sábado, 1 de agosto de 2015

BITÁCORA


Un buen madruganazo para el programa radial con Manuel Felipe Sierra y Eduardo Martínez Díaz: el Esequibo, el Papa Francisco, las inhabilitaciones. En fin, el comentaio sesudo de ambos y la llamadas telefónicas para responder. Inevitable, tomar la vista desde el edificio KLM, frente al Parque del Este, sede de Radio Venezuela.

"Redibujando a Caracas en Contexto", exposición que se realiza en la sección de Libros Raros de la Biblioteca Nacional, segundo piso del Foro Libertador. Por fortuna llegamos a tiempo para el conversatorio de María F. Sigillo y Caracas en Retrospectiva. Por una parte, la exposición es fruto del meritorísimo esfuerzo de la psicóloga y dibujante convertida en historiadora y cronista de la ciudad, cuyo pasado colonial ha investigado con sorprendente precisión: Danáee Alvarado Cabrera. Reconstruirlo ha significado apelar a su talento artístico, colocando en perspectiva lugares, inmuebles y personales de la época. Comentó, por ejemplo, que esgrimió la data histórica disponible y con la ayuda de una arquitecto amiga levantó el estupendo plano de una ciudad repleta de hstorias y de detalles.  Y, por otra, superando algunos problemas para el empleo efectivo del monitor (pues, tardaron en localizar la clave de acceso a la pc),  se desarrolló el conversatorio sobre la experiencia de Caracas en Retrospectiva. El espontáneo y cordial intercambio, enriquecido por las anécdotas. El ciclo aniversario de la ciudad no concluye, mientras haya la nostalgia creadora.



Al salir del conversatorio, el Foro Libertador fue escenario de un operativo pdvaleano: colas largas, cada vez más argas, anidaron en el Foro Libertador, sede de la Biblioteca Nacional y Vive TV.


Después, la sede administrativa de la Asamblea Nacional, desde el piso 3 del edificio "José María Vargas" de Pajaritos.

FÓRMULA

LATIDOS

EL IMPULSO, Caracas, 31 de julio de 2015
Ciudades vivientes
Claudio Beuvrin

Los arquitectos, por deformación profesional, solemos ver a las arquitecturas y las ciudades como objetos que pueden ser analizados racionalmente, esto no es condenable por se, pues es inevitable en la práctica profesional
Una visión exclusivamente técnica convierte a la ciudad en un objeto congelado,vacío como ruinas de las que solo vemos formas, dejando de ver lo más significativo: como la gente vive en ellas, como las usa; lo que las ciudades y la arquitecturas le hacen a la gente y como estas reaccionan modificando la ciudad. Si el profesional no es capaz de ver esta dinámica simplemente no entenderá a la ciudad, y tampoco entenderá mucho de la gente. De aquí la importancia de saber acerca de las muchas cosas que las escuelas de arquitectura y urbanismo no difunden porque simplemente el tiempo no alcanza para divulgar todos los conocimientos que se requieren.
Por supuesto, sociología, economía, historia, etc. son lecturas obligantes para entender las ciudades. Desde Jane Jacobs a Jan Gehl la ciudad moderna ha sido descrita como la contradicción entre lo que los arquitectos y urbanistas suponen como debe funcionar y como ella funciona realmente y podría citar muchos autores que andan en esa tendencia. Pero hay otras maneras de complementar nuestro entendimiento de lo que es la ciudad: desde la literatura, la crónica y la poesía.
Las ciudades venezolanas tienen sus ángeles guardianes en personas como Marco Negrón, Federico Vegas, William Niño, Rafael Cartay y quedan muchos por citar. Uno de estos ángeles guardianes es Rubén Monasterios y sus "Caraqueñerias”, publicado en el 2003 pero que solo ahora logré comprar. Rubén hace precisamente lo que ayuda a entender a la gente en la ciudad: habla de los monumentos errantes; de los nombres de sus esquinas; de lo que comen los caraqueños. Nos habla de sus muchachas y de como antes se utilizaban las ventanas para el coqueteo amoroso pero también como se aliviaban en las áreas públicas las emergencias eróticas siempre a riesgo de ser descubiertos por la autoridad. Nos habla también de sus fantasmas, personajes que –añado yo- desaparecieron de la ciudad para refugiarse en las listas de votación del CNE. Hay que leer de Ítalo Calvino, Las Ciudades Invisibles, del que recomiendo la nota preliminar en la cual dejar ver qué difícil es captar la ciudad y describirla adecuadamente.
Si estuviera a mi alcance, propondría que en las escuelas de arquitectura, antes de entrar en materias técnicas, los estudiantes pasen un año aprendiendo a ver cómo la gente usa las arquitecturas y las ciudades. No faltará quien diga que perdemos un año para el pensum pero ganaríamos varios años de sabiduría.

