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jueves, 31 de mayo de 2018

sábado, 1 de agosto de 2015

A PROPÓSITO DEL ENREDIJO MORAL Y CONCEPTUAL DE AHORA

EL NACIONAL, Caracas, 11 de febrero de 2015
El mundo de los Beatles
Aníbal Romero

Hace poco más de medio siglo, en febrero de 1964, los Beatles llegaron por primera vez de gira musical a Estados Unidos. Si bien ya para entonces su popularidad se acrecentaba día tras día, esa visita al enorme y dinámico mercado norteamericano fue decisiva en el camino de conversión de un fenómeno que empezó en la ciudad inglesa de Liverpool, en modestos locales visitados por escasos y dedicados seguidores, en una tormenta sociocultural de alcance global, con repercusiones que aún experimentamos. Me refiero, desde luego, a lo que se denomina cultura popular, que de un modo u otro nos atañe a todos.
Lo que en estas notas designo como “el mundo de los Beatles” constituye en realidad tres mundos, obviamente interconectados pero a los que resulta útil distinguir. De un lado el mundo de la música de los Beatles; de otro lado el entorno en que esa música se insertó, del que fue expresión y al que contribuyó a cambiar. Finalmente el espacio y búsqueda vital de la banda o grupo musical como tal, el de las cuatro personalidades que integraron ese misterioso motor de creatividad, sobre el que diré pocas palabras.
Para la generación a la que pertenezco, que éramos adolescentes y jóvenes en los años sesenta del pasado siglo, los Beatles fueron una revelación y un ícono o símbolo de pertenencia e identidad muy importante. Y ello se aplica nos gustase o no su música, su estilo e impacto en diversos planos de la existencia, desde la moda hasta la escogencia entre rebelión personal o adaptación al medio ambiente que nos rodeaba.
Estoy lejos de proclamarme experto en asuntos musicales, se trate de música clásica o popular, pero no se requerían hondos conocimientos para apreciar, durante esos años de inmensas transformaciones en Occidente, que los Beatles tenían enorme talento, y que su música jamás se estancó en el pantano de lo puramente comercial, sino que evolucionó con intensidad y originalidad en cuestión de poco tiempo, definiendo una época, inspirando a centenares de imitadores en todas partes, y deleitando a millones de fans alrededor del planeta.
En una primera etapa su música fue ciertamente directa, clara y sin adornos, un rock a la vez simple y lleno de fuerza; pero ya hacia la mitad de esa década convulsionada y aventurera, con sus LP Alma de goma (Rubber Soul, de 1965) y Revolver (1966), los Beatles dieron pasos cruciales hacia esa cima de la música pop que es el LP titulado El Sargento Pimienta y su banda de corazones solitarios (1967), un producto de excepcional sofisticación y calidad en su ámbito que reacomodó, recompuso y reconstruyó la música popular desde sus cimientos. El Sargento Pimienta expresó las inquietudes de toda una generación, la del “flower power”, la del “verano del amor” y el Festival de Woodstock. Para los que observábamos todo esto desde Venezuela, las vibraciones de ese huracán sociocultural nos resultaban a la vez lejanas y extrañamente propias.
Con el paso del tiempo y debido a los efectos de la beatlemanía a nivel global, se perdió de vista un hecho clave: los Beatles eran profundamente ingleses. Cuando estos cuatro muchachos de Liverpool, todos ellos nacidos en el seno de los sectores sociales menos pudientes de la empobrecida Inglaterra de los años cuarenta y cincuenta, arribaron a Nueva York en 1964, se puso de manifiesto un singular contraste. Por una parte, miles de adolescentes se agolpaban para presenciar sus presentaciones personales en teatros y estadios, en medio de un ensordecedor bullicio y un incontrolable tumulto, que impedían escuchar la música y amenazaban con desbordarse en violentos motines. Pero por otro lado y sorprendentemente, lo que se veía en el escenario era a cuatro jóvenes, con el cabello sin duda un poco largo (muy poco para entonces) pero simétricamente cortado, que cantaban y tocaban sus guitarras eléctricas sin excesivos movimientos, vestidos con formales trajes oscuros, camisas blancas y corbatas, y quienes al concluir cada pieza hacían una profunda reverencia, como si estuviesen inclinándose ante la reina Elizabeth II.
Durante ese primer período de su desarrollo los Beatles encarnaron la profunda relación inglesa entre la libertad y el orden, entre el cuestionamiento a lo existente realizado, no obstante, dentro de una estructura de convencionalismos y normas que se sostienen en el tiempo sin grandes fisuras. Pero ese equilibrio, originado en tradiciones arraigadas en el lugar y tiempo en que los Beatles crecieron desde la niñez a la juventud, quedó atrás a medida que se convertían en un fenómeno cultural planetario. El mundo en que surgieron los Beatles se movía precariamente, como sobre una cuerda floja, entre el pasado y el futuro. Con los Beatles a la cabeza en el terreno musical, ese mundo se lanzó desbocadamente hacia el futuro.
