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sábado, 9 de febrero de 2013

LA REVOLUCIÓN (CULTURAL) PERMANENTE

EL NACIONAL - Sábado 09 de Febrero de 2013     Opinión/7
El Tejado Roto
Esperanza irrevocable
RAMÓN HERNÁNDEZ

Empiece a ocultar sus libros, a esconderlos. A los marxistas militaristas les incomodan las ideas en cualquiera de sus formas, sean escritas, en charlas de amigos o en hojas clandestinas. Textos que en condiciones normales de democracia, de libre expresión de las ideas, podrían ser descartados por insulsos, bajo regímenes totalitarios podrían significar la condena a muerte para su dueño. No se alarme ni se sorprenda.
Pablo Neruda fue un poeta comunista que alardeaba de su ateísmo y de su fe en la clase obrera. Quizás engañado o desinformado, llamó a la Unión Soviética en uno de sus poemas "madre de los libres" y a Occidente "basural"; convocó a ahogar en la sangre derramada a los que la han denunciado como una farsa y alabó a Stalin, el Koba: "Stalinianos. Llevamos este nombre con orgullo.| Stalinianos. Es esta la jerarquía de nuestro tiempo.| En sus últimos años la paloma| La Paz, la errante rosa perseguida, se detuvo en sus hombros | y Stalin, el gigante, la levantó a la altura de su frente.| Así vieron la paz pueblos distantes". Por supuesto, los poetas, en general, no se desdicen de sus versos. Neruda no lo hizo. En Confieso que he vivido, sus memorias, se refiere a la tristeza que lo embargó cuando se enteró del "discurso secreto" que Nikita Kruchov pronunció el 25 de febrero de 1956, en el XX Congreso del Partido Comunista, en el que denunció las purgas de Stalin, la feroz represión y sus millones de asesinatos que el culto a la personalidad habían mantenido ocultos. Neruda apenas le dedica unas cuantas palabras al hecho y se desvía a narrar el cambio que sufrió el brasileño Jorge Amado en su escritura a partir de entonces. Se apartó de la literatura militante de Los subterráneos de la libertad y empezó a escribir con la fuerza y la gracia de Gabriela clavo y canela.
Neruda tuvo una experiencia desagradable con el estalinismo, pero en China. Estaba invitado en Pekín cuando Mao Tse-tung aplicaba el "gran salto adelante" y la persona que le servía de anfitrión desapareció de repente. La encontró días después pasando coleto en el baño. Habían descubierto que en su juventud tuvo amores con un pequeño burgués.
Esconda sus libros, incluidos los de Neruda, los de Hemingway, también los de Miguel Otero Silva y los del "insulso" Rudyard Kipling, a quien tanto despreciaba el premio Nobel chileno. Los marxistas de oído acaban con las librerías y destruyen las bibliotecas. Y se convierten en los únicos impresores y distribuidores de libros. En China, por demasiado tiempo sólo se leyeron los ladrillos que produjo Mao para interpretar a Marx, y aquí ya se empezó a distribuir la edición de lujo de los garabatos que hacía Farruco en los consejos de ministros para distraerse, y que podrían ser textos de estudio en las facultades bolivarianas de Arquitectura.
Vendo obras completas de Pedro Carreño, en preparación.

Reproducción: Diagramación e ilustración para un reportaje sobre la URSS (Economía Hoy, Caracas, 1991).

sábado, 14 de mayo de 2011

ADIVINACIÓN DE ESTRELLAS, FULGURANTES OTRAS COSAS A LO CERCA...


Poema 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Pablo Neruda, 1924

Ilustración: Pieza de Rafael Barrios Barrios, en la ya anochecida La Castellana, Caracas (13/05/11)

jueves, 3 de junio de 2010

AL DIA SIGUIENTE (020610)


Tempestad con silencio

Truena sobre los pinos.
La nube espesa desgranó sus uvas,
cayó el agua de todo el cielo vago,
el viento dispersó su transparencia,
se llenaron los árboles de anillos,
de collares de lágrimas errantes.

Gota a gota
la lluvia se reúne
otra vez en la tierra.

Un solo trueno vuela
sobre el mar y los pinos,
un movimiento sordo:
un trueno opaco, oscuro,
son los muebles del cielo
que se arrastran.

De nube en nube caen
los pianos de la altura,
los armarios azules,
las sillas y las camas cristalinas.

Todo lo arrastra el viento.

Canta y cuenta la lluvia.

Las letras de agua caen
rompiendo las vocales
contra los techos. Todo
fue crónica perdida,
sonata dispersada gota a gota:
el corazón del agua y su escritura.
Terminó la tormenta.
Pero el silencio es otro.

PABLO NERUDA