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domingo, 26 de julio de 2015

NOTICIERO RETROSPECTIVO







- Eva Layi, con fotografías de Carlos Flores y A.M. Quintero. “Las muñecas de Reverón”. Élite, Caracas, nr. 2038 del 17/10/64.
- S/a. "Pintores venezolanos: Héctor Poleo". Revista Shell, Caracas, nr. 18 de 03/56.
- Humberto Cuenca. “Página lírica: El sub-mar en tus ojos”. Élite, Caracas, nr. 517 del 10/08/35.
- RAS y los 90 años de Cabré. El Nacional, Caracas, 21/05/80.

Reproducción: Leo Matíz (“Campesino colombiano”). Shell Caracas, nr. 19 de 1956.

viernes, 16 de marzo de 2012

ARMSTRONG EN CARACAS











Louis Armstrong se presentó en Caracas, a finales de 1957, contratado - se dijo - por cien mil bolívares. Igualmente, hay referencias en torno al escaso éxito que tuvo la interpretación en vivo, aunque no ocurriera así con la breve incursión televisiva; o que, por su negritud, no pudo alojarse en el Tamanaco administrado por una concesionaria estadounidense (lo hizo en el hotel El Conde). Lo cierto es que fue uno de los lujos que, fugazmente, nos dimos los venezolanos.

LB

Fotografías: Leo Matíz. Observamos al trompetista en plena ejecución, un segmento del público que lo escuchó destacando Susana Duijm, y junto a su esposa Lucille y Aldemaro Romero, presidente del Caracas Jazz Club, en un programa de televisión. Momento, Caracas, nr. 73 del 06/12/57.

COMENTARIOS EXPUESTOS EN FACEBOOK, A PROPÓSITO DE LAS GRÁFICAS:

Alvaro Zuloaga
LA VISITA DE LOUIS ARMSTRONG A VENEZUELA Y EL INCIDENTE RACISTA EN EL HOTEL TAMANACO, por el profesor Carlos Balladares
Oscar Yanes fue testigo presencial de la visita de Louis Armstrong a Venezuela, debido a que él, junto al periodista Dorante, siguió al gran trompetista por todo su periplo en la Caracas de diciembre del 57.
Tocó en el Aula Magna, en Televisa (donde lo vio mi madre, la cual le impresionó, además de su música, la marca de la boquilla de la trompeta en sus labios), en el Hotel Ávila, y en el Nuevo Circo. En este último se realizó un concierto a precios muy solidarios para que las mayorías pudieran disfrutarlo, pero sólo fueron 50 personas, lo cual molestó muchísimo a Louis.
El incidente racista fue cuando llegó al Tamanaco (dirigido por estadounidenses) los cuales le dijeron que estaba lleno. Oscar Yanes y Dorante averiguaron que era una mentira, protestaron, y como eran periodistas y para evitar un escándalo, el hotel recibió a Louis con su banda. Este hecho prueba que no fue segregado por venezolanos sino por sus compatriotas. En la rueda de prensa que dio sólo habló de música, y cuando le preguntaron por la lucha de los negros en su país evadió la pregunta. Al irse de Venezuela, se le escuchó decir: "No vuelvo más a este país" —el hecho del Nuevo Circo fue lo más le molestó, más lo del Tamanaco y la rueda de prensa. Como diría Oscar Yanes: "Así son las cosas".

Mary Heras
Me parece que la música de Armstrong era para élites particulares que apreciaban su estilo. Segurito que al Nuevo Circo invitaban un guarachero famoso y se llenaba. Lo del Tamanaco, es algo que me parece inconcebible! sus mismos paisanos! Así era la segregación...lástima. El pobre quedó traumatizado con el país por causa de algunos cuantos...

Jorge Peña
Era lógico, que solo fuesen 50 personas a ver a " Satchmo". el jazz no es un estilo que para aquellos años fuese, " popular" en Venezuela. Lo mismo habria sucedido, si hubiesen traido a Elvis. Más popular era el cancionero en castellano y sus figuras como Celia Cruz, Lucho Gatica, Daniel Santos ( que por aquellos años vivió en Caracas) y tantos otros. Fué una absoluta estupidéz haber montado ese espectáculo en el NC.

