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sábado, 25 de enero de 2014

DESDE EL PRINCIPIO

EL NACIONAL - JUEVES 31 DE DICIEMBRE DE 1998 / INTERNACIONAL Y DIPLOMACIA
La revolución cubana cumple 40 años
Armas venezolanas defendieron a Castro en la Sierra Maestra
Cerca de una decena de vuelos llevaron a Cuba armamento, comida, ropa, equipos y hombres para respaldar la caída de Fulgencio Batista. Cuatro décadas después, algunos protagonistas decidieron romper el silencio y reconstruir los hechos
Marianela Palacios

En las postrimerías de la Junta de Gobierno presidida por Wolfgang Larrazábal, y siguiendo las señas de una operación militar "estrictamente confidencial", 150 fusiles, 50 ametralladoras, 100 granadas de demolición, 35 cajas de municiones y 3 cajas de armamento de grueso calibre sustraídas del Parque de Armas venezolano, fueron embarcadas en Maiquetía con destino a la Sierra Maestra en noviembre de 1958. ¿El objetivo? Dar apoyo a la causa rebelde cubana que intentaba derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista.
Cerca de una decena de vuelos llevaron a Cuba armas, comida, ropa, equipos y hombres. 40 años después, los protagonistas de esa historia han decidido romper el silencio y recrear los hechos.
Fidel Castro era una especie de leyenda viviente para el pueblo venezolano en 1958, un símbolo de los aires revolucionarios democráticos que se respiraban en Latinoamérica. Los ciudadanos contribuían masivamente en campañas de colecta de fondos para los guerrilleros de la Sierra Maestra. Pero el Gobierno no había querido involucrarse directamente con la causa. De hecho, aunque algunos gremios y organizaciones no gubernamentales lo habían solicitado, nunca se rompieron las relaciones diplomáticas con el régimen de Batista, y cualquier respaldo a la revolución habría causado tensiones políticas importantes.
No obstante, el Gobierno venezolano se involucró. Subrepticiamente claro. "Queríamos apoyar el clamor popular, pero un gobierno es un gobierno, no una agencia de tráfico. Por eso todo se hizo bajo cuerda", admitió el vicealmirante (r) Larrazábal. Según él, la operación contó con el respaldo de otros miembros de la Junta de Gobierno, pero "Rómulo Betancourt no estaba al tanto y, si estaba, lo disimuló".
Operación Cóndor
El historiador Manuel Caballero relata que a finales de los cincuenta "se corrió la voz de que Fidel recibió apoyo militar venezolano, pero eso no se demostró. Nunca se supo con exactitud si el Gobierno patrocinó aquello, ni cómo sucedieron las cosas".
Hoy ya no hay lugar para la duda. La operación tuvo cuatro figuras claves: Fidel Castro, identificado como Cóndor durante las trasmisiones de radioaficionados que permitieron coordinar los vuelos; Wolfgang Larrazábal (Cóndor 1) y su hermano Carlos Larrazábal (Cóndor 2), quien era entonces comandante de la Armada; y Carlos Taylhardat (Cóndor 3), hoy ex embajador de la República y quien siendo teniente de navío en 1958 supervisó los vuelos a Cuba y concretó el despacho de las armas.
Pese a la confidencialidad impuesta, no sólo ellos cuatro sabían de la acción. Francisco Pividal Padrón, líder del Movimiento 26 de Julio y luego embajador de Cuba en Venezuela, menciona otros nombres: "El coronel Hugo Trejo (...) Por la marina, el capitán de navío Miguel Rodríguez Olivares, el capitán de fragata Héctor Abdelnour y el jefe de la Infantería de Marina. Por el Ejército, el mayor Carlos Julio Mora y el teniente Hugo Montesinos. Por los civiles, el senador Alberto Ravell, el diputado Raúl Ramos Jiménez y Marcelino Madriz". En otro capítulo cita al periodista Fabricio Ojeda, quien había sido presidente de la Junta Patriótica.
Sin razones políticas
Cuando se le preguntó a Wolfgang Larrazábal por qué autorizó la operación y quién solicitó esa ayuda, respondió: "Posiblemente fue el espíritu de la libertad. No hubo negociaciones políticas de por medio. Lo hicimos porque interpretábamos la voluntad del pueblo venezolano y deseábamos que toda Latinoamérica viviera en libertad".

