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sábado, 26 de julio de 2014

EN LA MERA TORRE (5)

Centro Financiero Confinanzas

Edificio
Uso(s)     Oficinas
Hotel
Apartotel
Coordenadas     10°30′19″N 66°53′56″O
Coordenadas: 10°30′19″N 66°53′56″O
Construcción
Inicio     1985
Construcción     1994 (Paralizada)
Dimensiones
Altura máxima     190 m
Número de plantas     45
Equipo
Arquitecto(s)     Enrique Gómez y Asociados.
Ingeniero estructural     Brewer y Brewer Ingenieros S.C
Promotor     Promotor J. David Brillembourg.
El Centro Financiero Confinanzas, también conocido como la Torre de David, es un rascacielos sin terminar ubicado en Caracas, capital de Venezuela. Al momento de su paralización, el Centro Financiero Confinanzas era el octavo rascacielos más alto de América Latina.1 Tiene 45 pisos y 190 m de altura en una superficie de construcción de 121.741,00 m². Su estructura permaneció abandonada, saqueada y en deterioro hasta 2007 cuando fue ocupada ilegalmente por un grupo de familias invasoras manteniéndose en el lugar sin contar con los servicios basicos minimos y en condiciones precarias.2 1 En julio de 2014 se inicio su desocupación con ayuda del estado.

Índice
1 Historia
    1.1 Construcción y la crisis bancaria
    1.2 Residencia por ocupantes ilegales
    1.3 Desocupación
    1.4 Posible futuro
2 En la cultura popular
3 Véase también
4 Referencias
Historia
Construcción y la crisis bancaria
Su construcción comenzó en 1985 impulsada por el banquero venezolano David Brillembourg para albergar la sede del Banco Metropolitano y el Grupo Financiero Confinanzas, sin embargo tras la Crisis bancaria de 1994 la obra se paralizó luego de la intervención del banco por parte del Estado. El conjunto financiero fue cedido a FOGADE y actualmente está titulado a nombre de CORPOLAGO, C. A., empresa relacionada del Banco Metropolitano.
El complejo está formado por 6 edificaciones, Atrio Comercial (lobby y salas de reuniones), la Torre A de 190 metros de altura que incluye un helipuerto, Torre B (apartotel), Edificio K, Edificio Z y el edificio de estacionamiento de tipo hummy (rampa) con catorce niveles. En su planificación se preveía un desarrollo urbano compuesto por una torre rascacielos de 190 m, oficinas , apartotel y comercios; pero posteriormente el proyecto fue transformado para albergar un hotel, comercios y la sede de Confinanzas , en una superficie de 12 ha.

El Centro Financiero Confinanzas está concluido en un 70%, a excepción de la Torre A que logró concluirse antes de la intervención del Banco Metropolitano.1
Residencia por ocupantes ilegales
Exterior del Centro Financiero Confinanzas, con vista a las ocupaciones ilegales.
En 2001, FOGADE presentó la subasta de la Torre a partir de 60 millones de dólares, pero no llamo la atención de privados ni tampoco de varios entes del Estado.3 La torre abandonada empezó a ser saqueada; le arrebataron buena parte de los vidrios para obtener el marco metálico que podía ser vendido y reciclado.  Los vecinos de la zona comenzaron a sufrir los problemas que generaba la olvidada construcción. La enorme escasez de viviendas en Venezuela y las políticas de expropiación de edificios en toda Caracas llevó a la ocupación de la estructura por invasores ilegales en octubre de 2007.1 . Durante los años que lleva invadida la estructura, los residentes se han organizado y han podido obtener algunos servicios básicos, como el agua que llega hasta el piso 22.4 Ante la ausencia de ascensores, para llegar a los primeros 10 pisos se utilizan motocicletas, pero deben usar las escaleras para los niveles restantes.1 Entre los servicios que se pueden encontrar dentro de la estructura se encuentran bodegas, barberías, dentistas y guarderías.5 Algunos residentes incluso tienen los automóviles aparcados en el interior del edificio. Para junio de 2014 unas 1.156 familias vivían en el lugar.
Desocupación
El 21 de julio de 2014, el Gobierno Venezolano comenzó la denominada Operación Zamora 20146 , que consiste en el traslado consensuado de las primeras 83 familias de 160 seleccionadas en esta primera etapa, que en unidades facilitadas por el Metro de Caracas se dirigen a Ciudad Zamora, en Cúa, estado Miranda, como parte de la Gran Misión Vivienda Venezuela.7
Posible futuro
El diario Tal Cual informó que los bancos chinos estarían interesados ​​en la compra de la Torre y su renovación para su uso original.8
El 23 de julio de 2014, el presidente venezolano Nicolás Maduro anunció que el gobierno aún no había decidido qué hacer con la estructura, pero estaba considerando al menos tres opciones posibles: "Algunos están proponiendo su demolición", "otros proponen convertirlo en un centro financiero". "Algunos están proponiendo la construcción de viviendas allí .... vamos a abrir un debate".9 10
En la cultura popular
"Torre de David", un episodio de la serie de televisión estadounidense Homeland, se ambiento en la Torre (pero fue filmada en Puerto Rico).11

