Evangelio Dominical: Fracaso en su pueblo
José Martínez de Toda, S.J.
Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el cuarto Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C, correspondiente al domingo 31 de enero 2016. La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas Lc 4, 21-30.
"Ningún profeta es bien visto en su tierra"
En el evangelio de hoy aparece el primer fracaso de Jesús. ¿Cómo ocurrió?
Jesús comienza su vida pública, recorriendo la Galilea, y allí su fama se extendió por toda la región (Lc 4,14). Y un día apareció en Nazaret, su pueblo donde se crió y creció.
El sábado fue a la sinagoga. Le invitan a leer la Biblia y predicar. Lee unas frases del profeta Isaías (61,1-2), que habla a favor de los pobres, los cautivos y los oprimidos... Y Jesús dice que ésa es su Misión: ayudarles a conseguir su liberación.
Al principio todos lo escuchan con agrado y satisfacción.
Pero la situación da un vuelco repentino y comienza a aparecer la agresividad de la gente contra Jesús.
¿Cuál fue la chispa que motivó el cambio?
Quizá en ese momento algunos le dijeron a Jesús:
'Haz aquí los milagros que hiciste en Cafarnaúm'.
¿Por qué piden milagros?
Primero: se sentían celosos y envidiosos de Cafarnaún, donde había hecho tantos milagros. Ellos pensaban que Jesús debía hacer más milagros aún en su pueblo natal que en Cafarnaún. Debía preferir a los de su pueblo.
Segundo: Cafarnaún era una ciudad grande, de mucha pesca y comercio, y en ella había muchos gentiles. Éste era su defecto. Jesús debía preferir a Nazaret, donde todos eran judíos, del pueblo elegido por Dios.
Tercero: a los judíos de Nazaret no les gusta la interpretación que hace Jesús del texto de Isaías. Los judíos piensan que el texto de Isaías (61:1) se refiere sólo a Israel, como pueblo oprimido por los romanos. Él debe trabajar para liberar al Israel cautivo. En otras palabras, el Mesías debe salvar a Israel, ponerlo al frente de las naciones, y debe vengarse así de todos sus enemigos.
¿Cómo manifiestan su descontento?
Haciendo comentarios mal intencionados, de un escepticismo absoluto:
"¿No es éste el Hijo de José?" (Lc 4,22).
"¿De dónde le viene a éste esta sabiduría y estos milagros?" (Mt 13,54).
Como diciendo: "¿Quién se cree Jesús que es?"
¿Qué responde Jesús a todos esos chismes?
Seguramente Él trató de explicarse:
Primero: Jesús no tiene una misión restringida sólo para el pueblo judío. Es universal (eso significa 'católico'). El verdadero Dios está a disposición de todos, especialmente de los pobres, de los más necesitados y de los humildes, que tengan fe.
Y cita dos casos muy conocidos en el Antiguo Testamento, en los que aparece una preferencia de Dios por los no judíos:
El primer caso es el de Elías. En medio de una amenazante sequía, Dios mandó a Elías que le pidiera pan y agua a una viuda pobre y gentil de Sarepta, cerca de la ciudad de Sidón, es decir, en territorio extranjero. Ella protestó que solo tenía una barra de pan para ella y su hijo, y que después morirían. Elías le pidió que obedeciera con fe, y le prometió: "La tinaja de harina no escaseará, y la botija del aceite no disminuirá, hasta cuando Dios traiga lluvia sobre la haz de la tierra" (1 Reyes 17:1-24). Ella respondió con fe como le pidió, y fue fielmente recompensada. Su hijo murió, pero Elías lo resucitó.
El segundo caso es del profeta Eliseo, que no curó a ningún leproso israelita, habiendo tantos en Israel, sino a Naamán, también un extranjero y gentil (2 Reyes 5, 1-19), y además comandante del ejército sirio. La mención de Naamán debió ser particularmente amarga para los judíos, pues les recordaría la presencia de soldados romanos que en ese momento ocupaban Israel.
Además, Jesús les dice que Él no ha venido a salvar a los santos, sino a los pecadores.
"Entonces todos en la sinagoga se llenaron de ira, oyendo tales cosas" (v. 28).
Y Jesús concluye:
"Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra".
¿Por qué un profeta no es aceptado en su tierra?
En la Biblia, profeta no es simplemente el que predice el futuro.
El profeta esencialmente es el vocero de Dios. El profeta no puede hablar exclusivamente según le digan sus amigos y paisanos.
El profeta dice las verdades, aunque sean amargas, y esto es lo que les mete en problemas. Se hacen impopulares y contraculturales.
Y así ocurrió en la larga historia de Israel, que rechazó a tantos profetas.
¿Logró Jesús convencerlos?
Nada. Más bien, quieren apedrearlo. Pero estaba prohibido hacerlo dentro de la ciudad (Lev. 24:14; véase también Hechos 7:58; 14:19).
Por eso, lo llevan fuera de ella, e intentan despeñarlo o empujarlo por un barranco a un nivel más bajo, para que la multitud pueda tirarle piedras desde arriba.
Pero Jesús fría y majestuosamente se abrió paso entre ellos y se alejaba...
(Estos DIÁLOGOS se hallan en www.homiletica.org como Guiones radiofónicos, clikando en José Martínez de Toda, S.J. - martodaj@gmail.com , para que las laicas/os los lleven a la radio).
Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-fracaso-su-pueblo
Ilustración: Jacqueline Hick.
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domingo, 31 de enero de 2016
sábado, 30 de enero de 2016
GRESCA: DESCUBRIR LO QUE DIOS ESPERABA DE ÉL
La primera oposición que sufre Jesús viene de su pueblo
Marcos Rodríguez
Contexto
Recordemos lo que hemos leído el domingo pasado. Jesús llega a la sinagoga de su pueblo y lee un trozo del profeta Isaías; pero cuando llega al pasaje "el año de gracia del Señor ", corta la lectura sin leer lo que sigue en el texto, que dice: "y el día de la venganza de nuestro Dios". Este corte es la clave para entender todo lo que pasa a continuación. Los oyentes conocían perfectamente el texto y muestran su disconformidad con la mutilación que hace Jesús.
Los judíos de aquel tiempo, lo que esperaban de Dios era una salvación del pueblo judío pero a costa de todos los demás. Lo que propone Jesús es una liberación para todos. Esto era inaceptable para un judío.
Explicación
Hemos leído: “todos le daban su aprobación y se admiraban...”. Pero hay una traducción alternativa:
· El verbo griego (martyreo) = dar testimonio, que en la versión oficial se traduce por “dar su aprobación”, cuando está construido con dativo, significa “testimoniar en contra”.
· Por otra parte, (thaumazo) = Admirarse, significa también extrañarse, es decir, una admiración negativa.
Entonces la traducción sería: “todos se declaraban en contra, extrañados del discurso sobre la gracia (para todos) que salía de sus labios”.
Así cobra pleno sentido la respuesta de Jesús, que de otro modo, parece que inicia él la gresca provocando al personal. Jesús lo único que hace es responder a la agresividad.
