Mostrando entradas con la etiqueta Petroleación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Petroleación. Mostrar todas las entradas

domingo, 31 de agosto de 2014

PETROLEACIÓN

Breve relación profética
Ox Armand

Un 3 de septiembre, 35 años atrás, falleció Juan Pablo Pérez Alfonzo en Estados Unidos. Contaba con 76 años de edad. Todos lamentamos el triste suceso, aún quienes tanto le habían adversado. Se trataba de una personalidad renombrada, experto petrolero con vocación de poder, en un país petrolero, según la perogrullada ahora no tan evidente, pues, el siglo XXI parece sorprendernos con una estirpe en extinción. Por lo demás, proveniente de la clase media que también confrontó dificultades, a principios del siglo pasado, no pudo regresar al país como médico por  la Universidad Johns Hopkins, y luego se doctoró en Ciencias Políticas en Caracas, como se estilaba al culminar los estudios de derecho. Por cierto, de ahí que quedó la costumbre de llamar doctor a cualesquiera abogados, por raso que sea.  Lo más llamativo resultó su adscripción a Acción Democrática que, por entonces, como todo partido con ganas de trascender que se respetara, también era cazador de talentos. Una organización de patas-en-el-suelo con una definida orientación doctrinaria y comprobado coraje dirigencial, algo completamente olvidado con la nueva centuria. Con una cierta tradición práctica cuestas, la nueva organización partidista enfatizaba el activismo, pero ello no impedía – todo lo contrario – el estudio permanente de la realidad venezolana y, así, cuando fue planteada la reforma de la Ley de Hidrocarburos por 1943, el documento elaborado por Rómulo Betancourt y Pérez Alfonzo, sirvió de soporte para que la Minoría Unificada salvase sobria y coherentemente su voto en el parlamento. Advienen los consabidos sucesos de 1945 y, amaneciendo como ministro de Fomento, responsable de una política soberanista en materia petrolera, a la vuelta de tres años, gracias al contragolpe diferido, soportará por largos meses la cárcel. El abogado que litigó en materia civil, se convirtió en un especialista del crudo con la imaginación necesaria para realizar, como hizo, aportes propios de un estadista. Y, al volver al país, en 1958, después de derrocada la dictadura de Pérez Jiménez, ocupará con Betancourt la cartera de Minas e Hidrocarburos para desarrollar una política de centro, entre los extremos que intentaban la ampliación de las concesiones o la completa nacionalización de la industria, contribuyendo con iniciativas como la creación de la OPEP, la que supuso un despliegue de atrevidas habilidades en el marco de la Guerra Fría, relanzadas las grandes transnacionales, dato habitualmente olvidado, entre otras ideas que implementó con la contundencia de su humildad como servidor público. Valga acotar que antes y durante su ejercicio ministerial, hablaba, publicaba libros,  respondía a la prensa, al Congreso de la República y a los gremios empresariales y sindicales, como solía ocurrir, conociéndose no sólo sus intenciones, sino niveles de competencia. Inevitable es reconocer el dramático contraste entre los gobernantes de ayer y los zares del poder, hoy. Empero, algo ocurrió después que Rómulo pudo concluir el período constitucional contra todo pronóstico.