Referencias
Linares, Albinson (febrero de 2011). «Las ruinas vivas de la Torre de David; por Albinson Linares». Prodavinci.
Grant, Will (19 de diciembre de 2010). «Venezuelan squatters bank on the future in office tower» (en inglés). BBC News. Consultado el 19 de diciembre de 2010.
«Subasta de Inmuebles de FOGADE» (24 de noviembre de 2006). Consultado el 25-07-2014.
Mead, Derek. «Inside Caracas' Tower of David, the World's Tallest Slum» (en inglés). Vice. Consultado el 25 de enero de 2014.
 Molina, Thabata (23 de julio de 2014). «Comenzó el fin de la Torre de David». El Universal.
 «Gobierno inicia traslado de primeras familias de la Torre Confinanzas (Torre de David)». Consultado el 22 de julio de 2014.
 «La alegría inundó a los adjudicados de la Torre Confinanzas en Ciudad Zamora». Consultado el 24 de julio de 2014.
 «TalCualDigital.com: The Tower of David». talcualdigital.com (2014-07-08). Consultado el 2014-07-24.
«Venezuela's world-famous 'vertical slum' may be demolished» (en inglés). Reuters (2014-07-23). Consultado el 2014-07-24.
 «Gobierno estudia tres opciones para el futuro de la Torre de David». el-nacional.com (2014-07-23). Consultado el 2014-07-24.
 "Homeland" Tower of David (TV Episode 2013) - IMDb (en inglés).

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Centro_Financiero_Confinanzas

Breve nota LB: Preferimos consignar acá la versión actualizadísima de la Wiki. Sin dudas, demolida o remodelada, esta versión tenderá a cambiar. Y, aún más, si la adquiere una poderosa empresa. Las fotografías, tomadas de la red, exhiben la versión originalmente aspirada.

domingo, 28 de octubre de 2012

TRES OPINIONES (1)

EL PAÍS, Madrid, 21 de Octubre de 2012
EL NACIONAL - Domingo 28 de Octubre de 2012     Siete Días/6
Opiniones
La identidad perdida
MARIO VARGAS LLOSA

