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domingo, 5 de febrero de 2017

OBITUARIO


Ayer celebraron los superprivilegiados del poder

“Demasiado evidente, únicamente celebraron el aniversario del 4-F los superprivilegiados del poder que reciben atención médica, incluso, fuera del país, y comen hasta el hartazgo todos los días, bien custodiados, mientras que el resto de los venezolanos están sometidos a una dictadura del hambre, la miseria, destinados a alimentarse y a buscar los medicamentos en los basureros que tampoco alcanzarán para todos”, señaló el diputado Luis Barragán (Vente Venezuela) al salir del sepelio de Rodolfo José Cárdenas, quien fuese parlamentario de muchos años en el período democrático.

“No constituye exageración alguna cuando el consumo diario de proteínas y calorías ha sido por estos años, el peor de toda nuestra historia. En nuestro siglo XX, estuvimos de largo mejor alimentados y saludables que en este XXI en el que catorce pastillas para la hipertensión cuestan más  que el salario mínimo, si es que se encuentran.  El cinismo no tiene límites y en las fiestas del 4-F de los superprivilegiados del poder, los mismos que bañaron de sangre al país en 1992, dan una versión paradisíaca, feliz, porque sólo se miran a sí mismos en un espejo que olvida a la Venezuela que arruinaron”.

Señaló el diputado Barragán: “Lamentamos la desaparición física de Rodolfo José Cárdenas, al igual que la más reciente de Octavio Lepage, quienes contribuyeron a un liderazgo político y parlamentario capaz de abonar a una democracia por definición, siempre perfectible y naturalmente polémica. Sentimos, más allá de las coincidencias o diferencias que puedan suscitar, que la dirigencia del actual régimen no les llega ni a los tobillos a quienes dieron un mejor testimonio de responsabilidad, consciencia y consecuencia para levantar una democracia que hizo de la libertad su meta, protagonizada por una ciudadanía que la prefería para luchar  por el pan que nunca le faltó, superando sus diarios problemas sin temor al repentino carcelazo y al delincuente que hoy impera en las calles”.

06/02/2017:

domingo, 26 de junio de 2016

HOY, MÁS TRÁGICOS QUE NUNCA

De la responsabilidad represiva
Luis Barragán


A finales de julio de 1976, la detención, tortura y asesinato de Jorge Rodríguez, secretario general de la Liga Socialista, en la sede de la DISIP,  conmovió inmensamente a la opinión pública. E, incluso, recordamos, nos acercamos a la UCV para protestar el hecho junto a la dirigencia socialcristiana de la FCU, convirtiéndose en otra novedad para quienes apenas cursábamos el bachillerato.

En la prensa de la época, constatamos la inmediata renuncia del director del órgano policial y la personal explicación que dio Octavio Lepage, ministro de Relaciones Interiores, en rueda de prensa y en sesión plenaria del parlamento,  identificando y anunciando el procesamiento de los asesinos, como – entendemos – se dio. Por cierto, acontecimiento que tuvo por contexto el secuestro de William F. Niehous, un delito con mayores visos comerciales que políticos.

Por lo demás, el Congreso abrió la correspondiente investigación, luego de un duro debate en que destacó José Rodríguez Iturbe y la Liga Socialista publicó un aviso, en un diario de circulación nacional, donde aseguraba que el ministro “no hace sino confesar que en Venezuela no existen garantías para la seguridad y la vida de los ciudadanos”, concurriendo el menor hijo de la víctima a un homenaje realizado en la universidad. No obstante,  condenando todo hecho represivo en cualquier tiempo, es evidente el contraste entre la asunción responsable de un hecho, acaecido 40 años atrás, y la conducta que hoy asume el régimen.

Régimen que no sólo ha prohibido la salida del país al ex – ministro, sin prueba alguna de su culpabilidad, manipulando “hojilleramente”  la versión que por entonces dio, como si hubiese hablado de suicidio (*), sino que es reacio – por citar un caso – a admitir su directa responsabilidad en la masiva represión de 2014, ocasionando la muerte a 43 jóvenes y la detención arbitraria de más de tres mil. Lo que es peor, convirtiéndose en un caso clínico, evade completamente el asunto, impidiendo el más mínimo debate parlamentario y de opinión pública, y con mayor fuerza una investigación imparcial, e inculpando a la oposición de estas y cualesquiera otras muertes, como si el gobierno de Leoni lo hubiese hecho con el PCV respecto a Alberto Lovera.

