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martes, 15 de mayo de 2012

ACASO, ¿QUEDARSE EN EXCESO?

El Universal, Caracas, 15 de Mayo de 2012
ENTREVISTA
José Virtuoso: "Estamos en una guerra civil"
" Menos mal que la mayoría de nuestros jóvenes no piensa así ('Caracas, ciudad de despedidas'). (El video) ha tocado una fibra... y es constatar que estamos viviendo en medio de una guerra civil", dijo el rector de la Universidad Católica Andrés Bello.
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Virtuoso cree que el sistema educativo debe formar en redes sociales, para el respeto al otro y su intimidad, la tolerancia 
ÁNGEL RICARDO GÓMEZ 

Muchos se quedaron en el "Me iría demasiado", el peinado de este o la forma de hablar de aquella. Los más violentos desataron la furia sin rostro que permiten las redes sociales, en contra de los jóvenes que participaron en el video Caracas, ciudad de despedidas. Pocos, en realidad, se han detenido a pensar en el por qué de este audiovisual, las razones de los jóvenes -válidas o no- y en el tema de fondo que, lamentablemente, es una realidad.

Así lo sostiene el sacerdote jesuita José Virtuoso, politólogo con doctorado en Historia, actual rector de la Universidad Católica Andrés Bello, en la que estudian 14.000 jóvenes venezolanos.

-Mi primera sensación fue pensar: Menos mal que la mayoría de nuestros jóvenes no piensa así. Mientras más lo veía, me decía: Yo respeto la posición, de lo que se quejan es real, una ciudad que se ha vuelto prácticamente invivible, que conspira contra la vida sana, llevadera, que todo ciudadano quisiera vivir, especialmente un joven, que quisiera poder irse a rumbear en las noches, poder estar con sus amigos, desplazarse de un lado a otro, sentirse seguro, percibir que tiene futuro. Y eso lo desean los jóvenes de todas las clases sociales.

-Y tan real es que un diario de circulación nacional publica que más de 800 mil venezolanos han emigrado de 1999 a 2011.

-Y hay que decir que esa sensación de huida o de despedida de esta ciudad es un sentimiento generalizado o por lo menos es una idea que pasa por la cabeza de muchos.

-¿Siente, como dice Milagros Socorro, que cabe un mea culpa por parte de la Academia, tras ver la forma de comunicarse de estos jóvenes (audiovisual y verbalmente)?

-También. Entiendo que además son muchachos que provienen de la Universidad. Comparto totalmente esa percepción. El video al final te deja esa imagen, aunque es muy repetitivo, tiene dos o tres ideas. Me parece excesivamente largo para decir las dos o tres cosas que efectivamente se dicen.

-Algunos columnistas aluden al fracaso de la sociedad al no darle respuestas a estos jóvenes, ni a los de los 90 ni a los de los 80 ¿Usted qué piensa?

-Es evidente. Lo que creo con respecto a esta situación es que hay un ingrediente que es el tema del futuro. Evidentemente todas las generaciones se suelen quejar del fastidio y el cansancio del presente que les toca vivir; sin embargo, el hecho de que puedas construir tu futuro, distinto al presente, genera al menos una sensación de mayor seguridad. A mí nunca se me ocurrió en mis tiempos -y creo que a ninguno de los de mi generación- que lo que había que hacer era irse del país porque uno estaba harto de cómo pensaban sus mayores o de cómo era la sociedad en la que uno vivía. A uno se le ocurría que había que hacer la revolución, a uno se le ocurría salir de AD y Copei de alguna manera. El problema para mí, es que llegas a ver que no hay ningún futuro posible entonces la cosa es casi como si me tuviera que mudar de planeta.

Pesimistas y optimistas

-La segunda idea clave para mí, es que dentro de los jóvenes hay algunos que piensan así (como en el video), pero también están los que piensan que hay que quedarse para transformar el país, y son jóvenes de la misma edad, gustos y deseos, y con las mismas críticas, pero su apuesta no es por irse sino por ver qué podemos hacer. Y el movimiento estudiantil que surgió en Venezuela ha calado tanto en el país precisamente por ser una serie de jóvenes dispuestos a arriesgarse por denunciar, por decir, por hablar, dispuestos a dejar el pellejo en la calle.

-En Venezolana de Televisión se ha atacado tanto al movimiento estudiantil como a los jóvenes del video.

-Por supuesto. Este tipo de video le viene muy bien para decir que la juventud que protesta es sifrina, que le interesa cuatro pepinos el país y prefiere salvarse individualmente. Al que le interesa decir eso, este video le viene de maravilla y ciertamente, creo que el video tiende a exagerar esa reacción de "Me voy".

-Estos jóvenes ponen el dedo en la llaga en el tema de la fuga de venezolanos ¿Está la UCAB investigando este fenómeno?

-Lamentablemente no tenemos cifras precisas en eso. Creo que es un área en la que hay que investigar, más allá de lo que ha aparecido en los últimos tiempos.

-El video muestra a un grupo etario y social con un modo de comunicarse y vivir bien definido. ¿Cree que la polarización política pasó a la ciudad, divida, hoy más que nunca, en este-oeste? ¿O esa división ya existía antes de estos 13 años de chavismo?

-No tiene nada que ver con el presente. Aquí hay un grupo social muy focalizado, absolutamente todo, la fisonomía, el color de la cara, los gestos, los clichés, la forma de hablar, el sonido... Ciertamente está identificado con un sector, es la respuesta que un sector de ese tipo puede darse.