¿Y qué mundo nació en los sesenta, una década inigualable en cuanto a experimentación vital en todos los órdenes? Ni el espacio ni el limitado propósito de estas notas permiten indagar sobre un tema tan vasto y complejo. Tan solo apuntaré lo siguiente a manera de conjeturas exploratorias. Pienso que si bien es cierto que esos años generaron inmensos cambios culturales en numerosos terrenos, las transformaciones políticas como tales no fueron tan grandes en el corto y mediano plazo, con las únicas excepciones del movimiento a favor de los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos y contra la guerra de Vietnam. En otras palabras, las democracias avanzadas de Occidente siguieron siendo gobernadas, en lo esencial, como venía ocurriendo desde 1945. Sin embargo, los hondos procesos de transformación cultural y tecnológica tuvieron eventualmente una impresionante repercusión política.
De un lado, creo, sería errado subestimar los efectos que la rebelión juvenil en Occidente tuvo más allá de la Cortina de Hierro, en los países comunistas de Europa Oriental y la URSS. Las nuevas actitudes y valores ejercieron su influencia en la gradual desilusión de las nuevas generaciones frente al anquilosado y mediocre clima cultural del socialismo soviético. De otro lado, el hedonismo de la generación de los Beatles y las siguientes, la rebeldía contra el mundo heredado de los padres, una rebelión que carecía de clara conciencia acerca de lo mucho que los jóvenes debíamos a ese pasado, produjo en Occidente la generalizada convicción de que todo estaba y está permitido, de que la libertad equivale al libertinaje y de que las responsabilidades son cargas más bien inaceptables, de las que es imperativo en lo posible escapar. Como resultado, al menos parcial, de todo ello, nuestra civilización hoy se encuentra crecientemente extraviada en cuanto a los valores que dice defender, y sobre todo en cuanto a qué sacrificios está dispuesta a hacer para protegerlos.
Sería desde luego absurdo e injusto atribuir a los Beatles la culpa de esto, aunque alguna culpa recae sobre sus hombros. Lo digo pues la banda, y en especial su líder, John Lennon, potenciaron extraordinariamente la transfiguración de las estrellas de la música popular y el cine en especie de personajes mesiánicos, profetas de una nueva era de paz y armonía, basada en la bondad y en una inextinguible superficialidad interpretativa sobre la naturaleza humana y las complejidades y exigencias de la política. Cabe en tal sentido recordar los famosos “happenings” en los que Lennon y su esposa japonesa, Yoko Ono, se mostraban ante una ingenua y frívola prensa internacional sentados sobre una cama durante varios días, posiblemente drogados, exponiendo un evangelio confuso en aras de una etérea paz mundial.
Desde luego, todo esto podría ahora considerarse inofensivo y hasta ridículo. No obstante en su momento no fue tan fácilmente desestimado, y me atrevo a sostener que durante esos años y a través de personajes como Lennon, empezó a tomar cuerpo un proceso de ablandamiento psicológico y enredo moral y conceptual que hoy ha devenido en el credo acuoso de la “corrección política”, de aquello que en Europa algunos califican como “buenismo”, y que se resume en el postulado según el cual la paz es un fin en sí mismo alcanzable mediante los buenos deseos de algunos idealistas iluminados, y no la consecuencia de la seguridad, así sea precaria (siempre lo es) afirmada entre los diversos actores del sistema internacional.
Obviamente, lo anterior nos aleja de los Beatles como grupo musical y de sus diversos y con frecuencia notables logros en su campo. Su impacto sociocultural es innegable y su carrera en diversos planos sintetizó ese tiempo casi mágico, los sesenta y setenta del pasado siglo, tiempo que fue una moneda de dos caras: De un lado una explosión de la imaginación y la creatividad en diversos órdenes, y de otro lado un deslave moral en el que millones terminaron escapando de la realidad por diversos métodos, sin conseguir las más de las veces otra cosa que una muerte estéril en el abismo de la droga.
Concluyo con esto: dediqué unas horas el pasado fin de semana a escuchar otra vez algunos de los grandes discos de los Beatles. Admito que me invadió una gran nostalgia, la que todos –presumo– sentimos al recobrar un pedazo de nuestra juventud.

