domingo, 29 de octubre de 2017

DETRÁS DEL BARRIL

Régimen y partidos de oposición
Luis Barragán

A nuestro juicio, por encima de los infaustos resultados obtenidos por la oposición, el dato más importante todavía reside en la determinación unilateral de haber concurrido a los comicios regionales. Los partidos que monopolizaron la mesa, contradicha la noción misma de unidad, zanjando luego sus diferencias a través de unas primarias censitarias, se negaron a discutir el asunto con otras entidades, políticas y sociales.

Despreciada toda advertencia, celebraron anticipada y prepotentemente el triunfo, adivinándose cada uno en ventaja para una futura candidatura presidencial. Parecía que Nostradamus les hubiese susurrado un futuro promisor, mientras que el fraude descomunal abría sus fauces para devorar aún las mejores intenciones.

Impuesta la amarga realidad, la reacción ha sido demasiado contradictoria, desaconsejable y contraproducente para sus propios fines, aunque – siendo suyos – no habría problema alguno, excepto que ha dado tan injusto alcance al resto de la oposición. No tienen ya las energías suficientes para sepultar el veredicto popular del 16-J, ni para diligenciar un diálogo de acuerdo a los parámetros de la dictadura, cuyas lecciones se mantienen intactas, después de vapuleado el revocatorio en 2016.

Anunciada la consulta municipal, en los términos de la tal constituyente, en una misma organización, un calificado dirigente la acepta, mientras otro la niega, corriendo o vacilando ante la taquilla del CNE. A la vez, prosigue la feria de la mutua descalificación, con olvido del adversario que todos tenemos al frente (y quizá, por ello).

Que sepamos, imposible de remediar con las herramientas digitales, ninguno de los cuatro partidos en cuestión ha deliberado interiormente sobre ésta y otras materias, pues, paradójicamente, suelen aceptar el diálogo incondicional con el régimen, negándolo entre los suyos, como sucede con las restantes organizaciones políticas y sociales. Es de suponer, existen instancias colegiadas de conducción que deben reunirse y  pronunciarse, pública y notoriamente (por cierto, Vente Venezuela lo hizo inmediatamente, después del 15-O), en lugar de la enfermiza figuración de individualidades que apuestan por una declaración que sigue obviando la franca devaluación del sufragio, tal como ha ocurrido con la moneda.

Por mucho menos de lo acaecido, aún agolpada la agenda pública, antes, los partidos inmediatamente se disponían a confirmar o a renovar sus autoridades, procurando atajar la división. Sin embargo, aparentando lo contrario, no hay fuerza siquiera para dividirse, pues, un régimen en toda la extensión y profundidad de la acepción,  ha generado condiciones que lo impiden, haciéndolos prisioneros de síes: sólo se descomponen, jamás se diluyen o desvanecen como los buenos soldados, según el célebre pasaje de MacArthur.

Nada inocentes, con los procesos eleccionarios regionales, municipales y presidenciales, tutelados por la tal constituyente, bajo el absoluto control del sucesor, asistimos al paciente reacomodo de los factores de poder que desean y modelan a un sector ornamental de la oposición, según el momento. Por ello, hay urgencia de refundar la unidad democrática de la oposición, sobre bases y principios muy distintos, con la más amplia alianza política y social que trascienda las meras circunstancias electorales, en desafío al rediseño de un oficialismo exhausto,  necesitado de una bomba de oxígeno.

Ilustración: Eneko. Economía Hoy, 27/07/1990.
30/10/2017:
http://www.ventevenezuela.org/regimen-partidos-oposicion-luis-barragan http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=85844 http://www.noticierodigital.com/2017/10/luis-barragan-regimen-y-partidos-de-oposicion https://venezuelaunida.com/luis-barragan-solidaridad-y-ensenanza https://apuntoenlinea.com/2017/10/30/luis-barragan-solidaridad-y-ensenanza

¿CUÁL ES EL NÚCLEO DE LA FE?

Evangelio Dominical: Primer mandamiento
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado sobre el Evangelio que se proclama el 30° Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, correspondiente al domingo 29 octubre 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 22, 34-40
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
¿Qué es lo que más le gusta a Jesús?
           
