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sábado, 26 de marzo de 2016

POESÍA Y RESURRECCIÓN



NOTITARDE, Valencia, 27 de marzo de 2016
Cristo resucitó: Él mal fue vencido (Jn, 20,1-9)
Joel de Jesús Núñez Flautes

Hoy Domingo de Pascua, los cristianos católicos celebramos con gozo, a través de la liturgia, la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Él con su Pasión, con su Muerte en la Cruz ha traído la Salvación para toda la humanidad. Él ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte y ha bendecido al mundo con su luz. Él ha roto las cadenas del mal y ha vencido la oscuridad del demonio, conquistando para cada ser humano la posibilidad personal, real y presente de salvarse, de recibir esa luz y esa gracia que llena completamente el corazón y la vida.
Hoy, la Iglesia universal, de manera solemne canta ¡Aleluya! y proclama ante el mundo que ¡Jesucristo, ha resucitado! Y que su victoria sobre la muerte y el mal es también nuestra victoria. Estamos en el punto de arranque de la Pascua que comenzó anoche con la Vigilia pascual, donde la Iglesia después de un prolongado silencio, meditando desde el viernes por la tarde y durante todo el día sábado en la muerte del Señor, ahora canta gloriosa su Resurrección. Es la Pascua, que se prolongará durante cincuenta días y que tendrá su culmen en Pentecostés.
La Pascua de Resurrección es el centro de la fe cristiana, como centrales son todos los domingos del año que nos recuerdan y nos actualizan por medio del milagro de la Eucaristía aquello que Cristo quiso celebrar de una vez para siempre y con lo cual selló nuestra liberación y nos señaló nuestro destino. Somos criaturas e hijos de Dios, somos llamados a vivir eternamente. Seguimos a un Dios de vivos y no a un Dios de muertos. Creemos y esperamos que después de la muerte física, nuestra vida se renueva, se transforma y por toda la eternidad estaremos con Dios. La Resurrección en definitiva es el momento álgido de la vida de Cristo y de la humanidad, porque Él le señala al hombre de todos los tiempos, cuál es su meta y destino.
IDA Y RETORNO: Feliz Pascua de Resurrección para todos.

Cfr.
Interesante texto de Ramón Ordaz, "Poesía y resurrección": http://www.elsoldemargarita.com.ve/posts/post/id:165846/Poes%C3%ADa-y-resurrecci%C3%B3n 
José Martínez de Toda (SJ): http://homiletica.org/PDF17/aahomiletica037372.html
Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/442544
 Ilustración: Marko Ivan Rupnik.