PRECISIÓN

EL UNIVERSAL, Caracas, 01 de agosto de 2015
Francisco y la teología
Félix Palazzi

A lo largo de sus discursos, el papa Francisco viene teologizando su acción pastoral desde criterios que provienen de la corriente llamada "Teología del Pueblo". Como explicaba el teólogo Luciani hace unos días en su columna, dicha corriente nace en Argentina durante los años 60 y forma parte de una rama de la teología de la liberación que pone su atención en la evangelización de la cultura por medio de la transformación socioeconómica, política y religiosa. Esto se traduce en la promoción integral del sujeto humano, el fomento del diálogo sociopolítico y la práctica de la justicia social. Este marco teológico-pastoral lo hemos apreciado con claridad, y quizás con sorpresa para muchos, en sus discursos durante su viaje a Sudamérica.
La teología del pueblo se inspira en el llamado que hicieron los obispos argentinos en 1969 al publicar el "Documento de San Miguel". Aquí encontramos muchos de los criterios y las líneas pastorales que el Papa viene promoviendo como camino de fidelidad a lo expresado en el Concilio Vaticano II (1962-65) y las asambleas generales de las conferencias episcopales latinoamericanas, especialmente las reunidas en Medellín (1968), Puebla (1979) y Sao Paolo (2007). En esta última Francisco hizo sendas reflexiones sobre la "evangelización de la cultura".
Podemos destacar 4 llamados que hace el Documento de San Miguel y que nos pueden ayudar a ubicar el contexto teológico-pastoral de las recientes palabras del Papa. Todas ellas giran en torno a lo que él ha llamado una "Iglesia pobre y para los pobres", siguiendo el mensaje de algunos de sus predecesores como Juan XXIII y Pablo VI.
(a) El escándalo de la inequidad: "tenemos no solo derecho, sino el deber de denunciar la carencia injusta de los bienes de este mundo. Es un deber, porque la injusticia es un pecado que clama al cielo. No es solo un pecado personal, sino también social, que desintegra la comunidad, atenta contra la paz y rompe la unidad".
(b) Recuperar una real participación del laicado: "dar un testimonio más lúcido de nuestra pobreza real y sincera pasa por buscar los modos de ir integrando a los laicos en la administración de los bienes eclesiásticos a todos los niveles".
(c) Eliminar el sistema sacral de privilegios: "renunciar a todo privilegio de tipo personal, es decir a todo favor, beneficio o preferencia".
(d) Desideologizar el mensaje cristiano: "la necesidad de una transformación rápida y profunda de la estructura actual nos obliga a todos a buscar un nuevo y humano, viable y eficaz camino de liberación con el que se superarán las estériles resistencias al cambio y se evitará caer en las opciones extremistas, especialmente las de inspiración marxista, ajenas no solo a la visión cristiana sino también al sentir de nuestro pueblo".
El discurso de Francisco no responde a ideologías socialistas, comunistas o capitalistas. Su opción teológico-pastoral revela un urgente llamado a ser fieles al Evangelio, a generar procesos de cambio que respeten la dignidad humana y busquen el bien común. Por eso insiste en que la Institución eclesiástica no sea un partido político ni un sistema de adoctrinamiento religioso, sino una institución formada por personas que se deban al servicio de todos y vivan en fidelidad al Jesús de los evangelios.
Como lo recordó en Bolivia: "la luz del Evangelio de Cristo no es propiedad de la Iglesia; ella es su servidora. La fe es una luz que no encandila, las ideologías encandilan, la fe es una luz que no obnubila, sino que alumbra y guía con respeto la conciencia y la historia de cada persona y de cada convivencia humana" (8-7-2015).
(*) Doctor en Teología

