EL NACIONAL - Miércoles 30 de Mayo de 2012 Opinión/6
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
La pranización de la sociedad
El Chingo estuvo bajo las órdenes de Oriente en la cárcel de Rodeo
FRANCISCO RODRÍGUEZ*
No se trata de una broma o de un chisme que podría resultar de interés para algunos; no, se trata de la tragedia que vive hoy Venezuela y parte importante de América Latina.
En el campo penitenciario estamos observando un caos tal que da la impresión de que el Estado no tuviera ningún control sobre las cárceles y, por el contrario, pareciera que estuvieran bajo el dominio total de los mismos reclusos.
En estos días y a propósito de la crisis en La Planta pudimos leer una noticia que si no fuera por la gravedad de la situación festejaríamos la gracia y el tono jocoso de la nota. La noticia en cuestión decía así textualmente: "El pran Oriente le manda a decir al pran Chingo que deponga su actitud y deje salir a los muchachos para que se agilicen los traslados". El pran Oriente fue el líder del levantamiento de los reclusos en Rodeo el año pasado y el pran Chingo fue el líder del reciente alzamiento de La Planta. Se trata de un joven que no rebasa los 24 años de edad, procesado por homicidios y que tenía un ejército a su mando de 2.000 hombres aproximadamente.
Se dice que el Chingo estuvo bajo las órdenes de Oriente en la cárcel de Rodeo, de tal manera que éste le estaba girando instrucciones a su lugarteniente de acabar con el conflicto.
Toda la batería del Estado con miles de efectivos y personal de custodia no pudieron hacer nada en contra de un grupo de reclusos fuertemente armados que manejan un alto nivel de violencia, pues el motín comenzó cuando se produjeron riñas entre ellos mismos y murieron unos cuantos reclusos. Dos jóvenes que no pasaban de 25 años de edad dirigieron el conflicto por más de un mes y éste terminó cuando ellos, "los pranes" lo decidieron. Luego, en el traslado, estos líderes escaparon y posteriormente fueron recapturados.
Esta situación tiene antecedentes en América Latina: el caso de Brasil en el cual "Marcola" Marcos Camacho, jefe de los reclusos y narcotraficantes de Sao Paulo, tomó el control de la ciudad y puso en jaque a la policía desde el penal mismo. En Venezuela, la delincuencia y los reclusos han logrado acumular un poder tal que parecen estar por encima del Estado y formar un estado dentro del Estado.
Ha surgido un fenómeno relativamente nuevo en nuestro país que podríamos denominar como la "pranización" de la sociedad. Al calor de una situación crónica de hacinamiento, represión y violación de todos los derechos humanos de la población carcelaria, se ha estado formando una especie de sociedad-cultura delictiva-penitenciaria paralela a la sociedad formal que se cuela y penetra en todo el cuerpo de la sociedad en general. Penetra y se extiende infectando todos los tejidos sociales del barrio.
De esta manera invade como un cáncer metastásico, y pasa inadvertidamente en forma natural porque cuenta con el consentimiento de buena parte de la comunidad, y donde no hay consentimiento, hay miedo. Así se ha ido implantando un estilo de vida violento-delictivo como un modo de vida normal...
Debilidad estructural del Estado y de la sociedad en su conjunto. Aquí es más grave el asunto porque el Estado de anomia salvaje que nos caracteriza está montado sobre un proceso de licuefacción (licuado) de todas las estructuras de autodefensa de la sociedad.
Por otra parte, en el barrio la formación de grupos que luego se convierten en bandas delictivas está revestida de una integración socio-emocional del muchacho no delincuente al grupo primario que integran sus amigos de la infancia que sí son delincuentes. Este proceso de socialización, que es una socialización delictiva, conspira en contra de la educación escolar e, incluso, de la socialización propia de la familia. Romper con esto significa aplicar una operación de "cortocircuito" sobre este proceso de socialización que está generando delincuentes en forma masiva. Con la fuerza del Estado, la sociedad civil y las reservas morales de la comunidad creo que puede ser posible realizar esta tarea.
UDO/Bolívar
Fotografía:http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=340776
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miércoles, 30 de mayo de 2012
miércoles, 23 de mayo de 2012
MATIZ DE MATICES
EL NACIONAL - Miércoles 23 de Mayo de 2012 Opinión/6A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Sobre metáforas tóxicas e inocuas
ESTEBAN E. MOSONYI*
Agradezco la disposición dialogante del amigo y colega Francisco Rodríguez, esta vez en el ámbito de unos conceptos de uso delicado en ciencias sociales. Empiezo aclarando que en modo alguno me interesa hacer recortes en el lenguaje, siempre he militado contra esa tendencia empobrecedora. Los idiomas son ricos, pero las terminologías apropiadas para cada disciplina son limitadas, si nuestro deseo es comunicarnos y ser comprendidos. Parece hasta insensato desprenderse de términos como "etnocidio", "discriminación", "clase social", incluso "casta" y "estamento".
Todos ellos tienen sus referentes, siempre sujetos a cambios y divergencia de criterios, pero hablar sin ellos de múltiples fenómenos sociales sería difícil cuando no imposible. Me molesta sobremanera cuando algún talibán pretende suprimir la palabra "cultura", por más que de ella existan innumerables definiciones que en cierto modo diluyen cualquier idea subyacente.
Hay, no obstante, algunos vocablos poquísimos por cierto que parece aceptable considerar "tóxicos", o cuando menos de uso preferiblemente restringido. De nuevo, volvamos la mirada sobre la palabra "tribu". Francisco también Maffesoli la justifican basados en dos razones: una de ellas legítima y la otra no tanto. Yo mismo aplaudo la lucidez de Francisco cuando analiza las consabidas agrupaciones antisociales y violentas, que defienden su espacio-tiempo en una "estrategia de supervivencia": centradas en sí mismas o adheridas a un dogma inamovible; a contrapelo de los valores generalmente admitidos como trascendentes. Su mera existencia y su accionar agresivo amenazan o dificultan al máximo cualquier intento de convivencia solidaria; así como la gestación de un proyecto social de cierta envergadura.
