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martes, 25 de octubre de 2016

DON DE LA JUSTICIA



Evangelio Dominical: Fariseo y publicano
José Martínez de Toda (SJ)

Comentario al Evangelio que se proclama el 30° Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C, correspondiente al domingo 23 octubre 2016.  La lectura es tomad del Evangelio según San Lucas 18, 9-14.
"El que se humilla, será ensalzado?"
¿Cómo se siente uno siendo perdonado?
Te cuento esta historia de 'El niño que se sintió perdonado'
- "Ya verás cuando venga papá, cómo se va a poner".
Al llegar su padre, fue a esconderse rápidamente debajo de la cama de sus padres. Su mamá lo había visto, y, cuando entró el papá en casa, lo llevó a su cuarto, y le dijo al niño:
- "Luisito, sal de debajo de la cama, que ya llegó tu papá y vio el jarro roto".
Este respondió: - "Papá, ¿me va a regañar?" Este respondió:
- "No, te voy a dar un besito". Entonces el niño salió de prisa de debajo de la cama, y corrió a los brazos de su papá. Se había sentido perdonado, salvado y querido>.
El hijo pródigo también se sintió salvado. Y hoy el publicano.
¿Qué pasó con el publicano?
Jesús nos quiere contar y explicar la parábola del Fariseo y el Publicano.
"Dos hombres subieron al templo a orar: el uno fariseo, el otro publicano" (v. 10b).
¿Quiénes eran los fariseos?
El movimiento fariseo, compuesto por laicos varones, tenía mucha importancia en tiempos de Jesús. Se calcula que contaba con más de 6 mil miembros entre ricos y pobres.
Pero reducían la santidad a cumplir un número exagerado de actos piadosos. Habían establecido en la Ley 613 preceptos. De ellos, 248 mandamientos eran positivos y 365 eran prohibiciones. Sus comunidades eran cerradas, como sectas. Muchos de ellos se consideraban los buenos, los salvados, los predilectos de Dios. Y habían construido una pared para mantener fuera a los pecadores.
Los fariseos se ven a sí mismos como un baluarte en contra de las presiones del paganismo, que amenazan la fe judía. Ellos verdaderamente tratan de guardar la Torá en un mundo donde el poder romano y sus vecinos samaritanos tientan a la gente.
Los fariseos son los que proveen el apoyo económico necesario para mantener las instituciones religiosas. Para entrar a formar parte del grupo de los fariseos se seleccionaba mucho a los candidatos y había un período de formación de uno o dos años.
¿Quién es Dios para los fariseos?
Lo que importa es la idea que uno tiene de Dios. Eso influye en cómo nos miramos a nosotros mismos y a los demás. Y la gente se comporta como el Dios en el que cree.
Los fariseos creían en un Dios discriminatorio, que ama a los buenos y odia a los malos. Así que los fariseos aprendieron rápidamente a amar solamente a los buenos como ellos mismos, y a despreciar a los malos y pecadores, como los recaudadores de impuestos.
Para ellos, Dios es en definitiva un contable excelente: calcula los méritos de cada uno y le paga exactamente según ellos. O como un vendedor de alimentos: pesa en la balanza, y te los da según el dinero que le des.
¿Quiénes eran los publicanos?
Los publicanos, por otro lado, eran los recaudadores de impuestos para los romanos, que habían ocupado Palestina. Pero aprovechaban para robar también lo que podían a los propios judíos. Así que eran considerados como pecadores públicos.
Los fariseos los consideraban además 'impuros' por estar manipulando moneda no judía.
¿Quién es Dios para los publicanos? Por lo menos algunos confiaban que serían salvados, no por los méritos propios, sino por la misericordia de Dios. Creían que en Dios lo más importante es su misericordia. Es como el padre del hijo pródigo o como el papá de Luisito.
¿Cómo se diferencian el fariseo y el publicano al orar?
El fariseo se pone de pie solo, distanciándose de los demás. En su oración no pide nada. Su oración es narcisista. Sólo se fija en lo bueno que es él. Sólo habla de sí y ora desde el Yo. Y lo hace de esta forma:
"Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano. Ayuno dos veces a la semana" (y el judío común sólo estaba obligado a ayunar una vez al año). "Doy diezmos de todo lo que poseo" (hasta de las hortalizas de su huerta. El judío común sólo debía pagar diezmos por los grandes terrenos de ganadería y cultivo (v. 12)). El fariseo cumple con mucho más de lo que exige la Torá.
Por su parte el publicano se cree demasiado malo. Ha traicionado a Dios y ha vendido la vida eterna al demonio a cambio de riquezas terrenales. Y su oración es simple y directa.
Es curioso que el publicano no ofrece devolver dinero mal logrado, como hará Zaqueo (19:8), ni cambiará su forma de ser para hacerse respetable. El publicano no tiene ningún logro personal con el que negociar con Dios. No puede reclamar ninguna virtud ni ningún mérito. Su única virtud es la humildad, que le permite pedir y esperar merced. Esta Parábola nos enseña a orar con humildad. (Meditación de 'Las Dos Banderas' de S. Ignacio).
Y estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que golpeaba su pecho diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador". (Ver 1ª Lectura).
¿Cuál es el dictamen final de Jesús?
"Les digo que el publicano descendió a su casa justificado, y no el engreído fariseo" (v. 14a). La palabra 'justificado' significa más que ser simplemente perdonado; también incluye el poder tener una nueva relación con Dios.
En la palabra 'justificado' no se trata de una justicia ganada, sino de un don de Dios. El publicano no merece estar en presencia de Dios, pero Dios le trata como merecedor.
Jesús aquí toma la ofensiva, estrechando la mano de los pecadores para redimirles y traerles al rebaño.
Por fin el rey llegó a la celda de un convicto que permanecía callado.
- "Bien", dijo el rey. "Supongo que tú eres también una víctima inocente".
- "No, señor, no lo soy. Soy culpable y merezco esta condena".
Y el rey, volviéndose al carcelero, le dijo: - "Suelte a este preso. Mándelo fuera, que va a contaminar a toda esa gente tan buena e inocente de la cárcel".>
Fuente:
Cfr.
Ilustración: Yaacov Agam.

