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domingo, 12 de noviembre de 2017

¿SIEMPRE ALERTAS?

Evangelio Dominical: Doncellas
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el 32° Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, correspondiente al domingo 12 noviembre 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 25, 1-13
"¡Velen, porque no saben el día ni la hora!"
¿Estás siempre alerta?
El evangelio de hoy cuenta la bella historia de una boda. Allí están las damas de honor, que acompañan a la novia. Pero algunas de esas damas se quedan sin fiesta por no ir preparadas. Esto fue lo que pasó.
En tiempo de Jesús, el novio y sus amigos el día de la boda iban a casa de la novia a buscarla. Allá esperan también con ella las diez damas de honor, llenas de alegría, para acompañar a la pareja a la fiesta de su boda. Pero aquella vez tarda el novio en llegar, y todas se duermen.
De pronto alguien grita: "¡Llega el novio!". Todas se despiertan, pero ven que sus lámparas languidecen: necesitan aceite para reavivarse.
Cinco de las jóvenes habían traído consigo aceite: eran «sensatas». Le echaron a las lámparas de ese aceite de reserva que traían, y las lámparas volvieron a lucir fuertemente.
Pero las otras cinco son «necias», pues no habían pensado en nada de esto, y tienen que ir al pueblo a comprar aceite para sus lámparas.
Mientras las necias van al pueblo, llega el novio a la casa de la novia. Los novios se disponen a ir a la boda, a la casa del novio. Y allí están las doncellas «sensatas», que salen alegres con sus lámparas brillantes a iluminar el camino. Se van con la novia y el novio, y entran con ellos en la fiesta.
Mientras tanto, las otras cinco damas de honor, las 'necias', vuelven de la tienda, ven que todos se han ido y caminan hasta la casa del novio. Llaman a la puerta. El novio se halla muy ocupado con la fiesta. Se asoma por una ventana, y les grita: "Les aseguro que no les conozco". Y así, se quedan sin poder entrar a la boda.
¿Qué simboliza la parábola?
El novio es Cristo. La novia es la Iglesia (Apocalipsis 22:17). Las diez doncellas representan a todos los miembros de la Iglesia. Somos nosotros. Pero hay quienes estamos prevenidos y quienes no lo estamos. La luz de las lámparas, que llevan todas las doncellas, puede representar la fe que tienen todos los cristianos. El aceite, que algunas doncellas tienen y otras no, puede representar las buenas obras. Una fe sin obras es como una lámpara sin aceite: está muerta e inútil. (Santiago 2:17).
Las doncellas sensatas se proveyeron antes de suficiente aceite como para mantener las lámparas alumbrando. Así debemos comprometernos y perseverar en el aceite de las buenas obras. Debemos mantener esta nuestra fe viva. Esta fe viva es la mejor forma de estar listos y preparados para cuando venga el Señor.
La jornada hacia el Reino, hacia el sitio de la boda es un evento de relación de amor entre personas. Es un aprendizaje continuo de cómo entrar plenamente en esta relación de amor que no niega la existencia de las ambigüedades de la vida. Sabemos que el Señor llega finalmente (cf. 1 Ts 4,13-18)
Nuestro encuentro con Dios, al final de la vida, será un encuentro de amor; será la cumbre de la aventura de amor vivida desde nuestra vida presente con fe viva, con fe basada en buenas obras. Será como una fiesta. Pero debemos estar preparados.
¿Y hay quienes no están preparados?
Así es. Y el mensaje es claro y urgente: Aquí, en este mundo, estamos en un "momento de espera", en el que hay tiempos oscuros y luminosos, tiempos buenos y malos, gozos y tristezas. Por eso hay que estar vigilantes.
Y dentro de la comunidad cristiana, hay discípulos «sensatos», que actúan de manera responsable e inteligente, y hay discípulos «necios» que actúan de manera frívola y descuidada.
La distinción entre insensatez y sabiduría depende de la preparación, atención y cuidado que tengan.
¿Quiénes son los cristianos sensatos?
-Los que tienen buenas obras.
-Los que aman a los demás, los que son luz para los demás, pues lo que da luz a nuestra vida, es el amor que Dios Padre ha derramado en nuestros corazones a través del Espíritu Santo (cf. Rom 5,5). Y Jesús nos dijo: "Sean luz del mundo" (cf. Mt 5,14-16).
-Los que se dejan poseer por el Espíritu Santo, que les capacita para amar a Dios por encima de todo y a los demás como a nosotros mismos (Mt 22,37).
-Los que alimentan y cultivan ese amor a lo largo de la vida, los que mantienen la luz de Cristo encendida hasta su venida final, de forma que sea una señal de nuestro discipulado y de nuestra identidad como seguidores de Cristo (cf. Juan 13,35). "Miren cómo se aman".
-Los que mantienen la llama de nuestra fe en Él y nos dicen cómo cumplir sus mandatos, especialmente el mandato del amor.
Los que están en contacto con la presencia del Novio en sus "rostros diversos", sobre todo en los extraviados, en los últimos y en los más insignificantes (cf. Mt 25,31-46).
-Los que son previsores, se preocupan, leen, estudian, escuchan, se molestan por ser luz.
La santidad consiste en vivir el momento presente como si fuera el último, como si fuera el instante en que llegará el esposo. Tenemos que estar preparados. No podemos faltar a la cita.
Precisamente la Primera Lectura de hoy hace la descripción de la persona sensata.
¿Quiénes son los cristianos necios?
-Son los que escuchan el Evangelio, pero no hacen un esfuerzo mayor para convertirlo en vida. Son como los que construyen un cristianismo sobre arena. Son como la semilla que cayó en el camino o en sitio pedregoso o entre espinos.
-Son los que llevan una vida apagada, despreocupada, vacía del espíritu de Jesús y de su amor: ellos esperan a Jesús con las «lámparas apagadas», sin buenas obras.
-Son los que no educan a los hijos, los que no vienen a Misa, no leen o escuchan la Biblia, la Palabra de Dios. Son los que oran sólo cuando tienen problemas: "A Santa Bárbara cuando truena". Son los que no se sacrifican por los demás, los que se dejan llevar por la corriente: "¿Dónde va Vicente? Donde va la gente".
-Son los que, en cambio, buscan afanosamente el éxito, la posesión de cosas, la satisfacción de las pasiones. Todo eso, que atrae a 'nuestra carne', nos distrae, nos hace perder de vista la meta, el fin del camino, e induce un sueño profundo en el alma.
Hemos olvidado que la vida es expectativa, que debemos vigilar nuestras lámparas, porque lo que está en juego es la salvación definitiva. Olvidarlo significa despreciar a Dios mismo (Cf. I Tes 4, 8).
Jesús puede tardar, pero no podemos retrasar más nuestra conversión.
¿Qué significa la frase 'No les conozco'?
La frase del Señor "Les aseguro que no les conozco", es una de las más terribles de la Biblia. "Conocer" en la Biblia implica un elemento afectivo y de cariño. Así que esa frase indica todo lo contrario: la separación y la frialdad total. Es una expresión que subraya la distancia, la interrupción de las relaciones, la no comunión entre las damas y el esposo.
Y la culpa no es del esposo, sino de las damas que no se prepararon bien para su llegada.

Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-doncellas
Cfr.
Ilustración: François Morellet.

NECIAS Y SENSATAS

NOTITARDE, Valencia, 12 de noviembre de 2017
“Caminando con Cristo”
Dios nos invita a estar vigilantes (Mt. 25,1-13) 
Joel de Jesús Núñez Flautes

El texto del evangelio que se lee y medita en este domingo es la parábola de las diez vírgenes, cinco eran necias y cinco sensatas que estaban a la espera del esposo, que a unas las encontró abastecidas con suficiente aceite para llenar sus lámparas y a las otras  no y, por eso, no pudieron entrar al banquete de bodas.

El mensaje para reflexionar hoy es el tema de la vigilancia para no dejar de recibir los dones y las gracias de Dios que siempre viene a nuestro encuentro. Dios siempre viene y pasa por nuestra vida, camina junto con nosotros; tenemos que tener el corazón y la mente abierta y alerta para poder ver los signos de su presencia. Las doncellas o vírgenes prudentes de la parábola van provistas con el aceite de la vigilancia, para aguardar la llegada del esposo; así necesita vivir el cristiano, atento al paso de Dios en su vida, para poder recibir sus dones, bendiciones y alcanzar la vida eterna.

Hay que aclarar que la vigilancia no tiene sólo que ver con la capacidad de vencer el sueño o estar despiertos; se puede y es necesario dormir, como lo hicieron todas las doncellas, pero al mismo tiempo se puede estar vigilante, organizado y atento para no dejar fuera de nuestra vida lo que es más importante y fundamental. En la vida cotidiana necesitamos dormir para dejar a un lado las ansiedades, preocupaciones, miedos y dolores que tenemos a diario, pero un signo de sabiduría y de estar atentos al mismo tiempo, es saber sobreponerse y afrontar las adversidades; porque no nos dejamos sorprender por ellas, porque Dios está con nosotros.

IDA Y RETORNO: Mañana es día de nuestra patrona de Valencia.

Fuente:
Cfr.
Ilustración:  François Morellet.

