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viernes, 11 de enero de 2013

CUADERNO DE BITÁCORA

Ciudad tensa la de ayer. El oficialismo montó un gigantesco espectáculo que también sirviera de inicio de la campaña electoral de Nicolás Maduro. La militarización de una campaña, pues, aún siendo civil, forzosamente participa de esta perspectiva que es propia de los orígenes del consabido proceso cubano. Empero, no deseamos pasar por alto un par de comentarios.

Por una parte, la incursión aérea sobre la Caracas atemorizada. Aviones de guerra que se exhibieron con un bajo sobrevuelo, no manifestaron precisamente un atrevimiento estético y ceremonial. Fue una directa y harto visible advertencia. Por ello, recordamos la ilustración de Zapata, publicada por estos días.

Por otra, la necesidad de elevar nuestras posturas. Lamentable, hemos escuchado algunos "argumentos" de nuestra insigne e ilustre clase media digital que desprecian al autobusero, ahora en funciones usurpadoras de un "nuevo" período, cuando no dejaron de celebrar a Luis Miquilena, aún sin salirse del gobierno de Chávez Frías. Hay convicciones y razones superiores a estos prejuicios que, precisamente, nos condujeron a la mentada quinta república, legitimándola.

Por cierto, El Nacional de hoy trae una nota relacionada con un grupo musical que no conocía. Por lo menos, hay originalidad. Y, así como hay tantas versiones de Blanca Nieves, una fílmica que va directo a los premios Goya, y otra novelada que se antoha de insospechado  interés para los politólogos (http://www.lecturalia.com/libro/22281/los-diarios-clandestinos-de-blancanieves), la de esta canción es muy buena, incluyendo las imágenes.

LB

lunes, 17 de diciembre de 2012

¿PETRÓLEO Y ABSTENCIÓN?

Hábito, saturación y evidencia
Luis Barragán


Ciertamente, la sola selección de la fecha fue todo un presagio. Rompiendo la tradición de los días inaugurales de diciembre, no hubo mejor escenario para el desestimulo de los electores prestos – mal que bien – al plan vacacional.

La inescrupulosa manipulación de la enfermedad presidencial, añadido el ventajismo oficialista por obra de ese monumento en el que se ha convertido el CNE, contribuyendo al ambiente de intimidación y zozobra como nunca antes se había vivido en nuestro país, propinaron una derrota inocultable para la oposición democrática, con las honrosas y ya consabidas excepciones. Empero, debemos insistir, los índices dramáticos de abstención no guardan relación con la inmensa gravedad que comporta el proyecto gubernamental.

Estamos habituados a pasar rápidamente la página, saturados por las circunstancias reales y las artificiales que nos imponen, siendo pocas las instancias políticas donde podamos dirimir el asunto, pero resulta indispensable apuntar hacia los más variados sectores medios e ilustrados que sobreviven, protagonistas de tan irresponsable indiferencia frente al destino que nos toca compartir. Por lo demás, destino del cual no podrán literalmente escapar, porque no todos tienen ocasión para adquirir un boleto aéreo y – valga la dignidad – asilarse allende la mar, como tan amablemente imaginan el exilio por siempre dorado. mientras reeditamos acá el socialismo no menos real que el de los países que lo sufrieron y sufren.

Nada casual, el rentismo petrolero, sedicente y sempiterno, constituye la esencia del proyecto socialista en curso, y es el que autoriza el consumo y entretenimiento según lo estimen los clanes gubernamentales y sus propios intereses comerciales. Cada quien tiene el derecho de administrar sus ratos de ocio como quiera, haciendo de su vida lo que deseé, pero – estuvo a la vista – los más adultos, con un poder adquisitivo que a la vuelta de la esquina se hará polvo, plenaron los centros comerciales, repletaron los terminales aéreos y terrestres,  y departieron – entre cautos y alborozados – en sus hogares, como no lo hicieron en los centros de votación.