Enunciado por Juan Martín Frechilla en un libro colectivo que nos parece de imprescindible lectura (“Petróleo nuestro y ajeno”, UCV, Caracas, 2005), a mediados de la década de los sesenta del XX, Pérez Alfonzo comienza a endurecer sus posturas y, al considerarse hasta finales de la década los contratos de servicios, finalmente decididos, cuenta con su abierta y pública oposición alegando – inclusive – que se había arrepentido de no propiciar la nacionalización al ocupar un ministerio que compitió con el de Relaciones Interiores por la relevancia. Siendo ineludible la referencia topográfica, desde la izquierda nace un mito que versionará la derecha. No había discusión alguna en el campo petrolero que no lo tuviese por protagonista, así la diesen – y con mayor razón – sus sucesores en la órbita de la política pública petrolera, se sentaran o no en una curul parlamentaria. Tiempos en los que hubo un periodismo petrolero como ya no hay, especialidad únicamente posible en un régimen de mínimas y convincentes libertades. De modo tal que, los medios amplificaban generosamente sus opiniones, y la política partidista pasaba por una precisión a ratos maniquea: se estaba a favor o contra Juan Pablo Pérez Alfonzo. E, inicialmente, se evidencian dos momentos estelares para su propulsión: el reconocimiento y condena de una sociedad opulenta, fruto de una riqueza fácil, que concedió una dimensión moral  que la izquierda perdió tras la amarga derrota de la insurrección;  y un redimensionamiento político al insuflar sus exigencias por una completa nacionalización petrolero que no contempló siquiera el programa marxista en sus orígenes. Y  otros dos momentos completan la faena, planteada efectivamente la ley nacionalizadora, la denuncia como “chucuta” (enriqueciendo el lenguaje político vernáculo, como otros lo hacían con expresiones valederas como “carraplana” y “despelote” para escándalos de los entrevistadores televisivos Carlos Rangel y Sofía Ímber), facilitando las consignas del momento desde sus ruedas de prensa dominicales; y la denuncia del V Plan de la Nación, como el Plan de Destrucción Nacional para los tormentos de Gumersindo Rodríguez, su principal diseñador, vocero y frustrado implementador. Ya Pérez Alfonzo es el profeta, jerarquía curiosa que corre por las páginas de la novísima e inteligente revista Resumen, dirigida por Jorge Olavarría, que también versa y alerta sobre los más variados problemas, como el de la explosión demográfica que, por lo menos, halla inspiración, en la exitosa resonancia de los informes del Club de Roma. Es el profeta que acepta una entrevista al alimón de Domingo Alberto Rangel e Iván Loscher, locutor que ensayaba más decididamente un pensamiento crítico para descubrir que hay vida después del rock y de Radio Capital. El profeta celebrado por la izquierda y la derecha que, al pasar el tiempo,  ya ni lo recuerdan. Acaso, un caso único en el orden de los mensajes mesiánicos que, un poco, ayudó a generar las condiciones para el mesías del siglo XXI: sin méritos, excepto que bateó la pelota largo para ingresar a la Escuela Militar, fracasando con un golpe de Estado, Chávez Frías fungió como el heredero de este profeta mayor y de otros, cuyas minoridades quedaron  al descubierto con los años.

Evitándose a Betancourt, a lo sumo el actual régimen le hace un guiño de reconocimiento a Pérez Alfonzo, el entreguista que, a la vez, se atrevió a impulsar la OPEP que lo redimió a la vuelta de la esquina, saliendo del poder, cuando sorprendió el progresivo endurecimiento que facilitó el primer gobierno de Caldera respecto al petróleo, pues, más que la política petrolera, es el petróleo mismo que se agotará prontamente, llamándonos a un radical conservacionismo que, entre otros aspectos, caracterizará su prédica. Bastará con consultar la extraordinaria obra de Asdrúbal Baptista y Bernard Mommer, “El Petróleo en el Pensamiento Económico Venezolano” (IESA, Caracas, 1987), para ubicar correctamente a quien sin lugar a dudas, fue un gran venezolano que no merece que tan rápidamente lo olvidemos.

