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sábado, 5 de agosto de 2017

PANIFICACIÓN

Evangelio dominical: Multiplicación
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el 18° Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, correspondiente al domingo 6 agosto 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 14, 13-21

"Dénles Ustedes de comer"


¿Ocurren hoy cosas como la multiplicación de los panes?

Escucha esta historia:

Teresa tomó sus ahorros, se fue a la farmacia y le dijo al farmacéutico:

- "Mi hermano está muy enfermo. ¿Cuánto cuesta un milagro?"

El hermano del farmacéutico se agachó y le preguntó a la niña:

- "¿Cuánto dinero tienes?" - "Un dólar y cinco centavos", respondió la niña.

- "Estupendo, eso es exactamente lo que cuesta un milagro para los hermanitos".

Cogió el dinero de la niña y le dijo:

-"Llévame a tu casa. Veamos si tengo la clase de milagro que necesitas".

Aquel hombre era un cirujano. Operó al niño y quedó bien. Su madre decía:

- "Esa operación ha sido un verdadero milagro. ¿Cuánto habrá costado."

Teresa sonreía. Ella sí lo sabía: costó un dólar y cinco centavos, más la fe de una niña.> (Félix Jiménez, escolapio).


Para dar vida, hacer feliz, ayudar, amar, perdonar, no se necesita mucho: basta una sonrisa, una buena palabra, un abrazo sincero, una cálida acogida, estar ahí...

Pero, además, Jesús podía multiplicar los panes.

¿Cómo lo hizo Jesús?

En realidad la historia comienza con Herodes, que encarcela y decapita al Bautista.
Y Jesús sabe que puede correr la misma suerte, porque actúa como Juan el Bautista. Por eso Él decide prudentemente desaparecer de escena por unos días, y se montó en una barca para ir a un sitio tranquilo y apartado.

Pero la gente se entera adónde irá, y llega por tierra antes que Él. Total: Jesús desembarca y se encuentra frente a una gran multitud, que lo está esperando.

La gente estaba asombrada y curiosa: ¿Quién es este Jesús, que se preocupa tanto por los enfermos y tiene tanto poder, que hasta sana a muchos de ellos? ¿Qué sorpresas nos trae?

Aquel día especialmente Jesús, viendo tanta gente, sintió compasión. Ve aquella multitud agobiada y enferma. La observa, la mira con profundidad, lee en sus rostros el dolor, la enfermedad, el agobio, y se pone en seguida a curarlos de sus enfermedades, a enseñarles muchas cosas y a atender con cariño a cada persona que se acercaba a Él.

Era una gran multitud: 5.000 hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Jesús les alimenta primero con la Palabra de vida y después con el pan multiplicado. Ni siquiera espera a que se lo pidan. Él se adelanta.

Va cayendo la tarde, y los discípulos le dicen que despida a la multitud. Pero Jesús les reta: "Dénles Vds. de comer". Ellos se excusan: - Sólo tenemos cinco panes y dos peces.

Eran de un muchacho previsor. También en la Patagonia (Argentina), una de las características del así llamado 'hombre del desierto' es que siempre lleva algo de comida, cuando sale de casa. (Miguel Petty, sj).

Jesús los tomó, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos, y ellos a la gente. Y comieron todos hasta saciarse, y recogieron doce cestos llenos de sobras.

¿Hay en la Biblia otras multiplicaciones de pan?

Sí. Precisamente la Primera Lectura de hoy dice que el profeta Eliseo alimentó a cien personas con un poco de pan de cebada. La historia fue así:

- "Dalo a la gente para que coma." Y su sirviente respondió:

- "¿De qué le sirve esto tan poco a cien hombres?" Entonces Eliseo repitió:

- "Da a la gente para que coman, porque así ha dicho el Señor: 'Comerán y sobrará'."

Efectivamente, el sirviente "lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró, como había dicho el Señor" (2 Reyes 4:42-44). > Ambas historias se parecen bastante.

Estas alimentaciones también recuerdan al maná en el desierto (Exod. 16; Num. 11).

