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domingo, 12 de abril de 2020

EL FUTURO DE UN RECUERDO: SEATTLE

Del tránsito a la inmediata postguerra
Luis Barragán

De la trilogía que escribió Antonio Negri sobre el combate anti-globalizador, auxiliado por Michael Hardt, sólo hemos accedido a “Multitud” (Debate, Barcelona, 2004), aunque sobran los comentarios que nos imponen sobre los restantes títulos,  en especial, “Imperio” de fecha anterior.  Quizá simplificando demasiado la tesis, frente al poder del capitalismo que ha traspasado las fronteras nacionales, tejiendo una tupida y extendida madeja de intereses,  con las consecuencias del caso, surge la multitud, por cierto, sustitutiva de la clase redentora universal, como lo fue el proletariado, desarrollando libérrima, democrática, espontánea y eficazmente un inédito poder reticular del cual el autor es su profeta.

Llama poderosamente la atención, un par de facetas que explican la perspectiva del teórico post-marxista y, al parecer, al mismo tiempo post-moderno, así una cosa necesariamente no implique la otra, ya que los críticos indican una afiliación  hobbesiana o moderna que no atina en un desarrollo político preciso y concreto, novedoso y realmente diferenciador de la tradición que desea negar, como lo señala Omar Astorga (“Ensayos de filosofía política y cultura”, UCV, Caracas, 2014). O la multitud, insigne productora de recursos inmateriales, no adquiere la especificidad sociológica necesaria para caracterizarla como la contendora eficaz frente al imperio,  como lo aprecia Roberto Gelado Marcos (“La multitud según Hardt y Negri: ¿Ilusión o realidad?”, en: https://revistas.upb.edu.co/index.php/derecho/article/view/277/232).

La otra faceta apunta a la aceptación de la guerra o de la guerra social prolongada, como un fenómeno que sincera y reemplaza la noción y el ejercicio de la política, paradójicamente, aún en nombre de la paz, la libertad y la democracia a las que aspiran los coautores. A pesar de sus imprecisos pronósticos, abierta la posibilidad de una sorpresiva perturbación de cualquier orden que altere  el curso de los acontecimientos, no pudieron naturalmente prever la llegada del general Covid19 que, partiendo de China, otra paradoja, no sólo amenaza con apoderarse del planeta, sino que dispara todos  los resortes de  la crítica contra el capitalismo, obviando la trágica experiencia de los totalitarismos desgraciadamente vigentes.

Por lo pronto, la pandemia ha servido para solapar el arrollador avance de la globalización maldita que ha reactivado al Estado Nacional frente al inaudito asedio del coronavirus, cuestionando todos los mecanismos internacionales que pudieron servir para prevenirlo, frenarlo y doblegarlo diligentemente: aparente y sólo aparentemente, quedan atrás las bondades de la globalización a la que se resisten las satrapías. Por ello, en tránsito hacia la inmediata post-guerra, una vez neutralizadas las fuerzas del general Covid19,  en medio de la inexorable recesión económica que vendrá, el nuevo orden jurídico mundial que preocupa a Luigi Ferrajoli o, entre nosotros, a Víctor Rodríguez Cedeño, sólo podrá también entenderse como una cruzada – término que sabemos sugestivo -  a favor de las libertades necesarias para defendernos ante el avance despiadado de los generales del tráfico ilícito de drogas, órganos, capitales, etc., los únicos capaces de sostener al totalitarismo contemporáneo.

