Del pre – posmarxismo
Luis Barragán
En las postrimerías del siglo anterior, agotado el marxismo en las universidades públicas que le dieron soporte político y, de un modo u otro, presupuestario, surgieron corrientes, por entonces curiosas, que abandonaron el clásico discurso, probando con estrategias heterodoxas. Ya el asunto no radicaba en la lucha de clases, ni en la dictadura del proletariado, sino en la defensa y promoción de las más disímiles causas ecológicas, feministas, indigenistas, etc.
Esquivando el nada menudo problema del derrumbe del socialismo real, aquella izquierda abogó aún más por la causa de los derechos humanos y de las libertades democráticas. Localmente, quizá más por intuición que por una búsqueda reflexiva alternativa, a ratos parecía recreativa y hasta divertida. Así, por el camino de la antipolítica, enmascarada o encapuchada, supimos de la incursión – por ejemplo – de la conocida Plancha ’80 en la Universidad Central de Venezuela.
El fin de la historia pareció originarse en Venezuela, porque cualesquiera discusiones doctrinarias e ideológicas fueron consideradas inútiles e impertinentes, sembrado el burdo pragmatismo en los más variados ámbitos políticos. No obstante, hubo voceros de reconocido prestigio intelectual en los partidos democráticos, muy escasos, que llamaron la atención del fenómeno, mientras que los muchos se hicieron también literalmente recreativos y divertidos, solazados por las viejas lecturas.
De revisar las actas parlamentarias y edilicias de aquellos tiempos, baremo tan indispensable como los medios de comunicación social, a objeto de calibrar las ideas políticas de entonces, prácticamente nadie acusa recibo de la escuela genéricamente llamada del post-marxismo en ciernes. Por ejemplo, Chantal Mouffe y Ernesto Laclau publican por aquellos años “Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia”, u otros autores retoman a Antonio Gramsci o relanzan a Michel Foucault que, en la misma vieja carretera, extreman sus críticas al capitalismo liberal, ignorados por los sectores que pretendidamente estaban consagrados a la causa de la libertad, a reflexionarla y a ayudar a actualizarla.
El caso estriba en que este batiburrillo llamado socialismo del siglo XXI, tiene igualmente por fuente las ideas del post-marxismo, aunque – por una parte - el régimen no resista la propia aplicación de sus diagnósticos, métodos u orientaciones; la escuela no se haga – por otra – responsable de la catástrofe humanitaria y masiva represión, añadido el genocidio, que caracteriza a la Venezuela actual; ni – por último – explique responsablemente las recias dictaduras de China o Vietnam que sobreviven gracias al libre mercado. Excepto los escarceos de Jorge Giordani a favor de Gramsci o Mézsáros, los socialistas de la hora jamás revelaron alguna inquietud teórica, como tampoco irresponsablemente lo exigió la oposición, siendo evidente que, entre otros, la Mouffe y Laclau pavimentaron muy bien el camino.
El propio ejercicio autocrático del poder, los llevó a extremar la retórica pro-indigenista, aunque – semanas atrás – masacraran al pueblo pemón, olvidados de la clase obrera que, por lo demás, destruyeron. Otro ejemplo, precisamente, esa generación representada por la Plancha ’80 ha participado del mayor de los saqueos del erario público en la historia venezolana, quebrando hasta las propias industrias del petróleo y del hierro.
Puede decirse de una era previa al post-marxismo tan legitimador de la presente dictadura, como el propio artefacto propagandístico del castrismo. Con las salvedades del caso, en la acera opuesta, muy pocos o nadie reparó en la escuela, todos divertidamente recreados por las promesas del barril petrolero.
Fotografía: El Nacional, Caracas.
