Copi en Nueva York
Luis Barragán
Todavía circula la fotografía de Samuel Moncada y Henry Falcón, bajo cielo neoyorkino. Yendo más allá de la oficina de representación en Caracas, la ONU está impuesta de las inquietudes generadas por la sola convocatoria de los comicios presidenciales en nuestro país.
El larense procura el saneamiento de las elecciones en Venezuela con la mediación de tan elevada instancia internacional y nada mejor que hacerlo con la cooperación del representante del gobierno convocante, igualmente interesado en la transparencia y credibilidad del la consulta. Es de suponer que, al reconocer inmediatamente su derrota en los comicios regionales, tratándose de un mismo CNE o REP, por ejemplo, no deben ser demasiados los reparos y observaciones que tiene pendiente.
Agreguemos, la tal constituyente designó a Moncada como cabeza de la misión diplomática, en lugar de la Asamblea Nacional que es la que hace a los embajadores de acuerdo a la Constitución. Y, siguiendo a Irving Copi y su celebérrima introducción a la lógica, la circunstancia traduce un reconocimiento y no otra cosa, a la tal constituyente.
Por lo demás, Moncada se anota un éxito diplomático al atender al ilustre opositor allende los mares. Un puntaje adicional para su fulgurante hoja de servicios, después de reemplazar nada más y nada menos que al antiguo zar del petróleo, Rafael Ramírez, previo entrenamiento de días como canciller.
Inevitable aprendizaje, Copi nos orienta sobre los destellos de la llamada clase política forjada en revolución. Luego, con cifras en mano, sometidos a sus didácticos ejercicios, nos aclarará por qué ésta no es una dictadura, sino la democracia nueva que ha parido la era.
17 y 19/03/2018:
https://www.lapatilla.com/site/2018/03/17/copi-en-nueva-york-por-luis-barragan/
http://www.ventevenezuela.org/2018/03/19/copi-en-nueva-york-por-luis-barragan/
http://www.noticierodigital.com/2018/03/luis-barragan-copi-nueva-york/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=96094
https://elpregonero.com.ve/index.php/2018/03/17/copi-en-nueva-york-por-luis-barragan/
http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/1301495
https://www.scoopnest.com/es/user/NoticiasVenezue/975742246707433472-luis-barragan-copi-en-nueva-york
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lunes, 26 de marzo de 2018
viernes, 15 de diciembre de 2017
¿DÓNDE ESTÁN LOS HISTORIADORES DE LA DIPLOMACIA VENEZOLANA?
Érase la misión en la ONU
Guido Sosola
Lo que está ocurriendo con la representación venezolana ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), es de una gravedad excepcional si es que cabe tamaña calificación cuando se ha convertido el asunto en regla de todas nuestras misiones diplomáticas en el mundo, por más importante que sea un Estado con el que compartimos en la OPEP, por ejemplo. Faltaba un detalle para ponerlo de relieve: la reclamación del Esequibo que no responde, precisamente, a los intereses cubanos.
Consabido, la reclamación volvió directamente al despacho de la Secretaría General de esa tan elevada instancia internacional, cambiando la rutina que marcó el Acuerdo de Ginebra. Una somera revisión de la prensa digital, muy bien da cuenta de las numerosas y sistemáticas diligencias realizadas por el gobierno guyanés en las oficinas de Antonio Guterres, tan extremadamente pendiente del asunto que, a pesar de las diferencias, distancias y abusos, el presidente David Granger informa de un modo u otro a la oposición en Georgetown.
Prácticamente vencido el plazo para remitir el Esequibo a la Corte Internacional de Justicia, a menos que el vecino país oriental lo desestime y quién sabe a qué precio, la embajada venezolana de Nueva York se encuentra sin titular, pues, fue destituido Rafael Ramírez para colocar a Samuel Moncada, quien ejerció la cancillería por una brevedad pasmosa y funge de confiable bombero para toda vicisitud diplomática. Sin embargo, cursan apenas un par de detalles: viva, inequívoca y expresamente señala la Constitución que esa y otras embajadurías, debe autorizarla la Asamblea Nacional; y, en lugar de atender los problemas inmediatos que justifican la propia sede de Nueva York, pierden el tiempo en dirimir lo que es, en propiedad, manifestación de una intensa purga interna del chavismo. Vale decir, por encima de los intereses nacionales está el de la preservación a rabiar del poder.