Valga acotar que, en términos más modestos, la comunidad de Negri y Hardt, afianzada por las redes digitales de los países occidentales que las garantizan y ellos celebran, es un fenómeno típico de la lucha de los venezolanos por estos años, a pesar de la brecha digital, que no ha quedado limitado a los bytes, sino también ha movilizado a la ciudadanía en el mundo real y palpable. Empero, se ha convertido en una actividad riesgosa, gracias a las fuerzas del Estado (y de otras demasiado irregulares), que literalmente ha disparado a todo aquél que disienta por alguna distracción personal frente a la militarización del país y de la pandemia misma.

lunes, 26 de junio de 2017

DECONSTITUIRSE

EL UNIVERSAL, Caracas, 26 de junio de 2017
La Constituyente y el futuro democrático
Jesús María Casal

Con toda razón se ha dicho que la pretendida Asamblea Nacional Constituyente “en vez de ayudar a solucionar los problemas, presenta el riesgo de complicarlos ulteriormente y hace peligrar el futuro democrático del país”. Son palabras del Observador Permanente de la Santa Sede ante la Organización de Estados Americanos. La confusa situación suscitada en esta organización, en la cual una minoría de países obstaculizó la aprobación de una resolución sobre Venezuela, no debe opacar esta posición de enorme trascendencia fijada por la diplomacia vaticana. Sabemos que el Vaticano apoyó el ensayo de diálogo iniciado en el país en octubre de 2016 y que sigue dispuesto a contribuir a buscar una solución pacífica al conflicto político venezolano. Solo el Vaticano se ha mantenido como facilitador de autoridad indiscutible en ese proceso. De allí que su advertencia tenga un valor especial.
Poderes extraordinarios
¿Peligra realmente el futuro democrático del país a causa de la decisión del Presidente de convocar una Asamblea Nacional Constituyente? Por supuesto que sí. Los artífices del fraude constituyente son los principales responsables de todo el daño que se está ocasionando a la nación por empeñarse en asaltar la institución de la Asamblea Nacional Constituyente para obtener unos poderes extraordinarios que no son suyos, sino que están reservados al pueblo en esos momentos fundacionales en que se gesta una nueva forma política y unas reglas de juego acordes con las transformaciones impulsadas.
Cada vez está más claro que lo que el gobierno quiere es emplear la supuesta Constituyente para recuperar algo de espíritu épico, de iniciativa y de barniz de triunfo cuando sabe que electoralmente está perdido. La democracia está en serio riesgo porque la Asamblea Nacional Constituyente está siendo convocada a espaldas y a costa del pueblo, verdadero titular del poder constituyente y único que puede convocarla.
Ocultar
También porque el órgano seudoconstituyente, si llega a instalarse, querrá ocultar la crisis económica y social que desploma nuestra calidad de vida con manifestaciones histriónicas aunque lacerantes de poder absoluto y al hacerlo agravará la situación del país en todos los órdenes. Discursos cargados de encono, como los que se han pronunciado en esta fase preconstituyente, o apelaciones hipócritas a un amor que no se corresponde con los hechos, intentarán silenciar en cadena los excesos de la represión en las calles y colmarán bulliciosamente el escenario público, mientras los venezolanos serán víctimas de la agudización de los problemas. Todo ello como prolegómeno de las medidas destinadas a liquidar a la oposición, a la disidencia democrática y a los organismos independientes y, muy probablemente, a introducir cambios en la Constitución que prolonguen, en futuras elecciones por sectores o con circuitos manipulados, la ficción constituyente que permite al gobierno tomar un poder que el pueblo no le ha dado. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que es hoy una Constitución de todos, será por otra parte enterrada por sus propios progenitores y se intensificará una lucha cuerpo a cuerpo carente de un marco normativo mínimo compartido para encauzar los conflictos.
Alterar el rumbo
¿Quedará en el gobierno y en quienes le respaldan algo de sensatez para entender que la llamada Constituyente solo puede servir para enardecer la pugnacidad política y causar más pérdidas humanas? ¿Son conscientes de que el pueblo de Venezuela no ha sido domado por la injusticia y no puede ni moral ni constitucionalmente aceptar la imposición de una Constituyente y todo lo que ésta comporta? Incluso, si comprendemos que en medio de contiendas como la que hoy libramos difícilmente las partes van a ceder en sus “razones”, ¿no habrá allí alguien capaz de admitir que a veces, cuando hay un interés o afecto superior de por medio, debemos alterar el rumbo, aun pensando que tenemos la razón, porque estamos generando perjuicios no queridos? Y, en el asunto que nos ocupa, ¿no hay alguien allí que pueda ver que, deliberadamente o no, el régimen está conduciendo a los más jóvenes -que combaten con la fuerza de su anhelo por tener un futuro que merezca ser vivido- a un desfiladero fatal?
Ojalá que esta advertencia vaticana abra los ojos de quienes, enceguecidos por la soberbia y la ambición de poder intemporal y absoluto, conserven el coraje necesario para superarse a sí mismos y reconocer que es mejor un acuerdo razonable que asegure la paz, a una lucha fratricida que anuncia dolorosamente una desviación histórica hacia la violencia desenfrenada, la emigración a mayor escala, el odio incontrolado y el definitivo caos económico-social.
Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/constituyente-futuro-democratico_658381