Se ha dicho de sendos estudios de opinión que privilegiaron un número considerable de candidaturas regionales de la oposición, aunque también atisbaron los niveles de abstención. Quizá hemos debido ir más lejos en un campaña de promoción del voto, u otras que comprometiesen más a la ciudadanía en virtud de los serios peligros y amenazas tan cercanos para todo el país, pero – nadie puede tapar el sol con un dedo – era de presumir que esos sectores medios e ilustrados, supieran cabalmente de lo que nos jugamos los venezolanos.

Muy pronto para abordar una derrota a la que no tenemos miedo, como dijo anoche Ramón Guillermo Aveledo, pero lo que salta a la vista no necesita anteojos. Hay que apuntar a un abstencionismo emparagüado en el discurso, sentimiento y gesto antipartido: el de los sectores que un día fueron medios, aquejados por una incongruencia de esas que llaman de estatus.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2012/12/habito-saturacion-y-evidencia/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=926173

domingo, 14 de octubre de 2012

¿EN QUÉ CONSISTE LA MESOCRACIA?

CIUDAD CARACAS, 2 de Octubre de 2012
¿Qué tiene Capriles contra las clases medias?
JUAN CARLOS MONEDERO

Como hemos podido ver en otras elecciones, la cercanía del desenlace acentúa las contradicciones de los que se saben perdedores. Aquellos aspectos que quedaban silenciados por la posibilidad de un escenario de victoria –en el caso de la MUD, su excesiva heterogeneidad, retoño de demasiados padres– explotan, y los que veían en las elecciones una oportunidad de negocio o un interés geoestratégico aceleran su inquietud sabiendo que ni van a recuperar su dinero ni van a poder usar las influencias que imaginaban desde los despachos ministeriales y el Palacio de Miraflores.
En ese momento, las formas se pierden y el proyecto nacional, si es que alguna vez existió, pasa a tercer plano. Regresa entonces la lógica empresarial, las presiones de los países extranjeros que diseñaron el modelo, el “todo vale”, aunque el país se resienta con ese desprecio y esas maneras de empresario insensible. La bandera de Venezuela es arriada y en su lugar, los piadosos miembros de la oposición repiten el católico y antiguo dicho: “para lo que me queda en el convento, me cago dentro”. Si Venezuela no es para ellos, que no sea para nadie. ¿Qué fue de ese alegado compromiso con las clases medias? Son precisamente las clases medias las que más derecho tienen a inquietarse ante esa actitud. Siempre son el objetivo principal del engaño de quienes quieren desplazar a un gobierno con tintes sociales. ¿Hace falta recordar qué está pasando en España?
Los que nos habíamos alegrado de que la oposición venezolana por fin hubiera abrazado la vía electoral, dejando atrás golpes, sabotajes, paros patronales y guarimbas que tanto perjudicaron al país, volvemos a tener razones para la inquietud viendo cómo los adversarios del presidente Chávez están procesando la estadísticamente segura derrota de la MUD. Aquella actitud inicialmente respetuosa con la democracia que llevó a la elección de un candidato único –aunque, cierto es, con enorme enfado de Acción Democrática–, convenció a sectores de las clases medias de que en Venezuela era posible una alternancia pacífica que sirviera como estímulo para un mejor gobierno. Pero al final ha emergido la farsa. Recuerda la historia de aquel tipo que muere y cuando llega a la entrada que conduce al cielo y al infierno, le ofrecen escoger cuál quiere que sea su morada definitiva. “Pase y compare”. Entra en el infierno y ve mesas llenas de sabrosa comida, mujeres hermosas, bacanales constantes, salas de cine y de lectura, risas acá y allá, total libertad para hacer lo que se quiera… Toca el momento de visitar el cielo y el escenario es el de ángeles impertérritos tocando el arpa sobre ordenadas nubes de algodón, con miradas absortas perdidas en el infinito, en un silencio impecable y una organización perfecta. El difunto, tras pensar sus opciones, decide apuntarse al infierno, un plan –está convencido– mucho más divertido e interesante. Nada más firmar, un afilado tridente se le clava donde termina la espalda y con violencia le meten por la puerta del infierno. Allí le encadenan a una horrible columna y lenguas de fuego le arrancan la piel, las llamaradas cubren todo el horizonte, caen rayos, chispas y espadas afiladas desgarran la carne, todo son gritos, angustia, desesperación. El tipo, perplejo, pregunta: “pero…¿y los campos de golf? ¿Y las fiestas? ¿Y las mujeres hermosas que vi ayer?” A lo que el diablo le contesta: “Mire, es que ayer estábamos aún en campaña”.