Hasta aquí habría consenso. Mi discrepancia comienza cuando tal situación se plantea como de índole regresiva y disolvente de logros societarios del presente. No encontramos motivos para suponer que el ser humano de la Era Magdaleniense, el de la Edad Media céltica o escandinava, y menos aun los indígenas contemporáneos de América u Oceanía actuaron o actúan de esta manera: irracional, corrosiva, elemental, "primitiva". Yo iría más allá para agregar que ni siquiera las sociedades animales algunas de ellas muy sofisticadas se comportan de manera tan simplona. Los teóricos basados en la idea de la progresividad "occidental" aun los más brillantes suelen olvidar que la evolución humana es en realidad una "coevolución", en cuyo conjunto todas las formaciones sociales contribuyen con elementos de complejización y refinamiento, de modo importante. Por eso me incomoda hablar de "tribus arcaicas" para referirnos a pequeños pueblos diseminados, provistos de culturas ya reconocidas mundialmente como patrimonios de la humanidad: la garífuna de Centroamérica, la periamazónica, la zápara de Ecuador y tantas más. Entonces, será preferible considerar los nuevos conglomerados citadinos como formaciones propias de la contemporaneidad urbana; y desaplicar el señalamiento de "tribal", que constituye un arcaísmo terminológico presuntamente denotativo de pequeñas sociedades no-occidentales, antes arrumadas en un escalón inferior de la evolución humana, concebida como unilineal y conducente al progreso indefinido.
En cuanto al término "masas", admito que el mundo moderno ha provocado numerosas situaciones en que el ser humano se ve disuelto en una multitud anónima, donde tiende a perder las características fundamentales y definitorias de su personalidad individual: por ejemplo, en una concentración política populista o bajo el embrujo de un cantante juvenil provocador de histeria colectiva. Hay otras situaciones análogas. Pero sostengo, basado en investigaciones propias y ajenas, que en su conducta normal y habitual ningún ser humano ni siquiera en los ambientes más deculturados y sociopáticos se rebaja hasta el extremo de convertirse en hombre-masa ni constituirse en átomo de una muchedumbre masificada, muy a despecho de ciertos liderazgos políticos que preferirían concebirlo en esos términos.
Fotografía: http://gonzalotovar.blogspot.com/2012/03/tardes-con-cruz-diez-mediodia-en-paris.html
sábado, 10 de marzo de 2012
GRUPOS, MASAS, TRIBUS

EL NACIONAL - Miércoles 18 de Enero de 2012 Opinión/6
Miradas múltiples para el diálogo
Sobre grupos, masas y tribus
ESTEBAN E. MOSONYI*
Hay en las ciencias sociales, y especialmente en su periferia, una serie de términos que podríamos calificar de palabras "tóxicas", altamente peligrosas no sólo para analizar, sino aun para opinar sobre fenómenos de gran interés colectivo. La Modernidad ha sido muy responsable de catalogar seres humanos con baremos deshumanizantes, tales como "masas", "capital humano" y "recursos humanos", entre otros. Es horripilante continuar llamando "masas" a los conglomerados poblacionales subordinados a ciertos liderazgos y perversamente descaracterizados. ¿Cuál dirigente político de alto o mediano nivel admitiría ser parte de una masa?: un hombre-masa objeto de insumos despersonalizantes desde los aparatos estatales, la empresa privada, mas también por obra de la presunta intelectualidad "esclarecida".
Seguramente ninguno.
Hemos combatido con bastante éxito el obtuso recursohumanismo tan neoliberal: los terminachos recurso y capital humano van siendo sustituidos, muy pero muy lentamente, por categorías más adecuadas como "talento" humano.
Ya ningún pueblo indígena se cala la palabra "tribu" y su derivado "tribal", ni habla "dialecto" sino lengua o idioma. Decir "primitivo" es propio de mentes reaccionarias. Tampoco las culturas populares se reducen a una fatigante perspectiva "folklorizante".
La categoría de "grupo", sobre todo si designa a un conjunto humano de duración persistente, también puede revestir un carácter peyorativo; tal como lo explica hábilmente el talentoso y reconocido sociólogo, amigo nuestro, Francisco Rodríguez en su artículo "La patología del grupalismo" (El Nacional 21/12/2011, A Tres Manos). Uno puede estar en desacuerdo con algunas de sus afirmaciones, pero nos queda poca duda sobre el carácter fanático, resentido, dogmático y violento de muchos agregados humanos de esta índole.
Lamentablemente, Rodríguez termina haciendo uso de la seudocategoría de "tribalismo" como principio y fin de la conducta de semejantes grupos, fundamentalistas en unos casos y mafiosos en otros.
Ya aclaramos suficientemente que los pueblos indígenas no son ni deben ser llamados tribus. Sin embargo, el estereotipo del tribalismo y primitivismo sobrevive en la mentalidad mayoritaria. Aún funciona la caricatura del cavernícola feo, sucio y maloliente matando a garrotazos a sus congéneres, con la mayor crueldad e indiferencia; o la estampa del antropófago africano cocinando en un perol al desdichado y barbudo misionero; o la figura del indio desnudo, belicoso y tiraflechas, carente de cultura y humanidad: todo ello engendra la estúpida idea de que aun el mejor de estos "salvajes" es manifiestamente inferior al peor de los genocidas contemporáneos.
Mientras tanto, poco se habla de las comunidades originarias defensoras del ambiente y de la diversidad, tan importantes en estos días. No se hace mención de su democracia asambleística y consensuada, ni de su rica y notoria espiritualidad, sus valores y manifestaciones simbólicas y culturales, ya estudiados y comprobados hasta el mínimo detalle. Los pueblos indígenas hace tiempo están visibilizados, es relativamente fácil abordarlos, dialogar con ellos. Poseen organizaciones que se encargan de divulgar sus culturas y realidades; incluso sus múltiples problemas que los siguen aquejando por doquier. En todo caso, para la crisis del mundo contemporáneo ellos constituyen una parte importante de la solución, si la hubiere.
Más allá de lo expuesto con el mayor respeto al maestro Maffesoli y otros analistas ya es tiempo de salir del término "tribu" y sus congéneres, porque es confuso e induce a más confusión; compromete las muy dignas y diversas sociedades tradicionales; se presta a los malabarismos conceptuales más inverosímiles. No se trata de intolerancia ni persecución léxica. "Tribu" se seguirá utilizando en sus significados históricos, metafóricos y literarios. Pero existen lexemas mucho más transparentes y precisos para denotar categorías socio-antropológicas: sin incurrir en peligrosas y a menudo humillantes inexactitudes y arbitrariedades que ni siquiera la orgullosa "tribu" de los intelectuales tiene el derecho de fomentar.
EL NACIONAL - Viernes 09 de Marzo de 2012 Opinión/6
Miradas múltiples para el diálogo
La metáfora de las tribus
FRANCISCO RODRÍGUEZ*
(En respuesta al profesor Mosonyi) La sociología y las ciencias sociales en general suelen utilizar metáforas para dar cuenta de procesos sociales y culturales particularmente complejos.
Muchos científicos e investigadores sociales lo han hecho a lo largo de la historia de estas disciplinas.
