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sábado, 9 de noviembre de 2019

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Evangelio Dominical: El Dios de vivos
José Martínez de Toda, S.J.

El Domingo 32 del Tiempo Ordinario, del año C, se proclama el Evangelio de San Lucas, 20, 27-38.  El P. José Martínez de Toda S.J. (Venezuela) nos comparte en este espacio su comentario dialogado sobre la lectura bíblica para el domingo 10 de noviembre.

"El Dios de vivos"

¿Mujer de 7 maridos?

Pregunta 1– ¿Habrá vida eterna o no?

Escucha esta historia: < Un turista visitó a Hofetz Chaim, rabino polaco del s. XIX. Se quedó asombrado al ver que su casa sólo consistía en una habitación sencilla llena de libros con una mesa y un banco. Y le preguntó: - "Rabino, ¿dónde están los muebles?"

- "¿Y dónde están los de Vd?", replicó el rabino.

- "¿Los míos? Yo solo voy de paso", contestó el turista.

-"También yo", replicó el rabino>. Una de las características del mensaje de Jesús fue la esperanza para después de la muerte, que aparece en los últimos libros de la Biblia.

Pregunta 2– Pero Jesús dijo que sí había vida eterna. Los saduceos que no. ¿De parte de quién nos ponemos? ¿Quiénes eran los saduceos?

Los saduceos surgieron doscientos años antes de Jesús. Constituyeron un grupo aristocrático, al que se integraron sacerdotes, levitas, terratenientes y mercaderes. Era gente influyente y poderosa. Ligados al poder romano y a sus beneficios económicos, defendían que la recompensa de Dios sólo se obtenía en esta tierra, precisamente en forma de buena posición, de dinero y privilegios. Por ello decían que no necesitaban de ningún cielo en la otra vida ni de ningún Mesías. En cambio, el pobre, el marginado, el enfermo... son malditos de Dios. Eran enemigos de los fariseos, pero ambos se oponían a Jesús.

Pregunta 3– Los saduceos quieren entrampar a Jesús con una pregunta sobre la resurrección. ¿Qué pregunta le hacen a Jesús?

Le hacen una pregunta tramposa sobre la otra vida, para hacer ver que no puede haber resurrección. Para ello citan la ley del levirato de Moisés (Deut. 25:5-6). Ella dice:

"Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano". La ley era para proteger a las viudas sin hijos (una mujer sin varón y sin hijos no era nadie).

Y aquí viene la trampa: "Pero si el hermano muere y la viuda se casa con otro hermano, y así hasta con siete hermanos, ¿de cuál de ellos será mujer en la otra vida?"

Y ya que es ridículo que la viuda tenga siete maridos en el cielo, los saduceos concluyen que un cielo así es imposible, y por lo tanto no hay resurrección.

Pregunta 4– ¿Cómo responde Jesús?

Jesús asegura: hay resurrección. En la resurrección de Lázaro dirá enfáticamente:

"Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá".

Y ahora añade: "Aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza" (v. 37). Cuando Moisés se encuentra con Dios en la zarza, ya habían muerto hacía mucho tiempo Abraham, Isaac y Jacob, pero Dios habló de ellos entonces, como si todavía estuvieran vivos.

Allí no habrá sexo para procrear. Lo de tener mujer es por razón de los hijos.

Hay resurrección, porque Dios es Dios de vivos. Dios nos ha creado para la vida y no para la extinción definitiva. Dios no nos echa a la vida como burbujas de jabón: ahora están, mañana no. Dios nos da la vida aún más allá de esta existencia terrena.

Sin embargo, es una resurrección distinta de la que los saduceos suponen. La vida eterna es distinta de la terrena. En 'este siglo' la procreación sexual es necesaria para mantener la raza humana, pues aquí la gente se muere, y hay que traer relevos. Pero en la otra vida nadie muere y nadie nace. Por eso allí no hace falta casarse ni levantarse de noche a atender el bebé, ni depender el hombre de la mujer ni viceversa. Seremos libres, como los ángeles, porque las relaciones son abiertas y sin ningún impedimento.

Pregunta 5– Pero una vida así sin sexo, ¿no será aburrida y monótona?