En The New Yorker del 7 de septiembre de este año hay una "Carta abierta a Wikipedia" del novelista norteamericano Philip Roth que es sumamente instructiva. Cuenta cómo Roth, al descubrir la descripción errónea que hacía Wikipedia de su novela The Human Stain (La mancha humana) envió una carta al administrador de esa enciclopedia virtual pidiendo una rectificación. La respuesta que obtuvo fue sorprendente: aunque la entidad reconocía que un autor es "una indiscutible autoridad sobre su propia obra", su sola palabra no era suficiente para que Wikipedia admitiera haberse equivocado. Necesitaba, además, "otras fuentes secundarias" que avalaran la corrección.
En su carta abierta, Philip Roth demuestra, con precisiones y datos fehacientes, que su novela no está inspirada, como afirma Wikipedia, en la vida del crítico y ensayista Anatole Broyard, a quien conoció muy de paso y cuya vida privada ignoraba por completo, sino en la de su amigo Melvin Tumin, sociólogo y catedrático de la Universidad de Princeton, que, por haber usado en una clase una palabra considerada despectiva hacia los afroamericanos, se vio envuelto en una verdadera pesadilla de ataques y sanciones que por poco destruyen su vida, pese a sus muchos años dedicados a combatir como intelectual y académico la discriminación y el prejuicio racial en Estados Unidos. Philip Roth publicó esta carta abierta en The New Yorker para tratar de contrarrestar de algún modo una falsedad respecto a su obra que la multitudinaria Wikipedia ha desparramado ya por el mundo entero.
No es ésta la primera vez que el gran novelista norteamericano da esa batalla quijotesca en defensa de la verdad. Hace algunos años, descubrió en The New York Times que le atribuían una afirmación que no recordaba haber hecho. Después de no pocas gestiones y esfuerzos consiguió llegar a la fuente que había utilizado el diario para citarlo: una entrevista en un diario italiano, firmada por Tommaso Debenedetti. Que él no había dado jamás. Gracias a esta investigación, se descubrieron las proezas fraudulentas de Debenedetti, que, desde hacía ya varios años, publicaba en la prensa de Italia y otros países reportajes sobre personas de diversos oficios y funciones inventados de pies a cabeza (yo merecí el honor de ser una de sus víctimas, y, otra de ellas, nada menos, que Benedicto XVI). De más está decir que las 79 colaboraciones falsas del personaje no han merecido sanción alguna y la historia de su fraude ha convertido al simpático Tommaso Debenedetti en un verdadero héroe de la civilización del espectáculo.
Ahora quisiera yo meterme en este artículo y contar dos episodios de mi vida reciente que muestran una inquietante vecindad con lo ocurrido a Philip Roth. Estaba en Buenos Aires y una señora, en la calle, me detuvo para felicitarme por mi "Elogio a la mujer", que acababa de leer en Internet. Pensé que me confundía con otro pero, pocos días después, ya de regreso al Perú, dos personas más me aseguraron que habían leído el texto susodicho y firmado por mí. Finalmente, un alma caritativa o perversa, me lo hizo llegar. Era breve, estúpido y de una cursilería rechinante ("La verdadera belleza está en las arrugas de la felicidad", "Todas las mujeres bellas que he visto son las que andan por la calle con abrigos largos y minifaldas, las que huelen a limpio y sonríen cuando las miran", y cosas todavía peores). Pregunté a amigos fanáticos de la red si había alguna manera de identificar al falsario que había pergeñado esa excrecencia retórica usando mi nombre, y me dijeron que, en teoría sí, pero en la práctica no. Porque no hay nada más fácil que borrar las pistas de los fraudes retóricos, inyectando mentiras y embauques de esta índole.
Podía intentarlo, desde luego, pero me costaría mucho tiempo y sin duda bastante dinero.
Mejor me olvidaba del asunto.
Es lo que hice, por supuesto.

