domingo, 25 de febrero de 2018

LA VÍA CÍVICA Y PACÍFICA DE LOS INCALABLES COMICIOS

Non bis in ídem
Guido Sosola

Ya no son dos, sino varias las veces con el mismo problema: las elecciones en dictadura.  Después de la celebérrima consulta popular del 16 de julio del ’17 y del evidentísimo fraude del 30 de julio del mismo año, los cuatro partidos que tienen la marca de la MUD, se atoraron y concurrieron a las regionales y a las municipales para proclamar una anticipada y rumbosa victoria.
El gobierno los dejó con los crespos hechos y se afincaron con los abstencionistas, soslayando la juramentación ante la tal constituyente de cuatro gobernadores que hoy sólo mantienen la nómina, pidiendo y quizá recibiendo uno que otro recurso.  En nombre del electorado, asumieron los cargos, como si no hubiese sido otro el mandato.
El afincamiento se hizo en nombre del voto y, llenando todas las redes sociales, muchos se dijeron sufragantes hasta el fin de sus días, como no lo hicieron el 30. Banalizando el asunto, se hicieron de un fetichismo espléndido: he acá el retroceso abismal en términos de cultura política, pues, acríticos, luego callaron ante el fracaso.
Ahora la noticia es que del cuarteto del partido que hicieron profesión de fe antiunitaria, yendo arbitrariamente a cuanta elección se convocó, anuncian con bombos y platillos que no irán – claro está, unilateralmente – a las presidenciales rogando que se posterguen para ver si les va mejor, validándose plenamente como … partidos. Esa es la noticia y no el fracaso dramático del diálogo dominicano que estaba avisado con lo acaecido en 2014 y 2016, porque – hubiese sido el colmo – los superhéroes no le firmaron al régimen.
Aunque suene paradójico, la vía pacífica y cívica es la de no calarse estos comicios que la comunidad internacional no afianza ni afianzará. No sólo por aquellos de guerra avisada …, sino porque – cuarteados internamente – deben aceptar una realidad que terminó de darles alcance: hacer política es algo más que un romancero mediático.

20/02/2018:

¿POR DEBAJO O POR ARRIBA?

Transición en la transición
Luis Barragán

Días atrás, ocurrimos a la excelente exposición “cerrada” de un destacado politólogo del cual, frecuentemente, discrepamos en torno a sus posturas públicas. Versó sobre las transiciones post-dictatoriales universalmente conocidas, arribando a conclusiones que suscitan inquietud, aunque – en lo personal – jamás resignación. 

El caso está en que tales procesos requieren de las destrezas, el conocimiento, la honestidad y, sobre todo, la convicción y el compromiso de quienes los aspiran.  Por lo general, son los actores políticos – digamos – consagrados de una oposición a la que, por cierto, en el caso venezolano, le urge experimentar su propia e irremediable transición para conseguir y consolidar las conquistas democráticas indispensables. 

Más de las veces, fallando en sus diligencias, no aceptan cuestionamiento y, menos, reemplazo en las filas conductoras: tozudos, también preservados como los interlocutores ideales de una dictadura, permanecen. Vale decir, no aceptan con humildad el costo político de sus fracasos, trasladándolos con más hambre, miseria y censura al país.

La Fracción Parlamentaria 16 de Julio, democrática, unitaria y opositora, fue extremadamente clara y didáctica al rechazar el llamado diálogo de República Dominicana, cuyas advertencias lamentablemente se cumplieron. Hubiésemos deseado equivocarnos, pero no ocurrió así agravándose la situación nacional.

Ahora, insistimos en la imposibilidad de concurrir a los comicios presidenciales de un demencial y obsceno ventajismo que  afianzará la vocación totalitaria del régimen. De no postergarse la fecha, como puede ocurrir en la búsqueda de un contendor de peso que diga legitimarlo, está a la vuelta de la esquina el festival madurista, por lo que se hace cada vez más tarde para la rectificación de aquellos que de un modo directo o indirecto se sienten convidados a la fiesta, cotizando su participación.

19/02/2018:

PUENTE SOBRE UNA REALIDAD TURBULENTA

Vista aérea
Luis Barragán

Impresionantes las fotografías del puente internacional “Simón Bolívar”, tendido entre el territorio venezolano y el colombiano. Cúcuta como el destino desesperado de las multitudes de acuerdo a una extraordinaria imagen, huyendo despavoridas del socialismo que las atormenta. No obstante, quedó la inquietud y, gracias a nuestro amigo de muchos años, el siempre combativo diputado tachirense,  Alvaro Peña, despejamos buena parte de nuestras interrogantes.