Es indudable que una oposición honesta, unos medios de comunicación veraces y una universidad objetiva son factores que ayudan a que cualquier gobierno esmere su quehacer, cuide su dedicación, con el consiguiente beneficio para todo el país. Pero tristemente ese no ha sido el caso en Venezuela. Ni los medios de comunicación –convertidos en beligerantes actores que, de nuevo, vuelven a pedir la muerte del presidente Chávez o su salida a través de un golpe–, ni la universidad –más atenta a recuperar su posición de privilegio antes que a recuperar un espacio de excelencia ligado al conocimiento y al compromiso social–, ni la oposición –dispuesta a aceptar las reglas del juego sólo si tiene en la manga cartas de ganador– parecen colaborar en esa dirección. Es bastante probable que las clases medias, confundidas por esta actitud, formen parte de ese sector de votantes que aún no han decidido su voto como indican las encuestas. Está quedando muy claro en esta recta final de la campaña que tienen más que perder de lo que imaginaron con un cambio de gobierno. Lo nuevo suele tener el beneficio de la duda. Pero basta una mirada desapasionada para entender que con Capriles empezarán realmente sus problemas.
La falta de sinceridad de la oferta opositora se ve en el Plan B que está desplegando el entorno de Capriles –apareciendo ya con claridad que su principal enemigo no es el presidente Chávez sino los demás partidos y grupos de la MUD–. Lo que está ocurriendo en estos últimos días muestra el abandono del interés por Venezuela y su sustitución por el interés de los grupos que han financiado su campaña y quieren algún resultado que ven peligrar. El interés de Capriles choca con el interés de los que le han apoyado. Su bien propio y el de Venezuela le obligarían a aceptar su derrota en las elecciones, ya que se convertiría en el candidato que habría contendido contra Chávez y quedaría marcado como el mejor preparado para continuar la tarea de oposición. Pero es difícil que los demás partidos que han apoyado su candidatura estén contentos con ese escenario. Y aun menos los que han financiado la campaña o los que contaban con poder cobrar de la renta petrolera o de la situación geoestratégica privilegiada de Venezuela. Capriles se convierte así en el peor enemigo de Capriles. Nunca como en esta última semana debe cuidarse el candidato de la oposición. No por ningún peligro que provenga del chavismo, sino por el peligro cierto que proviene de los suyos.
El despliegue mediático que el candidato Capriles está teniendo en España recuerda en exceso –y es señal de preocupación– al escenario de preparación del golpe de Estado de Carmona en 2002 (del cual no fue ajeno un joven Capriles Radonski). Cuando una opción electoral no se guía por un proyecto de país sino por la voluntad de sacar del gobierno a quien lo detente, el riesgo de caer como rehén de esa suma de voluntades no fácilmente conciliables es muy alto. Planteábamos hace unas semanas que hay cinco tesoros que Capriles arruinaría: el empleo público y la función del sector público como motor de la economía, que sumirían al país en una recesión; la reducción de los salarios (exigida por los grupos empresariales que apoyan a Capriles), la precarización laboral y el deterioro consiguiente de las misiones al reducirse el gasto social vinculado con su sostenimiento; la pérdida de soberanía, que se traduciría en el regreso de las grandes petroleras al país y la privatización de los hidrocarburos, así como el debilitamiento de la integración latinoamericana, que es lo que está permitiendo que el agua, el petróleo y el gas, los alimentos y la diversidad del continente sean de los latinoamericanos y no de las empresas transnacionales; el acceso a la sanidad a través de las misiones, que se quebraría por la ruptura de las relaciones con los países con los que se mantiene el modelo sanitario (sin olvidar el descrédito internacional al frenarse éxitos diplomáticos tan espectaculares como la Misión Milagro) y que sentarían las bases de un modelo como el español (privatización de la sanidad, repago en cada visita al médico, pago incrementado de medicinas, listas de espera interminables, reducción de servicios de urgencia, colapso hospitalario, etc.); la integración nacional, debilitada por la apuesta por medios privados de transporte y el freno al desarrollo del metro, el tren y el avión de manera integrada; la paz social, amenazada –como se vio durante el golpe de Carmona– por la voluntad desmanteladora de la derecha, el odio y el afán revanchista que demuestran, la virulencia contra la unión cívico-militar y la falta de compromiso con los avances sociales logrados desde 1999. La pérdida de estos tesoros en el caso –cierto que improbable– de una victoria del candidato Capriles, se incrementa ahora por la falta de serenidad que está demostrando la candidatura de la MUD. Nunca como en estas dos últimas semanas se ha podido ver que lejos de un proyecto de Venezuela, lo que hay detrás de la MUD es un proyecto de negocio de las familias poderosas tradicionales y un proyecto político extranjero –estadounidense, para más señas– que está dispuesto a sacrificar la estabilidad del país por sus intereses particulares.
De ahí la pregunta: ¿qué tiene Capriles contra las clases medias? Tiene que no es uno de ellos, que las clases medias siempre son un objetivo de voto de la derecha que inmediatamente se traiciona, tiene que las clases medias, como hemos podido ver en España con el voto a Rajoy, terminan siendo los grandes olvidados de los que no tienen proyecto de país sino solamente proyecto electoral. La pregunta esencial es, en definitiva: ¿a quién dentro de Venezuela le interesa la desestabilización de Venezuela? Sin duda que no a las clases medias. Entonces ¿no es sensato obrar en consecuencia?