Sin embargo, Mario Llerena, quien fue presidente del comité del exilio cubano en 1958, admitió que sí hubo un lobby político y no escatimó en dar el lujo del detalle. Tenía en su poder una carta manuscrita de Fidel Castro, fechada el 26 de abril de 1958, que ordenaba gestionar la ayuda de algunos gobiernos latinoamericanos para "fortalecer la revolución en su aspecto militar".
La campaña para apoyar el Movimiento 26 de Julio comenzó en Venezuela. En mayo de 1958 se consiguió un contacto directo con Wolfgang Larrazábal. Llerena puntualizó que "se obtuvo la entrevista por medio de su secretario privado, que era amigo de Sergio Rojas Santamaría, secretario del Comité del Movimiento 26 de Julio en Caracas. (Manuel) Urrutia, (Raúl) Chibás y yo fuimos invitados a almorzar en el suntuoso club militar de las afueras de la ciudad. Allí nos presentaron a Larrazábal (...) Sugerimos diplomáticamente que había tres áreas donde se apreciaría más la ayuda: en el reconocimiento internacional a la causa rebelde, dando permiso para que los cubanos hicieran campaña y operaran libremente en Venezuela y con abastecimiento de equipo militar".
Los cubanos salieron convencidos del éxito de aquella reunión: "Larrazábal escuchaba con una sonrisa y nos dio la seguridad de su buena voluntad personal. Tuvimos la impresión de que recibiríamos una respuesta positiva. No importaba si el encuentro había sido secreto o extraoficial, pero el presidente de Venezuela había consentido en reunirse con los representantes de un grupo revolucionario comprometido con el derrocamiento de un gobierno extranjero reconocido y había expresado simpatía por la revolución. Meses después llegó un cargamento de armas venezolanas a la Sierra Maestra", contó Llerena.
La bala inaugural
Fidel Castro declaró en 1959 que durante los primeros 15 meses de lucha en la Sierra no habían recibido "ni una sola bala del exterior" (Elite, 31-01-59). El primer contingente llegó de Costa Rica en marzo de 1958, con el respaldo del Partido de Liberación Nacional de ese país: "Fue el primer gran eslabón hacia el triunfo de la revolución. Llevamos 200 mil balas, 2 ametralladoras pesadas calibre 50 y varias ametralladoras trípode calibre 30", reveló el piloto de aquel vuelo inaugural, Pedro Díaz Lanz, quien realizó con éxito 13 vuelos a la Sierra Maestra y fue nombrado comandante en jefe de las fuerzas aéreas rebeldes (Elite, 11-07-59).
A partir de entonces, una vez que se demostró que era posible burlar la "cortina" de la dictadura, los despachos aéreos se multiplicaron. Partiendo de México y Centroamérica hubo otras entregas.
Armas yanquis para Fidel
Los vuelos desde Venezuela, patrocinados por el Gobierno (Operación Cóndor), por grupos civiles y políticos (como el Movimiento 26 de Julio y el PCV) o por particulares (el periodista Julio César Martínez, por ejemplo), aumentaron su frecuencia en diciembre de 1958. 
"La aviación de Batista necesitaba al menos 20 minutos para responder a las emergencias. Así que teníamos que aterrizar en Cuba, dejar la carga, y emprender el regreso antes de que transcurriera ese tiempo. Los rebeldes improvisaban pistas de aterrizaje a fuerza de machete y colocaban jeeps a lo largo de la vía para iluminarlos. Usamos plataformas enceradas para deslizar las cargas de forma inmediata. No hubo complicaciones", relata Carlos Taylhardat.
El armamento que se llevó a Cuba en el primer viaje venezolano había estado almacenado en el país desde 1947. Paradójicamente, era parte de una donación de Estados Unidos para abastecer a la recién creada Infantería de Marina. Eran armas (M1) usadas por los norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial, pero nunca utilizadas por militares venezolanos.
¿Dinero de la partida secreta?
Las armas fueron transportadas en un Curtis C-46, un avión de carga que la línea aérea Avensa vendió por 10 mil dólares (unos 40 mil bolívares para la época). ¿De dónde salió ese dinero? Carlos Taylhardat asegura que el almirante Wolfgang Larrazábal entregó un cheque a un miembro de la Casa Militar, el capitán Héctor Abdelnour, para que comprara la nave a título personal. "No la podíamos comprar para el Gobierno porque no convenía que se supiera que estábamos participando en esto", justificó Taylhardat.
En sintonía con lo anterior, Manuel Caballero explica que, históricamente, ese tipo de actividades se ha financiado con la partida secreta del Ministerio del Interior.
Sin embargo, Wolfgang Larrazábal sostiene otra cosa: "Ese cheque no salió de mis manos. Era dinero de las campañas de recolecta de fondos para la revolución, era dinero recogido en las calles. No era del Estado".
Cubanos en el exilio pertenecientes al Movimiento 26 de Julio también han sido referidos como financistas de esta negociación: a mediados de 1958 ya habían recaudado 220 mil dólares para respaldar la causa cubana (Ultimas Noticias, 20-09-98).
Un Fal para Fidel
El avión usado para transportar el armamento venezolano a Cuba fue bautizado con el nombre de "El Libertador". Lo pilotearon dos cubanos: J.R. Segredo (piloto) y Humberto Armada (copiloto). En el primer vuelo, sólo viajaron ellos, el entonces teniente de navío Carlos Taylhardat y las siete toneladas de armas que se extrajeron del Cuartel San Carlos, tal como consta en una Hoja de Ruta firmada por el teniente coronel del Ejército Rodrigo Chacón el 21 de noviembre de 1958.
A pesar de que era armamento viejo, grande y pesado, resultó ser una bendición para los rebeldes. "Ellos habían empezado con machetes, escopetas, bombas caseras y cuchillos. Se fueron armando progresivamente. Su principal proveedor fue el mismo ejército de Batista, porque cada vez que ganaban un combate en la Sierra se adueñaban de las armas del enemigo. Pero las venezolanas fueron determinantes para algunas batallas. Sobre todo por el efecto psicológico que desencadenaron: los rebeldes se sentían apoyados por hermanos latinoamericanos", argumentó Taylhardat.
Voceros del Movimiento 26 de Julio consideraron que las armas de Venezuela fueron decisivas en una de las últimas batallas, la de Maffo, realizada el 30 de diciembre de 1958. Francisco Pividal Padrón, un líder del movimiento, lo describió en estos términos: el empleo de esas armas "desmoralizaría a las tropas de la tiranía que están acostumbradas a escuchar disparos con armas muy variadas. En esta ocasión, habrían de sorprenderlos las detonaciones producidas con un armamento uniforme y de grueso calibre".
El Libertador también transportó a rebeldes gravemente heridos que fueron sacados de la isla y llevados a hospitales de Caracas.
El 6 de diciembre de 1958, un día antes de las elecciones que llevaron al poder a Rómulo Betancourt (49,6%) y en las que Wolfgang Larrazábal llegó de segundo (36,6%), el avión llevó a Cuba otra remesa de armas y a cinco personajes claves de la revolución cubana: Manuel Urrutia (quien fue nombrado presidente de Cuba al caer Batista), Luis Buch Rodríguez (coordinador del Movimiento 26 de Julio en Venezuela), Guillermo Figueroa (rebelde en el exilio), Esperanza Laguno y Enrique Jiménez Moya (dominicano que lideró la fallida insurrección contra el general Rafael Trujillo en Santo Domingo).
En ese mismo viaje se le envió a Fidel Castro un fusil con sentido emblemático: "Era mi Fal. Le pedí a Enrique Jiménez Moya que se lo entregara a Fidel, para que lo usara durante la guerra y luego me lo devolviera. Y así pasó. Cuando triunfó la revolución y Fidel vino a Venezuela en enero de 1959, lo trajo consigo y me lo entregó", recordó Carlos Taylhardat.
Bajo la bandera del socialismo
ÿLA HABANA/AFP
Contra muchos pronósticos, Cuba cumple mañana 40 años bajo el mando de Fidel Castro, quien a sus 72 años insiste en mantener a flote a la isla con la bandera del socialismo, alentado por la crisis económica neoliberal en el mundo.
Castro llegó al poder el 1 de enero de 1959 encabezando un movimiento guerrillero que derrocó al dictador Fulgencio Batista. Desde entonces, muchos apostaron a la caída del Gobierno revolucionario, y varios de ellos fueron quedando en el camino.
Tras cuatro décadas, una después de haber concluido la Guerra Fría, el edificio de la revolución cubana se mantiene en pie, aunque apuntalado con elementos de la economía de mercado, que le ayudaron a evitar el colapso luego del terremoto que borró de un plumazo al bloque socialista europeo a finales de los años ochenta.
Las reformas económicas que dieron oxígeno al régimen en esta década han filtrado, sin embargo, virus que amenazan la salud de un tejido social duramente castigado por casi una década de carencias, debido a la severa crisis y al apretón de tuercas que dio Washington en 1996 en su bloqueo a la isla, con la aprobación de la polémica ley Helms-Burton.
El brote de manifestaciones como la prostitución, la corrupción oficial, el robo y la drogadicción son consecuencia de la libre circulación del dólar, de la apertura al turismo en gran escala y de la formación de pequeñas empresas familiares, han asegurado en diversas ocasiones miembros del gobernante Partido Comunista Cubano (PCC).
Pero el régimen ha tenido que aprender a vivir con esos virus para salvar su proyecto de socialismo caribeño, máxime cuando las reformas comenzaron a sacar a flote a la isla en 1995, luego de un hundimiento brutal del PIB, de 37%, entre 1989 y 1993.

Aun así, la economía cubana camina a marchas forzadas y sufre una desaceleración; luego de 7,8% de crecimiento registrado en 1996, el PIB llegó a 2,5% en 1997 y este año apenas rebasará 1%.
Pero si en el terreno económico las cosas no han funcionado como quisieran las autoridades, en el escenario político la isla logró en el último año un fortalecimiento de su imagen en el exterior, tras años de aislamiento.
La puerta la abrió el papa Juan Pablo II con su histórica visita a la isla comunista, en enero de 1998, seguida de la del primer ministro canadiense, Jean Chretien, y del canciller español, Abel Matutes, quien allanó el camino para el futuro viaje -en la primavera de 1999- de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía.
En el interior, la isla presenta una paz social debido al imperante sistema autoritario, aseguran los detractores del Gobierno. El discurso de la oposición interna, representada por minúsculos y fragmentados grupos que no cuentan con un espacio legal para desarrollar sus actividades, tiene escaso eco en la población, pero ha logrado llegar al exterior, desde donde personalidades como el Papa han abogado por la excarcelación de varios disidentes.

sábado, 23 de agosto de 2014

CARUPANERO

EL NACIONAL - Viernes 22 de Agosto de 2014     Opinión/6
Larrazábal
Los militares educados durante los 40 años de la república civil contribuyeron al desarrollo nacional.
Aunque no faltaron quienes cayeron ante los cantos de sirena
Eduardo Mayobre

Cuando cayó la dictadu-ra de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de Enero de 1958, el gobierno de Venezuela se constituyó como una Junta Militar, presidida por el oficial de mayor antigüedad, contralmirante Wolfgang Larrazábal Ugueto. Al día siguiente la Junta dejó de ser militar, porque salieron de ella dos generales perezjimenistas y entraron dos civiles: Eugenio Mendoza y Blas Lamberti. Desde entonces se inició el camino a la democracia que distinguió a Venezuela de la mayoría de los otros países de América Latina en la segunda mitad del siglo XX. En diciembre de ese mismo año se realizaron elecciones que ganó en buena lid Rómulo Betancourt, candidato del partido Acción Democrática.
Durante 1958 Larrazábal debió sortear los más difíciles escollos. Resistió un intento de golpe de Estado liderado, como era costumbre, por su propio ministro de defensa, general Jesús María Castro León, y otras intentonas de restaurar la institucionalidad cívico militar de la década anterior.
Alcanzó, con su simpatía y carisma, una alta popularidad.
Para poder presentarse como candidato en las elecciones de diciembre, apoyado por Unión Republicaba Democrática y el Partido Comunista, renunció a la presidencia del gobierno.
Obtuvo la segunda mayoría y, no obstante las manifestaciones radicales de algunos de sus seguidores, reconoció gallardamente el triunfo de su adversario. Se inició así el régimen democrático constitucional que duraría por el resto del siglo.
El talante democrático de Wolfgang Larrazábal lo mantuvo a lo largo del resto de su vida. Fue un ejemplo. Le aceptó a su rival en las elecciones, Rómulo Betancourt, la embajada de Venezuela en Chile.
Recuerdo que cuando llegué a vivir en Santiago en 1963, poco después de que el ex presidente de la junta hubiera dejado la embajada, los chilenos, desde los más encopetados hasta los taxistas, me hablaban con admiración de ese venezolano que se había ganado su cariño.
Relato lo anterior para subrayar que no es contradictorio ser militar y democrático.
Larrazábal es quizás el mejor ejemplo, por las circunstancias que debió enfrentar y vivir. Pero hay muchos otros. Desde el general y presidente Isaías Medina Angarita, quien intentó la transición a un gobierno pacífico y del pueblo hasta el general Rafael Alfonso Ravard, artífice de unos de los mejores logros de la democracia, el desarrollo de las industrias básicas estatales de Guayana, y primer presidente de Pdvsa.
Los militares educados durante los 40 años de la república civil contribuyeron al desarrollo nacional. Aunque no faltaron quienes cayeron ante los cantos de sirena de la tradición de Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez. A estos últimos se asociaron tardíamente algunos nostálgicos de la lucha armada contra la democracia.