Así lo recuerda el evangelista Juan (Juan 6:31, 49), después de contar la multiplicación de los panes.

¿Cuál es la Buena Noticia en este milagro?

- El humanismo del Hijo de Dios. Es una historia de compasión.

- La iniciativa de alimentar a la muchedumbre es de Jesús. Nadie se lo pide.

- Pide la colaboración de los hombres: "Dénles ustedes de comer". Y comienza con aquellos cinco panes y dos peces del muchacho.

- Es un milagro, fruto de la oración.

-Hay generosidad y abundancia. "Y fueron saciados" (v. 12). Pero sin derroche. No se bota nada. Recogieron doce cestas de pedazos de pan de cebada (v. 13). Es decir, una cesta por cada tribu de Israel.

¿Tiene este milagro algo que ver con la Eucaristía?

Dice el evangelio: "Jesús tomó, bendijo, partió y dio". Son las mismas palabras de Jesús en la Última Cena, cuando instituyó la Eucaristía (Mateo 26).

Es la única historia milagrosa que se encuentra en los cuatro Evangelios.

La Eucaristía es el significado principal en ellos.

Asimismo la posición arreglada de la gente sentada en grupos sobre la hierba, la oración de invocación y bendición, el acto litúrgico de partir el pan, el paralelo inmediato a la muerte de Juan Bautista – todas estas acciones son pistas inequívocas que señalan a la celebración de la Última Cena del Señor. Más aún, Jesús poco después hablará a la misma gente del Pan de vida, que es su Cuerpo inmolado.

Curiosamente, sólo son los panes (y no los peces) los que son específicamente repartidos a los discípulos para distribuir (14:19).

Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-multiplicacion-0

Cfr.
Marcos Rodríguez: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-mt-14-13-21-MR.htm
Fotografía: http://legrenierapain.com/en/ 

