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domingo, 20 de diciembre de 2015

ALUNIZAJE

La Navidad sentida (y una larga coletilla sobre la visita de Robert Kennedy a Caracas, además de la lunar)
Luis Barragán

Frente a las más difíciles circunstancias, el sentimiento navideño es realizador de la esperanza. Significativamente, con el Orfeón Universitario (https://www.youtube.com/watch?v=bDnBdScdpBo), les deseamos a nuestros amables lectores una Navidad que se fundamente en la esperanza realizada y realizadora, irradiando desde cada hogar la promesa de un país diferente.

Un Kennedy en Caracas

En días pasados, conversábamos con Haroldo Romero sobre viejas vicisitudes. Una de ellas, el punto de inflexión en el historial juvenil de la democracia cristiana en Venezuela que marcó una – hoy – insospechada pauta en la Venezuela de los años sesenta del XX.

Haroldo está convencido que el momento estelar culminó con la III convención nacional juvenil de 1963, en la que se manifestaron las corrientes heterodoxas con sorprendente creatividad en el marco de la naciente democracia representativa. Nos dejó pensativos, porque – siendo una vieja línea de investigación personal – debemos buscar tiempo para revisar el supuesto que hemos cultivado en torno a la IV convención que eligió a Abdón Vivas Terán y a Rubén Darío González como sus conductores, emblematizada por un documento de  irrefutable impacto y trascendencia: “Una juventud para el cambio”.

Por lo pronto, recordamos la visita que dispensó Robert Kennedy a Caracas el 1 y 2 de diciembre de 1965, sobre la cual no pudimos escribir en su momento debido a las ocupaciones de la consabida  campaña parlamentaria. El célebre senador estadounidense redujo la estancia pautada originalmente para cuatro días, yendo a las barriadas populares, acudiendo a Miraflores, conversando con el liderazgo político y sindical de entonces, abriéndose a la prensa, en el contexto de un difícil país en el que todavía sobrevivía la subversión armada a pesar de la derrota electoral, política y militar que sufría. Sin embargo, la noticia fue poderosa al intervenir dos dirigentes demócrata-cristianos, integrantes del panel estudiantil que confrontó a Kennedy a través de las cámaras de televisión, bajo la moderación de Oscar Yánes.

Las interpelaciones de Abdón Vivas Terán y Joaquín Marta Sosa, cuestionando abiertamente al sistema capitalista y auspiciando la nacionalización petrolera, recibiendo una franca respuesta del senador, generaron un escándalo que, en definitiva, puso en el tablero de la opinión pública todo el proceso de discusión ideológica que experimentaba COPEI a partir de sus cuadros juveniles – por cierto – de convincente representatividad política. Lejos de acomplejarlos, suscitó la actualización de un partido que, al calor de las lecturas de Maritain, por citar sólo a un autor, entre varios de un formidable impacto, y a su modo anunció las bondades del Concilio Vaticano II, cuyos efectos más trascendentes todavía estaban en curso.

Kennedy culminó una visita que pocos líderes foráneos han realizado a nuestro país, debido al espíritu decidido e innovador de un mensaje que quiso testimoniar desde La Charneca, si mal no recordamos, quedando una huella importante que ayudó a motorizar un debate público que, valga acotar, en las últimas décadas no hemos experimentado debido a la militante censura y bloqueo informativo del actual régimen y a las condiciones públicas que  ha implantado, marcando un evidente retroceso en nuestra cultura política.  El testimonio que rindió para la revista Life, las más variadas notas de prensa de la época, algunos ensayos posteriores, adeudada la academia con aportes más sólidos sobre estas circunstancias, retratan un período de viva polémica, de personalidades que eran importantes porque hacían y pensaban en los más disímiles terrenos y, en fin, en la política que sencillamente se hacía y pensaba.

Recordamos tres notas de la prensa cotidiana que, al defender sendas líneas editoriales, dibujaban las inquietudes por entonces prevalecientes: los comunistas, aseguraron que el programa  fue una farsa no bien montada (Qué Pasa); los comentaristas de ocasión especulaban sobre la promoción candidatural de Caldera, complementada por su ingreso a la Academia de la Lengua (Élite); Carlos Ramírez McGregor señalaba que el foro televisivo protocolizó la existencia de una juventud que incurría en la lectura anacrónica de Teilhard de Chardin (Momento). Nos parece ésta opinión la clave de un punto de inflexión en la vida partidista de los socialcristianos y quizá del país que ojalá tenga oportunidad de conversar con Haroldo, pues las consecuencias fueron importantes, aunque dudamos que Kennedy haya sido el factor determinante de la remoción de Vivas Terán como secretario juvenil de COPEI, asegurado después por Rubén Fernández en un breve ensayo politológico.