Nada de eso. La vida en la resurrección estará llena de alegrías, que ahora no podemos ni comprender. Y serán mayores que las de aquí abajo. Así nos lo asegura S. Pablo:

"Ni ojo vio, ni oído oyó, ni corazón humano puede entender lo que Dios ha preparado a los que le aman". (1 Cor 2:9). Así lo imaginó Jesús en tantas parábolas de bodas: La imagen del banquete de boda con la casa a rebosar fue la imagen central, cuando Jesús hablaba del futuro (Mateo 22, 1-14). El "cielo" será una fiesta sin fin.

Entonces los seres humanos verán a Dios con sus ojos, se repartirá la herencia, se oirán risas de fiesta, la familia de Dios se sentará a la mesa del Padre, se partirá el pan de la vida. Y todo cambiará: los últimos serán los primeros, los pobres dejarán de serlo, los hambrientos serán saciados. Según Jesús, todo lo anunciado comienza ya en la tierra, como un atisbo de lo que será en plenitud. Sólo el lenguaje del amor puede adentrarnos en lo que el cielo significa, porque la aspiración más radical que tenemos es poder amar y poder ser amado de manera plena, íntima y total. Y para esto el sexo no es imprescindible.

Tampoco hay reencarnación, donde se repitan las dependencias de 'esta vida'.

Pregunta 6– ¿Podemos prever lo que nos espera?

Es muy difícil preverlo. Aquí hay algunas comparaciones:

Una oruga en forma de gusanillo, un día se transformará en una bella mariposa de mil colores. Si lo supiera cuando es oruga, desearía esa transformación ya, sin esperar.

Tampoco el feto puede sospechar lo que le espera fuera.

Y el niño de dos años tampoco puede imaginarse lo que le espera dentro de 20 años.

Pregunta 7– ¿Habla la Biblia de la resurrección?

La palabra 'resurrección' no aparece en el AT, pero los principios del concepto se encuentran allí: "Ya sin carne veré a Dios" (Job 19:26); "No entregarás mi vida al Abismo" (Salmo 16:10); "Dios me arrancará de las garras del Abismo" (Salmo 49:16); "El Señor aniquilará la muerte para siempre" (Is 25:8); "¡Vivirán tus muertos, tus cadáveres se alzarán, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! (Is 26:19); "Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida eterna, otros para ignominia perpetua" (Dn 12:2).

La primera vez que se plantea la resurrección de los muertos y la inmortalidad individual, es en los libros de los Macabeos (2 Macabeos 12, 41-46; 14, 46). (1ª Lectura de hoy). Frente a la muerte de los guerrilleros israelitas, que combatieron por la liberación de su pueblo contra tropas extranjeras, el pueblo comenzó a intuir que los mártires de la liberación nacional serían resucitados por Dios. Aquellos héroes no podían estar definitivamente muertos, y que su resurrección era necesaria.

Fuente:
Ilustración: Stanley Spencer. 

domingo, 6 de noviembre de 2016

SOLO DE PASO

Evangelio Dominical: El Dios de vivos
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el 32° Domingo del Teimpo Ordinario, Ciclo C, correspondiente al 6 noviembre 2016.  La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas  20, 27-38.

¿Mujer de 7 maridos?
Pregunta 1 – ¿Habrá vida eterna o no?
Escucha esta historia: < Un turista visitó a Hofetz Chaim, rabino polaco del s. XIX. Se quedó asombrado al ver que su casa sólo consistía en una habitación sencilla llena de libros con una mesa y un banco. Y le preguntó: - "Rabino, ¿dónde están los muebles?"
- "¿Y dónde están los de Vd?", replicó el rabino.
- "¿Los míos? Yo solo voy de paso", contestó el turista.
-"También yo", replicó el rabino>. Una de las características del mensaje de Jesús fue la esperanza para después de la muerte, que aparece en los últimos libros de la Biblia.