            Como ella se consideraba santa, iba con frecuencia a la iglesia a hacer visitas al Santísimo.
            Un día peleó especialmente con todos los que encontró. Y se fue a la iglesia a visitar al Santísimo. Pero ese día en la puerta había un letrero: “Estoy afuera”.
            El letrero lo había puesto Jesús, pues él está especialmente entre los hermanos:
-“Cualquier cosa que Vds hagan con cualquiera de estos pequeñuelos, conmigo lo hacen”. (Parábola del Juicio Final).>
Estamos tocando algo importante en la vida.
¿Qué es lo más importante en la vida?
Los judíos tenían 613 mandamientos: 365 prohibiciones (una por cada día del año) y 248 preceptos o normas. Demasiado precepto. Discutían mucho entre ellos sobre qué preceptos eran más importantes. ‘Los árboles no dejaban ver el bosque’. ‘El que mucho abarca, poco aprieta’.
Había tres mandamientos que predominaban en sus discusiones: guardar el sábado, hacer las purificaciones rituales y aportar económicamente el diezmo al Templo o a las sinagogas.
Pero olvidaban lo esencial. Y así, fácilmente caían en una mediocridad piadosa o en una casuística moral. Un fariseo quiere mezclar a Jesús en su pelea. Y le pregunta con malicia públicamente: “¿Cuál es el primer Mandamiento, el más importante?”
 ¿Y qué respondió Jesús?
"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser."
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
Así que el mandamiento principal es amar a Dios amando al prójimo. Para Jesús estos dos mandamientos son muy “parecidos entre sí”. No son dos, sino uno mismo.
Son como la cara y cruz de una moneda. “Si alguno dice: «Yo amo a Dios», y al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. Pues si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn. 4, 20).
            Es como si escribiéramos en las dos caras de una hoja cada uno de los dos Mandamientos: uno en la parte de delante y otro en la de atrás. No se pueden separar.
Así pues, no se trata de rezos ni devociones. “Amar a Dios con todo el corazón” es amar a Dios como fuerza creadora y salvadora, que es buena y nos quiere bien. Es reconocer humildemente el Misterio último de la vida, es alabar la existencia desde su raíz, tomar parte en la vida con gratitud, optar siempre por lo bueno y lo bello, vivir con corazón de carne y no de piedra, y resistirnos a todo lo que va contra la vida y la dignidad de sus hijos e hijas.
Por eso el amor a Dios es inseparable del amor a los hermanos que sufren. El hambre de los desnutridos y el exceso de los satisfechos plantean preguntas e inquietudes. La religión de Jesús es «pasión por Dios y compasión por la humanidad». 
¿Tiene algo de nuevo esta respuesta de Jesús?
En realidad en el Antiguo Testamento ya hay preceptos sobre el amor al prójimo (Deuteronomio 6, 5, y Levítico 19, 18). Pero parece que los rabinos no les daban importancia.
            En el Antiguo Testamento generalmente Dios es ante todo el Señor, el Amo, el Todopoderoso, el Altísimo, el Señor de los Ejércitos, el juez castigador... En el Nuevo Testamento, en cambio, Dios es amor. Precisamente la primera encíclica del Papa actual tiene como título “Dios es amor”. Es lo más importante en el cristianismo.
¿Por qué nos ama Dios? ¿Qué ve en nosotros?
            Dios nos ama, no porque seamos buenos, sino porque Él es bueno. Nos ama porque Él es amor, Él es Padre y Madre. Dios es un enamorado de la humanidad.
Nos ama porque somos sus hijos. Somos su imagen. Tenemos algo de su vida divina: mucha o poca. O, al menos, estamos destinados a tenerla.
            Dios me quiere, sin más, como las madres quieren a sus hijos, no porque sean inteligentes o bellos. Les quieren aun antes de nacer.
            Y nos amamos porque somos hermanos, somos hijos de Dios. Jesús nos lo pide.
Nos amamos para imitar a Jesús, que nos amó.
¿Hay niveles en el amor a Dios y a los demás?
He aquí una posible clasificación de peor a mejor:
1er nivel – Al menos debemos ser justos. La fe en Jesús me lleva a ser justo con los demás, a respetar sus derechos.
2do nivel - Amar a los demás. Éste es un paso superior, pues uno puede ser justo, pero puede tener dentro de sí mucho odio contra la otra parte, como en la lucha marxista de clases.
3º nivel – “Amarás a tu prójimo como a tí mismo”. Esta es la verdadera igualdad entre todos, que no supone “primero yo y los míos”.
4º nivel - Opción preferencial por los pobres. Éste es un nivel más alto.
Los papás quieren a todos sus hijos, pero si uno tiene una discapacidad, si es más débil o la vida le ha golpeado con más fuerza, ¿no tienen como una ‘opción preferencial’ por él? A Dios le ocurre lo mismo. Y nosotros queremos ser como Él.
Precisamente la 1ª. Lectura de este Domingo nos habla de los inmigrantes, de las viudas, de los huérfanos, que representan a todos los pobres y desasistidos. Es un texto de Isaías del s. VIII a. C.
La legislación de Israel fue superior a la de otros pueblos (Atenas, Egipto, Aztecas, Incas…) en este tema: estaba prohibido prestar con intereses, todas las deudas se acababan cada 50 años al llegar el Jubileo, el sábado no se trabajaba… A pesar de ello, en comparación con lo que Jesús dirá, este texto se muestra aún como ‘la prehistoria’ del Evangelio.
5º nivel – “Amen a los enemigos”. Jesús fue maestro en esto. En la cruz dijo: ”Perdónales, que no saben lo que hacen”. Jesús es nuestro modelo.
6º nivel - “Ámense como yo os he amado”. Jesús da la vida por nosotros.
¿Qué es ser un buen cristiano?
Ser cristiano no es simplemente ir a Misa, bautizarse, comulgar y casarse por la Iglesia.
Se requiere también tener buenas relaciones con el prójimo. El pretender amar a Dios debe comprobarse y validarse en el amor efectivo a los demás.
“En esto conocerán que son mis discípulos: en que se amen los unos a los otros” (Jn 13, 35).
Buen cristiano es el que se preocupa de los pobres y hace que los pobres vivan.
La gloria de Dios es que el hombre viva. O como decía Monseñor Oscar Romero, ‘La gloria de Dios es que el pobre viva’.
El núcleo de la fe no son los dogmas, ni la moral ni los mandamientos: es el amor vivido intensamente. Así aparece en el uso repetido de la palabra ‘toda’ en el Evangelio de hoy, colocada tres veces: ‘con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser’, es decir, con toda tu persona, sin resquicios.