Materia de absoluto interés histórico, sobre una época en la que apenas iniciábamos la escuela, ofrece un repertorio espléndido para el contraste con la nuestra. Medio siglo atrás, con todas sus fallas, hubo una democracia pluralista que se perfeccionó con la Política de Pacificación, a pesar de los pesares.

Una coletilla lunar

En la última sesión ordinaria del actual período legislativo que concluye, la Asamblea Nacional votó por unanimidad (e indiferencia) la Ley Aprobatoria del “Acuerdo que debe regir las actividades de los Estados en la Luna y Otros Cuerpos Celestes”, originalmente asentado en Nueva York por 1979.  No hubo ocasión para intervenir, pues ya lo habíamos hecho con ocasión del aniversario de la Constitución de 1999.  Sin embargo, nos permitimos esta nota adicional, porque la materia que tanto motivó a nuestra generación, expuesta a las viejas hazañas espaciales, tuvo un decidido estudioso en Venezuela: Víctor José Delascio.

La rutina burocrática de la cancillería ha propiciado la remisión del proyecto aprobatorio a la Asamblea Nacional que lo recibió con la displicencia de todos, coincidiendo el hastío del Ejecutivo con el del Legislativo, e imaginamos que semejante recibimiento tuvo en la Comisión de Política Exterior. Cierto, no hay novedad alguna en ella, pero cobrará una mayor importancia cuando transcurran las décadas para un país que apenas tiene dos peroles que llama satélites artificiales, hoy, sin que sepamos de los beneficios que reportan (¿por qué tantos problemas con nuestra telefonía celular, por ejemplo?), a pesar del gigantesco costo que pagamos.

Fuente:
http://www.lapatilla.com/site/2015/12/21/luis-barragan-la-navidad-sentida-y-una-larga-coletilla-sobre-la-visita-de-robert-kennedy-a-caracas-ademas-de-la-lunar/

lunes, 27 de agosto de 2012

APENAS, UNA MIRADA

Varios Amuay
Luis Barragán


Lamentar profundamente la reciente tragedia, obliga a preguntarnos sobre los otros Amuay padecidos y que podríamos padecer.  No contamos precisamente con un gobierno diligente y eficaz que, militarista, tarda en instalar el consabido puente de guerra al oriente del país que, por si faltase poco, ha de  importarlo.

Revelador mes el que concluye, ya sabemos que no le garantiza la vida a los venezolanos en las calles ni en sus casas, como tampoco a las personas privadas de libertad que, se supone, se le haría más fácil por los escasos metros cuadrados que les dispensa. El más modesto palo de agua, colapsa todo poblado, y – particularmente – Caracas no recibe respuesta alguna de Farruco Sesto, su transformador revolucionario, con cerros que se vienen abajo haciendo temblar a quienes piden viviendas desde hace casi catorce años, por no mencionar la desatención real y sostenida en materia de salud y de salubridad pública.

Acaeció el accidente de Amuay y, como habitúa en estos casos, probablemente pensando en un manejo espectacular del problema o gozando de los equívocos que genera su ausencia, haciéndolo sospechoso de hallarse en Cuba,  Chávez Frías aparece o aparecerá tardíamente en el escenario de los hechos. Por contraste, hay evidencias de la vieja prensa respecto a la personal presencia del presidente de la República, tan o más Comandante en Jefe que él, por aquello de la autorictas, en medio de los más variados siniestros, sin las estridencias que sus responsabilidades ameritaban.

Todo el país conmovido, y lo que rápidamente implementó el régimen fue una dura e intensa campaña propagandística que hizo - en la hora inicial - de unos tales Silva y Durán, los adalides del férreo combate contra la oposición desde los confortables estudios de lo que llaman el sistema nacional de medios públicos. Al igual que la cuña del metro, que a cada instante pide denunciar el sabotaje como si bastara para liberarlo de sus ineficiencias, la prioridad fue la de sembrar la sospecha en torno a una extraordinaria conspiración que, inevitable, aterriza en Capriles Radonski.

Minimizar el costo político es la orden, por lo que las responsabilidades del ministro Ramírez, como ha pasado con los ministros Valera y Tarek, están muy lejos de establecerse.  Casos como el de Tacoa, principiando los ochenta, condujeron inmediatamente al examen público, al libérrimo debate en los medios y a la investigación parlamentaria, pero – otro Amuay más – el de ahora redobladará los esfuerzos publicitarios de cada despacho, atornillándose obstinadamente el titular,  sin preguntarse cuál siembra de antivalores ha aportado para que reaparezca el saqueo en tierra falconiana.