Los conceptos de infraestructura y superestructura en el famoso Prólogo a la crítica de la economía política en Marx puede ser un claro ejemplo de ello.
Los conceptos de "alianza fraterna", "muerte del padre" y "horda primitiva" en el Freud de Tótem y tabú van por el mismo camino. No quiere decir que exista realmente una base y un techo como realmente se encuentra en la arquitectura, que necesariamente existió una horda primitiva constituida en alianza fraterna para matar al padre primordial. O que realmente existió un padre primordial que fue matado por esta alianza de hermanos.
Es la ficción anteponiéndose a los procesos reales para dar cuenta de ellos como estrategia heurística y metodológica. Iniciamos así un diálogo con el profesor Mosonyi, insigne maestro e investigador incansable en el campo de la lingüística y el indigenismo, a propósito de su artículo en A Tres Manos del día 18/01/12 titulado: "Sobre grupos, masas y tribus".
Dice el profesor que existen conceptos atroces y denigrantes de los grupos y las personas humanas como son los de "masa" y "tribu", por su carácter racista, eurocentrista y descalificador.
Corremos el riesgo de no interpretar bien, pero creo que se intenta denunciar el concepto de tribu y otros conceptos como términos anacrónicos, peyorativos y propios de una antropología y una sociología jurásicas.
En el caso concreto de mi análisis en el artículo "Patología del grupalismo", funcionan como si fueran tribus controlando territorios no sólo físicos sino también socio-simbólicos.
Estos grupos definen su identidad, sentimiento de pertenencia, representaciones del mundo, de la vida, de sí mismos y del otro diferente.
Lo que decimos se podría aplicar no sólo a los grupos de chavistas sino también a los grupos de oposición porque el sustrato fundamental de lo que queremos decir con el concepto de tribus es que al diluirse las mediaciones sociales, institucionales y simbólicas de la sociedad en general producto de la disolución a su vez de los imaginarios y visiones del mundo que constituían los fundamentos de toda una civilización, la subjetividad experimenta una especie de regresión a antiguas formas de definir las identidades y, por tanto, las solidaridades.
Guardando las distancias históricas y socioculturales, podríamos establecer similitudes con los grupos y la ideología nazi.
Estos grupos "tribales" contemporáneos suelen ser muy violentos porque en el fondo lo que se está defendiendo no es una concepción políticoideológica sino un territorio que supone básicamente una estrategia de supervivencia, un espacio para seguir respirando después del derrumbamiento de todos los paradigmas. Más que un imaginario de progreso basado en la marcha de la historia, estos grupos están posicionados en el concepto de "espacialización del tiempo" como bien lo ha señalado el maestro Maffesoli.
Con respecto al concepto de masa que es otro concepto "tóxico", como lo señala el maestro Mosonyi, podríamos decir que efectivamente el concepto de masa describe una realidad atroz, pero es una realidad. "Cochina y sucia realidad" la de la despersonalización y el anonimato que caracteriza a grandes grupos de población que constituyen para algunos analistas sociológicos y políticos sólo un dato estadístico. La escuela de Frankfurt y los sociólogos norteamericanos de la segunda posguerra plantearon muy bien este problema.
Si por referencia a realidades atroces vamos a desechar conceptos, entonces muchos de los conceptos descriptores de procesos reales conflictivos en el campo sociológico y de otras disciplinas tendrían que ser desechados: alienación, ideología, poder y dominación, clases sociales, violencia social, anomia, aculturación, etnocidio, etc.
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lunes, 13 de febrero de 2012
SOCIÓMETRAS

EL NACIONAL - Sábado 11 de Febrero de 2012 Opinión/7
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Día del sociólogo
FRANCISCO RODRÍGUEZ*
La sociología en el contexto de una sociedad subdesarrollada. La sociología es una ciencia que surge en Francia en el contexto de la consolidación del capitalismo industrial y de un colonialismo que dominaba buena parte del mundo que constituía la periferia del sistema. Algunos países ya industrializados, como Francia, confrontaban muchos problemas sociales derivados de la implantación de ese sistema social. Superexplotación de la fuerza de trabajo, surgimiento de un proletariado que vivía en la miseria, proliferación en las grandes ciudades industrializadas, como París, de toda clase de indeseables sociales: mendigos, vagabundos, locos, delincuentes, prostitutas, etc.
En estas condiciones era muy común la presencia de violencia, delincuencia, asesinatos, suicidios y pobreza; vale decir, todo un conjunto de desviaciones y desviantes sociales que presionaban fuertemente a las flamantes sociedades industrializadas hacia la disfunción social y la anomia. No obstante, ciertos elementos disfuncionales de este espectro social patológico eran paradójicamente funcionales al sistema.
La presencia masiva de muchos de esos "socialmente indeseables" formaban un "ejército industrial de reserva" de donde los patronos obtenían mano de obra barata en abundancia para el proceso de producción. Es en ese contexto socio-histórico que surge la sociología como ciencia, disciplina académica y oficio profesional.
Hoy, la sociología en Europa y Estados Unidos ha adquirido un estatus de institucionalización bastante significativo que la convierten en una ciencia, una disciplina académica y una profesión respetable. Este desarrollo la ha llevado a convertirse, incluso, en una ciencia experimental.
En el caso particular de Estados Unidos, con Parsons, Merton y Mills, entre otros, esta ciencia "se puso los pantalones largos" a causa de la sistematización adquirida en cuanto al desarrollo de su infraestructura teórica y metodológica de gran envergadura. Prácticamente no hay problema o patología social en la cual no intervenga la sociología como metodología para dar cuenta de estos fenómenos y, por consiguiente, como herramienta útil en la intervención y búsqueda de soluciones.
Contrariamente, en nuestros países subdesarrollados, la sociología es una ciencia y una profesión exóticas que vegetan en los "oscuros parajes" universitarios y en algunos recónditos lugares de la burocracia de la administración pública. En estos "tristes trópicos" no sólo la gente común no sabe en qué consiste la ciencia de la sociología, sino también los gobernantes y planificadores del Estado para quienes la disciplina se reduce brutalmente a una materia en liceos y universidades.
Cualquier problema o patología humano-social es abordado desde la psicología o la psiquiatría. Cuando se habla de un enfoque multidisciplinario se mencionan disciplinas como la psiquiatría, la psicología, la medicina y el trabajo social.
Así vemos cómo en el campo de la salud no aparece el sociólogo por ninguna parte en la estructuración de los grupos de trabajo. Esto constituye un grave error y una omisión insoportable porque es la salud, en tanto salud pública, un campo de fuerzas, relaciones, tendencias y escenarios de discursos y actores sociales, por excelencia. Igualmente podemos trasladar esta situación a otras áreas de la vida social en conflictividad: la violencia.