EL UNIVERSAL, Caracas, 26 de junio de 2017
Constituyente según Sieyés y Negri
Alvaro Montenegro Fortique

En un extraordinario curso del doctorado en Ciencias Políticas de la UCV hace un tiempo, el prominente profesor Omar Noria nos hizo reflexionar sobre poderes constituidos y poder constituyente, tomando como punto de partida los trabajos de Antonio Negri y Emmanuel-Joseph Sieyés. La nación para el abate Sieyés, uno de los personajes más influyentes en la Revolución Francesa,  es un yo colectivo que surge del derecho natural. Es anterior a toda constitución. Sieyés divide en tres épocas la formación de una sociedad política: individuos aislados que se quieren reunir y por ese solo hecho forman una nación. La asociación es su obra y allí está el origen de todo poder. Por otro lado, la acción de la voluntad común. El poder pertenece al público. Las voluntades individuales separadas tendrían un poder nulo. Y por último, el gobierno ejercido por procuración. La comunidad no se despoja del derecho de querer. El cuerpo de delegados no puede ni siquiera tener la plenitud de este ejercicio, porque la comunidad no le confía sino la parte de su poder necesario para mantener el orden. El cuerpo de delegados no puede traspasar los límites del poder que les ha sido confiado.
Sieyés además afirma en su obra ¿Qué es el Tercer Estado?, que: “Las leyes constitucionales son fundamentales. Las primeras están fundadas en la voluntad nacional ante toda constitución. Las segundas deben ser establecidas por una voluntad representativa especial”. “La constitución no es obra del poder constituido, sino del constituyente”.
Por otra parte, Antonio Negri, prominente profesor pos-marxista italiano, quien visitó a Venezuela y estuvo en la Asamblea Nacional escuchando discursos de Chávez, apunta que el descubrimiento fundamental que había constituido la esencia del poder constituyente estadounidense y de su concepto de pueblo, había sido la “voluntad de todos”: la idea de una representación múltiple y un tejido difuso de voluntades particulares que en su expansión solo encontraban un límite.
Al hacer la distinción entre democracia y república, Negri anota la importancia de la representación al afirmar: “Una república, y con esto quiero referirme a un sistema político en el que opere el sistema de la representación, abre distintas perspectivas y ofrece el remedio que estamos buscando”.
Para seguir contrastando, en Sieyés “todo ciudadano que reúna las condiciones determinadas para ser elector tiene derecho a ser representado, y su representación no puede ser una fracción de la representación de otro”. En sus diferencias conceptuales del gobierno por procuración y la democracia directa, la influencia de Rousseau le ayuda a tomar posición: “La idea de representantes es moderna: ella nos viene del gobierno feudal”. La voluntad general (rousseauniana) se convierte en voluntad de todos (común). El nivel cero de toda libertad es la propiedad privada. “La elección de un representante es de la nación, y nunca de un municipio o bailiazgo”, dice el profesor Noria. A diferencia de los antiguos, para los cuales el individuo no contaba, la libertad de los modernos reside en el derecho natural.
En cambio Negri afirma en su obra El poder constituyente, que “el poder constituyente es pueblo en las dimensiones de la representación, y solo en éstas”. Para Negri el poder constituyente no puede ser representado. Sin embargo, el poder constituido debe autocontrolarse: “Se deberá poner al gobierno en condiciones de controlar a los propios gobernantes y, por ende, obligarlo a autocontrolarse”. Termina Negri con esta frase lapidaria: “Una constitución que es determinada por el pueblo y que no puede ser cambiada por los órganos constitucionales”.
Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/constituyente-segun-sieyes-negri_658058
Gráficas: Protesta opositora en Caracas, tomadas de la red.