Teóricamente no debe, pero el TSJ puede inventar alguna fórmula para una habilitación presidencial por los meses que restan del año, para que el gobierno nacional afronte la emergencia y, de paso, excediéndose, dicte otras regulaciones. Mientras tanto, se las ingeniará para crear otras nomenclaturas militares que en nada contribuyen, pues olvida el mentado Estado Mayor de Lluvias que a los estados les quitaron competencias como la de la vialidad, por no mencionar los dineros que constitucionalmente les correspondía.

Chávez Frías ya decidió un comité de investigación que, obviamente, incluye al CIPC, el Sebin y el DIM, por lo que lidia por una versión de los hechos: la suya. Obstaculizará toda polémica abierta sobre las causas y consecuencias, añadido el escenario parlamentario que le ha sido inéditamente complaciente por más de una década. No obstante, hay un Amuay más peligroso: el supuesto negado de un triunfo presidencial del barinés.

En efecto, a cada rato grandes, medianas y pequeñas tragedias se asoman en el horizonte del país, y – una vez pasadas las elecciones – la franqueza se hará cargo  de la gestión gubernamental: ininvestigables, ¿quién puede asegurar que no ocurrirán otros accidentes, otros colapsos, otras crisis que obscenamente imputan a las traviesas iguanas, faltando pruebas contra la oposición? Lo peor será, en el espíritu de la fracasada reforma constitucional de 2007, reeditada fraudulentamente por otras vías, que esos problemas los transferirá a las comunidades, liberándose definitivamente de toda responsabilidad.

Coletilla:

Ha fallecido Neil Armstrong, quien pisó suelo lunar junto a Edwin Aldrin. Digamos, Richard Nixon y Henry Kissinger los imitarían durmiendo increíblemente en China.

Pertenecemos a una generación que creció con las hazañas del Apolo y su Saturno V, familiarizada con la antena de Camatagua, festejando – además – la elocuencia de un Óscar Yánez con la histórica transmisión de 1969, convertido el Sputnik en un dato lejano. Y esto nos llevó a un autor venezolano, ya olvidado, como Víctor José Delascio y un magnífico ensayo sobre el derecho (ultra) espacial, hasta proponer la creación de un centro espacial latinoamericano en el encuentro ideológico juvenil socialcristiano de 1986.

Fue y vino Armstrong de la Luna, pero Chávez Frías permanece en ella. Amuay es una constatación, por cierto.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2012/08/varios-amuay/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=896828