En este último caso vimos cómo en el recién creado Ministerio de los Servicios Penitenciarios se crearon comisiones de trabajo multidisciplinarias para abordar la crisis penitenciaria y, sin embargo, no aparece el sociólogo por ninguna parte. A menos que se esté confundiendo al sociólogo con el trabajador social, que es una profesión muy útil y digna pero es de muy mal gusto la confusión.
Es por ello que en el aniversario del Día del Sociólogo y el Antropólogo proponemos llevar adelante una campaña de información y sensibilización orientada a dar a conocer qué somos y cómo podríamos ayudar a resolver los problemas fundamentales del país.
Felicidades, colegas, en la semana y el Día del Sociólogo y el Antropólogo.
EL NACIONAL - Domingo 12 de Febrero de 2012 Opinión/9
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
La sociología que viene
RIGOBERTO LANZ
"Mi perspectiva consiste en hacer transitar las ciencias humanas y las ciencias sociales de los paradigmas cientistas hacia los paradigmas ético-estéticos".
Félix Guattari: Chaosmose, p. 24
Por estos días muchos amigos se han empeñado en realizar actividades (foros, seminarios, encuentros) a propósito del Día del Sociólogo. Son variados los lugares donde me hubiese gustado compartir (incluidos los colegas de Barinas que tienen una programación muy animada). Vayan estas notas como testimonio solidario para tantas amigas y amigos que se esfuerzan día a día por salir del tremedal y colocar su talento en sintonía con los dilemas trascendentes de este tiempo histórico.
Los desafíos son muchos y los problemas abundan. Padecemos el mismo síndrome de la universidad reseca: formación precaria de los enseñantes, ambientes rutinarios que rayan en el hastío, ausencia de vitalidad intelectual para encarar los grandes debates, resignación a los oficios profesionales tan aburridos como inocuos. Normalmente desde allí es poco lo que puede esperarse. Algún estremecimiento ha de ocurrir para sacudir esta pereza intelectual tan acomodada a la decadencia de casi todo.
Por fuera soplan otros vientos que pueden resonar en aquellos núcleos críticos que persisten en todos lados. Hay gente pensando, resistiendo, experimentando, empujando la carreta. El núcleo duro de la crisis epistémica de esta civilización en tránsito está siendo pensado por gladiadores de la reflexión como Edgar Morin, Michel Maffesoli, Alain Touraine. ¿Por qué no estamos a la altura de esta agenda en cada rincón del mundo? Pensadores como Immanuel Wallerstein, Pablo González Casanova, Martín Hopenhayn, Roberto Follari y tantos otros y otras han marcado la pauta de las grandes preguntas de este tiempo en América Latina. ¿Por qué el mundo académico permanece al margen de estas búsquedas con tanta negligencia? En Venezuela se desarrolla de la misma manera una lucha tesonera por elevar el debate y propiciar el encuentro en torno a los grandes desafíos teóricos de esta coyuntura. Es amplia la lista de investigadores e investigadoras que no se resignan a la mediocridad imperante, al aldeanismo intelectual que trivializa todo, al empirismo que termina remplazando los grandes vacíos de una reflexión trascendente en medio de la crisis. Colegas de esta talla están esparcidos en varias tribus intelectuales colocando su contribución al servicio de una recomprensión del presente, de un diálogo competente con las redes mundiales de intelectuales de primera línea, de una apuesta fuerte por el conocimiento de nuestra realidad que se muestra siempre esquiva y sorprendente. ¿Por qué no vibra nuestro mundo académico con las reflexiones de punta que tantos colegas están formulando? Pregunta inquietante si añadimos el pobre desempeño profesional que ha de esperarse de promociones salidas de aquellas fábricas de títulos, con un mercado ocupacional errático y un gremialismo decimonónico. ¿Qué culpa tienen los jóvenes sociólogos de estos extravíos? Pero no es para achicopalarse.
Mire usted el portento de investigación que nos legó el colega Pierre Bourdieu (La miseria del mundo). ¿Por qué no hacen algo parecido los colegas que tanto gustan del trabajo de campo? Según su sensibilidad y experticia se abren diferentes campos para poner a prueba la creatividad y el rigor intelectuales. Otro Oficio del sociólogo está por escribirse. No se cruce de brazos.
¿Qué está esperando? ¿Que venga Max Weber a cantarle la cartilla? Una sociología orgiástica (Maffesoli) anda por allí licuando las viejas solideces. Una sociología vagabunda se enfrenta a los rituales de los contadores de pobres. No se deje enredar por los cantos disciplinarios de una ingeniería social tan "útil" como vacua. No caiga en la tentación mercantil-instrumental de hacerse pasar por "publicista" para cumplir con el ritual del "ascenso social".
La sociología no se estudia para conseguir trabajo. Tampoco para ser "útil a la patria". Uno estudia por el placer del pensamiento, por las meras ideas (Miguel Ron Pedrique), por la pasión del texto, por la obsesión de preguntar.
Esa es la sociología que vale la pena.
Escultura: Joseph Beuys.
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viernes, 9 de septiembre de 2011
¿EN LA MISMA MESA?

EL NACIONAL - VIERNES 09 DE SEPTIEMBRE DE 2011 OPINIÓN/4
Miradas múltiples para el diálogo
Emergencia de la subjetividad de redes
FRANCISCO RODRÍGUEZ
Protestas. Malestar, conflictos y, por tanto, motivos de protestas han existido en cualquier sociedad y en cualquier momento histórico. El hombre es un ser conflictivo por naturaleza y curiosamente paradojal puesto que al mismo tiempo que sujeto de conformidad, también siente la necesidad de ir en contra de las estructuras sociales y el orden establecido, dada la complejidad de los procesos sociales y la subjetividad de hoy en día. Hay naturalmente un componente antisocial en cada ser humano que lo impulsa a la transgresión de las normas. Hoy vivimos una época de insatisfacción permanente a escala global porque la ideología que se ha impuesto universalmente es la de la "satisfacción ilimitada".
Ideología propia de un estilo de vida hiper consumístico y, por consiguiente, generador de frustración e insatisfacción permanente. Este es un fenómeno que se presenta a escala universal.
Tanto en el hemisferio occidental como en el oriental, la insatisfacción constituye el motor catalizador de cualquier movilización social. No me estoy refiriendo a la existencia previa de específicos sujetos colectivos como clases sociales, ONG o movimientos sociales de cualquier naturaleza. Me refiero a dos condiciones estructurales responsables del fenómeno de las protestas sociales masivas en el mundo de hoy.
Una es la del carácter propio de una sociedad dominada por la racionalidad del mercado y la democracia como estilo de vida y no sólo como régimen político: la insatisfacción con un régimen político represivo y absolutista, con una situación de exclusión y desigualdad social.