domingo, 13 de mayo de 2012

martes, 6 de septiembre de 2011

BITÁCORA





Nos escapamos el lunes 5, a la Hemeroteca Nacional. En la sede, fue inaugurada una exposición: "Dos países, un mismo ideal". Vietnam fue el motivo. Interesante muestra bibliográfica con alusiones de la prensa, independientemente de las adscripciones ideológicas. Desde el salón de lectura cercano, disfrutamos de la música. Obsequiaron un plato vietnamita que no intentamos, por las numerosas personas que hicieron filas. Añadimos unas fotografías en la que, previamente y luego, se observan los automóviles oficiales ocupando espacios inadecuados. Y una en la que un oficial vietnamita, probable agregado militar, curiosea en los puestos de venta de dulces y elementos escolares que pueblan las instalaciones del Estado Empresario.

domingo, 13 de febrero de 2011

una versión


VIETNAM EMERGE COMO REFERENCIA DE LOS PROCESOS DE EMANCIPACIÓN SOCIAL
Alberto Cruz, CEPRID/América XXI
Martes, 08 de Febrero de 2011 02:15

Vietnam se está convirtiendo en la referencia de los procesos de emancipación social que tienen lugar en diferentes partes del mundo. En unos momentos en los que la ideología cede el paso al “pragmatismo” en muchos de ellos, sobre todo en el ámbito económico, acaba de finalizar el XI Congreso del Partido Comunista de Vietnam (12-20 de enero) que ha sido seguido con atención tanto dentro como fuera del país.

En Vietnam, porque era importante saber el rumbo que iba a adoptar el proceso de Doi Moi (renovación) iniciado en 1986 y gracias al cual el país asiático ha obtenido unos logros económicos más que notables, con un crecimiento medio del 6’7% en su Producto Interior Bruto en la última década (con dos ejemplos claros: el arroz, pasando el país de importador del mismo a ser el segundo exportador mundial, y el café, donde Vietnam ya está a la par que Brasil en cuanto a exportación) y considerables avances sociales que comenzaban a tambalearse en los tres últimos años, cuando se optó por un proceso de industrialización acelerada que generó altos índices de corrupción, devaluación de la moneda (dong) y unos niveles de inflación que eran desconocidos en el país.

En el exterior, porque de la dirección que saliese del congreso se diferiría si Vietnam mantiene su histórico enfrentamiento con China o, por el contrario, se busca un acercamiento a la que ya es la otra superpotencia mundial. En una cita congresual no es muy normal que la política exterior juegue un importante papel, pero en este caso se ha convertido casi en tan crucial como el rumbo del Doi Moi puesto que las nuevas generaciones de dirigentes del PCV consideran que es poco menos que una locura provocar la ira de China y, mucho menos, un enfrentamiento abierto como el que sugirió la cumbre de la ASEAN celebrada el pasado mes de octubre en Hanoi y en la cual Vietnam se alineó con las tesis de Japón y Corea del Sur, reclamando a EEUU un “paraguas de seguridad” que permita controlar el “expansionismo” chino.

Junto a la atención que han prestado sus vecinos al desarrollo del congreso –con el periódico japonés Ashai Shimbun como paradigma, con información diaria de los pormenores del congreso, mientras que Corea del Norte y China han sido los primeros países en saludar el resultado del congreso y felicitar a los nuevos dirigentes- otros países más lejanos del continente asiático también han estado muy pendientes de esta crucial cita congresual –como ha sido el caso, entre otros, de Cuba- puesto que ven a Vietnam como el modelo a seguir en cuanto a los cambios económicos que se quieren desarrollar en una línea diferente a la china y que en Vietnam se conoce como “economía de mercado de orientación socialista”.

Aún sin conocer en detalle los pormenores del Congreso y los documentos en él aprobados, se pueden hacer ya algunos análisis. El primero, y más fundamental, es que en contra de los deseos de la denominada “disidencia”, alentada por las potencias que colonizaron el país y fueron derrotadas en guerras muy sangrientas, no se ha producido una batalla entre las dos tendencias existentes dentro del PCV.

Todo lo contrario, se ha llegado a un acuerdo significativo: el nuevo secretario general, Nguyen Phu Trong, fue el exponente público del rechazo a los planes desarrollistas –muchas veces sin el menor plan de sustentabilidad económica y social, como denunciaron los militares y un amplio sector del partido-; pero también se mantiene en su puesto el actual primer ministro, Nguyen Tan Dung, la cara más visible de esta política desarrollista que quiere hacer de Vietnam un país desarrollado e industrial en el año 2020 y altamente cuestionado antes del congreso por su apoyo a la explotación masiva de zonas ricas en minerales estratégicos (como la bauxita) o por la bancarrota de algunas empresas estatales. En el XI Congreso se ha hecho hincapié en la necesidad de impulsar una red de empresas que respeten el medio ambiente y en evitar casos como el de la mayor empresa naviera, Vinashin, en bancarrota técnica por una mala planificación de objetivos y peor gestión.

