martes, 27 de marzo de 2018

CUADERNO DE BITÁCORA

Hay circunstancias noticiosas que rozan, definitivamente, la anécdota. Ésta inspira un affaire de ocasión, susceptible de generar un escándalo político que, en buena lid, no es superior a la de otros que pugnan por emerger, reprimidos en ambas aceras.

La sesión de la Unión Parlamentaria, fue el escenario palpable de la teatralidad política que, en el libro "Entre el ardid y la epopeya", extensamente comentado en este blog, se ha construido. De  un lado, el oficialismo que se desea parte del organismo internacional, va con sus pasos constituyentes para rebotar, sin temor al ridículo.

La dictadura busca a todo trance, victimizarse. Empero, la estampa es demasiado lamentable: enfundados en buenos abrigos, los de siempre, quienes antes y ahora acaparaban la representación asamblearia en la UIM, ahora pugnan por hacer uso de ella. ¿Cuánto costará ese viaje en cambote que, además, tratándose de los personajes,  quizá importando un blego la tal constituyente, reciben el apoyo militante de embajadas y consulados, cuyos titulares bregan por un ascenso, un gesto de protección burocrática, algún favor? Entonces, ese viaje en cambote, declarado públicamente, nos impone de los tales-constituyentes que son más iguales que los otros, avispados al asomarse y lograr la diligencia internal y, formidable pretexto por delante, los hace capaces de viajar, pasear y disfrutar del viejo continente de caminos alfombrados tan trillados, mientras el país está en la bancarrota.

Del otro, aún siendo parlamentarios, apenas nos enteramos de esa sesión para la cual hay que tener con qué viajar, hospedarse y librar tan arriesgadas batallas. La Fracción 16 de Julio, ni siquiera, fue consultada. No se diga que el asunto es de principales, porque la terna incluye a suplentes.  Entonces, tratamos de la perfección teatral del régimen.

En uno de los fondos, está el modo de hacer política en la oposición. Hay una instancia que, por precaria que fuese, lo revela.

Post-data (27/03/18): Horas más tarde, Twitter está bañado por la gráfica de un integrante de la tal-constituyente en la plenaria de la instancia internacional. ¿Participó activamente, se colándose con habilidad en la sala, o, en medio de algún receso, se aventuró y departió con los vecinos, ocupando la butaca que los opositores venezolanosabandonaron?

A estas alturas de la vida, las escenas dan vergüenza. El episodio, además, ocurre a miles de kilómetros del epicentro del hambre, la censura y la represión que es Venezuela. A nadie puede extrañar la conducta de los gubernamentales que incurren en una maniobra infantil sólo de vocación, de fatua vocación propagandística. El retroceso es monumental del modo de hacer política. ¿Cómo es posible llegar a esto? Un "esto" que lo hacen con divisas irrecuperables para el país.

Post-data (29/03/18):  Días más tarde, de nuevo las redes saben del evento parlamentario. La plenaria de la Unión Interparlamentaria alude al caso venezolano. Presumimos, siendo tan nutrido el número de sus integrantes yel temario de discusiones, tampoco es que el organismo se estremece por un caso ya conocido. Lo cierto es que la diligencia de la delegación oficialmente admitida y acreditada de venezolanos, logró el éxito de un pronunciamiento importante, por retórico que fuese, aunque habría que preguntarse sobre las posibilidades reales  de ejercer una diplomacia que fuese más allá de la aprobación del documento, por los costos económicos que implica la movilización allende los mares y la competencia desleal del personal de la embajada más cercana. O, a lo mejor, nunca se planteó tan serísimo objetivo, en una u otra acera.

En fin, creemos que este caso tan  efímero y ya irrelevante al compararlo con otros, como el llamado reiterado aun diálogo suplicante, cuadra muy bien con  la noción de teatralidad polítcca aportada por Antenor Viáfara Márquez (http://lbarragan.blogspot.com/2018/03/entre-el-ardid-y-la-epopeya-2.html): el juego en la superficie, los papeles (auto) asignados, teniendo por escenario las redes. Tendrá equivalentes con miles de casos suscitados con los viejos medios, como la radio y la televisión, pero nunca con la ventaja auspiciosa y veloz de las redes sociales. Por ello, frases tan cínicas, como las recientes de Maduro (aquellas que hablan de su indignación por  las personas perseguidas por sus ideas que ya no recordamos cuáles), encuentran un cómodo cupo para el colesterol político, ante nuestra generalizada y resignada indiferencia.