La otra es de tipo más bien reciente y propia del desarrollo que ha adquirido la ciencia-tecnología en el sistema capitalista global. Me refiero al desarrollo exponencial de las tecnologías de información, específicamente de las tecnologías de redes sociales.
¿Quiere decir que si no existieran esas estructuras de redes sociales entonces no se habría producido ningún tipo de protesta como las que estamos observando hoy? De ninguna manera, pero no tendrían la trascendencia social que adquieren las protestas catalizadas y canalizadas por las redes sociales. Por otra parte, hay diferencias derivadas del tipo de cultura porque por primera vez estamos presenciando protestas masivas en el mundo árabe, por ejemplo.
Estos son países mayoritariamente islámicos y por lo tanto sociedades sacras cuyos patrones de comportamiento están básicamente regidos por el Corán.
El proceso de globalización y su influencia transculturante a través de los medios masivos de comunicación fue erosionando profundamente el carácter sacro de esas sociedades.
Luego, el contacto de la gente a través de las redes sociales comenzó a generar ese clima de protestas sociales masivas en todo el mundo árabe, gobernado por regímenes de tipo absolutista como monarcas, jeques, clérigos y dictadores enmarcados en la tradición autoritaria.
Egipto, Siria, Yemen, Libia, etc., son vivos ejemplos de ello. Masivas manifestaciones de protesta en Irán en contra del sistema teocrático de dominación, resistencia masiva de los monjes tibetanos negándose a la integración del Tibet al régimen stalinista de la China comunista en lo que se conoció como la revolución de los "azafranes", etc....
Igualmente en el mundo occidental podríamos hablar de la marcha de "los indignados" de España, las revueltas sociales de los grupos de protesta de Londres, las manifestaciones estudiantiles de Chile, etc. Todo eso está en relación directa con la utilización de los canales de comunicación ofrecidos por las redes sociales.
El carácter casi táctil-sensorial, privado-personal e íntimo al mismo tiempo que público de la comunicación que propician esos contactos, la simultaneidad y ubicuidad de la presencia virtual, el secreto compartido; todo esto configura un tipo de solidaridad que el mismo Durkheim jamás hubiera imaginado. Así, de este modo se van configurando, muy sutilmente, nuevas formas de socialidad que caracterizan la subjetividad típica de la civilización global de hoy en día.
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Redes sociales
viernes, 19 de agosto de 2011
PODER POLÍTICO Y ESCATOLOGÍA
EL NACIONAL - Jueves 18 de Agosto de 2011 Opinión/6
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Enfermedad y mito
FRANCISCO RODRÍGUEZ*
Es imposible que el dolor, la enfermedad y la muerte no ronden los predios del mito y los imaginarios fantasmagóricos en cualquier sociedad y en cualquier situación. Puesto que la existencia y la identidad del yo se ven siempre fuertemente amenazados por el dolor y la enfermedad como procesos castrantes, es por lo que se hace necesario acudir a instancias de interpretación y resolución de estos eventos que tocan los planos de lo irracional.
De esta manera el caos que simbolizan la enfermedad y el dolor con su consiguiente amenaza de muerte, queda conjurado. Sobre todo cuando se trata de personas que están revestidos de un cierto halo heroico, que trascienden las fronteras del hombre común de carne y hueso.
Esto se resuelve finalmente en la clásica y eterna lucha del bien contra el mal que caracteriza las tensiones y los miedos ancestrales en cualquier sociedad. Por lo demás, esta narrativa está representada en el caso de muchos personajes relevantes en la historia de la humanidad; Jesús de Nazareth es el paradigma. En América Latina, territorio natural de lo mítico y lo simbólico, podemos mencionar a Bolívar, Eva perón, etc. En este último caso por su envoltura fuertemente populista, el delirio de las masas de "descamisados" cada vez que Evita salía al balcón del pueblo era algo apoteósico y melodramático. Más bien una experiencia de tipo mística-mágico-religiosa que convertía a una personalidad carismática en un objeto de deseo libidinal por parte de las masas. Nada extraño en tierras latinoamericanas en donde la política suele convivir con lo mágico-religioso.
En el caso del Presidente y el advenimiento de manera sorpresiva de una enfermedad grave que lo ha conducido a procesos de hospitalización, cirugía y convalecencia, es inevitable la alegoría-alusión a Jesús condenado, muerto y sepultado para luego resucitar al tercer día. Es inevitable porque ya está en el inconsciente colectivo de la gente, el arquetipo del héroe sacrificado y por tanto el desenvolvimiento de la función mítica en estos casos. Sobre todo en una personalidad carismática que encarna un liderazgo fuertemente adversado como el del Presidente.
Se trata de un actor que se desenvuelve en los predios del mito. Todos asistimos, poco después del 4 de febrero de 1992, a un proceso del "nacimiento del héroe". Más cercano a la imagen de Evita Perón y por tanto a la imago de la madre que a una imagen masculina o imago del padre en el contexto de una sociedad matricéntrica. Esto forma parte de nuestra cultura cristiana que promueve el sacrificio y la muerte como una forma de regeneración simbólica de los tiempos que debe conducir al renacimiento de la vida: la resurrección. Y son esas mismas masas de irredentos los que fabrican a sus propios héroes y mitos como una forma de contraponerlos al embate de las fuerzas malignas que pugnan por destruir a los seres más débiles.
En algunos casos el mito no cumple exclusivamente una función ideológica-alienante sino que puede funcionar como un dispositivo disparador de procesos de cambio, de catálisis social. Me parece que este es el caso del Presidente y toda su parafernalia de la "puesta en escena" de su persona y sus dispositivos discursivos.
El secreto garantizado por el misterio y la incertidumbre alrededor de la enfermedad del Presidente, el alejamientodestierro del héroe que nos recuerda a Edipo rey en la tragedia de Sófocles, el silencio del héroe que simboliza su muerte, el refugio bajo el manto protector del padre todopoderoso y finalmente, el regreso triunfal, la resurrección.
El mito del "eterno retorno" que simboliza la regeneración de los tiempos, lo cual nos dice que a pesar de los cambios y del carácter histórico de estos, de alguna manera todo permanece igual. Así se configura el mito y más que algo premeditado y de un manejo consciente de la situación, estos procesos responden a la conjugación de eventos, personajes, situaciones e imaginarios que anidan en el inconsciente colectivo de una sociedad extremadamente compleja como la nuestra.