SUPRATERREDAD



Vigilia Pascual y Domingo de Resurrección
Marcos Rodríguez

El centro de esta vigilia no es un cuerpo, ni muerto ni vivo, sino el fuego y el agua. Ya tenemos la primera clave para entender lo que estamos celebrando en la liturgia más importante de todo el año. Son los dos elementos indispensables para la vida. Del fuego surgen dos cualidades sin las cuales no puede haber vida: luz y calor. El agua es el elemento fundamental para formar un ser vivo. El 80% de cualquier ser vivo, incluido el hombre, es agua.
Recordar nuestro bautismo es la clave para descubrir de qué Vida estamos hablando. Hoy, fuego y agua simbolizan a Jesús porque le recordamos VIVO.
En el prólogo del evangelio de Juan dice: “En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres”.
La vida que esta noche nos interesa, no es la física, ni la síquica, sino la espiritual y trascendente. Por no tener en cuenta la diferencia entre estas vidas, nos hemos armado un buen lío con la resurrección de Jesús.
La vida biológica no tiene ninguna importancia en lo que estamos tratando. “El que cree en mí aunque haya muerto vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre”.
La síquica tiene importancia, porque es la que nos capacita para alcanzar la espiritual. Sólo el hombre que es capaz de conocer y de amar, puede acceder a la Vida divina. Nuestra conciencia individual tiene importancia sólo como instrumento, como vehículo para alcanzar la Vida definitiva. Una vez que se llega a la meta, el vehículo es abandonado por inútil.
Lo que estamos celebrando esta noche, es la llegada de Jesús a esa meta. Jesús, como hombre, alcanzó la plenitud de Vida. Posee la Vida definitiva que es la Vida de Dios. Esa vida ya no puede perderse porque es eterna.
Podemos seguir empleando el término “resurrección”, pero creo que no es hoy el más adecuado para expresar esa realidad divina. Inconscientemente lo aplicamos a la vida biológica y sicológica, porque es lo que nosotros podemos sentir, es decir, descubrir por los sentidos.
Pero lo que hay de Dios en Jesús no se puede descubrir mirando, oyendo o palpando. Ni vivo ni muerto ni resucitado, puede nadie descubrir su divinidad. Tampoco puede ser el resultado de alguna demostración lógica. Lo divino no cae dentro del objeto de nuestra razón.
A la convicción de que Jesús está vivo, no se puede llegar por razonamientos. Lo divino que hay en Jesús, y por lo tanto su resurrección, sólo puede ser objeto de fe. Para los apóstoles como para nosotros se trata de una experiencia interior. A través del convencimiento de que Jesús les está dando VIDA, descubren que tiene que estar él VIVO. Sólo a través de la vivencia personal podemos aceptar la resurrección.
Creer en la resurrección exige haber pasado de la muerte a la Vida. Por eso tiene en esta vigilia tanta importancia el recuerdo de nuestro bautismo. Cristiano es el que está constantemente muriendo y resucitan­do. Muriendo a lo terreno y caduco, al egoísmo, y naciendo a la verdadera Vida, la divina.
Tenemos del bautismo una concepción estática que nos impide vivirlo. Creemos que hemos sido bautizados un día a una hora determinada y que allí se realizó un milagro que permanece por sí mismo. Para descubrir el error, hay que tomar conciencia de lo que es un sacramento.
Todos los sacramentos están constituidos por dos realidades: un signo y una realidad significada. El signo es lo que podemos ver oír, tocar. La realidad significada ni se ve ni se oye ni se palpa, pero está ahí siempre porque depende de Dios que está fuera del tiempo.
En el bautismo, la realidad significada es esa Vida divina que significamos para hacerla presente y vivirla. En tal día a tal hora, han hecho el signo sobre mí, pero el alcanzar y vivir lo significado es tarea de toda la vida. Todos los días tengo que estar haciendo mía esa Vida. Y el único camino para hacer mía la Vida de Dios que es AMOR, es superando el ego-ísmo, es decir amando.
DOMINGO 1º DE PASCUA
La realidad pascual es, tal vez, la más difícil de reflejar en conceptos mentales. La palabra Pascua (paso) tiene unas connotaciones bíblicas que pueden llenarla de significado, pero también nos pueden despistar y enredarnos en un nivel puramente terreno que nada nos dice de lo que estamos celebrando.
Lo mismo pasa con la palabra resurrección, también ésta nos constriñe en una connotación de vida y muerte biológicas, que nada tiene que ver con lo que pasó en Jesús y con lo que tiene que pasar en cada uno de nosotros.
La exégesis lleva muchos años aportándonos elementos de juicio que pueden ayudarnos a interpretar lo que quieren decir los textos. Reconozco que su principal tarea es negativa, es decir, nos indica los errores que hemos cometido al interpretar los relatos, por no tener en cuenta la manera de hablar de la época. Pero aún así, sus aportaciones son valiosísimas, porque nos obligan a intentar nuevas maneras de entender los textos, que pueden acercarnos al verdadero sentido de lo que nos quiere decir el Nuevo Testamento.
La Pascua bíblica fue el paso de la esclavitud a la libertad, pero entendidas de manera material y directa. También la Pascua cristiana debía tener ese efecto, pero sólo como consecuencia de su verdadero sentido.
En Jesús, Pascua significa el paso de la MUERTE a la VIDA; las dos con mayúsculas, porque no se trata ni de la muerte física ni de la vida biológica.
El evangelio de Juan lo explica muy bien en el diálogo de Jesús con Nicodemo. “Hay que nacer de nuevo”. Y “de la carne nace carne, del espíritu nace espíritu”. Sin este paso, es imposible entrar en el Reino de Dios.
Cuando el grano de trigo cae en tierra, “muriendo”, desarrolla una nueva vida que ya estaba en él en germen. Cuando ya ha crecido el nuevo tallo, no tiene sentido preguntarse qué pasó con el grano. La Vida que los discípulos descubrieron en Jesús, después de su muerte, ya estaba en él antes de morir, pero estaba velada. Sólo cuando desapareció como viviente biológico, se vieron obligados a profundizar. Al descubrir que ellos  poseían esa Vida comprendieron que era la misma que Jesús tenía antes y después de su muerte.
Teniendo esto en cuenta, podemos intentar comprender el término resurrección, que empleamos para designar lo que pasó en Jesús después de su muerte. En realidad, no pasó nada. Con relación a su Vida Espiritual, Divina, Definitiva, no está sujeta al tiempo ni al espacio, por lo tanto no puede “pasar” nada; simplemente continúa. Con relación a su vida biológica, como toda vida era contingente, limitada, finita, y no tenía más remedio que terminar. Como acabamos de decir del grano de trigo, no tiene ningún sentido preguntarnos qué pasó con su cuerpo. Un cadáver, no tiene nada que ver con la vida.
Pablo dice: Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana. Pero pensemos que un Jesús en cuerpo, saltando de la ceca a la meca, o atravesando paredes y puertas cerradas, para colocarlo después en el cielo a la derecha de Dios, no nos serviría de gran cosa.
Yo diría: Si nosotros no resucitamos, nuestra fe es vana, es decir vacía. Aquí debemos buscar el meollo de la resurrección. La Vida de Dios, manifestada en Jesús, tenemos que hacerla nuestra, aquí y ahora. Si nacemos de nuevo, si nacemos del Espíritu, esa vida es definitiva. No tenemos que temer a la muerte biológica, porque no la puede afectar para nada. Lo que nace del Espíritu es Espíritu. ¡Y nosotros empeñados en utilizar el Espíritu, para que permanezca nuestra carne!
Los discípulos pudieron experimentar como resurrección la presencia de Jesús después de su muerte, porque para ellos, efectivamente, había muerto. Y no hablamos sólo de la muerte física, sino del aniquilamiento de la figura de Jesús. La muerte en la cruz significaba precisamente esa destrucción total de una persona. Con ese castigo se intentaba que no quedase nada de ella, ni el recuerdo. Los que le siguieron entusiasmados durante un tiempo, vieron como se hacía trizas su persona. Aquel en quien habían puesto todas sus esperanzas, había terminado aniquilado por completo. Por eso la experiencia de que seguía vivo, fue para ellos una verdadera resurrección.
Hoy nosotros tenemos otra perspectiva. Sabemos que la verdadera Vida de Jesús, la divina no puede ser afectada por la muerte física, y por lo tanto, no cabe en ella ninguna resurrección. Pero con relación a la muerte biológica, no tiene sentido la resurrección, porque no añadiría nada al ser de Jesús.
Como ser humano era mortal, es decir su destino natural es la muerte. Nada ni nadie puede detener ese proceso, que no es de destrucción sino de maduración. Cuando vemos la espiga de trigo que está madurando, ¿a quién se le ocurre preguntar por el grano que la ha producido? El grano está ahí, pero desplegado en todas sus posibilidades de ser, que antes sólo eran en él, germen.
Meditación-contemplación
Si no he resucitado, mi fe sigue siendo vana.
Comprender lo que pasó en Jesús no es el objetivo.
Es sólo el medio para saber qué tiene que pasar conmigo.
También yo tengo que morir y resucitar, como Jesús.
………………..
No se trata de morir físicamente,
ni de una resurrección corporal.
Como Jesús tengo que morir al egoísmo
y nacer al verdadero amor a los demás.
…………
Día a día tengo que morir a todo lo terreno.
Día a día tengo que nacer a lo divino.
Ni muerte ni resurrección terminan mientras viva.
Pero cuanto más muera, más Vida habré conseguido.