(LB)

lunes, 26 de marzo de 2018

CAZA DE CITAS






"El Calvario es una revolución de todos los valores. Al final, todo es cuestión de fe, sin ella no se entiende nada"

Ignacio Larrañaga

("El arte de ser feliz",  Librería San Pablo, Caracas, 2014: 138)

Ilustración:  Graham Sutherland.

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Córnea de un perro transplantada (injertada) en Caracas a un joven obrero. El Nacional, Caracas, 13/04/1973.
- Martín de Ugalde. "¿Qué pasa con el clima de Caracas?". El Nacional, 22/11/58.
- Texto y fotografías de Graziano Gasparini: restauración de monumentos (Araure, Obispos, Píritu, Coro, Clarines, Barcelona). El Nacional, 27/07/61.
- Juan de Dios Sánchez. "Apuntes sobre Sabana Grande". ElUniversal, Caracas, 02/03/82.
- Roberto Briceño-León. "(Michel) Foucault entre nosotros". El Nacional, 08/07/84.

Reproducción: René de Sola. El Nacional, Caracas, 17/11/1958. Transplante,

Y ... SE PICARON

Castellum dignitate
Guido Sosola


Me dicen que María Corina Machado atiende personalmente su cuenta de Twitter, algo que me parece muy bien, pues, por muy atareados que estemos, existen redes que son absolutamente indelegables. Ella, de un modo u otro, nos ha acostumbrado a sentencias lapidarias, decididas y hasta riesgosas, como aquella del “conmigo no cuenten”, a la postre, acertada, cuando otros planeaban postergar el revocatorio para 2017: no hay mejor juez, el tiempo le dio la razón.

Este fin de semana próximo pasado, circuló el fragmento de un mensaje en el que, con claridad, calificó a la fracción parlamentaria 16 de Julio como el último reducto de dignidad de la Asamblea Nacional. Por supuesto, levantó la polvareda digital y, tanto así, a juzgar por la sesión de ayer, que los miembros de la agrupación de diputados fueron objeto de burlas y ataques más o menos soterrados en el hemiciclo, por quienes se sintieron ofendidísimamente aludidos por el telegrama electrónico.

Asunto, por cierto, casi anecdótico, si no se tratase de la representación popular que siempre la presumimos sobria. Principalmente, las mujeres se creyeron tan personalmente afectadas, y hubo un prolija exposición de fotografías de las protestas del año pasado, donde destacaron parlamentarios malheridos, profusamente publicitados por los partidos como héroes de las jornadas: están en su derecho, pero – vale la primera conclusión – fue una respuesta masiva, generalizada y espontánea de una ciudadanía implacablemente reprimida, la cual – simple – no pudieron evadir o hubiese sido el colmo que así lo hicieran. No obstante, la reacción esconde un problema de fondo.

No es otro el problema que el de la inmediata y unilateral concurrencia a las elecciones de gobernadores y alcaldes que, a pesar de contravenir el mandato del 16 de julio de 2017, faltando poco, aprobado por la Asamblea Nacional, resultó no sólo desconocido, sino traicionado por los partidos que utilizaron tarjetas interpuestas y juramentaron a los suyos, reconociendo a la tal constituyente. Encima de todo, arrogantes monopolizadores de la unidad opositora que dejó realmente de ser tal, decidieron promocionar e ir al diálogo y, tal como mil veces se les advirtió, perdieron hasta el modo de andar en República Dominicana y ahora parapetean un frente amplio tan reconocido por sus estrecheces, temiendo literalmente que las expresiones que la dictadura y ellos mismos llaman radicales, les compitan por su conducción en el corazón mismo de la alianza.

Que sepamos, la fracción 16-J, se opuso valientemente al diálogo, trae a colación temas como el del Esequibo y la FANB, como antes Vente Venezuela, desde el propio 2016, insistió en el temprano y oportuno nombramiento de los magistrados del TSJ y los rectores del CNE, por no citar otras iniciativas, manteniendo en pie banderas que otros han arriado, frente a un país hambreado, reprimido y censurado. Vale decir, con una postura irrefutable de dignidad que el país les reconoce, por lo que luce irremediable – segunda conclusión – apelar a una sentencia, esta vez, popular que le confiere al caso el carácter de cosa juzgada: el que se pica, es porque ají come.