Jonathan Benavides
Es así, Venezuela siempre ha sido un país donde el "Hit Parade" está regido por el cancionero "latino". Para la década de los 50's la pauta era dictada por las guarachas de la Sonora Matancera, La Billo's Caracas Boys, los boleros caribeños, mexicanos y nacionales, además de las populares rancheras de los Pedro Infante, Luis Aguilar, Jorge Negrete etc. que popularizaban sus éxitos en las películas de la época de oro del cine mexicano, absolutas dueñas de las preferencias del público venezolano. La movida "anglo" comenzaría a sentirse solo a partir de mediados de la década de 1960 con aquellos jóvenes locutores de radio como el precursor Eduardo Morell y su "Tragadiez de los Éxitos" y poco después con los jovencitos de Radio Capital (Capy Donzella, Plácido Garrido, Napoleón Bravo, Iván Loscher, etc.). Incluso aún hoy las carteleras musicales nacionales las dominan los éxitos latinos, y solo muy ocasionalmente una canción "anglo" llega a los primeros lugares del ranking, sobre todo ahora con el muy odioso, vulgar y malísimo reggeton.

sábado, 10 de marzo de 2012

CARACAS


EL NACIONAL - VIERNES 23 DE JULIO DE 1999 / OPINION
Caracas 1967-1999
Jesús Sanoja Hernández

Caracas -y, desde luego, Venezuela- era otra en 1967, cuando discurrían los días de su cuatricentenario. En los carnavales, la noticia fue la fuga del Cuartel San Carlos, a través de un túnel, de Pompeyo Márquez, Guillermo García Ponce y Teodoro Petkoff, en vez de las orquestas traídas del exterior o los grupos de moda como Los Impala. En mayo la noticia volvió a ser de carácter político, con la "invasión de Machurucuto", pero en julio la gran noticia que veían incubándose a través de la propaganda oficial, no otra que la celebración del 25 de julio, pronto se vio empañada por el terremoto del 29 de julio. En la tarde de ese día, que era sábado, me preparaba yo para ir a la exposición de Carlos Contramaestre, en galería que si mal no recuerdo se llamaba El Puente, cuando la tierra se estremeció. Muy pocos de mis amigos, tan escasos como mis lectores, leyeron al día siguiente mi trabajo sobre la ciudad, firmado con el seudónimo de Eduardo Montes.

¿Qué tiene la Caracas de hoy que no haya tenido la de julio de 1967? Tiene, y es su orgullo, el Metro. En junio de aquel año el ministro de Obras Públicas, Sucre Figarella, se había quejado una vez más del boicot que Copei le había declarado a las partidas presupuestarias para adelantar la obra, contemplada para cubrir 20 kilómetros entre Catia y Petare, con 20 estaciones y una capacidad de transporte de 20 mil pasajeros en su primera etapa y de 45 mil en 1990. Y lo cierto es que durante el primer gobierno de Caldera, no sé por cuáles razones, el proyecto fue paralizado.

Tiene Parque Central, esa sí obra acometida por el primer Caldera. En 1972 su gobierno, a través del Centro Simón Bolívar, había reubicado a 161 familias del sector Hornos de Cal, y para el año siguiente previó Bs. 151,2 millones para las edificaciones de Parque Central, construcción que arrastró no pocas polémicas, más tarde prolongadas por documentos donde aparecían figuras como Rodríguez Amengual y Delfino, y acerca de los cuales no puedo escribir mucho porque en la memoria se me han acumulado nubes peligrosas.