-La respuesta del público ha sido de ataques viscerales o defensa a ultranza de los chicos y el contenido. ¿A qué atribuye la reacción de la gente en las redes sociales y ahora en canales como VTV y CNN en español?

-Yo creo que toca una gran preocupación. Fíjate que yo no lo había visto, pero había escuchado los comentarios. Creo que el video tiene la virtud -y por eso ha tenido tanta pegada-de que sí habla de algo que afecta a todos, a viejos y a jóvenes, y a los últimos de una manera muy especial, que a las 10:00 de la noche quieren salir a pasear y ciertamente esta es una ciudad especialmente peligrosa para ellos. Entonces sí toca, y más cuando a uno le ha tocado estar en muchos funerales de jóvenes, de distintas clases sociales, precisamente por el tema de la inseguridad. Digamos que el temor de una familia por lo que pueda pasar a su hijo es perfectamente razonable, entendible y ante eso no se puede decir nada. Evidentemente, ha tocado una fibra, un problema, y esta es la queja normal que surge cuando se toca una herida muy profunda y es constatar que estamos viviendo en medio de una guerra civil en la que nos estamos matando, y en la que los principales perjudicados son nuestros jóvenes. La otra reacción es: "Pero esta no es la salida".

La desesperanza

-El video toca también algo que ya está comenzando a cundir de una manera muy importante y es la desesperanza. Lo que muestra y da dolor de ese video es la desesperanza y el descreimiento, a través de ideas como, "Aquí no hay futuro ni posibilidades de construirte tu vida", "Estoy amenazado por todas partes". Y hay que decir que esa sensación cada vez se extiende a más gente y no es sólo un problema de una clase social -aunque allí está dicho bajo el código de un determinado grupo social- eso mismo lo escucho en el barrio y en la clase media. Lo que llama la atención es el desparpajo tremendo, cuando a uno le aumentan los años ya no se atreve a decir las cosas con tal desparpajo, y estos chamos dicen sin ninguna mordaza lo que sienten. Creo que esa es la gran pegada, te impacta, yo lo vi y tuve que volver a verlo. Lo curioso es que así como eso está pasando, hay reacciones positivas. Insisto, esa no es la reacción mayoritaria.

-¿Y son suficientes los optimistas para sacar al país adelante?

-Hasta el momento los que han marcado la pauta son los optimistas, que han tomado las calles, los que tuvieron impacto en 2007 con la frenada de la reforma de la Constitución, los que protestaron cuando el cierre de RCTV y eso tuvo un impacto político importante. Así como hay jóvenes que piensan, "Cerremos al país", hay otros que piensan y en las calles han dejado bastante sudor y lágrimas. ¿Quién va a prevalecer? Eso no lo sé.

Fotografía: Ángel de Jesús

jueves, 10 de mayo de 2012

REPOSICIÓN

Mi hijo, el emigrante
Luis Barragán

Recientemente, un diario de circulación nacional trajo un texto de nostalgia y reflexión que tan justamente homenajeó a Vicente Gerbasi, el emblemático poeta venezolano. Su hijo, Gonzalo, reportó más extensamente lo que fue para nosotros un hallazgo casual y para todos es una constatación: una feria del libro de tiempos ya remotos, como la nada fácil circunstancia de buscar futuro allende las fronteras.

Meses atrás, encontramos y disfrutamos una fotografía protagonizada por el estadounidense Waldo Frank, visitante de la Primera Exposición del Libro Venezolano en México organizada por Pedro Beroes, Fabbiani Ruíz y Vicente Gerbasi, publicada originalmente por la revista caraqueña “Elite” (13/02/37). Nos preguntábamos en torno a la iniciativa y, sin saberlo, Gonzalo respondió más tarde con la odisea: por autobús, barco y tren, los desempleados venezolanos llevaron las cajas repletas de impresos y, siendo un sensible lector el oficial carcelero de un pueblo fronterizo, lograron salir en libertad y obtener la visa para hacer la noticia en Centroamérica. Empero, nos conmovieron otras palabras:

“Aquí estamos presentes sus hijos con nuestros respectivos cónyuges y algunos de sus nietos y bisnietos. Los que faltan están en otras tierras lejanas, al amparo de la seguridad y de un futuro más provisorio o por lo menos de un futuro”.

Posiblemente, no hay precedente alguno en nuestra vida republicana sobre la emigración masiva de venezolanos. Son variadas la cifras que incluyen al recurso humano calificado, añadidos los que – por ejemplo – pueblan a Europa regando las sospechas de una nacionalidad obtenida al calor de los comicios de ésta década, pues, luego de cumplir con el pacto subrepticio del sufragio, se hicieron del pasaporte y simplemente se largaron para seguir el intricado y particular camino hacia un futuro que tampoco lo facilitaba el nacer realmente hacia el sur del continente: sobran los testimonios.

Nos permitimos tres observaciones rápidas respecto a una situación que ya ejercerá su peso, porque el país sometido a un riguroso control de cambio sabrá también – aplaudiéndolos – de los dólares y euros que llegarán – bolivarizados – producto de lo que puede llamarse la exportación neta de familias enteras que ayudarán a los que se quedaron. Deseando un debate, enunciamos: el chequeo relacionado con la naturaleza del régimen, el imaginario social de la emigración y su satanización.