21/03/2018:
https://www.lapatilla.com/site/2018/03/21/guido-sosola-castellum-dignitate/
https://venezuelaunida.com/guido-sosola-castellum-dignitate/guido-sosola-castellum-dignitate-2/
https://www.scoopnest.com/es/amp/user/la_patilla/976916929293275136
Fotografía:https://venezuelaunida.com/fraccion-16-de-julio-repudio-sanciones-contra-100-militares-acusados-de-rebelion-contra-maduro/

ENTRE EL ARDID Y LA EPOPEYA (1)

Religión política
Luis Barragán


Dirigido por Luis Alberto Buttó y José Alberto Olivar, el conjunto de trabajos recientemente publicado por la Editorial Negro Sobre Blanco, intitulado “Entre el ardid y la epopeya. Uso y abuso de la simbología en el imaginario chavista” (Caracas, 2018), constituye  un magnífico aporte a la discusión. Sobre todo, porque decididamente la actualiza, dejando atrás criterios harto convencionales.

Pablo Sergio Sánchez, abre otra ventana para una perspectiva inusual, por lo menos, para la opinión pública: “Bolívar vive, la  lucha sigue. La religión política bolivariana del movimiento chavista” [151-176].  Los referentes político-ideológicos abandonan sus antiguos parámetros, abriéndole el camino a la religión y a la religiosidad política, siendo tan esencial la devoción demostrada, a nuestro juicio, una consecuencia indeseable de la antipolítica, en lugar del compromiso que, afincado en la razón, supo de distintos desarrollos, incluyendo las disensiones, como movimiento, escuela y tradición que realizaba determinadas posturas doctrinarias, ideológicas, programáticas, organizacionales,  tácticas y estratégicas.

El marxismo-leninismo, por ejemplo, en reclamo de una militancia creída y engreída como la más auténtica, concedió una identidad cultural, individual y colectiva, teniendo por eje diferentes convicciones, como la lucha de clases, derivando en modos y medios característicos de organización y de relación entre las masas y sus líderes [156 ss., 162].  Era de suponer, respecto a aquellos que monopolizan el poder en la Venezuela del ‘XXI, sintiéndose herederos de los insurrectos armados de la década de los sesenta del siglo anterior, que  sincerarían sus posturas en el momento que más les convendría y, más aún, cuando son demasiado evidentes sus vínculos con la dictadura cubana, pero – a tono con el desprestigio de los fracasados socialismos reales – no sólo supieron esconder sus más aviesas intenciones, sino ensayaron exitosamente otras medios de proselitismo, convencimiento y lealtad que, literalmente, capturó la emoción y ayuda de los sectores ilustrados [175], luego de fracasados los golpes de 1992. E, incluso, recordamos, el único debate “serio” que se dio en la decisiva campaña electoral de 1998, confrontó al sobrio José Rodríguez Iturbe y al evasivo J. R. Núñez Tenorio que hizo de la burla y el cinismo su mejor instrumento para descalificar el encuentro mismo de ambos intelectuales de encontrados signos: muy pocos lograron advertir las señales de lo que, después, se hizo tragedia en Venezuela, desbarajustándola en términos de cultura política.

Partiendo de David Apter, Sánchez nos adentra en el fenómeno de las religiones políticas, “pseudo-religiones y no religiones”, con sus “pseudo-mitos y no mitos”, con rituales que tienden a confundir Estado, partido y sociedad, y de tono profético y vocación movilizadora que, además, tiene en el puritanismo su más poderoso y  peligroso recurso, orientándonos hacia la democracia totalitaria [153, 168]. Apelando fundamentalmente al pasado, tiene como el más consumado antecedente el nasserismo en Egipto, aunque se ofrecen otras experiencias como la de Ghana, Indonesia, Guinea y China.
De fácil relación con el caso venezolano, las religiones políticas emergen y se imponen en los países que viven sendas coyunturas de ingobernabilidad, desintegrándose el viejo sistema  en medio de una creciente irracionalidad, yendo más allá de las convenciones políticas [155 s.], algo que seguramente previó el proyecto continental amasado por el Foro de Sao Paulo.  Conquistado el poder, desconocida toda alternabilidad, éste actúa como el “clero armado” [165], acertada expresión para una iglesia parasitaria que profundiza más en los prejuicios, resentimientos y frustraciones, negando o tratando de negar – sostenemos – la propia existencia del adversario, como un acto (y auto) permanente de fe.

