, a ratos parecía recreativa y hasta divertida. Así, por el camino de la antipolítica, enmascarada o encapuchada, supimos de la incursión – por ejemplo – de la conocida Plancha ’80 en la Universidad Central de Venezuela.
El fin de la historia pareció originarse en Venezuela, porque cualesquiera discusiones doctrinarias e ideológicas fueron consideradas inútiles e impertinentes, sembrado el burdo pragmatismo en los más variados ámbitos políticos. No obstante, hubo voceros de reconocido prestigio intelectual en los partidos democráticos, muy escasos, que llamaron la atención del fenómeno, mientras que los muchos se hicieron también literalmente recreativos y divertidos, solazados por las viejas lecturas.
De revisar las actas parlamentarias y edilicias de aquellos tiempos, baremo tan indispensable como los medios de comunicación social, a objeto de calibrar las ideas políticas de entonces, prácticamente nadie acusa recibo de la escuela genéricamente llamada del post-marxismo en ciernes. Por ejemplo, Chantal Mouffe y Ernesto Laclau publican por aquellos años “Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia”, u otros autores retoman a Antonio Gramsci o relanzan a Michel Foucault que, en la misma vieja carretera, extreman sus críticas al capitalismo liberal, ignorados por los sectores que pretendidamente estaban consagrados a la causa de la libertad, a reflexionarla y a ayudar a actualizarla.
El caso estriba en que este batiburrillo llamado socialismo del siglo XXI, tiene igualmente por fuente las ideas del post-marxismo, aunque – por una parte - el régimen no resista la propia aplicación de sus diagnósticos, métodos u orientaciones; la escuela no se haga – por otra – responsable de la catástrofe humanitaria y masiva represión, añadido el genocidio, que caracteriza a la Venezuela actual; ni – por último – explique responsablemente las recias dictaduras de China o Vietnam que sobreviven gracias al libre mercado. Excepto los escarceos de Jorge Giordani a favor de Gramsci o Mézsáros, los socialistas de la hora jamás revelaron alguna inquietud teórica, como tampoco irresponsablemente lo exigió la oposición, siendo evidente que, entre otros, la Mouffe y Laclau pavimentaron muy bien el camino.
El propio ejercicio autocrático del poder, los llevó a extremar la retórica pro-indigenista, aunque – semanas atrás – masacraran al pueblo pemón, olvidados de la clase obrera que, por lo demás, destruyeron. Otro ejemplo, precisamente, esa generación representada por la Plancha ’80 ha participado del mayor de los saqueos del erario público en la historia venezolana, quebrando hasta las propias industrias del petróleo y del hierro.
Puede decirse de una era previa al post-marxismo tan legitimador de la presente dictadura, como el propio artefacto propagandístico del castrismo. Con las salvedades del caso, en la acera opuesta, muy pocos o nadie reparó en la escuela, todos divertidamente recreados por las promesas del barril petrolero.
Fotografía: El Nacional, Caracas.
Ilustraciones:
https://www.contrado.co.uk/stores/robart/celebrity-sunday-vintage/groucho-marx-celebrity-caricature-art-print-55516
Tim Robinson: https://www.thenation.com/article/marxs-revenge/
14/04/2019:
http://guayoyoenletras.net/2019/04/14/del-pre-posmarxismo/
Luis Barragán
En las postrimerías del siglo anterior, agotado el marxismo en las universidades públicas que le dieron soporte político y, de un modo u otro, presupuestario, surgieron corrientes, por entonces curiosas, que abandonaron el clásico discurso, probando con estrategias heterodoxas. Ya el asunto no radicaba en la lucha de clases, ni en la dictadura del proletariado, sino en la defensa y promoción de las más disímiles causas ecológicas, feministas, indigenistas, etc.
Esquivando el nada menudo problema del derrumbe del socialismo real, aquella izquierda abogó aún más por la causa de los derechos humanos y de las libertades democráticas. Localmente, quizá más por intuición que por una búsqueda reflexiva alternativa, a ratos parecía recreativa y hasta divertida. Así, por el camino de la antipolítica, enmascarada o encapuchada, supimos de la incursión – por ejemplo – de la conocida Plancha ’80 en la Universidad Central de Venezuela.
El fin de la historia pareció originarse en Venezuela, porque cualesquiera discusiones doctrinarias e ideológicas fueron consideradas inútiles e impertinentes, sembrado el burdo pragmatismo en los más variados ámbitos políticos. No obstante, hubo voceros de reconocido prestigio intelectual en los partidos democráticos, muy escasos, que llamaron la atención del fenómeno, mientras que los muchos se hicieron también literalmente recreativos y divertidos, solazados por las viejas lecturas.
De revisar las actas parlamentarias y edilicias de aquellos tiempos, baremo tan indispensable como los medios de comunicación social, a objeto de calibrar las ideas políticas de entonces, prácticamente nadie acusa recibo de la escuela genéricamente llamada del post-marxismo en ciernes. Por ejemplo, Chantal Mouffe y Ernesto Laclau publican por aquellos años “Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia”, u otros autores retoman a Antonio Gramsci o relanzan a Michel Foucault que, en la misma vieja carretera, extreman sus críticas al capitalismo liberal, ignorados por los sectores que pretendidamente estaban consagrados a la causa de la libertad, a reflexionarla y a ayudar a actualizarla.
El caso estriba en que este batiburrillo llamado socialismo del siglo XXI, tiene igualmente por fuente las ideas del post-marxismo, aunque – por una parte - el régimen no resista la propia aplicación de sus diagnósticos, métodos u orientaciones; la escuela no se haga – por otra – responsable de la catástrofe humanitaria y masiva represión, añadido el genocidio, que caracteriza a la Venezuela actual; ni – por último – explique responsablemente las recias dictaduras de China o Vietnam que sobreviven gracias al libre mercado. Excepto los escarceos de Jorge Giordani a favor de Gramsci o Mézsáros, los socialistas de la hora jamás revelaron alguna inquietud teórica, como tampoco irresponsablemente lo exigió la oposición, siendo evidente que, entre otros, la Mouffe y Laclau pavimentaron muy bien el camino.
El propio ejercicio autocrático del poder, los llevó a extremar la retórica pro-indigenista, aunque – semanas atrás – masacraran al pueblo pemón, olvidados de la clase obrera que, por lo demás, destruyeron. Otro ejemplo, precisamente, esa generación representada por la Plancha ’80 ha participado del mayor de los saqueos del erario público en la historia venezolana, quebrando hasta las propias industrias del petróleo y del hierro.
Puede decirse de una era previa al post-marxismo tan legitimador de la presente dictadura, como el propio artefacto propagandístico del castrismo. Con las salvedades del caso, en la acera opuesta, muy pocos o nadie reparó en la escuela, todos divertidamente recreados por las promesas del barril petrolero.
Fotografía: El Nacional, Caracas.
Ilustraciones:
https://www.contrado.co.uk/stores/robart/celebrity-sunday-vintage/groucho-marx-celebrity-caricature-art-print-55516
Tim Robinson: https://www.thenation.com/article/marxs-revenge/
14/04/2019:
http://guayoyoenletras.net/2019/04/14/del-pre-posmarxismo/
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