Varios Amuay
Luis Barragán
Lamentar profundamente la reciente tragedia, obliga a preguntarnos sobre los otros Amuay padecidos y que podríamos padecer. No contamos precisamente con un gobierno diligente y eficaz que, militarista, tarda en instalar el consabido puente de guerra al oriente del país que, por si faltase poco, ha de importarlo.
Revelador mes el que concluye, ya sabemos que no le garantiza la vida a los venezolanos en las calles ni en sus casas, como tampoco a las personas privadas de libertad que, se supone, se le haría más fácil por los escasos metros cuadrados que les dispensa. El más modesto palo de agua, colapsa todo poblado, y – particularmente – Caracas no recibe respuesta alguna de Farruco Sesto, su transformador revolucionario, con cerros que se vienen abajo haciendo temblar a quienes piden viviendas desde hace casi catorce años, por no mencionar la desatención real y sostenida en materia de salud y de salubridad pública.
Acaeció el accidente de Amuay y, como habitúa en estos casos, probablemente pensando en un manejo espectacular del problema o gozando de los equívocos que genera su ausencia, haciéndolo sospechoso de hallarse en Cuba, Chávez Frías aparece o aparecerá tardíamente en el escenario de los hechos. Por contraste, hay evidencias de la vieja prensa respecto a la personal presencia del presidente de la República, tan o más Comandante en Jefe que él, por aquello de la autorictas, en medio de los más variados siniestros, sin las estridencias que sus responsabilidades ameritaban.
Todo el país conmovido, y lo que rápidamente implementó el régimen fue una dura e intensa campaña propagandística que hizo - en la hora inicial - de unos tales Silva y Durán, los adalides del férreo combate contra la oposición desde los confortables estudios de lo que llaman el sistema nacional de medios públicos. Al igual que la cuña del metro, que a cada instante pide denunciar el sabotaje como si bastara para liberarlo de sus ineficiencias, la prioridad fue la de sembrar la sospecha en torno a una extraordinaria conspiración que, inevitable, aterriza en Capriles Radonski.
Minimizar el costo político es la orden, por lo que las responsabilidades del ministro Ramírez, como ha pasado con los ministros Valera y Tarek, están muy lejos de establecerse. Casos como el de Tacoa, principiando los ochenta, condujeron inmediatamente al examen público, al libérrimo debate en los medios y a la investigación parlamentaria, pero – otro Amuay más – el de ahora redobladará los esfuerzos publicitarios de cada despacho, atornillándose obstinadamente el titular, sin preguntarse cuál siembra de antivalores ha aportado para que reaparezca el saqueo en tierra falconiana.
Teóricamente no debe, pero el TSJ puede inventar alguna fórmula para una habilitación presidencial por los meses que restan del año, para que el gobierno nacional afronte la emergencia y, de paso, excediéndose, dicte otras regulaciones. Mientras tanto, se las ingeniará para crear otras nomenclaturas militares que en nada contribuyen, pues olvida el mentado Estado Mayor de Lluvias que a los estados les quitaron competencias como la de la vialidad, por no mencionar los dineros que constitucionalmente les correspondía.
Chávez Frías ya decidió un comité de investigación que, obviamente, incluye al CIPC, el Sebin y el DIM, por lo que lidia por una versión de los hechos: la suya. Obstaculizará toda polémica abierta sobre las causas y consecuencias, añadido el escenario parlamentario que le ha sido inéditamente complaciente por más de una década. No obstante, hay un Amuay más peligroso: el supuesto negado de un triunfo presidencial del barinés.
En efecto, a cada rato grandes, medianas y pequeñas tragedias se asoman en el horizonte del país, y – una vez pasadas las elecciones – la franqueza se hará cargo de la gestión gubernamental: ininvestigables, ¿quién puede asegurar que no ocurrirán otros accidentes, otros colapsos, otras crisis que obscenamente imputan a las traviesas iguanas, faltando pruebas contra la oposición? Lo peor será, en el espíritu de la fracasada reforma constitucional de 2007, reeditada fraudulentamente por otras vías, que esos problemas los transferirá a las comunidades, liberándose definitivamente de toda responsabilidad.
Coletilla:
Ha fallecido Neil Armstrong, quien pisó suelo lunar junto a Edwin Aldrin. Digamos, Richard Nixon y Henry Kissinger los imitarían durmiendo increíblemente en China.
