Esequibo: la vocación pública de un problema (y una nota adicional)
Luis Barragán
Convengamos, los más variados y graves problemas que nos aquejan, sobresaturándonos, por la hábil maniobra oficial que no le dispensa ni acepta visado alguno, tienden a reducirse a los de la más inmediata y literal supervivencia. Distintos estudios de opinión, por interesados que fuesen, avalan la premisa.
El problema o, mejor, el problemario esequibano, incluso, relegado por la propia escolaridad en un país en el que ya no sorprenden los niveles de deserción de las aulas, no encuentra una mejor sintonía, como ocurre con los índices de desempleo real o de muertes violentas. Se impone la escasez o inexistencia de los alimentos y medicamentos, seguido por la del dinero en efectivo, tan conveniente a la dictadura para relegar los restantes asuntos, diluyéndolos.
Aclaremos, asuntos que no pierden importancia, sino la debida y mayor atención, excepto que sean puntualmente asociados a una tragedia, como la ocurrida en el complejo petroquímico de Amuay. Siguiendo el ejemplo, en décadas anteriores, el libre desenvolvimiento de la opinión pública, permitió segmentar y digerir simultáneamente los más diversos temas y, aunque la producción o la comercialización petrolera no ostentaran una elevada jerarquía, no significaba pérdida alguna de su natural importancia y solían competir por un cupo en la primera plana de la prensa escrita.
No hay duda, el Esequibo es algo más que un tópico. Y son tan consecutivos los fracasos de la dictadura que, por interés propio, ha deseado una subestimación cada vez más generalizada de la reclamación. Voluntariamente o no, frente a las más persistentes y corajudas, hay voces también expertas que callan, evaden o inhiben una opinión propia, oportuna y valedera, golpeando la misma vocación pública del problema o problemario: a lo sumo, prefieren resumir las posturas ajenas y distribuirlas por correo electrónico, antes que exponerse; insistir en sus viejas tesis, negándose a un enfoque actualizador de asunto; celebrar la promoción académica o gremial de carácter nacional o internacional, reduciendo a una conversación privada y casual aquellas observaciones jurídicas, judiciales o procesales que concitan la remisión del caso a la Corte Internacional de Justicia; en fin, pasar agachados.
Una nota adicional
Es de suponer, la candidatura de Henry Falcón es conveniente para Nicolás Maduro, a objeto de legitimar la trampa electoral, por lo que menos se entienden actos de agresión como el Catia, llevando a terapia intensiva al diputado Teodoro Campos que ojalá pronto se restablezca. Y por lo que más se entiende la naturaleza íntima de esta dictadura que coloca la suerte de los venezolanos en manos de sus paramilitares, los llamados colectivos armados, ayudándonos a comprender aún más la cotidianidad de los cubanos sometidos al arbitrio del partido único y de sus comités de defensa.
Fotografía: LB, junto a Jorge Fuguet, el entonces alcalde Gerardo Blyde, Leomagno Flores y Daniel Merchán, en el acto de renombramiento de la Avenida Principal de La Guirita por Esequibo (Baruta, 02/02/2016). Cfr.:http://lbarragan.blogspot.com/2016/02/breve-version.html
08/04/2018:
https://www.lapatilla.com/site/2018/04/08/esequibo-la-vocacion-publica-de-un-problema-y-una-nota-adicional-por-luis-barragan/
https://venezuelaunida.com/esequibo-la-vocacion-publica-de-un-problema-y-una-nota-adicional-por-luis-barragan/
https://www.scoopnest.com/es/amp/user/la_patilla/983531544156475392
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sábado, 7 de abril de 2018
sábado, 23 de abril de 2016
APENAS, UNA HIPÓTESIS
Un rollo de papel tualé en el firmamento
Ox Armand
Tengo un amigo diputado que no cabía del disgusto. Me dijo que, al encontrarse en el hemiciclo, en plena sesión, intervino un colega suyo que imitó a Sandy Koufax y hasta le faltó alzar la pierna a lo Juan Marcichal para el nada imprevisto lanzamiento. Tampoco es que sea la primera vez que a alguien, como el diputado Teodoro Campos, se le haya ocurrido hablar más con el gesto que con la palabra. Hubo también cada perfomance en las viejas sesiones del ya olvidado y meritorio Congreso que crisparía de rabia al amigo en cuestión, pero – seguramente dirá - era parte de las excepciones y no de la regla. “Parlamento tropical”, se dijo una vez. Pero lo cierto es que la escena captada por una periodista que está pilas (http://www.el-nacional.com/tecnologia/redes_sociales/Diputado-MUD-higienico-bancada-oficialista_0_833316848.html), en el transcurso de una tediosa sesión, nos permite un poco tocar el asunto de la cultura política impuesta en los últimos años, de la desesperación por hallar respuestas oficiales y de un necesario como mínimo decoro en los debates públicos.