La importancia de suprimir la última frase del texto de Isaías, queda más clara con la explicación que da hoy Jesús. Tiene que rectificar el texto de Isaías, pero menciona a otros dos profetas que avalan esa aparente mutilación. Elías y Eliseo son ejemplos de cómo actúa Dios con relación a los no judíos.
Para entenderlo hoy, podíamos decir que Elías atendió a una viuda libanesa y Eliseo a un general sirio. ¡Qué poco han cambiado las cosas! La viuda de Sarepta y Naamán el sirio fueron atendidos por los profetas porque confiaron en ellos, aunque no formaban parte del pueblo elegido.
El evangelista quiere subrayar que este argumento contundente, no sólo no les convence, sino todo lo contrario, provoca la ira de sus vecinos porque se sienten agredidos cuando les echa en cara su ceguera.
Este mismo relato en Mateo y Marcos no hace alusión a los dos profetas, lo cual nos hace sospechar que no es originario de Jesús. Los primeros cristianos se esforzaron por hacer ver que Jesús era una continuación del Antiguo Testamento; por eso aprovechan cualquier resquicio para demostrar que en Jesús “se cumplen las Escrituras”.
Creo que Jesús no necesitó el apoyo de la Escritura para justificar su manera de actuar y su predicación. El mismo evangelista no está convencido de esa continuidad cuando nos está diciendo que Jesús no fue fiel al texto de Isaías, al leerlo de una manera parcial.
¿No es éste el hijo de José? La única razón que dan los de su pueblo para rechazar las pretensiones de Jesús, es que no es más que uno del pueblo, conocido de todos.
A mí me parece muy importante este planteamiento por parte del evangelista. La grandeza de Jesús está en que, siendo uno de tantos, fue capaz de descubrir lo que Dios esperaba de él. Jesús no es un extraterrestre que trae de otro mundo poderes especiales, sino un ser humano que saca de lo hondo de su ser lo que Dios ha puesto en todos los seres. Habla de lo que encontró dentro de sí mismo y nos invita a descubrir en nosotros lo mismo que él descubrió.
La primera oposición que sufre Jesús en este evangelio, no viene de los sumos sacerdotes ni de los escribas o fariseos, sino del pueblo sencillo. Sus paisanos ven que no va a responder a sus expectativas del judaísmo oficial, y se enfadan. Cualquier visión que vaya más allá de los intereses del gueto, (familia, pueblo, nación, etc.) será interpretada como traición a la institución. Las instituciones tienen como primer objetivo la defensa de unos intereses frente a los intereses de los demás. Incluso nuestra manera de entender el ecumenismo, responde a esta dinámica completamente ajena al evangelio.
Los de su pueblo no pueden aceptar un mesianismo para todos. Ellos esperaban un Mesías poderoso que les iba a librar de la opresión de los romanos y a solucionar todos los problemas materiales. Si Jesús se presenta como tal liberador, ellos tenían que ser los primeros beneficiarios de ese poder. Al darse cuenta de que no va a ser así, arremeten contra él con toda su alma. El odio es siempre consecuencia de un amor deseado, pero imposible.
Jesús vuelve a echar mano del AT para demostrar que los profetas ya habían manifestado esa actitud de Dios a favor de extranjeros en apuros. Quiere decir que su mensaje no es contrario ni ajeno a la Escritura y que las pretensiones de los de su pueblo son una mala interpretación de la misma.
Aplicación
El Dios de Jesús es Amor incondicional, total. No puede tener privilegios con nadie, porque ama a todos infinitamente. Dios no nos ama por lo que somos o por lo que hacemos. Dios nos ama por lo que Él es. Dios ama igual al pobre y al rico, al blanco y al negro, al cristiano y al musulmán, a la prostituta y a la monja de clausura, a Teresa de Calcuta y a Ben Laden...
En algún momento de esta escala progresiva nos patinarán las neuronas, es más de lo que podemos aguantar. Nos pasa lo que a los paisanos de Jesús. Mientras sigamos pensando que Dios me ama porque soy bueno, nadie nos convencerá de que debemos amar al que no lo es. Si llego a descubrir que Dios me ama sin merecerlo, y a pesar de lo que soy, tal vez podríamos entrar en la dinámica del amor que Jesús predicó.
Jesús viene a anunciar una salvación de todas las opresiones. Su salvación no va contra nadie, sino a favor de todos. Ahora bien, no debemos ser ingenuos, lo que es buena noticia para los oprimidos, es mala noticia para los que se empeñan en seguir oprimiendo. De ahí que, en tiempo de Jesús, y en todos los tiempos, los que gozan de privilegios, se opongan, con uñas y dientes, a esa práctica liberadora.
Con el evangelio en la mano, no caben medias tientas. Si no estamos dispuestos a liberar a los oprimidos, somos opresores. Ahora bien, todos somos oprimidos en alguna medida, y todos oprimimos a los demás, también en alguna medida. Nuestra dirección debe ser: oprimir cada vez menos y ayudar cada vez más a los demás a liberarse de cualquier opresión.
El lema de un cristiano debe ser: ni oprimir ni dejarse oprimir. Jesús nos da hoy un ejemplo de libertad sin límites. No se amilana ni cede un ápice ante la oposición de sus paisanos.
La propuesta de un Dios Padre-Madre para todos es para él, irrenunciable. Cualquier otro dios es un ídolo que hay que rechazar porque en vez de liberar esclaviza; aunque pueda ser muy útil para los que pretendan seguir esclavizando en su nombre. Esa utilidad es engañosa, porque aprovecharse de otro en beneficio propio nunca puede ser positivo ni liberador para el opresor.
Para entender la dinámica del evangelio tenemos que hacer un esfuerzo por comprender que el opresor no hace mal porque daña al oprimido, sino que hace mal porque se hace daño a sí mismo. El que explota a otro le priva de unos bienes que pueden ser vitales, pero lo grave es que él mismo se está deteriorando como ser humano. El daño que hace, le afecta al otro en lo accidental. El daño que se hace a sí mismo, le afecta en su esencia.
El daño que hago a una persona, incluso cuando le quito lo que creemos más preciado, que es la vida física, no es nada comparado con el daño que me hago a mí mismo deshumanizándome. El que muere por mi culpa puede morir repleto de humanidad, pero yo, al ser la causa de la muerte del otro, me hundo en la más absoluta miseria. Sólo una ignorancia profunda me puede llevar a hacerme tanto daño a mí mismo.
Es difícil convencernos de que aprovecharse de otro ser humano es destrozarse a sí mismo como ser humano. Esta incapacidad de convicción es la primera consecuencia de nuestra falta de vivencia interior. Los razonamientos no sirven de nada a este nivel. Lo “razonable” será siempre defender tu individualismo aunque sea a costa de los demás.
La capacidad de razonar no ha cambiado la dirección de egoísmo sino que la ha potenciado. Sólo el que ha descubierto su verdadero ser y vive en él, puede ayudar a otro a descubrir lo que significa ser hombre. Y sólo descubriendo al verdadero ser humano, estaremos en condiciones de crecer en verdadera humanidad. Todo ser humano busca su plenitud, pero la buscamos potenciando el “ego”, y esa táctica es completamente equivocada.