Reproducciones: El Nacional, Caracas, 12/11/1963; y Resumen, Caracas, nr. 213 del 04/12/1977.

sábado, 21 de junio de 2014

PETROLEACIÓN

EL NACIONAL, Caracas, 15 de noviembre de 1998 / PAPEL LITERARIO
Petróleo, los guzmanes y la transición
Jesús Sanoja Hernández

Para la rendición de Mene, 1966, escribió Jiménez Arráiz de su cuñado Díaz Sánchez, a quien debió conocer como ninguno, que éste era infatigable trabajador, un self-made que saltó las vallas de las limitaciones culturales de su época: "Hijo de obreros y obrero él mismo en su mocedad, desempeñó los más variados oficios, desde aprendiz de mecánica y vendedor ambulante de cigarrillos y puros, hasta pintor de carteles para cines de pueblo". Y también frecuentador de los ambientes periodísticos, narrador y ensayista.
Debió llegar a Maracaibo en 1924, donde conoció a Juan Besson, director de La Información. Eran tiempos en que, como en un filme, el Zulia aceleraba su transformación "psicológica y económica", y por la redacción del diario de don Juan pasaba la figura bohemia de López Troconis. En aquella pajarera de la casona de la calle Independencia el dúo formado por Pedro Herrera y Benedicto Peña, "enamorados de una época que se iba" (el ocaso del género chico, las últimas boqueadas del Teatro Baralt, el encanto del couplé, la Compañía de Mercedes Navarro, los contertulios trataban de captar los cambios introducidos por el petróleo.
¿El petróleo? Justamente Díaz Sánchez comenzó como empleado de la Caribbean y luego, en Cabimas, como juez municipal, tendría oportunidad de excelencia para recoger datos, testimonios y mutaciones en el estilo de vida de esa ciudad nacida violentamente del viejo pueblo de Narciso Reinoso, el mejor cantador de la zona, adonde llegaban los pescadores de Las Yayas, los carboneros de Las Rosas y los madereros de Ambrosio y Las Misiones. Y a propósito, ¿ese Narciso Reinoso de Mene, de dónde saldría?
El sindicalista Jesús Prieto Soto, autor de innumerables volúmenes acerca del petróleo, en su libro ¿El chorro: gracia o maldición?, mencionaba, entre los célebres guachimanes de la incipiente indutria, "al popular trovador Narciso Perozo". Y hay más...
Díaz Sánchez, en un artículo publicado en Panorama en 1954, señalaba que el punto de partida del gran torbellino petrolero comenzó en 1913 al descubrirse "los depósitos aflorantes de Mene Grande", y Prieto Soto apuntaba que a Cabimas, en 1925, la formaban dos calles, la Principal y la del Rosario: "en la primera estaba establecido el comercio; en la segunda, el sector residencial". Un año más tarde estalló la huelga que se extendió desde Mene Grande hasta la Cabimas de la novela Mene.
En Cabimas escribió Díaz Sánchez, entre 1932 y 1933, el ensayo "Cam", parcialmente recogido en las páginas de la revista Arquero, que en Caracas dirigió Julio Morales Lara. Y allá, según Pedro Sotillo, "el mozallón que no parecía porteño" (Díaz Sánchez, no se olvide, había nacido en Puerto Cabello) redactó febrilmente las páginas de Mene, "entre los meses de febrero a junio de 1935", aunque otros críticos sitúan la redacción un poco antes. Gustavo Luis Carrera afirma que Mene fue premiada en el concurso del Ateneo de Caracas de 1935, pero sólo pudo editarse en 1936, ya muerto Gómez.
Si algún autor se sintió atraído por el período que reventó en diciembre de 1935, haciéndose bullente política e ideológicamente en 1936 para desembocar en 1937 como prueba de fuego de la transición lopecista, ese fue Díaz Sánchez. No por azar su ensayo se denominó Transición. Para mí, destaca como el único intento, no sólo de describir una situación contemporánea, sino de interpretarla cuando estaba aún en el curso más difícil de captar con mirada larga. Por allí desfilan los jóvenes que venían del destierro apertrechados de marxismos, la Ley Lara y la represión de 1937, el fascismo y el nazismo como estrategia de contención del comunismo y el posible triunfo, aunque temporal, de éste. En pleno 1937, antes de estallar la II Guerra Mundial, Díaz Sánchez previó el gran cataclismo y analizó, con bastante tino, los "ismos" que entonces se cernían sobre un futuro de enigmas.
En 1950 sorprendió con el mural del guzmancismo, esa elipsis de ambición de poder que se inició con Antonio Leocadio, a quien Milagros Socorro califica acertadamente de "antihéroe fascinante". Dejó en cartera Díaz Sánchez un proyecto, no sé si novelístico o ensayístico, sobre Joaquín Crespo, acerca del cual hizo una referencia Miguel Otero Silva en 1954. En las gavetas pudo quedar asimismo la tercera novela petrolera, aquella que debía concluir el ciclo de Mene y Casandra. No es la primera trilogía inconclusa. También está la de Uslar (Laberinto de fortuna).

