Bonsai
"Toda montaña es una reflexión
escribió
humillado por el vértigo"
Leonardo Padrón
("Métodos de la lluvia", Bid&Co. Editor, Caracas, 2011: 59)
Ilustración: Rodolfo Choperena.
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sábado, 23 de junio de 2018
sábado, 21 de enero de 2017
CUADERNO DE BITÁCORA
- Habla el diputado Oscar Figuera en nombre del PCV. Es de presumir un análisis científico de la situación actual, pero el esquema revelaría la propia identidad del gobierno que concursa. Por ello, es preferible ir al pasado y suponer que, ahora, el capitalismo - en su prolongada supervivencia - es el elemento decisivo de la crisis nacional. Nos referimos a lo más serio que hay entre los partidos del gobierno, por lo menos, por su misma y larga tradición histórica, excepto el ala militarista del PSUV desee pasárselo por las armas del CNE con la mentada relegitimación. De modo que no hay análisis alguno de los intereses económicos del régimen y de sus fracciones, incluso, delictivas. Apenas, asoma algo de los "nuevos grupos" que, por cierto, sugerido como una consigna de costumbre, no tiene por contraparte el análisis de la clase obrera y de sus condiciones, subrayado el soporte de los movimientos comuneros en manos de lo que antes se llamaba ultraizquierda. Inevitable reconocer la corrupción, aunque insiste en el sabotaje mas no en la política económica. Nos parece valiente que diga del carnet discriminador del gobierno, porque evidentemente lo es así sea celebrado por sus creadores. La cédula de identidad es el unico documento oficial. Empero, asegura que la base de datos consiguiente puede ser utilizada por los enemigos: ¿el propio PCV lo es para el gobierno que una y otra vez la recaba, so pretexto de la entrega de viviendas que nunca da, etc.? ¿La "eliminación sistemática de cuadros" adversos dentro del proceso, no es el temor real? Lo de PDVSA socialista es una consigna de hábito. La portada de Ramos Allup y Maduro, abrazándose por abrazados con una bandera gringa, es parte de la estética del atraso marxismo que nos caracterizada. Puede verse: https://issuu.com/tribuna_popular/docs/tp_2972
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No leemos con frecuencia a Padrón, a quien no demeritamos. Además, nos parece legítimo que honradamente trabaje fuera del país y lo intente adentro. Pero el Tweed pone un pequeño acento: así como un sector del viejo exilio cubano obtuv dividendos de su victimización, puede ocurrir algo semejante al nuestro. No me refiero ni juzgo personalmente a Padrón que lo tenemos por honesto; aludo a los más estridentes que le sacan punta a su pretendida y heroica posición: opuestos a la distancia, claman contra un gobierno por el calibre lejano de sus dicterios y, como si bastara poco, aconsejan lo que debe o no debe hacerse, sin riesgo inmediato alguno. Hay un exilio valioso, corajudo, persistente y convencido, al lado del otro sector que "se vacila la parte" y al que, pisando Maiquetía, ni las alarmas de la aduana los advierte. - Ni modo, voceros del gobierno celebran la masiva solicitud del carnet, celebrando el chantaje. Desparpajo total, nos antojamos de una fórmula para buscar un cupo ministerial así fuese en las postrimerías del régimen. Total, ¿cuánto nombres no han aparecido por estos años prestigiando la Gacta Oficial desde una alta posición burocrática? Se dirá, aunque sea fallo, pues, también da estatus la condición ex-ministerial.
- Cada vez luce difícil actualizar el blog, pero insistimos. Hay lecturas dispersas que, por la lentitud de las conexiones, no archivamos acá. Apenas, hoy, ganamos tiempo para mantener en pie el archivo.
lunes, 22 de febrero de 2016
CAZA DE CITAS
"... Entre lo conocido y lo posible, entre lo abarrotado y lo desierto ..."Leonardo Padura
("Herejes", Tusquets, Caracas, 2014: 166)
Ilustración: Guy Billout.
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sábado, 17 de diciembre de 2011
GUAIRE- ¿ÑO?