Ilustración: Pieza de Ketty Violo, "Magnetismo & Movimiento" (2002).

domingo, 1 de julio de 2012

OBSEQUIOSAMENTE

EL UNIVERSAL, Caracas, 23 de Junio de 2012
Los pudientes vs clase media
Un reducido grupo de privilegiados que se adueñaron de los centros de producción de bienes y servicios...
JOSÉ VIELMA MORA 

Los pudientes, también conocidos como burgueses, grandes cacaos o dueños del Valle son un reducido grupo de privilegiados que se adueñaron de los grandes centros de producción de bienes y servicios tales como bancos, instituciones financieras, redes de comercialización de alimentos, tierras y medios de comunicación que le han permitido el ejercicio de una hegemonía comunicacional en defensa de los intereses del imperio y su apoderamiento de nuestros recursos naturales. Más grave aún, han servido como instrumentos de transculturización y eso les ha permitido confundir y silenciar, durante décadas, a nuestro pueblo.
Aparentan una benevolencia con la denominada clase media y malignamente la seducen de tal forma que ésta intenta emular el modo de vida de los pudientes, pero a diferencia de éstos que detentan grandes fortunas que les permiten vivir de una economía rentista, la clase media obtiene su sustento de su diario trabajo, muchas veces, explotados por aquéllos. Ese sector de la clase media que adquiere los hábitos de consumo de su patrono es adoctrinado y a la vuelta de la esquina es expoliado con la venta de su vivienda y los consumos de cotidianidad.
Entre tanto, los pudientes con sus medios de comunicación y el fraude auspician y apoyan a políticos que les garanticen a las transnacionales llevarse nuestro petróleo pagando 1% por concepto de regalías a cambio de seguir implantando ese modelo capitalista hacedor de una pobreza que en la IV República rebasó el 60%. Ello es tan cierto que cuando el candidato de la oposición, representante de los pudientes y el imperio, afirma no estar de acuerdo con los satélites generadores de independencias es, como ha dicho Jorge Rodríguez, porque quiere que nuestro pueblo sea informado por los imperios, y cuando afirma que Pdvsa debe dedicarse a la extracción y comercialización del crudo, es porque quiere aniquilar la fuente de recurso de las misiones. En el imposible supuesto que ello llegara a suceder la primera perjudicada sería la clase media; los pudientes levantan vuelo y los pobres nunca aceptarían volver a la indigencia. Recordemos que instrumentos como la Ley de Costos y Precios Justos es hechura revolucionaria que beneficia a quienes compran fuera de Mercal y Pdval, y la Ley Contra la Estafas Inmobiliarias, es un instrumento chavista a favor de la clase media, carente de capital especulador.

