domingo, 18 de diciembre de 2011

MARÍA


Domingo 4B Adviento
18 diciembre 2011
“Para Dios nada hay imposible” (Lc 1, 26-38)
(Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Anunciación)
¿Es importante María en la salvación de la humanidad?
José Martínez de Toda, S.J. (martodaj@gmail.com)

El Apocalipsis (cap. 12) nos cuenta una escena, que parece una película de ciencia
ficción. Entre relámpagos y truenos apareció en el cielo una Mujer, vestida del sol, con la lunabajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Se le nota que está encinta y que está a punto de dar a luz.
Pero de pronto apareció también frente a ella un gran Dragón rojo, con siete cabezas
y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. Él se detuvo delante de la Mujer que va a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto nazca. Por fin la Mujer dio a luz a un Hijo varón, pero fue arrebatado por los ángeles hasta Dios y hasta su trono.
Al mismo tiempo la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios,
para estar allí escondida. Y se oyó una fuerte voz de un ángel que decía en el cielo: "Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo”.
Es la representación de la lucha entre el bien y el mal, entre el amor y el egoísmo.
Pero al final vence el bien, el amor.
¿Quién es este dragón?
1) Cuando San Juan escribió el Apocalipsis, para él este dragón se materializaba en
el poder de los emperadores romanos anticristianos, desde Nerón hasta Domiciano.
2) En el siglo pasado, el dragón fue la dictadura del nazismo (en Alemania).
3) También fue la dictadura del comunismo y de Stalin (en Rusia y otros países).
4) Lo fue asimismo el capitalismo injusto y marginador, causante del sufrimiento de
mucha gente y de muchos pueblos.
5) También hoy existe el dragón, de maneras nuevas, diferentes. Existe en la forma
de las ideologías materialistas y excluyentes , del consumismo, del egoísmo, de la
diversión por encima de todo, de la crisis económica. Y este dragón quiere eliminar todas
nuestras esperanzas. Pero Dios, en Jesús, está con nosotros. El llena de confianza a su Iglesia para que no se canse en el anuncio de la Buena Noticia y en la práctica, día a día, del seguimiento de Jesús.
¿Quién es la mujer?
Tiene varios significados:
1) Un primer significado, sin duda, es la Virgen :
- María vestida de sol, es decir de Dios; María, que vive totalmente en Dios,
rodeada y penetrada por la luz de Dios.
- Circundada de doce estrellas , es decir, de las doce tribus de Israel , de todo
el Pueblo de Dios , de toda la comunión de los santos y,
- A sus pies, la luna , imagen de la mortalidad. María fue llevada al cielo sin
morir. María ha dejado tras de sí la muerte; está totalmente vestida de vida.
2) Un segundo significado es la Iglesia . Ella trae a Cristo al mundo. En todos los
tiempos es perseguida. Pero la Iglesia siempre vence.
3) La mujer también puede simbolizar la humanidad , de la que nacen niños,
amenazados de ser devorados por el dragón del mal. Pero al final, el bien triunfa
sobre el mal. (La Biblia Latinoamericana 1972)
¿Cómo es posible que Dios eligiese a algo tan pobre como María?
Efectivamente. Dios podía haber elegido una princesa de familia real, rica, de un país
poderoso. Pero elige a María, una mujer joven y pobre de un pueblo muy pequeño del norte del país. Ella recibe el anuncio del ángel, que la sorprende, pero sabe reconocer la acción de Dios en el anuncio, y le dice SÍ a Dios.
Ya estamos cerca de la Navidad. ¿Cómo nos podemos preparar? Te voy a contar el cuento de “ El zapatero que esperaba a Jesús” .
buenos zapatos para el frío, una torta bien rica y una bolsita con plata. Todo para Jesús. Y se puso a esperarlo.
De pronto escuchó que la frutera gritaba: “Ratero, ladrón!...” Y vió cómo agarraba a
un muchachito, que le había sacado una manzana. El zapatero agarró la platita que tenía para Jesús, le pagó a la señora su fruta y le aconsejó al muchachito que se fuera rapidito a su casa, antes de que llegara la policía.
De nuevo estaba esperando a Jesús cuando vio por la ventana unos pies descalzos
caminando por la nieve. Era una mamá con su hijito descalzo, bien pobrecita. Y le dio los zapatos.
Por fin, apareció un anciano tambaleándose por la calle. Lo metió en su casa para que
se calentara. Y le ofreció la torta al abuelito, que tanta hambre tenía que por poco se la come enterita.
El viejo zapatero se sentó luego, triste y contento a la vez, y se durmió. En sueños se le presentó Jesús y le dijo: “Me esperabas, ¿verdad?” El zapatero le contestó: “Sí, pero…”
“Pues Yo te he visitado hoy tres veces. Gracias por tus regalos”. Y el zapatero vio que Jesús tenía en sus manos las moneditas, los zapatos y la torta.>
¿Qué es lo cristiano de la Navidad?
Ha habido una invasión de símbolos que no tienen que ver con el contenido de la Navidad: pino, bolas de colores, acebos, renos e incluso botellas de whisky, vino y ron. Ellos inundan los
escaparates y constituyen el principal motivo de los adornos y las guirnaldas luminosas que jalonan las calles de nuestros pueblos y ciudades. Inclusive han eliminado al Niño Jesús y los
símbolos cristianos en los adornos navideños callejeros y de las tiendas. Hay que reflexionar y estar prevenidos para no olvidar lo esencial y acoger en verdad la causa de nuestra alegría: el nacimiento del Niño Jesús.
¿Cómo reconquistar el espíritu de la Navidad?
1)
Poner el pesebre en nuestras casas, oficinas, negocios, salas de estar,
restaurantes… Instalar en ellos la “Corona de Adviento” de las 4 velas.
2)
Preservar la tradición de decir "Feliz Navidad" o “Felices Pascuas de
Navidad”, usando también esos letreros de adorno. Etc.