Larrazábal es quizás el mejor ejemplo del militar democrático e institucionalista. De quien hizo prevalecer las instituciones civiles sobre las de las armas. De quien no obstante la inclinación a la violencia y a la subordinación de muchos de sus compañeros castrenses supo oír la voz del pueblo e intentó satisfacer sus reivindicaciones. Fue corto su periodo de gobierno pero fue decisivo.
Permitió salir de la dictadura militar y devolver al pueblo el ejercicio de la soberanía. Gobernó con civiles de reconocido prestigio y le entregó el mando a un profesor de derecho romano, Edgar Sanabria.
Larrazábal, un marino carupanero que había sido relegado a posiciones de poco poder durante los años de dictadura militar, supo conducir a Venezuela hacia el buen puerto de la democracia y dio necesarias muestras de honestidad, valor y civismo. Supo también canalizar las ansias de libertad y justicia que despertaron con la caída de la dictadura y convertirse en líder popular respetado por moros y cristianos.
Ojalá no se haya perdido su ejemplo.
Reproducciones: Una,  Wolfgang Larrazábal al regresar a Venezuela, encabeza  un mitín del FDP; a su lado, Jorge Dáger. Momento, Caracas, nr. 554 del 26/02/67. La otra,Larrazábal juega dominó en el Círculo de las Fuerzas Armadas, Mamo; reportaje sobre la Semana Santa. Momento, Caracas, nr. 509 del 17/04/66.

lunes, 12 de diciembre de 2016

EL SOLDADO DESCONOCIDO

Padre Luis Ugalde: Sin apoyo militar no salimos de esta dictadura ni recuperamos la democracia

Enrique Meléndez / especial Noticiero Digital / 12 dic 2016.- El padre Luis Ugalde, s.j., presentó este sábado un escenario político que recordó lo ocurrido en Venezuela durante la transición hacia la democracia en 1958 y el rol que jugó la figura de Wolfgang Larrazábal, el vicealmirante que ocupó la presidencia de la República una vez derrocada la dictadura perezjimenizta, y que condujo al sistema político hacia una democracia.

La consideración la hizo en el foro que realizó la Fundación Espacio Abierto que dirige Luis Manuel Esculpi.

Anunció que se iba a referir a un escenario, de varios posibles, y que tituló Larrazábal II, pero comenzó precisando su evaluación del momento que vive Venezuela: “En el último mes el Ejecutivo ha acentuado su voluntad y carácter dictatorial. Para mí esto es indiscutible. Nuestra Constitución es democrática, y la voluntad y el carácter del gobierno es dictatorial. Eso no tiene mucha duda, y ha cerrado todas las puertas a una posible salida electoral, y al indispensable cambio económico-social y político para frenar la desesperante emergencia nacional actual y recuperar la democracia”.

Larrazábal II, dijo Ugalde, tomaría “la responsabilidad del Ejecutivo nacional y la Presidencia y proclamaría ante el país un gobierno de transición y de unidad nacional; obligado por la grave y creciente emergencia y dictadura; una dictadura cerrada a todo cambio; que la población considera absolutamente necesarios”.

Seguidamente, Ugalde improvisó lo que diría el mensaje de este Larrazábal II:

“Nosotros nos vemos obligados a tomar el poder Ejecutivo ante la gravísima situación de la población: falta de medicinas, comida, seguridad ciudadana, inflación, corrupción y la radical negación del gobierno dictatorial a poner soluciones. Somos un gobierno plural; de salvación nacional, para responder de inmediato a la tragedia humanitaria y recuperar la democracia plural, y establecer las bases y acuerdos sólidos con los empresarios, para impulsar una economía productiva, con compromiso social; con fuerte y sostenida inversión privada nacional e internacional, y unos programas sociales de emergencia inmediata”.

Dijo Ugalde que este Larrazábal II adoptaría las siguientes medidas:

1.- Preparar elecciones con nuevo CNE para fines de 2017.

2.- Libertad inmediata de 80 presos políticos y creación de una comisión mixta de derechos humanos, para abordar de inmediato, y decidir los casos de los demás presos políticos pendientes.

3.- Apertura inmediata y amplia a la ayuda humanitaria en salud, alimentación y gestión con los países y organismos internacionales. Agregó que, al mismo tiempo, se formarían organizaciones solidarias de la sociedad y empresas para la distribución suficiente, transparente y equitativa.

4- Creación de un equipo de trabajo con fuerte presencia de los sectores productivos privados para una rápida reactivación del aparato productivo .

5.- Reconocimiento pleno de la AN; elegida en diciembre de 2015, y apertura del diálogo y colaboración efectiva entre el Ejecutivo y el Legislativo en orden a la democratización del país y los cambios necesarios en los poderes judicial y electoral.

6.- Explicitación y activación de políticas sociales urgentes y duraderas.

7.- Inmediata negociación, para abrir el país a la solidaridad internacional. Apoyo de los gobiernos y de los multilaterales para refinanciación de la deuda y para préstamos por el orden de los 40 ó 50 mil millones de dólares.

8.- Unificación cambiaria. Revisión del gasto público y puesta inmediata en práctica de audaces políticas compensatorias, para los sectores más necesitados.

9.- Recuperación inmediata del sector educativo, con refuerzo de los educadores con criterios democráticos, plurales, sin imposiciones ideológicas dictatoriales.

10.- Seguridad ciudadana con recuperación del control de las armas por parte del gobierno, y una nueva y activa conciencia de reconciliación, defensa de la vida; con estímulos y sanciones coherentes.

Aquí se permitió un paréntesis, y le preguntó a la audiencia que cuánto duraría un Presidente proveniente de la sociedad civil, un Henrique Capriles, un Leopoldo López, una vez adoptadas este conjunto de decisiones sin el apoyo de las Fuerzas Armadas. Respondió que lo máximo que duraría sería unos tres meses y que en esto iba, precisamente, este escenario de Larrazábal II; puesto que no necesariamente éste era un militar; que podía ser un civil, sólo que si no estaban los militares no había nada que hacer.

De paso, hizo la salvedad de que él no era militarista; pero que en estas circunstancias de una dictadura militar, que es la que tenemos, si no hay resquebrajamiento en el mundo militar y voluntad decidida de restablecer la democracia, según su creencia, iba a ser muy difícil lograr una solución a los problemas del país, y que, por si quedaba alguna duda, el gobierno ha bloqueado todas las salidas democráticas.

Consideró muy importante preguntarse: ¿dónde está ese militar? Lo que lo llevó a remontarse al año de 1957 cuando entonces Wolfgang Larrazábal no estaba en ninguna parte ni tenía ningún mérito especial y, sin embargo, dirigió la transición democrática.

“Segundo, una cosa es que yo demócrata en 1957-58, negocie con el militar Pérez Jiménez, y otra cosa es que cuando aparece este otro militar que quiere un cambio democrático, yo AD, Copei, URD negocie con él. Porque se trata de un militar, empeñado en restablecer la democracia y necesita nuestra ayuda”,

Finalizó con lo que llamó dos notas:

1.- Necesidad de preparar no solo elecciones presidenciales sino regionales y locales. Este gobierno en la primera alocución tendría que decir que quedan convocadas las elecciones presidenciales y regionales bajo la preparación de un nuevo CNE.

2.- Necesidad de un pacto democrático entre las organizaciones, candidatos y partidos competidores para después de las elecciones, a la manera de la experiencia que se tuvo con el Pacto de Punto Fijo.