¿Hemos caído en la cuenta de que lo único que puede garantizar mi religiosidad, es el servicio a los demás? ¿Nos hemos parado a pensar que sin amor no soy nada? Ahora bien, el único amor del que podemos hablar es el amor a los demás. Sin éste, el amor que creemos tener a Dios, es una falacia.
La única pregunta a la que debo contestar es esta. ¿Amo? Sin amor, todos los ritos, todas las ceremonias, todas las oraciones, todos los sacrificios, todas las normas cumplidas, no sirven de nada. Toda nuestra vida cristiana se convertirá en un absurdo si tenemos que concluir que no hemos llegado al verdadero amor.
Meditación-contemplación
“Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba”.
Jesús libre entre una multitud enfurecida.
¿Cómo es posible? ¿Dónde está la clave?
Su experiencia interior. (Yo y el Padre somos uno)
..................................
Tú también puedes alcanzar esa paz total.
Nunca la alcanzarás si la buscas en el exterior.
Si llegas al centro de tu ser, descubrirás la armonía en la unidad.
La conciencia de esa unidad,
es la máxima experiencia de un ser humano.
Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-04-21-30-MR-C.htm
Ikustración: Willem de Kooning.
Marcos Rodríguez
Contexto
Recordemos lo que hemos leído el domingo pasado. Jesús llega a la sinagoga de su pueblo y lee un trozo del profeta Isaías; pero cuando llega al pasaje "el año de gracia del Señor ", corta la lectura sin leer lo que sigue en el texto, que dice: "y el día de la venganza de nuestro Dios". Este corte es la clave para entender todo lo que pasa a continuación. Los oyentes conocían perfectamente el texto y muestran su disconformidad con la mutilación que hace Jesús.
Los judíos de aquel tiempo, lo que esperaban de Dios era una salvación del pueblo judío pero a costa de todos los demás. Lo que propone Jesús es una liberación para todos. Esto era inaceptable para un judío.
Explicación
Hemos leído: “todos le daban su aprobación y se admiraban...”. Pero hay una traducción alternativa:
· El verbo griego (martyreo) = dar testimonio, que en la versión oficial se traduce por “dar su aprobación”, cuando está construido con dativo, significa “testimoniar en contra”.
· Por otra parte, (thaumazo) = Admirarse, significa también extrañarse, es decir, una admiración negativa.
Entonces la traducción sería: “todos se declaraban en contra, extrañados del discurso sobre la gracia (para todos) que salía de sus labios”.
Así cobra pleno sentido la respuesta de Jesús, que de otro modo, parece que inicia él la gresca provocando al personal. Jesús lo único que hace es responder a la agresividad.
La importancia de suprimir la última frase del texto de Isaías, queda más clara con la explicación que da hoy Jesús. Tiene que rectificar el texto de Isaías, pero menciona a otros dos profetas que avalan esa aparente mutilación. Elías y Eliseo son ejemplos de cómo actúa Dios con relación a los no judíos.
Para entenderlo hoy, podíamos decir que Elías atendió a una viuda libanesa y Eliseo a un general sirio. ¡Qué poco han cambiado las cosas! La viuda de Sarepta y Naamán el sirio fueron atendidos por los profetas porque confiaron en ellos, aunque no formaban parte del pueblo elegido.
El evangelista quiere subrayar que este argumento contundente, no sólo no les convence, sino todo lo contrario, provoca la ira de sus vecinos porque se sienten agredidos cuando les echa en cara su ceguera.
Este mismo relato en Mateo y Marcos no hace alusión a los dos profetas, lo cual nos hace sospechar que no es originario de Jesús. Los primeros cristianos se esforzaron por hacer ver que Jesús era una continuación del Antiguo Testamento; por eso aprovechan cualquier resquicio para demostrar que en Jesús “se cumplen las Escrituras”.
Creo que Jesús no necesitó el apoyo de la Escritura para justificar su manera de actuar y su predicación. El mismo evangelista no está convencido de esa continuidad cuando nos está diciendo que Jesús no fue fiel al texto de Isaías, al leerlo de una manera parcial.
¿No es éste el hijo de José? La única razón que dan los de su pueblo para rechazar las pretensiones de Jesús, es que no es más que uno del pueblo, conocido de todos.
A mí me parece muy importante este planteamiento por parte del evangelista. La grandeza de Jesús está en que, siendo uno de tantos, fue capaz de descubrir lo que Dios esperaba de él. Jesús no es un extraterrestre que trae de otro mundo poderes especiales, sino un ser humano que saca de lo hondo de su ser lo que Dios ha puesto en todos los seres. Habla de lo que encontró dentro de sí mismo y nos invita a descubrir en nosotros lo mismo que él descubrió.
La primera oposición que sufre Jesús en este evangelio, no viene de los sumos sacerdotes ni de los escribas o fariseos, sino del pueblo sencillo. Sus paisanos ven que no va a responder a sus expectativas del judaísmo oficial, y se enfadan. Cualquier visión que vaya más allá de los intereses del gueto, (familia, pueblo, nación, etc.) será interpretada como traición a la institución. Las instituciones tienen como primer objetivo la defensa de unos intereses frente a los intereses de los demás. Incluso nuestra manera de entender el ecumenismo, responde a esta dinámica completamente ajena al evangelio.
Los de su pueblo no pueden aceptar un mesianismo para todos. Ellos esperaban un Mesías poderoso que les iba a librar de la opresión de los romanos y a solucionar todos los problemas materiales. Si Jesús se presenta como tal liberador, ellos tenían que ser los primeros beneficiarios de ese poder. Al darse cuenta de que no va a ser así, arremeten contra él con toda su alma. El odio es siempre consecuencia de un amor deseado, pero imposible.
Jesús vuelve a echar mano del AT para demostrar que los profetas ya habían manifestado esa actitud de Dios a favor de extranjeros en apuros. Quiere decir que su mensaje no es contrario ni ajeno a la Escritura y que las pretensiones de los de su pueblo son una mala interpretación de la misma.
Aplicación
El Dios de Jesús es Amor incondicional, total. No puede tener privilegios con nadie, porque ama a todos infinitamente. Dios no nos ama por lo que somos o por lo que hacemos. Dios nos ama por lo que Él es. Dios ama igual al pobre y al rico, al blanco y al negro, al cristiano y al musulmán, a la prostituta y a la monja de clausura, a Teresa de Calcuta y a Ben Laden...
En algún momento de esta escala progresiva nos patinarán las neuronas, es más de lo que podemos aguantar. Nos pasa lo que a los paisanos de Jesús. Mientras sigamos pensando que Dios me ama porque soy bueno, nadie nos convencerá de que debemos amar al que no lo es. Si llego a descubrir que Dios me ama sin merecerlo, y a pesar de lo que soy, tal vez podríamos entrar en la dinámica del amor que Jesús predicó.
Jesús viene a anunciar una salvación de todas las opresiones. Su salvación no va contra nadie, sino a favor de todos. Ahora bien, no debemos ser ingenuos, lo que es buena noticia para los oprimidos, es mala noticia para los que se empeñan en seguir oprimiendo. De ahí que, en tiempo de Jesús, y en todos los tiempos, los que gozan de privilegios, se opongan, con uñas y dientes, a esa práctica liberadora.
