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sábado, 10 de junio de 2017

SECAS RAMAS


De la cultura oficial y oficiosa

Luis Barragán

“Y la ironía tenía sus límites. Por ejemplo,

no podías ser un torturador irónico; o una

víctima irónica de la tortura. Asimismo, no podías

afiliarte al Partido irónicamente.

Podías hacerlo sinceramente o cínicamente:

eran las dos únicas posibilidades”

Julian Barnes (*)

Sumergidos en una pavorosa crisis humanitaria, licuada con pólvora por la dictadura, pocas veces alcanzan cupo en la turbada opinión pública algunos otros problemas específicos, decisivos y no menos relevantes. Por supuesto, agredida e interesadamente desconocida la Asamblea Nacional, no hay ocasión para evaluar la gestión gubernamental y ejercer los controles correspondientes, gozando los más altos funcionarios de la inédita ventaja de ejecutar un presupuesto inconstitucional, clandestino y arbitrario, presto al pillaje.

Uno de los mejores ejemplos reside en el sector cultura, bajo la conducción de un monstruo burocrático, realizador de los antivalores sembrados por el régimen en casi dos décadas. Suele moderar la publicidad, como otros despachos tan cuidadosos de la diatriba, a los que solamente les contenta corear las consignas de Maduro Moros, el benefactor de sus privilegios, evitándoles la interrogación misma de los compañeros de causa que compiten por los recursos. Sin embargo,  una que otra exposición de los siempre prevenidos intelectuales que le quedan al oficialismo, esbozan esa procesión oficiosa que llevan por dentro y por fuera.

El poeta Gustavo Pereira ha despachado un texto y una conferencia en la sede del Archivo General de la Nación, patrimonio exclusivo aunque subestimado por el PSUV, defendiendo la política cultural del régimen, sin que, por cierto, encuentre la oportuna y vehemente respuesta de los sectores especializados de la oposición, excepto las honrosas excepciones, como la del tweed lapidario y decidor del Prof. William Anseume, presidente la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar (APUSB).  El poeta  y también abogado, defiende lo pautado en la Constitución de 1999 y, a la vez, celebra la realización de una inconstitucional convocatoria constituyentista.

Acaece en otros ámbitos, como el laboral o el municipal, el solo enunciado del articulado constitucional y de las leyes que origina en materia cultural, cumplidas  sólo a título de inventario, lo presumen como el diseño y realización del programa político mismo del régimen. Diciéndose adalides de la protección social del cultor y del artista, de los derechos del trabajador y de la participación comunitaria, por el único dictado de leyes que, luego, caprichosamente reglamentan,  a guisa de ilustración, no hay un actor que escape del empobrecimiento radical,   obrero al que le satisfaga las diligencias de las inspectorías del trabajo sobre todo al tratarse del Estado empleador, ni posibilidad alguna de respetar las decisiones de las asambleas de ciudadanos que, se suponen, tienen carácter vinculante, zarandeados todos por los órganos represivos de subir el tono a sus demandas.

Aguantando el papel todo, la formalidad legal se convierte en toda una conquista revolucionaria y, paradójicamente, el fenómeno nos remite a lo referido por Boaventura Sousa en torno a los instrumentos jurídicos que, pretendiendo responder a los problemas, banalizan las soluciones. Digamos, se convierten en una formalidad política a defender, negando los hechos que abiertamente la contradicen.

Los cuatro artículos constitucionales que directamente atañen a la cultura, no soportan la dura prueba de las realidades. Enunciados, no hay libertades culturales, ni autonomía administrativa y funcional de los órganos estatales y, como el resto del país, existe un absoluto desamparo social de los trabajadores culturales y el propio gobierno es el único intérprete y portador de la información cultural, según su ferviente deseo, ejerciendo insignemente la censura y el bloqueo.

El terrorismo psicológico del Estado, adelantado sin cortapisas mientras orwellianamente brega por una identidad que desea definir y realizar gracias al culto de la personalidad (pugnando por ella, Bolívar y Zamora, Chávez y Maduro), se traduce en el esfuerzo por  afianzar y  normalizar el miedo, la resignación, el revanchismo, el estereotipo y la obediencia. Ni siquiera el actual poder establecido tiene intereses estéticos que defender, por la orgullosa ignorancia e insensibilidad que lo caracteriza, apuntando a la sociedad ágrafa en la que, apenas, el tuerto pueda descubrir una mina de intereses crematísticos para los ciegos que la buscan.