Elemental, si en nuestro país hubiese atisbo de un futuro promisorio, sumada la seguridad personal, no habría nadie que desease cruzar sus límites y probar suerte en otras patrias, a veces, completamente desconocidas. Puede decirse de una huída, pero – importa reconocerlo – también de la natural y afanosa búsqueda de oportunidades al tratarse de un deber fundamental: los hijos, verificada la naturaleza de un régimen que hace y hará de ese deber una aventura.

Obviamente, nos haremos una idea colectiva del inédito fenómeno, como ha ocurrido con otras naciones, realzando la vocación emprendedora, las habilidades demostradas y las capacidades probadas de aquellos que no lograron realizarse en esta tierra. Para quienes hemos optado por quedarnos, reafirmando un modesto compromiso de lucha, aspiraríamos a diseñar otra meta programática: la repatriación voluntaria.

Idea que, igualmente, puede verse contaminada por la conducta negativa y negativista de los nuevos emigrantes, sobre todo la de aquellos descarados oportunistas, los que reniegan de la Venezuela que – por lo menos – los educó, y – por lo general – ligados de un modo u otro al régimen, lo que les permite pasearse constantemente por el mundo con los bolsillos repletos de divisas, adquirir en subasta excelentes y excepcionales vinos, y – corre el rumor – comprar una vivienda en las más exigentes capitales – preferiblemente – europeas y estadounidenses como elemental medida de previsión ante una caída del chavezato. Y éste, mientras tanto, intentará satanizar a los buenos padres de familia consagrada la acusación: apátridas.

Descendientes de italianos que buscaron y consiguieron el futuro en una ya lejana Venezuela, el primo de María Efe se ha ido con su esposa a Australia, harto promotora de sus bondades. Seguramente compartirán con el violinista Henry Avila, entre otros músicos venezolanos residenciados en Sidney, y no sorprenderá que pasen los años y lean a sus muchachos un poema: “Mi padre, el inmigrante”.

Fuente: http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=799633

Coletilla migratoria
Luis Barragán

Agradecemos los mensajes electrónicos recibidos a propósito del artículo “Mi hijo, el emigrante”, incluyendo tres disidentes. Estos, para resumir, opositores al régimen, señalan como traidores a los venezolanos que se fueron a vivir en el extranjero. Y, por lo pronto, consignamos tres observaciones.

Una, la confusa idea que se tiene de la identidad nacional apelando al Bolívar de Chávez (básicamente, el mismo de Guzmán Blanco o López Contreras), para … combatirlo. Importa reconocer también un anclaje en el siglo XIX de los “antichavistas” que, en última instancia, revela la pobreza del debate cultural de la alternativa opositora.

Otra, si bien es cierto que la emigración debilita la lucha democrática en el país, por ejemplo, con los médicos que le dan la espalda al gremio y huyen (aunque la “huída” dijimos aclararla en el aludido artículo), no menos lo es que, habitando esta nación día a día, hay quienes huyen cerca de nosotros, parafraseando los versos de Cecilia Ortíz. No es – precisamente – un derroche de convicción, entrega y eficacia de muchos de los que se quedan en el país, aletargados y temerosos, el que autoriza la estigmatización moral y política de los que se han ido.

Finalmente, toda la ineficacia y estigmatización puede imputarse a un liderazgo político confundido (“¿para qué coño los partidos?”, refieren). Empero, tratamos de un señalamiento relativo, porque los partidos han hecho un esfuerzo y, valga acentuarlo, resultan desleal y fuertemente competidos por los medios impresos y audiovisuales que hoy sintetizan ese liderazgo.

Fuente:http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=801297

Fotografía: El escritor estadounidense Waldo Frank, visita la Primera Exposición del Libro Venezolano en México, organizada -entre otros - por Fabbiani Ruíz, Pedro Beroes y Vicente Gerbasi. Fotografía de Elite, Caracas, del 13/02/37, reproducida en: Elite, Caracas, nr. 1806 del 07/05/60.

miércoles, 9 de mayo de 2012

LA OTRA HUÍDA

Huyendo de Caracas
Francisco Gámez Arcaya  
Martes, 08 de Mayo de 2012 

Ante la inminente llegada de Boves a Caracas, una apurada caravana de vecinos, con sus rostros de terror y tristeza, dejaban todo a sus espaldas en julio de 1814. Eran veinte mil personas las que salieron rumbo al oriente del país. Su equipaje consistía en lo que sus fuerzas les permitían cargar. El camino, si es que a eso se le podía llamar como tal, era larguísimo y peligroso. Debían recorrerlo a pie. Los quejidos inocentes de los niños eran el único sonido que emanaba de ahí. Hasta el imponente Ávila parecía guardar luto. Incluso los enfermos salieron gateando de los hospitales para huir de la sed sangrienta de Boves. Esos fueron los primeros muertos en el camino. Sus familiares los lloraban, pero los dejaban atrás ante el peligro de retrasar el escape por perder tiempo en un entierro digno.

Al llegar a Chacao seguían a Petare, luego a Guarenas. Miedo y sudor fueron los signos iniciales de la huida. En Guarenas se encuentran con el Libertador. Su derrotado ejército cuidaba la retaguardia de la caravana. De Guarenas hacia las montañas de Capaya y de ahí hacia el calor de la costa.

Pasan las semanas y el grupo se hace cada día más pequeño. Los ancianos han fallecido, quedan pocos enfermos con vida y ya la muerte de varios niños ha dejado a sus familias bañadas en llanto. Mientras más avanzan, más dependen de las frutas del camino. Cuando entran a Barcelona, los paupérrimos sobrevivientes sienten que han entrado al cielo. Unos siguieron hacia Cumaná, otros a las Antillas, otros esperaron el ansiado momento del regreso, que efectivamente llegó. De los veinte mil que salieron de Caracas, llegaron menos de siete mil. Trece mil caraqueños dejaron sus cuerpos sin vida tendidos en el camino, víctimas del hambre, la enfermedad, devorados por fieras o asesinados por seguidores de Boves.

