domingo, 26 de julio de 2015

CAZA DE CITAS

"El análisis somero de las actividades del Libertador durante el año diecisiete, revela su constante ansiedad por el establecimiento de un régimen constitucional que pusiese la República a cubierto de toda contingencia. Aún sin formular la Carta fundamental porque no se lo permite la guerra, Boolívar se consagra a la tarea de dar los pasos iniciales en ese sentido. En sus Decretos, como se ha visto, crea organismos legales y se desprende, en parte, de las omnímodas atribuciones que le ba (SIC) impuesto la conflagración. Sin sombra de duda, puede afirmarse que la mira constante del Libertador fue siempre la fundación de un régimen de Derecho"

Cristóbal L. Mendoza 

("Prólogos a los escritos del Libertador", Italgráfica, Caracas, 1977: 403)

Reproducción: "En Teatro del Hogar, el espacio de los lunes, en Televisa, han hecho buena obra. 'Corona de Gloria', con el Boívar en 1830, encarnado por Américo Montero, fué (SIC) una de estas creaciones. No obstante, la falta de ensayos en todo sentido, a veces hace ver ciertas fallas en cosas tan serias como éstas. Manuel Pozón, Pedro Hurtado, Francisco Ferrari y Andrés Peinado han logrado buenas actuaciones en este espectáculo. Y, por supuesto, cabe destacar el trabajo del maquillador Miguel Angel Casal". Élite, Caracas (1957).

NOTICIERO RETROSPECTIVO







- Eva Layi, con fotografías de Carlos Flores y A.M. Quintero. “Las muñecas de Reverón”. Élite, Caracas, nr. 2038 del 17/10/64.
- S/a. "Pintores venezolanos: Héctor Poleo". Revista Shell, Caracas, nr. 18 de 03/56.
- Humberto Cuenca. “Página lírica: El sub-mar en tus ojos”. Élite, Caracas, nr. 517 del 10/08/35.
- RAS y los 90 años de Cabré. El Nacional, Caracas, 21/05/80.

Reproducción: Leo Matíz (“Campesino colombiano”). Shell Caracas, nr. 19 de 1956.

LA FUTURA OPOSICIÓN




Obligados a perder

Luis Barragán

El régimen hizo y todavía hace todo lo posible para perder, huérfano de algún horizonte distinto al de la pólvora asimétrica, dineraria y mediática para sobrevivir. De ésta, únicamente queda la violencia abierta y frontal, pues, excepto que subaste lo poco que haya en bóveda o intente silenciar la ya expandida radio-bemba, va quedando la fuerza bruta que, paradójicamente, mejor asoma sus fauces en los tales territorios de paz.

La crisis económica y social asoma el otro hocico, el de la feroz resistencia a la pérdida del poder a cualquier precio. Inédito, en nuestro historial republicano no hay precedentes en la gigantesca falsificación de la realidad que todos padecemos palpable y sonantemente, fruto del eufemismo terco y suicida que apela a los peores instintos y al ardid más burdo, como el de esconder las cifras de la inflación.  Por malévolas que fuesen, el gobierno cree que muy pocos se percatan de las constantes maniobras encaminadas a la estafa electoral, cuando  tiene una inmensa mayoría que lo adversa y está dispuesta a actuar como tal, revirtiéndola.

En el concurrido acto que rubricó la visita de María Corina Machado a la ciudad de Valencia, cobardemente inhabilitada como si bastara la arbitraria decisión de un alto funcionario del partido de gobierno para impedir su candidatura al parlamento, lo sintetizó muy bien al recordar a Martín Luther King. Ella versó sobre la ética de la urgencia y la explicó a través de los más dramáticos ejemplos de la situación que padecemos los venezolanos, comenzando por la muerte de un neonato por falta de una incubadora o el disparo que cegó la vida de un modesto padre de familia, ya inscrito en la cotidianidad. Empero, al profundizarla, dibujó magníficamente el camino promisorio de la libertad y de la democracia que comenzamos a abrir por 2014.