Ilustración: Ivor Pengelly Francis.

domingo, 20 de abril de 2014

DE LA REALIDAD PLAUSIBLE

San Juan, 20: 1-9

En su homilía de hoy, el Mons. Romero (proveniente del estado Anzoátegui), entre otros aspectos, reseñaló que Jesús resucita, resucitándonos. Y, que sepa, María no hizo ningún milagro, pero fue siempre una perseverante servidora.


NOTITARDE, Valencia, 20 de abril de 2014
"Caminando con Cristo"
Cristo ha resucitado: La victoria es de Dios
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Hoy, Domingo de Pascua, los cristianos católicos celebramos con gozo, a través de la liturgia, la Resurrección de Nuestro Señor, Jesucristo. Él con su Pasión, con su Muerte en la Cruz y con su Resurrección ha traído la Salvación para toda la humanidad, para todos los hombres. Él ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte y ha bendecido al mundo con su luz. Él ha roto las cadenas del mal y ha vencido la oscuridad de la noche, conquistando para cada ser humano la posibilidad personal, real y presente de salvarse, de recibir esa luz y esa gracia que llena completamente el corazón y toda la existencia.
Hoy, la Iglesia universal, de manera solemne canta ¡Aleluya! y proclama ante el mundo que ¡Jesucristo, ha resucitado! Y que su victoria sobre la muerte y el mal es también nuestra victoria. Estamos en el punto de arranque de la Pascua que comenzó anoche con la Vigilia pascual, donde la Iglesia después de un prolongado silencio, meditando desde el viernes por la tarde y durante todo el día sábado en la muerte del Señor, ahora canta gloriosa su Resurrección; Pascua que se prolongará durante cincuenta días y que tendrá su culmen en Pentecostés o fiesta del Espíritu Santo.
La Pascua de Resurrección es el centro de la fe cristiana, como centrales son todos los domingos del año que nos recuerdan y nos actualizan por medio del milagro de la Eucaristía aquello que Cristo quiso celebrar de una vez para siempre y con lo cual selló nuestra liberación y nos señaló nuestro destino. Somos criaturas e hijos de Dios, somos llamados a la vida y para vivir eternamente. Seguimos a un Dios de vivos y no a un Dios de muertos. Creemos y esperamos que después de la muerte física, nuestra vida se renueva, se transforma y por toda la eternidad estaremos con Dios. La Resurrección en definitiva es el momento álgido de la vida de Cristo y de la humanidad, porque Él le señala al hombre de todos los tiempos, cuál es su meta, su esperanza y destino.
La Resurrección de Nuestro Señor, Jesucristo, aunque es un dato real, un acontecimiento que aconteció en nuestra historia; sin embargo, está más allá de la historia, es un hecho metahistórico y, por lo tanto, no se puede comprobar por método científico alguno; sino vivirlo y contemplarlo solo por la fe, porque es un misterio de la fe. Ahora bien, decir que no se pueda comprobar científicamente, no significa ni puede afirmarse que sea irreal o inauténtico. La Resurrección es un acontecimiento plausible, con posibilidad histórica cierta, concreta, manifestada de forma singular en la actitud cobarde y luego firme y decidida de los Apóstoles, que luego de ocultarse salen con la energía y la valentía para predicar el evangelio y extenderlo por todo el mundo hasta ese momento conocido. Realidad plausible en una Iglesia que comenzó con doce hombres, la mayoría de ellos, pescadores, trabajadores, incultos y que ahora lleva más de dos mil años de existencia y está presente en cada rincón de la tierra. Los Apóstoles se convierten en testigos que con su vida y muerte proclaman a un Cristo resucitado. Como dice San Pablo: "Si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe". ¿Qué cristianismo, qué Iglesia o qué grupo religioso hubiese superado dos mil años de historia fecunda, si Cristo resucitado nos les hubiera fortalecido con su Resurrección? ¿Qué mentira, como afirmaron los judíos, podría sobrevivir más allá del tiempo sin ser descubierta? Ésta es la plausibilidad histórica de la Resurrección, la constatación de un Dios que está vivo, que nos anima, que nos acompaña en nuestro caminar histórico y que nos promete la vida eterna, conquistada por Él en el madero de la cruz y a través de su Resurrección. Por eso, ahora los cristianos católicos no guardamos el sábado, como lo hacen los judíos; guardamos el domingo, porque ese día resucitó Jesús y nos libró de la muerte eterna. Así lo celebraron y vivieron los apóstoles y los primeros cristianos. Celebremos, pues, éste Domingo de Pascua con la alegría de saber que Cristo vive. A Él la Gloria y el Honor por los siglos de los siglos. Amén.
IDA Y RETORNO: La Comunidad del Seminario, por primera vez, celebró en su sede la Semana Santa. Otras veces los seminaristas salían a sus parroquias o una parroquia en particular a prestar el servicio litúrgico en estos días santos. Pero en vista del crecimiento urbanístico entorno al Seminario y del número de personas que asisten a nuestra Capilla; decidimos celebrar aquí la Semana Mayor y resultó todo un éxito. Previamente se formaron comunidades de lectio divina en las urbanizaciones cercanas, que se seguirán animando y fortaleciendo y esto hizo posible que la participación fuera con mucho fervor y mucha conciencia. Agradezco a todo el Equipo Formativo, a los seminaristas de Valencia, a los aspirantes al Seminario, a las personas que nos ayudaron y acompañaron por su trabajo, dedicación y entrega durante estos días. La Gloria sea para Dios. Que Él les bendiga.