Migrar definitivamente es una decisión audaz con ribetes heroicos, sobre todo cuando se trata de salvar a los más jóvenes de nuestro desastre. El testimonio gráfico hace pensar en un ritmo  de mudanza que, además, es numéricamente imposible de sostener a diario, y que ni siquiera se compadece con las conocidas escenas de Siria, como bien lo dijo nuestro amigo.

Siendo demasiadas las intenciones,   legítimas por lo demás,  de buscar  otros derroteros,   bastará con pasearse por sus enormes exigencias logísticas, el profundo temple que requiere y la disposición de sortear las dificultades que el azar abanica en una empresa – por doméstica que fuese – de magnitudes considerables, añadida las afectivas. Por ello, con la salvedad de los grandes ladones del régimen que todavía huyen al asedio de los propios cómplices que embarcaron, allende las fronteras, la diáspora venezolana también es síntesis del coraje, aunque acá queden y sobren los moralistas que, simplemente, no han podido irse, sin que tampoco aporten a la lucha cotidiana contra la propuesta totalitaria en curso.

Las fotografías en cuestión, rescataron uno de los miles de instantes de atascamiento en el puente, ya que las autoridades colombianas solicitaban la documentación personal de los transeúntes. Porque los son, ya que la frontera mantiene todo el sempiterno dinamismo que confunde, en un mismo hábitat, a venezolanos y colombianos.

Unos y otros transitan a diario el puente para adquirir insumos también para la venta al detal y no lo hacen por las consabidas trochas, porque ya el peaje asciende a un costo alarmante. Medio bulto de arroz o café por persona, por ejemplo, el límite de  compra al otro lado de la raya, moviliza a familias enteras que cifran sus esperanzas en la comercialización que atenúe el hambre doméstica; o en provecho de una muy superior, antes impensable, paridad de la moneda, convierte en asiduos visitantes a los neogranadinos que se llevan chocolate  o harina de maíz, cuando no ofertan sus dólares.

Consabido, escolares de lado y lado, cruzan la raya para atender sus obligaciones. Todavía escasas las posibilidades, hay quienes buscan y consiguen algún empleo, como ocurría desde siempre.

El señor Juan, por darle un nombre, todos los días, sale a las cinco de la madrugada de Palmira a Cúcuta, con una vianda, a laborar en un suburbio cucuteño al que finalmente termina de llegar a pie, pues – hoy – el pasaje de una buseta es superar los 45 mil bolívares al cambio. Vale decir, hay realidades que ahora abultan, pero también dan ocasión a aligerarlas escondiendo esa profundidad que el vistazo, hacia abajo, aun nos llena de perplejidades.

18/02/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/02/18/vista-aerea/

DELIMITADOS POR EL PRECIPICIO

Un parapeto de soporte
Luis Barragán

Sobre los escombros de la institucionalidad partidista en la Venezuela del XXI, añadida la de oposición, se empina el parapeto gubernamental que no es ni puede ser completamente partido, ni es ni puede ser completamente gubernamental. Condición ésta que asombrará,  porque – siendo nominalmente el partido oficialista por excelencia – no son todos los que están, ni están todos los que son en este dispositivo que tiene por única ventaja, la de abrir algún camino hacia el presupuesto público municipal, estadal o nacional.

Un parapeto más grande y ambicioso,  ha nacido: “Somos Venezuela”.  Se dirá propio de la campaña presidencial que se avecina, pero lo cierto es que, por sus características y financiamiento, muy directamente vinculado al demasiado obvio candidato, como por los cuadros de dirección, va mucho más allá en el proceso de decantación que experimenta el poder tras casi veinte años de fatigado ejercicio.  Quien no figure en la novedad partidista, no va al baile. Así de simple.

No ha tenido Nicolás Maduro necesidad de ningunear más, negociar o expulsar a nadie del PSUV, ya de por sí domesticada toda su dirigencia, como lo probó Lacava con el antes todopoderoso Ameliach.  Si fuese partido, algún movimiento sísmico  se hubiese sentido, pero como no lo es en su acepción más común, muy bien la maniobra consagra a la novísima entidad de campaña que, en el proceso inevitable de una completa hegemonía, será permanente: así, quien no esté en la directiva, quedará relegado convirtiendo al PSUV en una referencia subsidiaria, secundaria y hasta depositaria de todo aquél que no haga del madurismo una convencida profesión de fe.