sábado, 17 de diciembre de 2011

VICTORINO (X)


EL NACIONAL - DOMINGO 15 DE AGOSTO DE 1999 / PAPEL LITERARIO
En busca del tesoro perdido
Jesús Sanoja Hernández

Cuando quiero llorar no lloro culmina el ciclo novelesco de Otero Silva cuyo desarrollo histórico-ficcional se sitúa entre 1928 y 1966. Integrado por cinco obras, con arranque en Fiebre (el drama de la generación del 28) y desenlace trágico en la que tomó como título el verso célebre de Darío (el drama de los jóvenes de los 60), el quinteto comprende, entre punta y cabo, Casas muertas (tránsito del llano en ruinas al llano promisorio), Oficina N° 1 (el estallido petrolero en Oriente y el nacimiento de El Tigre) y La muerte de Honorio (cinco personajes emblemáticos de la lucha antidictatorial, encarcelados en Ciudad Bolívar).

Para MOS, la novela de la triple violencia juvenil constituyó un desafío que él asumió con vuelcos en lenguaje, estructura y ambientes, así revelará que tales innovaciones eran como remate de las intentadas desde Casas muertas (técnica policial en el relato) hasta La muerte de Honorio (doble discurso de cada uno de los personajes). Contrariando al autor, me atrevo a afirmar, porque conocí su voluntad de renovación a raíz del impacto del boom, que en Cuando quiero llorar no lloro alcanzó la madurez narrativa, expresada en los diferentes niveles lingüísticos, la alternancia de realismo, parodia, humor y poesía, la diversidad o triplicidad de enfoques sociológicos, la búsqueda de las raíces de la violencia y, finalmente, el juego de tiempos históricos decisivos (Roma imperial y surgimiento del cristianismo, sociedad capitalista e insurgencia comunista).

La publicación de esta novela despertó en su momento, como ninguna de sus anteriores, comentarios favorables desde diferentes enfoques, según la especialidad del crítico: Crema con su peculiar teoría estética; Gómez Grillo como estudioso de la delincuencia y sus motivaciones sociopolíticas; Rhazes Hernández López, desde atalaya musical; Orlando Araujo, Márquez Rodríguez, Lovera De Sola, Chocrón, Elisa Lerner y, entre muchísimos más, Oswaldo Larrazábal.

A pesar de haber atacado sin complejo un tema que le era contemporáneo, MOS lo hizo pasada ya la raya sexagenaria, y de allí en adelante incursionó en escenarios de remota ubicación temporal y espacial, pues con Lope de Aguirre, príncipe de la libertad, otra novela de retos narrativos, retrocedió al siglo XVI y saltó a ambientes como los del Cuzco y la Amazonia. No se trataba ya de un recurso traslaticio, como el que acometió en el prólogo singularísimo de Cuando quiero llorar no lloro, sino de un real emplazamiento novelesco, con absoluta correspondencia entre el personaje y su circunstancia.

El segundo atrevimiento de MOS, después de su ciclo venezolano y contemporáneo, La piedra que era Cristo, se situó más allá de más nunca, en los tiempos en que la persona-personaje emergió como profeta o como predicador de verdades reveladas. Allí unió biblia con historia, libros sagrados con textos desacralizados, para recibir acogida de uno y otro bando, del socialista y del cristiano, aunque sometida a prueba, en cuanto a la visión de Jesús como persona-personaje, por Manuel Caballero.