sábado, 28 de enero de 2017

¿LOS BOBOS LEYERON?

EL NACIONAL, Caracas, 26 de enero de 2017
El culto por la anomalía
José Rafael Herrera

Durante los últimos años, el término anomalía ha sido objeto de significativas modificaciones hermenéuticas –modificaciones, como suele suceder, sustentadas sobre la inevitable viscosidad de las ideologías–, no ajenas a los maniqueos cambios de flechado axiológico o de valor, que han terminado por redimensionar su uso original en ciencias sociales, dando lugar a su utilización como expresión manifiesta de radicalismo ideológico y de subversión política. Más específicamente, después de la publicación del ensayo filosófico de Antonio Negri, L'Anomalia selvaggia, de 1981, lo anómalo comenzó a dejar de ser expresión de anormalidad y defecto para devenir recta virtud.

A los fines del rigor argumentativo, conviene no perder de vista el hecho de que Antonio Negri fue el filósofo par excellence –o más bien, el mentor oficial– de la llamada “generación boba”, como la denominara en su momento cierto rector universitario de triste remembranza. Como tampoco conviene dejar pasar el hecho de que Negri, uno de los miembros principales de Autonomia Opertaia, fuese acusado, a finales de los años setenta, de conspiración, asociación ilícita e insurrección contra el Estado italiano, y de ser el autor intelectual del asesinato del primer ministro Aldo Moro y de diecisiete personas más. Condenado a treinta años de prisión, el Partito Radicale lo postuló al parlamento. Electo y envestido de inmunidad, con cuatro años en la cárcel sobre sus hombros, Negri asumió por poco tiempo el nuevo cargo, ya que el parlamento le revocó la inmunidad. Exilado en Francia, y bajo la protección del gobierno de Mitterrand, enseñó en la Universidad de París y en el Colegio Internacional de Filosofía, junto a Michel Foucault, Gilles Deleuze, Felix Guattari, entre otros filósofos de la llamada “posmodernidad”. No hace mucho tiempo, fue recibido con desbordado entusiasmo por sus seguidores –algunos de ellos, sobrevivientes de la “generación boba” que hoy sustenta el poder en Venezuela– en el Aula Magna de la UCV. En síntesis, anomalía revestida de virtud. ¿Qué dirían, hoy en día, los férvidos y furibundos detractores de Leopoldo López? Para Spinoza, el origen del mal es la ignorancia.

Anomalía es palabra latina de origen griego. Anomalus –an-homalus– significa irregular, a-normal, dado que homalia –de homos– significa regular, normal, en el sentido de no ser hetero, es decir, de no ser otro. Para los antiguos griegos quien padecía de anomalía era diagnosticado como mentalmente incapaz de llamar las cosas por su nombre, o sea, como un bárbaro, es decir, un bobo. En otros términos, carecía de eso a lo cual Spinoza, en la Ethica, designa con el nombre de adequatio. En este sentido, resulta cuando menos cuesta arriba el atreverse a calificar a Spinoza como un anómalo selvaggio. La anomalía no está, pues, en Spinoza sino en un “Spinoza” que Negri mira cuando se pone frente al espejo. La sola representación con la cual pretende establecer dos supuestas líneas –dos “filones” los llama– absolutamente antagónicas en la historia del pensamiento moderno, a saber, la de “los malos” (Hobbes, Rousseau y Hegel) y la de “los buenos” (Maquiavelo, Spinoza y Marx), como si la historia de la filosofía fuese un ring de boxeo o un “nos vemos en la salida”, ya es suficiente para comprender la ausencia de adecuación oculta tras la pompa ideológica, tan grata al resentimiento barbárico.