Cfr.
José Martínez de Toda (SJ): http://www.jesuitas.org.co/homilias/1027.pdf
Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-en-el-mas-alla#
William Amaro Gutiérrez. "Reflexión - “Praefectus Pilato": http://elimpulso.com/articulo/reflexion-praefectus-pilato
Fotografía: LB, Misa Concelebrada, Domingo de Resurrección, Iglesia del Colegio San José de Tarbes, El Paraíso (Caracas, 20/04/14),

AUTENTIFICACIÓN

Pascua de resurrección   
Angel Moreno 

La resurrección de Cristo no depende de que la comprendamos, ni siquiera de que creamos en ella. CRISTO HA RESUCITADO, por el amor de su Padre. “Dijo el Señor a mi Señor, siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies” (Sal 109).
Porque es verdad la Resurrección de Jesucristo, y no depende del grado de emotividad que sintamos, si por este acontecimiento te dejas perdonar, en verdad la Pascua te ha alcanzado.
Hoy es Pascua para ti.
Si por el perdón que has recibido de Jesucristo, te atreves a perdonar a todos los que te han podido ofender, en verdad has entrado en la tierra de libertad y has abandonado la mayor esclavitud, la que acontece cuando nos sentimos sometidos por el odio, la envidia, la venganza o el rencor.
Si acoges dentro de ti la presencia de Cristo resucitado, hoy has salido de tu exilio y has entrado en la estancia habitada, entrañable, donde experimentarás el amor sin condiciones.
Si eres capaz de compartir tus bienes, has superado una de las idolatrías más esclavizantes, la que dicta el instinto de tener.
Si te decides a tomar el Evangelio como norma de vida, en verdad has encontrado el camino auténtico, el que te conduce a la tierra de la promesa, y has vencido al Tentador.
Si te sorprendes amando a los demás, incluso a quienes pueden hacerte sentir algún rechazo, en verdad te estás encontrando con el rostro del Resucitado.
Si das más valor a lo que no ves que a lo que ves en relación con la verdad de la resurrección de Jesucristo, estás experimentando el don de la fe, el que recibiste en el bautismo.
Por la resurrección de Jesucristo, la noche ya no es predominante, se convierte en día; la muerte pierde su veneno y deja de ser eterna, se convierte en vida; el silencio se remece de Palabra; la soledad se convierte en acompañamiento; el vacío da lugar al hallazgo fecundo; la tristeza se torno en gozo; el pecado es borrado por la gracia; las enemistades se superan con el perdón; el límite se torna horizonte; la oscuridad da paso a la luz; las heridas se transforman en testigos luminosos.
Porque Cristo ha resucitado, servir autentifica el seguimiento evangélico; perdonar no es perder. Amar no es expresión de debilidad; esperar no es tiempo perdido; orar es una auténtica relación enamorada; creer no es ilógico; acoger se convierte en sacramento; es posible comenzar de nuevo; confiar no es fruto de un carácter optimista; trascender la realidad no es espiritualismo; padecer y hasta morir es sementera.
Déjame desearte feliz Pascua de Resurrección, y que la experimentes por alguno de los motivos considerados.
Fuente:
http://www.ciudadredonda.org/articulo/pascua-de-resurreccion
Ilustración: Egino Weinert.

domingo, 31 de marzo de 2013

EL PRIMER GRITO DE FE

1
Domingo de Resurrección ABC
DIÁLOGOS sobre el Evangelio del Domingo
(especialmente para radio)
“Y vio a Jesús, que estaba allí… ¡Maestro!” ( Juan 20, 1-9 )
José Martínez de Toda, S.J.
Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).

El Evangelio del domingo de hoy narra el hecho más importante de la vida de Jesús
(su resurrección), pero que representa el regalo más grande para la humanidad. Porque la
resurrección de Jesús es el anuncio y el precedente de nuestra resurrección. Escuchémoslo.
Lectura del santo evangelio según San Juan (Juan 20, 1-18)
NARRADOR/A – El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer,
cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba
Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús y les dijo:
MAGDALENA – Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
NARRADOR/A – S alieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían
juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro;
Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo
con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el
que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido
la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. Y volvieron los discípulos a los
suyos.
Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro: y estando llorando, miró el sepulcro. Y
vio dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno a la cabecera, y el otro a los
pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron:
ANGEL – Mujer, ¿por qué lloras?
MAGDALENA – Porque se han llevado á mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
NARRADOR/A – Y como hubo dicho esto, miró atrás, y vio a Jesús que estaba allí; mas no
sabía que era Jesús. Y Jesús le dijo:
JESÚS – Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
NARRADOR/A – Ella, pensando que era el hortelano, le dice:
MAGDALENA – Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
NARRADOR/A – Jesús le dice:
JESÚS – ¡María!
NARRADOR/A – Ella se volvió y le dice:
MAGDALENA – ¡Rabboni! (que quiere decir, Maestro).
NARRADOR/A – Jesús le dice:
JESÚS – No me toques: porque aún no he subido á mi Padre: mas ve a mis hermanos, y
diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
NARRADOR/A – Fue María Magdalena dando las nuevas A los discípulos de que había
visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.