lunes, 18 de junio de 2012

PETROLEACIÓN

EL NACIONAL - Lunes 18 de Junio de 2012     Opinión/10
Caída de precios petroleros
La reducción de los ingresos petroleros generaría un endeudamiento aún más intenso, tanto interno como externo, y el redoblamiento del financiamiento de gasto con dinero inorgánico
PEDRO A. PALMA

La reciente desaceleración económica en Europa y en otras importantes naciones se ha traducido en un menor consumo energético, lo que ha hecho que los precios petroleros hayan caído más de 22% en tan sólo tres meses, y que exista el riesgo de que esa contracción continúe en el futuro inmediato si la crisis en el viejo continente se agrava. Dado que hoy nuestra dependencia de la renta petrolera es mayor que nunca, es fácil inferir las nefastas consecuencias que la continuación de esa tendencia puede ocasionar en nuestra economía.
Precios más bajos significan menores ingresos de divisas y merma en la captación de recursos del sector público, y esto lleva a la lógica conclusión de que también implicarían, entre otras cosas, restricciones mayores en la asignación de moneda extranjera a precios subsidiados para el sector privado, recortes de gasto público y reducción de las importaciones. No me cabe duda de que, de mantenerse la caída de los precios petroleros, el acceso a las divisas preferenciales se limitaría grandemente, se intensificarían las corruptelas y proliferarían las prácticas y gestiones de todo tipo con el fin de obtener la mayor cantidad posible de los escasos dólares disponibles.
Adicionalmente, la mayor restricción cambiaria forzaría a la búsqueda de moneda extranjera en otras fuentes, específicamente en el mercado paralelo.
Si la caída de los precios petroleros genera restricción de oferta en ese mercado, y por otra parte estimula la demanda, es obvio esperar que el tipo de cambio libre suba, genere presiones inflacionarias adicionales y trabas aún mayores en el manejo del control cambiario debido al ensanchamiento de la brecha entre las tasas libre y preferencial.
De lo que no estoy seguro es de que la caída de los precios de los hidrocarburos se traduzca en restricciones de gasto público, por lo menos en el futuro inmediato, ya que ante la proximidad de las elecciones el Gobierno intentaría a toda costa continuar con su política de franco aumento de sus erogaciones con el fin de obtener dividendos políticos.
Ahora bien, si no se modifica el tipo de cambio oficial y la entrada de divisas merma, los ingresos públicos serían menores, lo que aumentaría el déficit. Por ello creo que la reducción de los ingresos petroleros generaría un endeudamiento aún más intenso, tanto interno como externo, y el redoblamiento del financiamiento de gasto con dinero inorgánico creado por el BCV.
Ello, a su vez, generaría crecimientos aún más intensos de la oferta monetaria y del consumo, con el consecuente efecto inflacionario.
Si se quisiera evitar el agravamiento de la inflación, el crecimiento de la demanda de bienes y servicios tendría que venir acompañado de una mayor oferta, la cual no podría generarse a través de la expansión de la producción interna, dadas las severas limitaciones que tiene el aparato productivo local como consecuencia de la ausencia de nuevas inversiones, de las expropiaciones y del acoso a la empresa privada, así como de la manifiesta ineficiencia de las empresas manejadas por el Estado.
De esta forma, la mayor oferta tendría que generarse a través de masivas y crecientes importaciones, que exigirían la disponibilidad de abundantes divisas. No obstante, las menores exportaciones petroleras generadas por la baja de los precios, las elevadas salidas de capitales privados y los bajísimos niveles de reservas internacionales líquidas u operativas, las cuales hoy sólo equivalen a unos pocos días de importaciones, se conjugarían para dificultar la generación de divisas en las cantidades requeridas por las mayores compras foráneas. Esta es una razón adicional que se aunaría a las ya mencionadas para prever un incremento notable del endeudamiento externo a un elevadísimo costo.
Todo lo anterior demuestra la enorme vulnerabilidad de nuestra economía al depender de una variable tan volátil como es el precio internacional del petróleo.