lunes, 4 de agosto de 2014

DIMENSIÓN SOCIAL DE LA EUCARISTÍA

NOTITARDE, Valencia, 3 de agosto de 2014
"Caminando con Cristo"
La multiplicación de los panes (Mt.14, 13-21)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El texto evangélico que leemos este domingo dentro de la celebración eucarística, nos presenta la primera multiplicación de los panes y de los peces que recoge San Mateo en su Evangelio. Hay varios aspectos que resaltan en este texto: Jesús siente compasión de la gente, invita a sus apóstoles a vivir y sentir la misma compasión por la multitud a quien se le predica la Buena Nueva del Reino; los pone en movimiento hacia las personas necesitadas, hace el milagro de la multiplicación de los cinco panes y dos peces y las palabras que pronuncia Jesús resuenan como las palabras que pronunció en la Última Cena y dan a entender la prefiguración que hace Nuestro Señor del milagro de la Eucaristía, que es su presencia viva, real; en alma, cuerpo, sangre y divinidad en el Santísimo Sacramento del altar que los cristianos católicos sabemos reconocer como el milagro central de nuestra fe cristiana; eje, vértice, fuente y cúlmen de nuestra vida de discípulos de Jesucristo. Aquellas palabras de la Última Cena: "Tomen, esto es mi Cuerpo", "Beban, esta es mi Sangre", no son palabras simbólicas, simples, dichas en cualquier contexto, sino que para un cristiano auténtico, para un estudioso de la Escritura, para un lector atento, que busca el significado de cada palabra en su lengua original, acudiendo a las fuentes originales, sabe que esas palabras (como por ejemplo el capítulo seis del evangelio de San Juan) van cargadas de una profunda conciencia eucarística de la comunidad cristiana primitiva que reconoce el sacramento de la Eucaristía como memorial de Jesús entre nosotros.
La compasión que siente Jesús por aquella gente que lo busca no es la simple lástima, es el colocarse en el lugar del otro, es padecer con, es sentir en carne propia lo que significa tener y pasar hambre y sin la certeza o seguridad que se encontrará algo de comer; Jesús se compadece como el Dios amoroso que atiende a las necesidades y carencias de sus hijos, se compadece al extremo que dicha compasión lo llevará a inmolarse a Él mismo en la cruz y a convertirse en verdadero alimento que sacia hasta la vida eterna. (Léase el ya mencionado capítulo 6 de San Juan). Él es el pan de Vida, quien come su carne y bebe su sangre tendrá vida eterna. Así se compadece Dios de cada uno de los hombres y es a esa compasión a la que invita Jesús a los apóstoles, hasta la entrega de la propia vida por el hermano que sufre, que pasa hambre, que está desnudo, sediento, preso o enfermo. (Mt. 25). No es la lástima de la limosna que no remedia nada o quizás es dada con desprecio, es el compromiso de vida por una causa, por la lucha de la verdadera y no politizada justicia social, de trabajar para que los bienes creados alcancen a cada uno de los seres humanos, de incomodarnos y movernos a trabajar cuando vemos a un niño de la calle, a un mendigo, a un anciano pidiendo en una esquina; es trabajar y ampliar la conciencia para elegir gobernantes con "corazón humano", aunque suene paradójico, es no descansar mientras a nuestro lado se acrecienta la pobreza, la miseria, donde los seres humanos viven como animales. Dios, manifestado en Cristo nos invita a esta compasión y empezando por los que somos miembros de  Iglesia (sacerdotes y fieles), no es sólo el ritual lo que nos salva, es la caridad, el amor como Jesús nos lo enseña lo que nos salva y justifica ante Dios, una fe sí, pero expresadas en obras de amor, porque la fe y la esperanza pasarán, pero el amor no pasará nunca, porque el amor viene de Dios y es Dios mismo (1Cor. 13 y 1 Jn. 4, 7-20). Es significativo que Mateo escribe su evangelio en un clima eclesial; es decir, hablando de la Iglesia naciente y esta Iglesia tiene como centro la Eucaristía que se convierte en testimonio y llamado de conciencia para un cristiano. Es decir, la Eucaristía no es sólo un ritual, sino que tiene una dimensión social; así como Cristo se entregó, se inmoló y se hizo alimento por los hombres, así en primer lugar, el creyente y todo hombre de buena voluntad está llamado a darse por los hermanos, especialmente a los más necesitados. Por eso, el Papa Francisco ha llamado a la Iglesia Católica a estar en salida, apela a esta conciencia de los que se llaman cristianos católicos, a vivir el amor, la compasión al estilo de Cristo, a ir a las periferias existenciales y geográficas a llevar y vivir la alegría del Evangelio.
IDA Y RETORNO: A partir de hoy y hasta el próximo diecisiete de agosto, los seminaristas de Valencia estarán de misiones en la parroquia Santos Ángeles Custodios y San Isidro de Flor Amarillo. Allí visitarán los hogares para llevar el mensaje del evangelio y tendrán actividades con los niños, los jóvenes y los adultos. Invito a los feligreses de esa querida parroquia a dar todo el apoyo a nuestros futuros sacerdotes y agradecemos al Padre Marco Noguera y su Equipo sacerdotal la amabilidad que han demostrado por recibirlos. Oremos por el éxito de estas misiones y pidamos a Cristo que siga formando el corazón de Buen Pastor de nuestros candidatos al sacerdocio. Que surjan en esa parroquia muchas vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales.

Ilustración: Franz Kline.

DOS TEXTOS

Reflexión (San Mateo, 14: 13-21)
José Antonio Pagola

Jesús está ocupado en curar a aquellas gentes enfermas y desnutridas que le traen de todas partes. Lo hace, según el evangelista, porque su sufrimiento le conmueve. Mientras tanto, sus discípulos ven que se esta haciendo muy tarde. Su diálogo con Jesús nos permite penetrar en el significado profundo del episodio llamado erróneamente “la multiplicación de los panes”.
Los discípulos hacen a Jesús un planteamiento realista y razonable: “Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”. Ya han recibido de Jesús la atención que necesitaban. Ahora, que cada uno se vuelva a su aldea y se compre algo de comer según sus recursos y posibilidades.
La reacción de Jesús es sorprendente: “No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer”. El hambre es un problema demasiado grave para desentendernos unos de otros y dejar que cada uno lo resuelva en su propio pueblo como pueda. No es el momento de separarse, sino de unirse más que nunca para compartir entre todos lo que haya, sin excluir a nadie.
Los discípulos le hacen ver que solo hay cinco panes y dos peces. No importa. Lo poco basta cuando se comparte con generosidad. Jesús manda que se sienten todos sobre el prado para celebrar una gran comida. De pronto todo cambia. Los que estaban a punto de separarse para saciar su hambre en su propia aldea, se sientan juntos en torno a Jesús para compartir lo poco que tienen. Así quiere ver Jesús a la comunidad humana.
¿Qué sucede con los panes y los peces en manos de Jesús? No los “multiplica”. Primero bendice a Dios y le da gracias: aquellos alimentos vienen de Dios: son de todos. Luego los va partiendo y se los va dando a los discípulos. Estos, a su vez, se los van dando a la gente. Los panes y los peces han ido pasando de unos a otros. Así han podido saciar su hambre todos.
El arzobispo de Tánger ha levantado una vez más su voz para recordarnos “el sufrimiento de miles de hombres, mujeres y niños que, dejados a su suerte o perseguidos por los gobiernos, y entregados al poder usurero y esclavizante de las mafias, mendigan, sobreviven, sufren y mueren en el camino de la emigración”.
En vez de unir nuestras fuerzas para erradicar en su raíz el hambre en el mundo, solo se nos ocurre encerrarnos en nuestro “bienestar egoísta” levantando barreras cada vez más degradantes y asesinas. ¿En nombre de qué Dios los despedimos para que se hundan en su miseria? ¿Dónde están los seguidores de Jesús?
¿Cuándo se oye en nuestras eucaristías el grito de Jesús. “Dadles vosotros de comer”?

Fuente: http://radioamanecer.com.ar/39272/evangelio-san-mateo-1413-21-reflexion-de-jose-anonio-pagola/
Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-denles-ustedes-comer

Dadles vosotros de comer
José Antonio Pagola

El evangelista Mateo no se preocupa de los detalles del relato. Sólo le interesa enmarcar la escena presentando a Jesús en medio de la «gente» en actitud de «compasión». Lo hace también en otras ocasiones. Esta compasión está en el origen de toda su actuación.
Jesús no vive de espaldas a la gente, encerrado en sus ocupaciones religiosas, e indiferente al dolor de aquel pueblo. «Ve el gentío, le da lástima y cura a los enfermos». Su experiencia de Dios le hace vivir aliviando el sufrimiento y saciando el hambre de aquellas pobres gentes. Así ha de vivir la Iglesia que quiera hacer presente a Jesús en el mundo de hoy.
El tiempo pasa y Jesús sigue ocupado en curar. Los discípulos le interrumpen con una propuesta: «Es muy tarde; lo mejor es “despedir” a aquella gente y que cada uno se “compre” algo de comer». No han aprendido nada de Jesús. Se desentienden de los hambrientos y los dejan en manos de las leyes económicas dominadas por los terratenientes: que se «compren comida». ¿Qué harán quienes no pueden comprar?
Jesús les replica con una orden lapidaria que los cristianos satisfechos de los países ricos no queremos ni escuchar: «Dadles vosotros de comer». Frente al «comprar», Jesús propone el «dar de comer». No lo puede decir de manera más rotunda. El vive gritando al Padre: «Danos hoy nuestro pan de cada día». Dios quiere que todos sus hijos e hijas tengan pan, también quienes no lo pueden comprar.
Los discípulos siguen escépticos. Entre la gente sólo hay cinco panes y dos peces. Para Jesús es suficiente: si compartimos lo poco que tenemos, se puede saciar el hambre de todos; incluso, pueden «sobrar» doce cestos de pan. Esta es su alternativa. Una sociedad más humana, capaz de compartir su pan con los hambrientos, tendrá recursos suficientes para todos.
En un mundo donde mueren de hambre millones de personas, los cristianos sólo podemos vivir avergonzados. Europa no tiene alma cristiana y «despide» como delincuentes a quienes vienen buscando pan. Y, mientras tanto, en la Iglesia son muchos los que caminan en la dirección marcada por Jesús; la mayoría, sin embargo, vivimos sordos a su llamada, distraídos por nuestros intereses, discusiones, doctrinas y celebraciones. ¿Por qué nos llamamos seguidores de Jesús?