2
Pregunta 1 – ¿Cómo ocurrió la resurrección de Jesús?
Muy de madrugada del domingo, varias mujeres, de las que habían acompañado a
Jesús hasta su sepultura, quisieron volver al sepulcro. Eran María Magdalena, Salomé, María,
la madre de Santiago (Mateo 27: 56 y Marcos 16, 1), Juana y las demás mujeres que estaban
con ellas. Habían comprado bálsamos aromáticos para ungir el cuerpo de Jesús (Marcos
16:1).
Al ir camino del sepulcro, se decían una a otra: “¿Quién nos removerá la piedra de la
entrada del sepulcro?”
Pero de pronto hubo un gran terremoto. El ángel del Señor descendió del cielo,
removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura
blanca como la nieve. Los guardias temblaron y quedaron como muertos.
El ángel entró en el sepulcro, y se sentó.
Los soldados de la guardia fueron a la ciudad y dieron aviso a los principales
sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. (Mateo 28, 1-11)
Mientras tanto, las mujeres llegaron al sepulcro. Ya estaba más claro, y pudieron ver
que el sepulcro estaba abierto: la losa que debía tapar la boca del sepulcro, estaba rodada al
lado, y por allí no se veía ningún soldado.
Algunas de las mujeres, con María Magdalena, inmediatamente pensaron: “Se han
robado al Se￱or”. Se dieron media vuelta y fueron a avisar a los discípulos.
Pregunta 2 – ¿Y qué hace el grupo principal de las mujeres?
Mientras tanto, las otras mujeres se acercaron al sepulcro, y vieron dentro a dos
ángeles, uno a la cabecera y el otro a los pies del sepulcro. Los ángeles dicen a las mujeres:
- ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí; más bien, ha
resucitado. Acuérdense de lo que les dijo cuando estaba aún en Galilea: "Es
necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores,
y que sea crucificado y resucite al tercer día”. Vengan y vean el lugar donde
estaba puesto. Y vayan de prisa y digan a sus discípulos y a Pedro que ha
resucitado de entre los muertos.
Entonces ellas salieron a toda prisa del sepulcro, y corrieron a dar la noticia a sus
discípulos. Jesús les salió al encuentro, diciendo:
-¡Saludos!
Ellas se echaron a sus pies y le adoraron. Entonces Jesús les dijo:
-No teman. Vayan, den las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea. Allí me
verán.

Pregunta 3 – Mientras tanto, ¿qué pasó con María Magdalena y las otras
mujeres?
Ellas avisaron a los Apóstoles, especialmente a Pedro , y le dicen: “ Se han robado al
Señor ”.
Inmediatamente Pedro y Juan salen juntos corriendo hacia el sepulcro. Pero Juan, que
era más joven, corría más que Pedro. Así que se adelantó y llegó primero al sepulcro. Pero
esperó a Pedro.
Pregunta 4 – Muy educado este Juan, ¿no?
Sí. Y eso que Juan sabía que Pedro había negado al Señor tres veces durante la Pasión.
3
Él en cambio había acompañado a Jesús y a su madre hasta el Calvario. Esto de esperar a
Pedro es un gesto de aceptación y reconciliación.
Pero una vez que llegó Pedro, entraron los dos al sepulcro.
Vieron las vendas en el suelo (Juan 20, 6). “Y el sudario, que había estado sobre su
cabeza, no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte” (v. 7).
Los dos quedaron muy impresionados. En concreto Juan comenz￳ a creer algo: “vio y
crey￳”. Y se volvieron a casa.
A Pedro se le apareció Jesús después, dice el evangelista Lucas (24, 34) y Pablo (1
Corintios 15, 1-5).

Pregunta 5 – ¿Y qué hizo María Magdalena?
María no se quedó tranquila. Ella volvió al sepulcro. Vio a Pedro y a Juan que se iban
del sepulcro, pero ella se quedó allí llorando frente a él.
Entonces miró dentro del sepulcro. Y vio dos ángeles en ropas blancas que estaban
sentados, el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido
puesto. Pero ella no los reconoce como ángeles.
Ellos le preguntan a María: “¿ Por qué lloras ?”, y ella explica con las lágrimas en sus
ojos: “ Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto ” (v. 13).
Entonces María se vuelve, miró atrás, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que
era Jesús. Creía que era el jardinero.
Pero Jesús la llama por su nombre: “María”. Al oír la voz de Jesús, María lo reconoce,
lo llama “Rabboni” (Maestro), y se lanza a sus pies.
Jesús le dice: “ Déjame, pero vete a mis hermanos, y diles: ‘Subo a mi Padre y a
vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios’ ”.
Por eso a María Magdalena se le llama “Ap￳stol de los Ap￳stoles”.
Los judíos tenían el sábado como el día de descanso semanal, pues en la Creación del
mundo, Dios descansó al séptimo día. Los cristianos lo cambiaron al domingo, porque la
resurrección de Jesús, el hecho más importante de la humanidad, ocurrió en domingo.
Decimos “Felices Pascuas” (de Resurrecci￳n). Y en Navidad decimos: “Felices
Pascuas” (de Navidad). Cristo ha resucitado. Cristo vive. Aleluya.
Éste f ue el primer grito de fe, de vida nueva, y de victoria definitiva.
En Venezuela se tiene hoy la costumbre popular de la “Quema de Judas”.

