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lunes, 15 de agosto de 2011

PERSISTENCIA INFINITA


NOTITARDE, Valencia, 14 de Agosto de 2011
"Mujer, ¡Qué grande es tu fe!" (Mt. 15, 21-28)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este domingo nos presenta a una mujer extranjera pidiendo encarecidamente a Jesús que sane a su hija que tiene un demonio. Al final por la insistencia y argumentos de la mujer Jesús alaba su fe y escucha su petición.
Es interesante ver los personajes que actúan en la escena que nos presenta el evangelio y el desenlace de la misma. En primer lugar, está Jesús, el Maestro, su fama se iba extendiendo por hacer milagros y presentarse como el Mesías esperado; le siguen sus apóstoles y discípulos y en el caso que nos ocupa está una mujer y extranjera, las dos cosas son significativas, era mujer y no pertenecía al pueblo de Israel, al pueblo de la Alianza. La mujer se acerca a Jesús y le grita: "Señor, Hijo de David, ten compasión de mí". Según la ley judía ningún maestro judío podía entablar conversación con una mujer, a menos que estuviera presente su marido. Un extranjero (pagano o gentil) era considerado impuro y quien entrara en contacto con un pagano quedaba impuro. Los discípulos le piden a Jesús que la "despidiera", que le dijera "que se fuera", pero el despedir en griego significa que se vaya con lo que pide; es decir, atenderla y socorrerla, pero, en un primer momento Jesús hace hincapié que Él ha venido a las ovejas perdidas de Israel, es decir, para los judíos y no para los paganos; como buen pedagogo busca llamar la atención y transmitir al final el verdadero rostro de Dios que no hace diferencia de personas y rompe las barreras culturales, sociales y políticas y atiende con amor a sus hijos.
La mujer extranjera se acerca a Jesús con fe, la forma como lo llama gritándole atestigua su fe, lo llama "Señor", es decir, lo reconoce como Dios, es un título que implica divinidad y lo llama "Hijo de David", expresión que señalaba al Mesías esperado y anunciado por los profetas, descendiente del Rey David. Ante el primer rechazo de Jesús, la mujer se arrodilla (lo cual significa reconocer su dignidad como Dios) y le suplica, Jesús intencionalmente entabla con ella una conversación dialéctica interesante. Hay que recordar que la mujer no solo era extranjera, sino cananea, los cananeos fueron aquellos que expulsó el pueblo de Israel cuando se estableció en la actual Palestina, ya que eran considerados personas sin piedad o sin creencias. Del diálogo de Jesús con aquella mujer sale triunfante ésta y Jesús alaba su fe y le concede aquello que suplicaba con insistencia. Así da una nueva lección a quienes le seguían, lo veían y escuchaban. Este diálogo, hace recordar, salvando las distancias, el primer milagro que Jesús realizó en las bodas de Caná por mediación de su Madre, la Santísima Virgen María.
La que era seguramente llamada la "Cananea" o reconocida como tal, se presenta ahora ingeniosa y con profundidad de fe, tanto es así que hasta el Maestro y Mesías, lo reconoce y alaba su fe. Así deja ver claro Jesús que Dios atiende las súplicas de todos sus hijos y sobre todo de aquellos que le buscan con fe profunda y sincera y no importando condición social alguna.
Lo que queda claro es evidente: Ahora para pertenecer al nuevo pueblo de Dios, inaugurado en la persona de Cristo, no se da por la sangre ni por la raza, ni por el color ni el sexo, ni condición social alguna, como venía sucediendo hasta ahora, sino que ahora se da por la fe en la persona de Cristo, Dios y Salvador de la humanidad. Así nació la Iglesia Católica, con esta apertura "universal", con la propuesta de Jesús que abarca a toda la humanidad. La Iglesia se extendió del mundo judío al mundo pagano y hasta nuestros días es la Iglesia misionera, obediente al mandato de su Señor que quiere que todos los hombres se salven. (1Tim. 2,4).
La lección que nos da la mujer cananea hoy es un reto para nuestra fe, para nuestra forma de suplicar y hablar con Dios; para verificar hasta que puntos somos perseverantes o por lo contrario si caemos en la actitud derrotista, conformista o pesimista. Quien tiene a Dios no vacila, confía, cree, todo lo espera y puede junto con Él. Necesitamos alcanzar una oración llena de fe, que supere las adversidades, que no desmaye en los momentos de crisis, sino que se mantenga firme y esperanzada en su Dios y Señor.
IDA Y RETORNO: Lo anunciado el domingo pasado se realiza hoy en Canoabo. Dios bendiga a nuestro Seminario de Valencia.
Hoy nuestro Arzobispo está cumpliendo 35 años de sacerdocio; Mons. José Jiménez, Mons. Roberto Sipols y Pbro. Óscar Martínez están cumpliendo 28 años. Mañana varios de los sacerdotes de nuestra Arquidiócesis estaremos cumpliendo un aniversario más de nuestra ordenación sacerdotal, día que celebramos con alegría y gratitud al Señor que nos ha elegido para ser sus testigos en medio del mundo. Padres: Rudy Rajk (26), Raúl Urbina (24), Julio Rodríguez (23), Pedro de Freitas, Arturo Uzcátegui, Óscar Monzón (22), Arturo Kannee, Carlos León (20), Luís Pinto, Kafka Pirela (18), Luís Padrón, Joel Núñez (16) y Miguel Pirela 14 años de servicio a Cristo y su Iglesia.
pjoel_l5895@hotmail.com