Fuente: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-mt-14-13-21-Pag.htm
Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-comida-gratis

Ilustraciones: Willem de Kooning.

domingo, 31 de julio de 2011

DAR


San Mateo, 14: 13-21

En su homilía de hoy, el Padre Alvaro Lacasta (SJ) dijo que el hambre y la sed de la sociedad no se eliminan con bienes materiales. Lo ejemplificó con la historia de los pueblos fatigados y oprimidos. El hombre en sus fracasos, necesita de la ayuda de Dios. Don y regalo: su gratuidad es tan extraordinaria como su valor y obtención. Juan lo dijo en su primera carta, Jesús es más grande que nuestro corazón.

Muchedumbres hambrientas y sedientas que llegaron a Jesús, en la antesala del Calvario. Dios sacia a los pueblos. Piedad y fe. Abrir los ojos para entender el género literario de las lecturas de hoy.

Vivimos los grandes dramas. Más de mil millones de seres humanos bajo el hambre, como ocurre en Somalia. Hay que dar de comer. Demasiados medios hay para hacerlo. Sin embargo, no lo hacemos. No se puede decir que no se tiene con qué. La economía de mercado lo hace imposible. No hay la voluntad necesaria, suficiente y auténtica de erradicar el hambre como lo recordara el Padre Arrupe en las Naciones Unidas. Los precios no bajan y hay un enriquecimiento ilícito ilimitado.

Pan Eucarístico, compartir y dar. Mentimos si no lo hacemos.

Martialay y Núñez

De acuerdo a nuestros apuntes, el Padre Roberto Martialay (03/08/08) señaló que el cristiano está por encima de los peligros; Dios nos espera para darnos un descanso; podemos difrutar de la continua Eucaristía, de la sencillez de un cacho de pan; participación, acto social de convivencia; Jesús, en lugar de descansar encontró a la gente; también de pan vive el hombre y lo que hizo fue un anuncio de la última cena, adelantó la Eucaristía. Y el Padre Joel Núñez Flautes (Notitarde, Valencia, 03/08/08), destacó la prefiguración que hace Nuestro Señor del milagro de la Eucaristía que es su presencia viva y real; profunda conciencia eucarística de la comunidad cristiana primitiva; compasión no es lástima, es el colocarse en el lugar del otro; verdadera y no politizada justicia social; la fe y la esperanza pasarán, pero nunca el amor (1Cor 13 y 1 Jn)

Ilustración: Al Thirion, "El Cristo de la Tierra"

