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miércoles, 29 de enero de 2020

NOTAS DE NICOMEDES

Los políticos
Nicomedes Febres

* Viendo los comentarios sobre un artículo reciente comencé a meditar sobre la impresión que causan algunos políticos en las personas. Un político gusta o desagrada por razones tan variadas y extrañas que uno se asombra. Porque nos recuerda a alguien grato o detestable, o por algún hábito o un rasgo de personalidad afín o no a nosotros, o de alguien cercano, y mil razones más. Y eso se llama carisma, pero en general los políticos que llaman la atención son gente inteligente, nos gusten o no. Por ejemplo los presidentes Betancourt y Caldera levantaban pasiones a favor y en contra, al igual que el felizmente difunto. Por ejemplo Betancourt dejó la universidad siendo un brillante estudiante para dedicarse a la política y ya todo el mundo que lo apoyaba o lo detestaba veía como inexorable que llegaría a ser presidente, incluso Laureano Vallenilla Lanz hijo quien en su libro Allá en Caracas en los años 40 lo comentó. Las viejitas calderistas eran asombrosas por su fidelidad al presidente Caldera y él representaba dos virtudes cardinales, ser serio y responsable y ser un esposo fiel, las mismas razones por las que era detestado por muchos hombres. Recuerdo una tía mía maestra y adequísima, y cercana amiga del maestro Prieto que cuando la división del MEP prefirió seguir al presidente Betancourt que a su amigo Prieto y fue cuando por primera vez reconoció que el maestro era físicamente horroroso, así de adeca betancourista era. Hay políticos actuales que levantan pasiones a favor o en contra. No puedo precisar dentro del chavismo porque allí todos sin excepción me parecen detestables y una partida de lacras, pero algunos resaltan como dosdado, carroña o la fosforito y los hermanos rodríguez, los reyes de la mentira pública. También el presidente Guaidó levanta pasiones a favor y no sé si en contra ni porqué, pues presumo que muchos que lo odian obsesivamente deben estar al servicio de la sala situacional de Miraflores o dudo si existen de verdad, o es una maquiavélica jugada de Julio Borges, quien es otro que levanta pasiones y a quien creo el político más competente del país y el armador del tinglado opositor que nos ha llevado hasta la actualidad como salida. Puede ser que aquél programa de televisión donde fungía de juez de paz en asuntos populares por Radio Caracas provocara esa animadversión, pero Borges, mientras era odiado y acosado por el difunto, recorría Venezuela creando Primero Justicia, que no es poca cosa si usted entiende la Política, pues otros partidos son clubes de amigos de un dirigente con algunos seguidores pero sin valor organizativo y de allí la sistemática represión a ese partido y en especial a su gente del aparato organizativo como Fernando Alban a quien asesinaron y a Requesens que es diputado. Aparte de Leopoldo preso porque es inteligente, de buena cuna, preparado, altivo y bien parecido, lo que genera envidia y rabia a ese hatajo de resentidos que es el chavismo. Casi todos los presos políticos son de Primero Justicia por recomendación de los cubanos. Creo que el carisma de Guaidó se monta en algunas razones, primero su aspecto físico de hijo de cualquiera en este país, segundo su afán de superación personal y eso es encomiable porque todos quisiéramos tener un hijo, un esposo, un hermano o un familiar así, tercero, por su prudencia, inteligencia y sobriedad personal. Todos admiran a María Corina por su coraje personal, como le cuestionan su lógico afán de protagonismo. Hay otros políticos que fracasan, pese a que son demasiado inteligentes y preparados, pero diluyen su afán de poder en muchos campos y los casos más emblemáticos son Arturo Uslar, Gonzalo Barrios y Teodoro. El tema es interesante y da para largo. Si van a opinar se les agradece no insultar a algún dirigente, por supuesto, salvo que sea chavista aunque sea más peligroso hoy que chino con gripe.