Ahora bien, no siempre fue así y, por muchos problemas y desatinos que caracterizaron a la diplomacia venezolana, sobre todo después del emblemático 1958, la regla fue la de tener una política exterior sobria y coherente, confiada a quienes – por lo general – desempeñaron sus responsabilidades con la sobriedad y la coherencia que se esperaba, contando con un estable personal de carrera que así lo aseguraba. Por más que lo mandase el partido dominante, no era fácil tramitar el nombramiento definitivo del candidato a una embajada que, por lo menos, se nos ha dicho, debía superar las impertinencias de algún parlamentario, fuere o no del bipartidismo, en la comparecencia ante la Comisión de Política Exterior; y era mucho el riesgo de escandalizar, generando el costo político correspondiente, con un atrevido lance nepótico en la burocracia del extranjero y, con mayor razón, cuando la persona agraciada no tenía idea de las complejidades de las materias que debía atender, distintas de las compras en la Quinta Avenida.
Érase la misión venezolana en la ONU, ataño, manejada con esa sobriedad y coherencia que no nos cansamos de repetir, teniendo al frente embajadores sobrios y coherentes. Ojalá a alguien le diera por revisar la nómina de los titulares y del equipo de Nueva York antes de 1999 y podrá apreciar, además, cómo la defensa de los intereses venezolanos en el Esequibo gozaban de una extraordinaria coordinación y, por ello, con Marcos Falcón Briceño a la cabeza, desde la Asamblea General de la ONU en Londres, por 1962, arrancó una definitiva Política de Estado que no sobrevivió al siglo XXI.
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sábado, 29 de abril de 2017
JAMÁS FUE PACÍFICA
De uno a otro gas
Luis Barragàn
Las más recientes jornadas represivas, con un lamentable saldo de muertos y malheridos, no constituyen la curiosa novedad deseada por los voceros del gobierno, sumergidos en el detergente que no logra quitar la sangre de sus manos. De alguna manera, el discurso oficial pudo soslayar las consecuencias generadas por el oleaje represivo de su masiva rabia en 2014, neutralizadas las numerosas faenas de años anteriores.
Apenas instalado en régimen, no por casualidad, el mismo desde 1999, cercó la sede del otrora Congreso de la República, importándole un bledo que senadores y diputados hubiesen emergido de las urnas electorales meses atrás. Todavía recordamos una de las tantas faenas, compartiendo el gas mostaza y los golpes con Carlos Moros Ghersi, ya de edad avanzada, o el coraje que, por siempre, ha exhibido Roberto Campos, bajo una lluvia de proyectiles de los que después se sabían si eran de pólvora pura, perdigones o lacrimógenos.
El gas mostaza de entonces, teñía las calles del centro histórico de Caracas con el ruidoso respaldo de los llamados Guerreros de La Vega, motorizados empistolados que lucen como los tempranos precursores de los llamados círculos bolivarianos y colectivos armados. Deslumbrada y confundida la opinión pública por la promesa constituyente, la que se concretó en una asamblea de una portentosa sobrerrepresentación gubernamental, dejó pasar aquellos eventos inaugurales de un régimen caracterizado por el audaz cinismo de una vocería que no teme a la justicia divina o terrenal.
En la esquina de San Francisco, camino a la sede legislativa desde las oficinas administrativas, dizque pintores, solía agruparse un número escasos pero bullicioso de los partidarios de Chàvez Frìas, cuya única labor era la de provocar a los parlamentarios y demás dirigentes de la oposición. De la agresión verbal no pocas veces se pasó a la física, asumidas como una suerte de divertimento que procurara el fortuito reconocimiento de un dignatario del novísimo gobierno. Sin embargo, en su acepción ordinaria, se levantó descomunal el mito de una transición pacífica.