PUNTO DE INFLEXIÓN

El aceite da luz al consumirse en el servicio a los demás
Marcos Rodríguez

Contexto
En los tres domingos que quedan vamos a leer todo el capítulo 25 de Mateo (el último, antes del relato de la pasión).
 Los tres episodios que en él se narran (diez doncellas, los talentos y juicio definitivo) siguen siendo advertencias a su comunidad, con el fin de poner en guardia a los cristianos de las consecuencias últimas de sus actitudes vitales.
Ni Dios ni Jesús tienen que hacer ya nada. La pelota está en nuestro tejado y depende de nosotros que la juguemos bien o no. En cualquier caso, pitarán el final del partido.
Los textos de estos últimos domingos de año litúrgico nos invitan a velar, a estar preparados. No para que la muerte nos coja confesa­dos, esa es la visión miope que nos han querido inculcar. Por fortuna, ya no pensamos en ese Dios vengativo que está al acecho para ver cómo puede cogernos en un renuncio y condenarnos. De ahí la tremenda frase: “Dios te coja confesado”, que es un insulto a Dios y a todo el mensaje de Jesús. 
Dios no nos espera al final del camino para someternos a un juicio; lo cual daría por supuesto que de entrada hay sospecha de culpabilidad. No, Dios está en nosotros todos los instantes de nuestra vida para que podamos llevarla a plenitud, es decir, para salvarnos en Él.
Se ha aprovechado este lenguaje para meter miedo a la gente: No sabéis el día ni la hora de vuestra muerte. ¡Temblad! Y eso que, en este ciclo A de Mateo nos libramos de los textos apocalípticos, que son todavía mucho más terroríficos y nos pueden despistar aún más.
No es la muerte la que tiene que dar sentido a nuestra vida, sino al revés, sólo aprendiendo a vivir se aprende a morir. Aunque sólo os quedara un segundo de vida, haríais muy mal en pensar en la muerte. Sería mucho más positivo el vivir plenamente ese segundo. La muerte no arregla nada; si hay problemas, debemos arreglarlos mientras estamos de pie.
Explicación
La tendencia de la primera comunidad a alegorizar la parábola, nos ha privado de su sentido más profundo. El punto de inflexión de la parábola está en la falta de aceite para que las lámparas puedan estar encendidas. Comparar a Cristo con el esposo y a la Iglesia con la esposa, que ni siquiera se menciona, no tiene apoyo ninguno exegético.
El relato está tomado de la vida cotidiana. Después de un año o más de desposorios, se celebraba la boda, que consistía en conducir a la novia a la casa del novio, donde se celebraba el banquete. Esta ceremonia no tenía ningún carácter religioso. El novio, acompañado de sus amigos y parientes iba a casa de la novia para conducirla a su propia casa. En la casa de la novia le esperaban las amigas de la novia, que la acompañarían en el trayecto. Todos estos rituales empezaban a la puesta del sol y tenían lugar de noche, de ahí la necesidad de las lámparas para poder caminar.
La importancia del relato no la tiene el novio ni la novia, ni siquiera los acompañantes. Lo que el relato destaca es la luz. La luz es más importante que las mismas muchachas, porque lo que determina que entren o no entren en el banquete es que tengan o no tengan el candil encendido. Una acompañante sin luz no pintaba nada en el cortejo. Ahora bien, para que dé luz una lámpara, tiene que tener aceite. Aquí está la madre del cordero. Lo importante es la luz, pero lo que hay que procurar es el aceite.
Jesús había dicho: “Yo soy la luz del mundo”. Y también: “vosotros sois la luz del mundo”. El ser humano es luz cuando ha desplegado su verdadero ser; es decir, cuando trasciende y va más allá de lo que le pide su simple animalidad. No es que nuestra condición de animales sea algo malo, al contrario, es la base para alcanzar nuestra plenitud, pero si no vamos más allá, cercenamos nuestras posibilidades de humanidad.
La primera lectura nos puede ayudar a encontrar el sentido de la parábola.
Sab 6, 13-16: “Ven la sabiduría los que la aman, la encuentran los que la buscan.
La verdadera Sabiduría es encontrar la manera de dar un sentido a la vida. Dar sentido a la vida es más importante que la vida misma. Ese sentido no viene dado, tenemos que buscarlo. Esa es la tarea más específicamente humana. Nuestra vida puede quedar malograda como tal vida humana.
Esa es la advertencia de la parábola. Hay que estar alerta, porque el tiempo pasa. Si estamos dormidos, hay que despertar, porque de lo contrario, perderemos la oportunidad de descubrir esa Sabiduría.
¿Cuál es el aceite que hace arder la lámpara? Si acertamos con la respuesta a esta pregunta, tenemos resuelto el significado de la parábola.
En Mt 7,24-27, se dice: “Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se parece al hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Y todo aquel que escucha estas palabras mías y no las pone por obra, se parece al necio...”