Fuente:
Cfr.
Pieza: Majestat Batlló.

AMARLO A TRAVÉS DEL PRÓJIMO

NOTITARDE, Valencia, 29 de octubre de 2017 
“Caminando con Cristo”
Amar a Dios sobre todas las cosas (Mt. 22, 34-40)
Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús siendo abordado con mala intención por los fariseos, que sabían que Jesús había dejado mal en su respuesta a los saduceos, que era el otro grupo religioso del tiempo del Señor.

La pregunta ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley? La respuesta de Jesús es amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con todo tu ser. Esta respuesta dejaría perplejos a los fariseos, porque tanto ellos como los saduceos estaban perdidos en un número de normas, mayoritariamente negativas o prohibitivas y Jesús va a lo esencial de lo que es Dios, la vida y de lo que es y debe ser el cristianismo o la verdadera religión. El amor es lo esencial, el amor realiza al ser humano. El amor es Dios y viene de Dios, el ser humano está hecho para amar y ser amado. El amor le da sentido a la existencia.

Para amar a Dios, hay que amar al prójimo, al hermano, al que está cerca, al necesitado y para poder amar al hermano e incluso a Dios, hay que amarse a uno mismo; es decir, valorarse, cuidarse y tener una sana autoestima. Qué importante, fundamental y necesario es el amor y Jesús, que revela el Amor del Padre nos lo recuerda en este domingo y nos dice que allí está la esencia de ser cristiano, discípulo misionero suyo.

Pidamos al Señor no ayude y enseñe a vivir centrados en el amor, a estar siempre en lo esencial y que lo demostremos con nuestra vida cotidiana.

IDA Y RETORNO: Vivamos de la fe y de la esperanza en el Señor, confiemos en su poder y busquemos en Él refugio.

Fuente:
Cfr.
Ilustración: Nikolai Koshele.