Cuando la moda consistía en la construcción de novelas épicas o trágicas a través de protagonistas omnipotentes -dictador o patriarca, como arquetipo latinoamericano-, MOS no se atrevió a pisar ese terreno y propuso que en Venezuela lo hicieran otros, incluidos los de la nueva promoción narrativa, como González León. El país anterior al 28 es pura referencia en el mapa novelesco de MOS, con Fiebre en el punto de partida. Ese terreno vacío pensó llenarlo con una biografía novelada de Gustavo Machado, empresa que se quedó a mitad o a tercio de camino. Otro proyecto, acerca del cual guardaba secreto, se fue con él a la tumba.

CUENTA DE LECTORES


EL NACIONAL - Sábado 17 de Diciembre de 2011 Papel Literario/1
La casa gana
La Editorial Candaya suma un título más a su colección de homenajes a grandes autores: Materias dispuestas reúne un documental y más de 40 materiales de diverso origen sobre Juan Villoro (1956), novelista, cuentista, cronista y ensayista, pero más que eso, autor imprescindible de nuestra lengua, cuya obra cuenta con lectores en toda Iberoamérica. Escogimos un texto de Alejandro Rossi, del año 1999, para los lectores de Papel Literario. Se trata de una edición llena de textos magníficos: Juan Antonio Masoliver Ródenas, Sergio Pitol, Roberto Bolaño, José Balza, Javier Marías, Ignacio Martínez de Pisón, Martín Kohan, Vicente Leñero, Manuel Vilas, Christopher Domínguez Michael y muchos más
ALEJANDRO ROSSI

Cuando nació Juan Villoro, en septiembre de 1956, yo estaba en Santa Margherita Ligure, en los finales de un verano muy confuso. Le envié una tarjeta postal a su padre, mi amigo Luis, para felicitarlo y augurarle que su hijo sería un teólogo protestante. Era una broma --en la que también había admiración y pánico ante ese destino--, una broma que ahora llevaría demasiado tiempo explicar. Obviamente me equivoqué. No creo que Calvino o Kari Barth sean las lecturas preferidas de Juan, salvo tal vez Calvino el itálico. Poco antes de sus 15 años comencé a notar algunos de los síntomas que prefiguran al escritor.

No quiero de ningún modo decir que Juan fuese un "letraherido", esa cursilería llorona con la que se describen ciertos españolitos coquetos, sansebastianes atormentados por un adjetivo esquivo o aves quejosas de la ingrata fama. Nada de eso, más bien pienso en ese gusto por oír una historia sin importarle que el tema fuera las endiabladas gambetas de Vicente de la Mata o los tormentos infantiles que me imponía aquella adorada niña rubia.

Lo que causaba esa mirada fija y como perdida de Juan era la recreación posible de la realidad y el gusto por el ritmo narrativo, por difuso que éste fuera. Apenas unos años más tarde descubrí los signos definitivos, los que no dejan lugar a dudas: la ausencia de sentimentalismo y el interés por la técnica. Al escritor de raza --por adolescente que sea-- le importa más saber cómo estaba vestida la anciana moribunda o qué quiso decir exactamente con esa última frase enigmática, que sumarse llanto --respetable, no lo discuto-- de los inconsolables nietos. Lo que de verdad le preocupa es si conviene describirla, por ejemplo, con calificativos morales o sólo físicos como si estuviera frente a la ballena agónica.

No me extrañó para nada, pues, que una tarde, caliente y dorada, me confesara que asistía a un taller literario. Me encomendé, sin decírselo, a todos los santos, pero por fortuna salió indemne. Y un día, hace más o menos 20 años, me regaló su primer libro, El mariscal de campo, que reunía tres cuentos, de los cuales se me quedó uno en la memoria: "El verano y sus mosquitos", viaje de un muchacho mexicano a un camping en Vermont. Había humor, atención a los pequeños detalles significativos y también estaban allí la soledad y el desconcierto de esa edad difícil. Pero sobre todo encontré el convencimiento, siempre misterioso, de que la vida sólo es un pretexto para escribirla. Me quedó claro que vendrían más libros. Así ha sido y con la regularidad de un capitán que regresa de la larga travesía, desde entonces Juan me ha entregado un nuevo libro cada dos años. Once lleva ya publicados. Hay cuentos, crónicas, que son en realidad estupendas invenciones, dos novelas, historias ejemplares para que a los niños se les quite el miedo a los adultos, ensayos de buena erudición --como el dedicado al indispensable Lichtenberg, cuya traducción llevó a cabo, sin olvidar por eso la versión de Engaños de Schnitzler-- y, además, por si fuera poco, numerosísimos artículos sobre rock y fútbol, dos fidelidades a las que nunca renunciará.