Con el evangelio en la mano, no caben medias tientas. Si no estamos dispuestos a liberar a los oprimidos, somos opresores. Ahora bien, todos somos oprimidos en alguna medida, y todos oprimimos a los demás, también en alguna medida. Nuestra dirección debe ser: oprimir cada vez menos y ayudar cada vez más a los demás a liberarse de cualquier opresión.
El lema de un cristiano debe ser: ni oprimir ni dejarse oprimir. Jesús nos da hoy un ejemplo de libertad sin límites. No se amilana ni cede un ápice ante la oposición de sus paisanos.
La propuesta de un Dios Padre-Madre para todos es para él, irrenunciable. Cualquier otro dios es un ídolo que hay que rechazar porque en vez de liberar esclaviza; aunque pueda ser muy útil para los que pretendan seguir esclavizando en su nombre. Esa utilidad es engañosa, porque aprovecharse de otro en beneficio propio nunca puede ser positivo ni liberador para el opresor.
Para entender la dinámica del evangelio tenemos que hacer un esfuerzo por comprender que el opresor no hace mal porque daña al oprimido, sino que hace mal porque se hace daño a sí mismo. El que explota a otro le priva de unos bienes que pueden ser vitales, pero lo grave es que él mismo se está deteriorando como ser humano. El daño que hace, le afecta al otro en lo accidental. El daño que se hace a sí mismo, le afecta en su esencia.
El daño que hago a una persona, incluso cuando le quito lo que creemos más preciado, que es la vida física, no es nada comparado con el daño que me hago a mí mismo deshumanizándome. El que muere por mi culpa puede morir repleto de humanidad, pero yo, al ser la causa de la muerte del otro, me hundo en la más absoluta miseria. Sólo una ignorancia profunda me puede llevar a hacerme tanto daño a mí mismo.
Es difícil convencernos de que aprovecharse de otro ser humano es destrozarse a sí mismo como ser humano. Esta incapacidad de convicción es la primera consecuencia de nuestra falta de vivencia interior. Los razonamientos no sirven de nada a este nivel. Lo “razonable” será siempre defender tu individualismo aunque sea a costa de los demás.
La capacidad de razonar no ha cambiado la dirección de egoísmo sino que la ha potenciado. Sólo el que ha descubierto su verdadero ser y vive en él, puede ayudar a otro a descubrir lo que significa ser hombre. Y sólo descubriendo al verdadero ser humano, estaremos en condiciones de crecer en verdadera humanidad. Todo ser humano busca su plenitud, pero la buscamos potenciando el “ego”, y esa táctica es completamente equivocada.
¿Hemos caído en la cuenta de que lo único que puede garantizar mi religiosidad, es el servicio a los demás? ¿Nos hemos parado a pensar que sin amor no soy nada? Ahora bien, el único amor del que podemos hablar es el amor a los demás. Sin éste, el amor que creemos tener a Dios, es una falacia.
La única pregunta a la que debo contestar es esta. ¿Amo? Sin amor, todos los ritos, todas las ceremonias, todas las oraciones, todos los sacrificios, todas las normas cumplidas, no sirven de nada. Toda nuestra vida cristiana se convertirá en un absurdo si tenemos que concluir que no hemos llegado al verdadero amor.
Meditación-contemplación
“Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba”.
Jesús libre entre una multitud enfurecida.
¿Cómo es posible? ¿Dónde está la clave?
Su experiencia interior. (Yo y el Padre somos uno)
..................................
Tú también puedes alcanzar esa paz total.
Nunca la alcanzarás si la buscas en el exterior.
Si llegas al centro de tu ser, descubrirás la armonía en la unidad.
La conciencia de esa unidad,
es la máxima experiencia de un ser humano.
Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-04-21-30-MR-C.htm
Ikustración: Willem de Kooning.
Etiquetas:
Marcos Rodríguez,
San Lucas 4: 21-30,
Willem de Kooning
SOLITARIO Y ALEJADO
NOTITARDE, Valencia, 31 de enero de 2015
“Caminando con Cristo”
Jesús es rechazado por los suyos (Lc. 4, 21-30)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
El evangelio de este domingo continúa la narración de domingo pasado y nos presenta el desenlace de la escena de Jesús en la sinagoga de Nazaret. Las personas que escucharon su autoproclamación como Mesías y su afirmar que las escrituras acabadas de escuchar se cumplían en Él, hizo que la gente no sólo se cuestionara acerca de sus orígenes familiares, sino que lo vieran como un blasfemo al presentarse como el Mesías y Salvador esperado.
La gente que lo vio crecer se preguntaba si él no era el hijo de José; es decir, les costaba pensar en el milagro de la Encarnación de un Dios que se puede humanar, que se puede hacer hombre y sólo veían a Jesús como un hombre más de la comunidad, como un niño que creció entre ellos y ahora se presenta en medio de la asamblea como el “Ungido de Dios”, que no sólo ha venido para los judíos, sino también para los gentiles. Muchas veces, algunas personas, como le sucedió a la comunidad de Nazaret, les cuesta sentir o ver a Dios cercano, como compañero y amigo en el camino de la vida.
El concepto que tienen de Dios es de un Dios solitario, distante, vengativo, alejado del ser humano, de su historia, de su realidad. Les cuesta entender y creer que hay un Dios Uno y Trino a la vez, que sabe de familia, que es cercano, justo, misericordioso, comprometido tanto con el ser humano que en un momento de la historia quiso hacerse uno de nosotros y compartir nuestra condición humana, menos en el pecado. Un Dios amigo del hombre, que ha venido a dar su vida por el rescate de la humanidad. Un Dios amor que por amor ha puesto su morada en medio de los hombres.
Es este el Dios que se nos ha manifestado en Cristo Jesús y en ese Dios creemos los cristianos católicos y a ese Dios seguimos y expresamos también nuestro amor y nuestra fe.
IDA Y RETORNO: Sigamos orando por Venezuela.
Cfr. José Enrique Galarreta: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-JE_27_lc-04-21-30.htm
Ilustración: Sieger Köder, tomada de un magnífico blog: http://ellogosenelarteuniversal.blogspot.com/
“Caminando con Cristo”
Jesús es rechazado por los suyos (Lc. 4, 21-30)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
El evangelio de este domingo continúa la narración de domingo pasado y nos presenta el desenlace de la escena de Jesús en la sinagoga de Nazaret. Las personas que escucharon su autoproclamación como Mesías y su afirmar que las escrituras acabadas de escuchar se cumplían en Él, hizo que la gente no sólo se cuestionara acerca de sus orígenes familiares, sino que lo vieran como un blasfemo al presentarse como el Mesías y Salvador esperado.
La gente que lo vio crecer se preguntaba si él no era el hijo de José; es decir, les costaba pensar en el milagro de la Encarnación de un Dios que se puede humanar, que se puede hacer hombre y sólo veían a Jesús como un hombre más de la comunidad, como un niño que creció entre ellos y ahora se presenta en medio de la asamblea como el “Ungido de Dios”, que no sólo ha venido para los judíos, sino también para los gentiles. Muchas veces, algunas personas, como le sucedió a la comunidad de Nazaret, les cuesta sentir o ver a Dios cercano, como compañero y amigo en el camino de la vida.
