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martes, 8 de mayo de 2012

LODAZAL EN EL PAVIMENTO

Del descalabro urbano
Luis Barragán

Todavía no hemos podido volver a la sede de la Asamblea Nacional, debido al descalabro de la ciudad capital. Revuelta, lo que frecuentemente se escucha es – innombrable – le faltan cinco meses.

Una intensa lluvia de plomo que también se escuchó en el centro de Caracas, la paralizó. La Planta fue escenario de una terrible batalla por la que tampoco responderá la ministro del ramo, con todos los efectos sistémicos que se suponen: la tormenta eléctrica hizo más por aplacar esa otra cara de la guerra civil dizque de baja intensidad que nos aqueja, en las vecindades de un mediodía difícil.

Por lo menos, la estación céntrica del Metro dio puerta franca para el torrencial de personas apiñadas en ella. Literalmente cayeron inmensos baldes de agua del cielo raso que licúa el smog, inmovilizándonos.

Después de una hora, latigueados desde arriba, hubo de soportar los golpes de abajo. La autopista reventada de urgencias con las grandes lagunas de basura y agua, mientras que las avenidas también insoportablemente anegadas, dejaban un resquicio de la simulación de la simulación de aceras bombardeadas por los motorizados que poco o nada hicieron caso de los niños indefensos.

A estas alturas de la vida republicana, la Venezuela petrolera persiste con sus inundaciones urbanas, la indolencia en el mantenimiento del alcantarillado, la agresión de los motorizados que ya están habituados a la Policía y a la Guardia Nacionales que logran lo mínimo posible: soportar el día. Y el alcalde Jorge Rodríguez de incontables recursos como para minimizar los problemas que padecemos, sigue rutilante y campante como el jefe de una campaña presidencial que recorre al país para avisar de las nuevas y más gratas encuestas.

No sabemos si llegaremos a tiempo a la sesión, en la que se nombrará al representante por ante el Consejo de Estado. De acuerdo al Reglamento, Aristóbulo Istúriz no puede.

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/11730-del-descalabro-urbano

viernes, 22 de abril de 2011

CARTA DE LLUVIA










Pero ahora te envío una carta de lluvia
que te lleva un jinete de lluvia
por caminos acostumbrados a la lluvia.

Jorge Teillier

Ilustración: Charles Hartley

jueves, 12 de agosto de 2010

gotas y voces


LLUVIA

Somos pequeñas gotas de agua

de líneas verticales

y húmedas escaleras del cielo

de lágrimas ahogadas en las neuronas

de plumajes espesos

que no soportan aleteos sin retornos

que descienden suicidas en pequeños vagones

que silenciosas se juntan tomadas de las manos

y que cantan por el camino para espantar el frío

sin importar que sus vestidos sean de barro

sin importar que la tierra muerda sus pupilas

y se trague las plumas del vuelo

y las huellas sean noches de intensa oscuridad

y las voces tiemblen de miedo

y se mueran de sed y cansancio

tostadas por el sol

y que más tarde suban al cielo

con el vientre reventado de partos grandes

de pequeñas gotas

que vuelven y bajan apresuradas

a correr por el río

en diminutas voces

que se oyen

en el mar.

GREGORIO RIVEROS


Fuente:
Facebook
Ilustración:
silviaalvarez-dibujosypinturas.blogspot.com

jueves, 3 de junio de 2010

AL DIA SIGUIENTE (020610)


Tempestad con silencio

Truena sobre los pinos.
La nube espesa desgranó sus uvas,
cayó el agua de todo el cielo vago,
el viento dispersó su transparencia,
se llenaron los árboles de anillos,
de collares de lágrimas errantes.

Gota a gota
la lluvia se reúne
otra vez en la tierra.

Un solo trueno vuela
sobre el mar y los pinos,
un movimiento sordo:
un trueno opaco, oscuro,
son los muebles del cielo
que se arrastran.

De nube en nube caen
los pianos de la altura,
los armarios azules,
las sillas y las camas cristalinas.

Todo lo arrastra el viento.

Canta y cuenta la lluvia.

Las letras de agua caen
rompiendo las vocales
contra los techos. Todo
fue crónica perdida,
sonata dispersada gota a gota:
el corazón del agua y su escritura.
Terminó la tormenta.
Pero el silencio es otro.

PABLO NERUDA

miércoles, 2 de junio de 2010

Lavanderos de vidrios, en la dura intimidad de la lluvia




Desatada la tormenta mañanera en la Caracas de un martes (01/06/10), nos percatamos de dos figuras a la distancia que se mecían tras cada ráfaga de viento, en medio de las altas torres. Creemos que muy pocas personas en tierra, lo advirtieron.

Descendieron pacientemente uno y otro. Quizá no atendían la más rápida llamada por móvil celular. Resguardados, los observamos.


El uno llegó, mientras el otro era más paciente e, incluso, creemos, se entretenía limpiando el panel en medio de la tormenta. Cuando llegamos al lugar, resguardándonos del aguacero, los lavanderos pendían de las cuerdas, meciéndose por cada ráfaga de viento que los sacudía…. Borroso el panorama, apenas dos datos, dos detalles en el conjunto, muy pocas personas en tierra advirtieron el asunto.

Seguía fuerte la lluvia. Hay quienes aseguran que un trabajo cómodo es aquél donde puedes y tienes dónde recibir visitas inesperadas. ¿Es el del señor?. Además, así como – suele decirse – es más seguro un avión que un automóvil, lo es estar entre las cuerdas (para envidia de los deportistas extremos) que ejerciendo de vigilante en una panadería….

Por cierto, árbol que nace torcido está bajo racionamiento energético.

ARBOL AFUERA QUE ES ... POR DENTRO


ÁRBOL ADENTRO
Creció en mi frente un árbol,
Creció hacia dentro.
Sus raíces son venas,
nervios sus ramas,
sus confusos follajes pensamientos.
Tus miradas lo encienden
y tus frutos de sombras
son naranjas de sangre,
son granadas de lumbre.
Amanece
en la noche del cuerpo.
Allá adentro, en mi frente,
el árbol habla.
Acércate, ¿lo oyes?
Árbol adentro, 1988


HIMNO ENTRE RUINAS
donde espumoso el mar siciliano...
Góngora
Coronado de sí el día extiende sus plumas.
¡Alto grito amarillo,
caliente surtidor en el centro de un cielo
imparcial y benéfico!
Las apariencias son hermosas en esta su verdad momentánea.
El mar trepa la costa,
se afianza entre las peñas, araña deslumbrante;
la herida cárdena del monte resplandece;
un puñado de cabras es un rebaño de piedras;
el sol pone su huevo de oro y se derrama sobre el mar.
Todo es dios.
¡Estatua rota,
columnas comidas por la luz,
ruinas vivas en un mundo de muertos en vida!
Cae la noche sobre Teotihuacán.
En lo alto de la pirámide los muchachos fuman marihuana,
suenan guitarras roncas.
¿Qué yerba, qué agua de vida ha de darnos la vida,
dónde desenterrar la palabra,
la proporción que rige al himno y al discurso,
al baile, a la ciudad y a la balanza?
El canto mexicano estalla en un carajo,
estrella de colores que se apaga,
piedra que nos cierra las puertas del contacto.
Sabe la tierra a tierra envejecida.
Los ojos ven, las manos tocan,
Bastan aquí unas cuantas cosas:
tuna, espinoso planeta coral,
higos encapuchados,
uvas con gusto a resurrección,
almejas, virginidades ariscas,
sal, queso, vino, pan solar.
Desde lo alto de su morenía una isleña me mira,
esbelta catedral vestida de luz.
Torres de sal, contra los pinos verdes de la orilla
surgen las velas blancas de las barcas.
La luz crea templos en el mar.
Nueva York, Londres, Moscú.
La sombra cubre el llano con su yedra fantasma,
con su vacilante vegetación de escalofrío,
su vello ralo, su tropel de ratas.
A trechos tirita un sol anémico.
Acodado en montes que ayer fueron ciudades, Polifemo bosteza.
Abajo, entre los hoyos, se arrastra un rebaño de hombres.
(Bípedos domésticos, su carne
—a pesar de recientes interdicciones religiosas—
es muy gustada por las clases ricas.
Hasta hace poco el vulgo los consideraba animales impuros.)
Ver, tocar formas hermosas, diarias.
Zumba la luz, dardos y alas.
Huele a sangre la mancha de vino en el mantel.
Como el coral sus ramas en el agua
extiendo mis sentidos en la hora viva:
el instante se cumple en una concordancia amarilla,
¡oh mediodía, espiga henchida de minutos,
copa de eternidad!
Mis pensamientos se bifurcan, serpean, se enredan,
recomienzan,
y al fin se inmovilizan, ríos que no desembocan,
delta de sangre bajo un sol sin crepúsculo.
¿Y todo ha de parar en este chapoteo de aguas muertas?
¡Día, redondo día,
luminosa naranja de veinticuatro gajos,
todos atravesados por una misma y amarilla dulzura!
La inteligencia al fin encarna,
se reconcilian las dos mitades enemigas
y la conciencia-espejo se licúa,
vuelve a ser fuente, manantial de fábulas:
Hombre, árbol de imágenes,
palabras que son flores que son frutos que son actos.
La estación violenta, 1958


OCTAVIO PAZ

Arbol azul. Por fruto, la luz


LA LLUVIA
Bruscamente la tarde se ha aclarado
Porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
Que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
El tiempo en que la suerte venturosa
Le reveló una flor llamada rosa
Y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
Alegrará en perdidos arrabales
Las negras uvas de una parra en cierto

Patio que ya no existe. La mojada
Tarde me trae la voz, la voz deseada,
De mi padre que vuelve y que no ha muerto.

JORGE LUIS BORGES