Pregunta 2 – Pero Jesús dijo que sí había vida eterna. Los saduceos que no. ¿De parte de quién nos ponemos? ¿Quiénes eran los saduceos?
Los saduceos surgieron doscientos años antes de Jesús. Constituyeron un grupo aristocrático, al que se integraron sacerdotes, levitas, terratenientes y mercaderes. Era gente influyente y poderosa. Ligados al poder romano y a sus beneficios económicos, defendían que la recompensa de Dios sólo se obtenía en esta tierra, precisamente en forma de buena posición, de dinero y privilegios. Por ello decían que no necesitaban de ningún cielo en la otra vida ni de ningún Mesías. En cambio, el pobre, el marginado, el enfermo... son malditos de Dios. Eran enemigos de los fariseos, pero ambos se oponían a Jesús.

Pregunta 3 – Los saduceos quieren entrampar a Jesús con una pregunta sobre la resurrección. ¿Qué pregunta le hacen a Jesús?
Le hacen una pregunta tramposa sobre la otra vida, para hacer ver que no puede haber resurrección. Para ello citan la ley del levirato de Moisés (Deut. 25:5-6). Ella dice:
"Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano". La ley era para proteger a las viudas sin hijos (una mujer sin varón y sin hijos no era nadie).
Y aquí viene la trampa: "Pero si el hermano muere y la viuda se casa con otro hermano, y así hasta con siete hermanos, ¿de cuál de ellos será mujer en la otra vida?"
Y ya que es ridículo que la viuda tenga siete maridos en el cielo, los saduceos concluyen que un cielo así es imposible, y por lo tanto no hay resurrección.

Pregunta 4 – ¿Cómo responde Jesús?
Jesús asegura: hay resurrección. En la resurrección de Lázaro dirá enfáticamente:
"Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá".
Y ahora añade: "Aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza" (v. 37). Cuando Moisés se encuentra con Dios en la zarza, ya habían muerto hacía mucho tiempo Abraham, Isaac y Jacob, pero Dios habló de ellos entonces, como si todavía estuvieran vivos.
Allí no habrá sexo para procrear. Lo de tener mujer es por razón de los hijos.
Hay resurrección, porque Dios es Dios de vivos. Dios nos ha creado para la vida y no para la extinción definitiva. Dios no nos echa a la vida como burbujas de jabón: ahora están, mañana no. Dios nos da la vida aún más allá de esta existencia terrena.
Sin embargo, es una resurrección distinta de la que los saduceos suponen. La vida eterna es distinta de la terrena. En 'este siglo' la procreación sexual es necesaria para mantener la raza humana, pues aquí la gente se muere, y hay que traer relevos. Pero en la otra vida nadie muere y nadie nace. Por eso allí no hace falta casarse ni levantarse de noche a atender el bebé, ni depender el hombre de la mujer ni viceversa. Seremos libres, como los ángeles, porque las relaciones son abiertas y sin ningún impedimento.

Pregunta 5 – Pero una vida así sin sexo, ¿no será aburrida y monótona?
Nada de eso. La vida en la resurrección estará llena de alegrías, que ahora no podemos ni comprender. Y serán mayores que las de aquí abajo. Así nos lo asegura S. Pablo:
"Ni ojo vio, ni oído oyó, ni corazón humano puede entender lo que Dios ha preparado a los que le aman". (1 Cor 2:9). Así lo imaginó Jesús en tantas parábolas de bodas: La imagen del banquete de boda con la casa a rebosar fue la imagen central, cuando Jesús hablaba del futuro (Mateo 22, 1-14). El "cielo" será una fiesta sin fin.
Entonces los seres humanos verán a Dios con sus ojos, se repartirá la herencia, se oirán risas de fiesta, la familia de Dios se sentará a la mesa del Padre, se partirá el pan de la vida. Y todo cambiará: los últimos serán los primeros, los pobres dejarán de serlo, los hambrientos serán saciados. Según Jesús, todo lo anunciado comienza ya en la tierra, como un atisbo de lo que será en plenitud. Sólo el lenguaje del amor puede adentrarnos en lo que el cielo significa, porque la aspiración más radical que tenemos es poder amar y poder ser amado de manera plena, íntima y total. Y para esto el sexo no es imprescindible.
Tampoco hay reencarnación, donde se repitan las dependencias de 'esta vida'.