La luz que tiene que arder es la práctica del mensaje de Jesús. El aceite que tiene que alimentar esa llama, es el amor manifestado. El ser necio o sensato no depende de un conocimiento mayor o menor, sino de una práctica.
Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No se trata de egoísmo: es que resulta imposible amar en nombre de otra persona o considerar propia la entrega que otro ha realizado. Nuestra lámpara no puede arder con el aceite de otro. La llama a la que se refiere la parábola no puede ser encendida con aceite comprado o prestado. El sentido de toda una vida no se puede improvisar en un instante.
Sólo con lo que hay de Dios en nosotros, descubierto, reconocido y desplegado, puede considerarse encendido nuestro ser.
Ese despliegue constituye la Sabiduría de la que nos hablaba la primera lectura. Sin esa llama, seremos irreconocibles incluso para el mismo Dios. Para entrar a formar parte de una orquesta, no basta con adquirir un buen violín; hay que aprender a tocarlo y armonizar tu música con los demás.
Interpretar esta parábola en el sentido de que debemos estar preparados para el día de la muerte, es tergiversar el evangelio. El esperar una venida futura es una perspectiva inútil, porque Jesús ya dijo a sus discípulos: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”
La parábola no hace especial hincapié en el fin, sino en la inutilidad de una espera que no va acompañada de una actitud de amor y de servicio. Las lámparas deben estar encendidas siempre; si esperamos a prepararlas en el último momento perderemos la oportunidad de entrar con el novio.
Aplicación
Obsesionados por la “salvación eterna”, hemos interpretado esta parábola como una advertencia de preparación para la muerte, o peor aún, para el juicio. Nada más lejos del sentido del relato.
Si el aceite es el amor, que hace funcionar la vida cristiana, no podemos pensar en el “último día” para que tenga sentido. Hay que buscar una interpretación más de acuerdo con el mensaje de Jesús.  Lo que el evangelio pretende es que alcancemos una Vida llena de sentido, durante esta vida biológica.
La venida de Jesús al final de los tiempos, es una imagen escatológica que no podemos tomar al pie de la letra; tiene un significado mucho más profundo. Jesús, con su muerte en la cruz, consumió todo su aceite en una llamarada que sigue iluminándonos.
El don total de sí mismo trasformó todo lo humano en divino. Allí culminó su “historia” porque sólo permanecerá identificado con Dios, y Dios está fuera del tiempo y del espacio. Todo lo que podemos decir de Jesús después de su muerte, serán “historias”.
Pronto los cristianos cayeron en la trampa de entender la segunda venida de Jesús de una manera temporal e inminente. Y nosotros seguimos esperando esa segunda venida en la que no se hablará de cruz, sino de gloria para todos.
No acaba  de gustarnos cómo terminó Jesús su paso por la tierra. Esta es la causa por la que hemos inventado un futuro a nuestro gusto para él y para nosotros. Nos sentiríamos muy a gusto si volviera lleno de gloria y nos comunicara a los “buenos” esa misma gloria. Esta visión raquítica, la hacemos desde nuestro falso yo, que nunca aceptará el desaparecer, mucho menos consumirse en beneficio de los demás. El “yo” sigue pretendiendo poner al mismo Dios a su servicio.
Si de verdad queremos dejar de ser necios y empezar a ser sensatos, tenemos que desplegar nuestra vida desde otra perspectiva. Tenemos que abandonar todo proyecto de glorificación, sea en este mundo o sea en el otro, y entrar por el camino del servicio a los demás hasta la entrega total de todo lo que somos.
El aceite sólo da luz a costa de consumirse. Si aceptamos el programa del evangelio sólo porque nos han prometido una “gloria”, la cosa no puede funcionar. Estamos completamente equivocados. La inserción definitiva en Dios sólo es posible si desaparezco consumiéndome en el servicio de los demás. 
Todo lo que hemos proyectado para el más allá, lo tenemos al alcance de la mano en el más acá. Ni Dios ni Jesús pueden darnos más de lo que nos están dando en este momento. Descubrir ese don, es la tarea de todo ser humano. La vida humana cobra pleno sentido, y alcanza su fin por una toma de conciencia de lo que Dios nos ha dado. La verdadera sabiduría no es más conocimiento, sino más vivencia.
Meditación-contemplación
“Yo soy la luz del mundo”.
Esto no lo decía Jesús como Dios, sino como ser humano.
Su experiencia de Dios como “Abba”, fue su lámpara encendida.
Esa misma luz está también en cada uno de nosotros.
………………
Dentro de ti debes descubrir el aceite.
Si prende, dará luz que alumbrará tus pasos.
Esa llama, si es auténtica, no se puede ocultar,
sino que alumbrará también a todos los demás.
………………
Tienes que descubrir tu propio aceite.
Nadie te lo puede prestar, porque es su propia vida.
Toda vida se mueve de dentro a fuera.
Si se mueve desde fuera, será sólo un mecanismo muerto.