(*) UDO/Bolívar
ATres Manos
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Enfermedad y mito
FRANCISCO RODRÍGUEZ*
Es imposible que el dolor, la enfermedad y la muerte no ronden los predios del mito y los imaginarios fantasmagóricos en cualquier sociedad y en cualquier situación. Puesto que la existencia y la identidad del yo se ven siempre fuertemente amenazados por el dolor y la enfermedad como procesos castrantes, es por lo que se hace necesario acudir a instancias de interpretación y resolución de estos eventos que tocan los planos de lo irracional.
De esta manera el caos que simbolizan la enfermedad y el dolor con su consiguiente amenaza de muerte, queda conjurado. Sobre todo cuando se trata de personas que están revestidos de un cierto halo heroico, que trascienden las fronteras del hombre común de carne y hueso.
Esto se resuelve finalmente en la clásica y eterna lucha del bien contra el mal que caracteriza las tensiones y los miedos ancestrales en cualquier sociedad. Por lo demás, esta narrativa está representada en el caso de muchos personajes relevantes en la historia de la humanidad; Jesús de Nazareth es el paradigma. En América Latina, territorio natural de lo mítico y lo simbólico, podemos mencionar a Bolívar, Eva perón, etc. En este último caso por su envoltura fuertemente populista, el delirio de las masas de "descamisados" cada vez que Evita salía al balcón del pueblo era algo apoteósico y melodramático. Más bien una experiencia de tipo mística-mágico-religiosa que convertía a una personalidad carismática en un objeto de deseo libidinal por parte de las masas. Nada extraño en tierras latinoamericanas en donde la política suele convivir con lo mágico-religioso.
En el caso del Presidente y el advenimiento de manera sorpresiva de una enfermedad grave que lo ha conducido a procesos de hospitalización, cirugía y convalecencia, es inevitable la alegoría-alusión a Jesús condenado, muerto y sepultado para luego resucitar al tercer día. Es inevitable porque ya está en el inconsciente colectivo de la gente, el arquetipo del héroe sacrificado y por tanto el desenvolvimiento de la función mítica en estos casos. Sobre todo en una personalidad carismática que encarna un liderazgo fuertemente adversado como el del Presidente.
Se trata de un actor que se desenvuelve en los predios del mito. Todos asistimos, poco después del 4 de febrero de 1992, a un proceso del "nacimiento del héroe". Más cercano a la imagen de Evita Perón y por tanto a la imago de la madre que a una imagen masculina o imago del padre en el contexto de una sociedad matricéntrica. Esto forma parte de nuestra cultura cristiana que promueve el sacrificio y la muerte como una forma de regeneración simbólica de los tiempos que debe conducir al renacimiento de la vida: la resurrección. Y son esas mismas masas de irredentos los que fabrican a sus propios héroes y mitos como una forma de contraponerlos al embate de las fuerzas malignas que pugnan por destruir a los seres más débiles.
En algunos casos el mito no cumple exclusivamente una función ideológica-alienante sino que puede funcionar como un dispositivo disparador de procesos de cambio, de catálisis social. Me parece que este es el caso del Presidente y toda su parafernalia de la "puesta en escena" de su persona y sus dispositivos discursivos.
El secreto garantizado por el misterio y la incertidumbre alrededor de la enfermedad del Presidente, el alejamientodestierro del héroe que nos recuerda a Edipo rey en la tragedia de Sófocles, el silencio del héroe que simboliza su muerte, el refugio bajo el manto protector del padre todopoderoso y finalmente, el regreso triunfal, la resurrección.
El mito del "eterno retorno" que simboliza la regeneración de los tiempos, lo cual nos dice que a pesar de los cambios y del carácter histórico de estos, de alguna manera todo permanece igual. Así se configura el mito y más que algo premeditado y de un manejo consciente de la situación, estos procesos responden a la conjugación de eventos, personajes, situaciones e imaginarios que anidan en el inconsciente colectivo de una sociedad extremadamente compleja como la nuestra.
(*) UDO/Bolívar
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sábado, 6 de agosto de 2011
NOTA ACOTADA

EL NACIONAL - Sábado 06 de Agosto de 2011 Opinión/5
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
En torno a la muerte
FRANCISCO RODRÍGUEZ*
La muerte es cosa de mortales, valga la perogrullada; vale decir, de gente común y corriente como cualquiera de nosotros, no de los dioses del Olimpo o de héroes y semidioses, los cuales son eternos porque aunque mueran siempre vuelven a vivir, resucitan. Así, Jesús de Nazareth, Osiris-Horus; todos muertos y resucitados al tercer día. La muerte, ese hecho que no responde a ninguna razón humana sino a la propia razón de la vida, igual que ésta, no tiene ninguna explicación dentro de este contexto lógico. Simplemente constituye un terrible hecho de de-significación, de negación radical del significante que es la vida que nos deja solos y desnudos ante una situación tan terrible para el humano entendimiento como es la nada, el vacío total, dado el egocentrismo de la especie.
Por eso las religiones y los misticismos de todo tipo. Sin embargo, esto nos hace constatar el terrible hecho de darnos cuenta de que estamos solos ante la muerte. Incluso los dioses, héroes y semidioses, los cuales podrían estar más solos que los comunes mortales porque su existencia está sobresaturada de significaciones, propósitos, utopías y hombres nuevos por construir. Demasiado equipaje. Por eso y por otras razones, la muerte de Sigfrido de Wagner es tan patética.
(*) UDO/Bolívar
Amigo Francisco: Edgar Morin en su libro El hombre y la muerte (anda en su séptima edición) nos acerca a esta temática recurrente de la cultura occidental constatando los enigmas de este fenómeno en todo el transcurrir de nuestra historia. Como hemos sostenido recientemente, el debate un poco más terrenal referido a las dolencias del Presidente y sus implicaciones en el espacio público tiene dos componentes que deben ser procesados en equilibrio: la connotación personal intransferible que tiene esta cuestión de cara a la manera como se asume un proceso de sanación del cuerpo, por un lado; y los diversos entrecruzamientos de este mismo asunto en la gestión del Estado, por el otro. Me parece que la cuestión prioritaria debe estar centrada en la atención personal de este asunto de salud. Para ello es menester despejar de misterios y manejos erráticos todo lo que tiene que ver con el curso de este delicado asunto. Es preciso vencer la presión mediática y no caer en el juego de estar haciendo tratamientos por televisión. Tampoco es recomendable verse obligado a estar dando muestras constantes de fortaleza física y cosas parecidas. En este punto es necesario un manejo normal y sobrio en el que lo principal sea justamente el tratamiento efectivo de la enfermedad (sin ninguna concesión a los protocolos de palacio ni a las disciplinas burocráticas).
En el terreno propiamente político, se impone un esfuerzo redoblado de normalización de la gestión pública. Seguirán habiendo truculencias y manipulaciones de los sectores más desacreditados de la oposición.