El concepto que tienen de Dios es de un Dios solitario, distante, vengativo, alejado del ser humano, de su historia, de su realidad. Les cuesta entender y creer que hay un Dios Uno y Trino a la vez, que sabe de familia, que es cercano, justo, misericordioso, comprometido tanto con el ser humano que en un momento de la historia quiso hacerse uno de nosotros y compartir nuestra condición humana, menos en el pecado. Un Dios amigo del hombre, que ha venido a dar su vida por el rescate de la humanidad. Un Dios amor que por amor ha puesto su morada en medio de los hombres.
Es este el Dios que se nos ha manifestado en Cristo Jesús y en ese Dios creemos los cristianos católicos y a ese Dios seguimos y expresamos también nuestro amor y nuestra fe.
IDA Y RETORNO: Sigamos orando por Venezuela.
Cfr. José Enrique Galarreta: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-JE_27_lc-04-21-30.htm
Ilustración: Sieger Köder, tomada de un magnífico blog: http://ellogosenelarteuniversal.blogspot.com/
domingo, 3 de febrero de 2013
CERCANA Y HABITUAL
San Lucas, 4: 21-30
En su homilía de hoy, el Padre Roberto Martialay (SJ) observó que la lectura es continuidad de la semana anterior. Al principio, fue aprobación; después, rechazo. Los paisanos nos sospechaban de Jesús, hijo de carpintero, uno más, ni de su madre María.
Jesús les tocó el gentilicio. Imaginamos la angustia de María, quien seguramente vivió la escena. Fracasó en su pueblo.
No deseamos que nos den lecciones quienes están a nuestro lado. No reaccionamos ante la Palabra de Dios cuando nos llega en forma cercana y habitual. No agradecemos a Dios tan familiar.Aprender a escuchar a Dios en la cercanía.
Algunas personas se molestan porque los Obispos tocan el tema político, aunque está en toda la Biblia. Y cuando lo tocan, lo hacen con responsabilidad.
Jer 1, 4-5, 17-19
Salmo 70
1 Cor 12, 31-13, 13
Fotografía: Aris Messinis (AFP), un compañero de faena interpretar la guitarra mientras la tropa dispara a las fuerzas leales de Kadafi. Empero, la gráfica - descontextualizada - amitiría otras interpretaciones.
En su homilía de hoy, el Padre Roberto Martialay (SJ) observó que la lectura es continuidad de la semana anterior. Al principio, fue aprobación; después, rechazo. Los paisanos nos sospechaban de Jesús, hijo de carpintero, uno más, ni de su madre María.
Jesús les tocó el gentilicio. Imaginamos la angustia de María, quien seguramente vivió la escena. Fracasó en su pueblo.
No deseamos que nos den lecciones quienes están a nuestro lado. No reaccionamos ante la Palabra de Dios cuando nos llega en forma cercana y habitual. No agradecemos a Dios tan familiar.Aprender a escuchar a Dios en la cercanía.
Algunas personas se molestan porque los Obispos tocan el tema político, aunque está en toda la Biblia. Y cuando lo tocan, lo hacen con responsabilidad.
Jer 1, 4-5, 17-19
Salmo 70
1 Cor 12, 31-13, 13
Fotografía: Aris Messinis (AFP), un compañero de faena interpretar la guitarra mientras la tropa dispara a las fuerzas leales de Kadafi. Empero, la gráfica - descontextualizada - amitiría otras interpretaciones.
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Aris Messinis,
Roberto Martialay (SJ),
San Lucas 4: 21-30
CONCILIO Y HÁBITO
OMINGO 4º DEL TIEMPO ORDINARIO /C
Lc 4, 21-30
Privados del espíritu profético Cuando un pueblo se equivoca Nadie está solo
José Antonio Pagola
PRIVADOS DE ESPÍRITU PROFÉTICO
Sabemos que históricamente la oposición a Jesús se fue gestando poco a poco: el recelo de los escribas, la irritación de los maestros de la ley y el rechazo de los dirigentes del templo fueron creciendo hasta acabar en su ejecución en la cruz.
También lo sabe el evangelista Lucas. Pero, intencionadamente, forzando incluso su propio relato, habla del rechazo frontal a Jesús en la primera actuación pública que describe. Desde el principio han de tomar conciencia los lectores de que el rechazo es la primera reacción que encuentra Jesús entre los suyos al presentarse como Profeta.
Lo sucedido en Nazaret no es un hecho aislado. Algo que sucedió en el pasado. El rechazo a Jesús cuando se presenta como Profeta de los pobres, liberador de los oprimidos y perdonador de los pecadores, se puede ir produciendo entre los
suyos a lo largo de los siglos.
A los seguidores de Jesús nos cuesta aceptar su dimensión profética. Olvidamos casi por completo algo que tiene su importancia. Dios no se ha encarnado en un sacerdote, consagrado a cuidar la religión del templo. Tampoco en un letrado ocupado en defender el orden establecido por la ley. Se ha encarnado y revelado en un Profeta enviado por el Espíritu a anunciar a los pobres la Buena Noticia y a los oprimidos la liberación.
Olvidamos que la religión cristiana no es una religión más, nacida para proporcionar a los seguidores de Jesús las creencias, ritos y preceptos adecuados para vivir su relación con Dios. Es una religión profética, impulsada por el Profeta Jesús para promover un mundo más humano, orientado hacia su salvación definitiva en Dios.
Los cristianos tenemos el riesgo de descuidar una y otra vez la dimensión profética que nos ha de animar a los seguidores de Jesús. A pesar de las grandes manifestaciones proféticas que se han ido dando en la historia cristiana, no deja de ser verdad lo que afirma el reconocido teólogo H. von Balthasar: A finales del siglo segundo "cae sobre el espíritu (profético) de la Iglesia una escarcha que no ha vuelto a quitarse del todo".
Hoy, de nuevo, preocupados por restaurar "lo religioso" frente a la secularización moderna, los cristianos corremos el peligro de caminar hacia el futuro privados de espíritu profético. Si es así, nos puede suceder lo que a los vecinos de Nazaret: Jesús se abrirá paso entre nosotros y "se alejará" para proseguir su camino. Nada le impedirá seguir su tarea liberadora. Otros, venidos de fuera, reconocerán su fuerza profética y acogerán su acción salvadora.
Le empujaron fuera del pueblo
CUANDO UN PUEBLO SE EQUIVOCA
Es bastante frecuente entre nosotros atribuir al «pueblo» las posturas y posiciones que cada uno trata de defender. Fácilmente se lanzan consignas, se adoptan decisiones y se realizan acciones en nombre de un pueblo que supuestamente las defiende.
Nadie se atreve a elevar una voz que pueda parecer contraria al pueblo. Hay que hacer ver que nuestra palabra es expresión clara de la voluntad del pueblo.
Todo sucede como si la apelación al pueblo fuera el criterio definitivo para juzgar de la validez y el carácter justo de lo que se propone.
Este deseo de defender lo que el pueblo quiere, debe ser, sin duda, la actitud de todo hombre que busca el bien común frente a intereses egoístas y exclusivamente partidistas.