Faltando poco, el venezolano del siglo XXI no cuenta con garantía alguna para su integridad personal, jamás la universidad pública y autónoma había sido asediada como ahora, preservados los perseguidores y represores en los privilegios de un gobierno continuista que hasta una facturadora  “ley contra el olvido” se inventó. Ésta, una curiosa pieza que adversamos en su momento (**),  desconocido por entonces  el paradero de Chávez Frías, fue defendida agresiva y bulliciosamente desde las curules y los palcos de la Asamblea Naciones por las antiguas víctimas y también víctimarios que, después, callaron y aplaudieron la matanza de los jóvenes en 2014, como lo hacen con el sabotaje del proceso revocatorio que conduce la reaparecida Liga Socialista, a través de Maduro y los hermanos Rodríguez, desconociendo si alguna vez contradijeron sobriamente el testimonio que  dio Lepage al periodista Javier Conde (“La conjura final”, Alfa, Caracas, 2012).

(*)
https://www.youtube.com/watch?v=jTiVX2_U9cI
https://www.youtube.com/watch?v=dXoApCJws30
(**)
https://www.youtube.com/watch?v=7lZJep-zz-Q

27/06/2016

miércoles, 28 de enero de 2015

TESTIMONIO

La entrevista de Lepage
Ox Armand


El tiempo es un asunto serio. Transcurre, llevándose por el medio la memoria colectiva. Ocurre aquí y en otros lugares del mundo. Sin embargo, no en todos. No sé si es casualidad o no, pero hay superpotencias que conservan en buena medida un record histórico compartido. Los grandes sucesos políticos, incluyendo a los sucesores en la escena, se integran al interés de la academia y de la divulgación. Quizás no hay acontecimiento actual que no registre inmediatamente un antecedente, por vía de las tesis universitarias de ascenso, proclives a la innovación, o por la prensa. Dos datos cobran importancia: la libertad de investigación y expresión, como también la cotización comercial del conocimiento. Una buena universidad va más allá de la invención del agua tibia, por lo que al estudiante no le será fácil promoverse con el refrito de otros tesistas. La buena prensa tiene interés en darle soporte a sus noticias, si las tuviere apelando a la adecuada consulta especializada. Y, a lo mejor, es demasiado frecuente que pugnen un nuevo Samuel Huntington o Francis Fukuyama, por alcanzar la celebridad. Apenas dos ejemplos de quienes, partiendo de las aulas, asomando sus posturas a través de sendos artículos de modesta extensión en revistas arbitradas, se hicieron famosos publicando gruesos libros, desarrollando hasta donde pudieron sus hipótesis, para figurar en los medios deseosos de un enfoque diferente. Por supuesto, ya tienen con qué pagar la nevera que sacaron fiada de IMGEVE. Además, así tengan críticos muy severos que los digan parte de la versión interesada del establishment, semejante posibilidad queda abierta para los que puedan criticarlos y demolerlos.

Esta larga introducción es necesaria para referirnos a una obra leída tardíamente, camino al aeropuerto de larga espera. Nos deparó la sorpresa de una lectura que supusimos únicamente para abreviar el viaje, siendo lo más interesante que conseguimos en un anaquel de pasada. “La conjura final. Octavio Lepage: 60 años e lucha política” de Javier Conde (Alfa, Caracas, 2012), nos remitió a un actor político que llegamos a despreciar, revelando la inmensa necesidad y, añadiríamos, la personal e inmensa necesidad de explicarnos qué ocurrió en Venezuela para llegar hasta donde todo el mundo sabe que llegamos. Explicación cada vez más difícil porque la academia y la prensa se quedaron atrás, por varios motivos: uno de ellos, se banalizaron rasgando apenas la superficie; el otro,  no hay recursos materiales ni las condiciones indispensables (libertad de indagación, de publicación, etc.), para poner el dedo en la llaga; y, en definitiva, no es negocio casi para nadie editar un libro así las gavetas estén llenas, como las están, de aproximaciones lúcidas.  Por eso, el tiempo pasa en este rincón del planeta y se pierden testimonios valiosos, aquellos que pueden dar claridad y claridades insospechadas.

La larga entrevista, para la cual Javier Conde demuestra que está equipado, como no suele ocurrir habitualmente con los periodistas que tienen la fortuna de publicar, nos lleva a la estatura política de un dirigente, como tampoco es frecuente ahora en Venezuela. Porque valen la trayectoria, la experiencia adquirida dentro y fuera del poder, la mínima formación ideológica para un oficio que es tan exigente y, digan lo que digan, sacrificado. Hoy, existen quienes tienen un inmenso o mediano capital político, pero gozan de una concepción tan ligera de las cosas que sólo el espectáculo los mantiene arriba; y quienes no cuentan con capital, aunque exhiben un know-how desaprovechado. Reivindicar la política como profesión, es una de las grandes tareas que tenemos por delante. Sólo ver el elenco de los diputados del gobierno y de la oposición, nos conduce a tamaña concusión. Lepage es  de esa vieja escuela que, en su momento, mejoró las precedentes, así le declaremos culpable de la sucesión que directa o indirectamente ayudó  generar. De todo esto, está consciente ya que se cuela una tácita crítica en torno a los profesionales de la política actual. Tácita, porque es habilidosamente … política. Es lo que está en el fondo de un testimonio que tiene solamente un interés estrictamente histórico. Se pasea por eventos y relaciones personales que suscitan una mayor curiosidad y que ojalá, algún día, nos diera la sorpresa de unas memorias que dieran cuenta de detalles. El ejercicio del poder más allá de la anécdota, el compromiso más allá de la simple aspiración, los avatares de las diferencias y del rencor, la vivencia del conflicto que concede la madurez indispensable, la sagacidad de sobrevivir en medio de las tormentas, la esperanza y desesperanza que se conjugan, aunque también la responsabilidad reconocida de los yerros que ensamblaron un presente angustioso.

Lepage habla con absoluta espontaneidad y, lejos de caricaturizar la exposición, algunas “groserías” refuerzan su sobriedad, el peso de los argumentos, la precisión de los hechos, la hondura del testimonio. De todo lo que dice, reparamos en tres circunstancias que nos llaman poderosamente la atención. Por un lado, la rapidez en su ascenso dirigencial, porque fueron escasos los años de militancia para llegar antes de los treinta años de edad a la diputación. Y, realmente, cuando hemos tenido ocasión de leer los Diarios de Debates de la época, no era un parlamentario más, del motón que sacó Acción Democrática, cuya actuación en el Trienio ha merecido una fortísima crítica del entrevistado, explicándola – precisamente – por la juventud de los nuevos elencos del poder y la del partido mismo cuando abrió las puertas de Mirafores en 1945. Por otro, con la división del MIR, hubo mucha frialdad del personaje que llegó a citar a Jorge Dáger y prever que la amistad ya no sería la misma. Se nos antoja que le cayó desde el principio bien a Rómulo Betancourt y, como Simón Alberto Consalvi (entrevistado para Alfa por Ramón Hernández, tiempo atrás), prefirió calcular muy bien los pasos e irse a una embajada, en lugar de apostar a favor de los divisionistas. Contrario a la leyenda, deja muy claro que no se comprometió con el MIR en momento alguno, pero queda un cierto sabor a cálculo. Por último, dejando aparte cosas importantes como el reconocimiento a las políticas que CAP II adelantaba, por entonces, incomprendidas por él mismo, está el difícil caso de Jorge Rodríguez, con cuyo hijo nunca se ha tropezado por casualidad, aunque Lepage ha concurrido a los tribunales que “objetivamente” investigan el homicidio. Lo que comenta resulta creíble, sensato. Se le fue de las manos a sus subalternos. Por ello, en la época, llegamos a despreciarlo y muchísimo, pero ahora, además de contrastar su conducta y explicaciones con las de los que hoy gobiernan al país, añadido al hijo del líder de la otrora Liga Socialista, también aceptamos que ha sido víctima de una vastísima campaña que lo convirtió en un tenebroso victimario. Así, al apreciar el reporte “histórico” oficialista, tenemos, por ejemplo, un video (https://www.youtube.com/watch?v=dXoApCJws30) que da la versión maniobrera del asunto (donde – por cierto – el cigarrillo avisa de las otras épocas y modalidades para dar una rueda de prensa). He acá la diferencia: una campaña que sigue, removiendo con cierto sadismo un hecho para convertirlo en carburador político a estas alturas del siglo, y el balance histórico que debe atender la naturaleza y características del secuestro de William Frank Niehous que pasa por debajo de la mesa.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/21600-la-entrevista-de-lepage


lunes, 22 de octubre de 2012

DE UNA BREVE EJEMPLIFICACIÓN

El paseo de Canache y Lepage
Luis Barragán


Parlamentarios jubilados, Carlos Canache Mata y Octavio Lepage se apersonaron en el Instituto de Previsión Social que queda en el centro de la ciudad capital. Luego de las diligencias, literalmente se aventuraron a regresar por las avenidas y calles que, por mucho tiempo, no andaban a pie.