Pregunta 6 – ¿Podemos prever lo que nos espera?
Es muy difícil preverlo. Aquí hay algunas comparaciones:
Una oruga en forma de gusanillo, un día se transformará en una bella mariposa de mil colores. Si lo supiera cuando es oruga, desearía esa transformación ya, sin esperar.
Tampoco el feto puede sospechar lo que le espera fuera.
Y el niño de dos años tampoco puede imaginarse lo que le espera dentro de 20 años.

Pregunta 7 – ¿Habla la Biblia de la resurrección?
La palabra 'resurrección' no aparece en el AT, pero los principios del concepto se encuentran allí: "Ya sin carne veré a Dios" (Job 19:26); "No entregarás mi vida al Abismo" (Salmo 16:10); "Dios me arrancará de las garras del Abismo" (Salmo 49:16); "El Señor aniquilará la muerte para siempre" (Is 25:8); "¡Vivirán tus muertos, tus cadáveres se alzarán, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! (Is 26:19); "Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida eterna, otros para ignominia perpetua" (Dn 12:2).
La primera vez que se plantea la resurrección de los muertos y la inmortalidad individual, es en los libros de los Macabeos (2 Macabeos 12, 41-46; 14, 46). (1ª Lectura de hoy). Frente a la muerte de los guerrilleros israelitas, que combatieron por la liberación de su pueblo contra tropas extranjeras, el pueblo comenzó a intuir que los mártires de la liberación nacional serían resucitados por Dios. Aquellos héroes no podían estar definitivamente muertos, y que su resurrección era necesaria.

Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-dios-vivos
Cfr.
Marcos Rodríguez: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-20-27-38_MR-C.htm
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/buena-nueva-casados-cielo
Ilustración: Sigurbjörn Jónsson.

DISTANCIADOS, PERO ALIADOS

NOTITARDE, Valencia, 6 de noviembre de 2016
 "Caminando con Cristo"
“Creo en la Resurrección…” (Lc.20, 27-38)
Joel de Jesús Núñez Flautes

Todos los domingos, en el credo de la misa, los cristianos católicos, entre otros aspectos que definen nuestra fe, decimos que “creemos en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro”. Creemos que la muerte no tiene la última palabra sobre el ser humano, creemos que hay una vida después de esta vida y lo creemos porque Dios desde el Antiguo Testamento (2 Ma. 7,1-2.9-14 ; Dn.12,2-ss ; Sab. 3,1-ss) se manifiesta como un Dios de vivos y no de muertos, lo creemos porque Cristo lo dijo expresamente en su predicación pública, como lo podemos ver en el evangelio de hoy, y porque su palabra es confirmada por lo que Él mismo experimentó: resucitó al tercer día y con esto destruyó el poder de la muerte.
En el evangelio de hoy aparecen los saduceos, que a diferencia de los fariseos, no creían en la resurrección de los muertos, sus miembros provenían de las familias sacerdotales judías y gente de la aristocracia de entonces; se acomodaban al poder para lograr sus intereses, en ese momento al imperio romano. Paradójicamente, aunque se distanciaban en creencias y doctrina de los fariseos, se aliaban con estos para enfrentar a Jesús. Tenían dominio sobre el Sanedrín (autoridad suprema en temas religiosos, presidido por el Sumo Sacerdote), ya que de su seno era elegido el Sumo Sacerdote. Pues bien, un grupo de saduceos quiere ridiculizar a Jesús con el tema de la resurrección presentándole el caso de una mujer que fue enviudando y llegó a casarse siete veces; ¿de quién de ellos será esposa en la vida eterna? Jesús afirma rotundamente la resurrección de los muertos y deja claro que en la vida futura ya no será importante la vida en pareja, como sucede en este mundo, los resucitados serán como ángeles y frente a la majestad de Dios que contemplarán eternamente todo queda relativizado, todo lo llenará ese ver a Dios que es la cumbre de la felicidad del ser humano.
IDA Y RETORNO: 13 de Noviembre día de nuestra Patrona.

