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sábado, 5 de mayo de 2018

YA, EN MEDIO DE LA CAMPAÑA

Perspectivas
Las incertidumbres de la realidad política venezolana
Michael Penfold

Cualquier ejercicio de proyección de los escenarios políticos que se despliegue para el caso venezolano va a encontrarse con una dificultad predictiva.

La razón es que bajo ningún escenario las variables relevantes están bajo el control ni del gobierno ni de la oposición. La otra causa es que los escenarios más probables no son intrínsecamente los más estables. La dinámica plantea una serie de paradojas con la que se enfrentan permanentemente todos los actores políticos, tanto internos como externos, que actualmente están lidiando con la profunda crisis económica, social e institucional del país. Este trance también promueve distintos tipos de inconsistencias por parte de estos mismos actores, que en muchos casos conlleva a posturas irracionales, lo cual complejiza aún más la utilidad de cualquier esfuerzo prospectivo.

Varios ejemplos permiten ilustrar la situación. Maduro puede desear ser reelecto para otro periodo presidencial –así sea ilegítimamente–, pero la decisión de la comunidad internacional de reconocerlo escapa totalmente a su ámbito de influencia. Maduro puede prometer que una vez reelecto va a modificar su política económica para evitar los errores que llevaron al chavismo a quebrar la economía venezolana y a colapsar la industria petrolera; pero aun si lo hace, el financiamiento externo que requiere para darle credibilidad a un potencial programa de estabilización es de tal envergadura, que la posibilidad de implementarlo depende exclusivamente de la voluntad de los organismos multilaterales e incluso de la decisión de los chinos de desembolsar los recursos necesarios para enfrentar este conjunto de reformas. Maduro puede ordenar, debido a su férreo control sobre las autoridades electorales, que se cumpla la fecha de realización de los comicios presidenciales del 20 de mayo, pero lo cierto es que, así como esos comicios fueron pospuestos en abril, si los cuadros internos de la coalición oficialista se mantienen descontentos y si así lo desearan, podrían nuevamente ejercer suficiente presión como para postergar su realización.

Lo mismo ocurre con la oposición. Los partidos políticos de la unidad pueden exigir elecciones libres, pero el cambio en las condiciones electorales pareciera ir más allá de su propia voluntad de acción. Declarar fraude, dejar de postular candidatos y llamar a la abstención no garantiza absolutamente nada. Algo parecido sucede con el tema internacional. La oposición en el marco de la unidad puede llamar a aislar al gobierno internacionalmente, a escalar sanciones económicas e individuales, pero aún si eso ocurriese, las posibilidades de que este tipo de castigos produzca un quiebre definitivo en la coalición oficialista son bastante inciertas. Nueve meses después del inicio de la primera ola de sanciones, los castigos no parecen haber tenido los efectos políticos esperados, pues el impacto de estas medidas dependen estrictamente de las reacciones de diversos factores domésticos relevantes y no solo de sus consecuencias financieras, económicas y sociales.

Estos resultados tan decepcionantes son curiosamente consistentes con la evidencia empírica internacional que muestran cómo las sanciones rara vez generan una crisis de ingobernabilidad definitiva que conlleve a cambios de regímenes y cómo tan sólo en algunos casos, cuando están bien coordinadas globalmente, pueden inducir a procesos de negociación y a ciertos cambios de comportamiento, como fue el caso de Irán, Birmania, Libia o Sudán. En el caso venezolano, los niveles de coordinación internacional son muy altos, especialmente entre los Estados Unidos, Europa y la mayor parte de los países latinoamericanos, por lo que es más probable que estas presiones induzcan a una nueva negociación y concesiones parciales sustantivas que a un colapso final del régimen político venezolano.

Esta realidad pareciera indicarnos que la capacidad de la oposición de imponerse por la vía exclusivamente electoral o internacional es mucho más limitada de lo que se hubiese anticipado algunos meses atrás. O, en todo caso, esta misma situación comienza a señalarnos que, más importante que las probabilidades asignadas a un determinado escenario, es la capacidad de coordinación de la oposición para jugar en varios tableros simultáneamente, que es lo que a fin de cuentas puede determinar la efectividad para precipitar un cambio político definitivo en el país. Una capacidad de coordinación que en los actuales momentos es inexistente.

Tres son las variables, más allá de la interacción entre gobierno y oposición, de las cuales depende tanto la materialización como la estabilidad de todos los escenarios en Venezuela: la cohesión interna del chavismo, la credibilidad de un escalamiento de las sanciones internacionales y el acceso al financiamiento externo.

La estabilidad de todos los escenarios, incluso uno en el que Maduro decida quedarse en el poder, va a depender exclusivamente de si puede superar los escollos que estas tres variables terminan planteando:

1. ¿Alguno de los factores de poder dentro de la coalición oficialista va a vetar o no la materialización de un resultado político que afecte sus intereses tanto en el corto como en el largo plazo?

2. ¿Induce o no el escenario a los Estados Unidos y a la Unión Europea a continuar aislando económica, financiera y políticamente a Venezuela?

3. ¿Genera el escenario las condiciones institucionales para que los organismos multilaterales (y también los chinos) estén dispuestos a financiar la estabilización macroeconómica y la reconstrucción de la industria petrolera?