Confundir la irreverencia que caracteriza a todo pensamiento pensante –es decir, la crítica filosófica, propiamente dicha– con el terrorismo de Estado solo puede resultar de la conciencia infeliz propia de una crasa anomalía, que consiste en transformar el pensamiento en herramienta al servicio de una ideología anacrónica, una fe, un dogma. Nada más lejos de Spinoza, del nous que transita su inteligencia. Por cierto, y a propósito de Marx, fue precisamente en la Escuela de Hegel –en la que se formó, a pesar de las salvajes fábulas de los cultores del “materialismo dialéctico”– que aprendió a admirar la fuerza especulativa de Spinoza. “Ser spinozista –decía Hegel– es el punto de partida esencial de toda filosofía”. La anomalía es contraria al orden de las ideas y de las cosas. Para Spinoza, “el orden y la conexión de las ideas es idéntico al orden y la conexión de las cosas”.

Ahora se comprende cómo y por qué un grupo de fans en-capucha de las salvajes anomalías de Negri tiene que terminar, necesariamente, destruyendo –¿deconstruyendo?– la sociedad, hasta la actual condición de anomia que padece. Cuestiones, se dirá, inherentes al “pensamiento débil”. Es, por cierto, en este punto que se logra comprender la causa eficiente de ciertas asociaciones o gangs entre seguidores de las anomalías y gorilas. “Mueran los blancos, viva el rey”, gritaba Boves. Y es que, en efecto, no por mera casualidad, la expresión anomalía guarda una estrecha relación con la expresión anomia –a-nomos, ausencia de normas–, dado que comparten la misma raíz. Como se sabe, la anomia consiste en una condición de indeterminación, es decir, en la anulación –la nulidad o nadeidad– de la potencia del ser social. En el ensayo titulado El suicidio, Durkheim sostiene que la anomia se caracteriza por una pérdida o supresión de virtudes morales, religiosas, cívicas, en fin, sociales, que terminan en una creciente destrucción del orden social. Es el estadio característico del ente enajenado, temeroso, angustiado, insatisfecho, que conduce al suicidio. Y cabe advertir que existen muchas formas de suicidio. No solo quien estrella su humanidad contra el Metro puede llamarse suicida. También el condenado a morir de hambre es inducido al suicidio, tanto como lo es el paciente que espera que el tratamiento llegue, algún día, al hospital, o quien decide marcharse y quema las naves de su pasado.

Es el “ser para la muerte”, para la “solución final”. El auto-genocidio es tarea del día a día. Los anómalos han conducido a la sociedad al mayor estado de anomia. Simbólicamente –y no tan simbólicamente, después de todo– Venezuela es, en la actualidad, un país suicida.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/culto-por-anomalia_77502

domingo, 14 de julio de 2013

EL MENOS MAQUIAVÉLICO DE TODOS: MAQUIAVELO (2)

EL NACIONAL - Domingo 14 de Julio de 2013     Papel Literario/4
El poder constituyente de la multitud: Antonio Negri lector de Maquiavelo
El norte de la refl exión de Negri consiste en volver sobre el tema de la interdependencia entre los textos de Maquiavelo, con el propósito de mostrar algunos registros históricos del "poder constituyente de la multitud"
OMAR ASTORGA