Nada casual, el ultrarrentismo del siglo XXI tiene a sus cómodos burócratas instalados en un ministerio improductivo, como el de Cultura, dictando u oyendo la cátedra de los interesados.  Están más cerca de Heberto Padilla que de Dmitri Shostakóvich, si fuere el caso, porque acá no hay un Josep Stalin con veleidades musicales, importándoles un bledo el ramo, salvo los reales que amarren a José Antonio Abreu.

Pereira dijo que “donde hay cultura, no hay miseria”, una arenga de confesión, pues, de fácil refutación, la cultura de la muerte, de la agresión y, en definitiva, de la violencia contra la cual luchamos, no expresa solamente al poder y al lenguaje del poder que la exalta, sino las propias realizaciones que, con irresponsable comodidad, imputa al capitalismo manchesteriano que dice suceder. A la quiebra económica y social del país que el gobierno, un mismo gobierno para toda la  centuria, ha generado se suman las aproximadamente 30 mil muertes anuales, injustas y prematuras,  y  el vil asesinato de más de sesenta jóvenes en, apenas, dos meses de una cruda represión de la protesta pacífica que espontáneamente puebla las calles. O, mejor, lo sintetiza la vanguardia revolucionaria de los llamados colectivos armados, amparados por la GNB y la PNB, que reprimen y disparan, arrebatando las pertenencias personales de sus víctimas.

 Entonces, al ultrarrentismo se une, celebrándolo,  el asombroso vandalismo político que no merece una línea, por modesta que sea, de los intelectuales que le quedan al régimen, confiados en que algún día los proveerán de un cargo consular o diplomático, así el Estado no los publique, pues tampoco se sabe de la (s) imprenta (s) que importó Farruco Sesto, el otrora y augusto ministro que conferencia ahora en Vigo, con capacidad de un tiraje de veinte millones de ejemplares y que, seguramente, sirvió para la frondosa edición de afiches de campaña, antes que el pillaje – el otro pillaje – hiciera de los repuestos, la tinta y el papel, un negocio subrepticio. Puede citarse, en una distraída conferencia, a Rodolfo Quintero y su más célebre trabajo sobre la cultura del petróleo en Venezuela, dándole prestancia al orador, o – acaso – garantizar una “nueva filosofía de vida”, pero lo cierto es que la retórica en boga, no reporta novedad alguna: el poder pretende asfixiarnos con sus eufemismos

Nota involuntariamente ya extensa, señalemos brevemente la otra faceta de la reciente historia cultural venezolana: la Ley Orgánica de Cultura. Despachada en, apenas, dos sesiones por la Asamblea Nacional en 2013, bajo dominio oficialista, contrariando la Constitución, no la promulgó a tiempo Maduro y, amoldada a sus precarios antojos, la despachó mediante un abusivo y muy tardío decreto habilitante, abofeteando a sus propios diputados tal como hoy, con la tal asamblea constituyente que desea imponer por la vía de la represión, escupe al rostro del constituyentista de 1999 y, siéndolo él mismo, sabemos lo que ocurre con el gargajo vertical.

(*) “El ruido del tiempo”, Anagrama, 2016: únicamente disponible en las redes, mientras no las coarten lo suficiente, pues, Venezuela está aislada culturalmente de todas las novedades y también vejeces: http://assets.espapdf.com/b/Julian%20Barnes/El%20ruido%20del%20tiempo%20(12071)/El%20ruido%20del%20tiempo%20-%20Julian%20Barnes.pdf
Fotografías: LB, El Cafetal (08/06/17). 
Reproducción intermedia: Captura de pantalla Tweed oficial sobre la Carreño.

