De la injusta manipulación de Fabricio Ojeda
Luis Barragán
Rotada la conducción, nadie duda del inmenso mérito histórico que tuvo Fabricio Ojeda al desempeñar la arriesgadísima presidencia de la Junta Patriótica al caer Pérez Jiménez. Militante de URD, posteriormente fue elegido diputado, renunciando a la curul para incorporarse a la lucha guerrillera mediante una carta que retumbó en todo el país.
Desde entonces, su popularidad adquirió otro ritmo y sentido que ayudó a la versión romántica que se quiso de la insurrección, aspirando a legitimar tan difícil y pretendida gesta. Se hizo parte de un imaginario social que, a pesar de las duras derrotas y del esclarecedor debate de una década más tarde, escenificado por las principales fuerzas que alentaron la aventura, sobrevivió y fue recogido, expropiado y aprovechado hasta la saciedad en el siglo siguiente, partiendo de los viejos escombros.
La necropolítica toma el nombre y prestigio del periodista para responder a la difícil coyuntura actual de un gobierno hambreador, como no lo fue – paradójicamente – el de Rómulo Betancourt, satanizado patológicamente por un sector de sus oponentes. Y, sin la debida autorización del parlamento, ahora decreta los honores del Panteón Nacional que, por todos estos años, le ha servido para insuflar una nobleza revolucionaria de la que carecen todos sus integrantes.
La confiscación simbólica de una figura histórica, intentando sobreponerse al rechazo popular que – ante todo – es moral, por siempre temeroso de una decidida movilización ciudadana, convierte la nota obituaria en el recurso por excelencia del régimen. Huérfano de escrúpulos, además, extiende una emboscada a los adversarios, tentándolos a la imposible descalificación de Ojeda que, por cierto, no lo es de conjeturar en torno a las dificultades que vivió en la clandestinidad más allá de lo político, ahorrándonos especular sobre su suerte de haber triunfado el castro-comunismo en la Venezuela de los sesenta del XX; o a la odiosa comparación de los esfuerzos que también otros hicieron hasta perder la vida, sufrir un largo carcelazo o malvivir en el exilio, a objeto de derrocar la dictadura.
Mi padre y hermanos mayores conocieron y trataron personalmente a Fabricio y, en nuestra casa, la referencia fue siempre de admiración y respeto. Es demasiado injusto que este régimen de una ilimitada vocación funeraria, añadida las cifras inéditas que ha aportado en muertes prematuras y violentas cada año, haga trizas de él. Por ello, valoramos mucho la carta que tres o cuatro años escribió el hijo del periodista, y también periodista, añadido otro reciente texto. ¡Ya basta de la miserable manipulación que sólo satisface el morbo del gobierno!
Ilustración: Fabricio Ojeda. Elite, Caracas, nr. 1808 del 21/05/1960.
Fuente:
http://acn.com.ve/luis-barragan-de-la-injusta-manipulacion-de-fabricio-ojeda/
21/01/2017:
http://acn.com.ve/luis-barragan-de-la-injusta-manipulacion-de-fabricio-ojeda/
http://ultimasnoticiashoy.mx.tl/noticias/luis-barragan-de-la-injusta-manipulacion-de-fabricio-ojeda
http://es.makemefeed.com/2017/01/22/luis-barragan-de-la-injusta-manipulacion-de-fabricio-ojeda-5013789.html
http://venezuela.noticiasabc.com/2017/01/21/luis-barragan-de-la-injusta-manipulacion-de-fabricio-ojeda/
http://breaking100news.com/ve/venezuela/se-hizo-justicia-con-el-heroe-trujillano/
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sábado, 21 de enero de 2017
EL CORAJE DE SER Y LLAMARSE FABRICIO OJEDA
El Panteón
Un “honor” que no sé cómo lo hubiese tomado mi padre, ya que tras su injusta muerte, no podemos pedir su opinión
Fabricio Ojeda
Entre las numerosas preguntas que me han formulado últimamente, muchas insisten en saber si la familia de mi padre tiene una postura oficial sobre el traslado de sus restos para el Panteón Nacional.
No puedo hablar por mi familia pero postura oficial no hay, pues aparte de la coincidencia de considerar que sin duda se trata de un gran honor, como en todo grupo existen discrepancias que no vienen al caso mencionar aquí. Respeto mucho la opinión de cada pariente y si la decisión de la mayoría en el núcleo más cercano es aceptar que se exhumen nuevamente los restos de Fabricio Ojeda, esta vez para llevarlo al Panteón, pues la acato aunque no esté de acuerdo. Eso no tiene por qué fracturar la unión familiar en los demás aspectos de la vida.
Pero lo que sí tengo –como padre, periodista y como venezolano- es el deber de fijar mi posición personal, que es de absoluto rechazo a la utilización de la memoria y los restos de mi papá para hacerle propaganda a un gobierno que con sus políticas totalitarias, arbitrarias y equivocadas, ha puesto al pueblo a pasar hambre, a morir por falta de medicinas, a empobrecerse cada día más, y se niega a aceptar ayuda humanitaria para no admitir que en Venezuela la inmensa mayoría de la población sufre carencias elementales como nunca antes había ocurrido.
No estoy de acuerdo, no porque crea que no es una gran honra el hecho de que los huesos de mi viejo vayan a reposar a la tumba de los héroes, si no porque quien imparte ese honor, es el mismo sepulturero que ha despilfarrado nuestra enorme riqueza y enterrado al país en la más grave crisis de su historia, en tiempos que según el eufemismo debemos llamar “de paz”.