domingo, 10 de enero de 2016

FIESTA

NOTITARDE, Valencia, 10 de enero de 2016
El Bautismo del Señor (Lc. 3,15-16.21-22)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Con la fiesta del Bautismo de Jesús llegamos al final del tiempo de la Navidad. En estos días hemos meditado sobre el nacimiento y la infancia de Jesús; hoy lo contemplamos ya adulto, dispuesto a comenzar su vida pública, anunciando la llegada del Reino de Dios manifestado en su persona que trae liberación al hombre. En el texto del evangelio de hoy vemos claramente dos partes: 1. Juan Bautista anuncia la llegada del Mesías que viene a liberar y salvar a la humanidad de su pecado. De hecho, Juan dice delante de sus oyentes que él bautiza con agua, un bautismo de conversión, pero vendrá otro, más poderoso que él que bautizará con Espíritu Santo y fuego, refiriéndose a Jesús, a quien no es digno de desatarle las correas de su sandalias. 2. Jesús es bautizado y se realiza una manifestación de la Trinidad. El Espíritu Santo desciende sobre Él en forma de paloma y se escucha la voz del Padre que dice: “Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy”. La realidad del Bautismo de Jesús fue entendida a plenitud por sus apóstoles y discípulos a la luz de su Resurrección; que comprendieron que Él era el Mesías e Hijo de Dios que había venido al mundo, enviado por el Padre y ungido por el Espíritu Santo para lograr la liberación y salvación del hombre sumergido en la oscuridad del pecado. Jesús no se bautiza por ser pecador; en Él no había pecado (Heb. 4,15), pero libremente quiso ser contado entre los pecadores y al mismo tiempo manifestar la presencia de un Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Podemos afirmar, que el fin del Bautismo de Cristo era manifestar la realidad de un Dios cercano y amigo del hombre y presentar a Aquel que desde ese momento y para siempre es y será el Hombre Nuevo, prototipo de la humanidad salvada.
IDA Y RETORNO: Sigamos orando por Venezuela.