Mientras tanto, Boves entraba a Caracas. Llegaba de Valencia, donde días atrás, luego de ocuparla, acabó con la vida de todos los blancos de la ciudad. Llegó a Caracas montado en su caballo negro, arrastrando su pestilente odio. Sin embargo, a su llegada, Boves encuentra solamente el eco de las pisadas de sus caballos y los ladridos babosos de sus soldados. Los caraqueños habían huido.

En estos tiempos, nos ha tocado conocer el dolor del adiós, la despedida del amigo, del hermano, del hijo que se va de su tierra. Las situaciones corporales no son tan extremas como en aquella emigración a oriente de hace casi doscientos años. Ahora las tristes caravanas van vía el aeropuerto. Silentes ven por la ventana el mismo Ávila que vuelve a estar de luto ante la partida. Dejan atrás familia, amigos, vecinos. Dejan su pasado para aventurarse a lo desconocido. Su presente no les da para más. Su país se convierte para muchos en un lugar hostil donde la inseguridad mata por nada y el talento se castiga desde el poder sino viene acompañado de la adulancia y la sumisión. Dejan atrás su acento y hasta su idioma, la comida que los nutrió de niños y los lugares donde se construyeron sus recuerdos. Hoy muchos han tenido que huir como entonces. Pronto vendrán los tiempos del reencuentro.

Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/11725-huyendo-de-caracas

CIUDAD CARACAS, 9 de Mayo de 2012
LETRA INSURRECTA/ Demasiado idos
ROSA ELENA PÉREZ MENDOZA

En un texto titulado “Problemas de la juventud venezolana” del libro editado por Biblioteca Ayacucho Ideario político, su autor, Mario Briceño Iragorry, responde a la inquietud que un incrédulo joven universitario caraqueño le plantea en torno a la juventud venezolana, al comentarle: “Sombras tomadas del sopor del opio y de la marihuana parecen la mayoría de los estudiantes que hoy acuden a los tristes claustros universitarios”. A esto, responde Iragorry con un conjunto de ideas en torno a la crisis universitaria que el país vivía durante el perezjimenismo, diciendo: “Yo, particularmente, tengo fe en esa juventud y tengo fe, también, en la juventud que parece tomada de los estupefactivos, a causa de faltarle centro de gravedad hacia donde graviten racionalmente sus voliciones y sus pensamientos. Bien sé que no por causa suya carecen los jóvenes de puntos para la referencia creadora, sino por culpa de las generaciones que los hemos precedido en el orden del tiempo”.

Sirva la reflexión para comprender lo que los venezolanos vimos en días pasados en el video colgado en youtube titulado “Caracas, ciudad de despedidas”, hecho por unos chicos veinteañeros como un trabajo para una universidad privada y donde expresan nefastas opiniones sobre nuestra ciudad y sobre los venezolanos. No se trata de justificar lo que de modo errático y disperso dicen estos muchachos, pues muchas de las afirmaciones allí emitidas resultan del todo condenables por lo profundamente ofensivas que son para nuestro pueblo debido al menosprecio con que éste es visto. Se trata de entender que estos chicos manifestaron con torpeza, inconsistencia y mucha inconciencia, ideas y sentimientos inculcados por un estamento político, económico y social elitesco y que está conformado por familias, amistades, instancias educativas e instituciones políticas, culturales y económicas venezolanas que portan estas ideas sin proclamarlas abiertamente, pero practicándolas y, sobre todo, modelándolas a generaciones que adoptan estas premisas sin cuestionarlas ni contrastarlas con otras ideas por la condición de estanco casi impenetrable que este estrato social medio-alto conforma. Los valores que dominan a esta clase social son los que afloran en el discurso balbuceante de estos tristemente célebres muchachos que seguro –por demasiado idos– no imaginaban el rechazo que recibirían una vez hecho público el video en las redes sociales.

¡Vaya sorpresa la que les dio el pueblo con la repulsión masiva expresada por redes y medios! Allí brotó la dignidad y conciencia de un pueblo maduro, el que tanto anheló Don Mario.

EL UNIVERSAL, Caracas, 9 de Mayo de 2012
A despedirse de las despedidas
A lo que actualmente estamos sometidos es, sinceramente, demasiado
ANTONIO COVA MADURO 

La Caracas que se va, o que en algún momento ha manoseado la posibilidad de fugarse, se ha visto conmocionada con el video que unos jóvenes pusieron en la red. Como era de esperarse de un pueblo tan conversador, hasta podríamos decir, tan cotorrero, el video ha suscitado reacciones de todo tipo, unas más legibles que otras, mostrando con ello cuán variados somos.

Hay algunas frases que han permanecido más en la memoria que otras, aunque es posible que la más afortunada -en términos de su permanencia en la memoria, no en el de sintaxis- es la que pronuncia el joven Paúl, de pelo largo, cuando afirma: "Sí me iría. Me iría demasiado". Esa bastó para desatar las burlas de muchos que vieron el video.

Es lamentable que no se detuviesen en el adverbio de cantidad, porque, de hacerlo, tanto quien lo pronunciara como quienes han abundado en la crítica advertirían que fue el "tragarse" un verbo lo que dañó la idea ("Sí me iría. Es demasiado.) que, en sí misma, posee gran fuerza.