Pertenecemos a una generación que creció con las hazañas del Apolo y su Saturno V, familiarizada con la antena de Camatagua, festejando – además – la elocuencia de un Óscar Yánez con la histórica transmisión de 1969, convertido el Sputnik en un dato lejano. Y esto nos llevó a un autor venezolano, ya olvidado, como Víctor José Delascio y un magnífico ensayo sobre el derecho (ultra) espacial, hasta proponer la creación de un centro espacial latinoamericano en el encuentro ideológico juvenil socialcristiano de 1986.
Fue y vino Armstrong de la Luna, pero Chávez Frías permanece en ella. Amuay es una constatación, por cierto.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2012/08/varios-amuay/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=896828
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lunes, 27 de agosto de 2012
domingo, 12 de diciembre de 2010
´de una relación costo - sufragio

EL NACIONAL - Sábado 11 de Diciembre de 2010 Nación/3
El Método del Discurso
Violar la Constitución no cuesta votos
FAUSTO MASÓ
Las violaciones a la propiedad privada no convencieron a los electores de Guárico y de Amazonas para no votar por Chávez. Tampoco les molestó que vulnerase la constitución un día sí y otro no. El PSUV aumentó su votación en esos estados a pesar de las lluvias, los apagones, el desastre económico. Quizá esté ocurriendo lo peor: parte del país compra la utopía socialista, supone que las penalidades del presente abrirán la puerta a una sociedad de iguales. Históricamente la utopía ha sido derrotada no por los principios de la propiedad privada sino por una promesa más convincente como la que representó la democracia venezolana en sus primeros tiempos o por hechos contundentes como el crecimiento económico de Chile. Por lo general mucha gente prefiere pasar hambre con ilusiones que sin ilusiones. Lógico. Ocurre también que el carisma de Chávez, igual que la votación de AD en otra época, permanece más tiempo en lugares como el Guárico. Si es así no hay que dar por segura su derrota en 2012. El debate es político no jurídico. Chávez ha violado la constitución y ha ganado elecciones.
Entre los rasgos pintorescos de la política venezolana sobresalen las acusaciones de inconstitucionalidad contra Chávez, tan útiles como la raya adicional del tigre. Llevan diez años sin quitarle el sueño y quizá hasta las agradezca porque distraen al país de los verdaderos temas: corrupción inseguridad, anarquía. Además Chávez siempre podrá cambiar las leyes a posteriori para justificar cualquier decisión y así respetarlas al pie de la letra.
El domingo pasado la MUD perdió muchos votos en Guárico por falta de unidad, por no haber celebrado unas primarias. El chavismo contó con un candidato más atractivo que el difunto William Lara. En Amazonas el gobernador Guarulla ganó por un margen más estrecho que en el pasado. En Maracaibo la abstención le quitó votos a Únete a pesar de la gran campaña realizada por Eveling de Rosales.
El chavismo cuenta con mayores recursos; a la oposición le toca sin dinero organizar una maquinaria. Maquinaria es sinónimo de dinero o de una vasta organización de jóvenes.
El domingo pasado el país no tomó la elección con la misma seriedad que el 26S, cuando la abstención chavista superó a la antichavista.
Unos no creyeron que la revolución corría riesgos; los segundos supusieron que el control de la Asamblea pondría un obstáculo al proyecto del PSUV. El domingo pasado ocurrió lo contrario; los antichavistas durmieron la siesta.
Mientras la oposición crea más en la victoria de 2012 menos se movilizará, contará los pollitos antes de nacer.
Considerar ya fatalmente derrotado a Chávez es un grave error. Puede ganar las elecciones de 2012 a juzgar por los resultados del domingo pasado.
Esa creencia en una victoria inevitable, en la impotencia de Chávez disminuye la unidad de la oposición, pues si ya el recado está hecho las ambiciones de muchos saldrán a la superficie. Reconocer el poder político e institucional de Chávez, las ventajas con las que cuenta, el poder del dinero, su habilidad táctica, obliga a unirse con mayor fuerza.
Paradójicamente mientras más la oposición suponga el triunfo seguro menos urgencia habrá para fortalecer la unidad. Mientras tanto, con todo el respeto: denle a los constitucionalistas unas bien merecidas vacaciones.
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