COMO TRAGEDIA Y FARSA

La historia se repite
Nicomedes Febres

* Terminando el tercer tomo del libro “Memorias de un Venezolano en la Decadencia” de José Rafael Pocaterra, un libro testimonial con el lujo de detalles propios del positivismo en boga durante la dictadura de Gómez, encontré esta frase del autor de hace 100 años, mientras estaba preso en La Rotunda y en relación a su época: ”Hay en las cosas y en los hombres tanto de heterogéneo y de incoherente que si no estuvieran sacando muertos de aquí (La Rotunda) y dando palo y robando y vilipendiando al país difícilmente podría escribirse en serio la historia de esta época. A Gómez le traen al mismo tiempo la ley de elecciones, una carta autógrafa del káiser y dos vacas enanas de la Guajira”. Lo traigo aquí para que vean ustedes como nuestras tragedias se repiten por la misma causa: la ignorancia de la gente y que cada quien quiere ser el jefe en la oposición. Digo además que éste régimen es con mucho, peor que el gomecismo en su peor momento. Peor en sus torturas, asesinatos y sacrificios de las presos políticos. Peor en la piratería de sus intelectuales, que no sirven ahora ni para escribir una esquela mortuoria, o pintar un cuadro suficiente o escribir el guion de una obra teatral o de una película pornográfica de medio pelo. Imposible que sean más infames en las ejecutorias de sus diplomáticos que pasan del analfabetismo funcional a ser secuaces del terrorismo global y desconocen las normas elementales de convivencia. Y así en los campos que usted elija, además Gómez, pese a sus simpatías por el Kaiser, jamás involucró al régimen contra la Historia de Occidente, ni Venezuela fue una nación delictiva dirigida por terroristas y narcos.
* La foto de hoy es un aviso del año 1929 aparecido en la revista Elite promocionando la venta de terrenos en la urbanización El Conde, tal como dice el aviso, a 5 cuadras del mercado de San Jacinto, ubicado a una cuadra de la Plaza Bolívar. Era una urbanización para la clase media, donde en los planos de la vivienda no estaba incluido el garage para los vehículos, privilegio inicial que le correspondió a la urbanización Los Rosales, pocos años después, y ambas construidas por Juan Bernardo Arismendi, el gran constructor de Caracas en esos años, urbanizaciones que estaban surgiendo gracias al crecimiento fiscal por el petróleo. En la Caracas de Gómez, como ahora, no se construyó ni un edificio público porque todo estaba destinado a Maracay, la ciudad de sus intereses pecuniarios. Caracas era entonces del mismo tamaño desde su fundación y El Conde era una hacienda de caña propiedad del general Guzmán Blanco y la llamaron así en homenaje a la condadura francesa otorgada al Ilustre Americano. Vainas de sapo rabuo digo yo. Las cosas en Venezuela cambian tanto para que no cambien, que por ejemplo la Hacienda Guayabita, la de los toros de casta, ha sido sucesivamente y por volapié, del general Páez, luego del general Guzmán Blanco y después del general Gómez, por ese arte de birlobirloques que son la justicia y la ley en Venezuela y la lenidad en los castigos a los corruptos. Las crónicas y las pocas fotos viejas de esa zona tomadas desde el cerro de La Charneca o Marín solo muestran los escombros del lazareto de Caracas y las crónicas de allí son dantescas porque los hombres y las mujeres enfermos de lepra querían violentar las rejas que los separaban para consolarse mutuamente, hasta que vino mi amado obispo, el sevillano Diego Antonio Diez Madroñero en la segunda mitad del siglo XVIII, quien puso orden en el relajo caraqueño y metió en cintura a los habitantes de la ciudad. Si yo tuviera que hacer un gabinete All Star de la Historia criolla les aseguro que Diez Madroñero sería mi ministro del Interior, el viejo Arismendi estaría en Obras Públicas con el doctor Liendo Coll en Sanidad y con el doctor Calvani en la cancillería. Mejor no sigo porque se me acabó el espacio y me puede sobrar mucho la imprudencia.