Las ahora débiles fuerzas gubernamentales, incluyendo los intereses que han logrado tejer allende la frontera, están obligadas a perder no sólo por la calamitosa y prolongada situación que han creado, realizando la cultura de la muerte, sino por los escasos e ingenuos seguidores que, no sin sufrirla, todavía rinden o pudieran rendir devoción al extinto presidente. Y es que, si fuese verdad la pretendida creencia en la democracia participativa y protagónica de la cartilla, tanto como que todavía anidara el socialismo del siglo XX en significativos sectores de la población, no deben temer a una pasantía por la oposición esforzándose por el regreso, aunque – consabido – ha sido tan mala la faena de más de década y media que esta hipótesis nula apunta al siglo XXII.

El chavismo – así, genéricamente entendido – está llamado a largarse del poder, pero no será la oposición del futuro, o una de ellas, en la misma medida que ahora se aferre con una terquedad suicida, violentando a las grandes mayorías, a sus abultados privilegios. Sabemos que los más estelares dirigentes de la hora, arrogantes a la vez que temerosos, no arriesgarán las comodidades prometidas por un exilio dorado, deseado y esperado, en lugar de la lucha cívica en Venezuela para la cual no tienen vocación, o que los más agresivos o violentos prontamente serán neutralizados, sincerando las flaquezas de una dirigencia que no se explica ya la vida misma fuera del poder.

Acotemos, nada más frágil que el pacto de las mafias, como lo ha dicho María Corina,  por lo que la más ligera sacudida desmoronará a la actual plutocracia que deja o dejará el bagazo de la renta para la riña de los cooperantes que políticamente le sobrevivan.  Por mucho que se esfuercen en contaminarla, el pueblo cuenta con una correcta interpretación de las realidades que padece y, en su ascenso ciudadano, ha elegido el camino contra el hampa.

Coletilla: Acá, los diputados del gobierno rasgaron sus vestiduras por lo que llaman la ley mordaza en España. La oposición trató de ley resorte a la precursora versión precursora que allanó el camino de la franqueza a la actual (auto) censura y bloqueo informativo.

Ilustración: Interviú, Barcelona, nr. 157 del 23/05/1979 (ilustrador no identificado).

CONTRASTE



Contextualización esequibana

Luis Barragán

El largo y pacífico diferendo territorial con el vecino país, supo de contextos políticos diferentes al que actualmente exhibimos. Revelan la realización de una Política de Estado, frente a aquella que, reclamándose como tal, la caricaturiza.

Los venezolanos adoptamos importantes iniciativas también en contextos difíciles que no lograron empeñar nuestra reclamación, por lo menos, en el siglo XX. De larga enumeración, partiendo del inesperado y sucesivo tránsito de regímenes, la denuncia del Laudo de París de 1899, entre otras vicisitudes,  supo de las diligencias de Isaías Medina Angarita en 1944, de Rómulo Betancourt en 1948 y las de la dictadura militar en 1951, 1954 y 1956, como se desprende de estudios como el de René de Sola (“Valuación actualizada del Acuerdo de Ginebra”, 1982) o del extraordinario y preciso breviario de Manuel Donis Ríos (“Bases históricas de la controversia entre Venezuela y Guyana sobre el Territorio Esequibo”, 2015). Acotemos, a partir de la década de los sesenta, fueron numerosas las diligencias gubernamentales, importantes los debates parlamentarios y significativos los aportes académicos, sensibilizada la opinión pública, para asumir sensatamente la controversia.