Cfr. Teología del Pueblo: https://soundcloud.com/teologiahoy/francisco-y-la-teologia-del-pueblo-de-la-religion-cultual-a-la-religacion-fraterna

NOTA DE TRISTEZA

Una visita al museo
Nicomedes Febres

* Ayer fui a trabajar al CEGA y al mediodía, como debía esperar a la encargada del turno de la tarde me acerque al Museo de Bellas Artes para ver si me tomaba un café. El museo está fantasmal, sin gente y de 18 salas de exposición, solo las dos de la entrada a mano derecha estaban abiertas con una expo de la colección de escultura en bronce. Ni una imagen nueva, desde Epstein y Moore hasta Agustín Cárdenas, cuando esas esculturas se compraron el petróleo estaba a un dólar el barril, y en estos 16 años, cuando el barril ha llegado a estar a 140 dólares, no han comprado ni una mísera escultura. Los baños clausurados y la gente que labora en el museo desencantada y triste, además ya se agotó el presupuesto de este año. Ellos me recibieron con el afecto y la amabilidad de siempre y soltaros gran cantidad de quejas. Ni siquiera culpo a la administración actual del museo, sino a las cabezas anteriores, y especialmente a Farruco Sesto quién trató de prostituir a todos los museos con sus megaexposiciones y recortes presupuestarios. Los museos hoy están en hibernación y no cayeron en la prostitución gracias a sus empleados. Luego fui a la feria del libro porque en los museos uno no se puede tomar un café porque clausuraron las cafeterías. La feria patética, con unos 20 stand vendiendo libros viejos, unas editoriales privadas con libros de autoayuda tratando de sobrevivir y nadie había vendido nada y las del Estado dedicadas a vender libros sobre el difunto de todas las formas y colores. La poca gente que circulaba por allí eran unos menesterosos y busca vidas. Definitivamente esta revolución fracasó estruendosamente, ni gente había, más allá de esos ganapanes. En un kiosco, y ya con hambre, me comí media hamburguesa infecta de 370 Bs, sin mostaza porque “en Venezuela no se produce mostaza”, según me informo la vendedora. Una chicha que estaba bien a 90 Bs el vaso, y luego me senté a conversar con dos fotoperiodistas de un pasquín llamado Ciudad Caracas que financia la alcaldía de jorge rodríguez. Les pregunto por la colección de fotografías de Torito que compró el viejo Domínguez Sisco en los años 1960 para el concejo municipal, y me responden que Tiuna Films se la robó, a lo que haciéndome el pendejo les digo que cuándo, porque yo las había visto cuando bernal era alcalde, cosa que es mentira, y uno de los fotógrafos me replica preguntándome que quién es Torito. Pana, Torito es el más importante fotorreportero de Caracas entre 1900 y 1940, y quizás de todo el siglo XX, le contesto. Imagínate que salía todas las mañanas a tomar fotos en la ciudad y luego se las vendía a los periódicos a 5 Bs cada una. Cuando vendía una o dos se sentía satisfecho. Era el único fotógrafo que le decía sin miedo a Gómez donde se debía poner para la foto. El tipo amoscado, se quedó mirando a su hamburguesa. Yo la mía se la pase a uno de esos ganapanes con quien me cruce mientras regresaba al museo para ir al CEGA. Le comento algo al pobre hombre y me dice con toda ingenuidad: menos mal que con estos libros, los vendedores de droga se ha escondido un poco por la presencia de la policía, porque esta plaza siempre es un antro de venta de drogas. Así está la otrora gran plaza de los museos, el corazón cultural de la Caracas de antes. Recordé cuando el presidente Betancourt inventó aquello del hampoducto que consistía en que al malandraje que agarraban lo enviaban al Dorado cada día en un avión que salía de La Carlota cada mañana, hasta que el malandraje heredado de Larrazábal y su plan de emergencia fue metido en cintura.
*
La foto del día no puede ser otra que de los museos, de cuando éramos felices y no lo sabíamos.