* En la foto el premier Troudeau de Canadá y el presidente Guaidó, una imagen del siglo XXI

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Un patiquín sin cabeza
Nicomedes Febres

Pedro Sánchez siempre me había parecido un político inteligente y astuto aunque nunca me ha simpatizado, además un digno sucesor de Felipe González porque Bambi rodriguez zapatero siempre me ha parecido un infeliz y un marrullero dentro de un partido histórico donde Felipe González representa la democracia y bambi al socialismo dentro del PSOE, que es un gran partido tradicional en España antes del franquismo. Un movimiento que funcionó incluso en Venezuela hasta en la época de Pérez Jiménez y los primeros años de la democracia hasta la muerte de Franco y por eso poseo un carnet que conseguí del psoe venezolano, el carnet es del psoe, no yo, ni por casualidad. Y muy vinculado a Acción Democrática para bien o para mal, hasta el punto de llevar Carlos Andrés Pérez de polizón a Felipe González en el avión presidencial para que se entrevistara en secreto con Adolfo Suárez, otro político de gran nivel como Felipe y así organizar la transición española que fue ejemplar. Mucho le debe el PSOE a AD, y esa es la verdad histórica y no para ondear deudas que no nos pertenecen. Ahora con sanchez, que parece más un galán de telenovela, la situación cambio y le da preeminencia al chavismo por encima que a los adecos y a la Social Democracia planetaria. Presumo que iglesias y su banda chantajearon al galán transformándolo en un patiquín sin cabeza política porque ese error de negarse a recibir al presidente Guaidó se lo vamos a cobrar caro, muy caro a sanchez. Presumo que maduro debió poner mucho dinero sucio en la campaña de sanchez al ver el desplome de podemos, su banda delictiva afín y franquicia segura, y esto es lo que está pagando el actual presidente del gobierno español, y la culebra nuestra debe ser contra sanchez y no contra el psoe.
*Sabía de la existencia del PSOE en Venezuela desde la época de Pérez Jiménez porque tenía muchos amigos de todos los bandos y como era prudente, todos hablaban delante de mi pese a ser casi un niño, desde los comunistas y anarquistas a quienes tenía mucho afecto personal hasta mis amigos monárquicos españoles que los tenía, y ambos bandos eran activos por haber sufrido la guerra civil. Los últimos anarquistas originarios españoles que traté bastante fueron el viejo Campuzano, padre de la actriz Giove Campuzano y Antonio Serrano, el librero de Lectura que animaba círculos de lectura anarquista con muchachos en los jardines de la UCV y Antonio era tan anarquista que sus bellas hijas se llamaban Alegría y Esperanza, además se comía muy sabrosa comida española en su pequeño apartamento de la avenida Fuerzas Armadas hacia el sur. Todos llamaban a la gente del PSOE como socialistas pero había varios partidos socialistas españoles, como cualquier venezolano del montón. Oía, callaba y aprendía pero no tenía pruebas de la existencia del PSOE en Venezuela hasta que un día encontré en una venta de cosas viejas el carnet de ese partido en Venezuela y que se identificaba mucho con AD porque el presidente Betancourt los había ayudado y defendido mucho en el exilio forzado de los republicanos. Aquí todos esos españoles eran adecos betancouristas

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Sobre el juego
Nicomedes Febres