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NOTITARDE, Valencia, 31 de Julio de 2011
"Denles ustedes de comer" (Mt. 14, 13-21)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este domingo nos narra la primera multiplicación de los panes que realizó Jesús para saciar el hambre de la multitud que lo seguía y aumentar la fe de sus discípulos en Él.
Este evangelio nos presenta tres signos que nos dan la clave de su interpretación: 1. Signo mesiánico. 2. Signo eucarístico. 3. Signo eclesial.
La multiplicación de los panes hace ver y recordar un signo del mesías prometido por los profetas y prefigurado en el Antiguo Testamento. Jesús está cerca de los pobres y de los hambrientos del pan material y espiritual. Sacia el hambre de más de cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. Esto hace que Jesús se presente superior a Moisés a través del cual Dios dio el maná al pueblo de Israel (Ex. 16, 1-ss), superior a Elías, el gran profeta, que multiplicó el aceite y la harina a la viuda de Sarepta (1 Re. 17, 7-16), superior a Eliseo que multiplicó los panes de cebada en Guilgal (2 Re. 4, 42-44). Para el Antiguo Testamento la llegada del Reino mesiánico se describe como un gran banquete comunitario, abundante, donde todos coman y queden saciados. (Is. 25, 6-10). Jesús mismo describe el Reino de los cielos como un banquete de bodas que al final es dado a los pobres y excluidos. En Is, 55,1-3, que hoy se lee en la misa como primera lectura, hay una promesa mesiánica que se cumple en Jesús. Dios alimentará a los pobres que esperan en Él mediante el trigo, el agua, vino y leche abundante. Es la promesa de Dios, su Alianza cumplida en la persona de Jesús de Nazareth, el Cristo, el Ungido del Señor, el Hijo de Dios, que supera los profetas y patriarcas del Antiguo Testamento; Dios mismo en persona que viene a saciar el hambre material y espiritual de sus hijos, especialmente de los más necesitados. Él no sólo viene a multiplicar y dar el pan a los que tienen hambre, sino que Él mismo es "el Pan Vivo bajado del cielo" que se da como comida a sus discípulos. (Jn. 6,1-ss). Así entramos en el segundo signo de este evangelio de hoy; el signo eucarístico, porque estos panes y peces multiplicados por Nuestro Señor Jesucristo prefiguran la última Cena y la presencia de Jesús en la Eucaristía. La forma como se narra que Jesús tomó el pan y los peces y los bendijo levantando los ojos al cielo, hace recordar las palabras de la cena pascual y aquel mandato del Señor: "haced esto en memoria mía". Es decir, cada vez que celebren la eucaristía Él se hará presente en el pan y el vino; signo real de su presencia, de su amor para todos los hombres que pueden saciarse con su Cuerpo y Sangre como alimento de vida eterna. Es un regalo inigualable que de manera especial los cristianos católicos debemos cada día valorar, meditar a profundidad y sobre todo recibir en cada misa con verdadera disposición y profunda fe. La multiplicación de los panes, por tanto, alude al sacramento de la Eucaristía, como el alimento nuevo y definitivo del Pueblo de Dios y prefigura el banquete del Reino de Dios, en los últimos tiempos, inaugurado en la persona y obra de Jesucristo.
El signo eclesial también se hace presente en la narración del evangelio de hoy; es decir, la misión y tarea de la Iglesia, de la comunidad cristiana en medio del mundo, que es anunciar la Buena Noticia del evangelio a todos los hombres, anuncio que se resume en el amor a Dios y al prójimo. Junto a la proclamación del evangelio, los cristianos no podemos ser indiferentes ante los graves problemas de la sociedad: corrupción, injusticia, pobreza, hambre y, por eso, los cristianos católicos no sólo debemos predicar el evangelio, sino vivirlo en la ayuda a los más necesitados. Hoy, en el Siglo XXI, escandaliza y alarma que hayan personas que pasen hambre, que mueran por desnutrición, que no tengan nada que comer durante un día y ante esto, los discípulos de Cristo no podemos no podemos callar y muchos menos ser indolentes. Estamos llamados a llevar a nuestros hermanos a que se acerquen al banquete eucarístico, para que sacien su hambre espiritual, pero a quien lo requiera y en la medida de nuestras posibilidades, ayudar a que encuentren y tengan el pan material y cuando sea necesario y este problema supere nuestras fuerzas llamar la atención de aquellos que tienen el poder político y económico para que tomen medidas justas y ningún hermano nuestro pase necesidad. El "denles ustedes de comer" es una doble exhortación que nos hace hoy El Señor.
IDA Y RETORNO: Desde mañana y hasta el domingo 14 de agosto los seminaristas de nuestra Arquidiócesis, acompañados de los padres formadores, realizarán la labor evangelizadora en la Parroquia San José de Canoabo. Oremos al Señor, para que las personas que reciban el anuncio del evangelio puedan experimentar la alegría y la paz de aquellos que siguen y sirven al Señor. Agradecemos al Padre Alexis Medina y a la Comunidad parroquial de Canoabo su receptividad y apoyo en esta tarea de Nuestro Seminario de Valencia. Que esto sirva también de crecimiento espiritual y vocacional para los futuros sacerdotes.

Ilustración: Juan de Flandes,"El milagro de los panes y los peces".