La viabilidad de cualquier escenario será ineludiblemente medida contra estas tres preguntas. Si alguno de los escenarios potenciales no pasa el “baremo” de estas interrogantes, entonces es sencillamente inestable aun si llegase a producirse.

Es por eso que un escenario como la reelección ilegítima de Maduro –que puede ser considerado el más probable– es, sin duda, el más inestable de todos. Y otros que lucen muy poco probables, como el de las elecciones libres, siendo poco plausibles, pueden ser considerados, fácilmente, los más estables. En cambio, hay escenarios intermedios (como la implosión del chavismo o una transición electoral a través de un tercero) que, aun siendo menos probables que la reelección de Maduro, son también más estables, aunque son a su vez mucho más probables que la deseada materialización de unas elecciones libres. Esta incertidumbre sobre el futuro venezolano es precisamente lo que obliga a los distintos actores, tanto nacionales como internacionales, a realizar un cálculo que involucra un intercambio entre lo que es más probable frente a lo que es más estable, pero también entre lo que es más deseable y aquello que es más viable.

Por si fuera poco, la dimensión temporal para determinar la probabilidad de ocurrencia de los diferentes escenarios también importa. El 20 de mayo es sin duda un parterrayo. Si llegara a darse la elección presidencial para esta fecha, tal como hoy pareciera que pudiese ocurrir, los escenarios que hablan de elecciones libres o de una implosión del chavismo pasan a ser un conjunto vacío, al menos en el corto plazo. En efecto, con la realización de las elecciones, los resultados políticos pasan a ser binarios: o se reelige a Maduro o hay una transición porque gana un tercero (en este caso, Falcón) aun sin condiciones electorales. Esta es la principal causa por la que esta dimensión temporal del análisis de los escenarios termina siendo un verdadero hito: marca un antes y un después y termina descartando algunas de las tantas posibilidades que pudieran darse en Venezuela.

La fecha electoral de mayo, al igual que aquélla que también había sido aprobada por la inefable Asamblea Constituyente para antes de abril, sigue siendo una proposición extremadamente problemática si no viene acompañada de unos acuerdos mínimos que garanticen la legitimidad internacional de estos comicios.

Una reelección ilegítima de Maduro plantea unos riesgos tan altos para todos los actores relevantes que lo sostienen, que sus costos pueden llegar a ser prohibitivos. La reelección de Maduro, en el fondo, termina trasladando todos los costos de su ilegitimidad al resto de los factores de poder de la coalición oficialista, a cambio de unos beneficios inciertos que están muy concentrados en un círculo interno cada vez más restringido. Esta es su mayor fuente de inestabilidad.

El presidente Rómulo Betancourt resumía este tipo de disyuntivas históricas en torno al bizarro pragmatismo de los agentes de poder que circundan a los sistemas autoritarios, afirmando que los aliados son leales hasta que un buen día dejan de serlo. Ésta era la manera criolla de Betancourt de subrayar lo sorpresivo, pero también lo tremendamente transaccional que terminó siendo la política venezolana durante las tres décadas posteriores a la muerte de Gómez.

Si Maduro no es capaz de garantizarles una clara legitimidad a los distintos factores de poder que más temen las sanciones internacionales –condición que hasta ahora no está presente–, aunque logre imponer la fecha, va a tener que luchar desesperadamente por su propia estabilidad, pues los costos y los riesgos asociados a este escenario son verdaderamente altos.

Es evidente que el gobierno puede hacer prevalecer sus preferencias, pues tiene el control institucional y la capacidad de represión para hacerlo, tal como lo hizo en agosto del año pasado cuando impuso la Asamblea Constituyente, pero sería cuestión de meses antes de que el país entrara en otro periodo de altísima inestabilidad. Este primer escenario, aunque es el más probable, da la impresión de que no pasa el baremo de la cohesión interna del chavismo ni el potencial escalamiento de las sanciones ni garantiza el acceso a los recursos financieros externos. Es por eso que no es posible descartar que las elecciones del 20 de mayo terminen siendo pospuestas nuevamente por las propias presiones oficialistas, y que Maduro se vea obligado a volver a ganar tiempo tratando de improvisar una nueva ronda de negociación.

Ahora bien, si Maduro termina imponiendo la fecha de la elección, también existe la posibilidad que Falcón gane aunque no estén dadas las condiciones electorales. La probabilidad de ocurrencia de este otro escenario es claramente menor. Las encuestas dan a Falcón 8 puntos en promedio de ventaja frente a Maduro. Una vez que se controla por aquellos electores que están seguros de ir a votar, esta diferencia prácticamente se evapora. Falcón, para inmunizarse frente a los efectos más negativos de la abstención opositora, así como del condicionamiento social del voto provocado por el carnet de la patria, tendría que duplicar la diferencia entre los votantes dispuesto a acudir a las urnas a 16 puntos en las encuestas.

Este resultado va a depender exclusivamente de una campaña electoral que esté magníficamente bien ejecutada, algo así como la campaña unitaria de Capriles del 2013 que, en poco menos de un mes, redujo la ventaja de 20 puntos con la que contaba un ungido Maduro después de la muerte de Chávez. Para ello, Falcón necesita un apoyo formal de la Unidad (al menos de una parte representativa) y también requiere de un mensaje que le permita conectarse emotivamente con todos los venezolanos descontentos.