Fuente:
Ilustración: François Morellet.

sábado, 4 de noviembre de 2017

SER O NO SER

NOTITARDE, 05 de noviembre de 2017
Caminando con Cristo
Dios nos invita a estar vigilantes (Mt. 25,1-13)
Joel Núñez Flautes

El texto del evangelio que se lee y medita en este domingo nos presenta a Jesús instruyendo a sus apóstoles, discípulos y a la gente que le seguía. Les advierte que no lleven una vida incoherente, falsa
e hipócrita que tienen los fariseos, sino que los invita a cumplir y vivir realmente la Palabra de Dios, y principalmente el mandamiento del amor.
Jesús condena que los fariseos querían imponer un conjunto de prohibiciones a la gente, pero ellos eran incapaces de cumplir o buscaban la forma de justificar sus actuaciones. Vivían una religión
de la apariencia, del ritualismo y legalismo, condenaban a los demás como impuros, se creían los más conocedores de la Palabra de Dios (La Torá o Antiguo Testamento para el momento), se llamaban
maestros y doctores de la Ley, le gustaba engalanarse con sus conocimientos y trajes, pero al final eran incoherentes y no vivían lo que predicaban. Esta sigue siendo una tentación hoy para cualquier
cristiano o líder cristiano, para un discípulo-misionero, el hablar y no vivir, el predicar, pero no llevarlo a la vida.
La segunda parte del evangelio nos habla del cómo Jesús pide a sus seguidores que no se dejen llamar maestros ni padres; y por supuesto, en este aspecto no hay que tomarlo literalmente o de forma
fanática o irracional; ya que en ese tiempo, como ahora es común que a alguien le digamos maestro o papá; lo que quiere decir Jesús es que no desplacemos de nuestra vida a quien es y debe ser el
Maestro y Padre por excelencia que es Dios.
IDA Y RETORNO: Dios está con nosotros, su amor es fiel.

Fuente:
Ilustración: Andrés Labaké.