Hasta que, uno o dos años después, recibí una llamada de un periodista de La Nación, de Buenos Aires, el diario que publica en Argentina mis artículos. Me preguntaba, sorprendido, si yo era el autor de un texto, firmado con mi nombre, titulado "Sí, lloro por ti Argentina", que era una diatriba feroz contra los argentinos y que andaba circulando por Internet. En este caso, el texto que me atribuían era infame, pero no estúpido. El falsificador lo había urdido con una astucia cuidadosa, tomando frases que, efectivamente, yo había usado alguna vez, por ejemplo para criticar la política de la presidente Cristina Fernández de Kirchner o la del presidente Hugo Chávez, de Venezuela, y adobándolas con vilezas y vulgaridades pestilenciales de su propia cosecha ("El desquiciado, paria, bestia troglodita de la extinta y queridísima República de Venezuela", "El peronismo es el partido de los resentidos más aberrantes, llenos de odio, de rencores viscerales, fanáticos, fascistas, enfermos de rabia inexplicable" y lindezas por el estilo).
Consulté a un abogado. Me explicó que el tema de los derechos de autor, del copyright, en el mundo digital es todavía un bosque confuso, objeto de múltiples negociaciones en las que aún nadie se pone de acuerdo, y que, aunque en principio, mediante una larga y costosa investigación, podría llegar a la fuente de donde había salido originalmente el texto fraudulento, probablemente el esfuerzo sería inútil, pues el o los falsificadores habrían tomado las precauciones necesarias para borrar las pistas lanzando el artículo calumnioso no desde su propia computadora, sino usando alguna de las que se alquilan en cualquier cibercafé. ¿No había nada qué hacer, entonces? En realidad, no. O, más bien, sí: tomarlo a la broma y olvidarse.
Y aquí llegamos a la parte más seria y trascendente del asunto, más permanente que lo anecdótico. La revolución tecnológica audiovisual, que ha impulsado las comunicaciones como nunca antes en la historia, y que ha dotado a la sociedad moderna de unos instrumentos que le permiten sortear todos los sistemas de censura, ha tenido también, como perverso e impremeditado efecto, el de poner en manos de la canalla intelectual y política, del resentido, el envidioso, el acomplejado, el imbécil o simplemente el aburrido, un arma que le permite violar y manipular lo que hasta ahora parecía el último santuario sacrosanto del individuo: su identidad. Técnicamente es hoy día posible desnaturalizar la vida real de una persona ­qué es, cómo es, qué hace, qué dice, qué piensa, qué escribe­ e irla sutilmente alterándola hasta desnaturalizarla del todo, y provocar con ello, a veces, irreparables daños. Probablemente, lo peor del caso es que estas operaciones delictivas ni siquiera resultan de una conspiración política, o empresarial o cultural, sino, más pedestremente, de pobres diablos que de este modo tratan de combatir el tedio o la pavorosa sequedad de sus vidas. Necesitan divertirse de algún modo y ¿no es acaso un deporte divertido envilecer o ridiculizar o poner en situaciones de escándalo a los otros si, además, ello se puede perpetrar con la impunidad más absoluta? Por eso, los valerosos esfuerzos que un Philip Roth hace en defensa de su identidad de escritor y de ciudadano, para que le permitan seguir siendo lo que es y no una caricatura de sí mismo, aunque admirables, son probablemente totalmente inútiles. Vivimos en una época en que aquello que creíamos el último reducto de la libertad, la identidad personal, es decir, lo que hemos llegado a ser mediante nuestras acciones, decisiones, creencias, aquello que cristaliza nuestra trayectoria vital, ya no nos pertenece sino de una manera muy provisional y precaria. Al igual que la libertad política y cultural, también nuestra identidad nos puede ser ahora arrebatada, pero, en este caso, por tiranuelos y dictadores invisibles que, en vez de látigos, espadas o cañones, usan teclas y pantallas y se sirven del éter, de un fluido inmaterial y subrepticio y tan sutil y poderoso que puede invadir nuestra intimidad más secreta y reconstruirla a su capricho.
A lo largo de su historia, el ser humano ha debido enfrentar toda clase de enemigos de la libertad y, con grandes sacrificios y dejando el campo de batalla sembrado de innumerables víctimas, siempre ha conseguido derrotarlos. Y creo que también, a la larga, derrotaremos a este último. Pero esta victoria, me temo mucho, demorará y ni Philip Roth ni yo alcanzaremos a celebrarla.

