Mostrando entradas con la etiqueta Ramón Ordaz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ramón Ordaz. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de marzo de 2016

POESÍA Y RESURRECCIÓN



NOTITARDE, Valencia, 27 de marzo de 2016
Cristo resucitó: Él mal fue vencido (Jn, 20,1-9)
Joel de Jesús Núñez Flautes

Hoy Domingo de Pascua, los cristianos católicos celebramos con gozo, a través de la liturgia, la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Él con su Pasión, con su Muerte en la Cruz ha traído la Salvación para toda la humanidad. Él ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte y ha bendecido al mundo con su luz. Él ha roto las cadenas del mal y ha vencido la oscuridad del demonio, conquistando para cada ser humano la posibilidad personal, real y presente de salvarse, de recibir esa luz y esa gracia que llena completamente el corazón y la vida.
Hoy, la Iglesia universal, de manera solemne canta ¡Aleluya! y proclama ante el mundo que ¡Jesucristo, ha resucitado! Y que su victoria sobre la muerte y el mal es también nuestra victoria. Estamos en el punto de arranque de la Pascua que comenzó anoche con la Vigilia pascual, donde la Iglesia después de un prolongado silencio, meditando desde el viernes por la tarde y durante todo el día sábado en la muerte del Señor, ahora canta gloriosa su Resurrección. Es la Pascua, que se prolongará durante cincuenta días y que tendrá su culmen en Pentecostés.
La Pascua de Resurrección es el centro de la fe cristiana, como centrales son todos los domingos del año que nos recuerdan y nos actualizan por medio del milagro de la Eucaristía aquello que Cristo quiso celebrar de una vez para siempre y con lo cual selló nuestra liberación y nos señaló nuestro destino. Somos criaturas e hijos de Dios, somos llamados a vivir eternamente. Seguimos a un Dios de vivos y no a un Dios de muertos. Creemos y esperamos que después de la muerte física, nuestra vida se renueva, se transforma y por toda la eternidad estaremos con Dios. La Resurrección en definitiva es el momento álgido de la vida de Cristo y de la humanidad, porque Él le señala al hombre de todos los tiempos, cuál es su meta y destino.
IDA Y RETORNO: Feliz Pascua de Resurrección para todos.

Cfr.
Interesante texto de Ramón Ordaz, "Poesía y resurrección": http://www.elsoldemargarita.com.ve/posts/post/id:165846/Poes%C3%ADa-y-resurrecci%C3%B3n 
José Martínez de Toda (SJ): http://homiletica.org/PDF17/aahomiletica037372.html
Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/442544
 Ilustración: Marko Ivan Rupnik.

domingo, 12 de octubre de 2014

LATENCIA IMPERECEDERA

SOL DE MARGARITA, 9 de octubre de2014
ASEDIOS
¿Qué tan lejos está ayer?
El traspaso de los apellidos siempre ha despertado sospecha. Un Ordaz indio, un Ordaz negro, un Ordaz ojos azules no tiene por qué "insolitarnos", diría Chevige Guayke.
Ramón Ordaz  