Tiene la Cota Mil, concebida a finales de Leoni e inaugurada por Caldera, avenida que trajo divergencias en cuanto a si prolongarla hasta Catia, para enlazar con la autopista hacia La Guaira, o si trazarla hasta donde está hoy. Pastoreños y ambientalistas, celosos de su parroquia y de los bordes del Avila, se opusieron a la continuación de la Cota Mil. Tiene asimismo el tramo de la autopista "Rómulo Betancourt", de la que se sabe cuándo empezó pero no cuándo terminará. Vía, por cierto, congestionada en horas pico, tanto por el crecimiento de las dos ciudades satélites (Guatire-Guarenas) como por la afluencia hacia la Universidad Metropolitana.

Tiene los centros comerciales (como el CCCT), núcleos acerca de los cuales decía Carlos Rangel que llenaban el vacío de la ciudad que habíamos perdido, sin plazas ni retretas, ni sitios de congregación familiar o amistosa, y donde el cine convivía con la tasca, la venta de comida rápida, las tiendas de modas, las cafeterías y los salones de juegos infantiles made in USA. No tenía mall alguno. Cero Sambil.

Tenía mercados que aún existen (Coche, en la periferia; en el centro; Guaicaipuro en la Andrés Bello), pero no el mercado paralelo, con puestos de ventas en las aceras y proliferación de la "economía informal", ni mucho menos su extensión hacia el casco de la ciudad con invasión de lo que Arria, años más tarde del terremoto, llamó la Plaza Caracas, sucesivamente asiento de la Exposición King Kong, estacionamiento del Centro Simón Bolívar, espectáculos al aire libre, campamento mercantil y ágora política, en sustitución de la ya descartada Plaza O'Leary.

Tenía organización territorial (Departamento Libertador), del cual era capital, y su Concejo Municipal abarcaba administrativamente a los ahora denominados municipios Baruta, Chacao y El Hatillo, puesto que Petare (Distrito Sucre del Estado Miranda) se regía por cabildo propio, entonces muy poderoso, como el de Maracaibo, donde brotaron tempranamente los escándalos que en 1976-1977 derivaron en corrupción pionera. La fiebre municipalista que se posesionó del país, al punto de que hace poco se propuso uno yanomami, convirtió a la zona metropolitana en ciudad de cuatro alcaldías: Baruta con Las Mercedes que Abelardo Raidi amaba, Chacao con Irene como alcaldesa y El Hatillo como recodo turístico, quedando Caracas en cancha compartida por LCR y AD. Tenía el Nuevo Circo, pasión de Caremis, y dejó de tener el horroroso terminal. Tenía los rescatados, aunque irrescatables, teatro Municipal y Nacional, y no tenía la zona cultural Ateneo-Teresa Carreño-Maccsi, ni el Mavao, ni el Jacobo Borges. Siempre Caracas, sin embargo...

Fotografía: Leo Matíz. Elite, Caracas, 31/12/60.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

CAZA DE CITAS


INTERVALO

Arquitecturas instantáneas
sobre una pausa suspendidas,
apariciones no llamadas
ni pensadas, formas de viento,
insubstanciales como tiempo
y como tiempo disipadas.

Hechas de tiempo, no son tiempo;
son la hendedura, el intersticio,
el breve vértigo del entre
donde se abre la flor diáfana:
alta en el tallo de un reflejo
se desvanece mientras gira.

Nunca tocadas, claridades
con los ojos cerrados vistas:
el nacimiento transparente
y la caída cristalina
en este instante de este instante,
interminable todavía.
Tras la ventana: desoladas
azoteas y nubes rápidas.
El día se apaga, se enciende
la ciudad, próxima y remota.
Hora sin peso. Yo respiro
el instante vacío, eterno.


Octavio Paz

NOTA LB:

La creemos una de las mejores fotografías que hemos hallado en la prensa venezolana de los sesenta. Anónimas y atractivas, la vestimenta y el modelo de jeep delatan un poco aquellos años. Ya la habíamos orbitado en un equívoco sepia, pero la entregamos de nuevo al blog por esa adicional seducción de la luz y las gradas. Valga decir, un chispazo cinético de la cámara que dibuja a las divas que lo eran, aunque no aparecieran en la televisión local o en las grandes portadas.

miércoles, 22 de junio de 2011

EL TINTERO DETERIORADO


Caracas, el deterioro impreso
Luis Barragán


La precarización de Caracas, constituye una pauta para el resto de las ciudades del país. Necesario reconocerlo, añadido el desinterés general tan propio de la sociedad de sobrevivientes que ya somos.