Lamentablemente, Falcón hasta ahora no ha logrado ninguno de estos objetivos, pues la campaña no ha tenido mayor impacto y tampoco ha sido capaz de movilizar masivamente ni a la base opositora ni al chavismo inconforme. La evolución de la mayoría de las encuestas más bien muestra a un Maduro que permanece estable, al igual que Falcón, mientras que el único que sube es un evangelista como Bertucci que ha terminado por restarle votos potenciales al exgobernador de Lara.

Si Falcón logra efectivamente dar un vuelco a la campaña y si también modifica su estrategia política, entonces quizás algunos factores descontentos del chavismo comiencen a ver su posible triunfo como un mecanismo de salida atractivo frente a un nefasto escenario de continuismo, que tendría para ellos unos costos extremadamente altos. Este escenario, en caso de que llegase a materializarse, lograría superar las tres preguntas del baremo y, evidentemente, el país entraría rápidamente en un proceso de transición tanto política como económica.

¿Qué podría ocurrir si las elecciones fuesen pospuestas? Esta posibilidad abre dos escenarios potenciales: uno en el que comienza a implosionar el chavismo y otro en el que se abre una nueva negociación internacional que podría facilitar la realización de unas elecciones libres. La posposición de la fecha sería considerada como una derrota política para Maduro. La suspensión pasaría a mostrar a toda su base de apoyo que efectivamente enfrenta serias restricciones internas y que, por lo tanto, no está en capacidad de seguir aspirando a la reelección presidencial. La postergación de la fecha también se convertiría en una derrota para Falcón.

Esta coyuntura ineludiblemente llevaría al chavismo a plantearse una sucesión presidencial que, muy probablemente, ante la ausencia de un liderazgo fuerte, sería un proceso conflictivo, desordenado e incluso violento. En un escenario de esta naturaleza es posible que observemos una alternabilidad dentro del chavismo sin que necesariamente eso implique una transformación radical de las condiciones electorales para la oposición, pero sí el inicio de un proceso de liberalización política que incluya la legalización de los partidos y la liberación de los presos políticos. Este escenario probablemente superaría el baremo de las restricciones creadas por la coalición oficialista y, si es visto como políticamente estable, quizás encuentre mayor disposición de financiamiento de algunos actores internacionales como los rusos y los chinos. En cuanto a las sanciones, las mismas probablemente no escalen, y quizás sean relajadas, pero tampoco serán removidas hasta tanto el país no logre reinstitucionalizar su democracia.

La otra posibilidad es que se abra un nuevo proceso de negociación internacional que conlleve a elecciones libres. Este proceso será radicalmente diferente al que hemos visto en el pasado, en particular en Dominicana, pues el chavismo asistirá a este proceso de negociación en búsqueda de una amnistía a cambio de concesiones irreversibles en el sistema electoral y también aceptando reformas institucionales que garanticen la restauración del funcionamiento del Estado de derecho. El chavismo no acudirá a esta nueva ronda de negociaciones con miras a quedarse en el poder, sino con miras a obtener beneficios que impidan su persecución judicial y que le permita, como en la revolución sandinista, poder volver al poder pocos años más tarde.

Sin embargo, este escenario es sólo plausible si los factores de poder real dentro del chavismo, sobre todos los que desean controlar la sucesión o los que se sienten amenazados por las sanciones, obligan al gobierno a actuar de esta forma, algo que parece poco probable. El chavismo siempre va a preferir el escenario alterno de producir una sucesión dentro de sus propias filas, precisamente para evitar tener que entrar en una negociación con estas características. En caso de que llegase a materializarse la negociación, debido a la presión interna e internacional, este escenario podría superar positivamente todas las preguntas del baremo.

Es indudable que las condiciones de cambio político en Venezuela son muy grandes: el país ya tronó. El gobierno solo le queda bloquear cualquier salida, tanto del frente opositor (dividiéndolos) como de sus propias entrañas (purgándolos).

Sin embargo, tal como hemos visto, existe una probabilidad muy alta de que, en el corto plazo, Maduro se mantenga ilegítimamente en el poder. Sus incentivos individuales de insistir con las elecciones presidenciales en mayo son cada vez más fuertes, pues sabe que suspenderlas tendría consecuencias duraderas. Paradójicamente, durante ese mismo período, la probabilidad que un cambio político se llegue a presentar continuará creciendo, precisamente porque su permanencia en el poder es esencialmente inestable.

Curiosamente, la probabilidad de un cambio democrático, indistintamente de la ruta planteada, es más baja que la posibilidad de una implosión del chavismo que muy posiblemente desencadene una segunda ronda de sucesión dentro de la misma revolución bolivariana. Por el contrario, la ruta democrática que plantea la oposición en cualquiera de sus alternativas es más estable, pero también refleja unos escenarios que tienen una menor probabilidad de ocurrencia que el mismo quiebre interno del chavismo.