Ilustraciones:
https://www.contrado.co.uk/stores/robart/celebrity-sunday-vintage/groucho-marx-celebrity-caricature-art-print-55516
Tim Robinson: https://www.thenation.com/article/marxs-revenge/
14/04/2019:
http://guayoyoenletras.net/2019/04/14/del-pre-posmarxismo/
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lunes, 15 de abril de 2019
sábado, 7 de mayo de 2016
Y LO HACEN EN NOMBRE DE MARX

Ni
siquiera da la hora
Luis
Barragán
Nicolás
Maduro es el beneficiario y fruto de la mejor hora que vivió el llamado
socialismo del siglo XXI, con los más altos ingresos petroleros que hemos
tenido en toda nuestra historia. Y es que, cuando apretaban las circunstancias,
a realazo limpio su predecesor solventaba las más inmediatas dificultades, sin
que respondiese estructuralmente a los problemas.
Ya,
en el ejercicio directo del poder, no tiene nada que dar a cambio de apoyo y,
lo poco que queda, lo lleva al más vulgar y confeso chantaje. Jamás mandatario
alguno lo había admitido públicamente, por lo menos, con la sinceridad y
desenfado que también se le agradece, pues, ideando para ello el carnet partidista y una tarjeta de
misiones socialistas destinados ambos a
beneficiar a los que comprobadamente le siguen y obedecen. Sin embargo, tampoco
alcanzarán porque la escasez y la propia crisis humanitaria no constituyen un
episodio meramente circunstancial.
Dudamos
demasiado en la capacidad técnica y administrativa del régimen para repartir lo
poco entre los suyos, porque si algo ha democratizado es la penuria, la miseria
y abandono: maduristas y no maduristas, sufrimos por igual todas las
consecuencias del nefasto modelo en curso, y el hambre y la enfermedad no se
detienen ante un carnet o una tarjeta.
Por lo demás, por aquello del que parte y reparte le toca la mejor parte,
comprobado el guiso como otra de las características históricas del régimen, la
pobreza también se convirtió en un negocio para quienes dijeron y dicen
atacarla con los bolsillos llenos.
Este
gobierno ya no tiene nada que dar, ni siquiera la hora que retrasa o adelanta
en treinta minutos, a menos que sus urgencias digan autorizarlo para cavar aún
más en la tumba común, ya que afanosa, pero infructuosamente, ha buscado
endeudarse aún más: simplemente, harto conocido, es riesgoso para cualquier
banco o país prestarnos más dinero, tanto que ni PDVSA misma logra ranquearse
como la mejor garantía. Eso sí, lo único
que le sobra al gobierno es el insulto, la descalificación personal, la
procacidad, pero no luce muy prometedor en este campo, pues, absolutamente
predecible, de escasa imaginación y famélico repertorio verbal, sólo le resta
explotar el angosto campo de las interjecciones.
De
un monumental fracaso histórico, al gobierno solo le contentaría gobernar para
sus más comprobados partidarios en cuanto a beneficios se refiere. Un detalle:
no le alcanza la cobija para los suyos-suyitos y esto a pesar de reducirse cada
vez más la legión – otrora inmensa – de sus adherentes.
02/05/2016
Ilustración: Fernando Vicente.
jueves, 6 de agosto de 2015
(ANTI) DOGMATISMO
EL NACIONAL, Caracas, 6 de agosto de 2015
Un Marx ignorado
Eduardo Vásquez
Ya lo hemos dicho: en nuestro país se pueden dictar cursos sobre Hegel y Marx sin nunca haber leído las obras de esos pensadores. Internet permite hablar y comentar la filosofía de ambos, promulgando textos que habría que preguntarse quiénes lo hicieron.
El pensamiento de Marx no se reduce al Manifiesto Comunista. El capital es una verdadera enciclopedia en lo que respecta al desarrollo del capitalismo. Los textos que dedica a la gran industria y a la etapa previa para llegar a esta demuestran su extraordinaria erudición y sus dotes de expositor. Y no se trata solo de El capital. Nos dejó también los llamados Grundrisse, traducidos como Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Siglo XXI, 1971).
Generalmente, lo que se conoce de Marx es la lucha de clases; la apropiación por parte de los capitalistas del tiempo de trabajo de los asalariados. Esta revolución de los explotados es lo que pondría fin al régimen capitalista. Ello no ocurrió. La clase obrera se integró a la sociedad capitalista. Hay muchos factores que lo explican. La educación gratuita, el voto universal, el sindicalismo. Sin embargo, en los Elementos fundamentales encontramos otra tesis sobre ese derrumbe.