Ilustración: Juan de Flandes, "Cristo e la cananea" (1500)

domingo, 31 de julio de 2011

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NOTITARDE, Valencia, 31 de Julio de 2011
"Denles ustedes de comer" (Mt. 14, 13-21)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este domingo nos narra la primera multiplicación de los panes que realizó Jesús para saciar el hambre de la multitud que lo seguía y aumentar la fe de sus discípulos en Él.
Este evangelio nos presenta tres signos que nos dan la clave de su interpretación: 1. Signo mesiánico. 2. Signo eucarístico. 3. Signo eclesial.
La multiplicación de los panes hace ver y recordar un signo del mesías prometido por los profetas y prefigurado en el Antiguo Testamento. Jesús está cerca de los pobres y de los hambrientos del pan material y espiritual. Sacia el hambre de más de cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. Esto hace que Jesús se presente superior a Moisés a través del cual Dios dio el maná al pueblo de Israel (Ex. 16, 1-ss), superior a Elías, el gran profeta, que multiplicó el aceite y la harina a la viuda de Sarepta (1 Re. 17, 7-16), superior a Eliseo que multiplicó los panes de cebada en Guilgal (2 Re. 4, 42-44). Para el Antiguo Testamento la llegada del Reino mesiánico se describe como un gran banquete comunitario, abundante, donde todos coman y queden saciados. (Is. 25, 6-10). Jesús mismo describe el Reino de los cielos como un banquete de bodas que al final es dado a los pobres y excluidos. En Is, 55,1-3, que hoy se lee en la misa como primera lectura, hay una promesa mesiánica que se cumple en Jesús. Dios alimentará a los pobres que esperan en Él mediante el trigo, el agua, vino y leche abundante. Es la promesa de Dios, su Alianza cumplida en la persona de Jesús de Nazareth, el Cristo, el Ungido del Señor, el Hijo de Dios, que supera los profetas y patriarcas del Antiguo Testamento; Dios mismo en persona que viene a saciar el hambre material y espiritual de sus hijos, especialmente de los más necesitados. Él no sólo viene a multiplicar y dar el pan a los que tienen hambre, sino que Él mismo es "el Pan Vivo bajado del cielo" que se da como comida a sus discípulos. (Jn. 6,1-ss). Así entramos en el segundo signo de este evangelio de hoy; el signo eucarístico, porque estos panes y peces multiplicados por Nuestro Señor Jesucristo prefiguran la última Cena y la presencia de Jesús en la Eucaristía. La forma como se narra que Jesús tomó el pan y los peces y los bendijo levantando los ojos al cielo, hace recordar las palabras de la cena pascual y aquel mandato del Señor: "haced esto en memoria mía". Es decir, cada vez que celebren la eucaristía Él se hará presente en el pan y el vino; signo real de su presencia, de su amor para todos los hombres que pueden saciarse con su Cuerpo y Sangre como alimento de vida eterna. Es un regalo inigualable que de manera especial los cristianos católicos debemos cada día valorar, meditar a profundidad y sobre todo recibir en cada misa con verdadera disposición y profunda fe. La multiplicación de los panes, por tanto, alude al sacramento de la Eucaristía, como el alimento nuevo y definitivo del Pueblo de Dios y prefigura el banquete del Reino de Dios, en los últimos tiempos, inaugurado en la persona y obra de Jesucristo.
El signo eclesial también se hace presente en la narración del evangelio de hoy; es decir, la misión y tarea de la Iglesia, de la comunidad cristiana en medio del mundo, que es anunciar la Buena Noticia del evangelio a todos los hombres, anuncio que se resume en el amor a Dios y al prójimo. Junto a la proclamación del evangelio, los cristianos no podemos ser indiferentes ante los graves problemas de la sociedad: corrupción, injusticia, pobreza, hambre y, por eso, los cristianos católicos no sólo debemos predicar el evangelio, sino vivirlo en la ayuda a los más necesitados. Hoy, en el Siglo XXI, escandaliza y alarma que hayan personas que pasen hambre, que mueran por desnutrición, que no tengan nada que comer durante un día y ante esto, los discípulos de Cristo no podemos no podemos callar y muchos menos ser indolentes. Estamos llamados a llevar a nuestros hermanos a que se acerquen al banquete eucarístico, para que sacien su hambre espiritual, pero a quien lo requiera y en la medida de nuestras posibilidades, ayudar a que encuentren y tengan el pan material y cuando sea necesario y este problema supere nuestras fuerzas llamar la atención de aquellos que tienen el poder político y económico para que tomen medidas justas y ningún hermano nuestro pase necesidad. El "denles ustedes de comer" es una doble exhortación que nos hace hoy El Señor.
IDA Y RETORNO: Desde mañana y hasta el domingo 14 de agosto los seminaristas de nuestra Arquidiócesis, acompañados de los padres formadores, realizarán la labor evangelizadora en la Parroquia San José de Canoabo. Oremos al Señor, para que las personas que reciban el anuncio del evangelio puedan experimentar la alegría y la paz de aquellos que siguen y sirven al Señor. Agradecemos al Padre Alexis Medina y a la Comunidad parroquial de Canoabo su receptividad y apoyo en esta tarea de Nuestro Seminario de Valencia. Que esto sirva también de crecimiento espiritual y vocacional para los futuros sacerdotes.

Ilustración: Juan de Flandes,"El milagro de los panes y los peces".