¿Cuál es la razón que explica la baja probabilidad por parte de la oposición venezolana para precipitar una transición democrática? Una razón lógica está relacionada con la falta de unidad dentro del campo opositor, que cada vez muestra estar más plagada de mayores escisiones internas, pero también está referido a la incapacidad para jugar simultáneamente en distintos tableros, lo cual le permitiría a la oposición maximizar las probabilidades de éxito tanto de una como de otra alternativa y le impediría al gobierno cambiar de juego cada vez que se sienta amenazado. En vez de construir la unidad alrededor de contenidos y resultados, la oposición se ha dividido alrededor de la discusión sobre los medios y las rutas para restaurar la democracia, olvidándose de los resultados colectivos y de los valores constitucionales que todos deberían compartir indistintamente del tipo de tablero en el que terminan moviendo sus piezas más importantes.

 Es urgente aprender a transformar la adversidad en oportunidad, y la única forma de hacerlo es acercando posiciones, compatibilizando objetivos y garantizando que el triunfo de una ruta no se transforme en la derrota del otro. La mejor manera de garantizar esto es asegurando que cualquier alternativa termine alcanzando los mismos objetivos que hayan sido previamente consensuados. Si la unidad se llegase a construir sobre estos cimientos, la voluntad de cambio político, gracias a un país que mayoritariamente desea vivir en democracia e impulsar el crecimiento económico, sería sencillamente indetenible.

Faltan cinco semanas para el 20 de mayo. Si queremos jugar simultáneamente en varios tableros, entonces debemos aceptar que el objetivo es ganar y es también posponer. Ganar supone movilizar electoralmente a la sociedad, lo cual es una acción estrictamente unitaria. Posponer implica hacer creíble la amenaza de retiro del evento presidencial una vez movilizada la sociedad, si las condiciones electorales más importantes no son modificadas. Tal como hemos visto en ambos casos, el resultado podría llevarnos al lugar que la mayoría de los ciudadanos tanto anhelamos para Venezuela.

Actuar de cualquier otra forma puede ser moralmente correcto, pero es social y políticamente, muy poco efectivo.

Fuente:
https://prodavinci.com/las-incertidumbres-de-la-realidad-politica-venezolana


EL NACIONAL, Caracas, 21 de abril de 2018
Un ensayo de Michael Penfold sobre la crisis política
Héctor Silva Michelena

Michael Penfold es, sin dudas, uno de los mejores o más inteligentes analistas políticos del país, y más allá de las fronteras. Su ensayo “Las incertidumbres de la realidad política venezolana”, publicado hace poco (no sé dónde), son una muestra del dominio con que ejerce la ciencia política. El ensayo es largo y complejo, pero no lo examinaré todo, sino las partes que me parecen más relevantes al día de hoy. La muy alta inestabilidad y la gran incertidumbre hacen que unas pocas horas equivalgan al largo plazo.

Hoy, 17 de abril (fecha en la que escribo este artículo), Tibisay Lucena ha anunciado en cadena nacional que las elecciones se realizarán, definitivamente, el 20 de mayo, es decir, en un mes. Nos colocamos así en la situación que Penfold llama “parterrayo”, una falla tectónica profunda que anula todos los escenarios examinados. Se abren los cuernos del dilema: Maduro candidato, cabalgando sobre la ilegitimidad de esta elección, o se abre una transición: hay dos candidatos: Falcón, el más probable, y un Bertucci que, según Penfold, restaría votos potenciales a Falcón. De esta opinión no participo, pues a la gente no le gusta “perder su voto” y el pastor evangélico carece de toda experiencia política y de recursos. Maduro no le endosará recursos y votos si ve su situación comprometida.

Dice correctamente Penfold: “Una reelección ilegítima de Maduro plantea unos riegos tan altos para todos los actores relevantes que lo sostienen [incluida la FANB], que sus costos pueden llegar a ser prohibitivos”. No solo Maduro pagaría esos costos, sino que ellos se trasladarían a toda su nomenklatura: el peso de las sanciones les convertiría el país en una cárcel, pues si salen sin un acuerdo mínimo, se exponen a ser capturados por la Interpol, la CIA, la DEA y órganos similares. Maduro, un presidente sumamente cuestionado, interna e internacionalmente, no podrá librarlos de las sanciones. Él es el cabecilla de la dictadura, de la muy grave situación económica y social, y de la crisis humanitaria que azota al país. De ganar, el país entraría en un largo proceso de inestabilidad y severos conflictos. La represión desplegada en abril-julio de 2017, con todo lo cruenta que fue, se verá en el horizonte empequeñecida.

Penfold cita los resultados, muy concordantes entre sí, de las últimas encuestas: arrojan, en promedio, una ventaja de 8 puntos a Falcón, pero controladas por aquellos electores que votarían con toda seguridad, esa ventaja se anula y queda un empate técnico. Pero si la abstención es muy alta tendremos continuismo, hambre, enfermedades y represión por un buen rato. Y esto deben meditarlo cuidadosamente los acérrimos partidarios del abstencionismo, porque no desean “convalidar una emboscada y un fraude monumental”. Posición éticamente respetable, pero muy alejada de lo que realmente importa ahora: el cambio de gobierno, y la alternativa es Falcón. La abstención es un voto decisivo para un gobierno que ha destruido a Venezuela y sometido a sus habitantes a las más dolorosas penurias (Véase Encovi, 2107).