Pero, sería una equivocación pensar que la única manera de amar a un pueblo es identificarnos con todo lo que ese pueblo dice y aprobar acríticamente todo lo que ese pueblo hace.
Un pueblo, por el hecho de serlo, no es automáticamente infalible. Los pueblos también se equivocan. Los pueblos también son injustos.
Y es entonces, precisamente, cuando ese pueblo necesita hombres que le digan con sinceridad y valentía sus errores y su pecado. Hombres que, movidos por su amor leal al pueblo, se atrevan a levantar una voz quizás molesta y discordante, pero que ese pueblo necesita escuchar para no deshumanizarse.
Un pueblo que no tiene en cada momento hijos que se atrevan a denunciarle sus errores e injusticias, es un pueblo que corre el riesgo de ir «perdiendo su conciencia».
Quizás el mayor pecado de un pueblo sea el ahogar la voz de sus profetas, gentes a veces muy sencillas pero que conservan como nadie lo mejor y más humano de un pueblo.
Y cuando un pueblo reduce al silencio a estos hombres y mujeres, se empobrece y queda sin luz para caminar hacia un futuro más humano.
Es triste constatar que el refrán judío continúa siendo realidad: «Ningún profeta es bien mirado en su tierra». Y los pueblos siguen desoyendo a sus profetas como aquél de Nazaret que expulsó un día a Jesús, el mejor y más necesario para el pueblo.
NADIE ESTÁ SOLO
Todavía hoy se da entre los cristianos un cierto «elitismo religioso» que es indigno de un Dios que es amor infinito. Hay quienes piensan que Dios es un Padre extraño que, aunque tiene millones y millones de hijos e hijas que van naciendo generación tras generación, en realidad solo se preocupa de verdad de sus «preferidos». Dios siempre actúa así: escoge un «pueblo elegido», sea el pueblo de Israel o la Iglesia, y se vuelca totalmente en él, dejando a los demás pueblos y religiones en un cierto abandono.
Más aún. Se ha afirmado con toda tranquilidad que «fuera de la Iglesia no hay salvación», citando frases como la tan conocida de san Cipriano, que, sacada de su contexto, resulta escalofriante: «No puede tener a Dios por Padre el que no tiene a la Iglesia por Madre».
Es cierto que el Concilio Vaticano II ha superado esta visión indigna de Dios afirmando que «él no está lejos de quienes buscan, entre sombras e imágenes, al Dios desconocido, puesto que todos reciben de él la vida, la inspiración y todas las cosas, y el Salvador quiere que todos los hombres se salven» (Lumen gentium i6), pero una cosa son estas afirmaciones conciliares y otra los hábitos mentales que siguen dominando la conciencia de no pocos cristianos.
Hay que decirlo con toda claridad. Dios, que crea a todos por amor, vive volcado sobre todas y cada una de sus criaturas. A todos llama y atrae hacia la felicidad eterna en comunión con él. No ha habido nunca un hombre o una mujer que haya vivido sin que Dios lo haya acompañado desde el fondo de su mismo ser. Allí donde-hay un ser humano, cualquiera que sea su religión o su agnosticismo, allí está Dios suscitando su salvación. Su amor no abandona ni discrimina a nadie. Como dice san Pablo: «En Dios no hay acepción de personas» (Romanos 2,11).
Rechazado en su propio pueblo de Nazaret, Jesús recuerda la historia de la viuda de Sarepta y la de Naamán el sirio, ambos extranjeros y paganos, para hacer ver con toda claridad que Dios se preocupa de sus hijos, aunque no pertenezcan al pueblo elegido de Israel. Dios no se ajusta a nuestros esquemas y discriminaciones. Todos son sus hijos e hijas, los que viven en la Iglesia y los que la han dejado. Dios no abandona a nadie.
Fuente: http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Ilustración: Pawel Kuczynski.
Lc 4, 21-30
Privados del espíritu profético Cuando un pueblo se equivoca Nadie está solo
José Antonio Pagola
PRIVADOS DE ESPÍRITU PROFÉTICO
Sabemos que históricamente la oposición a Jesús se fue gestando poco a poco: el recelo de los escribas, la irritación de los maestros de la ley y el rechazo de los dirigentes del templo fueron creciendo hasta acabar en su ejecución en la cruz.
También lo sabe el evangelista Lucas. Pero, intencionadamente, forzando incluso su propio relato, habla del rechazo frontal a Jesús en la primera actuación pública que describe. Desde el principio han de tomar conciencia los lectores de que el rechazo es la primera reacción que encuentra Jesús entre los suyos al presentarse como Profeta.
Lo sucedido en Nazaret no es un hecho aislado. Algo que sucedió en el pasado. El rechazo a Jesús cuando se presenta como Profeta de los pobres, liberador de los oprimidos y perdonador de los pecadores, se puede ir produciendo entre los
suyos a lo largo de los siglos.
A los seguidores de Jesús nos cuesta aceptar su dimensión profética. Olvidamos casi por completo algo que tiene su importancia. Dios no se ha encarnado en un sacerdote, consagrado a cuidar la religión del templo. Tampoco en un letrado ocupado en defender el orden establecido por la ley. Se ha encarnado y revelado en un Profeta enviado por el Espíritu a anunciar a los pobres la Buena Noticia y a los oprimidos la liberación.
Olvidamos que la religión cristiana no es una religión más, nacida para proporcionar a los seguidores de Jesús las creencias, ritos y preceptos adecuados para vivir su relación con Dios. Es una religión profética, impulsada por el Profeta Jesús para promover un mundo más humano, orientado hacia su salvación definitiva en Dios.
Los cristianos tenemos el riesgo de descuidar una y otra vez la dimensión profética que nos ha de animar a los seguidores de Jesús. A pesar de las grandes manifestaciones proféticas que se han ido dando en la historia cristiana, no deja de ser verdad lo que afirma el reconocido teólogo H. von Balthasar: A finales del siglo segundo "cae sobre el espíritu (profético) de la Iglesia una escarcha que no ha vuelto a quitarse del todo".
Hoy, de nuevo, preocupados por restaurar "lo religioso" frente a la secularización moderna, los cristianos corremos el peligro de caminar hacia el futuro privados de espíritu profético. Si es así, nos puede suceder lo que a los vecinos de Nazaret: Jesús se abrirá paso entre nosotros y "se alejará" para proseguir su camino. Nada le impedirá seguir su tarea liberadora. Otros, venidos de fuera, reconocerán su fuerza profética y acogerán su acción salvadora.
Le empujaron fuera del pueblo
CUANDO UN PUEBLO SE EQUIVOCA
Es bastante frecuente entre nosotros atribuir al «pueblo» las posturas y posiciones que cada uno trata de defender. Fácilmente se lanzan consignas, se adoptan decisiones y se realizan acciones en nombre de un pueblo que supuestamente las defiende.
Nadie se atreve a elevar una voz que pueda parecer contraria al pueblo. Hay que hacer ver que nuestra palabra es expresión clara de la voluntad del pueblo.