Ilustraciones: Fernando Vicente y Ugo.
Nota LB:  Además de las opiniones de don Mario, traemos a colación las de los dones Ugo y Vicente. No hay ánimo de un cioso de ilustraciones, sino - competitivos -el de  retener sus aporte. A veces, el uno nos parece mejor que el otro por el enfoque que asoma. No obstante, a vuelo de pájaro, creemos que Vicente tiene momentos de interesantísima plasticidad, mientras que Ugo deriva en una fácil caricaturesca.....

lunes, 26 de julio de 2010

wikipédicos


La Nación, BB. AA., 26 de Julio de 2010
La compu
Diderot y d´Alembert inventaron Wikipedia
Ariel Torres

Nunca falla. Cada vez que sale el tema de Wikipedia, alguien me pregunta si la información que aparece en la enciclopedia libre es confiable . Es una pregunta comprensible, y quienes se la plantean lo hacen de buena fe. El único problema es que equivale a preguntar "¿Cuán redonda es una esfera?"

Lo que sigue quizá ponga a alguien de mal humor. No es para menos. No sólo voy a poner en duda el concepto de Verdad, sino también el que Wikipedia sea la primera enciclopedia libre. Intentaré demostrar que Wikipedia es la primera enciclopedia legítima, libre o no; no lo haré caprichosamente. Consultaré al hombre que inventó todo el asunto: monsieur Denis Diderot (1713-1784), co-fundador y editor en jefe de la Encyclopédie .
Más o menos

Empecemos por la verdad. Hagamos una pregunta sencilla. Capciosa, pero sencilla. ¿Cuántos kilómetros hay entre el Obelisco, en la ciudad de Buenos Aires, y el Monumento a la Bandera, en Rosario? Trescientos kilómetros. Eso es lo que se decía cuando era chico.

Con el GPS del celular el dato es hoy mucho más preciso, con unos pocos metros de error. Es más, desde la pantalla de mi PC, por medio de Google Earth , obtengo este valor: 277,35 km.

Por lo tanto, no era del todo cierto lo que siempre me dijeron: 300 kilómetros. Pero, ¿por qué esa cifra nos suena verdadera? ¿Por qué 400 kilómetros parece una exageración o un error? Bueno, posiblemente, porque 400 kilómetros sería una hora más de auto.

En el contexto de movilizarnos de la manera más usual entre dos ciudades cercanas (micro, auto, tren), la precisión del GPS es innecesaria. Más o menos de la misma forma que la geometría no-euclidiana no mejora el diseño de un edificio o la decoración del cuarto del nene. Esto cambia diametralmente cuando el navegador satelital dictamina: "Doble a la derecha".
La paradoja de Eubulides

Existen un número de teorías sobre la verdad: la constructivista, la pragmática, la minimalista, la performativa, y así. Una cosa es la verdad en lógica y otra en física. A veces, es imposible alcanzar la verdad por falta de instrumentos adecuados; en otras, por la naturaleza misma de nuestra razón o del lenguaje.

Si alguien dijera: "Lo que declararé a continuación es falso. Y lo que acabo de declarar es verdad", ¿cómo establecer qué es cierto? La bien conocida paradoja de Eubulides de Mileto ha sido resuelta de diversas formas, no sé si con éxito, pero si descubrimos que alguien nos miente una sola vez, nos costará años volver a confiar en su palabra. No es poca cosa, pues, la confiabilidad de una enciclopedia. Ni es fácil desentrañar la naturaleza de la verdad.

Uno puede proclamar en un artículo que Sirio está a 8,59 años luz de la Tierra. Pero no podemos saber si Sirio existe en este momento. Si no existe, entonces no está a 8,59 años luz ni nada. Podemos asegurar que Sirio existía hace 8,59 años a esta distancia. Claro que esto se interpretaría como que Sirio ya no existe, lo que casi seguramente no es cierto, aunque tampoco lo podemos aseverar, porque la velocidad a la que viaja la información por el universo es un límite que no podemos superar. Por ahora.

¡Ah, el tiempo! Estábamos tan felices con Newton. ¡Algo era inmutable y puntual en esta vida tan cambiante! Hasta que 239 años después apareció el impertinente Albert Einstein con la peregrina idea de que el tiempo también era relativo.