Fuente: https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10206756838300318:0

A PROPÓSITO DEL ENREDIJO MORAL Y CONCEPTUAL DE AHORA

EL NACIONAL, Caracas, 11 de febrero de 2015
El mundo de los Beatles
Aníbal Romero

Hace poco más de medio siglo, en febrero de 1964, los Beatles llegaron por primera vez de gira musical a Estados Unidos. Si bien ya para entonces su popularidad se acrecentaba día tras día, esa visita al enorme y dinámico mercado norteamericano fue decisiva en el camino de conversión de un fenómeno que empezó en la ciudad inglesa de Liverpool, en modestos locales visitados por escasos y dedicados seguidores, en una tormenta sociocultural de alcance global, con repercusiones que aún experimentamos. Me refiero, desde luego, a lo que se denomina cultura popular, que de un modo u otro nos atañe a todos.
Lo que en estas notas designo como “el mundo de los Beatles” constituye en realidad tres mundos, obviamente interconectados pero a los que resulta útil distinguir. De un lado el mundo de la música de los Beatles; de otro lado el entorno en que esa música se insertó, del que fue expresión y al que contribuyó a cambiar. Finalmente el espacio y búsqueda vital de la banda o grupo musical como tal, el de las cuatro personalidades que integraron ese misterioso motor de creatividad, sobre el que diré pocas palabras.
Para la generación a la que pertenezco, que éramos adolescentes y jóvenes en los años sesenta del pasado siglo, los Beatles fueron una revelación y un ícono o símbolo de pertenencia e identidad muy importante. Y ello se aplica nos gustase o no su música, su estilo e impacto en diversos planos de la existencia, desde la moda hasta la escogencia entre rebelión personal o adaptación al medio ambiente que nos rodeaba.
Estoy lejos de proclamarme experto en asuntos musicales, se trate de música clásica o popular, pero no se requerían hondos conocimientos para apreciar, durante esos años de inmensas transformaciones en Occidente, que los Beatles tenían enorme talento, y que su música jamás se estancó en el pantano de lo puramente comercial, sino que evolucionó con intensidad y originalidad en cuestión de poco tiempo, definiendo una época, inspirando a centenares de imitadores en todas partes, y deleitando a millones de fans alrededor del planeta.
En una primera etapa su música fue ciertamente directa, clara y sin adornos, un rock a la vez simple y lleno de fuerza; pero ya hacia la mitad de esa década convulsionada y aventurera, con sus LP Alma de goma (Rubber Soul, de 1965) y Revolver (1966), los Beatles dieron pasos cruciales hacia esa cima de la música pop que es el LP titulado El Sargento Pimienta y su banda de corazones solitarios (1967), un producto de excepcional sofisticación y calidad en su ámbito que reacomodó, recompuso y reconstruyó la música popular desde sus cimientos. El Sargento Pimienta expresó las inquietudes de toda una generación, la del “flower power”, la del “verano del amor” y el Festival de Woodstock. Para los que observábamos todo esto desde Venezuela, las vibraciones de ese huracán sociocultural nos resultaban a la vez lejanas y extrañamente propias.
Con el paso del tiempo y debido a los efectos de la beatlemanía a nivel global, se perdió de vista un hecho clave: los Beatles eran profundamente ingleses. Cuando estos cuatro muchachos de Liverpool, todos ellos nacidos en el seno de los sectores sociales menos pudientes de la empobrecida Inglaterra de los años cuarenta y cincuenta, arribaron a Nueva York en 1964, se puso de manifiesto un singular contraste. Por una parte, miles de adolescentes se agolpaban para presenciar sus presentaciones personales en teatros y estadios, en medio de un ensordecedor bullicio y un incontrolable tumulto, que impedían escuchar la música y amenazaban con desbordarse en violentos motines. Pero por otro lado y sorprendentemente, lo que se veía en el escenario era a cuatro jóvenes, con el cabello sin duda un poco largo (muy poco para entonces) pero simétricamente cortado, que cantaban y tocaban sus guitarras eléctricas sin excesivos movimientos, vestidos con formales trajes oscuros, camisas blancas y corbatas, y quienes al concluir cada pieza hacían una profunda reverencia, como si estuviesen inclinándose ante la reina Elizabeth II.
Durante ese primer período de su desarrollo los Beatles encarnaron la profunda relación inglesa entre la libertad y el orden, entre el cuestionamiento a lo existente realizado, no obstante, dentro de una estructura de convencionalismos y normas que se sostienen en el tiempo sin grandes fisuras. Pero ese equilibrio, originado en tradiciones arraigadas en el lugar y tiempo en que los Beatles crecieron desde la niñez a la juventud, quedó atrás a medida que se convertían en un fenómeno cultural planetario. El mundo en que surgieron los Beatles se movía precariamente, como sobre una cuerda floja, entre el pasado y el futuro. Con los Beatles a la cabeza en el terreno musical, ese mundo se lanzó desbocadamente hacia el futuro.