Esta terrible calamidad es evitable, aun si no cambian las condiciones electorales, si ese 87% que no aprueba la gestión de Maduro se vuelca, en gran medida, a su candidatura. La palabra clave la aprendimos en la lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez. ¡Unidad! De no producirse, Maduro se mantendrá, aun ilegítimamente, en el poder con su camarilla, que es inestable porque teme a las sanciones y a las acciones de protesta cotidianas que sin dudas irán aumentando con la represión y la crisis de hambre, enfermedades y muertes prematuras por desnutrición infantil, estimada en casi 1 millón de niños entre 0 y 9 años de edad. Ante tal realidad, el ominoso y fascista carnet de la patria no solo es una entelequia sino una estafa a los más pobres.

Señala Penfold que la Unidad misma es la fuente de sus debilidades. Correcto. Precisa que concentrarse en ganar elecciones no basta y que “se ha olvidado de los resultados colectivos y constitucionales que llevan a la democracia”. Opino que, tal vez, es cierto, pero no tajantemente. Para muchísima gente (más de 12 o 14 millones de electores) la democracia, el Estado de Derecho, la libertad son palabras abstractas. Lo que los mueve es el hambre, la miseria y el cierre de toda posibilidad de mejoría.

Con gran tino político y humano, Penfold escribe: “Es urgente aprender a transformar la adversidad en oportunidad, y la única forma de hacerlo es acercando posiciones, compatibilizando objetivos y garantizando que el triunfo de una ruta no se transforme en la derrota del otro. La mejor manera de garantizar esto es asegurando que cualquier alternativa termine alcanzando los mismos objetivos que hayan sido previamente consensuados. Si la Unidad se llegase a construir sobre estos cimientos, la voluntad de cambio político, gracias a un país que mayoritariamente desea vivir en democracia e impulsar el crecimiento económico, sería sencillamente indetenible”. Palabras lapidarias y claras como “cono la aurora de rosáceos dedos” (Homero). La Unidad así lograda, despertará y enardecerá el entusiasmo de los decepcionados, los abstencionistas de buena fe y aun de los infaltables ni-ni.

La reflexión sobre la idea de fines comunes debe apoyarse en Baruch Spinoza, un filósofo a partir del cual es posible pensar este problema. Poder y voluntad del Estado, potencia común y libertad del individuo. Así se nos han mostrado las dos disyunciones producidas por la emergencia en la política moderna de la noción de soberanía y de la noción de Estado. Son estas nociones las que nos hacen tan difícil la tarea de dar consistencia a la idea de democracia. La filosofía de Spinoza está, exactamente, consagrada a recusar esta disyunción como elusiva, simultáneamente, de las ideas de libertad y de potencia soberana. No pudiendo extendernos en consideraciones al respecto, diré que el concepto de libre necesidad, y su relación con las libertades del soberano y del individuo es la base de todo objetivo común.

La idea de comunidad política supone pensar que es posible el acuerdo de estas libertades. Este acuerdo no puede ser hecho más que bajo la autoridad de la razón, que no dice otra cosa que sus identidades subsisten. Pero la razón no puede prevalecer por libre decisión, la razón prevalece solamente por libre necesidad. Eso es verdad para los individuos. Eso es verdad, igualmente, para los que ejercerán la voluntad soberana: ya no hay lugar para esperar de ellos el que quieran comportarse conforme a la razón, hay que obrar de manera que lo hagan. Esto es verdad aun para la misma comunidad. Spinoza se afana en hallar la unidad del mundo. Pero es aplicable a nuestro pequeño e inmenso mundo venezolano.

Los líderes de la MUD/FAN y Falcón son libres de acercarse, pero no pueden ser como un Robinson Crusoe: autosuficientes solitarios. Esa libertad de que gozan necesita de otra u otras personas, organizaciones o coaliciones. La libre necesidad es indivisible, pero puede ser ignorada. Dividirlas es caer en el aislacionismo o, peor aún, en el solipsismo, creer que solamente amparados en la ética puede lograrse la transición hacia la democracia que urgentemente necesitamos.

Con base en Spinoza podemos, entonces, dar esta definición de democracia: es la organización de la comunidad que tiene por efecto el que tanto los individuos, como los gobernantes, conducen sus acciones en conformidad con los principios de recta razón. La mayor potencia que el poder soberano puede adquirir es la que se apoya en el reconocimiento de su autoridad por aquellos sobre los cuales es ejercida. Y tal es el fundamento de la democracia.

Es el ejercicio propio del poder común, que es enteramente a la vez el ejercicio en común del poder de cada uno, lo que forma y mantiene la cohesión de la comunidad. Y tal vez será necesario entender, antes que nada, esta severa advertencia que nos da el tratado teológico-político: privar a un hombre de toda esperanza es hacer de él un enemigo feroz de toda la comunidad. Esta debería ser nuestra preocupación por la democracia.