En la edición que hemos citado, en el segundo tomo, página 227, encontramos la extraordinaria tesis de Marx: “En la medida, sin embargo, en que la gran industria se desarrolla, la creación de la riqueza efectiva se vuelve menos dependiente del tiempo de trabajo y del cuanto de trabajo empleado, que del poder de los agentes puestos en movimiento durante el tiempo de trabajo, poder que a su vez –su poderosa eficacia– no guarda relación alguna con el tiempo de trabajo inmediato que cuesta su producción, sino que depende más bien del estado general de la ciencia y del progreso de la tecnología o de la aplicación de esta ciencia a la producción… La riqueza efectiva se manifiesta más bien –y esto lo revela la gran industria– en la enorme desproporción entre el tiempo de trabajo empleado y su producto, así como en la desproporción cualitativa entre el trabajo, reducido a una pura abstracción, y el poderío del proceso de producción vigilado por aquel. El trabajo ya no parece tanto como recluido en el proceso de producción, sino que más bien el hombre se comporta como supervisor y regulador con respecto al proceso de producción mismo… En esta transformación lo que aparece como el pilar fundamental de la producción y de la riqueza no es ni el trabajo inmediato ejecutado por el hombre ni el tiempo que este trabaja, sino la apropiación de su propia fuerza productiva general, su comprensión de la naturaleza y su dominio de esta, gracias a su existencia como cuerpo social, en una palabra el desarrollo del individuo social. La apropiación (F. C. E. escribe robo) del tiempo de trabajo ajeno, sobre el cual se fundamenta la riqueza actual, aparece como una base miserable comparada con este fundamento, recién desarrollado, creado por la gran industria misma. Tan pronto como el trabajo en su forma inmediata ha cesado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja y tiene que dejar de ser su medida, y por tanto el valor de cambio deja de ser la medida del valor de uso. El plustrabajo de la masa ha dejado de ser condición para el desarrollo de la riqueza, así como el no-trabajo de unos pocos ha cesado de serlo para el desarrollo de los poderes generales del intelecto humano; con ello se desploma la producción fundada en el valor de cambio y al proceso de producción material inmediato se le quita la forma de necesidad apremiante y el antagonismo” (ob. cit., Pág. 229).
Marx es un filósofo de la economía y así como Hegel introdujo la historia en la filosofía, Marx introdujo la economía en la filosofía. Marx puede ser calificado de gigante del pensamiento. Tratar de descalificarlo aduciendo sus problemas, como el que se escondía de sus acreedores o de haber tenido relaciones sexuales con una empleada, es propio de lo que Goethe llamó las ayudas de cámara para los cuales no hay grandes hombres. Ven a estos en sus miserias y desventuras cotidianas comunes a todos. No es que no haya grandes hombres, sino que él es ayuda de cámara. El genio de Marx se manifestó en todo su esplendor en lo siguiente: “El capital mismo es la contradicción en proceso, por el hecho que tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo, mientras que por otra parte pone al tiempo de trabajo como única medida y fuente de la riqueza… Por un lado despierta a la vida todos los poderes de la ciencia y de la naturaleza, así como de la cooperación y del intercambio social para hacer que la creación de la riqueza sea relativamente independiente del tiempo de trabajo empleado en ella. Marx, como todo pensador extraordinario era capaz de analizar hechos y teoría desde muchos puntos de vista distintos. Esto lo aleja del dogmatismo, propio de los que carecen de una fuerte base cultural.
Un Marx ignorado
Eduardo Vásquez
Ya lo hemos dicho: en nuestro país se pueden dictar cursos sobre Hegel y Marx sin nunca haber leído las obras de esos pensadores. Internet permite hablar y comentar la filosofía de ambos, promulgando textos que habría que preguntarse quiénes lo hicieron.
El pensamiento de Marx no se reduce al Manifiesto Comunista. El capital es una verdadera enciclopedia en lo que respecta al desarrollo del capitalismo. Los textos que dedica a la gran industria y a la etapa previa para llegar a esta demuestran su extraordinaria erudición y sus dotes de expositor. Y no se trata solo de El capital. Nos dejó también los llamados Grundrisse, traducidos como Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Siglo XXI, 1971).