Pieza: Yaacov Agam.

domingo, 24 de mayo de 2015

FIESTA

Hablar de Dios es hablar del Espíritu, porque Dios es Espíritu
Fray Marcos (Rodríguez)

La fiesta de Pentecostés está encuadrada en la pascua, más aún, es la culminación de todo el tiempo pascual. Las primeras comunidades tenían claro que todo lo que estaba pasando en ellas era obra del Espíritu. Todo lo que había realizado el Espíritu en Jesús, lo estaba realizando ahora en cada uno de ellos.
Todo esto queda reflejado en la idea de Pentecostés. Es el símbolo de la acción espectacular del Espíritu a través de Jesús. También para cada uno de nosotros, celebrar la Pascua significa descubrir la presencia en nosotros del Espíritu, que debe llevar a cabo la misma obra que en Jesús y en los primeros cristianos.
Ninguno de los aspectos pascuales debemos considerarlos como aconteci­mientos históricos ocurridos en Jesús. Todos ellos expresan realidades que no pueden ser objeto de historia, sino solo de fe. No son fenómenos constatables por los sentidos; son realidades de otro plano y por lo tanto no pueden afectar a las realidades físicas entre las que se encuentran nuestros sentidos.
Sus efectos sí son históricos en nosotros. Cuando empleamos conceptos y palabras sólo adecuadas para expresar realidades terrenas, empieza el conflicto. Ni podemos expresarlas adecuada­mente, ni pueden ser objeto de nuestro conocimiento racional. A estas verdades sólo se puede acceder por la experiencia interior.
Creo que todos admitiréis la extrema dificultad que supone ponernos a hablar del Espíritu Santo. Es como querer sujetar el viento o congelar la vida en una imagen. ¡No hay manera! De todas formas, siempre que hablamos de Dios, hablamos del Espíritu, porque Dios es Espíritu.
Pentecostés era una fiesta judía que conmemoraba la alianza del Sinaí (Ley), y que se celebraba a los cincuenta días de la Pascua. Nosotros celebramos hoy la venida del Espíritu, también a los cincuenta días de la Pascua. Queremos significar con ello que el fundamento de la nueva comunidad no es la “Ley” sino el  “Espíritu”.
Tanto el “ruah” hebreo como el “pneuma” griego, significan, en primer lugar, viento. Estudios recientes han demostra­do que la raíz de esta palabra en todas las lenguas semíticas es rwh que significa el espacio atmosférico existente entre el cielo y la tierra, que puede estar en calma o en movimiento. Significaría el ambiente vi­tal del que los seres vivos beben la vida. En estas culturas el signo de vida era la respiración. Ruah vino a significar soplo vital. Cuando Dios modela al hombre de barro, le sopla en la nariz el hálito de vida.
En el evangelio que hemos leído hoy, Jesús exhala su aliento para comunicar el Espíritu. Para ellos todos los seres participaban de la vida. La misma tierra era concebida como un ser vivo, el viento era su respiración. Su comparación con la vida, sigue siendo el mejor camino para intentar comprender lo que significa “Espíritu”. No sabemos qué es la vida, pero vivimos.
No es tan corriente como suele creerse el uso específicamente teológico del término "ruah" (espíritu). Solamente en 20 pasajes de las 389 que aparece en el Antiguo Testamento, podemos encontrar este sentido.
En los textos más antiguos se habla del espíritu de Dios que capacita puntualmente a alguna persona, para llevar a cabo una misión concreta que salva al pueblo de algún peligro. Con la monarquía el Espíritu se convierte en un don permanente para el monarca (ungido). De aquí se pasa a hablar del Mesías como portador del Espíritu. Solo después del exilio, se habla también del don del espíritu a todo el pueblo.
En el Nuevo Testamento, "espíritu" tiene un significado fluctuante, hasta cierto punto, todavía judío. El mismo término "ruah" se presta a asumir un significado figurado o simbólico. Solamente en algunos textos de Juan parece tener el significado de una persona distinta de Dios o de Jesús. "Os mandaré otro consolador."
El Nuevo Testamento no determina con precisión la relación de la obra salvífica de Jesús con la obra del Espíritu Santo. No está claro si el Pneuma es una entidad personal o no. Jesús nace del Espíritu Santo, baja sobre él en el bautismo, es conducido por él en al desierto, etc. No podemos pensar en un Jesús teledirigido por otra entidad desde fuera de él.
Según el Nuevo Testamento, Cristo y el Espíritu desempeñan evidentemente la misma función. Dios es llamado Pneuma; y el mismo Cristo en algunas ocasiones. En unos relatos lo promete, en otros lo comunica. Unas veces les dice que la fuerza del Espíritu Santo está siempre con ellos, en otros dice que no les dejara desamparados, que él mismo estará siempre con ellos.
Hoy sabemos que el Espíritu Santo no es más que el mismo Dios bajo el aspecto de energía, fuerza, motor de toda Vida. Por lo tanto, forma parte de nosotros mismos y no tiene que venir de ninguna parte. Está en mí, antes de que yo mismo empezara a existir. Es el fundamento de mi ser y la causa de todas mis posibilidades de crecer en el orden espiritual. Nada puedo hacer sin él y nunca estaré privado de su presencia.