Fotografía: Clyfford Still

lunes, 19 de diciembre de 2011

DEL CANDADO DECORATIVO


Del portal mágico de cada día
Luis Barragán


Escenario de una realidad compartida, frecuentemente los condominios padecen severos problemas por el fondo de reserva, el reemplazo de las tuberías, la reparación de los paneles eléctricos o de los ascensores. Sin embargo, el conflicto ordinariamente lo suscita la arquitectura interior o exterior de los inmuebles, por las modificaciones que los residentes ensayan particularmente de la fachada y demás áreas comunes, devotos de un sentido de la propiedad vertical que no cabe en la horizontal.

Emblemática, la sustitución de las puertas de los apartamentos es un mandato regular de las bonificaciones de fin de año, pues, aún sacrificando el acceso original del apartamento, incluyendo piezas hoy irrepetibles, abrigadas por un grueso enrejado, la novedad consiste en una llamativa puerta que logra sintetizar el peculiar gusto estético del residente. Poco importa si el modelo es más apropiado para una casa-quinta, de diferente tallado y coloración, convertido ahora el pasillo en un feriado de la clase media que se resiste, ya que el portador hará gala de su mejor fiereza para defenderlo como símbolo del estatus que tiene entre sus pretendidos pares.

Posiblemente, una puerta llamativa, delicada y contrastante compensa la imposibilidad de adquirir una superior vivienda o de remodelar la que resignadamente se tiene. Empero, sospechamos de una devoción más amplia hacia lo que llaman “feng shui”, que pauta, recomienda u ordena un portal diferente. Por ello, la muy ilustrada mesocracia, es la que cifra sus mejores esperanzas en la reubicación del mobiliario y hasta en los electrodomésticos con atención y concentración en las recomendaciones que gratuitamente da la televisión, preferiblemente por suscripción, pues ya no puede pagarse un curso de control mental o un seminario que verse sobre la fortuita reencarnación de quien fue – seguramente – miembro de una familia real siglos atrás.

Demandamos libertad, incluso, para cuestionar la programación radiotelevisiva que, poco a poco, fuerza a una diaria interpretación mágica de las personas, el mundo y las cosas. No es algo inédito, pero hay un recrudecimiento del mensaje sin contrapartida alguna, reflejado en la augusta remodelación del hábitat de conformidad con los más populares orientadores de masas.

Lejos estamos de pretender la prohibición de tales programas, ya que todos tenemos derecho a elegir, aunque – insistimos – es necesaria una contrapartida. Por lo pronto, observemos esa mágica motivación del residente que generalmente choca con una concepción arquitectónica del lugar que habita: una puerta cara y contrastante alivia la incongruencia del estatus que no puede.

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/10447-del-portal-magico-de-cada-dia

sábado, 20 de noviembre de 2010

clinic


EL NACIONAL - Sábado 20 de Noviembre de 2010 Papel Literario/1
"Soy un artista de la impaciencia"
ENTREVISTA
DIAJANIDA HERNÁNDEZ G.

Rafael Gumucio (Chile, 1970) es escritor, periodista y guionista. Es colaborador de El País, ABC, La Nación, El Mercurio y The New York Times, entre otras publicaciones. Fue parte del grupo que formó The Clinic y es fundador y director del Instituto de Estudios Humorísticos de la Universidad Diego Portales. Entre sus publicaciones se cuentan Memorias prematuras, Páginas coloniales y Monstruos cardinales. En La deuda (2009), su más reciente novela, retrata al Chile red set, al Chile postdictadura y a su clase media. Sobre su última publicación y algunas cosas más conversamos con el autor chileno.

¿Por qué tomaste la decisión de escribir sobre la clase media y las relaciones de clases? Jugué demasiados años a ser un adolescente energúmeno que se siente herido por todos y todo. Quería salirme un poco de mi mismo porque sentí que había una trama ahí, una subjetividad que se había ido transformando en una cómoda marca de fábrica. Miré un poco a mi alrededor, no muy lejos, entre mis amigos, entre mis negocios, mis trabajos, mis colegas y la historia apareció naturalmente.