Para mí es un consuelo poder conversar, con la misma minuciosidad, de las peliagudas tácticas de Sacchi y de los silencios de un cuento de Carver.

Admiro la habilidad, mezcla de cortesía y tozudez, con que Juan Villoro ha esquivado las tentaciones usuales en la carrera de un escritor mexicano.

Estuvo --observador fúgaz-en la diplomacia (con él crucé el Check-Point Charlie) y ha huido de las varias burocracias y sus servidumbres jerárquicas. Soy testigo de sus bostezos disimulados cuando por un breve periodo trabajamos juntos en una oficina sin ventanas. Ha dado vueltas por la Academia, pero no se ha estacionado en ningún cubículo. Me parece que ha hecho bien. Estoy convencido de que las instituciones adormilan a un escritor. La sociedad actual ofrece mejores oportunidades para vivir de la pluma y Juan Villoro, con tesón y trabajo, las ha sabido aprovechar. Sus libros se venden abundantemente y, si hubiese en México circuitos pagados de charlas y conferencias, se volvería millonario, pues transmite esa rara combinación de lejanía e intimidad, de conocimiento e improvisación, de diversión y seriedad que, con razón, el público no resiste. Recuerdo la alegría de mis hijos pequeños cuando les anunciaba que Juan comería con nosotros. Otro asunto es el siguiente: Juan desde niño ha vivido rodeado de personas dedicadas a tareas intelectuales. Conoce muy bien esa fauna extravagante y necesaria. Presiento, con temor y curiosidad, el libro en que nos retratará a todos. Lo que todavía me sorprende es que Juan se lleve tan cordialmente con nosotros, sus mayores en edad. Hay escritores que se sienten aplastados y necesitan un gesto heroico, o histórico, para afirmarse. Juan --que yo sepa-- aún no nos ha matado y francamente descreo de que nos deteste en secreto.

Toma sus distancias, como es natural, aunque con modales perfectos. Si acaso me ve como un carcamal insalvable, se lo calla y me regala generosas dedicatorias.

Es un alivio pensar que ya ha pasado ese momento difícil, el cacareado "parricidio fatal", según lo califican algunos profesores de mente melodramática y vida sedentaria. Juan Villoro es, sin necesidad de cadáveres, uno de los mejores escritores mexicanos. Lo confirmarán los lectores de La casa pierde, su último libro, diez cuentos magníficos y cuatro de ellos magistrales. El cuento es la filtración prosística más pura, un delicadísimo ejercicio de substracción. En un cuento todo tiene igual peso, no hay descansos estilísticos.

Los errores se agigantan, un tono mal dado tiene la fuerza de un grito en la madrugada, una falla de ritmo o de velocidad descarrila el tren.

Necesidad y sorpresa son las virtudes supremas. Creo que Juan Villoro es un equilibrista consumado, lo cual no quita que en ocasiones guste con exceso de la sorpresa, la diosa de los magos.

Éste es el mejor libro que ha escrito Juan Villoro. Encuentro rasgos que ya conocía: la vena humorística y a veces satírica --prefiere a Evelyn Waugh que a Dostoievsky, a Ibargüengoitia que a los culebrones encuadernados--, hay un lenguaje que busca el epíteto y que a la vez huye de la prosa relamida, de nuevo está la alternancia entre el cuento con un tema único que cae como una plomada y el relato que se abre a múltiples historias y se entremezcla con la novela corta. También reconozco las magias de la cotidianidad (juegos de casualidades y propósitos adivinados) que lo unen a Bioy Casares, la fascinación por la épica deportiva (yo he hablado con Juan sobre canchas solitarias y jugadores envejecidos), las victorias (ecos de Onetti) que son fracasos, las mujeres que nos convierten en actores de otra historia, la creencia invencible de que el primer deber del escritor es ahuyentar el tedio. Hay, pues, un inevitable aire de familia y, sin embargo, hay algo completamente nuevo y dificilísimo de describir. Propongo la imagen de un hilo --tal vez él mismo-- que ahora está en su tensión óptima.

No quiero irme sin hacer unas apuestas. Donde pongo más fichas es en "Corrección" (le costará superarlo), luego las divido entre "Campeón ligero" y "La estatua descubierta". Me doy cuenta de que esa estatua está muy bien trabajada, pero me digo que el universo del boxeador (y eso que el final es poco severo) me atrae más. Cambio las fichas. Lasque me quedan van para "La Casa" que, según Juan, "pierde". Yo estoy convencido, por el contrario, de que no corro ningún riesgo. La casa gana, que nadie lo dude, por Dios.