No se mostró muy optimista frente al futuro inmediato; pues a su juicio Venezuela necesita más de un año para recuperarse; que hace falta un gobierno democrático sustentado en un pacto y un programa de gobernabilidad, gane quien gane. Como también se mostró en desacuerdo con la realización de una Asamblea Constituyente; la cual, a su parecer, en las circunstancias actuales no pasaría de ser “un torneo de discursos a lo Escarrá”.

A ese respecto Ugalde manifestó que nuestro problema no tiene que ver con la Constitución; como sí con el Ejecutivo, a propósito de la forma de ejecutar las políticas; que la población no está por escuchar un torneo de discursos pletóricos, llenos de buena voluntad; sino que Larrazábal II, una vez posesionado de la presidencia de la República, abra las fronteras, para que comience a llegar la ayuda humanitaria y social: un cambio de posguerra psicológico y espiritual.

Para Ugalde en ese gobierno de unidad nacional tiene que haber gente del chavismo pues lo otro, esto es, la exclusión a su modo de ver sería contraproducente.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2016/12/padre-luis-ugalde-sin-apoyo-militar-no-salimos-de-esta-dictadura-ni-recuperamos-la-democracia/

El soldado desconocido de Ugalde
Emilio Nouel V. 

Desde hace un tiempo, amigos de fuera de Venezuela me han hecho una pregunta que hoy pareciera que pretende responder el sacerdote Luis Ugalde.

En varias ocasiones, este año, me han solicitado una opinión escrita (artículo) sobre si no se avista en horizonte del país y en la institución armada una suerte de Wolfgang Larrazábal que propicie una salida de la tiranía militar-cívica que hoy desgobierna a Venezuela, e inicie un proceso de recuperación de la democracia.

Como sabemos los venezolanos de mayor edad, y lamentablemente lo desconocen millones de jóvenes hoy, Larrazábal fue la figura que encarnó públicamente, desde la institución militar, el derrocamiento del dictador Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958. A partir de entonces se inició el período de la democracia civil en nuestro país, la que en los últimos 3 lustros ha pretendido desmontar una banda mafiosa, ignorante y corrupta, revestida de una retórica supuestamente liberadora, pero que en esencia es la barbarie autoritaria fascista en acción.

Mi opinión, dentro de las limitaciones que tengo respecto de cómo se bate el cobre realmente entre los milicos, ha sido que tal personaje militar con liderazgo y mando suficiente no lo veo, aunque el repudio al gobierno a lo interno de esa institución, me atrevo a afirmarlo, debiera ser el mismo que vemos en el 80% y más de los venezolanos. Del desastre económico, las arbitrariedades y el latrocinio, sin mencionar otros delitos en que estén presuntamente incursos ciertos oficiales de alto rango, son también los militares y sus familias, víctimas.

Según Ugalde, esta nueva versión de “Larrazábal” debe estar en algún lado, y como la original, sería obviamente desconocida por los venezolanos de a pie, en la actualidad. En una institución militar que los entendidos dicen que está descoyuntada e ideologizada, con cadenas de mando poco claras, mediatizada por los cubanos, y en la que los tradicionales principios de mérito, conocimiento técnico y disciplina han sido sustituidos por la lealtad perruna a un grupo de poder político, valdría la pena preguntarse qué tipo de “Larrazábal” redivivo podría revertir y superar esa situación a lo interno de las fuerzas armadas y encabezar y/o propiciar un gobierno de transición como el que Ugalde propone. Tiene razón el jesuita cuando afirma que un gobierno distinto al que está destruyendo a Venezuela debe contar con el respaldo de la fuerza militar, y que uno sin este último duraría muy poco. Es atinado también Ugalde en el conjunto de medidas que estaría obligado a tomar un eventual gobierno de transición.

Quien escribe esta líneas lleva en su ADN un rechazo profundo a todo gobierno militar y con más razón, a uno militarista como el que padecemos. Soy muy escéptico al respecto, y desconfío de militares en funciones de gobierno. La Venezuela actual es prueba fehacientemente de la chapuza gubernamental más estruendosa de aquellos. No obstante, entiendo las realidades de la política y sus imperativos, más allá de las preferencias y reservas personales. Con todo y sus grandes defectos apuesto al liderazgo civil que nos hemos dado en esta lucha casi agónica e interminable. Estoy consciente de las fallas, algunas de bulto, que nuestros partidos políticos han tenido y tienen. No ha sido fácil trabajar unidos en el rescate de las libertades y la democracia.

Tengo mis dudas sobre si la pluralidad de opiniones e iniciativas libérrimas en el seno de la unidad de las fuerzas democráticas, sea una virtud a reivindicar bajo las circunstancias que vivimos. Sin Unidad de estrategia y de acción, sin férrea disciplina de sus dirigentes, sin un único discurso y sin poner de lado las ambiciones parciales, será muy difícil salir del hueco en el que estamos hundidos. Sólo aspiro a que aquellos fallos de la Unidad sean corregidos sobre la marcha, y a la brevedad. Ugalde ha reiterado un planteamiento que debe ser valorado, pues implicaría adoptar una clara política a largo plazo y coyuntural hacia un sector de nuestra sociedad con el que hay que contar, pero desde una visión de sociedad en la que la institución militar tiene un papel importante de seguridad que cumplir, que no es el de gobernar, toda vez que esta función corresponde en todo país civilizado y moderno, al poder democrático civil.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/28500-emilio-nouel-

EL UNIVERSAL, Caracas, 27 de noviembre de 2016
Tregua de Navidad
José Toro Hardy

La “Tregua de Navidad’ es un episodio histórico: fue un alto al fuego ocurrido entre tropas alemanas y británicas en la I Guerra Mundial en 1914. La tregua no oficial ocurrió el 24 de diciembre de 1914 cuando los soldados alemanes celebraban la Navidad cantando Stille Nacht (Noche de Paz). Las tropas británicas respondieron con villancicos en inglés y todos salieron de sus trincheras y se abrazaron.

Deberíamos seguir el ejemplo. El 2016 ha sido devastador para nuestra economía y nuestra sociedad. El país está experimentando un desgarramiento del tejido social. El empobrecimiento avanza a pasos agigantados, mientras la inflación devora inmisericorde el poder adquisitivo de la población, sometida a privaciones extraordinarias y a unos niveles de escasez que nunca habíamos conocido los venezolanos.

Sí, necesitamos una tregua en esta guerra que el Gobierno (que solo piensa en términos bélicos) dice estar combatiendo, pero en la cual hay un solo bando guerreando y otro sufriendo. Es una guerra imaginaria inventada por el oficialismo para justificar sus fracasos.

Necesitamos dialogar para buscar la paz y el entendimiento, pero rechazamos el tipo de diálogo perverso al cual recurre el Gobierno para ganar tiempo. Aquel diálogo al que Lenin calificaba de “recurso avalador de la revolución” y al que en sus discursos al partido bolchevique se refería en los siguientes términos:

‘’Nosotros dialogamos con el enemigo que hemos jurado destruir, solamente cuando carecemos de la fuerza necesaria para abatirlos. Por medio del diálogo, alcanzamos aquellos objetivos a corto y mediano plazo para ganar tiempo. Y cuando efectivamente seamos más fuertes, entonces tomamos sin contemplaciones lo que queremos y sin que nos conmuevan las declaraciones y apelaciones de los enemigos venidos a menos’’.

Ese es un diálogo inicuo para satisfacer a un grupo que lejos de sentirse servidores de la sociedad pretenden perpetuarse en el poder como amos de la misma.

El oficialismo ha dado pruebas de sobra de que no está dispuesto a escuchar al pueblo y de que es capaz de valerse de cualquier marramucia. Considera que las elecciones, tal como el diálogo, son recursos válidos solamente cuando les favorecen. De lo contrario son pequeñeces burguesas que deben ser rechazadas.

Incluso el representante del Vaticano en el diálogo, monseñor Claudio María Celli, llegó a decir que se había producido un milagro porque creyó que el Gobierno respetaría los compromisos alcanzados. Milagro hubiera sido que el régimen los hubiese respetado; pero no, con el mayor cinismo el régimen no solo los desconoció, sino que además culpó de ello a la MUD.

Un ciclo se ha cerrado. Cayeron las máscaras y todo el mundo conoce ya las trapacerías a las cuales recurre el oficialismo. Su más cercano aliado, Ernesto Samper, va de salida y no cuenta ya el régimen con apoyo en Unasur (solo le quedan Ecuador y Bolivia) para reemplazarlo con otro igualmente servil. El Papa y su representante tienen ahora una visión más realista de lo que aquí ocurre. El Superior de los jesuitas, Arturo Sosa, dice que la democracia ha sido secuestrada y que el balance social es dramático. Con meridiana claridad está hablando la Conferencia Episcopal Venezolana y nuestros dos cardenales Jorge Urosa y Baltazar Porras.