Hurgar en la partida de nacimiento de los pueblos no es un hecho que podamos determinarlo acudiendo al registro público, a esos archivos a partir de los cuales se empieza a establecer un canon de nacimientos y muertes en la comarca, de quién lindera con quién. Ese acto civilizatorio es muy posterior al acto de la sangre, cuando los vínculos tribales, luego comunitarios, han trasegado aquí y allá los mandatos de perpetuidad de la especie, cuando han transitado los más variados cruces genéticos y culturales, por lo que el testimonio de las estadísticas oficiales carece de castidad y/o pureza en cuanto a los orígenes de los habitantes.
El traspaso de los apellidos siempre ha despertado sospecha. Un Ordaz indio, un Ordaz negro, un Ordaz ojos azules no tiene por qué "insolitarnos", diría Chevige Guayke. Todo parece indicar que tales se legitiman, se notarían, más por intereses de herencia que por razones de sangre. La limpieza de sangre no fue más que un capítulo vergonzoso de la historia de España, que no fructificó en América como esperaban muchos de quienes nos colonizaron. De allí que aparezca en la literatura un Macondo fundado y refundado por los Buendía; de allí que en Guayacán, distante de la literatura, Pragedes Acosta haya fundado un pueblo en ese cabo de costa escarpada que está entre Pedro González y Manzanillo.
Alto, seco de carnes como un quijote del mar, arribaba por Los Hatos de vez en cuando a compartir sus faenas de pesca y sus pasiones políticas con Presente Quijada, labriego y pastor en las tierras del Sitio de Suárez, canijo y fantasmal como él, sujetos que si portaban alma, no acreditaban propiedad alguna. El pampatarense levantó una población en Guayacán, el "jatero" familias en esos fueros que la imprevista "modernidad" de la isla ha ido cercando con rótulos foráneos, porque una invasión silenciosa ha ido apropiándose de unas tierras que décadas atrás en los despachos jurídicos se pleiteaban muchas familias de Altagracia.
Nuestra infancia en Los Hatos quedó en nuestra memoria como latencia imperecedera. Marcada por un destino que nunca prefijamos, aunque nacimos en una zona petrolera, cada vez que regresábamos al solar de nuestros padres y abuelos, nos íbamos con la nostalgia de un pasado trunco que quedó sembrado en lo más recóndito del ser. Nos consumía una errancia que no nos propusimos. Con nuestro padre visitábamos el cementerio del pueblo para reencontrarnos con los mayores. En las humildes lápidas leíamos las huellas de ese fracaso que nos pertenece a todos sin distinción posible. La igualitaria muerte con sus omnímodos espejos en la superficie nos regalaba su común perfume. Los apellidos eran un triste mosaico donde no era posible establecer diferencias. No cabían las lágrimas porque en el horizonte la perra vida nos estaba ladrando.

domingo, 18 de marzo de 2012

DES(H)OJAMIENTO


SOL DE MARGARITA, Porlamar, 18 de Marzo de 2012
Asedios
Del libro y sus mitos
Contrario a la avalancha, el lector es cada vez más un animal extraño, una especie en extinción. Ahora bien, de que se lee, se lee, imposible negarlo. Los espacios de la lectura son múltiples y diversos
Ramón Ordaz

Hoy por hoy, el destino del libro es impredecible, al menos en cuanto al concepto que tenemos de él desde que en Occidente se impuso la cultura alfabética. Tanto en las tablillas de cera en las que imprimían sus caracteres los antiguos como en el papiro o en el pergamino, hasta el advenimiento del papel y la imprenta que subsisten en nuestros días, el libro es una constante y una obsesión de la cultura letrada. Todos los pronósticos, de la “aldea global” de McLuhan para acá, han sido fallidos. Muy por el contrario, gobiernos y empresarios inundan el mercado con materiales impresos. De que circulan, ninguna duda cabe, no de otro modo se justifican las periódicas ediciones y reediciones de libros y revistas. Nuestra reserva, he aquí el quid del asunto, está en que un alto porcentaje de esa producción carece de lectores. Se puede llevar consigo, se le exhibe, pero nada ni nadie ofrece garantías de que se consuma la lectura. La razón más optimista nos dice que, en el caso de que alcance la bondad del lector, todavía la incertidumbre rodea el acontecimiento. Que el espíritu rompa amarras y dé paso, más allá de esas páginas, a búsquedas más fructíferas, ¡milagro! Ocurre que en el dios Mercado el libro de nuestro presente globalizado es un objeto suntuario, una pieza que suma puntos de prestigio en el anaquel familiar o el de la oficina. A nadie importa si se le ha leído o no, si alguna vez su cubierta fue levantada con la altruista intención de penetrar en los prodigios que guardan sus páginas.

Contrario a la avalancha, el lector es cada vez más un animal extraño, una especie en extinción. Ahora bien, de que se lee, se lee, imposible negarlo. Los espacios de la lectura son múltiples y diversos. La Internet, el cyberespacio y la complejidad de medios audiovisuales son fuentes que abren cauce para que el mundo de la lectura sea infinito. Pero como dijo el zorro al Principito de Saint-Exupéry: Lo esencial es invisible a los ojos, por lo que vale decir también que hacia el interior de cada ser humano, en la elasticidad de su memoria, conseguimos otro universo infinito para la lectura. Allí, en los entretelones de la conciencia y subconciencia individual anda perdido el libro originario.

Ilustración: Monkeyzen.com