Esto significa que el PCV va a tener ahora un papel mucho mayor en el control del gobierno. No en vano, en el congreso, los 1.377 delegados que representaban a más de tres millones de militantes advirtieron que la aceleración del proceso de Doi Moi requería una “mayor inspección” como “salvaguarda de la construcción del socialismo”. Es decir, “evitar la degradación ideológica y ética en los estilos de vida, la burocracia, la corrupción, el despilfarro y la negatividad” (1). Los delegados no hacían más que expresar en voz alta los miles de propuestas que la ciudadanía, militante o no del PCV, hizo en los debates previos al congreso en asambleas abiertas y donde las quejas por la corrupción, la mala gestión de los recursos públicos, el despilfarro que suponían algunos proyectos megalómanos (como la construcción de un tren de alta velocidad entre Hanoi y Ho Chi Minh) y la depredación del medio ambiente fueron una constante.

Por ello, en este congreso se ha fortalecido la dirección colectiva y se ha terminado con las especulaciones, al menos en los próximos cinco años, sobre un futuro preñado de enfrentamientos entre los sectores desarrollistas a ultranza –que más bien miran hacia los países occidentales como Japón y EEUU, aunque también a Rusia, como quieren los militares para modernizar su armamento- y los “hochiminhistas”, los defensores a ultranza de la independencia del país frente a las potencias extranjeras.

Si esto es así o es sólo una impresión a vuela pluma tras concluir el congreso se verá el próximo 22 de mayo, cuando se celebren las elecciones a la Asamblea Nacional y, especialmente, para elegir representantes de los Consejos Populares. Estos son los responsables de los gobiernos locales y es donde en mayor número se ha notado la corrupción que ha llegado de la mano de los proyectos “desarrollistas” en los últimos tres años.

Pero, además, el que se haya elegido como secretario general a Phu Trong indica que Vietnam es consciente que un enfrentamiento con China no es beneficioso. En un gesto de gran significado y calado, Phu Trong, anunció en su primer discurso como principal dirigente del PCV que su primer viaje será a Beijing para discutir sobre el delicado tema de las disputas territoriales en el Mar de China (2) y su primer acto oficial ha sido el recibimiento de un enviado especial del gobierno chino, Wang Jiarui, para fomentar una mejor vecindad y cooperación. Son dos gestos de gran importancia y que indican una ruptura clara con la política exterior que se ha mantenido hasta el momento.

Aquí sí se puede decir que han “perdido” los partidarios de un distanciamiento con China, hasta ahora asentados en el aparato de relaciones exteriores del PCV. Han perdido peso en el nuevo Comité Central y en el Buró Político (compuesto por 14 miembros y de donde han desaparecido). Queda por ver si con la nueva composición de las máximas instancias del PCV se mantiene la política de “equilibrio con China” tal y como la entendían los dirigentes de la anterior dirección; estrechar las relaciones de todo tipo, incluidas las militares, con EEUU y los países de la ASEAN en aras de la “seguridad” de Vietnam.

En este congreso se ha reafirmado oficialmente el proceso de Doi Moi que cumple este año el cuarto de siglo de su aplicación. Pero surgen dudas en cuanto a cómo se va a “perfeccionar el régimen de economía de mercado orientada al socialismo” tal y como hasta ahora se ha implementado. Se sigue manteniendo el discurso de “transición al socialismo” que caracterizó el Doi Moi hasta los últimos tres años y se habla de “mantener firme los objetivos de la renovación y el socialismo, aplicando con creatividad el marxismo-leninismo y la ideología de Ho Chi Minh”, pero en este congreso se han discutido con fuerza dos opciones claramente diferenciadas: la apuesta por “acciones de libre comercio” o una “expansión de la economía socialista y controlada por el Estado”.

También será en las elecciones a los 493 puestos de la Asamblea Nacional del próximo mes de mayo cuando haya una seguridad completa de cuál es el rumbo que va adoptar Vietnam y su Doi Moi puesto que una de las primeras tareas que abordará el Parlamento será la aprobación de un nuevo gabinete de gobierno. Pero si como muestra vale un botón, una de las primeras iniciativas puestas en marcha al calor del XI Congreso ha sido la “reflotación” de Vinashin tal y como anunció el pasado 31 de enero el viceprimer ministro, Nguyen Sinh Hung, al afirmar que “la empresa ha comenzado a honrar sus compromisos y ha retomado la producción” (3).

Notas:

(1) Prensa Latina, 18 de enero de 2011.
(2) Alberto Cruz, “Vietnam y su proceso de Doi Moi (renovación) nacional e internacional” http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1044
(3) Prensa Latina, 31 de enero de 2011.

(Este artículo ha sido publicado en la revista América XXI con el título “Conclusiones del XIº Congreso del Partido Comunista de Vietnam: Expansión socialista con control del Estado”: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1062)

Fuente: http://www.tribuna-popular.org/index.php/opinion/usuarios/8043-vietnam-emerge-como-referencia-de-los-procesos-de-emancipacion-social