Bueno, ya habíamos oído ridiculeces de todo calibre en esa época, afirmaciones que obviamente no podían ser verdad. Por ejemplo, que los ángulos internos de un triángulo no sumaban 180°. O que la luz viajaba en paquetes. Por favor. ¡Sólo faltaba que la docta manzana de Woolsthorpe también fuera una fábula!

Hoy sabemos que, a su modo, ambas cosas son acertadas, el tiempo de Newton y el de Einstein; el quinto postulado de Euclides y la geometría hiperbólica de Lobachevsky y Riemann. La teoría ondulatoria de la luz y la cuántica. Sabemos también que llegará el día en que ambas caigan en descrédito. La ciencia es una historia de refutaciones.
La verdad es un prejuicio

Lo que tradicionalmente recogían las enciclopedias era una verdad acordada entre partes. Los errores podían resultar cómicos, aunque los hubo también perversos.

Stephen Jay Gould reúne en The Mismesure of Man las tramposas maniobras de los científicos del siglo XIX para justificar el determinismo biológico y demostrar por qué los negros eran inferiores a los blancos. El libro de Gould, aunque recibió críticas negativas de parte de algunos científicos, sigue siendo indispensable para entender hasta qué punto la verdad es sólo una ilusión, un acuerdo entre partes; en ocasiones, un prejuicio.

Poco más de 100 años después de las estrafalarias demostraciones científicas de los sabios del determinismo biológico, Estados Unidos tiene un presidente negro. Que los defensores de la Verdad Enciclopédica Absoluta me expliquen eso.

***

No hay nada de malo en que la verdad se parezca más a nuestra época que a la realidad; somos humanos, no dioses. Nos importa más buscar la verdad que alcanzarla, quizás porque en el fondo sabemos que la realidad también es una construcción de nuestro intelecto. Deberíamos, por lo tanto, renunciar al fundamentalismo enciclopédico y dejar de pegarle a Wikipedia. Porque la Wikipedia también es hija de su época. No es que contenga más falsedades y errores que la Britannica , que sea menos confiable . Contiene los errores (o, si se quiere, los aciertos) que corresponden a su tiempo.

Cuando adquirir conocimiento era caro y difícil, las enciclopedias eran costosas y su acervo se encontraba estrictamente vigilado por unos guardianes llamados expertos . El número de artículos era limitado: 100.000, en el caso de Britannica .

Las enciclopedias tradicionales constituían, además, una de las paradojas más extraordinarias de la modernidad: unos pocos escribían y todos los demás leíamos. Pero adivine qué. ¡Nadie leía las enciclopedias! Se las compraba, se las hojeaba un poco y luego constituían un fetiche, un ícono del saber. Por regla general la enciclopedia no era leída ni consultada. Era venerada.

La Wikipedia tiene un espíritu muy diferente y, en mi opinión, se ajusta mucho más a la idea original de Diderot y d?Alambert, los iluministas del siglo XVIII que definieron lo que ahora entendemos por enciclopedia .
El plan de Diderot

En primer lugar hay muchos más artículos: 15 millones en 250 idiomas. No diré que esto sí representa todo el conocimiento humano, pero con 3.321.000 artículos en inglés, es unas 32 veces más exhaustiva que Britannica o Encarta . ¿Importa esto? Sí, a juzgar por lo que el mismo Diderot asegura en el artículo sobre el término enciclopedia que escribió para la Encyclopédie : "Cubrir todo lo relacionado con la curiosidad humana, sus trabajos, necesidades y placeres", así caracterizaba el propósito de una enciclopedia. Bueno, en Wikipedia es posible encontrar un artículo sobre una pequeña banda de garaje, la apertura Ponziani o los resultados electorales de Balaclava. Y continúa creciendo.