Abusando de todos los recursos materiales y simbólicos del Estado, imposible de olvidarlo, convierte el lenguaje gestual en un misal para la venganza, pues, a modo de ilustración, refiriéndose al golpe de Estado o invocando la violencia personal e inmediata, el choque de un puño con la palma de la otra mano, o la simulación de una pistola con los dedos, fue tributo y compromiso de lealtad con la novísima deidad de entonces. Al transcurrir los años, la verborrea ilimitada y la cámara de televisión, convirtió a Chávez Frías en esa deidad, como no ocurrió con el sucesor que lo ha explotado como objeto de culto hasta donde le ha sido posible.

La academia sugiere ángulos más provechosos para interpretar la amarga experiencia que atravesamos, empeñada la dirigencia política en emplear las – frecuentemente improvisadas – herramientas de análisis que, de una u otra manera, la  hacen parte de la liturgia en boga. Sánchez debe prometernos un texto aún de mayor profundidad que, al menos, actualice la polémica parlamentaria o lo que va quedando de ella.

26/03/2018:
https://www.lapatilla.com/site/2018/03/26/luis-barragan-entre-el-ardid-y-la-epopeya-religion-politica/
https://newstral.com/es/article/es/1090717421/luis-barrag%C3%A1n-entre-el-ardid-y-la-epopeya-religi%C3%B3n-pol%C3%ADtica
https://www.scoopnest.com/es/user/la_patilla/978213603533901824-luis-barragan-entre-el-ardid-y-la-epopeya-religion-politica
http://venezuela.otpisal.com/es_ve/138637
https://venezuelaunida.com/luis-barragan-entre-el-ardid-y-la-epopeya-religion-politica/
https://apuntoenlinea.com/2018/03/26/luis-barragan-entre-el-ardid-y-la-epopeya-religion-politica/
https://www.tenemosnoticias.com/noticia/poltica-ardid-epopeya-barragn-186519/647693
http://venezuela.myasalon.com/entertainment/luis-barragan-entre-el-ardid-y-la-epopeya-religion-politica/
http://tunoticiaexpress.com/luis-barragan-entre-el-ardid-y-la-epopeya-religion-politica/

ENTRE EL ARDID Y LA EPOPEYA (2)

Teatralidad política
Luis Barragán


Circula una extraordinaria compilación de trabajos, dirigida por Luis Alberto Buttó y José Alberto Olivar: “Entre el ardid y la epopeya. Usos y abusos de la simbología en el imaginario chavista” (Negro Sobre Blanco, Caracas, 2018).  Yendo más allá de la interpretación convencional,  la reflexión va al fondo de una realidad hábilmente enmascarada, reivindicando a la academia constructiva y eficaz.

Midgalia Lezama, a quien tuvimos la suerte escuchar en unas recientes jornadas realizadas en la Universidad Católica Andrés Bello, aporta un sólido texto, “Enseñar historia en revolución. Análisis de las propuestas de transformación curricular en Educación emanadas del MPPE 2007-2017)  [81-120]. Guarda una exacta correspondencia con el muy sugestivo de Antenor Viáfara Márquez, “Las coordenadas populistas y fascistas del chavismo. Un mito simbólico de poder” [121-149].

El régimen ha intentado y también logrado reconstruir la memoria colectiva y las identidades [92, 96], realizando un propósito firme y deliberado, como es el de fomentar una apreciación histórica acrítica, maniquea, descontextualizada, instrumental, dicotómica y simplista [80, 97, 108 s.], que “legitima y sustenta a una parcialidad política que detenta el poder” [111]. Por ello, Lezama estudia el diseño curricular de Educación Media General del Ministerio del Poder Popular para la Educación, legitimando y afianzando el proceso que ocupa el siglo, procurando de la escuela comunitaria – según la prédica – un espacio de resistencia cultural, formación para el trabajo, participación política y lucha contra la exclusión social [93].

El asunto cuadra muy bien con una noción, como la de la teatralidad del juego político, fundada en la emoción y el afecto, cuasi-reigioso, cimentando una  ilusión de auto-poder (popular), fiel retrato del chavismo de intensa explotación de los símbolos patrios [123, 131 s., 139, 147]. Viáfara Márquez le concede, así, la originalidad y singularidad de un modelo de rancios rasgos populistas, de un fascismo tropicalizado, cuya jefatura política explica o dice explicar una gesta heroica, internándonos en el terreno de la política y la cultura, la anomia y los símbolos de la redención [122 ss.], permitiendo interiorizar las (actuales) relaciones de poder [141].