Luis Ugalde, exrector de la UCAB y quien como pocos ha penetrado en la realidad política venezolana, advierte que cristianismo y despotismo son irreconciliables y citando a San Agustín agrega “lex injusta non est lex”, mientras, evocando a Larrazábal, lanza claras admoniciones incluso al mundo militar. “Con la Iglesia nos hemos topado” le hubiera dicho el ingenioso hidalgo a su escudero Sancho Panza en la genial obra de Cervantes Don Quijote de la Mancha.

Pero es que además se están topando con la dura realidad de una economía a la cual han destrozado. Creyeron que podían jugar con ella como quien juega Monopolio y de golpe se encontraron con que crearon un caos monetario que sumado a la severa escasez, a la inflación más alta del mundo, a un déficit fiscal y un endeudamiento inmanejables, a la destrucción del aparato productivo y de una industria petrolera (de la cual hoy somos más dependientes que nunca pero que está reducida a cenizas), todo lo cual coloca al país al borde de una catástrofe política y social. “La economía peor administrada del mundo”, concluye The Economist.

Y aun en medio de tan delicada situación que luce insostenible, voceros del régimen no se les ocurre otra cosa que proferir amenazas de toda índole, “sorpresas”, que en palabras de ellos mismos habrán de ocurrir en fechas tan significativas como lo son la Navidad y el Año Nuevo.

¿Es que acaso no entienden que lo único que el pueblo añora en estos días es una tregua como la que tuvo lugar entre las tropas inglesas y las alemanas en la Navidad de 1914?

Fuente: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/tregua-navidad_632738

viernes, 5 de septiembre de 2014

INCREDULIDAD

Nota para La afición histórica (FB)
LB


En su libro “La democracia petrolera. De Rómulo Betancourt a Carlos Andrés Pérez” (El Cid Editor, Buenos Aires, 1978:281 ss.),  Carlos Ramírez Faría habla de la masacre de septiembre y la intentona de Juan de Dios Moncada Vidal, por 1958. Por julio, recordemos, hubo la tentativa golpista encabezada por J.M. Castro León y, al mes siguiente, se sabía del reingreso clandestino de algunos de los conspiradores al país. Insatisfechos con Castro León por el modo que concluyó ese intento, Moncada Vidal capitaneó un esfuerzo propio, como arguye Ramírez Faría.

Planes de una “sencillez que provoca incredulidad”, dice el autor,  los golpistas creyeron que bastaba un pronunciamiento serio, buen respaldo de tropas y ocupación de la sede gubernamental para generar toda una reacción contra la Junta de Gobierno. Comenzando con la toma de y movilización de los alumnos de la escuela policial de El Junquito para hacerse de una emisora de radio, simultáneamente se sublevaría el cuartel de la Policía Militar vecino al Palacio Blanco. “Invención de comediógrafo”, amaneciendo el 7 de septiembre, en un par de horas el hecho fue resuelto. El mayot Luis Alberto Vivas Ramírez hizo lo suyo en la Escuela de Policía y con un pelotón de alumnos, fue al centro de la ciudad capital, apoderándose de Radio Rumbos. José Eli Mendoza Méndez, principal colaborador de Moncada Vidal, caminó al cuartel de Policía Militar y, junto al capitán Carlos Quintero Florido, más el teniente Víctor Gabaldón, dominado el objetivo, abrieron las puertas al grupo golpista,  donde estaban los capitanes José de Jesús Chacón y Carlos González Windevoxhel. Moncada Vidal debía ocupar la sede del ministerio de la Defensa en La Planicie, “sin mayores repercusiones”, aunque “ha sido norma operativa de todas las conspiraciones formar la mayor alharaca posible”. Apenas, propagandizando desde la emisora radial, hubo una rápida e intensa movilización de masas al centro caraqueño, siendo dsaojados los conspiradores por la Policía Municipal, comandada por el teniente-coronel Rafael Arráez Morales.

Ramírez Faría habla de un “duelo por las ondas hertzianas”, ya que Televisa fue tomada a punta de ametralladora por Luis Miquilena y Amílcar Gómez, y en Radio Caracas hubo un “telemaratón”, donde desfilaron Antonio Requena (presidente de la Junta Patriótica), Jóvito Villalba, Luis Hernández Solís, Miguel Ángel Landáez, Fabricio Ojeda, Luis Alberto Machado, Rómulo Betancourt, Luis Alberto Moros (Comandante del Ejército),  Raúl Leoni, Arturo Uslar Pietri, Rodolfo J. Cárdenas y Gustavo Machado.  Eran remotas las posibilidades de éxito para los golpistas, configurándose como una aventura, por lo que el autor en cuestión concluye que Moncada Vidal no sabía realmente en lo que se metía.

Tomado el cuartel de Policía Militar, partieron sendos tanques a Miraflores y el Palacio Blanco (al lado, pues).  Quisieron tumbar la entrada del Palacio Blanco, fracasando ante la resistencia del coronel Pedro J. Quevedo, miembro de la Junta de Gobierno. El comandante de la Fuerza Aérea, Briceño Linares se apersonó en Miraflores y también se le escabulló a los golpistas, bajó a Maiquetía, tomó un avión para la base de Boca del Río y verificó el respaldo a la Junta de Gobierno, como hizo el resto de las fuerzas o componentes, como lo señaló el teniente-coronel Víctor Garrido Sutil (Comandante de las Fuerzas Armadas de Cooperación), el coronel Marcos Aurelio Moros (Ejército). El ministro de la Defensa, general Josué López Henríquez, partió del Palacio Blanco a La Guzmania, donde se encontraba el contralmirante Wolfgang Larrazábal, presidente de la Junta, asegurado el respaldo de la Marina, comandada por su hermano Carlos. Larrazábal llegó a Maiquetía, procedente de Barcelona, en un vuelo comercial de Avensa. El mayor Pablo García Morales, originalmente detenido en el cuartel de la Policía Militar, lo retomó. “Sin pena ni gloria”, fue resuelta la intentona: lograron Moncada Vidal, Rafael Marcelo Pacheco y Vivas Ramírez, asilarse en la embajada de México, mientras que fueron arrestados Mendoza Méndez, González Windevoxhel, Gabaldón Soler, Quintero Florid, Alcibíades Pérez Morales y Chalbaud Godoy. Al pisar Maiquetía Larrazábal, todo estaba bajo control de la Junta de Gobierno.

Agrega Ramírez Faría que las multitudes prosiguieron en las calles, en permanente vigilia, todo el día. En las inmediaciones del cuartel de la Policía Militar, al atardecer, hubo disparos que se convirtieron en una “plomazón” ciega y ensordecedora. Llegó desde el litoral Larrazábal, acompañado por Edgar Sanabria (“armado de revólver”) y del coronel Rafael Araque y otras personalidades civiles y militares. Pidió el presidente de la Junta que la multitud se dispersara. Había turbas en la avenida Urdaneta dispuestas al saqueo del cuartel, alentada por dirigentes demagogos. El gobierno permitió el saqueo, evacuándolo mediante la infantería de marina por los túneles que llevan al Palacio Blanco: “hipotéticamente elpueblo había triunfado”. Mitín a las seis de la tarde en El Silencio con un Betancourt afónico, un Fabricio Ojeda exaltado, un Gustavo Machado acusador y un Antonio Requena calmante. Saldo sangriento del 7-S, con 20 personas muertas, en su mayoría civiles, y 200 personas heridas.

Fotografía: “Golpe militar de Moncada Vidal y Aly Mendoza. Biblioteca Nacional”. En: http://www.noticias24.com/fotos/noticia/5321/especial-n24-los-momentos-que-marcaron-el-23-de-enero-y-que-dejaron-huella-en-la-historia/

martes, 10 de agosto de 2010

y por otro lado....


De una referencia anacrónica
Luis Barragán


Sorprenderá a las más recientes generaciones, fatigadas por las circunstancias de una década conflictiva, el entusiasmo que despertó el proceso cubano décadas atrás. Plenitud de todas las aspiraciones de redención social, la estampa romántica de los que hicieron de la Sierra Maestra epicentro de todas las gestas contemporáneas, parecía condensar mejor el anhelo de una democracia que dejaría atrás los vicios burgueses en el ademán de perfección de la dictadura del proletariado.