Esta concepción de la democracia está tan lejos de la de Maduro como el fulgor de la noche y sus iluminaciones.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/ensayo-michael-penfold-sobre-crisis-politica_231680

viernes, 30 de septiembre de 2016

CASO CLÍNICO

EL NACIONAL, Caracas, 30 de septiembre de 2016
Neodictadura
Héctor Silva Michelena 

¿Qué es una neodictadura? Es una dictadura de los nuevos tiempos; es decir, con una cierta fachada democrática dada en esencia por la realización de elecciones y que permite algunos espacios de relativa autonomía en lo político, económico y social, siempre y cuando ello no ponga en riesgo lo más importante: la continuidad de la neodictadura.
Las dictaduras tradicionales han caducado. Son más difíciles de combatir, ya que el barniz democrático deja ver su fondo antidemocrático, y la oposición tiene que luchar con métodos que sí son democráticos. Esta es la crucial asimetría que vivimos.
Destacados juristas han demostrado que estamos frente a una “dictadura judicial”, lo cual es cierto, vista la actuación del Tribunal Supremo de Justicia desde el 6 de diciembre. Su Sala Constitucional, constituida por operadores políticos, se ha orientado exclusivamente a liquidar a la Asamblea Nacional, representante de la soberanía popular, consagrada en los principios fundamentales de nuestra carta magna en su artículo 5. La Sala Electoral, desde la instalación de la nueva AN, mediante sentencia cautelar, anuló la representación del estado Amazonas. Hemos demostrado que esa sentencia fue un exabrupto. Nótese que la sentencia definitiva no ha sido dada y parece no tener término.
Pero la dictadura no es solo judicial, se extiende a todos los segmentos de la sociedad venezolana, particularmente al político, al económico y a los derechos humanos. En este sentido podemos decir que esos jurista que ahora mencionamos, Manuel García Pelayo, Pedro Nikken, Carlos Ayala, Duque Corredor, A. Bickel, H. Kelsen, Eduardo García de Enterría, Jean Rivero, Lucas Murillo de la Cueva, sostienen la tesis de la dictadura judicial a la cual otros han agregado la neodictadura. Manuel García Pelayo vio en él “un órgano constitucional instituido y directamente estructurado por la Constitución” y que: “Como regulador de la constitucionalidad de la acción estatal, está destinado a dar plena existencia al Estado de Derecho y a asegurar la vigencia de la distribución de poderes establecida por la Constitución, ambos componentes inexcusables, en nuestro tiempo, del verdadero “Estado constitucional”.
Es inconcebible, por tanto, en ese esquema, que un juez constitucional pueda llegar a ser el instrumento para lo contrario de aquello para lo cual fue concebido, y que llegue a configurarse, arrogándose todo el poder del Estado, como el instrumento para garantizar la violación impune de la Constitución por los otros órganos del Estado, para asegurar la destrucción del Estado de Derecho o el desmantelamiento de la democracia o, incluso, para convertirse en el instrumento para implementar y sostener un régimen autoritario. Ello no es más que la corrupción absoluta del Estado de Derecho. Como lo observó atinadamente el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, al dirigirse al presidente del Consejo Permanente de la Organización el 30 de mayo de 2016 solicitando su convocatoria conforme al procedimiento establecido en el artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana, en su informe sobre Venezuela.
Hoy en día, a cada ley aprobada por el Parlamento, el gobierno opone su mayoría en la Sala Constitucional, la cual se ha convertido en la instancia que puede desactivar los efectos de cualquier instrumento jurídico emanado del Congreso, contrario a sus intereses. La emisión de una serie de sentencias por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que han alterado el orden constitucional, han trastocado el orden democrático en el país, y han corrompido el Estado de Derecho, instaurando una dictadura judicial, que por lo que se observa por ahora no encuentra límites. En fin, de lo que se trata la “dictadura judicial,” es de una forma extrema de corrupción del Estado de Derecho que pretende permitir a un poder que ni siquiera ha sido elegido, desplazar a los representantes de la voluntad popular del marco institucional del Estado.
En cuanto al Poder Electoral, hay que recordarle que la doctrina moderna señala con fuerza que ningún Reglamento de las Leyes Electorales, dudas o vacío que susciten que estas contengan pueden anular la Soberanía Popular, principio fundamental ya mencionado, por tanto insoslayable. Por otra parte, el artículo 294 dice: “los órganos del Poder Electoral se rigen por los principios de independencia orgánica, autonomía funcional y presupuestaria, despartidización de los organismos electorales, imparcialidad y participación ciudadana; descentralización de la administración electoral, transparencia y celeridad del acto de votación y escrutinios”. La decisión del CNE de establecer una votación regional para la recolección de 20% de los electores, a los fines del revocatorio es claramente contraria a la carta y anula la soberanía popular, ejercida mediante el sufragio, es un derecho político que garantiza “la participación del pueblo en la formación de ejecución y control de la gestión publica y es el medio necesario para lograr el protagonismos que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo. Es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la generación de las condiciones más favorables para su práctica”. (Art. 62). El referéndum es un medio de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía en lo político y, por tanto, no puede ser trabado por ningún reglamento procedente del CNE.
En cuanto al referéndum el Art. 72 señala: “Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables”. Y después establece que un número no menor de 20% de electores inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar a convocatoria de un referéndum para revocar su mandato.
El referéndum revocatorio es de circunscripción nacional puesto que el cargo a revocar es el del presidente de la República, cuya elección es nacional y no regional. Basta con obtener la mayoría simple para ser proclamado presidente electo, así haya perdido en varios estados. Tal como ocurrió con Maduro. Se viola la soberanía popular.
La Soberanía. La potencia soberana es una, indivisible y absoluta: esta tesis, ya aportada por Bodin, está estrechamente ligada a la afirmación de la autonomía política del ciudadano en relación con toda norma trascendente y, por tanto, del carácter autoinstituyente de la sociedad. Hay dos conceptos distintos de esta noción; uno consiste en afirmar que la potencia política es en su principio sin límites y tiende a extenderse hasta un punto en que tropieza con otra soberanía; la otra noción consiste en atribuir esta potencia al Estado, lo que constituiría el Estado absoluto, forma particular del absolutismo.
Pero la clave está en Rousseau cuando dice que la verdadera soberanía consiste en la absorción del absolutismo estatal por la soberana popular. Potencia, Soberanía, Estado: son los tres términos que, según Rousseau, definen el cuerpo político. La soberanía es la potencia de querer y es indivisible, inalienable, ilimitada mediante la cual el pueblo hace la ley. Después de Maquiavelo ha de pensarse la idea de soberanía como una dialéctica entre potencia y voluntad de querer. La soberanía es la definición moderna de pueblo. Esta definición es definitiva.
Realizar el RR en 2017 es violatorio del espíritu, razón y propósito de la carta magna.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/hector_silva_michelena/Neodictadura_0_930507025.html