Descubriendo el agua tibia, el chavismo (que no, madurismo o algo parecido), impuso por estos años un contenido y, sobre todo, un estilo político naturalmente grotesco por obra de una concepción grotesca, simplista, oportunista, maniquea y desenfadada de la política misma. El kitsch político de Chávez Frías consagró toda una corriente que, desde antes, se había apoderado de los venezolanos para abordar los problemas públicos y también los personales, en claro irrespeto e intolerancia hacia el otro que también, de un modo u otro pugnaba por una tajada de la renta petrolera. Una corriente universal que consiguió cabida en el particular fenómeno de la antipolítica que todavía nos aqueja. Y, aparentemente obvio, halla igualmente cabida en una oposición que no tiene la suficiente experiencia y formación como para generar una cultura política alternativa. En esto, salvamos las honrosas excepciones y no pretendemos una descalificación personal del desconocido diputado Campos. Lo ético, lo ideológico, lo programático y lo operativo en las lides políticas, constituyen una manifestación genuina de las convicciones y experiencias culturales de los mensajeros y, si es pobre el equipaje, la respuesta lo será igualmente. La premisa nos remite que a la inexistencia del otro modo indispensable de hacer política. Cuando falleció Juan Vicente Gómez, en esa solución inevitable y circular de la continuidad y ruptura, se abrió ese modo, ese fundamento, esa perspectiva diferente de pensar y hacer las cosas. No sentimos que hoy está ocurriendo. Es más, hay voceros opositores que todavía lastiman el oficio con una degustación mediática de frases de ocasión, sin la hondura cada vez más indispensable frente a un gobierno de las características como el que tenemos. No es que seamos los ilustrados de la hora ante los postmodernos de siempre, pero hay algo serio que está en juego: el destino del país. Tampoco se trata de imponer el Manual de Carreño, pero eso que denominamos decoro no es simplemente un artefacto verbal.
El otro punto para finalizar la perorata es lo que se llama “régimen parlamento”, regulado por el actual Reglamento (o lo que es, Ley) Interior y de Debates, relacionado con las intervenciones de los parlamentarios en sus sesiones. Existen condiciones y límites que lucen aconsejables de revisar, pero que, desde 1830 para acá, están orientadas a organizar la discusión in situ y a garantizar la libertad del orador para enriquecerla. No se le puede poner cortapisas a la imaginación del discursante. Otra cosa es lo que se espera en el ejercicio de ese derecho: sentido común, claridad, coherencia, profundidad, pertinencia y respeto en sus exposiciones. La tentación del espectáculo, el esfuerzo de llamar la atención cuando se es novel y anónimo, está presente, aunque los hay muy experimentados capaces de incurrir en amagos y tremenduras de una sola vocación, la transmisión televisiva y la primera plana de los portales digitales, al menos. Entre éstos, una costumbre a la postre nociva y, en aquéllos, una medida desesperada. Que aparezca el diputado Francisco Torrealba disfrazado de miliciano en plena sesión plenaria de la Asamblea Nacional, desconociendo qué significa su responsabilidad representativa, acreedor del remoque “guardabosque del oso Yogui”, es parte del costumbrismo chavista, pero que un diputado como Campos u otros, lancen un rollo de papel tualé desde la bancada opositora a la del gobierno, nos deja estupefactos. En esto comparto la indignación de mi amigo ya referido. Sin embargo, es mi hipótesis, el origen de una práctica tan díscola tiene por origen la irrupción de La Causa R en el viejo Congreso. Apenas, una hipótesis.