EL UNIVERSAL, Caracas, 18 de Junio de 2012
Contando los barriles
ANGEL GARCÍA BANCHS 

Después del pago del préstamo chino, los descuentos y préstamos a Cuba y Petrocaribe, y el pago de la Misión Barrio Adentro, lo que queda de flujo de caja libre en dólares es el equivalente a 1 millón de barriles al día - i.e. unos 40,2 mil millones de dólares al año a 110$/barril (claramente, lo anterior sin contar la deuda en divisas que cada año se emite, lo cual anualmente alcanza, digamos, unos 25 mil millones de dólares más).La cuenta es sumamente sencilla. Tal y como indicamos primeramente en Econométrica; como lo sostenía la Oficina de Información Energética de EEUU (EIA, siglas en inglés); como lo habría corroborado en comunicación al presidente Chávez con fecha 15/04/2011 el propio presidente de Pdvsa y ministro del Poder Popular para la Energía y Petróleo, Rafael Ramírez (punto de cuenta Nro. 062-11, p. 3, el cual se coló a la opinión pública); así como lo confirma ahora en mayo, por primera vez, aclarando que la faja sí se incluye, la Agencia Internacional de Energía (IEA, siglas en inglés), nuestra industria petrolera, simplemente, no produce los 3,2 millones de barriles diarios que dicen las autoridades, sino tan solo 2,4 millones de barriles al día (acá la prueba: http://omrpublic.iea.org/currentissues/full.pdf, p. 19)
El resto es sencillo. Venezuela, como se dijo, produce  2,4 millones de barriles al día. Pero, de esa cifra, las ventas para el consumo (y el contrabando), a no más de 3$/barril, alcanzan unos 0,7 millones de barriles al día, por lo que terminamos exportando, aproximadamente, 1,7 millones de barriles diarios en total.
Pero, la cuenta ahora es que sigue. De los 1,7 millones de barriles al día que exportamos, 0,2 millones van diariamente al pago del préstamo chino (esto lo dice el propio ministro), y 0,25 millones van prácticamente regalados (financiados al 1% anual) a Cubapetróleo (Cienfuegos) y el resto de Petrocaribe.
Así 1,7 millones de barriles al día menos la suma de 0,2 y 0,25 millones de barriles al día, deja como remanente 1,25 millones de barriles diarios. Pero, falta una última cuenta, y ésta es cuánto nos cuesta la Misión Barrio Adentro que anualmente pagamos a Cuba. Simple como las matemáticas, la respuesta es: 0,25 millones de barriles al día, al menos, a un promedio de 110$/barril. Sí, así es un poco más de 10,0 millones de dólares al año (para el lector desconfiado acá las cifras de Castañeda, Rolando H para el año 2008, http://cubasource.org/pdf/venezuelacuba_castaneda_asce.pdf).
Esto explica el porqué del limitado ingreso de divisas al BCV provenientes de Pdvsa y, desde el lado de la oferta, el porqué de la escasez de divisas.


Fotografía: Tomada de la red