viernes, 29 de julio de 2016

RESOLUCIÓN 9855

EL NACIONAL, Caracas, 29 de julio de 2016
Otro decreto fascista
Héctor Silva Michelena 

Desde que Maduro asumió el poder, y particularmente desde que la oposición ganó el control abrumador de la Asamblea Nacional, el Ejecutivo, por medio de sus tentáculos militares, partidistas, políticos y colectivos paramilitares, se ha empeñado no sólo en disolver la AN que, junto con el presidente, son las únicas instituciones electas por la soberanía popular mediante el sufragio universal. Su propósito es establecer un gobierno que vaya modelando un Estado fascista, de régimen militar autoritario. Los instrumentos legales usados son el Decreto de Emergencia Económica y Estado de Excepción, y el decreto que creó la Gran Misión de Abastecimiento Soberano. El órgano superior del comando de esta misión tiene como jefe, al general en jefe Vladimir Padrino López, un jefe militar al cuadrado, pues.
Un paso de ganso hacia la formación del Estado fascista lo constituye la resolución número 9855 del 22 de julio pasado emitida por el Ministerio Proceso Social y de Trabajo (¡Ufff!). Sus resoluciones más importantes, que resumo, son las siguientes:
La primera,“establece un régimen especial transitorio  de   carácter obligatorio   y  estratégico  para  todas  las  entidades de  trabajo del  país públicas, privadas, de  propiedad  social y mixtas, que  contribuya con  el reimpulso   productivo   del  sector     agroalimentario”, Esto se fundamenta en “los principios de seguridad y defensa integral de la Nación” en ofensiva   a   la  guerra económica,  con  el  objeto   de  aumentar  y  fortalecer la  producción  en aquellas  entidades de trabajo  de  Interés  social relacionadas  con   el sector  agroalimentario”. ¿Enviar trabajo a una economía social minúscula e inoperante?
Sépase que el Ministerio para las Comunas y los Movimientos Sociales, mediante oficio de fecha 10 de junio de 2016, “solicitó  ante este Ministerio autorizar a presentación de un grupo de trabajadores y trabajadoras a ser incorporados a diversas plantas de maíz, las cuales se inscriben en un proceso de recuperación de empresas del Estado, todo en el marco del Decreto Nº. 2.323, mediante el cual se declara el Estado de Excepción y de la Emergencia Económico”.
Según la segunda, “las entidades de trabajo del sector público y privado están obligadas, a cumplir con el estricto imperio del presente acto administrativo, a tal efecto deberán proporcionar los trabajadores requeridos y las trabajadoras requeridas, a objeto de aumentar la productividad de la entidad de trabajo requirente o solicitante”.
Dice además: “Las compañías privadas en Venezuela estarán obligadas a ceder sus trabajadores para reforzar los planes del gobierno en el sector agrícola, según una resolución adoptada en el marco de la emergencia económica vigente en el país”. Con ese fin, la cartera estableció un régimen especial para "todas las entidades de trabajo del país, públicas, privadas, de propiedad social y mixtas".
La resolución, de carácter transitorio (¿?), no detalla los mecanismos para la cesión de los empleados; los períodos durante los cuales podrán ser reasignado son de 30 días, prorrogables por otros 30. Apunta que quienes sean elegidos deben tener "condiciones físicas adecuadas" y "conocimientos teóricos y técnicos" en áreas productivas.
Los empleadores privados, en tanto, no tendrán que asumir el pago de sueldos, deberá hacerlo la entidad requirente, que no es otra que el Estado, pero sí las obligaciones vinculadas con el sistema de seguridad social. Los acuerdos salariales originales se respetarán, añade el texto.
Es un hecho público y notorio que el país soporta una escasez de 80% de alimentos y medicinas, que ha terminado por minar la popularidad de Maduro, cuyo régimen está obstruyendo los derechos constitucionales de los venezolanos a revocar su mandato, pasada la mitad de su período presidencial.
Maduro, tozudamente, atribuye la crisis a una "guerra económica" de la derecha para derrocarlo. Pero, las elecciones del 6 de diciembre hicieron añicos tal tesis: los venezolanos no la creyeron, y emitieron un severo voto castigo a sus políticas públicas. El alto mando militar, el TSJ y ahora el CNE, controlados por el Ejecutivo y sus tentáculos tratan de bloquear el revocatorio, como lo han hecho con las actuaciones de la AN.
Destacamos que según una encuesta de la firma Venebarómetro realizada en junio, el principal problema para los venezolanos es el desabastecimiento, con 75,5% de menciones, seguido de la inseguridad personal (70,7%) y el alto costo de vida (44,4%). Impotente para generar políticas adecuadas, Maduro apeló al principio de ultima ratio, un plan contra la escasez dirigido por militares, en cumplimiento del cual los hombres de armas fiscalizan empresas de alimentos y fármacos, y además controlan los puertos.
Se trata pues, de un Estado altamente centralizado y controlado por el Ejecutivo donde los actores económicos y sociales son agrupados bajo la égida militar para cumplir los mandatos del jefe supremo. Recordemos que el General Padrino López dijo cuando se creó el Decreto de Abastecimiento: “no me gusta la intervención militar en asuntos que no son de su naturaleza; pero esto es un asunto de seguridad y defensa de la Patria, y por eso la fuerza militar ha sido involucrada. Se han roto todas las reglas, unas inducidas (¿guerra económica?) otras por propias deficiencias, otras por falta de gobernanza. Son mecanismos para ir por encima de las instancias no convencionales; se han roto todas las reglas, pero hay que alinearlas. Una de las maneras de alinear los factores que influyen en la producción es tener un mando centralizado. Estamos hartos de tantos diagnósticos (¿?). Hay falta de articulación entre los entes intervinientes, es un asunto de disciplina, no es un asunto de militarizar”. ¿De dónde sacó el general este galimatías?  El general  dijo que han agregado tres palabras claves: acompañar, asistir y verificar. El general ignora una verdad de Perogrullo: “Sin un cambio político es imposible un ajuste exitoso”, dicha por el economista Omar Zambrano, el 25 julio 2016, en Prodavinci.
Pregunto ¿cómo se acompaña, se asiste o ayuda, y se verifica sin intervención? A un mes de que la FANB asumiera las operaciones de las cadenas productivas la situación ha empeorado, como es visible en los fatigados peregrinos que buscan  comida y medicinas. Esta es una reiteración crónica. Y esto ocurre luego de un mes de “acompañamiento, asistencia y verificación”.
Los venezolanos no queremos un Estado de súbditos ni un pueblo de mendicantes. Esas marionetas del CNE, no podrán con el empuje de un pueblo arrecho. Será revocado.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/hector_silva_michelena/decreto-fascista_0_892710842.html