La ciudad sufre las paradójicas consecuencias del proceso de recentralización de los poderes, pues, como si de una masiva indigestión se tratara. Las cercanías del Palacio de Miraflores así lo revelan por la suciedad, descuido, mendicidad y delincuencia anegada entre los edificios residenciales y pasillos que desembocan por los costados del puente de LLaguno.

Una rápida revisión de la vieja hemerografía, delata un mayor interés por la arquitectura, urbanismo y calidad de vida, posiblemente acentuado durante el proceso de descentralización de los noventa. Hoy, todavía más importante el impreso que el medio virtual, son escasas las referencias.

A guisa de ilustración, anteriormente, en la prensa más y menos especializada, de divulgación o entretenimiento, hallamos a Luis Fernando Cháves (SIC) relacionando las etapas del crecimiento urbano (Crítica Contemporánea, 08/64); o a Doménico Filippone (El Nacional, 02/01/65), P. Vallone (Summa, 02/72), Guillermo José Schael (El Universal, 13/03/84), o Marco Negrón (El Nacional, 03/08/89), versando sobre la política y el desafío urbanístico, los significados y significantes de Caracas. Y esto, consignando un poco más que la atractiva reseña, hallaba a preocupados e inquietos lectores.

Además, la vivencia de la ciudad condujo a considerar el amor para manifestarlo o hacerlo, según José Abinade (Elite, 09/01/60), o Aquiles Esté (Letras, 05/84). Y, ejerciendo el derecho al optimismo, ilusionarse con una versión cuatricentenaria o del siglo XXI, añadido el metro de Petare a Chacaíto, planteando la utopía, como se desprende de Enrique Bernardo Núñez (El Nacional, 03/08/60), Filippone (Elite, 06/04/63), o Negrón (ibídem, 22/06/87).

La prensa actual naturalmente trata el tema, reportando la inmensa precariedad que sufre la urbe, o las modificaciones que el gobierno impone, pues, apenas, el presidente-enfermo-raramente-exiliado festeja a Farruco Sesto como el reconstructor por excelencia de Caracas, sin que sepamos de finalidades y planes concretos. Contrastando con la de ayer, ahora son pocas las columnas de cierta especialización que la tratan la materia más allá de la anécdota.

Fuente: http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/2808276.asp
Fotografía: Leo Matíz. Elite, Caracas, 31/12/60. Niños juegan al "yo-yo", Centro Simón Bolívar, Caracas.

jueves, 26 de mayo de 2011

CAZA DE CITAS


Conveniencias de no usar de los ojos, de los oídos, y de la lengua

Oír, Ver y Callar, remedio fuera
En tiempo que la Vista y el Oído
Y la Lengua pudieran ser sentido,
Y no delito que ofender pudiera.

Hoy, sordos los remeros con la cera,
Golfo navegaré que (encanecido
De huesos, no de espumas) con bramido
Sepulta a quien oyó Voz lisonjera.

Sin ser oído y sin oír, ociosos
Ojos y orejas, viviré olvidado
Del ceño de los hombres poderosos.

Si es delito saber quién ha pecado,
Los vicios escudriñen los curiosos:
Y viva yo Ignorante, e Ignorado.

Francisco de Quevedo y Villegas

Fotografía: Leo Matíz para un reportaje sobre las más vistosas damas que laboran en la administración pública. Elite, Caracas, nr. 1810 del 04/06/60.

Nota de LB:

Inevitable golpe de flash, al fotografiar a Matíz en la Hemeroteca Nacional. "Escanearla", difícil por la escasez de recursos en el servicio. Fotocopiarla, pierde el sepia tan extraordinario. Magnífica gráfica, luz y gradas de acento cinético.