Incluso, iniciando el camino de su ascenso burocrático como nunca lo pensaron sus rivales más cercanos, provenientes de la academia, el hoy embajador venezolano ante la OEA, Samuel Moncada, suscribió unas notas intituladas “Poder Legislativo: pasado, presente y futuro” (Comisión Legislativa Nacional, Caracas, 2000). Referí el intrépido historiador: “No deja de ser un mérito que el sistema parlamentario punto-fijista murió sin violencia y por la voluntad popular. Este mérito es compartido tanto por los vencedores como por los vencidos”.
La mentira comenzaba a edificarse, aunque ya se asomaban los signos del descontento que fueron abortados dramáticamente dos años más tarde. La destrucción del Congreso supo de una violencia administrada con saña, paciente y artera en resguardo delas meras formalidades. Y, al mismo tiempo, la asamblea constituyente resultó tempranamente secuestrada por la directiva en línea directa con Miraflores. Por supuesto, hubo la candidez de ciertos sectores de la oposición, añadidos los más importantes medios de comunicación que posteriormente fueron facturados, en un rápido contraste con aquellos que la sola y básica formación política e ideológica, por llamarlo así, impidió que mordieran el anzuelo.
Los gases de un angustioso presente, licuados con una intención homicida que cada vez se hace más evidente para intentar frenar la protesta irrefutablemente popular, tienen por origen aquellos que cundieron la sede legislativa y sus alrededores por enero y febrero de 1999, abriendo las puertas a un precipicio histórico. Lo más importante, por entonces, era también decapitar a los elencos políticos y parlamentarios quizá – salvando las diferencias – con el mismo empeño que la generación animada por el Congreso de 1811, decapitada al caer la Primera Repùblica, por cierto, una denominación de entero cuño historiográfico.
Ilustración: Alberto Castro Leñero.
Luis Barragàn
Las más recientes jornadas represivas, con un lamentable saldo de muertos y malheridos, no constituyen la curiosa novedad deseada por los voceros del gobierno, sumergidos en el detergente que no logra quitar la sangre de sus manos. De alguna manera, el discurso oficial pudo soslayar las consecuencias generadas por el oleaje represivo de su masiva rabia en 2014, neutralizadas las numerosas faenas de años anteriores.
Apenas instalado en régimen, no por casualidad, el mismo desde 1999, cercó la sede del otrora Congreso de la República, importándole un bledo que senadores y diputados hubiesen emergido de las urnas electorales meses atrás. Todavía recordamos una de las tantas faenas, compartiendo el gas mostaza y los golpes con Carlos Moros Ghersi, ya de edad avanzada, o el coraje que, por siempre, ha exhibido Roberto Campos, bajo una lluvia de proyectiles de los que después se sabían si eran de pólvora pura, perdigones o lacrimógenos.
El gas mostaza de entonces, teñía las calles del centro histórico de Caracas con el ruidoso respaldo de los llamados Guerreros de La Vega, motorizados empistolados que lucen como los tempranos precursores de los llamados círculos bolivarianos y colectivos armados. Deslumbrada y confundida la opinión pública por la promesa constituyente, la que se concretó en una asamblea de una portentosa sobrerrepresentación gubernamental, dejó pasar aquellos eventos inaugurales de un régimen caracterizado por el audaz cinismo de una vocería que no teme a la justicia divina o terrenal.
En la esquina de San Francisco, camino a la sede legislativa desde las oficinas administrativas, dizque pintores, solía agruparse un número escasos pero bullicioso de los partidarios de Chàvez Frìas, cuya única labor era la de provocar a los parlamentarios y demás dirigentes de la oposición. De la agresión verbal no pocas veces se pasó a la física, asumidas como una suerte de divertimento que procurara el fortuito reconocimiento de un dignatario del novísimo gobierno. Sin embargo, en su acepción ordinaria, se levantó descomunal el mito de una transición pacífica.