Ni siquiera es necesario el calificativo de Santo, porque eso supone que hay espíritus malignos, y esto para nosotros no tiene mucho sentido. Todas las oraciones encaminadas a pedir la venida del Espíritu, nacen de una ignorancia de lo que queremos significar con ese término. Lo que tenemos que hacer es tomar conciencia de su presencia y dejarle actuar en nosotros.
Está siempre en nosotros, pero no somos conscientes de ello y como Dios no puede violentar ninguna naturaleza, en realidad es como si no existiera para nosotros.
Un ejemplo puede ilustrar esta idea. En una semilla, hay vida, pero en estado latente. Si no coloco la bellota en unas condiciones adecuadas, nunca se convertirá en un roble. Para que la vida que hay en ella se desarrolle, necesita una tierra, una humedad y una temperatura adecuada, así como una ausencia de luz, sin la cual nunca desarrollará su potencialidad. Pero una vez que se encuentra en las condiciones adecuadas, es ella la que germina; es ella la que, desde dentro, desarrolla el árbol que llevaba en potencia.
Dios (Espíritu) es el mismo en todos y tiene que empujar hacia la misma meta. Pero como cada uno está en un “lugar” diferente, y a veces muy diverso, el camino que nos obliga a recorrer, será siempre distinto. No son pues, los caminos los que distinguen a los que se dejan mover por el Espíritu, sino la meta hacia la que se dirigen. El labrador, el médico, el sacerdote tienen que tener el mismo objetivo vital si están movidos por el mismo Espíritu. Pero su tarea es completamente diferente.
¿Cuál es la meta a la que empuja el Espíritu? Este es el nudo gordiano de la cuestión. Una mayor humanidad es la manifestación de esa presencia del Espíritu. La mayor preocupación por los demás, es la mejor muestra de que uno se está dejando llevar por él. En cualquier persona que manifieste amor está el Espíritu.
Si Dios está en cada uno de nosotros a través del ser, está total y absolutamente como lo que es, simple y a la vez, absoluto. No hay manera de imaginar que pueda estar más en uno que en otro. En toda criatura se ha derramado todo el Espíritu. En la posesión del Espíritu, no hay diferencia entre el campesino, el maestro, el sacerdote o el obispo.
Esgrimir el Espíritu como garantía de autoridad, es la mejor prueba de que uno no se ha enterado de lo que tiene dentro. Porque tiene la fuerza del Espíritu, el campesino será responsable y solícito en su trabajo y con su familia. En nombre del mismo Espíritu, el obispo desempeñará las tareas propias de su cargo.
Siempre que queremos imponernos a los demás con cualquier clase de violencia, incluida la pretensión de hablar en nombre de Dios, estamos dejándonos llevar, no del Espíritu, sino de nuestro espíritu raquítico.
La presencia de Dios en nosotros, nos mueve a parecernos a Él. Pero si tenemos una falsa idea de Dios, nos metemos por un callejón sin salida. Con una idea de Dios que es poder, señorío y mando, que premia y castiga, intentaremos repetir esas cualidades en nosotros en nombre de Dios.
El intento de ser como Dios en el relato de la torre de Babel, queda contrarrestado en este relato que nos habla de reunir y unificar lo que era diverso.
Si descubrimos el Dios de Jesús que es amor y don total, intentaremos repetir en nosotros ese Dios, amando, reconciliando y sirviendo a los demás. Esta es la diferencia abismal entre seguir al Espíritu del que nos habla el evangelio, o seguir lo que nos dicta nuestro propio espíritu en nombre de un falso dios. Todas las religiones han caído en esta trampa.
Dios llega a nosotros desde lo hondo del ser, y acomodándose totalmente a la manera de ser de cada uno. Por eso la presencia del Espíritu nunca lleva a la uniformidad, sino que potencia la pluralidad. Pablo lo vio con claridad meridiana: formamos un solo cuerpo, pero cada uno es un miembro con una función diferente e igualmente útil para el todo.
Si no tenemos esto en cuenta, caeremos en la trampa de hacer clones en vez de personas. Esa uniformidad pretendida por los superiores en nombre del Espíritu, no tiene nada de evangélica, porque, lo que se intenta es que todos piensen y actúen como el superior. Si todos tocaran el mismo instrumento y la misma nota, no habría nunca sinfonía. Sólo la armonía de muchos sonidos diferentes nos lleva a disfrutar de la música.
Meditación-contemplación
El Espíritu es la clave de la VIDA.
Mi verdadero ser es lo que hay de Dios en mí.
Dios en mí está como Espíritu que se me da.
Es el único y total Don de Dios a cada criatura.
………….
Desde nuestro ser aparente (lo que creemos ser),
debemos dar el salto a nuestra verdadera realidad.
Desde la parte reflejada del espejo,
tenemos que dar el salto al ser reflejado.
…………….
Mi verdadero ser y el ser de Dios
no son dos realidades separadas,
aunque yo sigo siendo yo y Dios sigue siendo Dios.
Para la razón es algo incomprensible.
Para el místico es la cosa más simple del mundo.
¡Inténtalo!

Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-20-19-23-MR.htm
Cfr.
José Antonio Pagola: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-20-19-23-Pag-B.htm
Ilustración: Yaacov Agam.

lunes, 18 de mayo de 2015

TESTIGOS EN ASCENSO

Columnistas del día
“Caminando con Cristo”
La ascención del Señor (Mc. 16, 15-20)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

La Iglesia celebra hoy la solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos. Evento real, que expresa un dato de fe y significa el paso glorioso de Cristo resucitado al Padre. Es decir, el retorno a la gloria del Padre de donde descendió y que viene a coronar todo el ciclo de su vida terrena: Encarnación (por obra del Espíritu Santo y aceptación de María), vida pública y desarrollo de la misión que Dios Padre le encomendó, muerte y resurrección.
Cristo es exaltado a la derecha de Dios Padre y junto al Padre y al Espíritu Santo es constituido Señor y Rey del universo. Hay dos cosas, que aparte del acontecimiento mismo de la Ascensión de Cristo resalta en el evangelio de hoy: Primero, la confianza que Jesús tiene en sus apóstoles, ya que antes de regresar al cielo, les delega aquello que Él mismo recibió del Padre: anunciar la llegada del Reino de Dios. Los envía, por tanto, a evangelizar, a proclamar la Buena Nueva de la Salvación. Jesús les envía a predicar el evangelio al mundo entero y a hacer que los hombres se bauticen para en discípulos de Cristo y pertenecer a la comunidad de los creyentes que es la Iglesia, querida y fundada por Él.
Segundo, la obediencia de los once que se convierten en testigos de la Resurrección y Exaltación de Jesús a los cielos. Dice Marcos que los apóstoles fueron y proclamaron la Buena Nueva por todas partes y El Señor los acompañaba, es decir, ellos obedecieron al mandato de Jesús y se convirtieron en testigos suyos haciendo prodigios y dando signos concretos que las palabras que pronunciaban no eran suyas, sino las que el mismo Cristo les mandó a proclamar.
IDA Y RETORNO: Hoy una buena parte del país estará ejerciendo el voto como acto democrático, oremos por Venezuela y su futuro en crecimiento.