Muy temprano, en la década de los sesenta, dudar de la oportunidad e intenciones de la revolución caribeña constituía casi un delito en el debate político venezolano, por lo que también es necesario reconocer la valentía de la opinión disidente que mal podía confundirse con la defensa del batistato. Hubo actores, líderes y partidos, que cuidaron muy bien de pronunciar una palabra disonante, aunque no tardarían los manifiestos o declaraciones de La Habana que – ya desinhibidamente – dijesen de la naturaleza de un régimen, al filo de una – ahora – inimaginable guerra fría.

A modo de ilustración, en entrevista concedida al periodista Manuel Cabieses, Wolfgang Larrazábal señaló que “no estoy arrepentido ni lo estaré jamás” de haber ayudado a la causa representada por Fidel Castro, acaso única instancia opositora reconocida por la junta que reemplazo a Pérez Jiménez. Añadió: “Los venezolanos no tenemos por qué arrepentirnos de la ayuda que se entregó al pueblo cubano. Cuando se hizo la ‘operación bolívar a la Sierra Maestra’ todos los venezolanos sentimos que estábamos cumpliendo con nuestro deber. Y luego sentimos una gran satisfacción de haber cooperado con el derrocamiento de un régimen tiránico” (El Nacional/Caracas, 05/08/1960).

Valga destacar que el popular Larrazábal, quizá un líder de la “reserva” de segura emergencia y estelar papel en el caso de debilitarse peligrosamente el gobierno de Rómulo Betancourt, cedió con facilidad a la opinión ambiental, en lugar de una mayor discreción o previsión frente al ritmo acelerado de lo que se convertiría en detonante de una crisis, por lo demás, de alcance mundial. Empero, a su favor habla una matriz que se impuso en el debate público que, apenas, a pesar de las evidencias, se vio alterada por los consabidos acontecimientos de Praga o la propia pelea que cazó Fidel Castro con el PCV, años más tarde, a propósito del foquismo en boga.

Una desmedida campaña publicitaria y propagandística del chavezato, pretende vendernos a la Cuba de los lejanos sesenta, como si no hubiese fracasado contundentemente ni representara con exactitud el socialismo que se derrumbó a partir de Berlín, en claro desafío de los supuestos más generosos del marxismo. Bastará con ver “Habana Eva”, la novísima película de Fina Torres, para apreciar cuán atrás ha quedado la isla, imposible de disimular con el perfomance postrero de Fidel en la sesión extraordinaria del siete de los corrientes, en el simulacro de parlamento que tiene.

Fotografía: W. Larrazábal entrevistado por Manuel Cabieses, según Martínez Pozueta (El Nacional, Caracas, 05/08/1960)

lunes, 12 de septiembre de 2016

LA OTRA CAIDA

EL UNIVERSAL, Caracas, 12 de septiembre de 2016
Cae la dictadura
Juan Carlos Parisca Pérez

Estaban suspendidas las clases hasta enero, pero nuestro grupo se seguía reuniendo. El día del plebiscito recorremos varias partes de la ciudad. Había muy pocas colas. Escasa gente acudió a votar. El gobierno consumó un fraude y anunció unos resultados dando a Pérez Jiménez como ganador por amplia mayoría.
Se acercaba la Navidad. La tensión política pareció debilitarse por unos días. Pero, por debajo la crisis seguía en desarrollo, hasta que el primero de enero a las seis de la mañana unos aviones sobrevuelan Caracas. Dejan caer una bomba sin espoleta, que no estalla, y luego siguen vuelo. Durante el día se sabe que unos oficiales de la Fuerza Aérea se habían alzado en Maracay. Se trataba del pronunciamiento de los mayores Martín Parada y Roosevelt Adrianza.
Nuestro grupo se vuelve a reunir. Ahora nos vemos todas las noches. Transcurren los primeros días de enero. Los cambios en la cúpula del gobierno se aceleran. Nos llegan invitaciones para protestar. Recuerdo una manifestación en la puerta de la iglesia de Santa Capilla a las cinco de la tarde. Llego y no veo gente afuera. Entro a la iglesia. El cura está dando la bendición. Caen unos papeles del techo. Agarro uno y salgo a la calle sin leerlo. Corro en cualquier dirección. Es un riesgo ser sorprendido dentro de la iglesia.
Al día siguiente me dicen que seguirán las protestas en las iglesias. Voy a una frente a Santa Teresa. Esta vez hay mucha gente en la calle. Llega la policía para reprimir. De pronto veo a la madre de uno de mis amigos del grupo, la señora Lesbia Toro. Ella me ve y grita. Volteo en el momento en que un policía me va a descargar un peinillazo. Doy un salto y evito el golpe. Corro. El policía se ocupa de otros y no me persigue. Llegan noticias sobre la prisión de alguna gente conocida.
Me entero que los padres de algunos amigos no duermen en sus casas. Entre ellos el doctor Elías Toro, médico muy afamado. En su casa se venía reuniendo un grupo de personalidades ligadas a la Generación del 28, entre las que se mencionaba a Miguel Otero Silva, Amílcar Plaza, Pancho y Porfirio Irazábal y los doctores Rafael Vegas e Isaac Pardo.
Recibimos panfletos que convocan a una huelga general para el veintiuno de enero. Están firmados por una Junta Patriótica. Ese día, al mediodía, las calles están solas. No circulan los diarios.
Pasa el veintidós con mucha expectativa. Se dice que la Marina no está con Pérez Jiménez. El veintitrés en la madrugada suena una sirena. La televisión anuncia que Pérez Jiménez huyó del país, con Llovera Páez y sus familias. Me reúno con el grupo de amigos y vamos a la universidad. Hay una concentración en la Plaza del Rectorado. Convocan a Miraflores. Marchamos dentro de una multitud de jóvenes: universitarios, liceístas, incluso estudiantes de los colegios privados que se sumaron a las protestas en los últimos días.
La manifestación llega a Miraflores. No se sabe bien cuál es la composición del nuevo gobierno. Se anuncia una Junta presidida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal, con una tendencia derechista en su composición; con Eugenio Mendoza, conocido industrial, de ministro, y varios militares perezjimenistas que se colaron.
Al caer Pérez Jiménez quedo con una gran inquietud y con deseos de continuar participando en la lucha por la democracia. Se reabre la universidad y volvemos a clases. Nuestro grupo se vuelve a reunir. Decidimos fundar un periódico universitario que llamamos OPINIÓN, con una tendencia política muy amplia. 
Antes de lanzarnos a la empresa periodística habíamos tenido una reunión con el doctor Arturo Uslar Pietri, quien nos alerta sobre la dificultad de producir un periódico de jóvenes. El primer número tuvo como tema de fondo una entrevista al rector de la Universidad, doctor Francisco De Venanzi, quien nos sugiere apoyar al Frente Universitario. No sabía por qué las opiniones de Uslar y De Venanzi me lucían dispares. Mucho después comprendí que realmente eran dos tendencias políticas muy diferentes.
Todavía no tengo inclinación política clara.
El grupo de personalidades liderizado por el doctor Elías Toro, funda una organización llamada Integración Republicana. Decido apoyarlos. Comienzo a asistir a sus reuniones. Guardo mucho respeto por los líderes, pero siento al grupo como flojo. Muy alejado de lo que ocurre en la primera línea de la política del país.
Para fines de año se aproximan las elecciones. Rómulo Betancourt, Caldera y Larrazábal se han lanzado. Integración es antiadeca, pero no quiere un militar en la Presidencia, por lo que tampoco apoya al contralmirante Larrazábal. Un día veo al doctor Caldera entrar acompañado por Eugenio Mendoza. Integración anuncia el apoyo a la candidatura de Caldera. A mí no me emociona. Gana Betancourt. Me desanimo mucho y me aparto de Integración.

Fuente: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/cae-dictadura_524728
Ilustración: Dumont.

lunes, 8 de agosto de 2011

CELEBRI(E)DAD


Del político popular
Luis Barragán


Semanas atrás, Jorge Palacios hizo justicia al comentar que los artistas (de televisión) perduraban en la memoria colectiva, aunque exageró con el inevitable recurso celebrado por la joven entrevistadora: más que los políticos. Parece obvio el impacto de un medio como el televisivo en todos los hogares venezolanos, pero es necesario deslindar los campos, pues, por una parte, aficionado a la vieja prensa, nos ha deleitado las portadas de revista que festejaban a las grandes figuras del momento, y a veces por años, ahora asombrosamente olvidadas; y, por la otra, no hay otro destino que la evaluación histórica, dada la importancia del propio oficio político.