Fuente: http://www.homiletica.org/PDF10/aahomiletica026088.html

Nota LB: La fotografía de encabezamiento la tomamos de http://www.protestantedigital.com./ES/Internacional/articulo/15295/Doscientos-mil-venezolanos-marchan-por-jesus. Las otras, en la presente fecha (Iglesia de San Francisco, Caracas): la bendición de los Padres Martialay y Martínez de Toda, y el empleo que éste hace del "video.beam" durante su homilía. Por cierto, hallándose en la red, aunque fue más simplificada y didáctica, adicionalmente comentó que la Resurrección de Jesús es un aviso para todos; los hombres desaparecieron en la Pasión, quedando las mujeres quienes predican como las primeras apóstoles; con Francisco I, nueva época para la Iglesia, cuya sencillez ya testimonió al vivir y transportarse en Buenos Aires, cerca de la gente. Además, un jesuita también distinguido por los ejercicios espirituales, tomó el nombre significativamente aunque no se hizo francisco. Concluyó que la Resurrección es alegría, todos lo haremos como lo prueba Jesús, y nuestra vida eterna será lo que querramos.

EL DÍA FELIZ

DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN (Juan 20, 1-9):
¿Dónde buscar al que vive?
José Antonio Pagola

La fe en Jesús, resucitado por el Padre, no brotó de manera natural y espontánea en el corazón de los discípulos. Antes de encontrarse con él, lleno de vida, los evangelistas hablan de su desorientación, su búsqueda en torno al sepulcro, sus interrogantes e incertidumbres.
María de Magdala es el mejor prototipo de lo que acontece probablemente en todos. Según el relato de Juan, busca al crucificado en medio de tinieblas, «cuando aún estaba oscuro». Como es natural, lo busca «en el sepulcro». Todavía no sabe que la muerte ha sido vencida. Por eso, el vacío del sepulcro la deja desconcertada. Sin Jesús, se siente perdida.
Los otros evangelistas recogen otra tradición que describe la búsqueda de todo el grupo de mujeres. No pueden olvidar al Maestro que las ha acogido como discípulas: su amor las lleva hasta el sepulcro. No encuentran allí a Jesús, pero escuchan el mensaje que les indica hacia dónde han de orientar su búsqueda: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado».
La fe en Cristo resucitado no nace tampoco hoy en nosotros de forma espontánea, sólo porque lo hemos escuchado desde niños a catequistas y predicadores. Para abrirnos a la fe en la resurrección de Jesús, hemos de hacer nuestro propio recorrido. Es decisivo no olvidar a Jesús, amarlo con pasión y buscarlo con todas nuestras fuerzas, pero no en el mundo de los muertos. Al que vive hay que buscarlo donde hay vida.
Si queremos encontrarnos con Cristo resucitado, lleno de vida y de fuerza creadora, lo hemos de buscar, no en una religión muerta, reducida al cumplimiento y la observancia externa de leyes y normas, sino allí donde se vive según el Espíritu de Jesús, acogido con fe, con amor y con responsabilidad por sus seguidores.
Lo hemos de buscar, no entre cristianos divididos y enfrentados en luchas estériles, vacías de amor a Jesús y de pasión por el Evangelio, sino allí donde vamos construyendo comunidades que ponen a Cristo en su centro porque, saben que «donde están reunidos dos o tres en su nombre, allí está Él».
Al que vive no lo encontraremos en una fe estancada y rutinaria, gastada por toda clase de tópicos y fórmulas vacías de experiencia, sino buscando una calidad nueva en nuestra relación con él y en nuestra identificación con su proyecto. Un Jesús apagado e inerte, que no enamora ni seduce, que no toca los corazones ni contagia su libertad, es un "Jesús muerto". No es el Cristo vivo, resucitado por el Padre. No es el que vive y hace vivir.

Fuente: http://caminomisionero.blogspot.com/2010/04/domingo-de-pascua-de-resurreccion-juan_04.html
   
Misterio de Esperanza
José Antonio Pagola

Creer en el Resucitado es resistirnos a aceptar que nuestra vida es solo un pequeño paréntesis entre dos inmensos vacíos. Apoyándonos en Jesús resucitado por Dios, intuimos, deseamos y creemos que Dios está conduciendo hacia su verdadera plenitud el anhelo de vida, de justicia y de paz que se encierra en el corazón de la Humanidad y en la creación entera.
Creer en el Resucitado es rebelarnos con todas nuestras fuerzas a que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños, que solo han conocido en esta vida miseria, humillación y sufrimientos, queden olvidados para siempre.

Creer en el Resucitado es confiar en una vida donde ya no habrá pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar. Por fin podremos ver a los que vienen en pateras llegar a su verdadera patria.
Creer en el Resucitado es acercarnos con esperanza a tantas personas sin salud, enfermos crónicos, discapacitados físicos y psíquicos, personas hundidas en la depresión, cansadas de vivir y de luchar. Un día conocerán lo que es vivir con paz y salud total. Escucharán las palabras del Padre: “Entra para siempre en el gozo de tu Señor”.
Creer en el Resucitado es no resignarnos a que Dios sea para siempre un “Dios oculto” del que no podamos conocer su mirada, su ternura y sus abrazos. Lo encontraremos encarnado para siempre gloriosamente en Jesús.
Creer en el Resucitado es confiar en que nuestros esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no se perderán en el vacío. Un día feliz, los últimos serán los primeros y las prostitutas nos precederán en el Reino.
Creer en el Resucitado es saber que todo lo que aquí ha quedado a medias, lo que no ha podido ser, lo que hemos estropeado con nuestra torpeza o nuestro pecado, todo alcanzará en Dios su plenitud. Nada se perderá de lo que hemos vivido con amor o a lo que hemos renunciado por amor.
Creer en el Resucitado es esperar que las horas alegres y las experiencias amargas, las “huellas” que hemos dejado en las personas y en las cosas, lo que hemos construido o hemos disfrutado generosamente, quedará transfigurado. Ya no conoceremos la amistad que termina, la fiesta que se acaba ni la despedida que entristece. Dios será todo en todos.
Creer en el Resucitado es creer que un día escucharemos estas increíbles palabras que el libro del Apocalipsis pone en boca de Dios: “Yo soy el origen y el final de todo. Al que tenga sed, yo le daré gratis del manantial del agua de la vida”. Ya no habrá muerte ni habrá llanto, no habrá gritos ni fatigas porque todo eso habrá pasado.