Cfr. José Antonio Pagola: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-Mc-16-15-20-Pag-B.htm
Pieza: Yaacov Agam.

domingo, 10 de mayo de 2015

SEÑA DE IDENTIDAD

La quitaesencia de lo humano es el amor
Fray Marcos (Rodríguez)

El evangelio de hoy es continuación del que leímos el domingo pasado. Sigue explicando, en qué consiste esa pertenencia del cristiano a la vid. Poniendo como modelo su unión con el Padre, va a concretar Jesús lo que constituye la esencia de su mensaje. Ya sin metáforas ni comparaciones, nos coloca ante la realidad más profunda del mensaje evangelio: El AMOR, que es a la vez la realidad que nos hace humamos
Juan pone en boca de Jesús la seña de identidad que tienen que distinguir a los cristianos. Es el mandamiento nuevo, por oposición al mandamiento antiguo, la Ley. Queda establecida la diferencia entre las dos alianzas. Jesús no manda amar a Dios ni amarle a él, sino amar como él ama. En realidad no se trata de una ley, sino de una consecuencia de la Vida de Dios y que en Jesús se ha manifestado contundentemente. Nuestro amor será "un amor que responde a su amor" (Jn 1,16). El amor, que pide Jesús tiene que surgir de dentro, no imponerse desde fuera.
Juan emplea la palabra "agape". Los primeros cristianos emplearon ocho palabras, para designar el amor: agape, caritas, philia, dilectio, eros, libido, stergo, nomos. Ninguna de ellas excluye a las otras, pero solo el "agape" expresa el amor sin mezcla alguna de interés personal. Sería el puro don de sí mismo, solo posible en Dios. Al emplear agapate (amaos), está haciendo referencia a Dios, es decir, al grado más elevado de don de sí mismo. No está hablando de amistad o de una "caridad". Se trata de desplegar una cualidad exclusiva de Dios. Se nos está pidiendo que amemos con el mismo amor de Dios.
Dios demostró su amor a Jesús con el don de sí mismo. Jesús está en la misma dinámica con los suyos, es decir, les manifiesta su amor hasta el extremo. El amor de Dios es la realidad primera y fundante. Juan lo ha dejado bien claro en la segunda lectura: "En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó". Descubrir esa realidad y vivirla, es la principal tarea del que sigue a Jesús. Es ridículo seguir enseñando que Dios nos ama si somos buenos y nos rechaza si somos malos.
Hay una diferencia que tenemos que aclarar. Dios no es un ser que ama. Es el amor. En Él, el amor es su esencia, no una cualidad como en nosotros. Yo puedo amar o dejar de amar. Si Dios dejara de amar un solo instante, dejaría de existir. Dios manifiesta su amor a Jesús, como me lo manifiesta a mí. Pero no lo hace como nosotros. No podemos esperar de Dios "muestras puntuales de amor", porque no puede dejar de demostrarlo un instante. Jesús, que es hombre, sí puede manifestar el amor de Dios, amando como Él amaría y obrando como Él obraría si fuera un ser humano.
Otra consecuencia decisiva de la idea de Dios, que Juan intenta trasmitirnos, es que, hablando con propiedad, Dios no puede ser amado. Él es el amor con el que yo amo, no el objeto de mi amor. Aquí está la razón por la que Jesús se olvida del primer mandamiento de la Ley: "amar a Dios sobre todas las cosas". Juan comprendió perfectamente el problema, y deja muy claro que solo hay un mandamiento: amar a los demás, no de cualquier manera, sino como Jesús nos ha amado. Es decir, manifestar plenamente ese amor que es Dios, en nuestras relaciones con los demás.
No se puede imponer el amor por decreto. Todos los esfuerzos que hagamos por cumplir un "mandamiento" de amor, está abocado al fracaso. El esfuerzo tiene que estar encaminado a descubrir a Dios que es amor dentro de nosotros. Todas las energías que empleamos en ajustarnos a una programación, tienen que estar dirigidas a tomar conciencia de nuestro verdadero ser. En el fondo, se nos está diciendo que lo primero para un cristiano es la experiencia de Dios. Solo después de un conocimiento intuitivo de lo que Dios es en mí, podré descubrir los motivos del verdadero amor.