Allí no hay mucho que pueda hacerse. También hay gente adversa al Gobierno que ha dado muestras de sensatez política, al evitar el juego sórdido con el tema de la enfermedad del Presidente. Ello indica que puede esperarse un cierto período de funcionamiento normal de la cuestión pública, sin zozobras ni timbres de sirenas.
La cuestión clave es que estos dos planos marchen en paralelo pero acompasados. Que los operadores cumplan cabalmente su función (en muchos casos es mejor que no expliquen porque enredan). Que el Presidente evalúe bien en qué cosas interviene sin interferir el proceso de su recuperación, que es prioritario. La dinámica cotidiana ejerce una enorme presión para involucrarse en cientos de cosas que parecerán urgentes (como siempre).
Es allí donde se impone una decisión férrea que no distraiga atención y energías a la cuestión vital: superar efectivamente el cuadro de la enfermedad.
Mientras tanto, el país se va acomodando a los nuevos datos de la situación; la agenda del tiempo que viene estará marcada por las distintas incidencias de este fenómeno extrapolítico. Dependiendo del curso de los acontecimientos directamente relacionados con la salud del Presidente, tendremos mapas situacionales completamente diferentes.
R. Lanz
Ilustración: Ingmar Bergman, escena de "El séptimo sello" (1956).
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sábado, 5 de marzo de 2011
ÁNGULOS

EL NACIONAL - Jueves 03 de Marzo de 2011 Opinión/7
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
La universidad interrogada
FRANCISCO RODRÍGUEZ*
Desde su mismo origen como institución, la universidad ha sido cuestionada y cuestionadora. Es su naturaleza y su razón de ser estar en el centro de una confrontación ideológico-teórico-política porque la materia prima de su funcionamiento y constitución es el pensamiento y el conocimiento, aun siendo una institución de tipo confesional. Es por ello que la universidad ha sido siempre un bocado apetecible por parte de las estructuras de poder en cualquier momento histórico.
La universidad no es tampoco una estructura "químicamente pura" desde el punto de vista académico, puesto que contiene toda la ecología política que la circunda.
¿Es acaso entonces la universidad un aparato ideológico del Estado? Desde luego, constituye ella un espacio que reproduce la ideología del poder dominante. Pero es más que eso, porque es una estructura cuya característica esencial es la complejidad. Y es quizás esto lo que ha permitido su supervivencia a través de los siglos y formaciones sociohistóricas diferentes.
Es el estatuto de la diversidad lo que está en la base de su estructura: múltiples y variadas funciones en mixtura con características que la hacen una institución realmente singular puesto que ninguna otra reviste esa complejidad.
No obstante, esta institución ha sobrevivido no sin traumas y espasmos internos.
Aún así la universidad no sucumbió y siguió siendo agencia del pensamiento crítico, caja de resonancia de los problemas del país, lugar de la disidencia. Incluso en aquellas universidades manifiestamente dirigidas por un partido de derecha, la libertad de cátedra nos permitía hablar de marxismo y cuantas teorías sociocríticas se nos ocurría. El carácter de universidad autónoma permitía que se colaran las voces de la disidencia. Por eso, porque la razón de ser de la institución, en última instancia, es el ejercicio del pensamiento crítico, la ecología institucional que se proyecta es el pensamiento disidente.
No quiere decir que no exista una lógica de la supervivencia material instalada que conduce a la autoanulación como sujeto crítico del profesor que ve a la universidad como una manera de ganarse la vida y escalar posiciones. Y este patrón de comportamiento no es precisamente la excepción sino la regla.
Con respecto a la nueva ley de educación universitaria, es claro que en el "espíritu de esta ley" están contenidas toda una gama de estrategias orientadas a controlar las universidades o, al menos, a neutralizarlas en su papel de actores políticos incómodos. Aunque no conociéramos la ley en detalle, podríamos entresacar algunos artículos que reflejan esta intencionalidad como es el que se refiere a la ubicación de la dependencia de la capacidad de tomar decisiones en última instancia en el Ministerio de Educación Superior.
Ni siquiera Caldera, siendo un político de ultraderecha, se atrevió a tanto. Me parece que, en su afán de aparecer como "más papistas que el papa", a los asesores académicos del Gobierno se les pasó la mano proponiendo más poder para el emperador en el cultivo de un "bonapartismo" que ya luce insoportable por decir lo menos.
Por otra parte, nadie entiende en qué realmente consiste ese tal consejo de transformación territorial en donde estarán desde universitarios hasta las comunas, las milicias bolivarianas y otras especies que configuran una mezcla verdaderamente barroca. Sin embargo, tenemos que aceptar que la nueva forma propuesta de elección de autoridades en la cual participan todos los miembros de la comunidad universitaria por igual puede constituir un paso de avance en el proceso de democratización y ampliación del concepto de autonomía hacia lo interno de la universidad. Además, esto fue siempre un deseo de los sectores que anhelaban realmente la transformación universitaria.
Esto no es azaroso, pues se produce en una coyuntura de estimulación de la participación de los sectores populares y subordinados de la sociedad; luego, no se entiende cómo la universidad pueda seguir funcionando de forma antihistórica.
(*) Universidad de Oriente/ Bolívar
EL NACIONAL - Miércoles 02 de Marzo de 2011 Opinión/8
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Desde la universidad privada
ANDRÉS STAMBOULI*
Superada la crispación política generada por la ausencia del imprescindible diálogo entre el Estado y el sector universitario, en el afortunadamente fallido intento de imposición de una extravagancia legislativa, los múltiples problemas y penurias de la sociedad venezolana obligan a fijar en conjunto, Estado y sistema universitario total, una agenda que establezca, legitime y apoye el aporte del sector universitario privado a la superación de nuestros severos déficits societarios.
Con un nuevo marco legal y operativo apropiado, es mucho lo que las universidades públicas y privadas pueden realizar. Todo el sistema universitario debe expandirse, y el mismo debe ser objeto de políticas que estimulen no sólo el financiamiento estatal sino también el financiamiento privado a partir, por cierto, de la reconsideración dialogada de la recién reformada Locti.
Con base en los preceptos constitucionales y consideraciones de diversos foros mundiales, que establecen la educación universitaria como servicio público fundamentado en el respeto a todas las corrientes del pensamiento, reconocer el papel de la educación universitaria privada y fortalecerlo desde el Estado es garantizar la pluralidad cultural y social establecida en la Constitución.