Todo sucede como si la apelación al pueblo fuera el criterio definitivo para juzgar de la validez y el carácter justo de lo que se propone.
Este deseo de defender lo que el pueblo quiere, debe ser, sin duda, la actitud de todo hombre que busca el bien común frente a intereses egoístas y exclusivamente partidistas.
Pero, sería una equivocación pensar que la única manera de amar a un pueblo es identificarnos con todo lo que ese pueblo dice y aprobar acríticamente todo lo que ese pueblo hace.
Un pueblo, por el hecho de serlo, no es automáticamente infalible. Los pueblos también se equivocan. Los pueblos también son injustos.
Y es entonces, precisamente, cuando ese pueblo necesita hombres que le digan con sinceridad y valentía sus errores y su pecado. Hombres que, movidos por su amor leal al pueblo, se atrevan a levantar una voz quizás molesta y discordante, pero que ese pueblo necesita escuchar para no deshumanizarse.
Un pueblo que no tiene en cada momento hijos que se atrevan a denunciarle sus errores e injusticias, es un pueblo que corre el riesgo de ir «perdiendo su conciencia».
Quizás el mayor pecado de un pueblo sea el ahogar la voz de sus profetas, gentes a veces muy sencillas pero que conservan como nadie lo mejor y más humano de un pueblo.
Y cuando un pueblo reduce al silencio a estos hombres y mujeres, se empobrece y queda sin luz para caminar hacia un futuro más humano.
Es triste constatar que el refrán judío continúa siendo realidad: «Ningún profeta es bien mirado en su tierra». Y los pueblos siguen desoyendo a sus profetas como aquél de Nazaret que expulsó un día a Jesús, el mejor y más necesario para el pueblo.
NADIE ESTÁ SOLO
Todavía hoy se da entre los cristianos un cierto «elitismo religioso» que es indigno de un Dios que es amor infinito. Hay quienes piensan que Dios es un Padre extraño que, aunque tiene millones y millones de hijos e hijas que van naciendo generación tras generación, en realidad solo se preocupa de verdad de sus «preferidos». Dios siempre actúa así: escoge un «pueblo elegido», sea el pueblo de Israel o la Iglesia, y se vuelca totalmente en él, dejando a los demás pueblos y religiones en un cierto abandono.
Más aún. Se ha afirmado con toda tranquilidad que «fuera de la Iglesia no hay salvación», citando frases como la tan conocida de san Cipriano, que, sacada de su contexto, resulta escalofriante: «No puede tener a Dios por Padre el que no tiene a la Iglesia por Madre».
Es cierto que el Concilio Vaticano II ha superado esta visión indigna de Dios afirmando que «él no está lejos de quienes buscan, entre sombras e imágenes, al Dios desconocido, puesto que todos reciben de él la vida, la inspiración y todas las cosas, y el Salvador quiere que todos los hombres se salven» (Lumen gentium i6), pero una cosa son estas afirmaciones conciliares y otra los hábitos mentales que siguen dominando la conciencia de no pocos cristianos.
Hay que decirlo con toda claridad. Dios, que crea a todos por amor, vive volcado sobre todas y cada una de sus criaturas. A todos llama y atrae hacia la felicidad eterna en comunión con él. No ha habido nunca un hombre o una mujer que haya vivido sin que Dios lo haya acompañado desde el fondo de su mismo ser. Allí donde-hay un ser humano, cualquiera que sea su religión o su agnosticismo, allí está Dios suscitando su salvación. Su amor no abandona ni discrimina a nadie. Como dice san Pablo: «En Dios no hay acepción de personas» (Romanos 2,11).
Rechazado en su propio pueblo de Nazaret, Jesús recuerda la historia de la viuda de Sarepta y la de Naamán el sirio, ambos extranjeros y paganos, para hacer ver con toda claridad que Dios se preocupa de sus hijos, aunque no pertenezcan al pueblo elegido de Israel. Dios no se ajusta a nuestros esquemas y discriminaciones. Todos son sus hijos e hijas, los que viven en la Iglesia y los que la han dejado. Dios no abandona a nadie.
Fuente: http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Ilustración: Pawel Kuczynski.
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San Lucas 4: 21-30
NO CLAUDICAR
NOTITARDE, Caracas 3 de Febrero de 2013
Jesús es rechazado en su pueblo (Lc. 4, 21-30)
Joel Núñez Flautes
El texto del evangelio de este domingo es continuación de la lectura del domingo pasado, donde Lucas presenta a Jesús predicando en la sinagoga de su pueblo natal de Nazaret. Al principio todos se admiran de sus palabras, de la forma como predicaba, pero en abierto contraste con lo que el texto de san Lucas dice al comienzo de este pasaje: “Todos hablaban bien de Jesús y estaban admirados de las cosas tan bellas que decía”, la narración da un vuelco repentino y comienza a mostrar la agresividad de la gente hacia la predicación de Jesús: “Se preguntaban: –¿No es este el hijo de José?”. Tanto que Jesús mismo toma la iniciativa y expresa las reservas que el pueblo tiene frente a su palabra: “Seguramente ustedes me dirán este refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Y además me dirán: ‘lo que oímos que hiciste en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu propia tierra’. Y siguió diciendo: –Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra”. Después, hizo referencia a dos casos muy conocidos en el Antiguo Testamento en los que aparece una preferencia de parte de Dios por manifestarse a los hijos de pueblos distintos a Israel: El primer caso es el de Elías, que fue enviado a una viuda de Sarepta, cerca de la ciudad de Sidón, es decir, territorio extranjero (1 Reyes 17, 1-24); y el segundo caso es del profeta Eliseo, que no curó a ningún leproso israelita, habiendo tantos en su tiempo, sino a Naamán, el sirio, también un extranjero (2 Reyes 5, 1-19).
Esto provocó una reacción violenta de la población que estaba reunida en la sinagoga para el culto de los sábados. “Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enojaron mucho. Se levantaron y echaron del pueblo a Jesús, llevándolo a lo alto del monte sobre el cual el pueblo estaba construido, para arrojarlo abajo desde allí. Pero Jesús pasó por en medio de ellos y se fue”. Es decir, Jesús tuvo que salir de prisa por el rechazo contundente de la gente de su pueblo y, sin embargo, no se desanimó en su misión evangelizadora, siguió adelante, fue perseverante, se fue a otras regiones a predicar la Buena Nueva, teniendo en cuenta que su palabra era para todos los hombres, especialmente para los extraviados, marginados, pecadores, los pobres que no sentían ni experimentaban ninguna esperanza en medio de aquella cultura. Jesús, como profeta, cumple la misión del Padre, se encuentra con resistencias, con rechazos, con amenazas a su integridad física por lo que predica, pero no cae en desalientos ni pesimismos, sigue adelante, mostrando la bondad de Dios que va al encuentro de sus hijos a llevarles luz, esperanza, sosiego, fe y sobre todo amor. Jesús sale de su pueblo natal, sintiendo la agresividad de sus coterráneos y sencillamente no dejó que lo arrojaran por el barranco abajo y, seguramente, sacudiéndose el polvo de sus pies, se fue del pueblo, como más tarde enseñó a sus discípulos: “Y si en algún pueblo no los quieren recibir, salgan de él y sacúdanse el polvo de los pies, para que les sirva a ellos de advertencia” (Lucas 9, 5).