INFORME METEOROLÓGICO


EL NACIONAL - Sábado 17 de Diciembre de 2011 Papel Literario/2
La nube de Menena Cottin
Su medio no es la prosa poética que nos seduce, pero que fi nalmente puede llegar a empalagarnos, sino el lenguaje directo y sencillo de la existencia cotidiana que gira con humor para convertir la vida en sus detalles
AXEL CAPRILES M.

La novela que hoy aquí nos reúne, La nube de Menena Cottin, termina con una nota aclaratoria de la autora sobre el origen de su escrito. Pocos días antes de la muerte de Tomás Sanabria, Menena fue a visitar a su tío y le relató, con gran emoción, un viaje a las alturas portentosas de Los Andes que ella y Manoleón Cottin, su marido, acababan de realizar. El arquitecto de las emblemáticas obras caraqueñas, como el Hotel Humboldt o el Banco Central de Venezuela, le pidió que escribiera sobre el viaje, que se lo prometiera. Menena asintió. Al año siguiente, la autora relató con similar efusividad a unos amigos las peripecias de un viaje a La Habana, y sus amigos, al igual que Tomás Sanabria, le pidieron que escribiera sobre ello. Nuestra autora es, evidentemente, una mujer obediente porque así lo hizo. Cumplió sus promesas.

De los dos viajes surgió una historia que entrelaza vidas y geografías distintas, una novela que hila caracteres y parajes umbríos de las alturas montañosas de Los Andes con los de las tierras bajas salpicadas por las aguas cálidas del mar de las Antillas.

Uno no sabe, sin embargo, si la nota final de la autora es tan sólo una excusa, una especie de licencia para escribir, un justificativo para la creciente vocación de la fina diseñadora e ilustradora de libros para niños y ahora novel escritora. La nota me lleva a preguntarme si Menena es realmente una chica obsecuente que sigue fielmente las sugerencias de familiares y amigos o si más bien obedece un mandato que le viene de muy adentro, una orden subjetiva que la obliga a construir y a contar historias. Porque así conocí yo a Menena Cottin, a través de Historias ajenas, su primer libro, título tomado del nombre de uno de los cuentos en que Sonia "acostumbrada a inventar historias ajenas para sus lectores se distraía imaginando la aventura" amorosa que esa vez ella iba a tener y a vivir literalmente, pero que en lugar de trenzar el idilio con el hombre concreto y real que tenía enfrente se interesó en la narrativa del vecino, se vio tomada, fascinada, atrapada, como por un mandato inconsciente, por la historia de los comensales de la mesa de al lado. El cuento, la vida novelada, es más seductora que la realidad.

Me parece que Menena es una narradora bajo el dominio del arquetipo del contador de cuentos, del relator en el sentido antiguo de la palabra, como el cuentista con chilaba y turbante desteñido que rodeado de desdentados oyentes en la plaza Djemaa el Fna de Marrakech urdía las historias que llegaban con las caravanas y los viajeros provenientes del desierto, para tejer una colcha novelada con hilos de relaciones y sincronicidades. Menena no es la narradora que nos envuelve con reveses, preciosismos y giros del lenguaje, con reflexiones e ideas. Es el relator de Canterbury o de Las mil y una noches, el narrador de historias personales cuyos vértices coinciden para convertirse en novela. Su medio no es la prosa poética que nos seduce, pero que finalmente puede llegar a empalagarnos, sino el lenguaje directo y sencillo de la existencia cotidiana que gira con humor para convertir la vida en sus detalles. A contracorriente del poeta enamorado que emula a Mario Benedetti, Carlos Eduardo Sosa Benedetti declarará su amor con un sencillo "¿te quieres casar conmigo?", bailando, como tantos de nosotros, al son de la canción Je t´aime, moi non plus, de Serge Gainsbourg vocalizada por Jane Birkin.

A pesar de su frescura y humor, La nube es, no obstante, una apasionada protesta, una crítica cortante de un sistema político que penetra en los más remotos resguardos del ámbito privado para destruir la libertad y la consciencia individual. Es una denuncia del comunismo cubano. Si hay un mensaje insistente y reiterado en La nube es el sin sentido de la revolución fidelista.

Muchos acostumbramos a criticar el régimen dictatorial de Fidel Castro con argumentos políticos, con declaraciones de principios, con estadísticas económicas, número de perseguidos, presos y fusilados. Menena lo hará con demoledoras imágenes de la vida cotidiana.