Relaciones que, después de fracasada la consabida reforma constitucional, violentando el resultado de la consulta referendaria, consagró  la promulgación de la Ley Orgánica de Educación, la tristemente célebre resolución 058 y el llamado Plan de la Patria 2013-2019, por ejemplo. Luce interesante la compaginación de ambos autores, ya que, entendido el chavismo como una experiencia de la antipolítica, “allí se curten los miedos, las resistencias, las afinidades que van girando hacia la oclocracia, hacia un autoritarismo revestido de democracia y de un socialismo que tuerce el pluralismo social y aplasta la conciencia de las masas” [84, 148].

Del ininteligible socialismo del siglo XXI, una “ilusión fantasmal” [148],  surge un líder weberiano, mesiánico y referente de toda lealtad revolucionaria [133], en medio del oscurecimiento de la sociedad polarizada, portador de  una “nostalgia enfermiza por el pasado” [127].  Sus carencias, deficiencias e insolvencias políticas, interpretamos, las suple (n)  o dicen suplirlas, las cualidades de los héroes del pasado a los que, obviamente, forzados, resultan intemporales y descontextualizados [87], notándose la ausencia interesada  del período hispánico, del mestizaje, del siglo XIX y de la propia historia universal, en la enseñanza de los jóvenes relegados a una suerte de “tribunales del tiempo” (88), afortunada expresión que ilustra la naturaleza del proceso al que son sometidos.

Más cercanos a la explicación mágico-religiosa que a una necesaria experiencia de racionalidad, de Bolívar, Zamora, el Negro Felipe o José Gregorio Hernández, aterrizamos con facilidad a una concepción del poder, como “gracia” [145], dinamizador de los anhelos, deseos y favores cumplidos que, por supuesto, debemos agradecer. Dato que nos remite a una permanente tensión y lucha contra los agentes internos y foráneos que “atentan contra el proceso de transformación social” [99];  concebida la sociedad en perenne peligro,  24 contenidos (curriculares) están relacionados con la Fuerza Armada, la soberanía y la defensa nacional, relegados únicamente a dos los referidos a la familia y su importancia [100, 106 ss.]; por consiguiente,  la “historia secuestrada desde el poder” [120], “no busca comprender, sino juzgar (…) se desenvuelve entre el elogio y la condena, animando rivalidades ancestrales que sirvan de pretexto, excusa o legitimación”  [107].

Nos explica una misma, intacta y tozuda polarización social, política e ideológica, para una teatralidad que, sólo por la violencia, se mantiene en pie. Deducción ésta, que urge de una investigación sociológica a fondo, ahora esbozada por Viáfara Márquez desde la perspectiva de la sociología reflexiva inspirada por Pierre Bourdieu y Loic Wacquant, pues hay elementos objetivos y concretos que sirven de sostén a la propuesta totalitaria de la centuria en curso.

El autor distingue entre la sociedad civil (clase media, empresarios, medios de comunicación), y sectores populares (de escasa identidad de clase, con sentimientos y creencias comunes) [121 ss., 129 ss., 143], en el marco de un capitalismo de Estado de carácter asistencial, por cierto, con “sospechosos nexos” con el capitalismo asiático (131 ss.), en el que ha de realizarse el (anti) valor del sentido de  la venganza heredada por Guacaipuro o Zamora. El socialismo tiene por única palanca, las masas disponibles, desclasadas, alienadas, de profesión indefinida, bajo nivel educativo, socialmente desarraigadas, refractarias a posiciones ideológicas, prejuiciosas [138], las cuales gozan del debido financiamiento del Petro-Estado que, además de ponderar su lealtad y fanatismo, las reconoce plena y agradecidamente por su específica contribución como fuerza de choque (círculos bolivarianos y colectivos), y de control (consejos comunales, UBCH, milicias y diferentes comités) [128]. Y, añadimos, por ello la importancia de lo poco o mucho que accedan al mundo escolar para inocularles un sentido de pertenencia e identidad, sometiéndolas a una mínima, formal e informal socialización de acuerdo  a los intereses del régimen, aunque la creciente deserción estudiantil habla más de la negligente irresponsabilidad de los altos funcionarios que sólo se apresuran a beneficiarse de las posiciones alcanzadas, presentido el  final del juego.