*En esto de leer Historia uno detecta algunas pistas para la futura investigación genética de algunas patologías sociales como son por ejemplo la embriaguez en algunas tribus aborígenes que tomaban licor hasta emborracharse como una cuba por incluso varios días seguidos, luego desaparecer y regresar al trabajo pasados varios días y entrar en un prolongado período de abstinencia. Eso en español clásico venezolano se llamaba picurearse, es decir actuar como los picures, pero nunca he tenido interés por el origen de las palabras, sino por su uso. Ese ciclo de beber por días y luego un período de abstinencia lo he visto también en algunos pacientes y le generan sufrimiento y angustia. Y en la vida venezolana también he tratado de investigar un poco otra patología como es el juego y su enfermedad que se llama ludopatía, otra enfermedad de la cual nunca he padecido, pero que era muy frecuente en la Venezuela de antes y en la Caracas de hace un siglo. Algunos cronistas como Lucas Manzano, Guillermo José Schael y Oscar Yanes lo describen en sus textos lo cual nos llama la atención. En ese mapa del juego de Caracas aparece como figura central el casino Cataluña ubicado en el segundo piso del Hotel Barcelona que estaba entre las esquinas de Torre y Veroes y era el sitio a donde llegaban los toreros y las cantantes y actrices para las funciones de los distintos teatros de la ciudad. Ellos, que vivieron esa época, primero uno y luego los otros casi que hacen un mapa del juego de la vieja ciudad. Pero nunca había conseguido una prueba fehaciente de su existencia, pero si de otros como el Luna Park y uno del empresario taurino y teatral Miguel Leicibabaza que quedaba en Macuto y del cual tenemos un grabado . También hay referencias claras de la existencia de un casino privado en el Club Venezuela que incluso funcionó en la vieja sede de la Universidad Católica en la esquina de Jesuitas. También hay referencias a un individuo llamado el Mocho Chingüingue apodado así por haber perdido la mano de un machetazo en una jugada de envite y azar, y quien era considerado el más grande tahúr de la ciudad y del cual no tengo fotos.

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viernes, 29 de diciembre de 2017

UNA CLÁUSULA IMAGINARIA

Del receso vedado en diciembre de 1957
Luis Barragán

En las vecindades del 60º aniversario de la caída de la dictadura perezjimenista, precedida por el infructuoso alzamiento escenificado por los tanques y aviones que estremecieron a Caracas, enviándole una poderosa señal a la Venezuela celebrativa del año nuevo, parece casi una socarronería hablar de algún receso de actividades. Por lo menos, el dirigente político de la oposición de entonces, estuvo muy lejos de reclamarlo.

Impensable hubiese sido que la otrora unidad opositora le concediese una tregua al gobierno, facilitando una suerte de armisticio que, sin lugar a dudas, aprovecharía. Y, por muchas que fuesen las flaquezas y los cansancios, la actividad continuaba por el despliegue de las organizaciones que sabían administrarlos y compensarlos, sin perder la necesaria continuidad de los esfuerzos.

No hubo partido político o sociedad civil organizada que se declarara en período vacacional, ni dirigente que se dispensara para disfrutar con la gallardía inaudita de unas comodidades negadas al resto de sus compañeros de causa. Todos estaban en permanente vigilia, seguimiento, evaluación e interpretación de los sucesos, por modestos que fuesen, capaces de derrumbar a la dictadura, como ocurrió.

Así, realizando por estos días un trabajo destinado a una revista académica con motivo de la insurgencia del 1º de enero de 1958,  nos encontramos con el testimonio de Pompeyo Márquez, a la sazón secretario general del Partido Comunista que, por cierto, dista demasiado de los escombros que hoy quedan. En su informe al comité central de abril de 1958, luego de considerar la búsqueda que se hizo de una salida pacífica y constitucional a la crisis de sucesión del año anterior, dejó constancia de las puntuales reuniones semanales del partido, a pesar de las difíciles condiciones impuestas por la clandestinidad (*).

Luce obvio  el contraste con la situación actual, pues, a mitad de mes, fracasado el diálogo de República Dominicana en el que tercamente incursionaron, los factores que dicen monopolizar la unidad de la oposición, se declararon en vacaciones, como si alegasen una cláusula del imaginario contrato colectivo celebrado con la ciudadanía y hasta con la misma dictadura agradecida.  Constituye toda una peculiaridad del oficio y ejercicio político de estos tiempos, aunque los parlamentarios adscritos a la Fracción 16-JULIO proseguimos en nuestros esfuerzos.

(*) Márquez, Pompeyo (2002) “Pensamiento y acción. Obras escogidas”, El Centauro, Caracas: II, 304 ss.

31/12/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/31629-del-receso-vedado-en-diciembre-de-1957 
https://noticiasvenezuela.info/2018/01/del-receso-vedado-en-diciembre-de-1957

jueves, 5 de octubre de 2017

OFICIO ADENTRO

De la especialidad política
Luis Barragán

De Weber a estos días, el oficio político cuenta con una importante y sólida definición, aunque jamás ha de perder esa capacidad de innovación que reclama constantemente el específico, cambiante y complejo contexto que lo explica y legitima. Si no fuese así, a lo sumo, quedaría como un mero ejercicio académico y quizá una de las bellas artes.

Natural, pero no tan obvio como parece,  el desempeño obliga a las llamadas políticas públicas, cuya consideración es, a todo evento, ineludible por más que el dirigente se especialice en otras facetas típicamente partidistas, gremiales o vecinales, convertido en un movilizador nato, un orador consumado o un propagandista que raya en la excelencia publicitaria. No se le entiende absolutamente despreocupado por la suerte económica del país o de la localidad que representa, las leyes u ordenanzas tramitadas, o el presupuesto universitario, por citar algunos ejemplos.

El abanico de materias es extenso y, desde siempre, ha de cultivar dos o tres, arribando a la subespecialización, según el caso, dispuesto a interesarse por otras áreas, que le permita al grupo de adscripción contar con una vocería segura y confiable en torno a determinados problemas y asuntos de interés común. Claro, yendo hacia una sociedad ágrafa, diferente a la de la información y el conocimiento estrátegico, como ocurre con el tal socialismo del siglo XXI, el dirigente no saldrá – orgulloso – de las hormas infelices de la burocracia, las relaciones públicas y la agitación sin sentido, dependiente del flash mediático.

Recordamos que, a finales de los ’50 y principios de los ’60 del ‘XX, la prensa registraba la creciente preocupación por el tema petrolero de quienes, en su momento, no gozaban del reconocimiento, prestigio y posiciones políticas que, pacientemente, con los años, alcanzaron. Artículos de opinión de Leonardo Montiel Ortega o Arturo Hernández Grisanti, a guisa de ilustración, en tiempos que el tema lo capitalizaba Juan Pablo Pérez Alfonzo y el mismo Rómulo Betancourt, avisaban de un interés y de una inquietud que más tarde se tradujo en todo un testimonio de servicio al país, independientemente del (des) acuerdo suscitado por sus planteamientos.

Montiel Ortega pertenecía a URD, una organización que después se debilitó, fundando su propia casa con Morena, o Hernández Grisanti militaba en AD que también se hizo escuela de promoción de especialistas convincentemente comprometidos con el ejercicio real de la política, como sucedió simultáneamente con Humberto Calderón Berti en Copei o Alí Rodríguez Araque, quien había trajinado la insurrección armada.   Nada casual que, desde 1999, esta experiencia y aporte del modo venezolano de concebir y hacer la política, por llamarlo de alguna manera, haya desaparecido para reafirmar una era: la del analfabetismo funcional que no logra solventar la consigna y un estudio de televisión.

01/10/2017:

CURTIDOS

Érase el burdel político
Guido Sosola

La experiencia, en lo que fuere, no se compra en botica. Esta sentencia popular nos lleva a un triple símil: por mucho talento natural que se tenga,  la regla es que el beisbolista haga el grado en las ligas menores y aprenda de algunas particularidades, como la del pitcher mañoso, la variedad del campo, la del hiteador de bola alta o la del robador caribeño de las bases; el azar ofrece grandes oportunidades al ingenioso abstraccionista, pero el dominio previo del arte figurativo le concede mayores garantías para un hallazgo feliz; o, tratándose del más consumado estratega militar, luce necesaria la acumulación de vivencias y  el  manejo real de las destrezas tácticas.

Tarde o temprano, quien haga de la política su oficio principal, por más suerte que la acompañe, requiere de un aprendizaje que, por siempre, será indispensable, pues, si contrajese medianas o altas responsabilidades de Estado, tendrá que encarar las más disímiles circunstancias, frecuentemente sobrevenidas y para las cuales no hay más manual que la de una propia trayectoria que se hace equipaje personal.  He acá la diferencia real entre la política, terca y despiadada interlocución que implica demasiadas cosas (temperamento, probidad, habilidad, sentido estratégico, capacidad reflexiva, coraje, verbo, modestia y todo lo que weberianamente se nos ocurra), y la antipolítica, devenida enfermizo espectáculo que los críticos de la post-modernidad fácilmente identifican y, permitiéndonos la licencia, sintetizamos como una hazaña del narcisismo.


Los consabidos alzamientos de 1992, a la postre de un éxito político extraordinario, conjugaron una de nuestras más sentidas facetas culturales, pues, al tirarse una parada, según el venezolanismo olvidado, por casualidad alguna, abrieron una avenida ancha para que otros, ya sin armas, en la acera del frente, hicieran lo propio. Lo importante fue y es, darse a conocer por más absurdo que fuese el motivo; improvisar cualquier respuesta, importando poco el bajo calado y las contradicciones que acarreé; y reclutar inmensas cantidades de seguidores que más tarde purgará por el camino lógico de las relaciones primarias (de simpatía o antipatía personal). Acotemos, diferente a los viejos partidos recógelo-todo, el fenómeno es correlativo o sistémico, porque hallará los mass media que, para sobrevivir, tiran su propia parada, banalizando el debate, donde el oportunismo es el otro dato constante y sonante y, faltando poco, las herramientas digitales en boga aligeran demasiado los problemas, por complejos y duros que fuesen.

De modo tal que, siendo también irreductible el talento y la vocación naturales, no siempre el cuarto bate y novio  de la madrina es el jonronero por excelencia, el dueño de los pinceles el que sabe batir el óleo o el conquistador de la colina el más diestro y valiente. Y, como  ocurre con la política, el deporte, el arte y las armas pierden sentido en beneficio de una simulación, aunque estas tres disciplinas no implican la pérdida de un destino común, como aquélla que versa nada más y nada menos sobre el poder. 

La antipolítica no admite un cómodo tratamiento retrospectivo, porque goza de características inherentes al desarrollo de los media, entre otros factores. Si de situaciones y personalidades precursoras hablásemos, bastaría con remitirnos a la campaña de 1973, a la sorpresiva aparición de Leonardo Montiel Ortega en el capítulo inicial de una telenovela por 1978, o a Irene Sáez en la década de los ’90 del ‘XX.

El independentismo político de los sesenta puede acercarse al fenómeno en cuestión, mas nunca confundirse, ya que sus actores no sólo eran de una reconocida preocupación por la vida nacional, exponentes de una trayectoria individual de probado éxito en otros campos – subrayemos – productivos y caracterizados por un manejo sobrio de las situaciones confrontadas, con las excepciones de rigor. Cierto, tuvieron por común denominador, una reiterada actitud antipartidista que los hechos, más tarde, corrigieron o pudieron haber corregido.

En el fondo, intentando reivindicar más las condiciones que las banderas de un medinismo que pronto supo dejar atrás, el independiente por antonomasia fue Arturo Uslar Pietri, el hombre de la campana en los comicios de 1963. Resultó toda una sorpresa por la cosecha de votos que, al ganar Caracas, como lo había hecho el Partido Comunista en 1958, y otros referentes urbanos, se convirtió en una ineludible fuerza parlamentaria y edilicia en el país.

El Movimiento Pro-Frente Nacional Independiente que tenía por epicentro la oficina de Uslar Pietri, ubicada en un local del Banco del Caribe, no sólo se convirtió en un partido, el Frente Nacional  Democrático (FND), sino que concursó en el gobierno de Leoni a través de la Ancha Base, nomenclatura adecuada para una época en la que el lenguaje era protagónico.  Y, a pesar de las observaciones que puedan hacerse respecto a esta etapa  en la vida política del consagrado escritor, como vemos, contribuyendo también a la política como una experiencia del idioma, convengamos que la tentativa fue coherente, bien intencionada y bastante eficaz, aunque – después, a la vuelta de poco tiempo – sucumbió precisamente por no reconocer, aceptar y transformar la práctica real del oficio, no otro que el  político, tan requerido de una infinita paciencia.

Senadores, diputados y concejales por el FND, fueron Uslar Pietri, Armando Vegas, Eduardo Ortega, Ramón Escovar Salom, Pedro Segnini La Cruz, J.J. González Gorrondona, Nicomedes Zuloaga, Enrique Yéspica, Jorge Olavarría, Raúl Sanz Machado, Carlos Punceles, José Oropeza Castillo, Francisco Vera Izquierdo y Rosalía Maldonado, entre otros.  Ocupando varias carteras ministeriales, la organización tuvo oportunidad para conformar una plataforma y también una clientela duradera, pero – principalmente generado por la displicencia del líder fundador, como lo ha apuntado en un ensayo Juan Carlos Rey – la experiencia fracasó, a pesar de que, por una parte, de acuerdo a la teoría de los espacios, hoy tan maltratada, el liberalismo estaba urgido de curtirse en las lides que no conoció en el ‘XIX, y, por el otro, competido por los socialcristianos y marxistas de aquella hora, ya había prendido un movimiento universitario afecto.

Había que invertir demasiada paciencia, disposición al aprendizaje y a la innovación de una insalvable y comprensible rutina política o, mejor, de la política que se hacía por entonces, además, importa aceptarlo, superior a la actual, con el trámite de las diferencias en las cámaras parlamentarias y edilicias,  la interminable polémica pública, los desafíos impuestos en las calles por la subversión de izquierda y la conspiración de derecha, las complicaciones de una militancia exigente, la alteración recurrente de la vida cotidiana y doméstica. Suponía el cabal desarrollo de destrezas y habilidades, o la defensa de ideas y convicciones, con el conocimiento exacto de un terreno árido de juego con rivales amañados, de un código estético que necesitaba de una alternativa y hasta el convencimiento de que, por mortífero que fuese el armamento, no bastaba por sí mismo para adueñarse de la colina.

Desertor de la Ancha Base, pasando demasiadas aguas por debajo del puente, la instalación del Congreso en el último año del período constitucional, brindó una ocasión inigualable para salvar al FND como propuesta del – digamos – clásico “independentismo”. Muy antes de la reunión celebrada en “Cambali”, la casa para temperar de Uslar Pietri en Tanaguarena, el partido estaba dispuesto a presidirlo, cosa que hizo al llegar a un entendimiento con otros factores, “descendiendo” a la política real, para hacer de Armando Vegas su presidente, acompañado por el harto habilidoso César Rondón Lovera en la vicepresidencia.

Anotemos, fue una elección cuestionada que la de marzo de 1968 y quedó engavetada en la Corte Suprema de Justicia y, por muchas dudas que tuviese, expresándolas, el presidente Leoni recibió a la comisión que participó de la instalación parlamentaria consciente de su responsabilidad como jefe de Estado. Y, así fuese muy electoral el período, porque en diciembre sería sustituido Leoni, había que sacar adelante una tarea como la del proyecto de Ley de Licitaciones Públicas Nacionales, según la crónica de entonces, aunque hubo un reconocido penalista que hoy diría más, pues,  denunció a los parlamentarios ausentistas como indiciados en la comisión de un delito de enriquecimiento ilícito.

Vino la debacle y érase el burdel político que el partido no aceptó, como sí algunas de las individualidades que lograron sobrevivir, por exceso, como Jorge Olavarría y Ramón Escovar Salom, quien – por cierto – significativamente aseguraba por esos días, en artículo de prensa, que “la movilidad social produce la dispersión”, mientras que otros, por defecto, volvieron a sus antiguas ocupaciones. Segnini La Cruz, atravesando en autobús buena parte del país, trató años más tarde de alcanzar la presidencia de la República, a la vez que Uslar Pietri se consolidaba como un referente ético y un partido en sí mismo, con potestad de notable para distinguir entre los malvados y bondadosos, dictando sentencias implacables que permitieron que se colara Hugo Chávez, sobreseyéndolo históricamente.

La tendencia es que, por prometedor que fuese, el jonronero que no jonronea, el artista que plagia y el tomador de la colina que se engatilla, le echan la culpa a terceros que desconocen su talento, trampeándolo. El afectado, procurando de alguna manera trampear, recurre a la pureza de sus intenciones y, despolitizando a la política, termina exhibiéndose como juez de la moral y hasta de las buenas costumbres.

La política ha de ser una viva conjugación de la ética y de la … política, porque – separadas – nos convierte en monjes trapenses y la dejan a solas para que los más inescrupulosos la tomen por asalto. Sentimos que, por difícil que fuese el tema, es un tema pendiente para esta oposición del siglo XXI a la que bastante burdel le hace falta, saturada de un oportunismo avezado – a veces, si y, a veces, no – que ya nos tiene cansados, sin que eso sea – precisamente – el burdel al que aludimos.

05/10/2017:
Reproducciones: El Nacional (Caracas, 1968) y 2001 (Caracas, 1978).

jueves, 19 de mayo de 2016

... CARGADOS



Lanzamiento de dados

Luis Barragán

Maduro Moros  amenaza con radicalizarla, como si fuese una revolución y, faltando poco, a sus seguidores les contentara la vaina.  Intenta verse a sí mismo como un redentor amado por  los pobres: díscola mezcla de Fidel y Perón que  se hace de un  gesto de Allende, siendo lo más lejos a lo que llegó en uno de los cursos de apreciación deportiva de la obra de Marta Harnecker.  

Las citas “emprestadas” y, por lo general,  mal leídas de autores desconocidos que dicen darle alguna prestancia a sus peroratas públicas de largas horas, como las que salpicaron la correspondencia oficial de Miraflores para la Asamblea Nacional, en los años anteriores, advierten una anémica inquietud por el pensamiento. No es que la dirigencia política deba caracterizarse por una exclusiva y consumada preocupación intelectual, pero nunca antes se había visto tamaña orfandad, incluyendo al sector marxista de una Venezuela que hizo, mal que bien, un hábito del debate público y abierto.

Peroratas que extiende, rellenas de  vivencias personales que las aspira anécdotas de gran trascendencia, imitando al predecesor, sin importarle hacer el ridículo, pues, al fin y al cabo, lo confesó en la propia Asamblea Nacional, con motivo del Esequibo, no distingue conceptualmente entre un laudo y un tratado,  después de desempeñar por seis años la cancillería.  De modo tal que no cuenta con las herramientas necesarias para una interpretación de aliento sobre la crisis a mediano y largo plazo que él y no otro, ha generado, arribando a soluciones que dependen de los hechos de fuerza en diferentes escalas y escenarios, manipulando el lenguaje de siempre.

¿No hay alimentos ni medicamentos?, entonces, cada quien debe sobrevivir como pueda cultivándolos y rezando las hierbas naturales; ¿proliferan los asaltos a mano armada?, están las OLP para arrasar con justos y pecadores en sendas jornadas de limpieza que ayudan a amedrentar políticamente a la población;¿aspiran a reivindicar la ciudadanía a las puertas del CNE?, conforma los “escudos humanos” que convierte a sus más menesterosos partidarios en agresores autorizados, recompensados y  festejados por sus logros; ¿carecemos de divisas y – por supuesto - de materias primas?, colocan  las fábricas supervivientes en el horizonte de una calamitosa  ocupación de efímeros efectos como espectáculo; ¿proliferan las epidemias y faltan los equipos médicos?, convierte a los hospitales en trincheras de otros piquetes de agresores que impidan el acceso a los medios de comunicación y otros curiosos; ¿resultan ineficaces y contraproducentes sus medidas económicas?, las repite para distraernos con una pretendida confrontación de poderes. Vale decir, ni siquiera Nicolás  imagina y se ubica en una perspectiva que vaya más allá del muy circunstancial operativo de fuerza, convertido el golpe de Estado en una paranoia que dice legitimar y santificar sus diarios y literales golpes a la población, por resignada que parezca.