Nos convertirá en testigos de pequeños actos que revelan la voracidad del afán de mando, las perversiones que produce el control sobre el comportamiento del común. No serán los grandes gestos los que desnuden la maldad oculta por la retórica revolucionaria sino los hechos de todos los días, las acciones con que se manifiesta el amor, la amistad, la esperanza. "Por ejemplo, Vicky y yo queríamos un carro. Entonces el cuento es así: una tía de Vicky enviudó y el marido le dejó un carro en herencia, pero la señora no sabía manejar y ya estaba muy vieja para sacar la licencia. Ahí llegó nuestra oportunidad de comprar el carro. Para eso, Vicky y yo teníamos que divorciarnos para que yo pudiera casarme con la tía; luego la tía y yo nos divorciamos para que ella dejara el carro como bien del matrimonio; por supuesto que yo le pagué a ella por debajo de cuerdas. Ya con el carro a mi nombre, Vicky y yo nos volvimos a casar y ahora tenemos carro". Una peripecia adquisitiva que como la operación de contrainteligencia para comprar y usar un blue jean desdice con sarcasmo de la dignidad que tanto pregona la revolución. Porque el cubano aparecerá en las páginas de La Nube como un fugitivo que se ve obligado a enviar a un gay a conquistar a su novia para poder reunirse con su amada, como un superviviente amenazado por el miedo, obligado, una y otra vez, a sacrificar su integridad y a vivir de la astucia para poder disfrutar de los más elementales recursos de la vida contemporánea. "Revivió en su memoria la noche en que escapó junto a su novia de una fiesta y el primo Bebo les prestó su cuarto por una hora con la condición de que mientras usaban su cama, le dejara ponerse el blue jean".

La presencia cubana en Venezuela, en las misiones, en los registros públicos, en el sistema nacional de identificación, deja de ser un acto político para convertirse, también, en una forma de palpar y expresar los deseos y ansiedades de la más fundamental existencia humana. En esa injerencia que ha suscitado diversas reacciones adversas de los venezolanos, y que poco a poco se ha ido convirtiendo en abierto rechazo a los cubanos, Menena descubre el desamparo y los anhelos privados de esos funcionarios inermes ante el poder que ven todavía a Venezuela como un vehículo para la libertad.

La ficción, producto del encuentro de la realidad con la función fantástica, es un medio que permite la conexión empática para penetrar en el universo subjetivo de los otros. Por eso, parafraseando a la autora misma, creo que Memena Cottin permanecerá atada al arte de escribir "en un abrazo tan lejano como el pasado, tan cercano como el presente, tan intenso como sus recuerdos, tan irreal como La nube" que la envuelve.

Nota: Este texto fue leído durante la presentación del libro.

GUAIRE- ¿ÑO?


EL NACIONAL - Viernes 16 de Diciembre de 2011 Cultura/3
ENTREVISTA El guionista perteneció al grupo Guaire
Leonardo Padrón construye los Métodos de la lluvia
El autor ha escrito otros poemarios como Balada (1993), Tatuaje (2000), Boulevard (2002) y Amor tóxico (2005)
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

Leonardo Padrón se mantiene en una intensa producción editorial. En el último lustro no sólo ha escrito guiones para telenovelas y películas, sino que también ha publicado varios volúmenes de Los imposibles: conversaciones al borde de un micrófono, la versión impresa de las entrevistas radiales que ha hecho a personalidades del mundo de la cultura. Además, ha editado tres poemarios.

El más reciente es Métodos de la lluvia (Bid. & Co.), la declaración íntima de quien también quiere mostrar al público una vocación lírica. Algunos libros anteriores en el mismo género son Balada (1993), Tatuaje (2000), Boulevard (2002), Amor tóxico (2005), así como la antología de su obra, Los materiales humanos (2010).

"Mi mayor obra/han sido los poemas/ que nunca he escrito (...) He derramado piezas maestras/en el manuscrito de la nada", se lee en el poema "Confieso", que abre el libro.

-- ¿Cómo se gestó el poemario? --Como toda poesía, desde lo intangible. El mundo ­para todo escritor­ es observado, padecido y celebrado desde esa silenciosa respiración que es la mirada. Lo contemplado se procesa sin estruendo. Invisiblemente. Lo que te detiene en la necesidad del poema es la intemperie que estalla en tus propios sótanos. Finalmente lo que todo poema muestra es la desgarradura. Esta vez me asomé, sin preverlo, a ciertas parcelas de mi desazón cotidiana: las acechanzas del tiempo, el áspero duelo entre la memoria y el olvido, que todo lo mancha con su nada, y los desalojos de la edad. Durante más de dos años estuve trabajando estos poemas, con mucho silencio interior, intentando el pulso del relojero.