La universidad privada, respondiendo al criterio de libertad de escogencia de sectores sociales que aspiran a recibir una educación de calidad acorde a sus expectativas de grupo, debe formar profesionales de hecho muchas lo hacen que, desde los diversos sectores de la producción material y cultural, fortalezcan nuestra capacidad como sociedad para insertarnos exitosamente en la inevitable globalización.
El sector universitario privado atiende una demanda educativa a la que el Estado por si solo no se da abasto. Frente a las dificultades del sistema de educación universitaria, deben acordarse políticas que armonicen los subsistemas públicos y privados con el Estado en su gestión. Algo dice el hecho de que de las 2.940 universidades activas en América Latina y el Caribe, 1.023 son universidades públicas y 1.917 son privadas, con un notorio crecimiento de estas últimas en los años recientes, que representaban para 2005, en la región, 44,2% del total de la matrícula de educación superior, aunque, valga destacar, las actividades de investigación se han concentrado básicamente en las universidades que financian los Estados.
Aceptado lo anterior, se impone reconocer que la actividad de investigación, crucial para el desarrollo sustentable, es sumamente costosa, y que la universidad privada puede estar en capacidad de realizar un aporte significativo al sistema en su conjunto, si recibiera apoyo financiero del Estado, pero bajo normas de pertinencia social, libertad de pensamiento e indagación y universalidad. Una educación e investigación universitaria de calidad para una demanda social creciente que presiona al Estado requiere de una importante inversión en infraestructura, equipamiento tecnológico y formación para la docencia y la investigación, dirigida a todo el sector, sin discriminaciones.
El impulso a la universidad privada, insisto, es un imperativo de los tiempos actuales, y es ya práctica casi planetaria.
Y ya que está de moda, consideremos el ejemplo chino, caso emblemático de un sistema de acceso meritocrático a la educación universitaria pública, en la que se están desarrollando universidades privadas en función de la calidad de su oferta académica. China tiene el sistema educativo más grande del planeta y, desde 1996 su Gobierno ha estado impulsando políticas de promoción, flexibilización, apertura y diversificación, con el objetivo de ampliar la cobertura de la educación universitaria. Allí las universidades privadas para el año 2002 representaban 40% del total de sus universidades.
Pero regresemos a lo nuestro, el Estado venezolano debe comenzar a ver al sector universitario privado y por cierto al sector privado en general como un aliado y no como un adversario o socio menor discriminado. Una nueva ley de universidades debe darle a la universidad privada ciudadanía plena.
(*) Decano de Posgrado, Universidad Metropolitana
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jueves, 21 de octubre de 2010
fundamental (izaciones)

EL NACIONAL - Jueves 21 de Octubre de 2010 Opinión/8
A Tres Tres Manos Manos
Miradas múltiples para el diálogo Miradas múltiples para el diálogo
El fundamentalismo ideológico-político
FRANCISCO RODRÍGUEZ*
El problema con el fundamentalismo es el énfasis en un centro de gravedad temático que termina convirtiéndose en algo exagerado, monstruoso, teratológico. Es una cuestión de cantidad que en un momento determinado se vuelve calidad, como diría Engels.
Así, el discurso se vuelve más repetitivo y compulsivo mientras se percibe más lejano el horizonte del ideal de realización que se pregona para el consumo de las masas. En este sentido el discurso aparece como una defensa ante lo que se percibe como una falta fundamental.
El discurso de este modo y algunas acciones muy ruidosas, se orientan a suturar imaginariamente las grietas entre el plano teórico del mero deseo y la realidad concreta; esa "cochina, sucia y porfiada" realidad. A medida que las grietas se abren con mayor profundidad, más radical se vuelve el discurso que adquiere fuertes resonancias por el énfasis puesto en el tema.
Es inevitable aquí la presencia del mito porque estas representaciones zanjan una contradicción que plantea dilemas sin solución en la realidad concreta.
Por ejemplo, igualdad versus desigualdad, justicia versus injusticia, alienación versus comunicación transparente. En este orden de ideas se plantea el dilema, más que socioeconómico, ético de la contradicción capitalismo versus socialismo. En principio es un falso problema porque un término de la relación en este par contradictorio, no existe; es una conjetura.
Pensar el futuro como ideal contrafáctico sin partir del presente como referencia fundamental, sería una falacia, como aquella persona que intente levantarse a sí misma tirando del cordón de los zapatos. El fundamentalismo en su afán de negar el tiempo y la noción de proceso confunde los tiempos; el futuro con el pasado y el presente. Y es precisamente esto lo que plantea el mito.
Al grito de muerte al capitalismo se propone el cambio radical y, de un solo plumazo, de todas las estructuras sociales, culturales y políticas. Así, en este contexto se declara la muerte del capitalismo y de la burguesía al mismo tiempo, como expresiones concretas de la maldad y la iniquidad absoluta.
En esta cadena de oposiciones binarias que constituye la estructura del mito, por supuesto que la presencia del socialismo representa el advenimiento del "porvenir radiante" de la humanidad aboliendo todo lo malo y oscuro que envuelve el sistema capitalista. Pero menudo problema porque nadie tiene una receta para realizar estas operaciones que significan, a nuestro modo de entender las cosas, un proceso de "reconstrucción simbólica de la subjetividad".
Para el fundamentalismo como pensamiento de clausura y cierre del universo sociopolítico, esta "caja negra" de los procesos sociales no existe porque significan lidiar con una complejidad que introduce "ruido en la comunicación" acerca del concepto de realidad como lo "claro y lo distinto". Así se niega el carácter gelatinoso y resbaloso que lo social tiene en cualquier circunstancia; se niega el carácter probabilístico y de incertidumbre que genera un miedo profundo a no tener el control sobre los acontecimientos. Surge de esta manera un universo caótico que sustituye el cosmos de un universo totalmente predecible y manejable de acuerdo con imaginarios muy egocéntricos y narcisistas acerca de un mundo totalmente determinado y finito.
No hay fuga, ni pérdida de energía o entropía en este sistema-mundo de abordaje de la realidad claramente newtoniano-cartesiano que por efectos de una sobrecarga de deseo se convierte en un pensamiento mágico.
Por su misma naturaleza, este tipo de pensamiento anuncia un imaginario apocalíptico que dé al traste con tantas estructuras sociales que impiden la marcha triunfal de la historia hacia su liberación definitiva y, por supuesto, anticipa el surgimiento de un "mesías" salvacionista y liberador. Esto es inevitable, de ahí que se hace necesario un ejercicio sociocrítico y deconstruccionista que desmonte este pensamiento que conspira contra cualquier proceso de cambio significativo de las estructuras sociales por su carácter reificante y, por lo tanto, antihistórico.
* UDO/Bolívar
Ilustración: http://iscd.com.au/gallery1/VisualArts/Abstract-Geometric-Art.jpg
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