¿Y qué mundo nació en los sesenta, una década inigualable en cuanto a experimentación vital en todos los órdenes? Ni el espacio ni el limitado propósito de estas notas permiten indagar sobre un tema tan vasto y complejo. Tan solo apuntaré lo siguiente a manera de conjeturas exploratorias. Pienso que si bien es cierto que esos años generaron inmensos cambios culturales en numerosos terrenos, las transformaciones políticas como tales no fueron tan grandes en el corto y mediano plazo, con las únicas excepciones del movimiento a favor de los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos y contra la guerra de Vietnam. En otras palabras, las democracias avanzadas de Occidente siguieron siendo gobernadas, en lo esencial, como venía ocurriendo desde 1945. Sin embargo, los hondos procesos de transformación cultural y tecnológica tuvieron eventualmente una impresionante repercusión política.
De un lado, creo, sería errado subestimar los efectos que la rebelión juvenil en Occidente tuvo más allá de la Cortina de Hierro, en los países comunistas de Europa Oriental y la URSS. Las nuevas actitudes y valores ejercieron su influencia en la gradual desilusión de las nuevas generaciones frente al anquilosado y mediocre clima cultural del socialismo soviético. De otro lado, el hedonismo de la generación de los Beatles y las siguientes, la rebeldía contra el mundo heredado de los padres, una rebelión que carecía de clara conciencia acerca de lo mucho que los jóvenes debíamos a ese pasado, produjo en Occidente la generalizada convicción de que todo estaba y está permitido, de que la libertad equivale al libertinaje y de que las responsabilidades son cargas más bien inaceptables, de las que es imperativo en lo posible escapar. Como resultado, al menos parcial, de todo ello, nuestra civilización hoy se encuentra crecientemente extraviada en cuanto a los valores que dice defender, y sobre todo en cuanto a qué sacrificios está dispuesta a hacer para protegerlos.
Sería desde luego absurdo e injusto atribuir a los Beatles la culpa de esto, aunque alguna culpa recae sobre sus hombros. Lo digo pues la banda, y en especial su líder, John Lennon, potenciaron extraordinariamente la transfiguración de las estrellas de la música popular y el cine en especie de personajes mesiánicos, profetas de una nueva era de paz y armonía, basada en la bondad y en una inextinguible superficialidad interpretativa sobre la naturaleza humana y las complejidades y exigencias de la política. Cabe en tal sentido recordar los famosos “happenings” en los que Lennon y su esposa japonesa, Yoko Ono, se mostraban ante una ingenua y frívola prensa internacional sentados sobre una cama durante varios días, posiblemente drogados, exponiendo un evangelio confuso en aras de una etérea paz mundial.
Desde luego, todo esto podría ahora considerarse inofensivo y hasta ridículo. No obstante en su momento no fue tan fácilmente desestimado, y me atrevo a sostener que durante esos años y a través de personajes como Lennon, empezó a tomar cuerpo un proceso de ablandamiento psicológico y enredo moral y conceptual que hoy ha devenido en el credo acuoso de la “corrección política”, de aquello que en Europa algunos califican como “buenismo”, y que se resume en el postulado según el cual la paz es un fin en sí mismo alcanzable mediante los buenos deseos de algunos idealistas iluminados, y no la consecuencia de la seguridad, así sea precaria (siempre lo es) afirmada entre los diversos actores del sistema internacional.
Obviamente, lo anterior nos aleja de los Beatles como grupo musical y de sus diversos y con frecuencia notables logros en su campo. Su impacto sociocultural es innegable y su carrera en diversos planos sintetizó ese tiempo casi mágico, los sesenta y setenta del pasado siglo, tiempo que fue una moneda de dos caras: De un lado una explosión de la imaginación y la creatividad en diversos órdenes, y de otro lado un deslave moral en el que millones terminaron escapando de la realidad por diversos métodos, sin conseguir las más de las veces otra cosa que una muerte estéril en el abismo de la droga.
Concluyo con esto: dediqué unas horas el pasado fin de semana a escuchar otra vez algunos de los grandes discos de los Beatles. Admito que me invadió una gran nostalgia, la que todos –presumo– sentimos al recobrar un pedazo de nuestra juventud.