--Lo femenino, la presencia de la urbe y los avatares del oficio del escritor son temas recurrentes en su literatura.

¿Cómo dialogan los temas de este poemario con sus libros anteriores? --Todo escritor es marcado por sus obsesiones. Pero esta vez se lograron imponer otros temas quizás inéditos en mi obra: la muerte, el vacío, el tiempo, los saldos generacionales, la escarcha de la existencia, los pequeños hallazgos de la mirada. Esta vez lo femenino y la urbe han comprimido sus espacios.

--¿Qué queda en su poesía actual de la época del grupo Guaire? --Quizás justamente la premisa de asumir lo urbano como experiencia estética, la incorporación del humor y la ironía en el texto, sin menoscabo de la tensión poética, y ese tono de oralidad que procuran ciertos poemas son algunas de las herencias ­a mi entender­ de la poesía conversacional que subsisten en mi escritura actual. Desde entonces, estilísticamente hablando, mi objetivo ha sido procurar la mayor nitidez posible en las oscilaciones de mi voz.

PREMIACIÓN


EL NACIONAL - Sábado 17 de Diciembre de 2011 Cultura/4
ENTREVISTA El escritor marabino ganó premios en narrativa y poesía
Luis Moreno Villamediana: "La poesía y el relato siempre han tenido buenos momentos"
El autor cree que el deterioro retratado en las letras nacionales hace contrapeso a la construcción de la leyenda de un país próspero
M. R. R.

El movimiento y la parálisis, ambos estados cruciales en el quehacer literario, son los orígenes de Laphrase y "Los bañistas", el poemario y el cuento de Luis Moreno Villamediana que merecieron los premios Equinoccio de Poesía Eugenio Montejo y de Cuentos Guillermo Meneses, respectivamente.

La colección de poemas nació del vértigo de pronunciar una oración muy larga. Por eso su estructura es intimidante y casi invita a leer sus 80 páginas con un solo aliento. A esta tentación, el autor añadió la metáfora del viaje, "como una engañosa reminiscencia de la épica y como un modo de acumular observaciones, fragmentos de otros textos, sobresaltos".

"Los bañistas", que es parte de una colección de relatos que aún Moreno Villamediana está corrigiendo, "es la viñeta de unas personas que se resisten a marcharse de una zona en peligro".

La obra del autor, que cuenta entre sus influencias a Borges, Kafka y a autoras como Gertrude Stein o Lyn Hejinian, está marcada por la experimentación con el lenguaje, el golpe a las certidumbres y la reconstrucción de la relación con el deteriorado mundo exterior de la nación.

--¿Cómo diferencia su voz poética de la narrativa? --Antes del borrador no hay géneros, sino impulsos extraños que involucran el lenguaje y sus posibilidades. Cuando se elige entre un poema y un relato, lo que se hace es acatar una convención, que uno mismo puede socavar al mezclar lo que previamente se estableció como distinto. Todo género, incluido el ensayo o la reseña crítica, tiene una carga ilusoria: le hace creer a uno que es un zorro capaz de escapar por donde quiera. Por eso es bueno tenerlos todos a la mano.

--¿Cree que la palabra poética es la ideal para la experimentación? --Por lo general, en la convención llamada poesía se tiende a creer que el lenguaje es tan dúctil que puede emplearse contra los usos más fosilizados o esperados. De allí que la narrativa experimental tienda a convencerse de ese mismo carácter, desligado del utilitarismo de la narración.

--¿En cuanto a los temas, siente que el carácter urbano de la narrativa venezolana se extiende a la poesía? --Prefiero pensar en las ciudades como territorios de ciencia ficción: en ellas se oculta el desastre que las va a devolver a su condición de monte. El énfasis en lo urbano sólo muestra una parte. La poesía de William Osuna podría explotar hasta convertirse en la de Enriqueta Arvelo Larriva.

--¿Siente que lo que Gustavo Guerrero ha denominado la "poética del deterioro" se ha convertido en el metarrelato de la literatura venezolana? --Ese deterioro es una condición de higiene, porque se contrapone al esfuerzo por construir la leyenda de un país próspero y robusto que apenas existe en la manipulación.

Nuestro siglo XIX está tan lleno de moho que yace en el suelo, en pedazos, y esos pedazos es lo que somos hoy. El deterioro y el fracaso nos recuerdan que todos los festejos, patrióticos o personales, son insignificantes, porque tienden a canonizar estilos que tal vez funcionen bien por accidente. Me interesan por eso.