Maquiavelo aparece encabezando el índice de un libro de 1992 titulado El poder constituyente , donde su autor, Antonio Negri, se muestra maduro y radical, buscando alternativas al mundo moderno, más allá del principio de representación, en un intento audaz y sugerente donde ya se anuncia su célebre trilogía, escrita con Michael Hardt: Imperio (2000), Multitud (2004), y Commonwealth (2009).
Negri revisa el panorama de las interpretaciones de Maquiavelo y señala dos grandes líneas. Por un lado, la historiografía italiana en la cual se observa la primacía atribuida a El príncipe y la autonomía de lo político. Por otro lado, la tradición anglosajona donde se privilegia el republicanismo que se halla en los Discursos sobre la primera década de Tito Livio .
Existe, sin embargo, una tercera línea, precisamente la que retoma Negri, donde se plantea la interdependencia que existe entre esos textos. Quizás el mejor testimonio de esta línea, donde se juntan el teórico y el militante, fue Antonio Gramsci, el representante más agudo y versátil que tuvo el marxismo en el siglo XX, quien hizo énfasis en la conexión que existió entre El príncipe y los Discursos .
El norte de la reflexión de Negri consiste en volver sobre el tema de la interdependencia entre los textos de Maquiavelo, con el propósito de mostrar algunos registros históricos del "poder constituyente de la multitud". Maquiavelo en El príncipe no habría ofrecido un modelo teórico de la política sino, como dice Negri, un "cuaderno de navegación" donde la política se convierte en el centro de las mutaciones históricas. Negri no se interesa por las célebres fórmulas políticas que introduce Maquiavelo apelando a la historia, sino que busca los momentos en que se advierte el paso de la descripción histórica a la fundación política de la subjetividad. Frente a las contingencias de la historia se pregunta hasta dónde llega la potencia del Príncipe.
Para responder esta pregunta Negri incorpora el tema de la mutación vista como revalorización ontológica del tiempo que busca pasar del horizonte naturalista a la estructura histórica. "El problema es el de interiorizar el tiempo histórico en el tiempo antropológico". Y a su vez hacer del tiempo histórico una vía para pensar la política. Ya en los Discursos se anuncia que el poder siempre es republicano. Y es desde esta premisa que, según Negri, ha de comprenderse el momento en que Maquiavelo interrumpe la redacción de sus Discursos para escribir El príncipe .
Los Discursos , de acuerdo con Negri, pretenden reivindicar la República como forma de gobierno a través de la confrontación con su propia crisis, esto es, con el horizonte de la mutación. La relación virtudfortuna, tal como se muestra en El príncipe es, más bien, un asunto irresoluble. El principio constituyente no pretende ser un principio dialéctico; no se resuelve y tampoco se supera, sino que permanece en una situación de precariedad como potencia abierta a múltiples horizontes.
El concepto de poder constituyente está ligado entonces con más claridad a los presupuestos políticos que se hallan en los Discursos . Pero el príncipe es un momento del republicanismo, pues es el nuevo príncipe quien ha de promover la República. Y cuando Maquiavelo retoma la redacción de los Discursos , se advierte el salto, pues ahora aplica el concepto de poder constituyente a su teoría general de las formas de gobierno. La constitución histórica del Príncipe ha de ser la democracia.
De esta manera, Negri se esfuerza en mostrar que el poder constituyente se forma en medio de la mutación vista como "superdeterminación" del tiempo. Hasta allí llega El príncipe si se estudia de un modo aislado. Pero si se toma en cuenta que los Discursos ofrecen el sentido republicano del pensamiento político de Maquiavelo, El príncipe , a pesar de sus limitaciones, se convierte en un momento político desde el cual es posible justificar la emergencia de la República y, con ella, la potencia de la multitud. Negri, en suma, se muestra coherente al tratar de volver a Maquiavelo como una fuente decisiva para pensar alternativas al mundo moderno, anclado en el principio de representación.