Tamaño tinglado apunta a las condiciones que dieron origen al actual régimen, lo reproducen y lo reproducirán de un modo u otro, aun creyendo en su cercana superación.  Cierto, el chavismo fue una “contingencia de la crisis del sistema democrático representativo, de sus vacilaciones y vulnerabilidad institucional” [148], como – es nuestra convicción – pudo haber sido otra, incluyendo el hipotético triunfo de Salas Römer en 1998, más acá o más allá de la crisis interna de los partidos [84]. 

Acotemos, finalmente, principalmente la sociedad civil organizada fue la que estuvo vigilante y, en la medida de sus posibilidades, luchó por impedir la consagración de las reformas curriculares referidas por Lezama, ausentes los partidos que, es necesario decirlo, tuvieron y aún tienen una importante presencia en el magisterio venezolano. Salvo las muy aisladas excepciones, poco o nada hicieron en un terreno que lo aceptamos como riesgoso, sugiriendo una futura evaluación histórica del gremio que, de un modo u otro, hubiese, por lo menos, dificultado algo más que el cambio curricular, por lo que hemos visto en torno a la teatralidad política y las variables que la facilitaron casi holgadamente.

Ilustraciones: Detalle de la tela sobre José Félix Rivas de Martín Tovar y Tovar; y portada de la obra.
25/03/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/03/25/ardid-la-epopeya-teatralidad-politica/

ENTRE EL ARDID Y LA EPOPEYA (3)

Militaridad
Luis Barragán


La reciente detención del general Víctor Cruz Wefer, ícono del llamado Plan Bolívar 2000 que, en su momento, prolongó el aplauso de propios y extraños, o el tardío debate parlamentario que esbozó la actual y consabida situación de la Fuerza Armada Nacional, obliga a ensayar una perspectiva distinta a la mera y, huelga comentar, censurada circunstancia noticiosa. Oportuna y pertinente, es la que ofrece José Alberto Olivar: “La militaridad: Prospecto ideológico del Estado Cuartel en Venezuela”, parte de una valiosa compilación que dirige, junto a Luis Alberto Buttó,  ya en circulación, bajo el título “Entre el ardid y la epopeya: Uso y abuso de la simbología en el imaginario chavista” [Negro Sobre Blanco, Caracas, 2018: 251-276].

Convengamos, solemos distraernos en la superficie de un problema, por lo demás, grave, asidos a los ya superados criterios que impiden apreciar la misma naturaleza del régimen que sufrimos. E, incluso, el creador de toda una escuela académica, como Domingo Irwin, en el campo de las relaciones civiles y militares, tuvo que realizar un enorme esfuerzo editorial para superar el miedo de varias casas para imprimirlo, en la presente década [258, nota 15].

El proceso de modernización y profesionalización militar, implementado desde los setenta del ‘XX, sentida la cada vez más creciente y decisiva influencia del llamado Nuevo Profesionalismo Militar de Seguridad Interna y Desarrollo Nacional, cuyo principal inspirador fue Alfred C. Stepan, fallecido a finales de 2017, derivó en la supuesta autoctonía  de otro que, hoy, muestra algo más que distorsiones, sembrado por antiguos instructores de la Academia Militar de Venezuela [27, 254 s., 258]. Inicialmente pretoriano,  devino militarista realzando el “destino manifiesto” ante los políticos civiles de prácticas inmorales y antipatrióticas, encarnado en el Nuevo Pensamiento Militar Venezolano: la defensa integral de la nación, sólo se entiende con la incursión y participación de la Fuerza Armada en los ámbitos político, económico y social  [253, 259, 267].

Incursión y participación que ha significado, en la presente centuria, la colonización de la administración pública, como la consagración del liderazgo carismático y ampliamente discrecional de Chávez Frías, con el soporte político de la Fuerza Armada, ideológica y clientelarmente alineada [260 s., 268]. Acucioso y perspicaz, Olivar trae a colación dos textos aparecidos a mediados de los setenta, en el curso de la renovación de los estudios militares, como el del otrora coronel José Enrique Berthe (“Las Fuerzas Armadas como instrumento contribuyente al desarrollo nacional”), y el del entonces teniente-coronel César Augusto Gamboa R. (“El proceso cultural de las FF. AA. NN.”). Empero, el de mayor revelación e ilustración es, sin dudas, el del ahora general de brigada Rafael José Aguana Núñez,  autor de un relevante constructo teórico recogido en la tesis doctoral que defendiera en la Universidad de Santiago de Cuba (“Dinámica curricular de la militaridad para la Academia Militar de Venezuela”) [256 s., 265].