Captura de imágen: http://www.el-nacional.com/tecnologia/redes_sociales/Diputado-MUD-higienico-bancada-oficialista_0_833316848.html
Ox Armand
Tengo un amigo diputado que no cabía del disgusto. Me dijo que, al encontrarse en el hemiciclo, en plena sesión, intervino un colega suyo que imitó a Sandy Koufax y hasta le faltó alzar la pierna a lo Juan Marcichal para el nada imprevisto lanzamiento. Tampoco es que sea la primera vez que a alguien, como el diputado Teodoro Campos, se le haya ocurrido hablar más con el gesto que con la palabra. Hubo también cada perfomance en las viejas sesiones del ya olvidado y meritorio Congreso que crisparía de rabia al amigo en cuestión, pero – seguramente dirá - era parte de las excepciones y no de la regla. “Parlamento tropical”, se dijo una vez. Pero lo cierto es que la escena captada por una periodista que está pilas (http://www.el-nacional.com/tecnologia/redes_sociales/Diputado-MUD-higienico-bancada-oficialista_0_833316848.html), en el transcurso de una tediosa sesión, nos permite un poco tocar el asunto de la cultura política impuesta en los últimos años, de la desesperación por hallar respuestas oficiales y de un necesario como mínimo decoro en los debates públicos.
Descubriendo el agua tibia, el chavismo (que no, madurismo o algo parecido), impuso por estos años un contenido y, sobre todo, un estilo político naturalmente grotesco por obra de una concepción grotesca, simplista, oportunista, maniquea y desenfadada de la política misma. El kitsch político de Chávez Frías consagró toda una corriente que, desde antes, se había apoderado de los venezolanos para abordar los problemas públicos y también los personales, en claro irrespeto e intolerancia hacia el otro que también, de un modo u otro pugnaba por una tajada de la renta petrolera. Una corriente universal que consiguió cabida en el particular fenómeno de la antipolítica que todavía nos aqueja. Y, aparentemente obvio, halla igualmente cabida en una oposición que no tiene la suficiente experiencia y formación como para generar una cultura política alternativa. En esto, salvamos las honrosas excepciones y no pretendemos una descalificación personal del desconocido diputado Campos. Lo ético, lo ideológico, lo programático y lo operativo en las lides políticas, constituyen una manifestación genuina de las convicciones y experiencias culturales de los mensajeros y, si es pobre el equipaje, la respuesta lo será igualmente. La premisa nos remite que a la inexistencia del otro modo indispensable de hacer política. Cuando falleció Juan Vicente Gómez, en esa solución inevitable y circular de la continuidad y ruptura, se abrió ese modo, ese fundamento, esa perspectiva diferente de pensar y hacer las cosas. No sentimos que hoy está ocurriendo. Es más, hay voceros opositores que todavía lastiman el oficio con una degustación mediática de frases de ocasión, sin la hondura cada vez más indispensable frente a un gobierno de las características como el que tenemos. No es que seamos los ilustrados de la hora ante los postmodernos de siempre, pero hay algo serio que está en juego: el destino del país. Tampoco se trata de imponer el Manual de Carreño, pero eso que denominamos decoro no es simplemente un artefacto verbal.
El otro punto para finalizar la perorata es lo que se llama “régimen parlamento”, regulado por el actual Reglamento (o lo que es, Ley) Interior y de Debates, relacionado con las intervenciones de los parlamentarios en sus sesiones. Existen condiciones y límites que lucen aconsejables de revisar, pero que, desde 1830 para acá, están orientadas a organizar la discusión in situ y a garantizar la libertad del orador para enriquecerla. No se le puede poner cortapisas a la imaginación del discursante. Otra cosa es lo que se espera en el ejercicio de ese derecho: sentido común, claridad, coherencia, profundidad, pertinencia y respeto en sus exposiciones. La tentación del espectáculo, el esfuerzo de llamar la atención cuando se es novel y anónimo, está presente, aunque los hay muy experimentados capaces de incurrir en amagos y tremenduras de una sola vocación, la transmisión televisiva y la primera plana de los portales digitales, al menos. Entre éstos, una costumbre a la postre nociva y, en aquéllos, una medida desesperada. Que aparezca el diputado Francisco Torrealba disfrazado de miliciano en plena sesión plenaria de la Asamblea Nacional, desconociendo qué significa su responsabilidad representativa, acreedor del remoque “guardabosque del oso Yogui”, es parte del costumbrismo chavista, pero que un diputado como Campos u otros, lancen un rollo de papel tualé desde la bancada opositora a la del gobierno, nos deja estupefactos. En esto comparto la indignación de mi amigo ya referido. Sin embargo, es mi hipótesis, el origen de una práctica tan díscola tiene por origen la irrupción de La Causa R en el viejo Congreso. Apenas, una hipótesis.
Captura de imágen: http://www.el-nacional.com/tecnologia/redes_sociales/Diputado-MUD-higienico-bancada-oficialista_0_833316848.html
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