Fuente:

LARGO SEPELIO

EL NACIONAL, Caracas, 29 de octubre de 2017
Hacia la muerte histórica
Elías Pino Iturrieta
 
Los fenómenos históricos marchan con calma hacia el cementerio. Su desaparición no es automática. Está sujeta a pugnas entre el presente y el porvenir que parecen interminables. La búsqueda de la inmediatez de los cambios es una ilusión sostenida en las necesidades de quienes padecen las vicisitudes de una época determinada. Sin embargo, la inmediatez es detenida por la influencia de los factores que han hecho domicilio en el interior de un establecimiento y pretenden permanencia, pese a los deseos de quienes claman por una mudanza perentoria. El reloj habitual no sirve para medir el tiempo de las grandes transformaciones de la sociedad. Solo tiene utilidad para calcular el horario fugaz de quienes lo llevan en la muñeca. La impaciencia está condenada a perder la batalla con los dominadores de los grandes procesos que conmueven a las sociedades. Son cosas que no digo por primera vez, las he asomado en el aula y en mis páginas, pero vuelvo a ellas cuando veo la juramentación de los adecos ante la constituyente y las iras que ha provocado. Trataré de explicarlas desde mi deformación de historiador.

La “revolución bolivariana” no es una novedad en el transcurso de los hechos esenciales de la segunda mitad del siglo XX, sino una señal de postrimerías. En la década anterior al advenimiento de Chávez, o quizá antes, sucede un declive de la democracia representativa que facilita la posibilidad de lo que parece un desenlace, pero que solo es la evidencia del pronunciamiento de una decadencia que todavía no puede llegar a su desembocadura. La precariedad creciente de las organizaciones políticas, la importancia cada vez menor de los liderazgos dominantes, la mengua de la capacidad de convocatoria que antes movía masas entusiastas y crédulas, la multiplicación de actos de corrupción que pasan impunes permiten que unos protagonistas nacidos y crecidos en el seno de la misma situación se ofrezcan como reemplazo y remedio. El ocaso los invita, les pone alfombra para el tránsito, porque son parte de la misma fauna aunque se anuncien como figuras de una realidad distinta. El “socialismo del siglo XXI” es propuesto e iniciado por actores semejantes a los que quieren sustituir, parecidos como gotas de agua, criaturas del mismo vientre y guiñoles del mismo teatro en ruinas. No se les teme porque son asunto conocido, porque han actuado en las esquinas de la sociedad sin convertirse en amenaza inmanejable. Pasan de la periferia al centro, en el desarrollo del único libreto que pueden escribir unos autores extenuados y simular unos histriones que han perdido el imán. Ni siquiera las consignas son nuevas, ni las proclamas ni los uniformes de los lanzadores de arengas tempestuosas. Vienen del mismo vientre, mientras el público siente que contempla un debut. Ilusión, porque estamos ante un asunto de familiaridad.

Los factores del pasado que sienten el riesgo de su fin buscan avenimientos que les permitan supervivencia. Miran hacia una fauna del mismo pelaje viejo y seco, aunque esté retocado con colores de moda, para evitar el empellón que de veras los saque del juego. Cuando la sociedad se propone en medio de tropiezos infinitos, entre tumbos que parecen infructuosos, la inauguración de tiempos nuevos y realmente diversos, los elementos decrépitos se juntan para disimular su agotamiento, o para prolongar un moroso viaje a través de gestos desesperados. La reunión de los adecos juramentados con los juramentadores de la “revolución” no es el encuentro de lo viejo con lo nuevo, del presente con unos antecedentes dormidos en sus túmulos, sino lo más parecido a la armonía de los ancianatos. Los ancianos se las arreglan para seguir dando guerra. Sienten que las malas artes de la juventud los han dejado en la orilla del camino y se aferran a las vitaminas fabricadas en su cocina, que les darán un tercero o un cuarto aire que no quiere soplar.

En consecuencia, la operación de supervivencia no viene ahora de una transacción de fuerzas antagónicas, sino del lazo que establecieron desde antiguo para seguir en el candelero. No llevan a cabo una traición, por lo tanto. Solo ponen cuatro pulmones para inflar el mismo salvavidas. Si preguntan sobre el hasta cuándo, si quieren saber sobre lo que debe suceder con la logia de vejestorios, debo recordar que el cronómetro de la historia se toma su tiempo.

Fuente:
Ilustración: Giuseppe Veneziano.