La persona que nos contó el atrevimiento, compartió la inmediata calificación de riesgo que hicimos, estimando que el menos reconocible es uno, porque ya no luce las gafas de toda la vida, mientras que el otro, incluso,  encargado de la presidencia de la República en los dramáticos días de la transición institucional que concluyó Ramón J. Velásquez, lo es más por las facturas que le han jurado.  Huelga comentar que no tenemos vínculo político e ideológico con ambos y, mucho menos, amistad personal, por lo que nos sentimos – digamos – autorizados a extendernos en un trío breve de comentarios.

Por una parte, sobre todo en el caso de Lepage, éste ha sido acusado por la muerte injusta y cobarde de Jorge Rodríguez, el padre del psiquiátra del Comando Carabobo, pero que sepamos, mediante un proceso sobrio y confiable, no recae sentencia penal condenatoria sobre sus hombros ya ancianos, añadiendo que, muy probablemente, el deceso lo produjo el miserable y hasta incontrolado mecanismo de una burocracia policial que escapaba de los designios del más alto funcionariado.  Atención, no lo estamos exceptuando o eximiendo de antemano,  aunque sabemos de una inmensa satanización política que ha sido práctica y mensaje del actual régimen por largo años, con sobradas víctimas, que empañan y generan desconfianza hacia los medios de prueba que los imputen, jamás exhibidos como tampoco se ha hecho convincentemente con el presunto magnicidio y ni siquiera con la enfermedad presidencial. Valga la coletilla, habría que también meditar en torno a los consecutivos actos terroristas ejecutados desde la década de los sesenta que, hasta incumplimiento o desconociendo a sus naturales mandos guerrilleros, por suerte del otro incontrolado mecanismo, dieron muerte e hirieron a no pocos inocentes, cuyos culpables igualmente se acobijaron en la Política de Pacificación, y ahora están previamente absueltos y canonizados por la vigente Ley de Desaparecidos (etc.).

Por otra, ha sido tan inmensa la satanización que hay personas que no deben andar distraídamente por estas calles que amobló muy bien la telenovela de Ibsen Martínez, desconocida la libertad de tránsito en la propia y vigente Constitución de la República, debido a la amenaza de un inmediato linchamiento al ser reconocidas por los fanáticos que desean hacer tan particulares méritos, como nunca antes había acaecido en Venezuela. Y, por qué negarlo, con el apoyo de las mismas autoridades públicas, frente a todas las personas que se atrevan a la menor discrepancia pública con el gobierno nacional y su cabecilla, por anónimas que sean.

Finalmente, presumimos que una revolución ha de superar lo que había, pero no encontramos a cuadro, dirigente o líder alguno que sea equivalente a Lepage y a Canache Mata, quien – por cierto – jamás fue ministro, circunstancia que asombraría al analista de la riqueza y complejidad del ya antiguo juego político que ahora vuelca su atención sobre la miseria y simplicidad del que ocupa al oficialismo. Podemos citar otros nombres en los más variados ámbitos partidistas, sociales, gremiales, técnicos, etc., pero – lo conversaba semanas atrás con Susana Peñaloza y Max Guerra – nos ha sorprendido la experiencia, la destreza política y la profundidad de los planteamientos de ambos adecos cuando revisamos los viejos artículos de prensa, declaraciones y actas parlamentarias, además, remontadas las postrimerías de los años cuarenta con un joven que después dirigió clandestinamente a su partido, independientemente de toda adscripción política e ideológica.

Perdonemos, pero hagamos justicia. Y ésta, para que lo sea, tiene por fundamental requisito la verdad que se manifiesta con la hondura, objetividad, fiabilidad y limpieza que una sociedad de derechos humanos demanda, no precisamente la que vivimos. Opositor alguno, disidente alguno, puede andar libre y despreocupadamente por las calles ibsenianas o marcelrocheanas, antes  empedradas con las mejores intenciones.

Finalmente, habrá tiempo de reformular la antigua tipología de Marta Sosa,  actualizándola en un contexto de angustiosa pre-modernidad.  Por lo pronto,  hay quienes sienten nostalgia de los ausentes candidatos secundarios y terciarios.


Fotografía: Portada. Resumen, Caracas, nr. 46 del 24/09/74.