Generalmente, lo que se conoce de Marx es la lucha de clases; la apropiación por parte de los capitalistas del tiempo de trabajo de los asalariados. Esta revolución de los explotados es lo que pondría fin al régimen capitalista. Ello no ocurrió. La clase obrera se integró a la sociedad capitalista. Hay muchos factores que lo explican. La educación gratuita, el voto universal, el sindicalismo. Sin embargo, en los Elementos fundamentales encontramos otra tesis sobre ese derrumbe.
En la edición que hemos citado, en el segundo tomo, página 227, encontramos la extraordinaria tesis de Marx: “En la medida, sin embargo, en que la gran industria se desarrolla, la creación de la riqueza efectiva se vuelve menos dependiente del tiempo de trabajo y del cuanto de trabajo empleado, que del poder de los agentes puestos en movimiento durante el tiempo de trabajo, poder que a su vez –su poderosa eficacia– no guarda relación alguna con el tiempo de trabajo inmediato que cuesta su producción, sino que depende más bien del estado general de la ciencia y del progreso de la tecnología o de la aplicación de esta ciencia a la producción… La riqueza efectiva se manifiesta más bien –y esto lo revela la gran industria– en la enorme desproporción entre el tiempo de trabajo empleado y su producto, así como en la desproporción cualitativa entre el trabajo, reducido a una pura abstracción, y el poderío del proceso de producción vigilado por aquel. El trabajo ya no parece tanto como recluido en el proceso de producción, sino que más bien el hombre se comporta como supervisor y regulador con respecto al proceso de producción mismo… En esta transformación lo que aparece como el pilar fundamental de la producción y de la riqueza no es ni el trabajo inmediato ejecutado por el hombre ni el tiempo que este trabaja, sino la apropiación de su propia fuerza productiva general, su comprensión de la naturaleza y su dominio de esta, gracias a su existencia como cuerpo social, en una palabra el desarrollo del individuo social. La apropiación (F. C. E. escribe robo) del tiempo de trabajo ajeno, sobre el cual se fundamenta la riqueza actual, aparece como una base miserable comparada con este fundamento, recién desarrollado, creado por la gran industria misma. Tan pronto como el trabajo en su forma inmediata ha cesado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja y tiene que dejar de ser su medida, y por tanto el valor de cambio deja de ser la medida del valor de uso. El plustrabajo de la masa ha dejado de ser condición para el desarrollo de la riqueza, así como el no-trabajo de unos pocos ha cesado de serlo para el desarrollo de los poderes generales del intelecto humano; con ello se desploma la producción fundada en el valor de cambio y al proceso de producción material inmediato se le quita la forma de necesidad apremiante y el antagonismo” (ob. cit., Pág. 229).
Marx es un filósofo de la economía y así como Hegel introdujo la historia en la filosofía, Marx introdujo la economía en la filosofía. Marx puede ser calificado de gigante del pensamiento. Tratar de descalificarlo aduciendo sus problemas, como el que se escondía de sus acreedores o de haber tenido relaciones sexuales con una empleada, es propio de lo que Goethe llamó las ayudas de cámara para los cuales no hay grandes hombres. Ven a estos en sus miserias y desventuras cotidianas comunes a todos. No es que no haya grandes hombres, sino que él es ayuda de cámara. El genio de Marx se manifestó en todo su esplendor en lo siguiente: “El capital mismo es la contradicción en proceso, por el hecho que tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo, mientras que por otra parte pone al tiempo de trabajo como única medida y fuente de la riqueza… Por un lado despierta a la vida todos los poderes de la ciencia y de la naturaleza, así como de la cooperación y del intercambio social para hacer que la creación de la riqueza sea relativamente independiente del tiempo de trabajo empleado en ella. Marx, como todo pensador extraordinario era capaz de analizar hechos y teoría desde muchos puntos de vista distintos. Esto lo aleja del dogmatismo, propio de los que carecen de una fuerte base cultural.