Pero hay más. Como ya dijimos, el DRAE propone una segunda acepción del término. Según éste, "Demasiado" se refiere también a "aquel que dice con libertad lo que siente", y en eso lo que muestra el video es totalmente fidedigno. Hecha esa salvedad, nos queda abundar en el primer significado: a lo que actualmente estamos sometidos es, sinceramente, demasiado.

Hay, en efecto, tanto en demasía en la Venezuela actual que mucha gente siente que ya llegó a su límite. Lo malo es que crean que ese límite sólo se vive en su país (porque es su país, y ellos lo repiten a cada rato) y no en dondequiera que vayan. Es más, creer que sólo aquí hay despedidas es cegarse a las que en estos momentos tienen lugar en otras partes. La de quienes con ilusión emigraron a España buscando su "Dorado" hoy se apiñan en las puertas de salida en sus aeropuertos.

La despedida, por otra parte, nunca debe olvidar la contrapartida: la llegada. Se trata de si nos esperan, y si esa espera inspira afecto o temor en quienes nos reciben. Por lo que vamos oyendo, cada vez más ni nosotros ni los inmigrantes en general son bien recibidos en parte alguna. Ya muchas sociedades tienen lleno su cupo de problemas como para compartirlo con nosotros.

Si cada vez más la recepción será menos amable, es obvio que ya no podríamos ilusionarnos con lo bello y bueno que nos espera. Y eso, obviamente, terminará imponiéndonos una tarea impostergable: quedarse aquí y transformar esto en lo que ilusamente nos atrae de afuera. Que eso es posible lo prueban ejemplos como los de Chile, o Argentina, o Colombia en años recientes.

Pero también lo prueba lo que ya los venezolanos conseguimos en el pasado: con la ayuda del petróleo logramos transformar el horror que fuimos en el siglo XIX en el país pacífico del que nadie, en la segunda mitad del siglo XX, imaginaba escapar.

Y es ahora cuando vale la pena darle otro sentido al título del video: despedidas. Parecería, en efecto, que ya es hora que los venezolanos se despidieran de las cosas que nos trajeron a la situación que nos espanta, la cual es innegable tiene mucho de lo que nosotros mismo hemos hecho, o... dejado de hacer. Nada lo muestra mejor que las explicaciones que las madres de clase media se dan para consolarse: "Prefiero que se vayan a que de continuo corran los riesgos que asumimos por quedarnos aquí".

Ha llegado, pues, el momento de hacer lo que les tocó a los alemanes a partir de 1945, o a los surcoreanos cuando por fin concluyó la guerra que tanta desolación causó. Pero también ha llegado el momento de darnos cuenta de una vez por todas de la otra despedida que se va realizando ante nuestros ojos atónitos: la del régimen y su cabecilla.

Con un líder entregado a su enfermedad, la misma que pareciera vino a cumplir un determinado cometido y así lo hará, y con una parálisis que de esa postración se deriva, todo apunta al final del régimen. Ya lo dijo Chávez: vuelvo a Cuba para la etapa final. No se dio cuenta de que ese final ya comenzó y no precisamente en Cuba, aunque a lo mejor por causa de Cuba. Por lo demás, la desaparición de este régimen arrastrará al de allá. ¡Aleluya!

Por fin, después de estos años de la catástrofe que tan ligeramente asumimos en 1998, su final se acerca raudo y eso debemos afrontarlo desde aquí, en colectivo, como en las tristes despedidas de hoy; no con lágrimas en mundos que ni son nuestros, ni jamás lo serán. Despidámonos, entonces, de las despedidas, o mejor, despidamos de una buena vez a todo lo que nos ha paralizado y perturbado.



domingo, 6 de mayo de 2012

DE LA OTRA GENERACIÓN... BOBA

EL NACIONAL - Domingo 06 de Mayo de 2012     Caracas/2
IVANNA CHÁVEZ IDROGO Condenó las amenazas que han sufrido en los últimos días
"No importa que nos amenacen, no se puede cambiar una opinión con violencia"
La directora de Caracas, ciudad de despedidas considera que quienes vieron el video se perdieron en la forma y no prestaron atención al fondo del mensaje: las ganas de buscar mejores oportunidades y el dolor de abandonar la ciudad natal
ANDREA SMALL

En 2011 Ivanna Chávez Idrogo decidió sacarse de entre pecho y espalda la opinión que tiene acerca de un asunto que afecta a su generación: la inmigración. Por eso, y con la ayuda de varios amigos, Chávez Idrogo realizó el video Caracas, ciudad de despedidas, con el que intenta retratar la dualidad que afrontan miles de jóvenes caraqueños sobre si quedarse o irse del país.

Con 22 años de edad y estudiante de Comunicación Social en la Universidad Monteávila, Chávez Idrogo dirigió el video que en los últimos dos días ha generado miles de comentarios en Twitter, Facebook, YouTube y páginas de Internet.

El material avivó un debate en el que las clases sociales, los estereotipos y el derecho a la libre opinión son protagonistas.

Caracas, ciudad de despedidas pareciera haber dejado abiertas sólo dos opciones: o se ama o se odia.

­Se ha dicho que el video fue un trabajo universitario; que es su tesis de grado e, incluso, que era un laboratorio de opinión pública. ¿Cuál es el verdadero origen de Caracas, ciudad de despedidas? ­Ninguna de las anteriores.