Peor suerte le tocará al llamado tan gótica y grandilocuentemente Gran Polo Patriótico, cuyos miembros fueron subsidiarios del PSUV. Accionistas de una empresa que los tiene como el tradicional relleno de ocasión, el menor gesto de disidencia tampoco significará una sanción o algo que se le parezca, pues únicamente están en “Somos …” los que son (y viceversa).

Vicisitudes propias del Estado Cuartel al que arribamos,  de no postergar la fecha a la espera de un contendor de suficiente peso que lo legitime,  el portentoso candidato presidencial e insigne bonificador de lo poco que nos queda, lo confrontará desprendiéndose de un PSUV en el que quedan atrapados sus futuros rivales internos.

18/02/2018:

CATÁSTROFE

De una bonificación delictiva
Luis Barragán

El siglo XXI es el de la siembra masiva e inaudita de los antivalores, fácil de constatar – por ejemplo – en las instalaciones del metro de Caracas, otrora referente del respeto, pulcritud, convivencia y solidaridad.  No hay ámbito de la vida social que escape a un discurso tan mortífero del poder que, empobrecido hasta el hartazgo, roe el expreso lenguaje de la violencia.

Comentaba una persona amiga, días atrás, una de las facetas de la catástrofe ética que todavía padecemos. Consternada,  escuchó a un grupo de adolescentes del ciclo básico que no sospecharon que un adulto las escuchaba involuntariamente en el duro surfeo urbano del vagón que coló el tenue comentario en un inaudito instante de silencio.

Quizá de trece o catorce años edad, una de las muchachas comentó que ya estaba decidida a embarazarse para cobrar el bono ofrecido por Nicolás Maduro, mientras que la otra le respondía que ya lo estaba, aunque insistía que no podía esperar más, pues, encarecía la tarifa de la abortista. Y tejiendo finamente la tan ajena conversación, nuestra confidente llegó a una terrible conclusión: necesitadas de dinero, por infame que fuese, las muchachas estarían prestas para el examen médico necesario a objeto darle alcance al dinero con el que esta dictadura – descaradamente – pretende chantajear a la población.

Testimonio alarmante y rigurosamente cierto, ilustra la gama insólita de los incentivos negativos que desea cosechar para cantar una victoria electoral que, literalmente, todo el mundo ya la sabe fraudulenta. Jamás, ni siquiera las más obscuras y sórdidas dictaduras que nos distinguieron en Venezuela, se había llegado tan lejos con una bonificación de naturaleza delictiva, en el marco de un país sumergido en la crisis humanitaria y la dislocación institucional.

El socialismo de las demoliciones, hace trizas la dignidad  de la persona humana para mantenerse en pie a cualquier precio.  Hablamos de jóvenes de hogares afectiva y materialmente empobrecidos que sucumben con extrema facilidad, sin que la escuela también empobrecida pueda auxiliarlas con una distinta y humana consciencia de síes y de los demás. 

19/02/2018:

FRENTE A LA JUVENTUD FASHIONADA

De las juventudes políticas
Luis Barragán

Desconfiando de las tesis generacionales en boga, más cercanas al fashion que a las realidades, por dramáticas que fuesen, preferimos acercarnos al papel histórico, antihistórico y ahistórico que pueden desempeñar. Evidentemente, éstos refieren a los que todavía profesan una absurda e insalvable devoción hacia la presente dictadura, contentándoles algunas prebendas que le puedan arrancar, o los que, simplemente, a pesar de las evidencias,  le dan – temerosos – la espalda al país, esperando por apenas  una prebenda: los unos, conformes, repiten hasta la saciedad las consignas, mientras que, los otros, indiferentes,  aprenden a roer sus frustraciones.

La juventud histórica, hija de su tiempo, responde con ideales, sueños y aspiraciones, afrontando la realidad, por amarga que sea, en una búsqueda incesante del compromiso definitivo para doblegarla y encausarla. Social y políticamente expresada, ha plenado las calles con un coraje admirable en procura de las libertades perdidas y, aunque pueden convertirse en referentes para el desarrollo de una vocación, no saben ni les interesa, a veces con justificado desprecio, los partidos que, al fin y al cabo, articulan convicciones, creencias, intereses e iniciativas.

Sentimos que no hay una debida correspondencia entre unas y otras juventudes, levantada una absurda muralla por las partidistas o, mejor, acusando recibo de la crisis todavía insuficientemente advertida de la institucionalidad partidista en Venezuela, están contestes con la debacle. Sobre todo, cuando las organizaciones que tan vehemente reclaman democracia hacia afuera, negándola hacia adentro, se prefieren reducidas y reservadas para una eventual ocasión de poder, por supuesto, excluyente; o reptando en una relación primaria de simpatía, sus integrantes más o menos noveles, apuestan por un selfie con la dirigencia adulta del partido, en lugar de ganarse un espacio propio e independiente.