Incluso, iniciando el camino de su ascenso burocrático como nunca lo pensaron sus rivales más cercanos, provenientes de la academia, el hoy embajador venezolano ante la OEA, Samuel Moncada, suscribió unas notas intituladas “Poder Legislativo: pasado, presente y futuro” (Comisión Legislativa Nacional, Caracas, 2000). Referí el intrépido historiador: “No deja de ser un mérito que el sistema parlamentario punto-fijista murió sin violencia y por la voluntad popular. Este mérito es compartido tanto por los vencedores como por los vencidos”.
La mentira comenzaba a edificarse, aunque ya se asomaban los signos del descontento que fueron abortados dramáticamente dos años más tarde. La destrucción del Congreso supo de una violencia administrada con saña, paciente y artera en resguardo delas meras formalidades. Y, al mismo tiempo, la asamblea constituyente resultó tempranamente secuestrada por la directiva en línea directa con Miraflores. Por supuesto, hubo la candidez de ciertos sectores de la oposición, añadidos los más importantes medios de comunicación que posteriormente fueron facturados, en un rápido contraste con aquellos que la sola y básica formación política e ideológica, por llamarlo así, impidió que mordieran el anzuelo.
Los gases de un angustioso presente, licuados con una intención homicida que cada vez se hace más evidente para intentar frenar la protesta irrefutablemente popular, tienen por origen aquellos que cundieron la sede legislativa y sus alrededores por enero y febrero de 1999, abriendo las puertas a un precipicio histórico. Lo más importante, por entonces, era también decapitar a los elencos políticos y parlamentarios quizá – salvando las diferencias – con el mismo empeño que la generación animada por el Congreso de 1811, decapitada al caer la Primera Repùblica, por cierto, una denominación de entero cuño historiográfico.
Ilustración: Alberto Castro Leñero.
30/04/2017:
miércoles, 29 de marzo de 2017
EL POLVO DE ESTOS LODOS
MoncadaNicomedes Febres
* No conozco a Samuel Moncada pero conozco algo sus antecedentes a partir de haber conocido a su padre el comandante Juan de Dios Moncada Vidal que era allegado a mi casa por allá en el año 1958. Era Moncada del grupo del coronel Jesús María Castro León, el ministro de la defensa y líder del ejército en aquella época, era miembro de la flor y nata de nuestro ejército, formado por hombres de derecha que tenían la virtud de ser enemigos acérrimos de los comunistas, pero hasta el presidente Betancourt era comunista para ellos. Castro León fue defenestrado el 23 de julio de 1958 y salió del cargo junto a los más corajudos y audaces oficiales del ejército venezolano, entre los cuales destacaba Moncada Vidal, de un coraje tan legendario que rayaba en la locura, pues sus compañeros de armas a veces lo veían como gallina que mira sal. Dos meses después, el 7 de septiembre de 1958 el comandante Moncada junto a otro cuatriboleado llamado José Helí Mendoza Méndez tomaron el cuartel de la policía militar frente a Miraflores para dar un golpe de Estado. El pueblo salió a la calle a respaldar al gobierno de Larrazábal, que era un hombre muy despreciado por los miembros del ejército, y aquello fue una verdadera matachina. Ambos jefes golpistas fueron detenidos y juzgados por un tribunal militar. Algunos pocos años después Moncada fue liberado y ahora aparecía como jefe militar de las comunistas fuerzas armadas de liberación nacional (faln) , brazo armado del partido comunista y el MIR. Aquello fue un salto ideológico de 180 grados y nunca más Moncada volvió a frecuentar mi casa. Mi padre cuando oía algo de la lucha guerrillera siempre le comentaba a mis amigos comunistas que se querían ir para las montañas que estaban bien jodidos si el jefe de ellos iba a ser Moncada Vidal. Posteriormente Moncada murió de muerte natural. Su hijo, este del insulto de ayer, es historiador egresado de la UCV y estudió su post grado en Londres gracias a las gestiones de un amigo y compadre mío llamado Eduardo Camps que había estudiado allá y también era profesor de Historia en la UCV. Sé que Eduardo, quien para mí fue como un hermano, le tenía en gran estima pero nunca coincidimos en su casa. Eduardo, uno de los hombres más valientes que he conocido, era nuestro mayor experto en culturas del lejano oriente y a quien le conseguí el consulado en Tokio en tiempos de Calvani y la representación de Suzuki o Yamaha para Venezuela cuando Yamaha era una marca desconocida en el mundo y aún no la representaba Seijiro Yazawa. Sin embargo, prefirió hacer su carrera docente, en la que llegó a ser vicerrector de la Universidad de los Llanos Ezequiel Zamora. Creo que le hubiese ido mejor como cónsul o como representante de Yamaha dado que hablaba suficientemente el japonés.