En realidad fue una decisión personal. Lo hice porque es un tema que está siempre en el aire; porque todos los días alguien, a toda hora, en algún lugar, habla de eso, de cómo se fue un amigo, un primo, un conocido, o de cómo ellos mismos se van a ir pronto. Para eso busqué a varios de mis amigos más cercanos que quisieran opinar y recogí sus testimonios. Es, simplemente, una expresión.

­¿Cuál era el objetivo del video? ­Realmente no hay mucho qué decir en ese aspecto. Al contrario de lo que muchos piensan, mi única intención era hacerlo para compartirlo con las personas más cercanas a los que participamos en la realización. Era un ejercicio personal que luego decidimos compartir con la gente y que se nos fue de las manos. No hay ninguna intención oculta aquí.

­Hay quienes opinan que no debieron utilizar el nombre de Caracas porque la diversidad socioeconómica de la ciudad no está representada en el material.

­Eso también lo hemos escuchado mucho en las últimas 72 horas. Yo simplemente quise retratar mi realidad más inmediata, mi propia visión de Caracas. Me han dicho que es limitada, clasista, absurda y miles de cosas más. Pero la verdad es que yo también soy de Caracas, me siento 100% caraqueña y, aunque sólo soy un individuo de los millones que habitan esta ciudad, considero que tengo todo el derecho de usar la palabra Caracas para expresar mi propia perspectiva de lo que es para mí: en este momento, es un lugar que presencia un éxodo muy duro de jóvenes que la necesitan y que son sumamente valiosos para el desarrollo del país. Creo que esta visión es tan válida como la que cualquier otra persona pueda tener sobre Caracas. Entenderlo o no está en la capacidad de respetar de cada quien.

Es un ejercicio de tolerancia.

­La gente ha comentado mucho la manera de hablar de los jóvenes que aparecen en el video.

­La gran mayoría de la gente sólo rescató del video el estereotipo del niño rico del este de Caracas, que mandibulea y está ajeno a la realidad externa. Es una lástima que así haya sido porque, en mi opinión, se quedaron con la forma y no con el fondo del mensaje, que es lo verdaderamente importante, el porqué de la producción: la tristeza que sienten los jóvenes al querer emigrar porque consideran que aquí no tienen las oportunidades que merecen, pero sin dejar de amar el lugar del que vienen.

­El video se hizo viral en cuestión de pocas horas. Han recibido comentarios y críticas buenas y malas, pero también muchos insultos e, incluso, amenazas. ¿Cómo manejan esta situación? ­Jamás imaginamos que esto iba a evolucionar así. Las críticas las hemos tomado con mucha madurez, porque estamos estudiando para ser comunicadores, y también queremos aprender. Pero nos sorprenden los comentarios que pasan el límite de la crítica y se vuelven violentos, algunos de ellos, demasiado. Algunas personas han llegado a amenazarnos de muerte, a desear que nos linchen, que nos pasen cosas muy malas. Es muy triste porque lo que nosotros retratamos en Caracas, ciudad de despedidas es una opinión personal, y no importa cuánto nos amenacen, no se puede cambiar una opinión con violencia. Nuestro trabajo en ningún momento pretende insultar ni ofender a nadie, no hablamos de política. Algunas de las personas que nos han insultado son las mismas que declaran contra la violencia, sin darse cuenta de que esto también es violencia. Ojalá puedan reflexionar y ver las cosas desde otro ángulo.

­Mencionas la falta de tolerancia como un problema delicado en la sociedad actual.

Antes del video, ¿habían sentido la necesidad de impulsar alguna iniciativa que ayudara a su generación a ser más tolerantes? ­No. Antes del video estábamos enfocados a hacer nuestro mejor esfuerzo por educarnos y ser personas de bien, pero era más individual. Después de lo que pasó con Caracas, ciudad de despedidas, nos dimos cuenta de que es importante de que, como jóvenes, construyamos de manera más activa una sociedad mucho más equilibrada y tolerante.

No tenemos un plan concreto todavía, pero sí quisiéramos emprender un proyecto basado en ese tema, porque para Venezuela sólo queremos lo mejor y seguiremos trabajando por ello.


Observaciones de Guillermo T. Aveledo Coll  (vía Facebook)


Vi el video "Caracas, ciudad de despedidas". Tengo unos comentarios, aunque ya otros han escrito mejor al respecto...

1) El tono del video me choca. Conste, podrían estar hablando del barroco español o la pesca de cachalotes... Pero eso es algo superficial: estoy seguro que si alguien me graba a mi quedaría mal parado e incluso caería mal a un montón de gente.

2) Todos vivimos en nuestras respectivas burbujas (algunas menos herméticas, otras más experimentadas, otras geográficamente distintas). Pocos deberían creerse superiores a esos muchachos.

3) Exilados y emigrantes fueron, por diversísimas razones: Miranda, Bolívar, Roscio, Teresa Carreño, Picón Salas, Betancourt, Uslar, Adriani, Convit... Emigrantes son centenares de peloteros, modelos, artistas y músicos. Exilados son docenas de políticos, periodistas y activistas. Algunos regresaron luminosos, otros murieron con amargura. ¿Quién es uno para juzgar biografías a la limón?

4) Si nos emocionamos con los disidentes iraníes, chinos o cubanos, ¿por qué no habrían de hacerlo estos chamos, a su modo?