Un “honor” que no sé cómo lo hubiese tomado mi padre, ya que tras su injusta muerte, no podemos pedir su opinión. Sí, es cierto. En 1966 lo asesinaron esbirros similares a los de ahora, pero el dolor y la rabia que eso pudo haberme causado no deben servirme de pretexto para volcar resentimientos contra toda una nación.
No me atrevo a hablar por mi progenitor -y esto lo deberían hacer muchos- pero tengo dudas de que mi papá se hubiera dejado homenajear por un gobierno que ha roto todos los records perpetrando aquellas cosas contra las que él en sus tiempos luchó: corrupción, autoritarismo, falta de democracia, violación de los derechos humanos, injusticia, discriminación, persecución, desigualdad.
Para nadie es un secreto que la corrupción oficial en Venezuela se ha extendido y excedido tanto, que ya se siente en el plato vacío sobre la mesa. No es justo que en los últimos 17 años hayan ingresado al país más recursos que en el resto de su historia, y los hospitales estén peor que nunca, los servicios públicos no funcionen, los niños se desmayen de hambre en las escuelas, miles de obras estén inconclusas, la delincuencia mande en las calles, la inflación alcance la estratosfera y los salarios no alcancen para comer, mientras un pequeño grupo en el poder y sus familias exhiben, ostentan, nos restriegan en la cara –desfachatadamente- una vida llena de viajes, lujos y derroche, mientras pregonan el “socialismo”.
El 23 de enero se cumplen 59 años de la caída de la dictadura perezjimenista, violadora de los derechos humanos, por cuyo derrocamiento mi padre arriesgó su vida. Es curioso –o al menos hipócrita- que se elija esta fecha para hacer el traslado y la respectiva marcha hacia el Panteón, por un régimen cuyo “líder eterno” no solo mostró pública admiración hacia Marcos Pérez Jiménez y su modo de mandar, sino además le pidió personalmente consejos en Madrid.
Es irónico que quien organiza el acto sea el mismo gobierno antidemocrático que ha secuestrado a los poderes públicos; eliminado la soberanía popular -al desconocer a la Asamblea Nacional electa por voto directo y secreto en diciembre de 2015- y le ha arrebatado al pueblo el derecho que le otorga la Constitución de revocar a sus gobernantes. El mismo gobierno que persigue y encarcela opositores, que reprime violentamente protestas callejeras y los cuerpos de seguridad cometen ejecuciones extrajudiciales. El mismo cuyos principales líderes aseguran que en Venezuela ya no habrá más elecciones, pues ellos se quedarán para siempre, así el pueblo pase penurias y no los quiera.
Yo, que tengo sus genes y conozco su historia, no creo que si estuviera vivo mi padre apoyaría a un gobierno como este, pero con el traslado de sus restos al Panteón se pretende afirmar lo contrario. Homenajes así, en vez de enaltecer, mancillan.
Por mi parte, preferiría que sus despojos se quedaran ahí, en el Cementerio General del Sur, junto al pueblo por el que luchó y que todavía no ha visto el fruto de su sacrificio. O, al menos, que lo lleve al Panteón un gobierno decente, con moral para pontificar sobre moral.
Que lo dejaran en la modesta tumba que comparte con los sagrados huesos de mi madre. Que no los separen nuevamente, después de tantos años reposando juntos y en paz.
Fuente:
http://www.notiminuto.com/noticia/el-panteon/#
Cfr.
http://lbarragan.blogspot.com/2012/10/excepto-la-desmienta-documento-historico.html
Un “honor” que no sé cómo lo hubiese tomado mi padre, ya que tras su injusta muerte, no podemos pedir su opinión
Fabricio Ojeda
Entre las numerosas preguntas que me han formulado últimamente, muchas insisten en saber si la familia de mi padre tiene una postura oficial sobre el traslado de sus restos para el Panteón Nacional.
No puedo hablar por mi familia pero postura oficial no hay, pues aparte de la coincidencia de considerar que sin duda se trata de un gran honor, como en todo grupo existen discrepancias que no vienen al caso mencionar aquí. Respeto mucho la opinión de cada pariente y si la decisión de la mayoría en el núcleo más cercano es aceptar que se exhumen nuevamente los restos de Fabricio Ojeda, esta vez para llevarlo al Panteón, pues la acato aunque no esté de acuerdo. Eso no tiene por qué fracturar la unión familiar en los demás aspectos de la vida.
Pero lo que sí tengo –como padre, periodista y como venezolano- es el deber de fijar mi posición personal, que es de absoluto rechazo a la utilización de la memoria y los restos de mi papá para hacerle propaganda a un gobierno que con sus políticas totalitarias, arbitrarias y equivocadas, ha puesto al pueblo a pasar hambre, a morir por falta de medicinas, a empobrecerse cada día más, y se niega a aceptar ayuda humanitaria para no admitir que en Venezuela la inmensa mayoría de la población sufre carencias elementales como nunca antes había ocurrido.
No estoy de acuerdo, no porque crea que no es una gran honra el hecho de que los huesos de mi viejo vayan a reposar a la tumba de los héroes, si no porque quien imparte ese honor, es el mismo sepulturero que ha despilfarrado nuestra enorme riqueza y enterrado al país en la más grave crisis de su historia, en tiempos que según el eufemismo debemos llamar “de paz”.
Un “honor” que no sé cómo lo hubiese tomado mi padre, ya que tras su injusta muerte, no podemos pedir su opinión. Sí, es cierto. En 1966 lo asesinaron esbirros similares a los de ahora, pero el dolor y la rabia que eso pudo haberme causado no deben servirme de pretexto para volcar resentimientos contra toda una nación.