Siendo tan relativa la noción cultural de la juventud, reñida frecuentemente con la realidad biológica, los hay que se creen absolutamente benjamines, al lado de los que presumen de una madurez insoportable en el predio de los partidos que asignan roles, posiciones y prestigios que no se compadecen con la representatividad del ostentoso líder en ciernes. Siendo el terreno natural, muchas veces no entendemos cómo hay connotados dirigentes del partidos que, antihistórica o ahistóricamente, incluso, poco o nada hacen por diligenciar alguna solución para  la universidad en crisis en la que cursan estudios, no representan siquiera a sus compañeros de aula, no plantean la más modesta preocupación sobre la suerte de muchísima gente que les pide algo más que una frase preelaborada.
Nos tienta la reminiscencia de las décadas que, además, no vivimos, cuando una poderosa insurgencia juvenil le dio nombradía a los partidos de adscripción, siempre a contracorriente para garantizarles – así -  el porvenir o algo del porvenir que efectivamente tuvieron. Pensamos ahora en la muchachada que compartió las vicisitudes de la calle y, ahora, en contradicción con las cúpulas, deben elegir entre la historia que les exige un compromiso vital y de rebeldía, o  la antihistoria y  ahistoria misma que,  presuntamente liberándolos de responsabilidades, les ofrece las muy pocas oportunidades del personal aprovechamiento de la coyuntura.

12/02/2018:
Fotografía:

GARABATOS DE LA ESCASEZ INAUDITA

Letra de imprenta
Luis Barragán

Un dato universal, el desarrollo tecnológico de las impresiones digitales ha permitido darle la suficiente claridad, como adecuada precisión, a la documentación que ha de cumplir con determinados requisitos formales para que tenga suficiente  eficacia jurídica. Por ello la distinción entre la llamada letra de imprenta y la caligrafía personal, pues, ésta, justamente por personal, tiende a equívocos o confusiones a la hora de celebrar un contrato de compra-venta, fijar un acto administrativo o cualesquiera otras diligencias que generen efectos entre las partes o comprometa a un número mayor de personas que las relacione.

La evolución notarial o registral, en tiempos en los que no se disponía de la tecnología necesaria o aún era alto su costo económico, consagró a los calígrafos de hermoso, pero exacto trazo, incluso, para redactar el acta más modesta. Y, con los años, fueron paulatinamente desplazados, como ha ocurrido con los taquígrafos, por las facilidades disponibles para una fijación más confiable y rápida de los hechos. No obstante, en Venezuela, asistimos a un retroceso monumental,  todavía inadvertido.

En efecto, en días pasados, constatamos algo más que una curiosidad, porque un comunicado u oficio de una dependencia a otra de la Asamblea Nacional, como seguramente ocurre en buena parte de la Administración Pública y quizá del sector privado, simplemente estaba hecho a mano, con su numeración, sello húmedo y  las demás características de una pieza que, ante todo, deja constancia de una instrucción o solicitud. Suponemos que, a falta de fotocopiadora, lejano ya el papel carbón, quien suscribió la correspondencia, procurando no perderlo en el bosque delincuencial de la ciudad, tomará una fotografía con su móvil celular que, algo un poco más complicado al de generar un problema, dirá probar la diligencia.

El manuscrito estampado en papel reciclado, ilustra la absoluta carencia de recursos, materiales y equipos, propia de una quiebra generalizada del Estado que no garantiza siquiera un humilde lápiz para sus empleados, sintonizando con las precariedades de un socialismo masificador de la pobreza, por petrolero que fuese el país que ha demolido. Ni siquiera la Gaceta Oficial de ejemplares antes abundantes, siendo comprensible y necesario un alto tiraje, circula, excepto se trate de su orbitación digital o de la mensajería que llega a cualquier teléfono, por lo demás, susceptible de un forjamiento de tan particular documento público, mientras que exista la interconectividad en el país.

Por el camino que transitamos, la letra de imprenta será cada vez más un remoto recuerdo y, probablemente, volverá a reinar el oficio del taquígrafo, prosperando los grafólogos, en este dramático salto a la pre-modernidad.  Ya no sabemos de qué asombrarnos, cuando también ha vuelto la anemia y la desnutrición, el paludismo y las riñas con armas blancas,  junto a los más elementales trazos del quehacer político, alérgico a toda complejidad,  trátese de una u otra acera.

11 y 12/02/2018: