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sábado, 16 de noviembre de 2019

SOMOS TEMPLOS

Evangelio Dominical: Destrucción del templo
Padre José Martínez de Toda, S.J.

Domingo 17 noviembre, que corresponde al Domingo 33 del Tiempo Ordinario, Ciclo C.  La lectura bíblica es tomada del Evangelio de San Lucas 21, 5-19

"No tengan miedo"

Era importante para los judíos el Templo de Jerusalén. ¿Quién lo destruyó?

Hubo tres templos en Jerusalén, que fueron destruidos uno tras otro:

El primero lo construyó Salomón, pero fue destruido por el segundo ataque babilónico en 587 a.C. Cuando los judíos volvieron de su cautividad en Babilonia, construyeron el segundo templo – una tremenda obra de fe, pero inferior al templo original.

Herodes destruyó este templo en el año 20 a.C. para construir el tercer templo, el del tiempo de Jesús, que no se completó hasta el año 63 d.C. Estaba situado en un lugar prominente en Jerusalén, tan alto como un edificio de quince pisos. Josefo dice: "Todos los lados del templo estaban cubiertos con planchas de oro; por ello brillaba como una bola de fuego en cuanto salía el sol. Cuando la gente intentaba mirarlo, tenían que apartar la vista, como la apartarían de los rayos directos del sol."

¿Y los judíos estarían orgullosos de su templo?

Así es. Además los judíos estaban obligados a ir al templo a orar y a hacer sus sacrificios. Lo veneraban porque allí estaba la Presencia de Dios. Era el edificio y el lugar más importante para ellos, el más lleno de historia. Era algo muy querido. Pero Jesús siempre comentaba todo lo que se decía a su alrededor y dio su opinión sobre el templo.

¿Y qué comentó aquí Jesús sobre el templo?

Él ya había aclarado a la Samaritana, junto al Pozo de Jacob, que llegaría un día en que a Dios no se le veneraría ni en el templo de Jerusalén (de los judíos) ni en el de Garizim (de los samaritanos). Se le veneraría sin necesidad de templos 'en espíritu y en verdad'.

Y anuncia que el templo judío no era un supremo valor. Anuncia que sería destruido:

"Días vendrán que no quedará piedra sobre piedra" (v. 6).

Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, describe tres levantamientos contra los romanos: Theudas dirigió una insurrección desastrosa de cuatrocientos seguidores (Hechos 5:36). Judas el galileo hizo lo mismo (Hechos 5:37). Un egipcio, que quedó sin nombrar, también dirigió cuatro mil seguidores en una insurrección (Hechos 21:38).

La profecía de Jesús de que Jerusalén caería, se cumplió en el año 70 d.C., cuando los judíos se sublevaron otra vez contra los romanos, que asediaron la ciudad. Ésta al comienzo servía de refugio para sus ciudadanos, pero se convirtió en una trampa a medida que se apretó el asedio. Hubo canibalismo. La mayoría de ellos murió; el resto fue tomado en cautividad; y el templo quedó completamente destruido por las tropas de Tito Flavio.

¿Quedan hoy algunas ruinas?

Hoy sólo queda el Muro de las Lamentaciones. Y en la TV vemos a los judíos orando frente a ese muro, y meten sus oraciones escritas entre las grandes piedras cuadradas.

Esos días de revueltas y asedios fueron de mucho sufrimiento y tensión, también para los cristianos.

¿Qué recomienda Jesús, cuando habla de la destrucción de Jerusalén y de su templo?

En el reino de Dios que Él inaugura, ya no se necesitará templo, ni ciudad santa, ni sacrificios, porque toda la humanidad es el gran templo de Dios. Dios está en el Templo, pero también en la gente de carne y hueso. S. Pablo nos recuerda: "¿No saben que Vds. son templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en Vds?" (1Cor 3:16). "¿No saben Vds. que su cuerpo es templo del Espíritu Santo dentro de ti?" (1Cor 6:19).

Así pues, somos tan sagrados como el templo. Dios habita en nosotros.

¿Qué consejos da Jesús para el tiempo de persecución y para los días de sufrimiento y tensión?

Jesús no responde a los discípulos a su pregunta de cuándo iba a ocurrir todo aquello.

Jesús se preocupa más por 'cómo' vivir, sobre todo antes del encuentro definitivo con el Padre, qué hacer en tiempo de persecución. Y Jesús nos da estas seis recomendaciones:

1ª "Cuidado con los falsos profetas, que tratan de engañarles".

2ª "Cuando oigan de guerras y revueltas, no se espanten, no teman". (v. 9).

Aunque el templo haya sido destruido, Dios no deja de construir su Reino, no permite que su pueblo, reunido por Cristo, sea presa del pánico.

3ª "Les echarán mano, les perseguirán, entregándoles a los tribunales y a la cárcel, y les harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre; así tendrán ocasión de dar testimonio".

Pero, ¿son perseguidos hoy los cristianos?

Ahí están los jesuitas de El Salvador, Lucho Espinal sj en Bolivia, Vicente Cañas sj (1987) y la Hna. Dorothy Stang (2005) en Brasil, Dietrich Bonhoeffer en Alemania, y otros muchos en Sudán, en Irak y en la India.

Lo importante es ser testigos del verdadero Señor de la historia, sus siervos fieles que saben esperar, soportar, perseverar en el trabajo humilde y sencillo de cada día (Lc 17, 10).

Sin perder de vista el futuro de Dios, tenemos que enfocar el presente y vivirlo en el servicio y en el compromiso, en la lucha y en la oración.

4 "Les daré boca y sabiduría, a la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se les opondrán" (v. 15). Los cristianos no deben preocuparse por lo que dirán, porque Jesús les dará palabras invencibles de sabiduría, a las que los verdugos no sabrán qué responder.

5 "Ni un cabello de su cabeza se perderá" (Lc 21, 18; cf 12, 7). Es una palabra de aliento. La capacidad de aguante se hará manifiesta en la del martirio (cf Esteban en Hech 7, 59), en la paz a la hora de la disidencia doméstica y en el deseo de dar la vida por el Señor.

6 "Con su perseverancia salvarán sus almas". Jesús promete que Él estará con nosotros en nuestro sufrimiento y que el "orden" actual de las cosas puede cambiar.

Fuente:
Escultura: Baptiste de Bombourg.

domingo, 13 de noviembre de 2016

PERSECUCIÓN

Evangelio Dominical: Destrucción del templo
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el 33° Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C, correspondiente al domingo 13 noviembre 2016.  La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 21, 5-19.

"No tengan miedo"

Era importante para los judíos el Templo de Jerusalén. ¿Quién lo destruyó?
Hubo tres templos en Jerusalén, que fueron destruidos uno tras otro:
El primero lo construyó Salomón, pero fue destruido por el segundo ataque babilónico en 587 a.C. Cuando los judíos volvieron de su cautividad en Babilonia, construyeron el segundo templo – una tremenda obra de fe, pero inferior al templo original.
Herodes destruyó este templo en el año 20 a.C. para construir el tercer templo, el del tiempo de Jesús, que no se completó hasta el año 63 d.C. Estaba situado en un lugar prominente en Jerusalén, tan alto como un edificio de quince pisos. Josefo dice: "Todos los lados del templo estaban cubiertos con planchas de oro; por ello brillaba como una bola de fuego en cuanto salía el sol. Cuando la gente intentaba mirarlo, tenían que apartar la vista, como la apartarían de los rayos directos del sol."

¿Y los judíos estarían orgullosos de su templo?
Así es. Además los judíos estaban obligados a ir al templo a orar y a hacer sus sacrificios. Lo veneraban porque allí estaba la Presencia de Dios. Era el edificio y el lugar más importante para ellos, el más lleno de historia. Era algo muy querido. Pero Jesús siempre comentaba todo lo que se decía a su alrededor y dio su opinión sobre el templo.

¿Y qué comentó aquí Jesús sobre el templo?
Él ya había aclarado a la Samaritana, junto al Pozo de Jacob, que llegaría un día en que a Dios no se le veneraría ni en el templo de Jerusalén (de los judíos) ni en el de Garizim (de los samaritanos). Se le veneraría sin necesidad de templos 'en espíritu y en verdad'.
Y anuncia que el templo judío no era un supremo valor. Anuncia que sería destruido:
- "Días vendrán que no quedará piedra sobre piedra" (v. 6).
Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, describe tres levantamientos contra los romanos: Theudas dirigió una insurrección desastrosa de cuatrocientos seguidores (Hechos 5:36). Judas el galileo hizo lo mismo (Hechos 5:37). Un egipcio, que quedó sin nombrar, también dirigió cuatro mil seguidores en una insurrección (Hechos 21:38).
La profecía de Jesús de que Jerusalén caería, se cumplió en el año 70 d.C., cuando los judíos se sublevaron otra vez contra los romanos, que asediaron la ciudad. Ésta al comienzo servía de refugio para sus ciudadanos, pero se convirtió en una trampa a medida que se apretó el asedio. Hubo canibalismo. La mayoría de ellos murió; el resto fue tomado en cautividad; y el templo quedó completamente destruido por las tropas de Tito Flavio.

¿Quedan hoy algunas ruinas?
Hoy sólo queda el Muro de las Lamentaciones. Y en la TV vemos a los judíos orando frente a ese muro, y meten sus oraciones escritas entre las grandes piedras cuadradas.
Esos días de revueltas y asedios fueron de mucho sufrimiento y tensión, también para los cristianos.

¿Qué recomienda Jesús, cuando habla de la destrucción de Jerusalén y de su templo?
En el reino de Dios que Él inaugura, ya no se necesitará templo, ni ciudad santa, ni sacrificios, porque toda la humanidad es el gran templo de Dios. Dios está en el Templo, pero también en la gente de carne y hueso. S. Pablo nos recuerda: "¿No saben que Vds. son templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en Vds?" (1Cor 3:16). "¿No saben Vds. que su cuerpo es templo del Espíritu Santo dentro de ti?" (1Cor 6:19).
Así pues, somos tan sagrados como el templo. Dios habita en nosotros.

¿Qué consejos da Jesús para el tiempo de persecución y para los días de sufrimiento y tensión?
Jesús no responde a los discípulos a su pregunta de cuándo iba a ocurrir todo aquello.
Jesús se preocupa más por 'cómo' vivir, sobre todo antes del encuentro definitivo con el Padre, qué hacer en tiempo de persecución. Y Jesús nos da estas seis recomendaciones:
1ª "Cuidado con los falsos profetas, que tratan de engañarles".
2ª "Cuando oigan de guerras y revueltas, no se espanten, no teman". (v. 9).
Aunque el templo haya sido destruido, Dios no deja de construir su Reino, no permite que su pueblo, reunido por Cristo, sea presa del pánico.
3ª "Les echarán mano, les perseguirán, entregándoles a los tribunales y a la cárcel, y les harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre; así tendrán ocasión de dar testimonio".

Pero, ¿son perseguidos hoy los cristianos?
Ahí están los jesuitas de El Salvador, Lucho Espinal sj en Bolivia, Vicente Cañas sj (1987) y la Hna. Dorothy Stang (2005) en Brasil, Dietrich Bonhoeffer en Alemania, y otros muchos en Sudán, en Irak y en la India.
Lo importante es ser testigos del verdadero Señor de la historia, sus siervos fieles que saben esperar, soportar, perseverar en el trabajo humilde y sencillo de cada día (Lc 17, 10).
Sin perder de vista el futuro de Dios, tenemos que enfocar el presente y vivirlo en el servicio y en el compromiso, en la lucha y en la oración.
4 "Les daré boca y sabiduría, a la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se les opondrán" (v. 15). Los cristianos no deben preocuparse por lo que dirán, porque Jesús les dará palabras invencibles de sabiduría, a las que los verdugos no sabrán qué responder.
5 "Ni un cabello de su cabeza se perderá" (Lc 21, 18; cf 12, 7). Es una palabra de aliento. La capacidad de aguante se hará manifiesta en la del martirio (cf Esteban en Hech 7, 59), en la paz a la hora de la disidencia doméstica y en el deseo de dar la vida por el Señor.
6 "Con su perseverancia salvarán sus almas". Jesús promete que Él estará con nosotros en nuestro sufrimiento y que el "orden" actual de las cosas puede cambiar.
     
Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-destruccion-del-templo
Cfr.
Pedro Olalde y Patxi Loidi: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-21-05-19.htm
Marcos Rodríguez: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-21-5-19_MR-C.htm
José Enrique Galarreta: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-JE_69_lc-21-5-19.htm
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.notitarde.com/fin-del-mundo--cuando/columnistas-del-dia/2016/11/12/1035907/
Ilustración: Pierre Pignon.

domingo, 17 de noviembre de 2013

INTERPELACIÓN

San Lucas, 21: 5-19

Entre otros aspectos, el Padre Roberto Martialay (SJ) versó sobre el fin de los tiempos y la persecución. Habló, en un sentido, en los abusos que cometemos contra la casa que Dios nos dio y que, formada en millones de años, puede desaparecer no sólo por los crímenes ecológicos, sino porque dormimos con grandes arsenales nucleares. Y, en el otro, la persecución, recordando la matanza de Ellacuría y las otras personas que lo acompañaban, por la ultraderecha salvadoreña.

El Padre Antonio Gracia pregunta: “¿Amas la vida? ¿Tus palabras siembran vida? ¿Tus actitudes despiertan esperanza? ¿Cómo vives el sentido de la vida frente a tanta situación de muerte?” (“El Domingo, Día del Señor”, XXXIII del Tiempo Ordinario/C del 17/11/13).

Fotografía: LB, Roberto Martialay (SJ).  Caracas, 17/11/13.
Cfr. Matanza jesuitas salvadoreños, http://elpais.com/tag/ignacio_ellacuria/a/

DECODIFICAR

NOTITARDE, Valencia, 17 de noviembre de 2013
"Caminando con Cristo"
"Signos que nos señalan el futuro" 
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El próximo domingo celebraremos la solemnidad de Cristo Rey del Universo, con la cual termina el año litúrgico. Por esto, las lecturas de estos últimos domingos, como el caso del evangelio de hoy, nos hablan en ese tono "escatológico" que tiene que ver con el fin del mundo. De hecho, la escatología, que es una palabra de origen griego, significa el tratado de las cosas últimas; pero la escatología cristiana no se reduce ni  coincide exactamente con lo último cronológicamente, porque tiene dos dimensiones: la futura y la presente. Es decir, el futuro para un cristiano ya ha comenzado porque se da una iniciación del juicio final en el momento presente, inaugurado en la primera venida de Jesús al mundo, con la cual inauguró el Reino de Dios en la tierra. Esta es la dimensión del presente, sin embargo, al final de los tiempos, con la segunda venida de Nuestro Señor, Jesucristo, se dará la culminación de lo que ya se ha iniciado en el presente. Por tanto, la última hora de Dios ya está iniciada en Jesús de Nazaret, aunque no consumada todavía. Después de la primera venida de Cristo hay un lapso de tiempo, que sólo Dios conoce, hasta su segunda venida, con lo cual llegará el fin del mundo.
Mientras se espera el retorno de Cristo, habrán señales que hablen de la llegada del fin, aunque éste no sea inmediato, como lo dice el evangelio de hoy; antes les tocará a los cristianos dar testimonio, serán perseguidos y calumniados a causa del nombre de Cristo y su evangelio, pero la clave para conquistar la vida futura será la paciencia en la adversidad y la perseverancia en la fe, la esperanza y sobre todo el amor. Quien vive así en medio de las dificultades del presente, tendrá gozo y paz en esta vida y luego conquistará la vida futura que tendrá su plenitud en Cristo, Jesús. Lo dice Jesús hoy: "Con su perseverancia salvarán sus almas".
El lenguaje escatológico o apocalíptico, como también se le puede señalar, es un género literario bíblico, presente y frecuente tanto en el Antiguo Testamento (Libros de Ezequiel, Isaías, Daniel) como en el Nuevo Testamento (Apocalipsis).  Con este lenguaje, no hay que dar valor literal a cada detalle y fenómeno cósmico que se pueda describir. La expresión terrorífica y tremendista, que es propia de este género, es un lenguaje simbólico que busca resaltar una idea fundamental: el mundo no es eterno, tendrá fin junto con la humanidad a la cual Dios le ofrece la salvación y una vida después de esta vida.
Los cristianos católicos, creemos en la segunda venida del Señor al final de los tiempos, como lo confesamos en el credo dominical y en las palabras que decimos después de la Consagración  del pan y del vino: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor, Jesús". Su llegada, no debe ser causa de terror y angustia para nosotros, sino esperanza de liberación total y salvación eterna.
Hay una cosa muy interesante que resalta en la escatología o a través del lenguaje apocalíptico que es realizar una síntesis del pasado y el futuro en el momento presente. Es decir, el cristiano no puede vivir el pasado como una nostalgia de algo que no posee en el presente, no puede anclarse o quedarse en situaciones ya vividas o sucedidas, pero tampoco puede caer en el futurismo alienante o esclavizante que le haga perder de vista el valor del presente, viviendo ausentes del mundo y ajenos a los problemas del momento, ausentes de la realidad actual que tiene un valor real. Por eso, la escatología nos recuerda que lo único que tenemos, por el momento, es el presente; un presente donde se actualizan las promesas de Dios (es el memorial) y que abre al futuro con la esperanza firme que el Reino de Dios ya ha comenzado y que lo que hagamos hoy contribuirá a alcanzar la vida eterna. Dios camina junto al hombre, es más está dentro de su vida cuando el hombre abre su corazón a su amor y le entrega toda su historia, su pasado, su hoy y lo que vivirá mañana. Quien cree en Dios y le cree a Dios sabe que nunca quedará defraudado o abandonado en sus necesidades, sus anhelos y sus esperanzas, Dios siempre se mostrará providente y nos sostendrá en la lucha de cada día.
IDA Y RETORNO: Hemos celebrado con gozo la solemnidad de la Madre de Dios, bajo la advocación de la Virgen del Socorro de Valencia, patrona de la Arquidiócesis y de Nuestro Seminario. Tanto en Catedral, en varias parroquias, en el Forum de Valencia, como en el José Bernardo Pérez se le ha rendido tributo a aquella que es la mujer fiel, la mujer valiente que dio un sí generoso a Dios y por la cual nos vino la luz del mundo que es Cristo.
El próximo 24 de noviembre tendremos en el Seminario un domingo familiar, para recaudar fondos a beneficio de nuestra Casa de Formación. Contaremos con la presencia de algunos jugadores de nuestro gran equipo Navegantes del Magallanes. Entradas a la venta en las parroquias y el Seminario.
Pjoel_15895@hotmail.com

Ilustración: Ad Reinhardt
Cfr. http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas

PERSEVERAR

TIEMPOS DE CRISIS
Con perseverancia. Más necesaria que nunca
José Antonio Pagola

TIEMPOS DE CRISIS
En los evangelios se recogen algunos textos de carácter apocalíptico en los que no es fácil diferenciar el mensaje que puede ser atribuido a Jesús y las preocupaciones de las primeras comunidades cristianas, envueltas en situaciones trágicas mientras esperan con angustia y en medio de persecuciones el final de los tiempos.
Según el relato de Lucas, los tiempos difíciles no han de ser tiempos de lamentos y desaliento. No es tampoco la hora de la resignación o la huida. La idea de Jesús es otra. Precisamente en tiempos de crisis “tendréis ocasión de dar testimonio”.
Es entonces cuando se nos ofrece la mejor ocasión de dar testimonio de nuestra adhesión a Jesús y a su proyecto.
Llevamos ya cinco años sufriendo una crisis que está golpeando duramente a muchos. Lo sucedido en este tiempo nos permite conocer ya con realismo el daño social y el sufrimiento que está generando. ¿No ha llegado el momento de plantearnos cómo estamos reaccionando?
Tal vez, lo primero es revisar nuestra actitud de fondo: ¿Nos hemos posicionado de manera responsable, despertando en nosotros un sentido básico de solidaridad, o estamos viviendo de espaldas a todo lo que puede turbar nuestra tranquilidad?
¿Qué hacemos desde nuestros grupos y comunidades cristianas? ¿Nos hemos marcado una línea de actuación generosa, o vivimos celebrando nuestra fe al margen de lo que está sucediendo?
La crisis está abriendo una fractura social injusta entre quienes podemos vivir sin miedo al futuro y aquellos que están quedando excluidos de la sociedad y privados de una salida digna. ¿No sentimos la llamada a introducir algunos “recortes” en nuestra vida para poder vivir los próximos años de manera más sobria y solidaria?
Poco a poco, vamos conociendo más de cerca a quienes se van quedando más indefensos y sin recursos (familias sin ingreso alguno, parados de larga duración, inmigrantes enfermos...) ¿Nos preocupamos de abrir los ojos para ver si podemos comprometernos en aliviar la situación de algunos? ¿Podemos pensar en alguna iniciativa realista desde las comunidades cristianas?
No hemos de olvidar que la crisis no solo crea empobrecimiento material. Genera, además, inseguridad, miedo, impotencia y experiencia de fracaso. Rompe proyectos, hunde familias, destruye la esperanza. ¿No hemos de recuperar la importancia de la ayuda entre familiares, el apoyo entre vecinos, la acogida y el acompañamiento desde la comunidad cristiana...? Pocas cosas pueden ser más nobles en estos momentos que el aprender a cuidarnos mutuamente.
CON PERSEVERANCIA
¿Desaparecerá un día lo que los hombres van construyendo con tanto esfuerzo, sudor y luchas?
Los científicos no tienen la menor duda: la especie humana, el planeta Tierra, el sistema solar y las galaxias no existirán para siempre. Se discute si será por exceso de calor o de frío, pero un día todo terminará. La lejanía de este final no impide que nazcan en nosotros preguntas nada frívolas. Si esto es realmente así, ¿qué será de nuestra vida?, ¿cuál es el destino de la Humanidad?, ¿qué decir de ese Dios al que buscan e invocan las diferentes religiones?
Mientras tanto, en las sociedades modernas de Occidente, asentadas en el bienestar, no se quiere pensar en final alguno. Se vive por lo general desde una sensación de seguridad inamovible. A pesar de todos los conflictos y tragedias, el mundo siempre irá mejorando. No es imaginable la destrucción, sólo el progreso. Hablar del «fin del mundo» es cosa de pesimistas impenitentes o de visionarios apocalípticos.
Ni el poder de los poderosos es tan poderoso ni la seguridad del progreso es tan indiscutible. De pronto parece que se nos desvela un poco más la inconsistencia del ser humano, su incapacidad para construir un mundo más digno y su impotencia para salvarse a sí mismo.
Seguimos esclavos del viejo y perverso mecanismo de la «acción y reacción». Se justifica una vez más la guerra que mata a nuevos inocentes y no se piensa en dar un nuevo rumbo a la política mundial. De nuevo habrá victoria de los ganadores, pero no habrá ni más paz ni más justicia en el mundo. En las sociedades del bienestar «todo volverá a ir bien», pero en el mundo cincuenta millones de personas seguirán muriendo de hambre.
Las palabras de Jesús recogidas en lo que se llama «el apocalipsis sinóptico» son de un realismo sorprendente: la historia estará tejida de guerras, odios, hambres y muertes, y después llegará un día el Fin.
Sin embargo, su mensaje es de una confianza increíble: hay que seguir buscando el reino de Dios y su justicia, hay que trabajar por un «hombre nuevo», hay que seguir creyendo en el amor. «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».
MAS NECESARIA QUE NUNCA
Apenas se habla hoy de la paciencia. No está de moda. Atrae más la actitud rebelde y agresiva, la reacción vehemente ante cualquier adversidad. Desprestigiada socialmente a veces y mal entendida otras, la paciencia va quedando relegada como algo poco importante, propio quizás de espíritus débiles. Sin embargo, sin el aprendizaje de la paciencia no es posible el arte de vivir.
La paciencia no es fruto de la debilidad. Al contrario, supone fortaleza interior. La persona paciente moviliza todas sus energías para no doblegarse ante la adversidad y seguir luchando con firmeza, sin dejarse perturbar por el mal. Se necesita mucha entereza para mantener el ánimo sereno y confiado cuando todo se nos pone en contra.
Aunque parezca fuerte y violento, el impaciente es una persona débil, incapaz de tolerarse a sí mismo y de soportar las contrariedades de la vida. Por lo general, los niños son impacientes. No han aprendido todavía a vivir con paz y sosiego las diversas realidades de la existencia.
La verdadera paciencia nada tiene que ver con una resignación pasiva. Ser paciente con uno mismo y con los demás no significa soportar la vida de forma apática y sin espíritu de iniciativa. No es «aguantar» porque uno no sabe o no se atreve a hacer otra cosa. La persona paciente se mantiene activa, sigue buscando lo mejor, responde a nuevas situaciones y retos inesperados, pero lo hace sin perder la paz ni la lucidez.
La paciencia no es virtud de un momento, sino un estilo de perseverar de forma pacífica pero tenaz, sin rendirse ante la adversidad. Por eso, en las primeras comunidades cristianas, el término «hypomone» se traduce indistintamente como «paciencia» o «perseverancia». Ésa es la exhortación de Jesús: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras vidas» (Lucas 21, 19). El creyente alimenta su paciencia en ese Dios que tiene paciencia inmensa con todas sus criaturas.
Bien entendida, la paciencia es tal vez más necesaria que nunca entre nosotros. No es posible dejar atrás la violencia y promover un proceso de pacificación sin una actitud paciente y tenaz por parte de todos.
No se recupera en un día la confianza rota por tanto enfrentamiento.
No es posible aproximar posturas y buscar juntos lo mejor para todos sin un trabajo paciente, sereno y lúcido. Por eso, ni impaciencia ni desaliento. Sencillamente, paciencia activa.

http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Ilustración: Ad Reinhardt