EL NACIONAL - Viernes 16 de Diciembre de 2011 Cultura/3
ENTREVISTA El guionista perteneció al grupo Guaire
Leonardo Padrón construye los Métodos de la lluvia
El autor ha escrito otros poemarios como Balada (1993), Tatuaje (2000), Boulevard (2002) y Amor tóxico (2005)
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ
Leonardo Padrón se mantiene en una intensa producción editorial. En el último lustro no sólo ha escrito guiones para telenovelas y películas, sino que también ha publicado varios volúmenes de Los imposibles: conversaciones al borde de un micrófono, la versión impresa de las entrevistas radiales que ha hecho a personalidades del mundo de la cultura. Además, ha editado tres poemarios.
El más reciente es Métodos de la lluvia (Bid. & Co.), la declaración íntima de quien también quiere mostrar al público una vocación lírica. Algunos libros anteriores en el mismo género son Balada (1993), Tatuaje (2000), Boulevard (2002), Amor tóxico (2005), así como la antología de su obra, Los materiales humanos (2010).
"Mi mayor obra/han sido los poemas/ que nunca he escrito (...) He derramado piezas maestras/en el manuscrito de la nada", se lee en el poema "Confieso", que abre el libro.
-- ¿Cómo se gestó el poemario? --Como toda poesía, desde lo intangible. El mundo para todo escritor es observado, padecido y celebrado desde esa silenciosa respiración que es la mirada. Lo contemplado se procesa sin estruendo. Invisiblemente. Lo que te detiene en la necesidad del poema es la intemperie que estalla en tus propios sótanos. Finalmente lo que todo poema muestra es la desgarradura. Esta vez me asomé, sin preverlo, a ciertas parcelas de mi desazón cotidiana: las acechanzas del tiempo, el áspero duelo entre la memoria y el olvido, que todo lo mancha con su nada, y los desalojos de la edad. Durante más de dos años estuve trabajando estos poemas, con mucho silencio interior, intentando el pulso del relojero.
--Lo femenino, la presencia de la urbe y los avatares del oficio del escritor son temas recurrentes en su literatura.
¿Cómo dialogan los temas de este poemario con sus libros anteriores? --Todo escritor es marcado por sus obsesiones. Pero esta vez se lograron imponer otros temas quizás inéditos en mi obra: la muerte, el vacío, el tiempo, los saldos generacionales, la escarcha de la existencia, los pequeños hallazgos de la mirada. Esta vez lo femenino y la urbe han comprimido sus espacios.
--¿Qué queda en su poesía actual de la época del grupo Guaire? --Quizás justamente la premisa de asumir lo urbano como experiencia estética, la incorporación del humor y la ironía en el texto, sin menoscabo de la tensión poética, y ese tono de oralidad que procuran ciertos poemas son algunas de las herencias a mi entender de la poesía conversacional que subsisten en mi escritura actual. Desde entonces, estilísticamente hablando, mi objetivo ha sido procurar la mayor nitidez posible en las oscilaciones de mi voz.
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Michelle Roche Rodríguez
domingo, 22 de mayo de 2011
CAZA DE CITAS

"¿Cómo explicaría Cruz-Diez una obra de Cruz-Diez?.
- Simplemente que camines hacia adelante, que no te detengas ante ella porque hacerlo, la obra muere. Mi obra se produce en el tiempo y en el espacio. Al mínimo movimiento, van surgiendo nuevas gamas, porque ese es justamente el propósito de crear una situación monocroma que va evolucionando, por cientos y cientos de maties, y termina en otra solución monocroma" (93)
Carlos Cruz-Diez
(Leonardo Padrón, "Materia prima", Grupo Santillana, Caracas, 2007)
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jueves, 19 de mayo de 2011
CAZA DE CITAS

"... Mayo del 68, donde pensamos que el mundo iba a cambiar y no cambió nada"
Carlos Cruz-Diez
(Leonardo Padrón, "Materia prima", Grupo Santillana, Caracas, 2007: 109)
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Leonardo Padrón
CAZA DE CITAS

"Lo que llaman el atrilero... Yo fuí el que inventó, en esa época, esa forma de saber cómo estaba el sonido con el 'aló', aló, aló...uno, dos, tres, probando'. Después me lo quitaron. ¿Y tú sabes cómo lo hacen ahora? 'Sonido. Sí, sí, sí...sonido'."