El amor del que nos habla el evangelio es mucho más que instinto o sentimiento. A veces tiene que superar sentimientos e ir más allá del instinto. Esto nos despista y nos lleva a sentirnos incapaces de amar. Los sentimientos de rechazo a un terrorista o a un violador, pueden hacernos creer que nunca llegaré a amarle. El sentimiento es instintivo y anterior a la intervención de nuestra voluntad. El amor va más allá del sentimiento. La verdadera prueba de fuego del amor es el amor al enemigo. Si no llego hasta ese nivel, todos los demás amores que pueda desplegar, son engañosos.
El amor no es sacrificio ni renuncia, sino elección gozosa. Esto que acaba de decirnos el evangelio, no es fácil de comprender. Tampoco esa alegría de la que nos habla Jesús es un simple sentimiento pasajero; se trata de un estado permanente de plenitud y bienestar, por haber encontrado tu verdadero ser y descubrir que ese ser es inmutable. Una vez que has descubierto tu ser luminoso e indestructible, desaparece todo miedo, incluido el miedo a la muerte. Sin miedo no hay sufrimiento. Surgirá espontáneamente la alegría, que es nuestro estado natural.
Solo cuando has descubierto que lo que realmente eres, no puedes perderlo, estás en condiciones de vivir para los demás sin límites. El verdadero amor es don total. Si hay un límite en mi entrega, aún no he alcanzado el amor evangélico. Dar la vida, por los amigos y por los enemigos, es la consecuencia lógica del verdadero amor. No se trata de dar la vida biológica muriendo, sino de poner todo lo que somos al servicio de los demás.
Ya no os llamo siervos. No tiene ningún sentido hablar de siervo y de señor. Más que amigos, más que hermanos, identificados en el mismo ser de Dios, ya no hay lugar ni para el "yo" ni para lo "mío". Comunicación total en el orden de ser, en el orden del obrar y en el orden del conocer. Jesús se lo acaba de demostrar poniéndose un delantal (vestido de siervo) y lavándoles los pies. La eucaristía nos dice exactamente lo mismo: Yo soy pan que me parto y me reparto para que todos me coman. Yo soy sangre (vida) que se derrama por todos para comunicarles esa misma Vida. Jesús lo compartió todo.
Os he hablado de esto para que vuestra alegría llegue a plenitud. Es una idea que no siempre hemos tenido clara en nuestro cristianismo. Dios quiere que seamos felices con una felicidad plena y definitiva, no con la felicidad que puede dar la satisfacción de nuestros sentidos. La causa de esa alegría es saber que Dios comparte su mismo ser con nosotros. Nos decía un maestro de novicios: "Un santo triste es un triste santo".
No me elegisteis vosotros a mí, os elegí yo a vosotros. Debemos recuperar esta vivencia. El amor de Dios es lo primero. Dios no nos ama como respuesta a lo que somos o hacemos, sino por lo que es Él. Dios ama a todos de la misma manera, porque no puede amar más a uno que a otro. De ahí el sentimiento de acción de gracias en las primeras comunidades cristianas. De ahí el nombre que dieron los primeros cristianos al sacramento del amor. "Eucaristía" significa acción de gracias.
Cualquier relación con Dios sin un amor manifestado en obras, será pura idolatría. La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ni ritos, ni normas morales. El único distintivo debe ser el amor manifestado. Jesús no funda un club cuyos miembros tienen que ajustarse a unos estatutos si no una comunidad que experimenta a Dios como amor y cada miembro lo imita, amando como Él. Esta oferta no la pueden hacer la institución, por eso se muestra Jesús tan distante e independiente de todas ellas. Ninguna otra realidad puede sustituir lo esencial. Si esto falta no puede haber comunidad cristiana.
Meditación-contemplación
Sin la experiencia de unidad con Dios
No podemos desplegar el verdadero amor (agape).
Sin la savia divina que nos atraviesa,
Nunca podremos dar el verdadero fruto.
.....................
El verdadero amor nos lleva al límite de lo humano.
No somos nosotros los que tenemos que amar.
Es el mismo Dios el que se da a través nuestro.
Desde nuestra verdadera humanidad podemos manifestar lo divino.
......................
El verdadero amor no es fruto del voluntarismo.
Tampoco surge del deseo de alcanzar una plenitud.
Amar es deshacerme de todo lo que creo ser,
Para que solo quede en mí lo que es Dios.