12/06/2017

miércoles, 14 de octubre de 2015

BITÁCORA

El miedo es libre... dicen
SUTILEZAS
El inventor de la bala
¿Qué perseguía?
Gustavo Pereira
EPITAFIO
Prohibido hacer comentarios sobre el difunto.
Gustavo Pereira
Las gráficas pertenecen a María F. Sigillo, tomadas de su muro de Facebook. Tuvo el acierto de acompañarlas con versos - precisamente - pereiranos. Excepto la última, tomada en 2010, en el antes llamado Paseo Colón, pertenecen a las inmediaciones de Miraflores, captadas desde el automóvil este fin de semana próximo pasado. Captación ya nada fácil, pues ni siquiera en nombre del "gesto turístico",  libremente puede hacerse.

martes, 8 de marzo de 2011

PARTE DE (PRE) GUERRA


De una guerra civil pretextada
Luis Barragán


Acudimos a la celebración del bicentenario de la instalación del primer parlamento venezolano. Sesionó la Asamblea Nacional en la esquina de El Conde, en la sede de la biblioteca “Simón Rodríguez”, en el noble y contrastante edificio que suplantó injustamente a aquella casa del mantuano caraqueño donde quedó sembrada la constitucionalidad independentista.

El orador del encuentro solemne, poeta al que también hemos leído con frecuencia, aunque un amigo chavista lo cree vetado por su distinta “plataforma ideológica” (hay incomprensibles prohibiciones sobrevenidas que pretenden imponer), disertó con la espontaneidad aparente de no ceñirse a un texto escrito. Gustavo Pereira, equiparando el genocidio de los pueblos indígenas con el de Vietnam o Palestina, el anti-imperialismo y la lucha de clases, concedió una versión supeditada en extremo a la perspectiva ideológica que lo inspira sobre la Independencia.

Perspectiva a la que tiene derecho, por cierto, aunque no podamos aceptarla como el dogma de lo que es una tendencia historiográfica nada original, quedando regadas las interrogantes difíciles de digerir por la bancada oficialista. Medias verdades, medias mentiras, que conforman el imaginario actual de amplio uso para los afectos, arma morbosa que se ha hecho hábito contra los desafectos, como si todos fuésemos partidarios de las injusticias.

Valga la digresión, puede concluirse que el resultado de esa lucha de clases invocada tan mecánicamente, ausente una argumentación que dé cuenta de la sociedad rentista que somos, estuvo también presente con el alto gobierno, una fiel representación de la “clase” beneficiaria de los miles de millones de petrodólares que la década ha reportado. No obstante, llama la atención la referencia hecha a la tristemente célebre guerra civil española del siglo pasado.

Apareció el espectro de Francisco Franco, como en la novela de Carlos Fuentes, “Terra nostra”, dizque intimidándonos. A propósito del viaje que orador hizo por Andalucía, ofreció unas reflexiones que partieron del asesinato de Federico García Lorca hasta concluir en la detestación de toda guerra, aceptando que las hay justas. Sin embargo, la referencia a la guerra civil española, lució como un pretexto para combatir “ideológicamente” a la oposición, sin meditar sobre las condiciones que la hicieron posible, el proceso de conformación y confrontación demencial de los sectarismos o fundamentalismos, el significativo secuestro y ejecución de Andreu Nin, marxista convencido, por ejemplo.

Hay un empleo político morboso de todo acontecimiento capaz de intimidar o intentar intimidar, asediar o intentar asediar, a los sectores de la oposición. Ese propósito ilustrado de intimidación o asedio moral, es el que hace las guerras y – precisamente – las civiles, prefabricándolas donde hay oportunidades para la paz constructiva, fructífera y posible.

Importa recordar el inmenso e inigualado testimonio de Manuel Azaña, premier y presidente de la República de España. Incluyendo aquellos cuadernos robados por el franquismo, dejó un diario político y de guerra necesario de sacar del fondo de nuestros olvidos colectivos para evitar el artificio de las guerras que, aún en nombre de la ignorada lucha de clases, el chavezato puede acometer: civil o internacional.

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/7499-de-una-guerra-civil-pretextada
Fotografía: LB (12/2010)

domingo, 6 de marzo de 2011

RESEÑA DISCURSIVA


http://www.avn.info.ve/node/46166
Gustavo Pereira: La cultura es fundamental para derrotar la dominación ideológica

Caracas, 02 Mar. AVN .- La cultural es fundamental para poder derrotar la dominación ideológica que cinco siglos de sometimiento dejó el imperio español, con una trasgresión de los valores tradicionales de los seres humanos, con una superposición de antivalores, sostuvo el poeta y crítico literario Gustavo Pereira, este miércoles.

El señalamiento lo hizo durante su intervención como orador de orden en la sesión especial que efectuó la Asamblea Nacional (AN) en la esquina El Conde, Caracas, con motivo de la conmemoración del bicentenario del primer Congreso de Venezuela.

Recalcó como algunos grupos dominantes siempre han pretendido olvidar la historia, que el pueblo no recuerde aquellos hechos del pasado que son historia.

“El olvido de la historia es la verdadera muerte para el ser humano y coadyuva a propiciar la injusticia, que no tiene nacionalidad, ni color político", expresó.

Consideró que el alma es la expresión de la conciencia sensible, la razón en estado de sensibilidad y la lucha por la justicia es larga e interminable, independiente del sistema social al que el sujeto aspire o en el que viva.

Durante su discurso, Pereira hizo algunas reflexiones históricas y en ese tránsito puso especial énfasis en la importancia de no olvidar el pasado, ya que quienes pretenden imponer ese olvido son los que propician las injusticias.

En referencia al capitalismo, Pereira señaló: “Los países del tercer mundo tuvimos la ingrata dicha de poseer riquezas que son la envidia de quienes agotaron las suyas por un sistema de vida que ningún planeta puede resistir, un sistema que deforesta millones de hectáreas de bosques y de selvas todos los años, que ha hecho del consumo y de la degradación del otro una forma de estar en el mundo”.

“Quienes consideramos que tenemos una conciencia sensible no podemos estar al lado de quienes depredan y que justifican esa injusticia”, enfatizó.

Antecedentes

Con la presencia de la Junta Suprema que se había formado el 19 de abril de 1810, el 2 de marzo de 1811 se reunió en Caracas, en la casa del Conde de San Javier, hoy esquina El Conde, el Primer Congreso de Venezuela, que se llamó Supremo Congreso de Venezuela, el que habría de declarar solemnemente la Independencia el 5 de julio de 1811.

Aquel 2 de marzo de 1811 se inoculó la voluntad independentista en un grupo de seres humanos en Caracas, recalcó.

Al referirse a algunos antecedentes a esa fecha, Pereira mencionó los tres siglos de dominación colonial, desde los puntos de vista económico, político e ideológico.

Recordó que para entonces, los indios no tenía idiomas, sino dialectos; no tenían religión, sino supercherías; no tenían comida, sino brebajes; no tenían vivienda, sino chozas, en fin, “y así decían que había que civilizarlos, y lo hicieron con genocidios”.

Pereira sostuvo que el genocidio español fue producto de las condiciones sociales, políticas, económicas de una sociedad que tenía como paradigma la nobleza y consideraba el trabajo como una humillación.

No obstante, apuntó que el primer Congreso venezolano establece las primeras tentativas de hacer justicia a los pueblos indígenas, como la eliminación de los tributos a esas comunidades.

Hizo la salvedad de que de esos tres siglos, la dominación ideológica fue la más contundente, de la cual no es fácil deshacerse.

“Por eso, siempre he creído que la cultural es fundamental para poder derrotar la inoculación ideológica que cinco siglos de sometimiento han dejado entre nosotros con una trasgresión de los valores tradicionales de los seres humanos, con una superposición de antivalores. Las ideas permanecen”, recalcó.

Subrayó que no se trata de catequizar o adoctrinar a alguien, como solían hacer los españoles con los indígenas, sobre todo en relación con los principios de la religión católica, como lo hizo la iglesia reformista española que trajo a América los tribunales de inquisición que tenían por víctimas a los sacerdotes indígenas acusados de brujos y hechiceros.

REPERTORIO


EL NACIONAL - DOMINGO 22 DE NOVIEMBRE DE 1998 / PAPEL LITERARIO
BAJO LA ALFOMBRA
El Paraíso, según Pereira
Gabriel Jiménez Emán

Una reciente edición que acaba de imprimirse, de Gustavo Pereira, acerca de la historia de América me ha constatado el derrumbe definitivo del mito según el cual los poetas no pueden fungir de historiadores. Pereira, por lo contrario, demuestra tener una valentía inusual para anotar sus juicios y considerar, sin ningún tipo de tapujos, el sinfín de equívocos, deformaciones y consideraciones ideológicas de que ha sido objeto la historia americana cuando se la ha escrito desde Europa, cuando los historiadores oficiales tamizan sin cesar los hechos, para hacerlos aparecer justos a la luz del poder y, en fin, para justificar frases hechas, clisés y ediciones ungidas con el lujo y el fasto estatal.

El repertorio de historias, hechos, cuadros o sucesos contenido en los tres tomos de Historias del Paraíso (Fondo Editorial del Estado Nueva Esparta, Margarita, 1998), abarca momentos claves de la historia americana desde el llamado Descubrimiento (una de las nociones más trajinadas de nuestro tiempo) hasta la acción y el pensamiento de la Independencia. Las historias están narradas con maestría, claridad y brevedad. Cuando se hacen citas, éstas no lucen rellenando el discurso para hacerlo parecer erudito; al contrario, la cita cumple una función clarificadora en beneficio del texto, de modo que éstas, acompañadas del soporte documental, dejen escasas dudas acerca de lo afirmado. Si a veces la obra se ve afectada por este tono de resentimiento histórico, se debe quizá a que Pereira no logra superar la naturaleza descabellada de muchas de estas acciones "históricas", según las cuales la conquista o la invasión de otro territorio debe conllevar porque sí un elemento de violenta transgresión cultural o de imposición de valores que acompañe el hecho de la dominación guerrera.

Pereira otorga rangos entre los acontecimientos y les da un orden cronológico, de tal manera que en la "Develación y saqueo del Nuevo Mundo" tenemos justamente los primeros escarceos del hombre occidental en el Nuevo Mundo, la época colonial y las plantaciones agrarias de los africanos del oeste, hasta llegar a las disuaciones del santo oficio y otros cerrojos de la intolerancia. En el libro segundo nos encontramos un admirable recorrido por los pueblos considerados "inferiores" por el europeo: los arawacos, los caribes, las culturas de la costa firme; las de Yucatán y los mayas, mientras que en el tercero, "El acoso de los Insurrectos", nos encontramos con las primeras sublevaciones coloniales, las resistencias indias y las cimarroneras, para rematar en el capítulo de los piratas, corsarios y bucaneros. Luego, Pereira concluye haciendo una defensa del pensamiento y la conciencia anticolonialistas, con lo cual logra una historia bastante redonda de las vicisitudes de nuestros ideales y luchas. Es por ello tan justificada esa "restitución de la conciencia a una revuelta de infancia propicia por la angustia y la inconformidad", plasmada en una obra cuyo rasgo mejor quizás sea el de haber narrado con justicia el destino ciertamente aciago de nuestros pueblos; desde él, sin embargo, podemos "recordar que no podemos olvidar, pero sobre todo para aprender que todo olvido es una forma de morir".

Obra imprescindible en este instante de fechas conmemorativas, opta por el carácter de fresco y por la concisión de su discurso, frente a la retórica o el rebuscamiento que suelen definir a tantos historiadores españoles. El autor de libros imprescindibles de nuestra poesía como El interior de las sombras, Hasta reventar, Vivir contra morir o El libro de los somaris, ahora nos ofrece una sorprendente reconstrucción, sin tamices ni cortes de la censura, de un fenómeno actualmente en el tapete. Pereira ha realizado en Historias del Paraíso un verdadero recorrido por el Infierno, por las iniquidades cometidas in situ a través de órdenes dictadas desde lejos, donde se alza esa voz justa que los poetas reclaman para hacer más digno el lugar del hombre sobre esta tierra.

PAÍS DE (PREMIOS) SOSPECHOSOS


EL NACIONAL, Caracas, 21 de Noviembre de 1997
El poema es una pedrada a los cretinos
RUBEN WISOTZKI

No es un día cualquiera cuando el nombre de un poeta sale en la primera página de un periódico, es un día de gloria, cuenta con la bendición de los dioses, el viento sopla a favor y la ciudad se relaja, se abandona todo a la suerte de la alegría, la vida parece eterna y emite el certificado de defunción de lo imposible.

El jurado de la XII Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre, en su mención Poesía, integrado por Tomás Segovia, Reinaldo Pérez Só y Salvador Tenreiro, coincidió en que el libro De cómo cierta melancolía puede convertirse en urgencia , del poeta Gustavo Pereira, quien asegura escribir ``porque soy un tonto'' y que escribe ``para otros tontos como yo'', debía ser reconocido.

El original del libro premiado consta de 100 poemas, fue escrito durante tres años y ``crece todos los días'', tanto como el reconocimiento de este autor de excepción.

- Agrada saber que en un país de premios sospechosos usted sea el galardonado con el Premio José Antonio Ramos Sucre en la mención Poesía .

-Le agradezco, pero no hablemos muy duro para que los demás no se enteren. Usted sabe que a nosotros los poetas siempre nos gusta que estas cosas pasen desapercibidas...

- ¨ Por qué a un poeta, a un verdadero poeta, le cuesta tanto el saberse reconocido ?

-No sé por qué será, pero leyendo la entrevista que usted le hizo al poeta Tomás Segovia, debo decirle que comparto plenamente sus criterios, especialmente aquellos sobre las relaciones de la poesía con el poder.

- Aquí pareciera que hay muchos poetas enlazados con o por el poder, ¨ no ?

-Sin duda, sin duda. ­Qué lamentable es eso! Carl Sagan, a quien admiro mucho, en Los dragones del Edén trata acerca de las extrañas relaciones del hombre con el poder. El cree que ello se debe a los que nos queda del cerebro reptílico. Es algo que compartimos con los reptiles.

- Es decir que todavía nos seguimos arrastrando . . .

-­Imagínese! Sagan sostiene que a esa parte primitiva es que le debemos los seres humanos la agresividad, la territorialidad, las garantías sociales y los actos rituales. La poesía, extrañamente, siempre acompañó a los ritos humanos. No nos olvidemos que la poesía aparece como una necesidad espiritual. Y yo pienso más bien que la poesía intentó sustraer de su condición reptílica a los actos rituales, darle una nueva dimensión. Así estableció unos claros deslindes con la agresividad, con la territorialidad, con las garantías sociales, en suma, con el poder.

- ¨ Cómo hizo usted para escapar de las garras del poder ?

-Hice lo mismo que hizo la poesía. Establecí una alianza con el amor, con la amistad y con el asombro.

- Por un momento, si le parece, no seamos tan románticos . Todos queremos garantías, ¨ pero qué garantías le puede ofrecer a uno un poeta ?

-Caray, creo que la única garantía que puede ofrecer un poeta, cuando piensa que lo es, es la de actuar en poesía. Es decir, seguir en el sueño que cada vez está más al alcance de nosotros. Yo me anoto, pese a todo, en el cuadro de los optimistas incrédulos. El poema es una pedrada en la frente del cretino.

- Dijo ` ` cuando piensa que lo es'' . ¨ Cuándo pensó que es poeta ?

-No me gusta presumir de esto, pero estoy en este oficio, y no conozco otro, desde las diez años.

- Uno puede presumir por usted: es citado y buscado por los jóvenes, los atriles de los escenarios se han rendido ante su poesía, es citado en antologías y ya cuenta con la suya propia, fue premiado en varias oportunidades . ¨ Qué le falta a Gustavo Pereira ?

-­Todo! Me falta tanto por aprender ...

- ¨ Y qué enseña la poesía ?

-A mal vivir. Pero los poetas estamos contentos con ese mal vivir. Yo he mal vivido mucho. Espero no haber puesto a mal vivir a los demás. Pero uno nunca sabe. Recuerdo a Robert Desnos, quien decía: ``Cuando muera metan en la urna un paracaídas porque uno nunca sabe''.

- ¨ Usted ya tiene el suyo ?

-Yo tengo un lote de paracaídas por si me falla el primero, por si me falla el segundo, por si me falla el tercero...

- Pero no un poemario . Hablemos del galardonado que debe tener su historia .

-Como todo aquel que se dedica apasionadamente a algo, me rodea una eterna insatisfacción. Preste atención, no escribo para los concursos, envío a ellos simplemente para deshacerme de lo escrito. De otro modo estoy condenado a corregirlo constantemente. Y eso fue lo que pasó con este libro que ya no es el mismo que el jurado premió esta semana. Mientras no sabía de su destino, me había incluso olvidado que lo había mandado a concurso, le he hecho algunas modificaciones severas. ­Si hasta le cambié el título! Afortunadamente lo premiaron, así ya podrá vivir tranquilo.

- Hace unos meses, en un recital con los jóvenes, usted recitó un texto breve, que no llama poema, ` ` en respeto a la poesía'', pero que conmovió al auditorio . ¨ Qué le parece si con él culminamos la entrevista?

-Lo recuerdo muy bien, recuerdo el día, recuerdo a los jóvenes. Estoy condenado a recordar lo bello. El texto se llama Somari de los huevos de paloma y dice así: ``Los huevos de paloma son como los cohetes/ todo el mundo presume que volarán algún día''.

TERREDAD


EL NACIONAL - LUNES 1 DE NOVIEMBRE DE 1999 / OPINION
El alma terrestre
José Balza

Mientras el país se crispa en una dirección sólo aparentemente política, tres libros recientes nos permiten mantenernos dentro de esa atmósfera y abrirnos, a la vez, hacia áreas también esenciales de lo que somos en este momento.

Los tres poseen rasgos comunes: su perfección, la madurez del tono expresivo, el diálogo entre ironía y ternura, sonrisa y dolor. Los tres vuelven a colocar a la actual poesía venezolana en una perspectiva singular, fascinante.

El poema del esposo (Nueva York, 1999) de Patricia Guzmán es un raro canto a la condición de amante: "la mujer buena es buena suerte". Y para ella son los "deleites interiores del amor conyugal". En la casa, en la taza, en el cuerpo, los hechos diarios se elevan como mínimas ofrendas. Rompiendo de manera admirable y vigorosa con el estilo breve y críptico utilizado hasta ahora, Patricia Guzmán construye un largo y delicado poema, en el que la forma va hacia el versículo, hacia la lenta exclamación. Poema, también, de la enfermedad y la solidaridad, nos trae imágenes nunca anotadas en nuestra literatura. En este libro de Patricia se continúa la voz espléndida de Enriqueta Arvelo Larriva, de Ana Enriqueta Terán.

El Cuaderno terrestre (Valencia, 1999) de Gustavo Pereira es una antología "política" de su obra, acompañada por nuevos textos. Política significa aquí "ejercicio de la conciencia sensible, doliente y rebelada". No hay duda de que Pereira es dueño de un temple único. Su capacidad para el sarcasmo, la caricatura, la ironía es paralela a su capacidad para tocar fibras profundas de la ternura entrevista, de la compasión y la fraternidad. Con este libro compartimos la sabiduría de vivir "las invisibles derrotas no sumadas al alma"; la intuición de nuestro breve paso por la realidad: "Darlo todo o ser infelices"; el reconocimiento del mal social, que "nos separó el habla de los sueños". Y, desde luego, la crudeza total: "Colgó el retrato de la Thatcher en la pared del cuarto y se dijo: cuando empiece a gustarme me suicido". He aquí un libro que el Presidente podría citar con dignidad.

Estoy también con una lectura inagotable: el libro Territorios privados (Caracas, 1999) de Joaquín Marta Sosa. Qué extraño fulgor surge de estas páginas: una luminosidad indirecta y envolvente, un aura de tensa serenidad. Como si el misterio milenario de la poesía se detuviera en sus páginas, para quedarse largamente en nosotros. Otra vez, como en los autores anteriores, la expresión exacta, la modulación encantatoria que nos devuelve la vida de todos los días, convertida en palabras. Hay aquí un ritmo meditado para conducirnos por la ciudad de hoy, por sus ventanas, habitaciones, por rostros y paisajes: por todo aquello que se ha desprendido de quienes nos acompañan o nos rodearon. Allí comprobamos "que los amigos no son nuestros espejos/ son lo que yo soy y quiero ser/ son todo lo que estamos dispuestos a ser/ lo que ya no seremos/ espejos, túneles/ son todo lo que pudimos ser". En efecto, el libro de Marta Sosa se centra en la amistad, en su presente y su pasado. Nos otorga una ardiente melancolía. No en vano dice Elizabeth Schön, prologuista, sobre la amistad: "su cualidad es ser más alimenticia e inmensa que el propio universo".

Desde luego, estos tres volúmenes requieren ser vividos con mayor detenimiento.

Ilustración: René Magrite,"Les Amants", oleo sobre lienzo54,2x73cm (1928)