El asunto nos remite a la condición de popularidad o celebridad que unos y otros pueden ostentar, según la época. No pretendemos actualizar un tema tratado muchos años atrás por Charles Wright Mills, pero lo cierto es que la mera exaltación mediática ha sido la actual obsesión de no pocos dirigentes políticos en la actualidad, también haciéndose efímera la de los artistas de televisión del patio por las actuales restricciones a la competencia o alta rotación, fruto del abaratamiento de la mano de obra en escena.

Parece impensable, además, la existencia en el pasado de líderes francamente populares, convencidos que Chávez Fría es un fenómeno absolutamente novedoso. He acá un ardid ideológico, en el sentido que le dio Marx, por lo menos, en la versión de Ludovico Silva, pues sorprendería constatar la inmensa aceptación de aquellos que, por si fuera poco, no despachaban directamente de Miraflores.

Wolfgang Larrazábal constituye un buen ejemplo para los más escépticos, porque fue derrotado en los comicios presidenciales de 1958, excepto en la bulliciosa ciudad capital, y, a la vuelta de pocos años, todavía lo recibían con mensajes de consternación: “Wolfgang, tenemos hambre”. Así, regresando del Chile donde fue embajador, con la vista puesta en las elecciones de 1963, provocó una inmensa y también espontánea movilización popular, motorizada por los partidos MENI y FDP, que evidenció la abstención de URD para la convocatoria según observara Luis López (Momento, Caracas, nr. 341 del 27/01/63).

De acuerdo a la crónica (ibídem, nr. 340 del 20/01/63), refiere de la gran multitud que lo acompañó desde el aeropuerto de Maiquetía que, al llegar a Catia, hundió el techo del automóvil que trajo a Larrazábal, quien intentó infructuosamente calmarla. Unos disparos lejanos dispersaron la movilización, alcanzado mortalmente el joven Alejos Celis, mientras pudo el agasajado ausentarse para llegar a su casa de Santa Mónica.

Por estos tiempos, son nulas o escasas las expresiones de una tamaña popularidad que ayer fue real así estuviese precedida de sendas técnicas que hoy, sobrantes, están lejos de garantizarla. Hay más de celebridad instantánea, por los medios públicos o privados, que permiten la sobreactuación de artistas o políticos no probados, propinándole un golpe de mayor fragilidad a nuestra memoria social.

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/9060-del-politico-popular
Fotografías: Momento, Caracas,nr. 340 del 20/01/63.

martes, 3 de agosto de 2010

nada fatuo


De una advertencia
Luis Barragán


Suele desecharse la perspectiva contrafactual de la historia, enviando al cesto de basura todo dato imposible. Sin embargo, la disciplina ayuda al diseño de los escenarios de un presente que puede tomar caminos jamás adivinados. El triunfo de Hitler en la “última” guerramundial, es – para mucho – un ejemplo de la necedad que nos agobia. Sin embargo, hay elementos o factores que pueden llevar al mediano o corto plazo a situaciones semejantes y con desenlaces nefastos, por confiados y arrogantes.

Unión Repúblicana Democrática (URD), pudo alcanzar el poder en Venezuela casi como una apuesta horoscopal, por obra de Wolfgang Larrazábal o Jóvito Villalba. Y es que, en virtud de las radicales y difíciles circunstancias de los sesenta, incluyendo el derribo del betancouriato, tales expresiones pudieron constituir una alternativa de recuperación de la democracia representativa, otrora amenazada por el golpismo y la insurrección de izquierda y derecha. Sin embargo, el fatal desarrollo de la vida interna del partido atentó contra la mismísima probabilidad de aumentar las votaciones y ganar la justa electoral, por ejemplo, en 1963 o 1968, diluyéndose lenta y penosamente hasta abandonar las curules que parecían por siempre irrenunciables.

Acaso, tácitamente le correspondía al trío encarnar una suerte de izquierda democrática, de acentos liberales o gramscianos, si se prefiere, acorde con la preservación, presencia y compartimiento del juego político con los Ojeda, Herrera Oropeza, Rangel o Ugarte Pelayo, por citar tres dirigentes destacados al anunciarse el derribamiento de Pérez Jiménez. No sólo la extraordinaria fulanización del partido, con un Villalba del más celoso y suicida instinto de conservación que no tuvo Caldera en el COPEI de las juventudes rebeldes, produjo el fracaso, sino el más desventurado y extremo pragmatismo ocasionó el desalojo los espacios ideológicos.

Nada fatuo puede ser, ejercitar sobre el URD que pudo ser. Y esto, por la más incómoda pero suprema urgencia: repetirán su historia no pocos partidos de la actual oposición, deshaciéndose cuando apague el fuego artificial y celebratorio de la ida de Chávez Frías.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/5303-de-una-advertencia
Fotografía:
J. Villalva y W. Larrazábal se saludan durante el brindis aniversario del diario (El Nacional, Caracas, 04/08/1960)

miércoles, 29 de marzo de 2017

EL POLVO DE ESTOS LODOS

Moncada
Nicomedes Febres

* No conozco a Samuel Moncada pero conozco algo sus antecedentes a partir de haber conocido a su padre el comandante Juan de Dios Moncada Vidal que era allegado a mi casa por allá en el año 1958. Era Moncada del grupo del coronel Jesús María Castro León, el ministro de la defensa y líder del ejército en aquella época, era miembro de la flor y nata de nuestro ejército, formado por hombres de derecha que tenían la virtud de ser enemigos acérrimos de los comunistas, pero hasta el presidente Betancourt era comunista para ellos. Castro León fue defenestrado el 23 de julio de 1958 y salió del cargo junto a los más corajudos y audaces oficiales del ejército venezolano, entre los cuales destacaba Moncada Vidal, de un coraje tan legendario que rayaba en la locura, pues sus compañeros de armas a veces lo veían como gallina que mira sal. Dos meses después, el 7 de septiembre de 1958 el comandante Moncada junto a otro cuatriboleado llamado José Helí Mendoza Méndez tomaron el cuartel de la policía militar frente a Miraflores para dar un golpe de Estado. El pueblo salió a la calle a respaldar al gobierno de Larrazábal, que era un hombre muy despreciado por los miembros del ejército, y aquello fue una verdadera matachina. Ambos jefes golpistas fueron detenidos y juzgados por un tribunal militar. Algunos pocos años después Moncada fue liberado y ahora aparecía como jefe militar de las comunistas fuerzas armadas de liberación nacional (faln) , brazo armado del partido comunista y el MIR. Aquello fue un salto ideológico de 180 grados y nunca más Moncada volvió a frecuentar mi casa. Mi padre cuando oía algo de la lucha guerrillera siempre le comentaba a mis amigos comunistas que se querían ir para las montañas que estaban bien jodidos si el jefe de ellos iba a ser Moncada Vidal. Posteriormente Moncada murió de muerte natural. Su hijo, este del insulto de ayer, es historiador egresado de la UCV y estudió su post grado en Londres gracias a las gestiones de un amigo y compadre mío llamado Eduardo Camps que había estudiado allá y también era profesor de Historia en la UCV. Sé que Eduardo, quien para mí fue como un hermano, le tenía en gran estima pero nunca coincidimos en su casa. Eduardo, uno de los hombres más valientes que he conocido, era nuestro mayor experto en culturas del lejano oriente y a quien le conseguí el consulado en Tokio en tiempos de Calvani y la representación de Suzuki o Yamaha para Venezuela cuando Yamaha era una marca desconocida en el mundo y aún no la representaba Seijiro Yazawa. Sin embargo, prefirió hacer su carrera docente, en la que llegó a ser vicerrector de la Universidad de los Llanos Ezequiel Zamora. Creo que le hubiese ido mejor como cónsul o como representante de Yamaha dado que hablaba suficientemente el japonés.

* No oí la intervención de Moncada en la ONU pero debió ser infame, tanto que salió designado embajador alterno allí y no puede ser designado embajador en propiedad porque para ser aceptado debe ser avalada por la Asamblea Nacional esa designación. Veamos que sucede después de éste estira y encoge diplomático. Por un lado el gobierno arreciará la represión porque no tiene más camino y pese a ella veo más cerca la solución final al caso venezolano. Repito que vendrá una feroz represión y hay que aguantarla sin desfallecer ni dejarse amedrentar porque nosotros vamos a ganar por mucho que parezca que no. Mi mejor consejo es el mismo del Conde de Montecristo: Confiar y Esperar. Este no es un pleito gonadal sino una partida de ajedrez donde la decisión de nuestros diputados de pedir la aplicación de la Carta Democrática va a tener un gran significado como representantes de la voluntad popular y como ellos están arriesgando su pellejo más que nadie debemos ser más solidarios que nunca. Así que los arrechitos, a callarse y para la cocina. Hoy la disciplina es más importante que nunca.