No pretendo ser original. Las relaciones de clase es lo primero sobre lo que piensa en escribir un escritor chileno cuando se cansa de escribir sobre su mamá o su gato. En Chile (más aún que en Venezuela) todos los conflictos esconden un conflicto social. Ese carácter oculto y multiforme de la lucha de clase a la chilena me interesaba porque cuenta otras identidades también ocultas y multiformes que conviven en mis personajes como en mi vida. Otras identidades suspendidas que nunca llegan a cuajar del todo. Es el idioma de la frustración un gran tema sudamericano, una gran obsesión personal, un demonio que necesitaba, que necesito, que voy a seguir necesitando al parecer, exorcizar de alguna manera.

Con el personaje central de La deuda se toca una dificultad, Fernando Girón quiere hacer la película de su vida, tiene cultura e inteligencia pero no tiene creatividad. ¿Este es un tema que particularmente te preocupa? Un amigo mío quiere hacer una película que se llame "Los ciegos" donde no hay ningún no vidente. A mi también me interesa retratar la ceguera de la gente que ve perfectamente. Yo creo que a todos los novelistas les interesa eso y sólo eso, retratar los profundos errores que cometemos al juzgarnos a nosotros mismo, la distancia que hay entre lo que somos y lo que creemos ser, la torpeza con que nos movemos con cuerpos supuestos e ideas prestadas. Eso le pasa al Quijote, que es la historia de un tipo que se cree caballero andante pero es un pobre hidalgo manchego que se convierte en caballero andante que cree que es un pobre hidalgo manchego. Así también los personajes de Kafka o los de Sthendal o los de Tolstoi.

En Fernando esa ceguera es artística, quizás porque es una que conozco más, pero lo que importa es la ceguera, la incapacidad de ver quién es y para qué sirve, la incapacidad que tiene de comprender como llegó a donde llegó que lo hace patético, cómico, querible, como esos títeres que no ven el lobo detrás suyo a pesar de que todos los niños le gritan "ahí esta el lobo". Al final el trabajo del novelista es darle a los niños esa alegría desesperada de ver el lobo que el títere no ve. Un placer siniestro si se quiere pero inevitable.

Otro tópico que se aborda en la novela es el de la culpa, el protagonista constantemente se cuestiona, se pregunta por lo que ha hecho mal. ¿Podrías hablar un poco de la presencia de la culpa en tu novela? La culpa es una forma muy básica de comprensión del otro. Es una mentira necesaria, una manera infantil de compadecer a los demás pidiendo que un padre intermedie entre tú, yo y el mundo. Una especie de fetichismo medio mágico que habla con un dios que justifica y explica todo.

La versión adulta de la culpa es la responsabilidad que en la vida política y personal me encanta pero que como novelista es muy difícil de contar. La culpa, que es un error que tiene algo de verdadero, es apasionante porque lleva a todo el mundo a equivocarse pero con algo certero en el medio. Es lo que le pasa a Fernando que desarrolla una relación fetichista con el gallo que lo estafa, llegando a creer que lo ha estafado sólo para decirle lo mucho que lo quiere. Una pura huevada --como decimos en Chile y dicen ustedes en Venezuela-- que al final resulta ser una verdad profunda y oculta de su estafador. Eso de llegar a la verdad a través de la equivocación me pareció apasionante mientras escribía. El precio es caro para Fernando, pero para eso estaba para pagar por mi.

¿Es cierto que La deuda en un principio era un guión cinematográfico? De ser eso cierto, ¿por qué la transformaste en novela? Fue un guión cinematográfico sólo una semana, luego me pareció que todo lo que me entretenía de lo que estaba escribiendo era infilmable.

Ahora algo de guión mantuvo. De hecho mucha gente en Chile a la que no le gustó la novela me dijo que lo que no le gustaba era que estaba demasiado estructurado, como un guión de película. A mi ese comentario me gustó porque los personajes están siempre pensando en cómo podrían ser filmados. A ninguno se le ocurre que podría ser narrado pero muchos sienten que una cámara los sigue y ausculta.