Fuente:
http://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/6325-la-quintaesencia-de-lo-humano-es-el-amor.html
Cfr.
José Martínez de Toda (SJ): http://www.jesuitas.org.co/homilia.html?homilia_id=71
José Antonio Pagola: http://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/6305-no-desviarnos-del-amor.html
Ilustración: Yaacov Agam.

martes, 9 de noviembre de 2010

maestría



EL NACIONAL - Martes 09 de Noviembre de 2010 Escenas/1
Tres maestros del movimiento
Vasarely, Schöfer y Agam fueron pioneros del cinetismo en Europa, con sus obras móviles e interactivas. Una selección de sus serigrafías y piezas tridimensionales más representativas se exhibe en la muestra Geométricos de colección
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

Hace un siglo, la vanguardia decidió abrirle la puerta al arte y echarlo a andar. Quienes comenzaron a escribir la historia de la abstracción geométrica no sólo huían de la figuración; también querían que sus obras caminaran y fueran al encuentro del espectador. Pero por más que lo intentaban, sus creaciones nacían sin piernas, hasta la llegada de Víctor Vasarely, Nicolas Schöffer y Yaacov Agam, los tres maestros europeos del movimiento.

Esferas, cubos y líneas parecieran danzar alrededor de los visitantes de la muestra Geométricos de colección, integrada por 70 propuestas cinéticas pertenecientes a casas de subastas y galerías internacionales. Todas las piezas están en venta. La exposición estará acompañada de una serie de actividades divulgativas sobre la abstracción.

La exposición reúne alrededor de 40 serigrafías y esculturas de Vasarely, el padre del arte óptico. En la selección destaca Zebra Zambo, una de las primeras aproximaciones de este artista a la abstracción. El creador descubrió la ilusión de movimiento a partir de la piel rayada de la cebra, un objeto reconocible que adquirió formas infinitas en su taller entre 1937 y 1950.

En la sala están representadas las composiciones cinéticas, los kugels (esferas) y las piezas del período blanco y negro del artista francés de origen húngaro. También fue incluido El rombo eterno, el logo que diseñó para la marca Renault.

Una de las propuestas más interesantes de Vasarely es Planetary Folklore Participation N° 1, basada en el Alfabeto plástico, considerado como su mayor aporte. Se trata de una caja que alberga 390 fragmentos de plástico de diversas formas y colores, que permiten crear múltiples combinaciones a partir de una misma pieza. Es una obra múltiple de la que existen 3.000 ediciones, pues como muchos artistas de su tiempo, Vasarely creía que la reproducibilidad democratizaría el arte.

Su lenguaje dialoga muy bien con la propuesta de Agam, representado a través de 24 creaciones que reflejan su búsqueda de la interactividad entre obra y espectador. La mitad de la sala la ocupan sus Agamografías, realizadas mediante una técnica gráfica inventada por el propio artista que permite lograr diferentes lecturas de una misma imagen. "No se puede ver la totalidad de las formas de la imagen, pues tal como ocurre en la realidad, depende del ángulo desde el que se mire", reza el cuarto de los nueve mandamientos del pintor y escultor.

La muestra confronta la obra bidimensional del artista israelí con sus esculturas a escala.

En la selección destaca la pieza Candelabragam, que puede ser transformada en un candelabro. También hay "versiones de mesa" de las obras monumentales Kahala Welcome ­creada en Hawai­ y Multidimensional Tower, que se encuentra en el Museo Guggenheim de Nueva York. El común denominador de estas esculturas es la cualidad de ser transformables.

Vasarely y Agam dominaron el arte de engañar al ojo para crear la ilusión de movimiento, pero fue Schöffer quien efectivamente logró que las obras danzaran de verdad. En la exposición se observan cuatro esculturas móviles del artista húngaro, considerado como el precursor del arte cibernético.

A las estructuras de acero de estas piezas, tituladas Minisculpture, La Tour, Kronos y Lux, les fueron incorporados motores y mecanismos giratorios.