5) Muchos de mis familiares, amigos y mis estudiantes -de la UCV y de la UNIMET, del Este y del Oeste- se han ido, por miles de razones distintas. Son parte de la clase media mundial y, en efecto, sienten que se les agotan las oportunidades localmente. Si somos consistentes con nuestra crítica a la situación, debemos admitir eso como posibilidad, aún si no estamos de acuerdo e incluso busquemos cambiar la situación.

Y...

6) Me quedaría demasiado.


Interesante texto alusivo de José Roberto Duque: http://tracciondesangre.blogspot.com/2012/05/ciudad-de-despedidas-ciudad-dividida.html



lunes, 12 de septiembre de 2011

CONSTRUIR EL FASCISMO


El enemigo hecho a la medida (y una coletilla migratoria)
Luis Barragán


El ministro del Interior clama persistentemente a los cielos, porque los venezolanos deseamos responsabilizar a Hugo Chávez de la absoluta inseguridad personal que impera en el país. Y, como si la oposición fuese la ocupante de Miraflores, pretende inculparla por la violencia generalizada que ha anegado las calles de ciudades, pueblo y caseríos, hasta inundar los hogares.

Hay una realidad que nos devora a todos, excepto a los más altos funcionarios del Estado que cuentan con escoltas y otros dispositivos caros y sofisticados de seguridad. Ellos incumplen descaradamente con su papel, mientras la ciudadanía – cumpliendo con el suyo - extrema todas las medidas de precaución: pudiente o miserable, subsidiándole los privilegios a la magna burocracia, paradójicamente no dejará de pagar el IVA para todas las circunstancias que impone una funeraria.

El gobierno nacional jamás actualiza y publicita las cifras, negándose a procesar las denuncias de los delitos de mediano o poco calibre más frecuentes, debido a un asombroso congestionamiento que los lleva a reconocer tan sólo parcialmente la vigencia del Código Penal. Hay estafas, hurtos y robos a mano armada que no se encuentran en la órbita de las preocupaciones policiales, pues, abundantes, dicen restar tiempo para otros de una mayor gravedad que, no menos abundantes, obligan a una selección aleatoria para su atención y sumariación.

El gobierno nacional por siempre oculta a realidad de los hospitales de guerra, aventajado por una nocturnidad temerosa y aislante. Sin duda, la otra crisis de la salud.

El gobierno nacional nunca recoge las armas de los más variados y eficaces modelos, exhibiendo las de guerra en las avenidas de las principales ciudades del país, al pasearse los milicianos y efectivos de la Guardia Nacional como no lo hacen en el corazón de las barriadas y urbanizaciones dejadas a su suerte. Evidente, la seguridad política es prioritaria, anuncio veraz de los sendos comités de defensa de una revolución que prevé la invasión estadounidense para aplicar la doctrina asimétrica de sus epopeyas imaginarias. Sin embargo, la muy aparente sensibilidad humana y social del principal y entero responsable de la situación, no otro que Hugo Chávez, obedece – por lo pronto – a dos objetivos radicalmente políticos.

Por una parte, reconocida implícitamente su incompetencia en la materia, el gobierno nacional pretende transferir todo el problemario de la inseguridad personal al propio pueblo que la padece, a través de las juntas comunales que se convertirán en Estado Comunal cuando – inferimos – cuente con las armas capaces de competir con las de los delincuentes. Peligrosa ilusión ésta, salvo una masiva e indecible milicianización, agigantada y sobrevalorada una amenaza externa, porque esas armas constituyen simplemente una mercancía, por lo que tampoco es fácil la transferencia de acuerdo, ¿lo olvidamos?, como pretendía el célebre proyecto de Reforma Constitucional de 2007.

Por otra, el régimen se ha esforzado en todos estos años por construir una oposición fascista que también le sirva como póliza y garantía de vida al hacerse alternativa ante lo peor. No la quiere responsable, sobria y pacífica, deseándola de extrema derecha, según la jerga en boga, por lo que, no luce como una temeridad denunciarlo, le conviene no sólo que la población desesperada haga justicia por sus propias manos, con o sin linchamiento del delincuente, sino que la conecte con una oposición que represente y justifique esas medidas para crear las bases objetivas del enemigo hecho a la medida.

Cálculo y conveniencia que puede ocupar a la sala situacional, emporio de un insólito pragmatismo en la que no cabe algún reparo ético. Y es que del famoso Tiburón I para acá, lo sabemos.

Coletilla migratoria

Agradecemos los mensajes electrónicos recibidos a propósito del artículo “Mi hijo, el emigrante”, incluyendo tres disidentes. Estos, para resumir, opositores al régimen, señalan como traidores a los venezolanos que se fueron a vivir en el extranjero. Y, por lo pronto, consignamos tres observaciones.

Una, la confusa idea que se tiene de la identidad nacional apelando al Bolívar de Chávez (básicamente, el mismo de Guzmán Blanco o López Contreras), para … combatirlo. Importa reconocer también un anclaje en el siglo XIX de los “antichavistas” que, en última instancia, revela la pobreza del debate cultural de la alternativa opositora.

Otra, si bien es cierto que la emigración debilita la lucha democrática en el país, por ejemplo, con los médicos que le dan la espalda al gremio y huyen (aunque la “huída” dijimos aclararla en el aludido artículo), no menos lo es que, habitando esta nación día a día, hay quienes huyen cerca de nosotros, parafraseando los versos de Cecilia Ortíz. No es – precisamente – un derroche de convicción, entrega y eficacia de muchos de los que se quedan en el país, aletargados y temerosos, el que autoriza la estigmatización moral y política de los que se han ido.