* No oí la intervención de Moncada en la ONU pero debió ser infame, tanto que salió designado embajador alterno allí y no puede ser designado embajador en propiedad porque para ser aceptado debe ser avalada por la Asamblea Nacional esa designación. Veamos que sucede después de éste estira y encoge diplomático. Por un lado el gobierno arreciará la represión porque no tiene más camino y pese a ella veo más cerca la solución final al caso venezolano. Repito que vendrá una feroz represión y hay que aguantarla sin desfallecer ni dejarse amedrentar porque nosotros vamos a ganar por mucho que parezca que no. Mi mejor consejo es el mismo del Conde de Montecristo: Confiar y Esperar. Este no es un pleito gonadal sino una partida de ajedrez donde la decisión de nuestros diputados de pedir la aplicación de la Carta Democrática va a tener un gran significado como representantes de la voluntad popular y como ellos están arriesgando su pellejo más que nadie debemos ser más solidarios que nunca. Así que los arrechitos, a callarse y para la cocina. Hoy la disciplina es más importante que nunca.*Parece mentira, pero no hay imágenes de Moncada Vidal ni del golpe del 7 de septiembre de 1958. En la foto una foto de Castro León cuando fue nombrado ministro de la defensa
Fuente:
https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10211746247112420
Historia Náutica de Venezuela
Insurrección del 7 de septiembre de 1958
15 de diciembre de 2015
Ramon Alberto Rivero Blanco ·
El teniente coronel Juan de Dios Moncada Vidal y el mayor Hely Mendoza Méndez (Comandante de la Policía Militar acuartelada al lado del Palacio Blanco) dirigieron la insurrección del 7 de septiembre de 1958 cuyo objetivo era apresar a Wolfgang Larrazábal, Presidente de la Junta de Gobierno, quien ni siquiera se encontraba en Miraflores.
El pueblo solidarizado con la Junta de Gobierno y la Infantería de Marina atrincherada en el Palacio Blanco defendieron con éxito la plaza al costo 20 muertos y 129 heridos, todos civiles. Tras doce horas de intentona los insurrectos capitularían.
- Barra "Lealtad y Honor" "Guardia Presidencial" conferida por los hechos del 7 de septiembre de 1958.
- El TN Julio César Lanz Castellano portando orgulloso su barra.
- Mayor Hely Mendoza Méndez: Hely Mendoza Méndez fue el único detenido. Moncada Vidal, Luis Alberto Ramírez y Rafael M. Pacheco se refugiaron en la embajada de México y salieron al exilio.
- Brito
Martínez es el que está al medio con una Madsen y una gorra "japonesa",
el de la derecha con la Thompsom el TN Sanoja Medina (Identificados por el VA Lanz Castellano y el Cnel FAV José Luis Ochoa).
Fuente:
https://www.facebook.com/groups/431909266843132/permalink/1123826454318073/?hc_location=ufi
Gráficas: RARB.
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