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lunes, 23 de mayo de 2011
DEL MARXISMO EN EL PODER

El marxismo olvidado
Luis Barragán (*)
Celebramos la realización de esta jornada de reflexión sobre el marxismo, el de antes y el de hoy, agradeciéndole al Dr. Jonathan Benavides, presidente de la fundación, su amable invitación. Constituye una iniciativa importante, pues, la profesión de fe del presidente Chávez suele pasar inadvertida, hay otras prioridades en el extenso y duro problemario socio-económico nacional y, a lo sumo, la versión más vulgar de la escuela es la que llega a cotizarse en la opinión pública, quizá por los consabidos efectos de la llamada “antipolítica”.
Breve digresión, la variedad, urgencia y tratamiento de los problemas nacionales frecuentemente impide el planteamiento de fondo del proyecto en curso, igualmente imputable a la escasa vocación para meditarlos, un dato importante de la cultura política impuesta y compartida en la década. La propensión a banalizar los acontecimientos públicos, sublimarlos según la coyuntura, en los cuadros oficialistas y – es necesario reconocerlo – en la oposición, impide ventilar aquellos asuntos supuestamente tediosos que nos agobian o pueden agobiarnos: las consignas de ocasión, no permiten airear – tratándose del propósito expreso de los actuales conductores del Estado – el modelo específico que Jorge Giordani, casi excepcionalmente, identifica como socialismo rentístico, u otros asuntos como la lucha de clases o la propia teoría del valor.
Luce indispensable una breve consideración del imaginario social que se ha implantado, más o menos exitosamente, teniendo por tal lo que el régimen cree de sí y del país (y lo que creemos de ambos), considerando los elementos racionales e irracionales que lo conforman. A guisa de ilustración, Gisela Kozak Rovero ha ponderado la supervivencia de un imaginario propio de los sesenta, al examinar con acierto un conjunto de novelas de gran influencia o éxito editorial (1), por lo que nos importa indagar sobre la otrora crisis que ese imaginario experimentó al fracasar la insurrección armada, asombrosamente superviviente.
Ejercicio de precisión, intentaremos esbozar y contrastar el componente racional luego de revisar dos importantes y – por entonces - impactantes ensayos: (A) “Proceso a la izquierda (o de la falsa conducta revolucionaria)” de Teodoro Petkoff (Editorial Planeta, Barcelona, 1976), y, replicándolo, “La izquierda y su proceso” de Moisés Moleiro (Ediciones Centauro, Caracas, 1977). Ciertamente, hay un conocimiento histórico que es parte de nuestro acervo socio-cultural convertido en sentido común, donde el núcleo figurativo explica la estructura conceptual (núcleo central), según colegimos de Elisa Casado G (2).
Adelantándonos, sostendremos que priva un imaginario social anacrónico que compensa el déficit de reflexión teórica del marxismo hecho poder en Venezuela. Y, a pesar del profundo debate de la inmediata etapa post-subversiva, los ya viejos errores fueron obviados en la última década, trastocados en recursos de sostenimiento en la dirección del Estado.
IMPROVISACIÓN ACTUAL DEL MARXISMO
Hay coincidencia en la sobrevaloración de la insurrección de los sesenta, cuya derrota agudizó el verbalismo revolucionario, generó un ritual moralista y facilitó el chantaje político, obviando otros instrumentos teóricos, inculpando exclusivamente a la burguesía de las distorsiones o muralla de prejuicios que aisló a la izquierda marxista, según Petkoff (A: 14, 24, 65 s.). Este cuestiona el modo de ser revolucionario que Moleiro, sencilla y radicalmente, acusa de haber dejado de serlo (A: 17 s., 75; B: 217), pareciéndonos interesante la estimación del marxismo como “toda una cultura, en medio de la cual nos movemos” y “pretendemos esclarecer y esclarecemos” los problemas esenciales (B: 174 s., 190, 196).