Finalmente, toda la ineficacia y estigmatización puede imputarse a un liderazgo político confundido (“¿para qué coño los partidos?”, refieren). Empero, tratamos de un señalamiento relativo, porque los partidos han hecho un esfuerzo y, valga acentuarlo, resultan desleal y fuertemente competidos por los medios impresos y audiovisuales que hoy sintetizan ese liderazgo.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2011/09/el-enemigo-hecho-a-la-medida-y-una-coletilla-migratoria/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=801297

Fotografía: "Visiones Nocturnas", según Gema Durán (El Nacional, Caracas, 19/10/09)

lunes, 5 de septiembre de 2011

CASUAL Y CONSTATABLE


Mi hijo, el emigrante
Luis Barragán


Recientemente, un diario de circulación nacional trajo un texto de nostalgia y reflexión que tan justamente homenajeó a Vicente Gerbasi, el emblemático poeta venezolano. Su hijo, Gonzalo, reportó más extensamente lo que fue para nosotros un hallazgo casual y para todos es una constatación: una feria del libro de tiempos ya remotos, como la nada fácil circunstancia de buscar futuro allende las fronteras.

Meses atrás, encontramos y disfrutamos una fotografía protagonizada por el estadounidense Waldo Frank, visitante de la Primera Exposición del Libro Venezolano en México organizada por Pedro Beroes, Fabbiani Ruíz y Vicente Gerbasi, publicada originalmente por la revista caraqueña “Elite” (13/02/37). Nos preguntábamos en torno a la iniciativa y, sin saberlo, Gonzalo respondió más tarde con la odisea: por autobús, barco y tren, los desempleados venezolanos llevaron las cajas repletas de impresos y, siendo un sensible lector el oficial carcelero de un pueblo fronterizo, lograron salir en libertad y obtener la visa para hacer la noticia en Centroamérica. Empero, nos conmovieron otras palabras:

“Aquí estamos presentes sus hijos con nuestros respectivos cónyuges y algunos de sus nietos y bisnietos. Los que faltan están en otras tierras lejanas, al amparo de la seguridad y de un futuro más provisorio o por lo menos de un futuro”.

Posiblemente, no hay precedente alguno en nuestra vida republicana sobre la emigración masiva de venezolanos. Son variadas la cifras que incluyen al recurso humano calificado, añadidos los que – por ejemplo – pueblan a Europa regando las sospechas de una nacionalidad obtenida al calor de los comicios de ésta década, pues, luego de cumplir con el pacto subrepticio del sufragio, se hicieron del pasaporte y simplemente se largaron para seguir el intricado y particular camino hacia un futuro que tampoco lo facilitaba el nacer realmente hacia el sur del continente: sobran los testimonios.

Nos permitimos tres observaciones rápidas respecto a una situación que ya ejercerá su peso, porque el país sometido a un riguroso control de cambio sabrá también – aplaudiéndolos – de los dólares y euros que llegarán – bolivarizados – producto de lo que puede llamarse la exportación neta de familias enteras que ayudarán a los que se quedaron. Deseando un debate, enunciamos: el chequeo relacionado con la naturaleza del régimen, el imaginario social de la emigración y su satanización.

Elemental, si en nuestro país hubiese atisbo de un futuro promisorio, sumada la seguridad personal, no habría nadie que desease cruzar sus límites y probar suerte en otras patrias, a veces, completamente desconocidas. Puede decirse de una huída, pero – importa reconocerlo – también de la natural y afanosa búsqueda de oportunidades al tratarse de un deber fundamental: los hijos, verificada la naturaleza de un régimen que hace y hará de ese deber una aventura.

Obviamente, nos haremos una idea colectiva del inédito fenómeno, como ha ocurrido con otras naciones, realzando la vocación emprendedora, las habilidades demostradas y las capacidades probadas de aquellos que no lograron realizarse en esta tierra. Para quienes hemos optado por quedarnos, reafirmando un modesto compromiso de lucha, aspiraríamos a diseñar otra meta programática: la repatriación voluntaria.

Idea que, igualmente, puede verse contaminada por la conducta negativa y negativista de los nuevos emigrantes, sobre todo la de aquellos descarados oportunistas, los que reniegan de la Venezuela que – por lo menos – los educó, y – por lo general – ligados de un modo u otro al régimen, lo que les permite pasearse constantemente por el mundo con los bolsillos repletos de divisas, adquirir en subasta excelentes y excepcionales vinos, y – corre el rumor – comprar una vivienda en las más exigentes capitales – preferiblemente – europeas y estadounidenses como elemental medida de previsión ante una caída del chavezato. Y éste, mientras tanto, intentará satanizar a los buenos padres de familia consagrada la acusación: apátridas.

Descendientes de italianos que buscaron y consiguieron el futuro en una ya lejana Venezuela, el primo de María Efe se ha ido con su esposa a Australia, harto promotora de sus bondades. Seguramente compartirán con el violinista Henry Avila, entre otros músicos venezolanos residenciados en Sidney, y no sorprenderá que pasen los años y lean a sus muchachos un poema: “Mi padre, el inmigrante”.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2011/09/mi-hijo-el-emigrante/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=799633

Fotografía: El escritor estadounidense Waldo Frank, visita la Primera Exposición del Libro Venezolano en México, organizada -entre otros - por Fabbiani Ruíz, Pedro Beroes y Vicente Gerbasi. Fotografía de Elite, Caracas, del 13/02/37, reproducida en: Elite, Caracas, nr. 1806 del 07/05/60.