No me atrevo a hablar por mi progenitor -y esto lo deberían hacer muchos- pero tengo dudas de que mi papá se hubiera dejado homenajear por un gobierno que ha roto todos los records perpetrando aquellas cosas contra las que él en sus tiempos luchó: corrupción, autoritarismo, falta de democracia, violación de los derechos humanos, injusticia, discriminación, persecución, desigualdad.
Para nadie es un secreto que la corrupción oficial en Venezuela se ha extendido y excedido tanto, que ya se siente en el plato vacío sobre la mesa. No es justo que en los últimos 17 años hayan ingresado al país más recursos que en el resto de su historia, y los hospitales estén peor que nunca, los servicios públicos no funcionen, los niños se desmayen de hambre en las escuelas, miles de obras estén inconclusas, la delincuencia mande en las calles, la inflación alcance la estratosfera y los salarios no alcancen para comer, mientras un pequeño grupo en el poder y sus familias exhiben, ostentan, nos restriegan en la cara –desfachatadamente- una vida llena de viajes, lujos y derroche, mientras pregonan el “socialismo”.
El 23 de enero se cumplen 59 años de la caída de la dictadura perezjimenista, violadora de los derechos humanos, por cuyo derrocamiento mi padre arriesgó su vida. Es curioso –o al menos hipócrita- que se elija esta fecha para hacer el traslado y la respectiva marcha hacia el Panteón, por un régimen cuyo “líder eterno” no solo mostró pública admiración hacia Marcos Pérez Jiménez y su modo de mandar, sino además le pidió personalmente consejos en Madrid.
Es irónico que quien organiza el acto sea el mismo gobierno antidemocrático que ha secuestrado a los poderes públicos; eliminado la soberanía popular -al desconocer a la Asamblea Nacional electa por voto directo y secreto en diciembre de 2015- y le ha arrebatado al pueblo el derecho que le otorga la Constitución de revocar a sus gobernantes. El mismo gobierno que persigue y encarcela opositores, que reprime violentamente protestas callejeras y los cuerpos de seguridad cometen ejecuciones extrajudiciales. El mismo cuyos principales líderes aseguran que en Venezuela ya no habrá más elecciones, pues ellos se quedarán para siempre, así el pueblo pase penurias y no los quiera.Yo, que tengo sus genes y conozco su historia, no creo que si estuviera vivo mi padre apoyaría a un gobierno como este, pero con el traslado de sus restos al Panteón se pretende afirmar lo contrario. Homenajes así, en vez de enaltecer, mancillan.
Por mi parte, preferiría que sus despojos se quedaran ahí, en el Cementerio General del Sur, junto al pueblo por el que luchó y que todavía no ha visto el fruto de su sacrificio. O, al menos, que lo lleve al Panteón un gobierno decente, con moral para pontificar sobre moral.
Que lo dejaran en la modesta tumba que comparte con los sagrados huesos de mi madre. Que no los separen nuevamente, después de tantos años reposando juntos y en paz.
Fuente:
http://www.notiminuto.com/noticia/el-panteon/#
Cfr.
http://lbarragan.blogspot.com/2012/10/excepto-la-desmienta-documento-historico.html
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lunes, 26 de agosto de 2013
DRAMA SOLAPADO
Una victimización infundada
Luis Barragán
La más estelar de sus vocaciones, este y el anterior gobierno, siendo lo mismo, busca persistente y enfermizamente victimizarse. No hay una conspiración, un nefasto propósito, un acontecimiento oscuro, que lo haga objeto de sus más aceradas garras, y, por ello, real victimario, no responde siquiera por la alta tasa de homicidios que padecemos, a pesar de ser – precisamente – gobierno.
Pueden ser las más banales pruebas que presente, acompañadas de las no menos ocurrentes conjeturas, pero – de algo estamos seguros – no hubiese soportado un milímetro de los sabotajes, por decir lo menos, de los que supo el país medio siglo atrás. Por estos meses, el otrora Presidente Betancourt se impuso la meta de celebrar los comicios generales de 1963, y la alcanzó a pesar de la violencia generalizada, las intentonas de golpes, el regadío de tachuelas en la ciudad capital, la tragedia del tren de El Encanto, la división del partido de gobierno, el control opositor de la Cámara de Diputados, la crisis de la coalición gubernamental, por no citar secuestros sensacionalistas como el de Alfredo Di Stéfano o la extradición de Pérez Jiménez.
Frágil memoria la nuestra, el madurato se cree la víctima de todo el mal de ojo que pueda existir en el país, aunque – evadiendo sus responsabilidades – haya razones para protestarlo y rechazarlo. Que sepamos, más allá de quejarse por unas circunstancias duras e irrepetibles en nuestro historial republicano, conjugadas como nunca antes, Betancourt gobernó y siguió gobernando, respondiendo a las necesidades apremiantes del país.
No se diga de una nota filobetancurista, propagandística y anacrónica de quien jamás ha sido adeco, pero hubo un concierto real, objeto y contundente de eventos que otros, como los que ahora ocupan Miraflores o el llamad Cuartel de la Montaña, o lo que fuere (porque ya ni se sabe de una fija sede oficial de gobierno), no hubiesen soportado sin perder el norte. De modo que, por si fuese poco, en una malévola operación psicológica, por insensata que sea, ahora se inventan esto, lo de la habilitante de la anticorrupción como pretexto para buscar los reales que les hacen tanta falta, luego de tanto despilfarro.
Se les ha ocurrido, después de catorce años de gobierno, que otros son los corruptos así no manejen recurso público alguno. Los victimarios convertidos en víctimas, infundadamente, truenan por la preocupación de Nicolás Maduro por el problema, transmitiéndonos un mensaje curioso: lo está como antes Chávez Frías no lo estuvo.