Fuente:
http://www.notitarde.com/Creo-en-la-Resurreccion%E2%80%A6-Lc20-27-38/Columnistas-del-Dia/2016/11/06/1034985
Cfr.
Enrique Martínez Lozano: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-EML_86-lc-21-5-19.htm
Mons. Antonio José López Castillo: http://www.elimpulso.com/opinion/arquidiocesana/arquidiocesana-vida-eterna
Ilustración: Michelangelo Merisi da Caravaggio.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

ESCENA DE ETERNIDAD

NOTITARDE, Valencia, 10 de noviembre de 2013
"Caminando con Cristo"
"Creo en la resurrección…" (Lc.20, 27-38)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Todos los domingos, en el credo de la misa, los cristianos católicos, entre otros aspectos que definen nuestra fe, decimos que "creemos en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro". Creemos que la muerte no tiene la última palabra sobre el ser humano, creemos que hay una vida después de esta vida y lo creemos porque Dios desde el Antiguo Testamento (2 M. 7,1-2.9-14 ; Dn.12,2-ss ; Sab. 3,1-ss) se manifiesta como un Dios de vivos y no de muertos, lo creemos no sólo porque Cristo lo dijo expresamente en su predicación pública, como lo podemos constatar en el evangelio de hoy, sino también porque su palabra es confirmada por lo que Él mismo experimentó: resucitó al tercer día y con esto destruyó el poder de la muerte.
Pero vamos por parte con respecto a la escena que nos presenta el evangelio de hoy. Aparecen los saduceos que era otro de los grupos religiosos influyentes en tiempo de Jesús, que a diferencia de los fariseos no creían en la resurrección de los muertos, sus miembros provenían de las familias sacerdotales judías y gente de la aristocracia de entonces; se acomodaban al poder para lograr sus intereses, en ese momento al imperio romano. Paradójicamente, aunque se distanciaban en creencias y doctrina de los fariseos, se aliaban con estos para hacer frente a Jesús. Tenían dominio sobre el Sanedrín (autoridad suprema en temas religiosos, presidido por el Sumo Sacerdote), ya que de su seno salía o era elegido el Sumo Sacerdote. Pues bien, un grupo de saduceos quiere ridiculizar a Jesús con el tema de la resurrección presentándole el caso de una mujer que fue enviudando y llegó a casarse siete veces; ¿de quién de ellos será esposa en la vida eterna? Jesús afirma rotundamente la resurrección de los muertos y deja claro que en la vida futura ya no será importante la vida en pareja, como sucede en este mundo, los resucitados serán como ángeles y frente a la majestad de Dios que contemplarán eternamente todo queda relativizado, todo lo llenará ese ver a Dios que es la cumbre de la felicidad a la que aspira todo ser humano. A esa primera respuesta de Jesús a los saduceos, agrega que "Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos están vivos". Sin embargo, Jesús no nos revela la totalidad, el cómo o la forma de esta resurrección; nos la anuncia, nos la proclama como un dogma y lo sella con su propia vida; pero sigue siendo un misterio al que sólo podemos acceder por la fe. Son tantos los pasajes y las referencias con las que Cristo alienta nuestra fe en la vida futura, en la resurrección: "Yo soy el Pan de Vida, quien come mi carne y bebe mi sangre tendrá vida eterna", "El que cree en mí aunque haya muerto vivirá y yo lo resucitaré en el último día". "Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí no morirá para siempre" y otros más. El mensaje es esperanzador para nosotros los cristianos, que creemos en Cristo, damos fe a sus palabras y experimentamos como cualquier otro que el ser humano tiene inscritos en sus ser el deseo de inmortalidad, no se resiste a morir, nadie quiere la muerte. Sin embargo, lo más natural y seguro es la muerte física, pero el corazón y la razón humana desvelan una verdad: El hombre está hecho para la inmortalidad. Esa vida que nació de Dios, se dirige hacia Él, nuestro fin está en Dios, en vivir eternamente con Él y para Él. Esta es nuestra fe cristiana católica. Si todo terminara con la muerte seríamos los hombres más desdichados, la vida sería una labor inútil; si la muerte tuviera la última palabra, de nada valdría la pena existir. Pero no es así, Dios ha hecho al hombre inmortal, lo llama a vivir para siempre a su lado. Ahora bien, la vida futura, la vida eterna, comienza en esta vida. Es viviendo el presente, el aquí y el ahora; siendo fieles a los mandamientos de Dios, conduciendo nuestra vida según su Palabra, viviendo en la fe, en la esperanza, pero sobre todo en el amor como podremos alcanzar la vida eterna.
IDA Y RETORNO: Desde ayer Valencia cuenta con tres nuevos sacerdotes: Wilfredo González, Luís Pérez y Luís Méndez. Cristo haga fecundo su ministerio sacerdotal.
El 13 de noviembre es la solemnidad de Nuestra Señora del Socorro de Valencia, ese día tendremos la misa solemne en el Forum de Valencia a las 10:00 am, presidida por nuestro Arzobispo Mons. Reinaldo Del Prette y concelebrada por los sacerdotes de nuestra Arquidiócesis. Éste mismo día, en el José Bernardo Pérez de Valencia se le rendirá tributo también a nuestra patrona y el Sr. Arzobispo hará el primer lanzamiento en el juego que será entre Tiburones de La Guaira y Navegantes del Magallanes. El día 12 en la Catedral, en las vísperas solemnes a las 5:30 pm estará el Seminario de Valencia rindiendo honores a su patrona y participando de la Eucaristía. Los invitamos a participar y rendir tributo a la Madre de Dios y Madre Nuestra en la advocación "Del Socorro de Valencia". Que Ella nos bendiga y acerque siempre a su Hijo Jesús. Que su Socorro poderoso sea remedio a nuestro mal.