*Parece mentira, pero no hay imágenes de Moncada Vidal ni del golpe del 7 de septiembre de 1958. En la foto una foto de Castro León cuando fue nombrado ministro de la defensa

Fuente:
https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10211746247112420

Historia Náutica de Venezuela
Insurrección del 7 de septiembre de 1958
15 de diciembre de 2015
Ramon Alberto Rivero Blanco‎ ·

El teniente coronel Juan de Dios Moncada Vidal y el mayor Hely Mendoza Méndez (Comandante de la Policía Militar acuartelada al lado del Palacio Blanco) dirigieron la insurrección del 7 de septiembre de 1958 cuyo objetivo era apresar a Wolfgang Larrazábal, Presidente de la Junta de Gobierno, quien ni siquiera se encontraba en Miraflores.
El pueblo solidarizado con la Junta de Gobierno y la Infantería de Marina atrincherada en el Palacio Blanco defendieron con éxito la plaza al costo 20 muertos y 129 heridos, todos civiles. Tras doce horas de intentona los insurrectos capitularían.

- Barra "Lealtad y Honor" "Guardia Presidencial" conferida por los hechos del 7 de septiembre de 1958.
- El TN Julio César Lanz Castellano portando orgulloso su barra.
- Mayor Hely Mendoza Méndez: Hely Mendoza Méndez fue el único detenido. Moncada Vidal, Luis Alberto Ramírez y Rafael M. Pacheco se refugiaron en la embajada de México y salieron al exilio.


- Brito Martínez es el que está al medio con una Madsen y una gorra "japonesa", el de la derecha con la Thompsom el TN Sanoja Medina (Identificados por el VA Lanz Castellano y el Cnel FAV José Luis Ochoa).

Fuente:
https://www.facebook.com/groups/431909266843132/permalink/1123826454318073/?hc_location=ufi
Gráficas: RARB.

martes, 28 de mayo de 2013

DIFÍCIL CARAQUEÑIDAD

Nixon caraqueño
Ox Armand


El martes 13 de enero de 1958, Richard M. Nixon, vicepresidente de Estados Unidos, vino a Venezuela. Fue una de las experiencias más amargas o gratas de las que recordemos en América Latina, según la perspectiva que asumamos. De acuerdo a las crónicas de entonces, el ambiente de la ciudad capital era de una constante movilización popular en resguardo de la transición democrática alcanzada, luego de la caída de Pérez Jiménez entre el 21 y 23 de enero próximo pasado. Gozando de un irrefutable prestigio, los partidos políticos canalizan la renaciente ciudadanía como hoy no pueden, ni siquiera los medios de comunicación que desesperan por sustituirlos. Los edificios públicos, como el Palacio Blanco, desamurallado, más importante que el propio Miraflores, tiene sus altavoces a la vista a sabiendas que hay proyectiles que llegan igual o más lejos que los de  pólvora.  Nacía otra experiencia política.

Mal trago pasó Nixon. Por poco lo matan y no porque él lo haya dicho, pues, a más de cincuenta años de los sucesos, parece de sentido común que las masas exaltadas no iban a estrechar su mano con sobrada cordialidad.  El vicepresidente optó entre hacer sus diligencias electorales en Washington, importantes en ese momento, o viajar. Anduvo por Montevideo, Buenos Aires, La Asunción, La Paz y Lima, cumpliendo un itinerario de tranquilidad y confort en unos países, mientras que en otros recibía el repudio del estudiantado por todo aquello del imperialismo, etc.  En Maiquetía lo esperó el canciller Oscar García Velutini y también una muchedumbre que lo ofende, rechaza, repudia, agresivamente junto a la lkuvia de escupitazos. A duras penas se trasladan en Caracas, siendo golpeado el automóvil y los vidrios, abalanzada la turba. Logran escapar, simplificado el protocolo, y en el Panteón Nacional no sólo estuvieron a punto de voltear el carro, sino que hasta la ofrenda floral fue pulverizada por los que buscaban lincharlo.

Medio siglo después, pretendemos una consideración más serena.  En 1958, estaba viva la conspiración de los intereses que nucleó el régimen perezjimenista y, de hecho, el 22 de julio y el 7 de septiembre,  hubo sendos y muy serias intentonas golpistas.  El apoyo que le brindó Estados Unidos, constituyó la explicación más cercana y cónsona con la perspectiva de un PCV fortísimo en Caracas. Hubo mucho de verdad, por la presencia de las atragantadoras transnacionales petroleras, pero también de burdo maniqueísmo. Además, como le explicó el canciller venezolano, referido por Nixon en su “Seis crisis” (Ediciones G.P., Barcelona, 1967),  “los venezolanos han carecido de libertad durante tanto tiempo (…) que ahora tratan de expresarse con mayor energía que la que debiera”. Pero – igualmente – el gobierno provisorio de Wolfgang Larrazábal, de un pluralismo político importante, demostró demasiada candidez y no adoptó las medidas correspondientes o evaluó la situación para postergar la visita. Ese gobierno pudo haber caído, así de simple. Y la agresión contra Nixon demostró que no sería fácil con tamaña demostración de movilización y voluntad de lucha, pero también que las actuaciones del PCV nos ponía en el peligro de una invasión (tropas aerotransportadas desde Puerto Rico estaban listas, si algo serio le pasaba a Nixon). Una política demasiado temeraria, provocadora, irresponsable que llegará a tratar de emular la revolución cubana.  Agreguemos que, de un lado, los comunistas en los hechos pedían la nacionalización del petróleo que programáticamente no contemplaban, y la derecha económica reiniciar y ampliar la política de las concesiones, pero – hoy – pocos advierten la solución del centro democrático: no más concesiones e iniciar un proceso de nacionalización lento, pero seguro, nada más y nada menos que creando la OPEP. Cosas veredes, Sancho.

Antes de la traducción castellana, añadidas las fotografías por entonces inéditas del evento, Antonio Márquez Mata hizo referencias al libro de Nixon y su versión obviamente muy bien trabajada (Élite, Caracas, nr. 1965 del 25/05/1963). Olvidó aludir el contexto del que se sirvió: la crisis clásica que implica el peligro físico donde importa no la bravura (SIC), sino la habilidad para superar el temor personal, enfrentar mejor el peligro y borrar todo rencor.  Perdió casi estúpidamente después, la carrera presidencial con Kennedy (ambos, en desigual proporción, beneficiarios de la vieja cacería de Alger Hiss, y la gobernación de California. Volvió exitosamente como mandatario estadounidense, pisando Pekín y Moscú. No pasó factura a Venezuela, por cierto.  Aunque se creerá que ésta es una nota panegírica sobre el estadista que, valga la curiosidad, cuando se hizo caraqueño por un día tan amargo, se hizo acompañar del coronel  Vernon Walters como su traductor, muy después un importantísimo diplomático.

Que se juzgue la visita de Nixon a Venezuela todavía con los anteojos de la época de la guerra fría, zanjada la diferencia entre el mundo capitalista y socialista, es de una sandez sin límites. Por ejemplo, Pepe Rodríguez Rojas para Aporrea llega a comparar esa visita con la muy celebrada que hizo Fidel Castro a nuestro país. Y en un blog del Círculo Bolivariano Fabricio Ojeda la festeja, como si esa demostración de violencia hubiese sido completamente espontánea y la propia muerte del visitante no hubiese traído consecuencias tan impredecibles como innecesarias. El problema es ya histórico, por favor, y no esa necedad política de vocación arqueológica. Pero también nos ofrece una veta interesantísima de investigación: la pusilanimidad de la  junta presidida por Larrazábal. Se es voluntaria e involuntariamente pusilánime, apretando las más variadas circunstancias y tendencias. Fue también una junta naturalmente temerosa, complaciente y demagógica que, a confesión de García Velutini, no tomó las precauciones que sí adoptó Betancourt cuando vino Kennedy. Y de esto tomó nota, con exactitud, Nixon.

Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/15337-nixon-caraqueno
Fotografías: Ya datadas, revista Élite Caracas; portada de Life, tomada de la red; y portada del libro.