Fuente: http://somos.vicencianos.org/comentarios/2012/04/03/ciclo-b-domingo-de-resurreccion-reflexion-de-jose-antonio-pagola/

Ilustración: Tomada de http://spain.intofineart.com/usa/oil-painting-picture-39432-The%20Anastasis%20%28resurrection%29-unknow%20artist.html; y, la fotografía, da cuenta de la numerosa asistencia a la misa de hoy, San Francisco, Caracas (cuando la daba el Padre Martialay).

FRENTE A LA MANIPULACIÓN

NOTITARDE, Vaencia, 31 de marzo de 2013
Cristo resucitó: El mal ha sido vencido
Joel Núñez Flautes

Hoy Domingo de Pascua, los cristianos católicos celebramos con gozo, a través de la liturgia, la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Él con su Pasión, con su Muerte en la Cruz ha traído la Salvación para toda la humanidad, para todos los hombres. Él ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte y ha bendecido al mundo con su luz. Él ha roto las cadenas del mal y ha vencido la oscuridad del demonio, conquistando para cada ser humano la posibilidad personal, real y presente de salvarse, de recibir esa luz y esa gracia que llenan completamente el corazón y la vida.
Hoy, la Iglesia universal de manera solemne canta ¡Aleluya! y proclama ante el mundo que ¡Jesucristo ha resucitado! Y que su victoria sobre la muerte y el mal es también nuestra victoria. Estamos en el punto de arranque de la Pascua que comenzó anoche con la Vigilia pascual, donde la Iglesia después de un prolongado silencio, meditando desde el viernes por la tarde y durante todo el día sábado en la muerte del Señor, ahora canta gloriosa su Resurrección. Es la Pascua, que se prolongará durante cincuenta días y que tendrá su culmen en Pentecostés.
La Pascua de Resurrección es el centro de la fe cristiana, como centrales son todos los domingos del año que nos recuerdan y nos actualizan por medio del milagro de la Eucaristía aquello que Cristo quiso celebrar de una vez para siempre y con lo cual selló nuestra liberación y nos señaló nuestro destino. Somos criaturas e hijos de Dios, somos llamados a la vida y a vivir eternamente. Seguimos a un Dios de vivos y no a un Dios de muertos. Creemos y esperamos que después de la muerte física, nuestra vida se renueva, se transforma y por toda la eternidad estaremos con Dios. La Resurrección en definitiva es el momento álgido de la vida de Cristo y de la humanidad, porque Él le señala al hombre de todos los tiempos cuál es su meta, su esperanza y destino.

 La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, aunque es un dato real, un acontecimiento que sucedió en nuestra historia, está más allá de la historia, es un hecho metahistórico y, por lo tanto, no se puede comprobar por método científico alguno, sino vivirlo y contemplarlo sólo por la fe, porque es un misterio de la fe. Ahora bien, decir que no se pueda comprobar científicamente, no significa ni puede afirmarse que sea irreal o inauténtico. La Resurrección es un acontecimiento plausible, con posibilidad histórica cierta, concreta, manifestada de forma singular en la actitud cobarde y luego firme y decidida de los Apóstoles, que luego de ocultarse salen con la energía y la vitalidad para predicar el evangelio y extenderlo por todo el mundo hasta ese momento conocido. Realidad plausible en una Iglesia que comenzó con doce hombres, la mayoría de ellos pescadores, trabajadores, incultos y que ahora lleva más de dos mil años de existencia y está presente en cada rincón de la tierra. Los Apóstoles se convierten en testigos que con su vida y muerte proclaman a un Cristo resucitado. Como dice San Pablo: “Si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe”. ¿Qué cristianismo, qué Iglesia o qué grupo religioso hubiese superado dos mil años de historia fecunda, si Cristo resucitado no les hubiera fortalecido con su Resurrección? ¿Qué mentira, como afirmaron los judíos, podría sobrevivir más allá del tiempo sin ser descubierta? Ésta es la plausibilidad histórica de la Resurrección, la constatación de un Dios que está vivo, que nos anima, que nos acompaña en nuestro caminar histórico y que nos promete la vida eterna, conquistada por Él en el madero de la cruz y a través de su Resurrección. A Cristo resucitado sea la Gloria por los siglos.
IDA Y RETORNO: Como sacerdote y hombre de fe, y reconociendo como verdadero y único Mesías a Cristo, en nombre de muchos cristianos católicos conscientes y estoy seguro de muchos cristianos evangélicos que junto a nosotros profesan que Jesús de Nazaret es el único Dios verdadero, que sólo a Él reconocemos como Mesías, Señor y Salvador de la humanidad; que sólo Él está a la diestra del Padre; rechazo que en días pasados se ha cometido en Venezuela una blasfemia, al querer equiparar a Cristo con una persona, a pretender usurpar su lugar, a tratar de confundir la fe cristiana. Sólo Cristo es el Señor y sólo ante Él el cristiano dobla sus rodillas, a Él reconocemos como Dios y Hombre verdadero. Ningún ser humano puede ser equiparado a Cristo, porque ante todo Cristo es Dios verdadero, el Redentor de la humanidad y no hay ni habrá otro como Él. Por otra parte, sólo la Iglesia, instituida por Cristo y en su nombre, después de un largo proceso y evaluando y constatando las virtudes heroicas, la coherencia de fe, la ejemplaridad de vida moral y vida cristiana en medio de los hombres, puede proclamar la santidad de una persona, el afirmar que tal o cual persona es santa. Es una actitud no cristiana querer imponer o manipular la fe del pueblo fiel y el pasar por encima de las autoridades legítimas de la Iglesia es un acto de no comunión eclesial y un acto de no conocimiento de la fe cristiana católica. ¡Viva Cristo resucitado!