Maduro Moros se quedó en el activista político y hasta en el espaldero personal que fue, incapaz de pensar y de pensarse en algo que no siempre será el presente: no habría problema alguno, excepto que cada decisión adoptada o que permite que sus colaboradores adopten,  tiene consecuencias nefastas para millones de venezolanos.  Ya es nuestra la convicción: el Paúl del conocido cuento de Pedro Emilio Coll,  no tiene idea de sus actos, porque cree dirimirlos en un envalentonamiento de oportunidad,   sin orden ni concierto. Acotemos: total, ¿no fue un “lechazo” histórico el desempeño de la alta magistratura?, ¿por qué no seguir lanzando los dados?, ¿todos no  perderán al igual que él?
Fuente:

TAMPOCO RÍEN CON GROUCHO



Disneymarx

Luis Barragán

Nada casual, el oficio político traspasó los límites de un aligeramiento tal que hizo posible el éxito de los más improvisados hasta llevarlos al poder para imponer un orden cultural afincado en la consigna fácil, el gesto moralista, la actitud banal y revanchista, como la desesperada relación que suscita una literal supervivencia.  El peor elenco en toda la historia venezolana que todavía gusta de apodarse como marxista, siendo el adjetivo una complejidad que los amilana, ahora pretende arrastrarnos a todo en su inevitable descenso.

Corear el nombre de Fidel, invocar la figura de Guevara,  correr tras el fantasma del imperialismo yankee, citar orondamente a Mariategui, Castoriadis y  – así como se lee – Alfonso Guerra, según  el repertorio por encargo del oficialismo, no les da la   prestancia que tanto desea. Ni siquiera les concede la gracia de sentirse ornamentalmente revolucionarios, por diligentes que se digan los amanuenses.

A despecho del PCV que no honra su historia, añadido el enfrentamiento a las directrices de la Cuba que persistió con el foquismo, en las postrimerías de los sesenta del XX, la actual dirección predominante del Estado está en manos de los sectores de la ultraizquierda que intentó avivar las llamas en las décadas siguientes. No por casualidad, beneficiarios también golosos de las viejas bonanzas petroleras que los condicionó y moldeó, y – tampoco por casualidad – combatidos en su momento por el verbo de Radamés Larrazábal.

Gobierna, si es que lo hace al administrar y obtener dividendos de nuestras precariedades, buena parte de aquellos cómodos sectores, apedreadores de oficio en las afueras de una universidad que les sirvió de refugio (además de becarlos), turistas por igual de Orlando como de las capitales de la Europa Oriental, bohemios según la ocasión, con una íntima vivencia del país adinerado que también – poco a poco – nos vació de sentido, principios y valores, sueños y argumentaciones, programas y estrategias. Encapuchados por diferentes causas y circunscritas, como la gremial,  la ecológica o la feminista, repudiaron toda interpretación cultural-política de nuestras realidades, acogida la acepción de José Rodríguez Iturbe para la ideología, la cual les exigía demasiado en reflexión y trabajo, tildada de inútil y sospechosa, privilegiando la táctica y el oportunismo que los arrastró y recreó en el ámbito mágico-religioso que sintetiza el llamado chavismo.

El orden cultural impuesto en estos años, acomplejándolos,  logró impactar asimismo a los socialcristianos, liberales, socialdemócratas, tecnotrónicos y a los más genuinos marxistas, por citar las escuelas que, empero, terminarán por sobrevivirle al desafiarlo por la densidad, sensatez, seriedad, profundidad y coherencia del – ojalá - otro modo de hacer, pensar y sentir la política y lo político. Significa superar las condiciones creadas por un socialismo que, curiosamente, emprendieron los alérgicos a la letra de Karl y que tampoco ríen con Groucho, contentos con la versión Disney que los privilegios del poder les asegura.
Fuentes:
16/05/2016
22/05/2016
https://www.facebook.com/guayoyoenletras?fref=nf