jueves, 19 de julio de 2012

RIESGO Y OPORTUNIDAD,

El aviso espacial
Luis Barragán


Lunes, 6 de noviembre de 2000

La colocación de hombres y artefactos en el espacio ultraterrestre tiene relación con los altos excedentes económicos de un país, aunque existan los más empobrecidos que lo intentan exitosamente, acentuando las paradojas.
Obliga a toda una infraestructura técnico-científica, propia y/o ajena, además del manejo del consenso y disenso que provocan proyectos antiguamente tenidos por descabellados. La explotación comercial del espacio, provechosa en la medida que los costos son independientes de la distancia de colocación de los satélites, avisa de una actividad decisiva para el futuro en muchos y variados aspectos. Es de suponer que las estaciones orbitales a muy largo plazo, por ejemplo, reforzarán el optimismo de quienes advierten las cada vez más precarias condiciones de vida en el planeta, aliviando incluso los temores que ya despierta el que cometa que - se dice - amenazará seriamente nuestra existencia en el 2016 o 2026. Apartados de la especulación, en la muy terrícola zona del subdesarrollo, prosigue el nacionalismo de cartón piedra sin descifrar las circunstancias crecientemente impuestas por la tendencia globalizadora. No se trata del ser humano de cortas extremidades que se adaptará más "naturalmente" al espacio, fruto de la ingeniería genética que mereció una rápida reflexión de Leonardo Boff en un libro sobre la muerte, o de versar sobre la vida en el espacio, como lo hizo José Alcalá, Presidente de la Sociedad Venezolana de Medicina Aeronáutica (Elite, 27/ 04 / 68), sino del hecho (excesivamente) concreto de necesitar un satélite para la investigación de los propios recursos naturales, la Faja Petrolífera del Orinoco por citar un caso, capaz de retener y administrar información de índole estratégica. Consabidas las ventajas que ofrece el espacio inmediato al planeta, la denominada franja "geoestacionaria" se encuentra congestionada por satélites que persiguen fines comerciales y más decididamente militares, siendo probablemente minoritarios los destinados a la estricta investigación científica. Además, las "ventanas" para su colocación - una lascivia atmosférica - son escasas, lo que permite inferir posibles conflictos políticos entre quienes celosamente se atrincheran en un inusual monopolio y los que desean romperlo, tal como lo sugirieron Luis Loreto ("Resumen", 13 / 04 / 80, Nr. 336) o Vladimir Shatalov ("Tiempos Nuevos", APN, 05/86, Nr. 20), amén de la ambigua utilidad intuida por Alvin Toffler (uso civil y militar) en "Las guerras del futuro" (Plaza & Janés, 1994, p. 246). En América Latina debemos afrontar el desafío espacial sin mayor tardanza que la obligada en razón de sus difíciles condiciones sociales y económicas. Sin embargo, éstas también pueden superarse gracias a los esfuerzos que se hagan en una materia ordinariamente tenida como inútil y vanidosa. No afirmo que, a los sacrificios acostumbrados, se apliquen otros de magnitud descomunal a las mayorías empobrecidas, distrayendo cuantiosos recursos en forma inmediata.
Incluso, podemos observar que China e India acceden a la bomba nuclear por encima de las teóricas prioridades que la harán la primera potencia económica mundial, en un caso, o de las hambrunas y epidemias, en el otro; no obstante, el aprovechamiento productivo de la energía puede ayudar a la acelerada solución de los problemas. México ha padecido los consabidos problemas económicos, pero, metido en un modesto programa espacial, evitando la desmesurada elevación de costos, colocó uno de sus satélites a la espera de su completo funcionamiento. Y es que propiamente debemos buscar una "ventana" en el firmamento de nuestras paradojas para obtener provecho en el campo espacial, habida cuenta de lo que puede hacerse a través del Pacto Andino o Mercosur, sobre todo si aparece en la agenda de negociación con los grandes bloques comerciales y aduaneros, y también de la experiencia que podrían aportar países como Rusia, dispuestos a exportar productos y servicios, anteriormente etiquetados de "máxima seguridad", en aras de solventar sus angustiosos problemas.
Individualmente considerados, nuestros países no soportarían un programa que absorba tantos recursos y por ello, un Centro Espacial Latinoamericano (y del Caribe) convendría y articularía mejor los intereses en la materia, aprovechada la base que se encuentra en la Guayana Francesa, pivote de las aspiraciones europeas. Constituiría una responsabilidad también básica de los Estados en el marco de una integración que ha de descansar cada vez más en la iniciativa privada.. Hemos sabido de esfuerzos como el "Proyecto Cóndor" a nivel andino, seguramente superado, y el tiempo no desmiente los beneficios socioeconómicos para la subregión, apuntados por Pedro Barrios en una ponencia discutida en el ya lejano Primer Congreso de Telecomunicaciones Vía Satélite, (USB / CANTV, 04 / 88): integración de las zonas apartadas y de baja densidad poblacional, armonización cultural y económica de la subregión, disminución de la dependencia socioeconómica, fortalecimiento de las redes troncales de comunicación, oferta de modernos servicios a las empresas, impulso del sistema de telecomunicación. La factibilidad política del programa integrativo espacial debe fundarse en las realidades que nos atenazan y sus salidas realistas, en una tautología más de las veces necesaria, y no en esos abalorios de uso que nos debilitan cívicamente. Su aceptación o rechazo ha de fraguarse en una discusión seria y coherente. Constituiría una aleccionadora e interesante experiencia, lejos, incluso, a la vista en Estados Unidos o la Unión Soviética cuando emprendieron sus viajes espaciales, lo que no impidió una posterior manipulación populista con el anuncio del primer astronauta de color (negro luthieriano), Robert Lawrence ("El Nacional", 20/08/67) y el acompañamiento del primer cosmonauta latinoamericano en el Soyuz-38 (Ibídem, 19/09/80). Nada impide reflexionar y profundizar el Tratado de Principios que rige las actividades de los Estados en la exploración y uso del espacio exterior y los cuerpos celestes. Según el artículo 11, ya alcanzada la Luna, ésta no puede ser ocupada y soberanamente reivindicada por una nación. Claro, ¿ cómo evitarlo si apenas dos potencias han posado sus hombres y/o máquinas en ella?. Con mucha razón, un autor necesario de recordar, Víctor José Delascio, afirmó que "nadie duda que conviene que el jurista se anticipe, por decirlo así, a los acontecimientos y regule - con carácter preparatorio, naturalmente- actividades y situaciones absolutamente previsibles, aún cuando para su realización haya de transcurrir un plazo relativamente largo", alertando sobre el alunizaje ("Conceptos sobre temas aeronáuticos y espaciales", SOVADAE, 1969, p. 445). El derecho espacial, luego de pasada la fiebre espectacular de finales de los sesenta, sigue siendo un ancho terreno que abonar con ingenio y decisión. El espacio ultraterrestre puede ser una maldición para los países subdesarrollados que lo intentan o una bendición para los que lo logran. Un riesgo y una oportunidad.

Fuente:http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/3470105.asp