En segundo lugar, Wikipedia nace consciente de sus defectos. Por ejemplo, hay mucha más información sobre computadoras (obvio) que sobre pediatría. No sólo es sano conocer nuestros defectos y límites, sino que es una característica de nuestro tiempo: hemos aprendido que nada es perfecto. Pero hay más: Diderot inicia su Encyclopédie consciente de que semejante obra no puede estar exenta de error. Mucho después se construyó el mito de la exactitud enciclopédica con el que hoy se estigmatiza a Wikipedia.

Wikipedia ha cambiado también las relaciones entre los protagonistas, colocándolos de nuevo en su lugar, y yendo más allá. La enciclopedia libre es un sitio de consulta. No está de adorno. No la veneramos. Somos parte de ella, de un modo u otro. La usamos, eventualmente la editamos o contribuimos con nuevos artículos.

Se la critica mucho (lo que es excelente, porque esto desarticula la idolatría), pero se la usa todavía más.

Por añadidura, Wikipedia introduce una alteración del orden normal de las cosas: los lectores pueden ahora crear y editar artículos. ¡Válgame Dios, esto es el acabóse!

Mucha gente se resiste a esta idea y me dice: "¿Cómo podés confiar en una enciclopedia en la que escribe cualquiera?" Mi respuesta es simple: si no podemos ni siquiera crear una enciclopedia entre todos, ¿cómo podemos pretender construir y llevar adelante una sociedad entre todos?

Pero el concepto de que los lectores contribuyan a la enciclopedia es una anormalidad o una degradación es otro mito, fabricado al mismo tiempo que el de la exactitud ineluctable.

Diderot sostiene en su artículo que una enciclopedia, al intentar plasmar el total del conocimiento humano, no puede ser obra de un solo individuo. Añade que debe ser construida por hombres de todas las academias. Y luego, en un párrafo simplemente visionario, reconoce: "Necesitaremos la asistencia de un gran número de hombres que pertenecen a diferentes clases, hombres de un valor inestimable para quienes los portales de las academias están sin embargo cerrados, debido a su condición social".

Es notable que Diderot haya tenido más apertura mental en 1751 que algunos críticos de la Wikipedia hoy. Si hubiera nacido dos siglos después habría visto en Internet y la Web 2.0 la oportunidad, por primera vez en la historia, de cumplir su sueño de publicar un compendio de todo el conocimiento humano.

Encyclopédie online

El artículo de Diderot tiene alrededor de 200.000 caracteres, unas 80 carillas A4, y hay mucho más que podría decirse sobre sus visiones. Donde no pudo acertar, obviamente, fue en el asunto de completar el trabajo. En aquella época, la única forma de publicar era en papel. Si hubiera conocido Internet habría descubierto que una enciclopedia como la que él soñaba era un trabajo en eterno progreso, como el conocimiento, como la verdad.

El lector curioso puede consultar una versión en inglés de este revelador artículo en el sitio del proyecto de traducción colaborativa de la Enciclopedia de Diderot y d?Alembert de la Biblioteca de la Universidad de Michigan ( http://quod.lib.umich.edu/d/did/ ). La dirección al artículo es: http://quod.lib.umich.edu/cgi/t/text/text-idx?c=did;cc=did;idno=did2222.0000.004;rgn=main;view=text

Si una frase demuestra que Diderot y d'Alembert estaban pensando en algo más parecido a Wikipedia que a los costosos productos enciclopédicos irrecusables es la que se cita al pie de la portada de este proyecto: "Este es un trabajo que no puede ser completado sino por una sociedad de hombres de letras y artesanos diestros, cada uno trabajando en lo suyo separadamente, pero todos unidos sólo por su celo por los mejores intereses de la raza humana y un sentimiento de mutua buena voluntad". Hace dos siglos y medio, cuando sólo los privilegiados leían y escribían, la separación que hace Diderot tenía sentido. Hoy todos somos hombres de letras, expertos o artesanos diestros en alguna rama del conocimiento, y podemos aportar a una enciclopedia global.

Por eso, ¿es confiable la Wikipedia? Sí. Tanto como nosotros mismos.