Simón Díaz
(Leonardo Padrón, "Materia prima", Grupo Santillana, Caracas, 2007: 17)
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Simón Díaz
jueves, 4 de noviembre de 2010
caracas
domingo, 30 de mayo de 2010
EMPADRONADOR DE VERSOS

EL NACIONAL - Sábado 29 de Mayo de 2010 Papel Literario/1
La lírica del cemento o la difícil belleza de las esquinas
La antología poética Los materiales humanos que reúne parte del trabajo poético de Leonardo Padrón acompañado por diez pinturas de Alirio Palacios fue publicada este año en Colombia por Común Presencia Editores
ALEXIS ROMERO
Sé que la miopía perderá su imperio. También que sus siervos y emisarios le darán la espalda. Sucedido esto, ocurrirá la lectura que le otorgará a la poesía de Leonardo Padrón el lugar que le corresponde en las tradiciones de la poesía venezolana.
Es tautológico afirmar que sus poemas constituyen una singular crónica de la vida cotidiana del zoológico urbano, del paisaje de cemento, con sus inevitables y necesarios surgimientos y hundimientos.
Uno sabe que cada poema padroniano es una alegre rapsodia urbana sobre un crimen, un engaño, un nacimiento, un derrumbe, un izamiento.
Uno sabe que el poeta pudo haber elegido la tragedia o el drama para registrar y describir lo que de celestial o infernal tienen los oficios de ser un animal urbano; pero optó por la fiesta del buen decir, por la celebración natural de las palabras que dan lugar a los lenguajes de la memoria o el olvido larvario: esas fuentes secretas de la poesía. Así sus textos siempre se han distanciado de lo tragicómico, de la falsa profundidad, de las falsas contenciones y tensiones pulmonares de la métrica y cesura, de las torpes y afónicas formas, de lo temas absurdamente poéticos. Todo lo que pudo haber sido llanto se convierte en lenguaje, en esquinas de asombros.
A partir de sus poemas podríamos construir un diccionario de la intimidad urbana, de los respiraderos del cemento, del resplandor de las cloacas y las alcantarillas, de la muerte de los animales del Guaire, ese río, nos dice el poeta, que todos los días olvidamos; un diccionario de las ventanas de los edificios, de lo que ven u ocultan. No son las palabras, frases u oraciones sobre lugares materiales e inmateriales de la ciudad, ya Caracas, ya Grecia, ya Roma, ya Barcelona, ya París, ya Nueva York, las que nos revelan sus textos como delicados y discretos aparatos urbanos. No.
No son urbanos por nombrar lugares urbanos, sino porque respiran, laten, gritan, susurran, callan con las cuerdas vocales del hombre y la mujer urbana. Son descripciones de latidos, ahogos, agonías. Nos encontramos con la garganta y la porosidad de un hombre que no sabe sino ser ciudad, esquina, tráfico, ascensor, centro comercial, estafa y estafado, café, boulevard, pasaje, vitrina, vidriera, edificio, parque de cemento, sonrisa blanca y negra, oración sorda, animal muerto en la acera, hombre asesinado, una bala fría perforando la inocencia, un hospital vacío de salud, una mujer que se va, un hombre callado mirando el paisaje de la nada.
En la poesía padroniana el misterio es que no hay misterios, trucos, torpes herencias estilísticas. Es una propuesta que parecería fácil, banal, superficial a quienes consideran que deben hundirse hasta el ahogo en los pozos para comprender lo que superficialmente llaman profundidad. Este poeta escribe para que nadie se hunda; sino que emerja, flote, respire, ande y se marche celebrando la vida. Cuando leemos sus poemas presenciamos el aplastamiento del lamento, la queja y el ombliguismo. Hallamos los pulmones y los ojos de hombres y mujeres dispuestos a morir de ciudad. Seres vacíos de nostalgias rurales y pastoriles; seres que hace rato desmoronaron, clasificaron y vaciaron en bolsas negras los conflictos bellistas sobre lo rural y lo urbano.
Afirmar que la poesía de Leonardo Padrón está fundamentalmente centrada en las mujeres, significaría un congraciamiento con lo miope. Revela la incomprensión que muchos delatan cuando de ella hablan.