CUADERNO DE BITÁCORA

Libro de mesa. Publicado por Scyla Editores, Barcelona. Impreso en China, con un papel de mala calidad, amplia las reseñas acostumbradas sobre la banda. Su autor, periodista del espectáculo, por lo que vimos en este ejemplar expuesto en Libros Raros de la Biblioteca Nacional, nos llamó la atención - además - porque nos interroga sobre el futuro del libro musical impreso, cuando las redes abundan sobre la materia y la hipertextualización contribuye a precisar y escuchar las canciones referidas. Abundancia relativa, ya que cuesta también hallar novedades. Una de éstas sería la de apreciar ciertos valores musicales en la perspectiva del rock, ya que la infopista es un comenterio inmenso  de sitios que, por interesantes que fuesen, ceden el espacio a aquellos más ligeros, banales, pasajeros.Entendemos que antes eran necesarios los impresos, pues, no había otra manera de acceder a la información; mas, ahora, mientras no haya censura, un dato importancia, se hace más fácil saber de los grupos convertidos en leyendas. Agreguemos que, antaño, hubo locutores que hacían algo más que pinchar un disco y, como Iván Loscher, ofrecían sesudos comentarios provenientes, por lo general, de las revistas especializadas que llegaban al país.


Por cierto, nos permitimos comentar el ejemplar con el referencista, quien - no sin halagar a los "zepelines" - tiene por referencia al Pink Floyd. A pesar de la edad, quizá no llega a la treintena, nos dijo rechazar la "música" de estos días, excepto se trate de una rumba que la hace inevitable, pero no la oye con exclusiva atención y disfrute.

La prensa española en red, otro ejemplo (http://cultura.elpais.com/cultura/2015/07/31/actualidad/1438341570_004725.html), todavía presta atención a la banda. Demasiado excepcionalmente, la ponen en la perspectiva aludida, prefiriendo alusiones como el de la estrategia comercial de la masterización, bien calculada, o los frecuentes tributos recibidos. Hay mens nostalgia que constatación de una ausencia del alternativas exitosas en el mercado.
LB