Interesante y también decisiva, porque el marxismo venezolano de ayer, no es el mismo de hoy, independientemente de las distintas circunstancias vividas. Antes, hubo una diferenciación de posturas e identidades de alcance conceptual y estratégico, o - por lo menos – acusados matices entre el PCV, MIR y FALN y sus desprendimientos, mientras que ahora se intenta el camino del partido hegemónico (PSUV), en el que suelen invocarse indiscriminadamente los liderazgos y escuelas encarnadas por Trotsky y Dieterich, Mao y Chomsky, Marulanda y Mariátegui, Gramsci y Guevara: todo antecedente revolucionario sirve al esfuerzo de legitimación actual del poder, independientemente de las contradicciones y desacuerdos suscitados ayer en los propios cuadros marxistas.
Tamaña invocación obedece a la extrema y utilitaria simplificación del discurso oficial, expuesto como continuidad de un mismo relato heroico, por forzado que fuese. Por consiguiente, dando la pista inicial del retroceso, la crisis es del marxismo como cultura y tradición en abusivo beneficio del imaginario de los sesenta que revela el soporte anacrónico del ejercicio de poder.
Es evidente la improvisación en los diferentes enfoques dizque marxistas del presidente Chávez, literalmente utilizados para fustigar a sus adversarios. No están muy lejos los oradores municipales o parlamentarios afines , permitiéndonos valorar las actas o diarios de debate como fuente insustituible para la calibración de toda comprensión y compromiso contraído con el régimen.
Puede tomarse como objetivo actual, la revolución socialista e independencia nacional (B: 133, 186), consumada ya las consabidas etapas que ocasionó la división del PCV y creación del MAS, en el plano teórico y estratégico (consumación de la democracia representativa, lucha anti-imperialista, salto hacia el socialismo, aunque sin reclutar a la burguesía industrial que se supuso haría causa común). Hallamos un exceso de adjetivaciones del socialismo en curso que, al mezclar las viejas consignas, no transmiten ese esfuerzo de reelaboración creadora que mereció o dijo merecer al compás del debate teórico de la etapa post-subversiva.
El marxismo en el poder, apela a la maniquea confrontación del capitalismo-socialismo, sin considerar siquiera – en términos generales – la sociedad ultrarrentista que impulsa incesantemente. Hay dudas sobre la acabada naturaleza capitalista del modelo que dice suplantar Chávez Frías y, por lo menos, Petkoff versaba “más exactamente” en torno a la “sui géneris civilización burguesa venezolana” (A: 26), deseosa de suplantar sin el cumplimiento del estapismo programado por el PCV, pero jamás el oficialismo ha expuesto una tesis coherente y convincente respecto al modelo de sociedad que desea y se empeña en destruir.
¿QUIÉN PROTAGONIZA?
Hoy, muy pocas veces se habla de la otrora celebérrima dictadura del proletariado, sobre la cual – partidario – abundó Moleiro (B: 182 ss.), acusado Petkoff de destruir como mito al proletariado mismo, ensayando un bloque social que no protagoniza o hegemoniza, de acento gramsciano (B: 122, 176 s., 185 s., 201, 261). Y llama la atención sobre una tarea todavía pendiente: “La izquierda venezolana no ha hecho siquiera un estudio serio de la clase obrera venezolana, de sus diversas capas, de su grado de conciencia política”, dando lugar a “ideas absurdas”, incurriendo en una “deificación de los pobres” (B: 244, 261).
Petkoff, tipificándolo como un “teleologismo histórico de izquierda”, la acusa de simplificar grosera y ficticiamente la complejidad social, transustanciada la clase obrera, denunciando que la mayor parte de las posiciones que le endilgan no preexisten en ella, al tratar el nuevo bloque social (A: 103 ss., 110). Genera la arraigada noción de vanguardia, que es mero voluntarismo, expresada – en última instancia - en la organización vertical, la falsa “unanimidad”, la atmósfera de intolerancia y la “imaginería de la organización revolucionaria como ‘Estado Mayor’” (A: 19, 31 s.).
Moleiro establece una relación importante del foquismo con el vanguardismo, acentuando en éste el abandono de la teoría por la acción heroica, la desvinculación con la clase obrera, el gesto que reemplaza a la organización, la simplificación del proceso cubano, el ciego activismo, la confrontación permanente, y – clave – el empeño de “reducir la política en términos militares” (B: 163, 254). Obviamente, junto a Petkoff, habida cuenta de sus diferencias polémicas, comulgan con la intención y misión de corregir las desviaciones. No obstante, sostenemos, no sólo sobrevivieron, sino que gozan de una amplísima vigencia.