Después del ejercicio de escribir La deuda, ¿qué visión tienes del Chile postdictadura y del Chile red set? Hace 20 años yo tenía 20 años y levantaba la manos delante de las metralletas para que no nos disparan. Ahora soy gordo y tengo 40 años y participo contento y feliz de ceremonias militares y asesorías gubernamentales sin pensar que en el fondo no ha cambiado nada. Entre medio las dos décadas más exitosas de la economía y la política chilena. Un país que pasó de la miseria y la dictadura a cierta holgura y cierta democracia.

Una revolución que cambió la ciudad, el país, pero sin atreverse a tener un relato propio, un rostro, un discurso qué vender. Una revolución silenciosa que cambia muchas cosas que es todo lo contrario de otras revoluciones ruidosas que no cambia nada en el fondo.

A mi ese silencio me interesa, a mi esa falta de héroes y de mártires, esa banalidad que cambia todo me parece un tema desafiante para un novelista. Puede que también sea un rasgo de masoquismo mío, eso de querer contar algo que no quiere ser contado, eso de hablar de algo que le gustaría pasar desapercibido.

¿Podrías hablar un poco de la mezcla de memoria, crónica y ficción que hay en Memorias prematuras ? Me gusta pensar que todo lo que escribimos es una crónica, osea, algo que tiene como límite la cronología. Todo para mí es un testimonio que a veces dice yo, usted, tú, todos o nadie como lo hacemos en la vida disfrazándonos, desnudándonos, transformándonos. Cuando leo un escritor que me gusta, me gusta todo lo que escribe. Me gusta su voz, la forma de su cabeza, su manera de ver lo que ve.

Lo otro es técnica. Yo nunca separo los géneros, ni pienso en eso. Pienso que muerto yo todo eso --si me sobrevive-- va a estar mezclado, así que mejor me adelanto y lo mezclo yo. La verdad es que tengo esa costumbre de adelantarme, de apurarme demasiado. En eso siento que me equivoqué de profesión porque la literatura es un arte de la paciencia y yo soy un artista de la impaciencia. Quizás también lo hago por terapia, para aprender a esperar. Si es así, puedo decir que no esta funcionando.

Como escritor que trabaja con la crónica y la novela, ¿podrías decir cuál es la diferencia entre estos géneros? Corrijo tres mil veces una novela para que parezca tan fresca como una crónica. Trato de no corregir mucho estas porque empiezan a novelizarse y pierden toda su gracia. Pensándolo mejor, en las crónicas hay un yo que sólo tengo que inventar a medias, porque el lector sabe mejor quién es ese yo y cómo tiene que actuar. En la novela tengo que inventar también ese lector que por lo demás siempre se rebela. En las novelas al principio yo que sé muy poco y demasiado al final. En una novela, en resumen, me demoro siglos en llegar a saber lo justo, ni mucho ni muy poco. En la crónica ese justo nivel ignorancia informada viene con el encargo de escribir. Sé poco pero algo sé, supongo el resto, adivino y descubro naturalmente.

En la novela hasta esa naturalidad tengo que crearla artificialmente.

¿Cómo evaluarías la experiencia de The Clinic y su impacto en el mundo de las publicaciones periódicas chilenas, en el periodismo y la misma sociedad? Es la única revista que no es de derecha que ha tenido éxito editorial, financiero y periodístico en estos últimos veinte años. Yo creo que con esto esta todo dicho. Nicanor Parra dice que es difícil pensar sin el Clinic.

¿Qué significó PlanZ para Rafael Gumucio y para la tv chilena? Para mí un momento espectacular de mi vida. Eso que los otros llaman la universidad, que a mi me sucedió bastante años después de titularme: los amigos, las mujeres, los chistes, las angustias adolescentes --a los 25 años con un contrato vigente y entrevistas y fotógrafos ante los que posar con un peinado ridículamente new waves. Para la televisión chilena un episodio sin muchos seguidores ni consecuencias que los estudiantes de primer año de la universidad ven en Youtube hasta que maduran y lo olvidan.