CARISMA Y REVOLUCIÓN

EL UNIVERSAL, Caracas, 29 de octure de 2017
Aprender de la Revolución
Nelson Totesaut Rangel
 
El 9 de septiembre de 1976 moriría Mao Zedong. Se hablaría de la pérdida del “Mandato del Cielo”. Y, como es característico en los regímenes totalitarios, la China de aquél tiempo no sabía qué hacer el día después de la desaparición física del líder. Empezaría entonces una pugna por el poder, paralelo a las lágrimas que escondían la verdadera emoción del momento: una ambición feroz que velaba por recoger intacto el poderío absoluto que tuvo el Gran Timonel.

Previo a esto, movido por el temor del proceso de desestalinización, Mao sabía que tenía que buscar a alguien cuya lealtad fuera incuestionable. Por ello, a finales de 1960, posicionó las fichas necesarias para que el poder ex post recayera en manos de su inquebrantable aliado, Jefe del Ejército de liberación Popular, Lin Biao. Durante la Revolución Cultural, Biao fue artífice del retorno de Mao a la palestra del poder, el cual había tenido que abandonar (al menos, desde el punto de vista de la toma de decisiones) luego de que su “Gran Salto Adelante” resultara un fracaso; saldando una cifra estimada entre los 30 y 50 millones de muertos por hambruna.

La Revolución Cultural demostró, una vez más, la suprema capacidad de estratega político que tenía Mao. El primer paso lo dio Biao, quien publicaría los pensamientos del líder (en un libro que luego se conocería como el Libro Rojo de Mao) para la formación de las tropas. Lo siguiente fue movilizar a la juventud, para que se conformaran las Guardias Rojas y así comenzara una guerra absurda cuyo único fin era demostrar quién era más revolucionario. A este movimiento se le empezaron a sumar obreros y campesinos, era una guerra civil entre compatriotas del mismo partido.

Mao había logrado su cometido: apelar por la anarquía para crear un vacío de poder. Ante esto, su incondicional aliado, Lin Biao, sacó el ejército a la calle, reprimió las revueltas, purgó al partido y mandó a los jóvenes al campo. Esto último para que se formaran bajo las raíces de los verdaderos revolucionarios (luego se les conocería como los “jóvenes instruidos”), dejando así las universidades vacías, y culminando el caos. Inmediatamente se convocaría el XII Pleno del Comité Central. Aquí se destituiría al regente de aquel entonces: Liu Shaoqi, dejando el campo libre a Lin Biao, quien sería ratificado en el IX Congreso del Partido Comunista (1969). Mao ya tenía resuelto la continuación de su legado, al menos eso pensaba.

Lin Biao se sentía el líder de aquél entonces, incluso por encima de Mao. Había sido quien lo restituyera en el poder, y estaba consagrado con el beneplácito para llevar los designios del país. No obstante, su prisa fue su declive. Mao percató cómo su sucesor pretendía asumir sus funciones previo antes de que él muriera. Y, luego de que Biao intentara un golpe de Estado, tuvo que huir con toda su familia en una avioneta con destino a Mongolia. Con el infortunio final de que perdería su rumbo y, de una forma “misteriosa”, cayera en los llanos vegetales mongoles, sin sobreviviente alguno.

Ahora, con un Mao envejecido y un sucesor muerto, empezaría la verdadera carrera por el poder. Por un lado se encontraba Zhou Enlai, líder revolucionario de primera generación, artífice de la política exterior China y hombre de entera confianza de Mao. Por el otro lado “La Banda de los Cuatro”, la cual estaba conformada por Jiang Quing (la esposa de Mao) y otros tres comunistas radicales. Enlai parecía tener la mejor oportunidad para acceder al trono, pero su avanzada edad no se lo permitía. Es por ello que tenía a un protegido a quien delegar sus funciones: Deng Xiaoping. Empero, el 8 de enero de 1976 moriría Enlai, dejando paso libre a la “Banda de los Cuatro” y generando otro caos interno por la lucha del poder.

Estos eventos chinos nos sirven como ejemplo para apreciar la debilidad de las revoluciones que se fundamentan bajo el totalitarismo de un líder carismático. Luego de la desaparición del mismo suele venir una crisis política interna, ya que su egocentrismo no les permite crear un modelo ajeno a su imagen, el cual pueda emanciparse de la misma, sin necesidad de otra revolución.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/aprender-revolucion_675515
Ilustración: Giuseppe Veneziano.

sábado, 28 de octubre de 2017