Imágenes: La ilustración principal la tomamos de http://www.steveartgallery.com/spain/picture/image-29769.html ; y la fotografía es una curiosidad tomada hoy en la Iglesia de San Francisco, Caracas. Una cuidadosa caligrafía para un papel pegado en una de las columnas, referida a una presunta santa; probablemente, procedente de alguna secta....

lunes, 23 de abril de 2012

VIDEO-BIENVENIDOS

Nos contenta mucho que la red de redes  atrape lo que acontece en San Francisco, gracias a la iniciativa de Rreymell.  Tal como observamos al pié de uno de los videos, el desafío es el de las comunidades virtuales en Venezuela con todas las secuencias y consecuencias que implica.





San Juan, 20: 1-9
Iglesia de San Francisco, Caracas
Domingo de Resurrección, 8 de Abril de 2012
Padre Alvaro Lacasta (SJ)

Los curas de San Francisco
Luis Barragán

Escasea la escuela ética en Venezuela. Hay silencio en las instituciones que dicen explicarse por ellas. La mudez también es decir poco o demasiado. El balbuceo o la estridencia. Por ello importan las disertaciones dominicales de la Iglesia Católica. Las homilías. La liturgia de la palabra.

Pocas ocasiones hay para la palabra fundada. Estudiada e inspirada. Susceptible también de contradecir cuando hay voluntad de buscar la verdad. Y de aceptar al reconocernos en el fondo de un corazón al que no tan fácilmente llegamos excepto digamos hacerlo melodramáticamente. El púlpito contrasta con las bulliciosas divagaciones callejeras sobre lo divino y humano tan sectarias como todo lo que trae el televisor con sus radicales afanes de distracción. A ésta se le debe sumar la diversión que aporta el poder político en sus distintas manifestaciones.

Más cuidadosas son las homilías de cada domingo. Tenemos un poco más de tiempo para asistir a misa. Si hay el sacrificio de hacerlo tan diligentemente como procuramos una fiesta matrimonial o de primera comunión. O la disposición de escucharla aún cuando los celulares inteligentes dirán algún día hacerlo con la eficacia pastoral que cabría esperar. Lo cierto es que ir a misa no significa ser más puro que los demás. Es lo que se cree también de todo aquél que dedica una parte de su tiempo a una actividad alternativa a las que están de moda.

Acudir a misa y acogerla como Santa Misa es algo tan raro en estas continuas marejadas del convencionalismo que se disfraza de novedad recreacional. Convenir en un acto diferente a las reglas o costumbres que el mercantilismo del poder político o económico impone es un paso importante. Y tan importante cuando reconocemos nuestras crisis de fe.

E intentamos un poco romper con esa fe anómica que ridiculiza aún en la mismidad. Sabemos que nos agrieta ese sincretismo religioso del que los medios privados de comunicación se aprovecharon para subir la audiencia y hoy adquiere una monumental fuerza gracias a los medios estatales que nos reportan a diario a un mesías de oportunidad.

La histórica y recientemente restaurada Iglesia que queda en la caraqueña esquina de San Francisco también dibuja las avenidas, calles, callejuelas y los caminos tan inadvertidos como necesarios para transitar esa vocación espiritual tan urgida de redescubrir. En un país donde casi no hay una pública escuela de ética legitima muy bien lo que se dice en una Iglesia convertida en encrucijada de una buena parte de la ciudad. Importante y no menos urgente para el practicante irregular e incluso el no-creyente. Digamos que para los que creemos en todo y los que no creemos en nada es un desafío amarrar el barco en ese muelle de valores y principios que ayudan y nos explican en la navegación.

Lacasta Numa Martialay Infante Albístur González Trigo y otros sacerdotes nos orientan y se atreven en no pocas ocasiones a abrir las ventanas de una reflexión teológica que la feligresía también espera. Se puede debatir en torno a una crisis de la catolicidad o del cristianismo o de la modernidad y de su resultante postmodernidad en Venezuela por muy encontradas causas o motivos. Empero hay una reflexión que no se quiere compartir y que no se quiere recibir para evitar toda la complicación de vida convertida en supuesta fórmula de felicidad.

En la etapa final de la Cuaresma y a sabiendas de esa fe tan anómica que nos caracteriza luce un acierto amarrar la barca aunque sea por unos instantes en San Francisco. Hay que decir también que el padre rector rector de una Iglesia que en 2007 se opuso a la reforma constitucional también reclama su adscripción al actual partido de gobierno pero jamás por todos los jamaces ha dicho una sola palabra bullanguera o propagandística a favor del que le contamos. Los curas del centro de Caracas se las traen y no temamos oírlos y aceptar el reto que nos plantean constantemente. Por lo menos como en toda Iglesia Católica como seguramente puede ocurrir en cualquier otra expresión sobria y organizada de la fe hay una cátedra de ética que se ofrece como alternativa y desafío al creyente al practicante irregular y al no creyente.

Fuentes:
EL SOL DE MARGARITA, Porlamar,7 de Abril de 2012
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=854635