Y ello casi siempre es consecuencia de una triste trinidad cultural: el gusto transformado en criterio, la costumbre de valorar sólo lo que se parece a nosotros y, finalmente, la envidia que subyace en las incompetencias interpretativas y comprensivas de los objetos culturales. Y todo poema es un objeto cultural, un aparato espiritual, una máquina de asombros que nos propicia una realidad alternativa, que nos ha de permitir trascender la otra realidad, esa que despertamos con ansia, miedo o terror de cambiar. Ya los títulos de sus libros y sus poemas constituyen revelaciones, árboles cartográficos de los ejes temáticos y rítmicos: los materiales humanos o los activos, pasivos y capitales emocionales, espirituales y criminales del zoológico urbano. La orilla encendida, Balada, Tatuaje, Boulevard y El amor tóxico son los títulos de manuscritos del amor y la ira urbana. Y en esto el poeta no se ha traicionado, ha sido fiel a los lugares vitales que escogió desde los inicios de su oficio. Discurso y obra: un acto.
Y lo que vislumbran o profetizan sus poemas es la refinada continuación y pulimento de la arista de ese diamante siempre rudimentario, bruto y ansiado de brillo que constituye la ciudad. Somos de aquel texto en la pared; ha destrozado los rincones de la calle; Sólo para plegarme más al silencio; tengo las manos calladas; recuerdo un poema; tu cuerpo es una luna violenta; de esperar a una mujer en el reflejo del día; poca verdad poca mentira; soy tan lentamente joven en la tierra; tengo un aparente vidrio en la garganta; con la casa en ruina;, Busco una música que te lo diga todo; Buscaba jirones de luz; decir mujer; Manuscrito y café; Mi memoria; lunes; Solía morir por las tardes; Somos edificios; La risa negra de los desechados; La ciudad al fondo, indeleble, como pintura de labios; Línea Recta; Video Clip; Los verdaderos solitarios; La vida lenta de Caracas; El ascensor; Leyenda Urbana; Monólogo del solo; Óxido; Ciudad Capital; Plazas; Al fondo, una furia de guitarra: la autopista; El odio lírico; El adúltero; Récipe; Poema del colesterol... Versos y títulos de poemas que muestran rastros inequívocos de los dilemas que atraviesan las interrogantes y respuestas, cuando las halla, que permiten el brote, el erguimiento del canto en la página. Una crónica, una biografía, un testimonio del concreto, el escombro y el abandono; de la fuerza psicológica del tráfico y de la visible y pública agonía del río Guaire. Es el lenguaje encantado de un hombre cuyo paisaje materno es la urbe.
Todo esto lo contiene Los materiales humanos, una decantada antología de lo hasta ahora escrito por Leonardo Padrón, acompañada de diez pinturas del maestro Alirio Palacio.
Ochenta y un poemas, que nos obligan a recordar a nuestro amado Eugenio Montejo, quien siempre repetía que uno sólo debe aspirar la publicación de un librito delicado que contenga los cien poemas más amados. Esos poemas con los cuales aspiramos ser recordados por nuestros hijos, amigos y algunos lectores. Los que le dirán al tiempo que fuimos verdaderos; que se nos fue la vida, pero pudimos oír el canto secreto de la tierra; que no decepcionamos a los pájaros, pero sí al tiempo que nos soñó eternos.
Y estos materiales testimonian el paso violento de la vida. El instante que somos, nuestras empresas del engaño, nuestras industrias internas de la muerte, nuestros talleres del cariño, nuestros botiquines de la amistad y el enamoramiento.
Los materiales humanos confirma la huella dactilar de la tráquea de Leonardo Padrón, aquella marca del espíritu que Joseph Brodsky llamó la voz de la memoria, esa alta nostalgia por algo antiguo cuya morada, en el caso de Padrón, brota como los árboles invocando los pájaros, de los lazos químicos y temporales de la piedra, el agua y el cemento: las montañas, los parques de concreto, invocando no pájaros de trino, sino lo humano con sus susurros, gritos, ahogos y silencios de relojes. El verso simple y preciso de un hombre culto.
Una tensión velada, subrepticia, inadvertida que nos impone la obligación de detenernos para que podamos oír los ríos urbanos del alma humana. Esta antología es poema largo: la ciudad. Esa suerte de pezón femenino por donde anda la singularidad de las calles: los crímenes, el tráfico, el suicidio, el desengaño, la muerte de una esquina, una casa derrumbada o abandonada, una plaza, un árbol, una brisa, una rama, una acera, un orgasmo, una eyaculación precoz, una caricia atendida o desdeñada, una mejilla, un poro. En fin, un hombre, una mujer.
Alguien que murió o morirá de ciudad. Un honesto, responsable y verdadero video clip de lo que somos y de lo que nunca volveremos a ser, ni seremos.
Fotografía: Jesús Castillo
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