Como Jesús, nosotros también tenemos el peligro de ser rechazados por predicar lo que nos propone el evangelio. Pero no podemos claudicar frente al rechazo. Como muchos profetas del Antiguo Testamento que fueron rechazados, perseguidos y hasta asesinados, los cristianos católicos que tratamos de ser fieles al mensaje y enseñanzas de Jesús, nuestro Dios y Señor, no podemos claudicar, no podemos permitir que las adversidades nos detengan, que el miedo venza, que el demonio nos quiera apartar de la senda correcta; al contrario, teniendo la certeza que Jesús ha dado su Espíritu Santo a la Iglesia y a cada creyente, con esa confianza avanzamos y experimentamos las pruebas cotidianas del amor de Dios, de su presencia, de su asistencia en medio de los afanes cotidianos de la vida, caminamos de acuerdo al mensaje del evangelio, que se resume en vivir en el amor. Recordemos que desde el bautismo somos profetas, para anunciar y denunciar en nombre de Cristo y unión con toda la Iglesia. Pidamos al Señor nos haga testigos valientes de su evangelio, que nada ni nadie nos detenga al predicar la verdad que salva y redime al ser humano, su vocación última.
Ida y retorno
Saludos y bendiciones a la gran familia magallanera y de manera especial al Equipo Navegantes del Magallanes, del cual me siento muy honrado de ser su capellán, por haber alcanzado el título de campeones de la temporada 2012-2013. Sin duda Magallanes es una gran familia compuesta por el Equipo, directiva, personal administrativo, obreros y la gran fanaticada extendida a lo largo y ancho del país, que en esta temporada brindó un gran respaldo al Equipo. Que Dios siga bendiciendo a esta gran familia y a nuestra patria Venezuela; que podamos tener estos momentos de esparcimiento, de encuentro, de sana rivalidad que brindan alegría en medio de tantas incertidumbres y de este momento nada fácil que vive el país. Felicidades Magallanes.
Fotografía: Francisco Reyna.
Jesús es rechazado en su pueblo (Lc. 4, 21-30)
Joel Núñez Flautes
El texto del evangelio de este domingo es continuación de la lectura del domingo pasado, donde Lucas presenta a Jesús predicando en la sinagoga de su pueblo natal de Nazaret. Al principio todos se admiran de sus palabras, de la forma como predicaba, pero en abierto contraste con lo que el texto de san Lucas dice al comienzo de este pasaje: “Todos hablaban bien de Jesús y estaban admirados de las cosas tan bellas que decía”, la narración da un vuelco repentino y comienza a mostrar la agresividad de la gente hacia la predicación de Jesús: “Se preguntaban: –¿No es este el hijo de José?”. Tanto que Jesús mismo toma la iniciativa y expresa las reservas que el pueblo tiene frente a su palabra: “Seguramente ustedes me dirán este refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Y además me dirán: ‘lo que oímos que hiciste en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu propia tierra’. Y siguió diciendo: –Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra”. Después, hizo referencia a dos casos muy conocidos en el Antiguo Testamento en los que aparece una preferencia de parte de Dios por manifestarse a los hijos de pueblos distintos a Israel: El primer caso es el de Elías, que fue enviado a una viuda de Sarepta, cerca de la ciudad de Sidón, es decir, territorio extranjero (1 Reyes 17, 1-24); y el segundo caso es del profeta Eliseo, que no curó a ningún leproso israelita, habiendo tantos en su tiempo, sino a Naamán, el sirio, también un extranjero (2 Reyes 5, 1-19).
Esto provocó una reacción violenta de la población que estaba reunida en la sinagoga para el culto de los sábados. “Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enojaron mucho. Se levantaron y echaron del pueblo a Jesús, llevándolo a lo alto del monte sobre el cual el pueblo estaba construido, para arrojarlo abajo desde allí. Pero Jesús pasó por en medio de ellos y se fue”. Es decir, Jesús tuvo que salir de prisa por el rechazo contundente de la gente de su pueblo y, sin embargo, no se desanimó en su misión evangelizadora, siguió adelante, fue perseverante, se fue a otras regiones a predicar la Buena Nueva, teniendo en cuenta que su palabra era para todos los hombres, especialmente para los extraviados, marginados, pecadores, los pobres que no sentían ni experimentaban ninguna esperanza en medio de aquella cultura. Jesús, como profeta, cumple la misión del Padre, se encuentra con resistencias, con rechazos, con amenazas a su integridad física por lo que predica, pero no cae en desalientos ni pesimismos, sigue adelante, mostrando la bondad de Dios que va al encuentro de sus hijos a llevarles luz, esperanza, sosiego, fe y sobre todo amor. Jesús sale de su pueblo natal, sintiendo la agresividad de sus coterráneos y sencillamente no dejó que lo arrojaran por el barranco abajo y, seguramente, sacudiéndose el polvo de sus pies, se fue del pueblo, como más tarde enseñó a sus discípulos: “Y si en algún pueblo no los quieren recibir, salgan de él y sacúdanse el polvo de los pies, para que les sirva a ellos de advertencia” (Lucas 9, 5).
Como Jesús, nosotros también tenemos el peligro de ser rechazados por predicar lo que nos propone el evangelio. Pero no podemos claudicar frente al rechazo. Como muchos profetas del Antiguo Testamento que fueron rechazados, perseguidos y hasta asesinados, los cristianos católicos que tratamos de ser fieles al mensaje y enseñanzas de Jesús, nuestro Dios y Señor, no podemos claudicar, no podemos permitir que las adversidades nos detengan, que el miedo venza, que el demonio nos quiera apartar de la senda correcta; al contrario, teniendo la certeza que Jesús ha dado su Espíritu Santo a la Iglesia y a cada creyente, con esa confianza avanzamos y experimentamos las pruebas cotidianas del amor de Dios, de su presencia, de su asistencia en medio de los afanes cotidianos de la vida, caminamos de acuerdo al mensaje del evangelio, que se resume en vivir en el amor. Recordemos que desde el bautismo somos profetas, para anunciar y denunciar en nombre de Cristo y unión con toda la Iglesia. Pidamos al Señor nos haga testigos valientes de su evangelio, que nada ni nadie nos detenga al predicar la verdad que salva y redime al ser humano, su vocación última.
Ida y retorno
Saludos y bendiciones a la gran familia magallanera y de manera especial al Equipo Navegantes del Magallanes, del cual me siento muy honrado de ser su capellán, por haber alcanzado el título de campeones de la temporada 2012-2013. Sin duda Magallanes es una gran familia compuesta por el Equipo, directiva, personal administrativo, obreros y la gran fanaticada extendida a lo largo y ancho del país, que en esta temporada brindó un gran respaldo al Equipo. Que Dios siga bendiciendo a esta gran familia y a nuestra patria Venezuela; que podamos tener estos momentos de esparcimiento, de encuentro, de sana rivalidad que brindan alegría en medio de tantas incertidumbres y de este momento nada fácil que vive el país. Felicidades Magallanes.
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San Lucas 4: 21-30
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