Ilustración: Rogelio Polesello.

APERTURA

Decisión de cada uno
José Antonio Pagola

Jesús no se dedicó a hablar mucho de la vida eterna. No pretende engañar a nadie haciendo descripciones fantasiosas de la vida más allá de la muerte. Sin embargo, su vida entera despierta esperanza. Vive aliviando el sufrimiento y liberando del miedo a la gente. Contagia una confianza total en Dios. Su pasión es hacer la vida más humana y dichosa para todos, tal como la quiere el Padre de todos.
Solo cuando un grupo de saduceos se le acerca con la idea de ridiculizar la fe en la resurrección, a Jesús le brota de su corazón creyente la convicción que sostiene y alienta su vida entera: Dios “no es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos son vivos”.
Su fe es sencilla. Es verdad que nosotros lloramos a nuestros seres queridos porque, al morir, los hemos perdido aquí en la tierra, pero Jesús no puede ni imaginarse que a Dios se le vayan muriendo esos hijos suyos a los que tanto ama. No puede ser. Dios está compartiendo su vida con ellos porque los ha acogido en su amor insondable.
El rasgo más preocupante de nuestro tiempo es la crisis de esperanza. Hemos perdido el horizonte de un Futuro último y las pequeñas esperanzas de esta vida no terminan de consolarnos. Este vacío de esperanza está generando en bastantes la pérdida de confianza en la vida. Nada merece la pena. Es fácil entonces el nihilismo total.
Estos tiempos de desesperanza, ¿no nos están pidiendo a todos, creyentes y no creyentes, hacernos las preguntas más radicales que llevamos dentro? Ese Dios del que muchos dudan, al que bastantes han abandonado y por el que muchos siguen preguntando, ¿no será el fundamento último en el que podemos apoyar nuestra confianza radical en la vida? Al final de todos los caminos, en el fondo de todos nuestros anhelos, en el interior de nuestros interrogantes y luchas, ¿no estará Dios como Misterio último de la salvación que andamos buscando?
La fe se nos está quedando ahí, arrinconada en algún lugar de nuestro interior, como algo poco importante, que no merece la pena cuidar ya en estos tiempos. ¿Será así? Ciertamente no es fácil creer, y es difícil no creer. Mientras tanto, el misterio último de la vida nos está pidiendo una respuesta lúcida y responsable.
Esta respuesta es decisión de cada uno. ¿Quiero borrar de mi vida toda esperanza última más allá de la muerte como una falsa ilusión que no nos ayuda a vivir? ¿Quiero permanecer abierto al Misterio último de la existencia confiando que ahí encontraremos la respuesta, la acogida y la plenitud que andamos buscando ya desde ahora?."

http://creereenti.blogspot.com/


Breve Nota LB: La fotografía corresponde al Padre Alvaro Lacasta (SJ), ya que fuimos a la misa del sábado 09/11/13, ante la dificultad de hacerlo el domingo.