Aguana Núñez, teorizante orgánico, con “La militaridad en el Estado democrático y social de derecho y de justicia” (2012), traducido a otros idiomas, “forma parte de la ofensiva ideológica interesada en consolidar un modelo de formación militar que justifique la preeminencia de lo militar sobre lo civil” [264, 267].  Salvando las distancias, Olivar acierta al expresar que “estamos ante una estrafalaria versión de las viejas ‘luces del gomecismo’ interesado en ofrecerle asidero intelectual y academicista al proyecto hegemónico en marcha” [266], lo que sugiere la superioridad de lo que fue la escuela positivista y la que se le opuso, a partir de los años treinta, ahora, sin equivalentes.

La militaridad, con pretensión de corpus ideológico para darle un “ropaje erudito a la cruda realidad militarista que se cierne sobre Venezuela”, bajo la evidente influencia cubana, aunque de aristas pinochetistas, aspira a proyectarse en el resto de la sociedad, convirtiendo a la Fuerza Armada en un “auténtico partido que a la larga actúe en solitario y sea dirigido por una élite de militares y civiles militarizados”, antinomia de la ciudadanía y, así, de la República [264, 268, 272 s., 276]. Equiparándose con los postulados constitucionales que, por supuesto, adultera o falsifica, todo un ardid, la “militaridad no es más que un modelo de dominación que se vale de elementos simbólicos – culto a la personalidad, patriotismo místico, retórica populista y vínculos matricentrales – para estimular una conducta de sumisión colectiva imprescindible para sus fines de dominación y explotación”: el socialismo militarista,  el “lodazal de la fraseología” y la “semántica historicista”  [254, 257,  266, 270, 274,].

Destaquemos otros aspectos que, seguramente, enuncian un futuro trabajo de Olivar. Por una parte, la existencia de grupos de opinión y el empuje de la tecnocracia militar [251, 255] que, a nuestro juicio, con señales de autodestrucción, en sintonía  con el sector terciario de la economía, compitió y ganó a la tecnocracia petrolera, asociada al sector industrial, en los cruciales comicios de 1998, según la hipótesis que nos anima en torno a la confrontación de fondo entre Chávez Frías y Salas Römer.

Por otra, ciertamente, el principio constitucional de la corresponsabilidad entre la sociedad civil y el Estado en materia de seguridad y defensa, ha sido útil a la militaridad  apenas pretextada por el empleo de la reserva [253, 263 s., 275], pues, confirmando la tesis de Olivar, se limita al reclutamiento, adiestramiento y movilización para el combate, dejando muy atrás experiencias como la del IADEN en el que también concursaban los civiles para la definición de las políticas públicas del sector:  las leyes del llamado Poder Popular o la Ley Orgánica del Trabajo, por ejemplo, únicamente ventilan y requieren de los combatientes, limitando conscientemente la materia. Y, finalmente,  toma nota de la antipolítica que dio origen y sostenimiento al régimen, ya que los golpistas de 1992, con sus tácticas electoralistas,  fueron las “serpeteantes estrellas del reality show venezolano de finales de la década de los noventa”, edificando una literal concentración del poder, desde las bases aparentemente espontáneas que echó [259 s., 252, 268].

Posiblemente, se dirá, incurrimos en una suerte de “spoiler” al avisar de los principales aspectos del ensayo en cuestión. No obstante, aceptemos, por muy conocido que sea el desenlace de los clásicos del cine, son tales porque, viéndolos de nuevo, siempre descubrimos otras miradas que confirman su persistente novedad.

Ilustraciones: Detalle de la tela sobre José Félix Rivas de Martín Tovar y Tovar; y portada de la obra.
26/03/2018:
http://www.noticierodigital.com/2018/03/luis-barragan-ardid-la-epopeya-militaridad/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=96645
http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/1309674
http://ve.press-report.net/clanek-135088829-luis-barragan-entre-el-ardid-y-la-epopeya-militaridad
http://cronicasvenezuela.com/luis-barragan-entre-el-ardid-y-la-epopeya-militaridad
https://www.tenemosnoticias.com/noticia/barragn-luis-epopeya-militaridad-186484/647649
https://noticiasvenezuela.org/2018/03/26/luis-barragan-entre-el-ardid-y-la-epopeya-militaridad/