Ilustraciones: Sancho registra humorísticamente, dos instantes en la vida de Pérez Jiménez: uno, al ser extraditado y encarcelado en Venezuela (1963); y, otro, todavía en prisión, al enterarse del "suicidio" de Fabricio Ojeda (1966). Ambas de un dramatismo solapado, ciertamente.
Luis Barragán
La más estelar de sus vocaciones, este y el anterior gobierno, siendo lo mismo, busca persistente y enfermizamente victimizarse. No hay una conspiración, un nefasto propósito, un acontecimiento oscuro, que lo haga objeto de sus más aceradas garras, y, por ello, real victimario, no responde siquiera por la alta tasa de homicidios que padecemos, a pesar de ser – precisamente – gobierno.
Pueden ser las más banales pruebas que presente, acompañadas de las no menos ocurrentes conjeturas, pero – de algo estamos seguros – no hubiese soportado un milímetro de los sabotajes, por decir lo menos, de los que supo el país medio siglo atrás. Por estos meses, el otrora Presidente Betancourt se impuso la meta de celebrar los comicios generales de 1963, y la alcanzó a pesar de la violencia generalizada, las intentonas de golpes, el regadío de tachuelas en la ciudad capital, la tragedia del tren de El Encanto, la división del partido de gobierno, el control opositor de la Cámara de Diputados, la crisis de la coalición gubernamental, por no citar secuestros sensacionalistas como el de Alfredo Di Stéfano o la extradición de Pérez Jiménez.
Frágil memoria la nuestra, el madurato se cree la víctima de todo el mal de ojo que pueda existir en el país, aunque – evadiendo sus responsabilidades – haya razones para protestarlo y rechazarlo. Que sepamos, más allá de quejarse por unas circunstancias duras e irrepetibles en nuestro historial republicano, conjugadas como nunca antes, Betancourt gobernó y siguió gobernando, respondiendo a las necesidades apremiantes del país.
No se diga de una nota filobetancurista, propagandística y anacrónica de quien jamás ha sido adeco, pero hubo un concierto real, objeto y contundente de eventos que otros, como los que ahora ocupan Miraflores o el llamad Cuartel de la Montaña, o lo que fuere (porque ya ni se sabe de una fija sede oficial de gobierno), no hubiesen soportado sin perder el norte. De modo que, por si fuese poco, en una malévola operación psicológica, por insensata que sea, ahora se inventan esto, lo de la habilitante de la anticorrupción como pretexto para buscar los reales que les hacen tanta falta, luego de tanto despilfarro.
Se les ha ocurrido, después de catorce años de gobierno, que otros son los corruptos así no manejen recurso público alguno. Los victimarios convertidos en víctimas, infundadamente, truenan por la preocupación de Nicolás Maduro por el problema, transmitiéndonos un mensaje curioso: lo está como antes Chávez Frías no lo estuvo.
Ilustraciones: Sancho registra humorísticamente, dos instantes en la vida de Pérez Jiménez: uno, al ser extraditado y encarcelado en Venezuela (1963); y, otro, todavía en prisión, al enterarse del "suicidio" de Fabricio Ojeda (1966). Ambas de un dramatismo solapado, ciertamente.
lunes, 15 de octubre de 2012
¿Y NO PASARÁ DE AHÍ?
De una carta histórica
Luis Barragán
En los días finales de la ya concluida campaña presidencial, circuló una misiva que no dudamos en calificar de histórica. Más allá del apoyo explícito a la candidatura de Henrique Capriles, lo relevante es el reconocimiento de una necesidad impostergable: la de una mínima convivencia entre los venezolanos, fundada en la verdad, la paz, la justicia, el respeto.
Fabricio Ojeda (hijo), tuvo el coraje de reconocer que, a casi medio siglo del cobarde asesinato de su padre, son otros los tiempos. Indeseable ese revanchismo crónico y cancerígeno del que morbosamente gustan los que hoy detentan el poder y la riqueza.
Que sepamos, el firmante no ha desmentido el documento que tanto disgusto ha generado entre quienes, aún sin haberlo conocido, rasgan sus vestiduras fariseas invocando al otrora presidente de la Junta Patriótica. Y, aún si negara su rúbrica, deja intacta la calamidad que todavía representan unos acontecimientos que ameritan de un profundo debate histórico, mas no el político que le es rentable únicamente a pocos.
Recordamos que, en una de nuestras iniciales incorporaciones a la Asamblea Nacional, entraba el Proyecto de Ley de Desaparecidos (etc.) para su primera discusión. La bancada del gobierno montó un espectáculo, poblando el palco de los deudores de aquellos desaparecidos, torturados y muertos en la década de los sesenta, junto a los familiares de las víctimas más destacadas, sentados en el hemiciclo con José Vicente Rangel y los ministros que comparecieron para una “interpelación”.
Bastará con imaginarse el ambiente, pues – por añadidura – eran ya incontables los fallecidos en las cárceles sumergidas en una pavorosa violencia, y hasta un parlamentario de la oposición estuvo a punto de perder su inmunidad. Fanfarria luctuosa, pues, para el pasado, mientras ocultaban (y ocultan) la verdad sobre el presente.
Tema espinoso, tomamos la palabra por fuerza de nuestras convicciones. Perdonen la inelegancia, lo hicimos enterándonos apenas del Orden del Día, y planteamos nuestras observaciones añadiendo que a la moneda verdadera de los viejos excesos policiales, circulaba la falsa del revanchismo y el odio interesados.
Lo cierto es que se pretende hacer responsables de aquellos hechos a quienes comenzábamos la escuela, o – simplemente – a aquellos que ni siquiera habían nacido en la década de los sesenta. Mal haríamos, al revés, desmintiendo las bondades de la llamada política de pacificación, en hacer lo mismo con los que condujeron a la muerte a no pocos inocentes, en nombre de la insurrección fracasada. Valga la coletilla, mostrando nuestro retroceso, el derecho penal abandonó muchísimo tiempo atrás la imputación imprescriptible, real y moral de los familiares y relacionados con el imputado por algún delito.
Las consideraciones epistolares del hijo de Ojeda, merecen toda nuestra atención. Solamente indignará a quienes literalmente viven de su recuerdo, sospechando y disparando a los otros.
Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/13020-de-una-carta-historica
Fotografía: Portada. Elite, Caracas, nr. 2127 del 02/07/66.
Luis Barragán
En los días finales de la ya concluida campaña presidencial, circuló una misiva que no dudamos en calificar de histórica. Más allá del apoyo explícito a la candidatura de Henrique Capriles, lo relevante es el reconocimiento de una necesidad impostergable: la de una mínima convivencia entre los venezolanos, fundada en la verdad, la paz, la justicia, el respeto.
Fabricio Ojeda (hijo), tuvo el coraje de reconocer que, a casi medio siglo del cobarde asesinato de su padre, son otros los tiempos. Indeseable ese revanchismo crónico y cancerígeno del que morbosamente gustan los que hoy detentan el poder y la riqueza.
Que sepamos, el firmante no ha desmentido el documento que tanto disgusto ha generado entre quienes, aún sin haberlo conocido, rasgan sus vestiduras fariseas invocando al otrora presidente de la Junta Patriótica. Y, aún si negara su rúbrica, deja intacta la calamidad que todavía representan unos acontecimientos que ameritan de un profundo debate histórico, mas no el político que le es rentable únicamente a pocos.
Recordamos que, en una de nuestras iniciales incorporaciones a la Asamblea Nacional, entraba el Proyecto de Ley de Desaparecidos (etc.) para su primera discusión. La bancada del gobierno montó un espectáculo, poblando el palco de los deudores de aquellos desaparecidos, torturados y muertos en la década de los sesenta, junto a los familiares de las víctimas más destacadas, sentados en el hemiciclo con José Vicente Rangel y los ministros que comparecieron para una “interpelación”.
Bastará con imaginarse el ambiente, pues – por añadidura – eran ya incontables los fallecidos en las cárceles sumergidas en una pavorosa violencia, y hasta un parlamentario de la oposición estuvo a punto de perder su inmunidad. Fanfarria luctuosa, pues, para el pasado, mientras ocultaban (y ocultan) la verdad sobre el presente.
Tema espinoso, tomamos la palabra por fuerza de nuestras convicciones. Perdonen la inelegancia, lo hicimos enterándonos apenas del Orden del Día, y planteamos nuestras observaciones añadiendo que a la moneda verdadera de los viejos excesos policiales, circulaba la falsa del revanchismo y el odio interesados.
Lo cierto es que se pretende hacer responsables de aquellos hechos a quienes comenzábamos la escuela, o – simplemente – a aquellos que ni siquiera habían nacido en la década de los sesenta. Mal haríamos, al revés, desmintiendo las bondades de la llamada política de pacificación, en hacer lo mismo con los que condujeron a la muerte a no pocos inocentes, en nombre de la insurrección fracasada. Valga la coletilla, mostrando nuestro retroceso, el derecho penal abandonó muchísimo tiempo atrás la imputación imprescriptible, real y moral de los familiares y relacionados con el imputado por algún delito.
Las consideraciones epistolares del hijo de Ojeda, merecen toda nuestra atención. Solamente indignará a quienes literalmente viven de su recuerdo, sospechando y disparando a los otros.
Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/13020-de-una-carta-historica
Fotografía: Portada. Elite, Caracas, nr. 2127 del 02/07/66.
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Luis Barragán
miércoles, 3 de octubre de 2012
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Ovidio Pérez Morales. "La enseñanza de la historia". El Nacional, Caracas, 16/08/78.
- Entrevista a Mons. Mariano Parra León. "El compromiso fundamental de la Iglesia es con los pobres". Ruptura, Caracas, 06/80.
- Luis Herrera Campíns. "(COPEI) 20 años de dificultades". El Nacional, 16/06/66.
- Iraset Páez Urdaneta. "La teología del voto". El Nacional, 17/12/82.
- Juan Nuño. "Contraste: Fidel, Stalin, Castro". El Nacional, 29/06/89.
Fotografía: Fabricio Ojeda. Elite, Caracas, nr. 1808 del 21/05/60.
- Entrevista a Mons. Mariano Parra León. "El compromiso fundamental de la Iglesia es con los pobres". Ruptura, Caracas, 06/80.
- Luis Herrera Campíns. "(COPEI) 20 años de dificultades". El Nacional, 16/06/66.
- Iraset Páez Urdaneta. "La teología del voto". El Nacional, 17/12/82.
- Juan Nuño. "Contraste: Fidel, Stalin, Castro". El Nacional, 29/06/89.
Fotografía: Fabricio Ojeda. Elite, Caracas, nr. 1808 del 21/05/60.
EXCEPTO LO DESMIENTA, DOCUMENTO HISTÓRICO
Carta de Fabricio Ojeda (hijo)
Fabricio Ojeda
Las razones de por qué mi voto será para .@hcapriles: Esto lo tenía atragantado desde hace tiempo, y lo más honesto y saludable, supongo, es decirlo. Que me disculpen los que piensan distinto, amigos y parientes, y quienes opinan que por ser hijo de quien soy, tengo “ajuro” que ser chavista.
¿Que los adecos mataron a mi padre? Es cierto, pero eso ocurrió hace 46 años, en una convulsionada etapa histórica en la que el gobierno apeló a la violación de los derechos humanos como estrategia de “defensa” de una incipiente democracia que ellos mismos pervirtieron. Fue un asesinato cometido por hombres específicos, con nombres y apellidos, quienes fallecieron o ya son ancianos, cuyos hijos y nietos no tienen por qué heredar la culpa de sus actos. Agradezco la iniciativa de reabrir el caso, tomada por las actuales autoridades. Valoro ese gesto no por resentimiento, odio ni deseos de venganza, sino porque puede servir para rebatir la tesis oficial del suicidio y recuperar, si no su vida, al menos la dignidad del sacrificio de mi padre. Yo, por mi parte, los perdono.
La justicia divina se encargará de pasar facturas. Y si la justicia terrenal actúa y queda aún alguien a quién sancionar, al menos moralmente, que se le castigue con todas las garantías, pero los venezolanos debemos asumir el futuro. No podemos pasar toda la vida enfrentándonos por lo que sucedió en los años 60. Si alguna enseñanza nos debe quedar de estas últimas cinco décadas y media, es que ningún país avanza si una mitad busca dominar a la otra, si cada quien anda por su lado despotricando o persiguiendo al adversario, apostando sólo a intereses particulares o colectivos sectarios.
La única manera de progresar es trabajando todos, sin distinciones, egoísmos, mesías o caudillos, sin imposiciones, dejando de lado los antagonismos políticos para construir como hermanos una Venezuela mejor.
Respeto la posición de cada quien, en especial de miembros de mi familia, y siempre defenderé su derecho a expresarla y actuar según sus principios y creencias. Para ellos, el cariño sigue siendo el mismo. Lo que aquí escribo es algo individual que no tiene por qué involucrarlos. No se trata de un “salto de talanquera”, pues jamás he creído conveniente que los militares, de derecha o izquierda, gobiernen, entre otras cosas porque su visión y formación cuartelaria los acostumbra a mandar u obedecer sin derecho a pataleo, y además, la historia enseña que por lo general se quieren quedar toda la vida en el poder.
Nadie me “calentó las orejas” (en este caso quedaría mejor decir “enfrió”) ni me pagó un céntimo. Prefiero subsistir con mi modesto trabajo, pero mantener la conciencia tranquila. Esto lo digo para adelantarme a las malas lenguas, y para quienes ven en el insulto y la descalificación una forma válida de ataque (impulsada por su máximo líder) contra quienes piensan diferente y tienen la osadía de expresarlo. Dicho esto, ahí van las razones de por qué yo, Fabricio Ojeda Díaz, votaré por Henrique Capriles y no por el teniente coronel Hugo Chávez:
En primer lugar, porque deseo elegir a una persona cuyo estado de salud no genere la incertidumbre de si podrá o no ocuparse de los asuntos concernientes al Estado. Alguien que no tenga una concepción militarista del poder ni militarizada de la sociedad, que no difunda un discurso de odio y confrontación, sino que por el contrario, promueva, respete y defienda el derecho a pensar diferente, como esencia de la democracia.
Quiero que se acaben las divisiones y enfrentamientos entre viejos amigos, entre hermanos, entre padres e hijos, entre parejas, entre venezolanos; que la violencia no esté a la vuelta de la esquina, y que de nuestro vocabulario se eliminen las palabras guerra, invasión y muerte.
Prefiero votar por un hombre de las nuevas generaciones, nacido en 1972 (seis años después de la muerte de mi padre), con ideas modernas, que no está contaminado con los vicios del pasado ni comprometido con los abusos y desviaciones que se cometieron durante la vieja democracia. Un hombre que en cada discurso llama a la inclusión, a la paz, a la hermandad, a la seguridad, a la inversión en un esquema de garantías jurídicas, a la unión de los sectores público y privado para lograr el desarrollo del país, con empleo digno, sin expropiaciones caprichosas, sin zozobra.
Un candidato que utiliza un lenguaje de respeto, de reconocimiento al adversario, que ha prometido mantener y mejorar los programas sociales ya existentes y crear otros, dentro de un clima de libertad de prensa y opinión, sin persecuciones, sin retaliación. Que siempre llama a la reconciliación de los venezolanos y promete utilizar nuestros recursos para solucionar los graves problemas que nos afectan, y no para financiar proyectos utópicos ni gobiernos y dictaduras extranjeras.
Un joven sencillo, sin poses, con un lenguaje claro, que ha dedicado su vida al estudio, al trabajo y la lucha política, en lugar de disfrutar de los privilegios inherentes al hecho casual de haber nacido -como Bolívar- en el seno de una familia pudiente.
Un venezolano que no se va a volver “loco con los reales” del tesoro público, pues ya lo ha demostrado en los cargos públicos que ha ejercido por mandato popular, como diputado, alcalde de Baruta y gobernador del estado Miranda.
En fin, un hombre que tendrá la responsabilidad de dirigir a Venezuela dentro de un esquema de no confrontación, de tolerancia y respeto hacia los ciudadanos, con servicios públicos eficientes, educación, seguridad, generación de empleo, en paz, pero con mano dura al delito y la corrupción. Eso es lo que necesitamos luego de una etapa traumática de la historia democrática que los venezolanos podemos concluir con los votos este 7 de octubre.
* Fabricio Ojeda Díaz (Periodista/@fojediaz)
Fuente: http://www.notitarde.com/VersionImpresa/Pais/Carta-de-Fabricio-Ojeda-%28hijo%29/2012/10/02/136540
Ilustración: Helen Taylor.
Fabricio Ojeda
Las razones de por qué mi voto será para .@hcapriles: Esto lo tenía atragantado desde hace tiempo, y lo más honesto y saludable, supongo, es decirlo. Que me disculpen los que piensan distinto, amigos y parientes, y quienes opinan que por ser hijo de quien soy, tengo “ajuro” que ser chavista.
¿Que los adecos mataron a mi padre? Es cierto, pero eso ocurrió hace 46 años, en una convulsionada etapa histórica en la que el gobierno apeló a la violación de los derechos humanos como estrategia de “defensa” de una incipiente democracia que ellos mismos pervirtieron. Fue un asesinato cometido por hombres específicos, con nombres y apellidos, quienes fallecieron o ya son ancianos, cuyos hijos y nietos no tienen por qué heredar la culpa de sus actos. Agradezco la iniciativa de reabrir el caso, tomada por las actuales autoridades. Valoro ese gesto no por resentimiento, odio ni deseos de venganza, sino porque puede servir para rebatir la tesis oficial del suicidio y recuperar, si no su vida, al menos la dignidad del sacrificio de mi padre. Yo, por mi parte, los perdono.
La justicia divina se encargará de pasar facturas. Y si la justicia terrenal actúa y queda aún alguien a quién sancionar, al menos moralmente, que se le castigue con todas las garantías, pero los venezolanos debemos asumir el futuro. No podemos pasar toda la vida enfrentándonos por lo que sucedió en los años 60. Si alguna enseñanza nos debe quedar de estas últimas cinco décadas y media, es que ningún país avanza si una mitad busca dominar a la otra, si cada quien anda por su lado despotricando o persiguiendo al adversario, apostando sólo a intereses particulares o colectivos sectarios.
La única manera de progresar es trabajando todos, sin distinciones, egoísmos, mesías o caudillos, sin imposiciones, dejando de lado los antagonismos políticos para construir como hermanos una Venezuela mejor.
Respeto la posición de cada quien, en especial de miembros de mi familia, y siempre defenderé su derecho a expresarla y actuar según sus principios y creencias. Para ellos, el cariño sigue siendo el mismo. Lo que aquí escribo es algo individual que no tiene por qué involucrarlos. No se trata de un “salto de talanquera”, pues jamás he creído conveniente que los militares, de derecha o izquierda, gobiernen, entre otras cosas porque su visión y formación cuartelaria los acostumbra a mandar u obedecer sin derecho a pataleo, y además, la historia enseña que por lo general se quieren quedar toda la vida en el poder.
Nadie me “calentó las orejas” (en este caso quedaría mejor decir “enfrió”) ni me pagó un céntimo. Prefiero subsistir con mi modesto trabajo, pero mantener la conciencia tranquila. Esto lo digo para adelantarme a las malas lenguas, y para quienes ven en el insulto y la descalificación una forma válida de ataque (impulsada por su máximo líder) contra quienes piensan diferente y tienen la osadía de expresarlo. Dicho esto, ahí van las razones de por qué yo, Fabricio Ojeda Díaz, votaré por Henrique Capriles y no por el teniente coronel Hugo Chávez:
En primer lugar, porque deseo elegir a una persona cuyo estado de salud no genere la incertidumbre de si podrá o no ocuparse de los asuntos concernientes al Estado. Alguien que no tenga una concepción militarista del poder ni militarizada de la sociedad, que no difunda un discurso de odio y confrontación, sino que por el contrario, promueva, respete y defienda el derecho a pensar diferente, como esencia de la democracia.
Quiero que se acaben las divisiones y enfrentamientos entre viejos amigos, entre hermanos, entre padres e hijos, entre parejas, entre venezolanos; que la violencia no esté a la vuelta de la esquina, y que de nuestro vocabulario se eliminen las palabras guerra, invasión y muerte.
Prefiero votar por un hombre de las nuevas generaciones, nacido en 1972 (seis años después de la muerte de mi padre), con ideas modernas, que no está contaminado con los vicios del pasado ni comprometido con los abusos y desviaciones que se cometieron durante la vieja democracia. Un hombre que en cada discurso llama a la inclusión, a la paz, a la hermandad, a la seguridad, a la inversión en un esquema de garantías jurídicas, a la unión de los sectores público y privado para lograr el desarrollo del país, con empleo digno, sin expropiaciones caprichosas, sin zozobra.
Un candidato que utiliza un lenguaje de respeto, de reconocimiento al adversario, que ha prometido mantener y mejorar los programas sociales ya existentes y crear otros, dentro de un clima de libertad de prensa y opinión, sin persecuciones, sin retaliación. Que siempre llama a la reconciliación de los venezolanos y promete utilizar nuestros recursos para solucionar los graves problemas que nos afectan, y no para financiar proyectos utópicos ni gobiernos y dictaduras extranjeras.
Un joven sencillo, sin poses, con un lenguaje claro, que ha dedicado su vida al estudio, al trabajo y la lucha política, en lugar de disfrutar de los privilegios inherentes al hecho casual de haber nacido -como Bolívar- en el seno de una familia pudiente.
Un venezolano que no se va a volver “loco con los reales” del tesoro público, pues ya lo ha demostrado en los cargos públicos que ha ejercido por mandato popular, como diputado, alcalde de Baruta y gobernador del estado Miranda.
En fin, un hombre que tendrá la responsabilidad de dirigir a Venezuela dentro de un esquema de no confrontación, de tolerancia y respeto hacia los ciudadanos, con servicios públicos eficientes, educación, seguridad, generación de empleo, en paz, pero con mano dura al delito y la corrupción. Eso es lo que necesitamos luego de una etapa traumática de la historia democrática que los venezolanos podemos concluir con los votos este 7 de octubre.
* Fabricio Ojeda Díaz (Periodista/@fojediaz)
Fuente: http://www.notitarde.com/VersionImpresa/Pais/Carta-de-Fabricio-Ojeda-%28hijo%29/2012/10/02/136540
Ilustración: Helen Taylor.
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domingo, 1 de julio de 2012
JUSTICIA (3)
CIUDAD CARACAS, 22 de Junio de 2012
Reabren caso sobre muerte de Fabricio Ojeda
La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declaró con lugar la revisión constitucional solicitada por el Ministerio Público en el caso de la sentencia que declaró terminada la investigación sobre la muerte de Fabricio Ojeda, ocurrida el 21 de junio de 1966, en los calabozos del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas.
En consecuencia, el fallo de la Sala, informó una nota de prensa del TSJ, anuló la sentencia dictada el 26 de agosto de 1966, por el hoy suprimido Juzgado 8º de Primera Instancia en lo Penal de la entonces Circunscripción Judicial del Distrito Federal y estado Miranda.
Tal sentencia del extinto juzgado declaró, conforme con lo establecido en el artículo 206, ordinal 2º, del entonces Código de Enjuiciamiento Criminal, terminada la averiguación iniciada con ocasión de la muerte del periodista y líder revolucionario, en virtud de no revestir carácter penal los hechos objeto de la referida averiguación.
Además, el fallo de la Sala Constitucional del TSJ ordenó oficiar a la jefa de la Oficina de Archivo Judicial del Circuito Judicial Penal de Caracas, para que, dentro de los 10 días siguientes al recibo de la respectiva notificación, a los fines de la continuación de la investigación del caso, remita al Ministerio Público la causa original.
AN rindió honores
Con motivo de cumplirse 46 años del asesinato del periodista y dirigente revolucionario Fabricio Ojeda, la Asamblea Nacional (AN) efectuó ayer un acto en su sede.
Durante la actividad, el parlamentario Fernando Soto Rojas invitó a “estudiar el pasado” para entender la confrontación entre el Gobierno y la oposición.
“Los persecutores de ayer, hoy pueden convivir (con Chávez), pero cuando ellos han sido poder, han sido fascistas implacables”, dijo.
Recordó la represión política y social de la oligarquía y el puntofijismo, que condujeron a la renuncia de Ojeda al Congreso para entregarse a la lucha guerrillera.
El acto contó con la asistencia de familiares del fallecido líder, amigos, excompañeros de lucha y numerosos colectivos del país.
SIMÓN OSORIO/RAÚL PINEDA/CIUDAD CCS
Reabren caso sobre muerte de Fabricio Ojeda
La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declaró con lugar la revisión constitucional solicitada por el Ministerio Público en el caso de la sentencia que declaró terminada la investigación sobre la muerte de Fabricio Ojeda, ocurrida el 21 de junio de 1966, en los calabozos del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas.
En consecuencia, el fallo de la Sala, informó una nota de prensa del TSJ, anuló la sentencia dictada el 26 de agosto de 1966, por el hoy suprimido Juzgado 8º de Primera Instancia en lo Penal de la entonces Circunscripción Judicial del Distrito Federal y estado Miranda.
Tal sentencia del extinto juzgado declaró, conforme con lo establecido en el artículo 206, ordinal 2º, del entonces Código de Enjuiciamiento Criminal, terminada la averiguación iniciada con ocasión de la muerte del periodista y líder revolucionario, en virtud de no revestir carácter penal los hechos objeto de la referida averiguación.
Además, el fallo de la Sala Constitucional del TSJ ordenó oficiar a la jefa de la Oficina de Archivo Judicial del Circuito Judicial Penal de Caracas, para que, dentro de los 10 días siguientes al recibo de la respectiva notificación, a los fines de la continuación de la investigación del caso, remita al Ministerio Público la causa original.
AN rindió honores
Con motivo de cumplirse 46 años del asesinato del periodista y dirigente revolucionario Fabricio Ojeda, la Asamblea Nacional (AN) efectuó ayer un acto en su sede.
Durante la actividad, el parlamentario Fernando Soto Rojas invitó a “estudiar el pasado” para entender la confrontación entre el Gobierno y la oposición.
“Los persecutores de ayer, hoy pueden convivir (con Chávez), pero cuando ellos han sido poder, han sido fascistas implacables”, dijo.
Recordó la represión política y social de la oligarquía y el puntofijismo, que condujeron a la renuncia de Ojeda al Congreso para entregarse a la lucha guerrillera.
El acto contó con la asistencia de familiares del fallecido líder, amigos, excompañeros de lucha y numerosos colectivos del país.
SIMÓN OSORIO/RAÚL PINEDA/CIUDAD CCS
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miércoles, 22 de junio de 2011
NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Edición especial sobre Fabricio Ojeda, muerto. Elite, Caracas, nr. 2127 del 02/07/66.
- Con fotografías de Justo Molina, Leopoldo Linares escribe: "Alirio (Ugarte Pelayo), enigma en la vida y en la muerte". Momento, Caracas, nr. 515 del 29/05/66.
- Oscar Medero. "Fabricio Ojeda se viste de seda". Elite, Caracas, nr. 1796 del 27/02/60.
- Rigoberto Lanz. "En defensa del voluntarismo". Ultimas Noticias, Caracas, 13/12/84.
- Demetrio Boernsner. "Importancia de la teoría revolucionaria". El Nacional, Caracas, 02/08/60.
Fotografía: Fabricio Ojeda. Elite, Caracas, nr. 1808 del 21/05/60.
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