Es cierto que no nos encontramos en medio de una dictadura como la conocida por Europa Oriental décadas atrás, pero no menos lo es que – partiendo de una cultura y sociedad básicamente democrática que lo condiciona, por los momentos – el régimen ha agudizado y perfeccionado sus rasgos autoritarios. Y, aunque Giordani insista en la generación de un nuevo bloque social (3), no es – precisamente – la clase obrera la que lo lideriza, ejemplificado el fenómeno extraordinariamente con la suerte que le ha tocado en la región de Guayana.
Por lo demás, desactualizada toda radiografía de las clases sociales en Venezuela, parece sobradamente evidente el privilegio capitalizado por la alianza cívico-militar que se traduce en la inmensa ventaja de quienes acceden a la burocracia y contrataciones públicas, capturando las divisas petroleras y haciéndose capaz de actos heroicos amparados por el Estado. Inevitable, ellas se realizan a través del PSUV, como aparato partidista y agencia clientelar que hace suya la fraseología revolucionaria, con todos los atributos de una vanguardia o foco de la sociedad militarizada que también impulsa, justamente deificada la pobreza a la que asiste – incluso – como negocio.
La radicalización presuntamente es verbal, incurriendo en el sostenido moralismo que observara Petkoff, quien advirtiera decenios atrás que la lucha de clases no debe confundirse con el resentimiento social, y – valga subrayar – cultivadora de lo que llamó la nostalgia por la lucha armada (A: 44 ss.). Esta, a nuestro juicio, es el motor de un imaginario que cuestionó, al igual que Moleiro, experimentando una crisis que se creyó terminal, hasta resurgir en reemplazo de toda la reflexión actualizadora que el marxismo venezolano olvidó.
Moleiro cuestionaba la presentación o exhibición de determinados dirigentes, como “comandantes”, durante la campaña electoral de 1973 (B: 146), mientras – ya lo citamos – Petkoff versaba sobre el “Estado Mayor”, siendo inevitable recordar la pública y oficial denominación o intitulación de Chávez Frías como “Comandante-Presidente”, al igual que los hay “Comandante-Diputado” y “Comandante-Concejal”. Es parte del imaginario reconstruido, de la historia contemporánea reescrita, contextualizadora en los términos de Casado, en absoluta sustitución de la discusión teórica sobre las intenciones y pretensiones del régimen. No obstante, de todo lo que se ha olvidado el marxismo actual venezolano, algo se salvó.
En efecto, para finalizar, Moleiro deslizó lo siguiente: “El grado de violencia represiva en una sociedad socialista dependerá de la resistencia que se le ofrezca, de las violaciones que se hagan de su legalidad, de la implementación de formas subversivas de violencia que puedan dañar seriamente el proyecto. Como todas las sociedades organizadas, por lo demás. Pero pretender que el socialismo será la reconciliación de todos los venezolanos, por encima de sus posiciones políticas y de los intereses en juego, no es más que un sueño. Y un sueño tonto” (B: 196 s.). Huelgan los comentarios.
Notas:
(1) http://www.analitica.com/va/politica/opinion/9233479.asp
(2) "La teoría de las representaciones sociales", en: Casado, E. - Calonge, S. (2001) "Conocimiento social y sentido común". Facultad de Humanidades y Educación. Universidad Central de Venezuela. Caracas: 57-105.
(3) http://www.analitica.com/premium/ediciones2009/5812611.asp
http://www.noticierodigital.com/2010/09/la-ferrarizacion-del-pais/
(*) Ponencia para la Jornada de Reflexión sobre el Marxismo Venezolano, Instituto de Formación “Juan Germán Roscio”. Caracas, 18 de Mayo de 2011.
Post-data:
Curioso, pues, al emplear frecuentemente la estampa de don Groucho para referirnos al marxismo, por el ya consabido grafiti del llamado Mayo Francés, unos se disgustan por irrespetar al magnífico comediante, mientras otros por ofender a don Karl....
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