Tomada una muestra de la prensa de 1962,  cuando el canciller Marcos Falcón Briceño argumentó la materia de límites con Guayana Británica, cuestionando con agudeza y profundidad el citado laudo, en la Comisión Especial de la XVIII Asamblea General de las Naciones Unidas, hallamos que los venezolanos afrontábamos situaciones como la de la eliminación del dólar petrolero y la unificación cambiaria, el control técnico de la industria petrolera, la restitución de las garantías constitucionales, los disturbios del orden público, la inauguración del túnel de La Planicie y del segundo balneario de Naiguatá, la instalación del Congreso y la pérdida del control de la cámara baja por la coalición de gobierno, la censura al ministerio de Hacienda, o las acciones guerrilleras en diferentes sitios del país. Y, al referirnos a 1966, otro ejemplo, al suscribirse el Acuerdo de Ginebra, la Ancha Base experimentó una severa crisis, los choferes caraqueños protestaron a las autoridades de tránsito, prosiguió la subversión, el Banco Central de Venezuela abrió su nueva sede, la subversión armada protagonizó los más variados eventos bajo la promoción de la dictadura cubana, , la reforma tributaria acaloró los ánimos, o las transnacionales del petróleo eran emplazadas para el pago de los impuestos atrasados.

En la centuria pasada fueron recurrentes las discusiones parlamentarias sobre el problema esequibano, añadida la interpelación de los cancilleres. Surgieron las más disímiles fórmulas, radicales o timoratas, que nos orientaron al equilibrio de posturas en una difícil materia en la que también concursaron las voces especializadas.

La independencia de Guyana también supo de las destrezas de un liderazgo que conscientemente heredó el problema, exhibiendo la destreza necesaria frente a Gran Bretaña y, pragmáticamente,  comprometiéndose con un ideario tercermundista del que obtuvo o creyó obtener rentabilidad política al aliarse con la Cuba de Fidel Castro. Autores como Andrés Serbin y Sadio Garavini nos han ilustrado sobre contradicciones sociales y tensiones políticas, a los cuales añadiría las preocupaciones caribeñas de José Rodríguez Iturbe, los cuales avisan de un contexto guyanés ahora francamente desconocido.

Ya enunciadas, por muchas que fuesen las dificultades atravesadas por Venezuela, ésta mantuvo y perfeccionó una postura con el tiempo en materia esequibana, sin la mezcla de situaciones que arriesgaran los intereses del país, por poca o mucha que fuese la tentación por la demagogia. Por cierto, situaciones que no atraviesa el régimen actual, sistemáticamente impedido el disenso, cuyo ejercicio del poder ha sido gigantesco, añadidos los ingresos petroleros, aunque – por todo ello –  generador de la animadversión de un país sumido en una inédita crisis que provoca los yerros de una política exterior que cada vez no parece tal, proclive a una decisión irresponsable.

Los guyaneses presuntamente saben de otra etapa histórica en la que, por la inmensa promesa que las exploraciones y hallazgos petroleros conceden en la fachada atlántica, atestiguan la imprudencia y también agresividad de su dirigencia, aunque lucen diligentes y eficaces para orquestar una alianza favorable de países que, por ironía, recibieron el continuo favor  de los socialistas que se dicen del siglo XXI. A los multipolares de esta hora, anti-imperialistas y demás, simplemente, los sorprendió otra vez la realidad  de una escena internacional que está cambiando y no precisamente de acuerdo a la cartilla ideológica que aun los emociona.

Nadie, en su sano juicio, debe abrigar la intención de pulverizar al vecino país, sino el de intentar comprenderlo, incluyendo la misma comprensión del nuestro para la recuperación del Esequibo. Y, aunque no somos especialistas en el problema, nuestra condición de parlamentarios nos lleva a asesorarnos y a estudiar un poco más un asunto que no debe sorprendernos, en el marco de los venideros comicios que tientan aún más al régimen.

Por lo pronto, para cerrar esta ya larga nota, lamentamos el lenguaje empleado por los mandatarios de ambos países. Contradiciendo lo que fue una Política de Estado, Maduro – quien fue canciller – enreda a David Granger con Alvaro Uribe: una torpeza tras otra.