--¿Cree que es un buen momento para la literatura venezolana? --Es natural sentirse exaltado por lo que se hace cuando uno está allí para leerlo. Nos reivindica sentirnos acompañados y retados. Pero la poesía y el relato siempre han tenido buenos momentos, quizá no respaldados por las estadísticas (la disciplina que usamos para respaldar nuestra ilusión). Seguimos siendo iguales a lo que fuimos, con picos y caídas.

Fotografía: Williams Marrero

jueves, 15 de diciembre de 2011

UTÓPICOS


Utopía y Navidad
Luis Ugalde

El hombre es un animal racional, dijo Aristóteles, y de su afirmación nos hemos nutrido durante siglos. Pero está a la vista el impresionante desfile de irracionalidadesy monstruos humanos, construidos por este "racional".

Los otros animales tienen programación cerrada y repiten del mismo modo su ciclo vital, como la abeja en su colmena y las aves de paso en su ruta de miles de kilómetros. No necesitan escuela ni ética para hacerlo bien. El hombre inventa y aspira a ser lo que todavía no es. Se siente abierto, alejado de sí mismo y sale a buscarse.

En el intento inventa, transforma y señorea, y también destruye y mata, como ningún otro animal.

Es racional e irracional.

Por encima de todo es un animal dotado de utopía, de plenitud deseada para sí y la humanidad; perfección soñada, aunque nunca poseída. Con un mito delante y otro atrás: de paraíso perdido al comienzo y de paraíso buscado al final. Mitos seculares expresados en religiones y creencias, desechados por la modernidad como infantiles y sustituidos por mitos seculares, serios, "científicos" y racionales. Como el mito de la Ilustración, según el cual en el reino de la diosa razón, todo será luz y liberación, sin mal alguno, que desaparecerá con la muerte de la ignorancia. O el mito "científico" marxista de paraíso en la tierra, con plena felicidad, gracias a la supresión de la propiedad privada, sin mío ni tuyo, con abundancia y sin mal alguno.

La "ciencia" convertida en cuento y la razón en sueños de plenitud que desembocaron en guerras y regímenes espantosos. En esta tierra no hay paraísos, ni perdidos, ni hallados, ni religiosos ni seculares. Sólo humanos jugando a ser dioses y matándose para lograrlo.

El tiempo de Adviento corre al abrazo de la Navidad, y en las misas resuenan los profetas bíblicos con promesas de salvación, tiempos sin guerras, pues con las armas de muerte se fundirán instrumentos de cosecha y vida, arados y podaderas. Cuando irrumpa en el mundo la justicia de Dios, desaparecerán la agresión y la muerte: el lobo y el cordero pacerán juntos, el buey y el león retozarán, el niño y la víbora venenosa jugarán como amigos, y la fraternidad triunfará sobre la guerra, nos dice Isaías. Ahí está la utopía como nostalgia de futuro pleno, pero siempre distante de la realidad presente.

La ciencia y la técnica, y con ellas el poder y la riqueza, prometen alcanzar la plenitud y llenar la tierra de sus maravillas, pero sus progresos de modo inevitable incrementan también la capacidad de dominar y matar. Somos animales con una racionalidad descentrada, alocada y desprovista de sabiduría. Animales capaces de inundar el mundo con sus productos abundantes y deslumbrantes que encandilan con brillos de felicidad, mientras inventan nuevas necesidades y búsquedas infinitas que mueven el consumo y engordan la ganancia, para que la máquina económica no se pare. Si algo queda claro, después de tanto delirio moderno, es que no somos dioses y que en el siglo XXI somos tan finitos, limitados, enfermos y con camino hacia la muerte como hace 5.000 años.

Sin embargo, esta visión realista-pesimista es sólo una parte del misterio humano. El cristianismo nos dice que no somos dioses ni hay paraísos en la tierra, pero que Dios está con nosotros y se muestra en el rostro de ese Niño que nace en Belén. El Espíritu de Dios como don gratuito en nuestra conciencia, en nuestro amor, en nuestra responsabilidad, en nuestro salir de nosotros mismos, compasivos con el otro en la necesidad. No es el Dios creado por nuestra soberbia y manos, ni el Dios de los ejércitos y poder que aplasta al pobre y al débil, sino el Dios gratuito que se nos da en la humildad de nuestro corazón, que nos invita a divinizarnos como Jesús, y nos hace hermanos para lograr un mundo cada día más humano. No somos dioses, pero "Dios con nosotros" nos invita a humanizarnos y transformar permanentemente el mundo.

El año próximo estamos llamados a transformar Venezuela. Con la utopía como luz en el horizonte y como motor en el corazón, que moviliza la pasión por la justicia, la libertad, la igualdad de oportunidades para la vida digna, hoy negadas. Utopía con realismo que concreta metas posibles y las lleva a efecto. Feliz Navidad y año 2012.