viernes, 13 de mayo de 2016

SABERSE VIVO

Ya en mi vida sapiencial

Escribe Harold Bloom en capítulo I de su libro ¿Dónde se encuentra la sabiduría?:
“Todas las culturas del mundo –la asiática, la africana, la de Oriente Próximo, la Del hemisferio europeo-occidental– han fomentado la escritura sapiencial. Durante más de medio siglo he estudiado y enseñado la literatura que emergió del monoteísmo y sus secularizaciones posteriores. ¿Dónde se encuentra la sabiduría? Surge de una necesidad personal, que refleja la búsqueda de una sagacidad que pudiera consolarme y mitigar los traumas causados por el envejecimiento, por el hecho de recuperarme de una grave enfermedad y por el dolor de la pérdida de amigos queridos”.
Acabo de leer el dolido y sabio libro de Harold Bloom y, mutatis mutandis, vi mi retrato de hoy, solo que mi curación requiere de vacunas (no las hay aquí y ahora) que activen mi ofensiva contra células malignas. Además, termino la vida algo más arriba de donde la comencé: una mínima sapiencia, una magna moralia. Empero, sé que si sigo el hilo de Ariadna llegaré al árbol de oro de la vida.
Desde que terminé mi bachillerato con los jesuitas, en el Colegio San Ignacio, he llevado la marca de la literatura sapiencial. Todo comenzó con el estudio de la gramática castellana y los dictados que nos hacía el inolvidable hermano Bonet: eran  párrafos del El Quijote. Cervantes y Shakespeare, nos decía, comparten la supremacía entre todos los escritores occidentales desde el Renacimiento hasta hoy; los considero, decía, como los maestros de la sabiduría en la literatura moderna, al mismo nivel que el Eclesiastés (“¿Quién puede, en efecto, indicar al hombre lo que habrá después de él bajo el sol?”) y el libro de Job (“Si el Demonio no existiese, el Hombre no podría elegir entre el Bien y el Mal”, Homero y Platón. Leed la Santa Biblia y la Biblia de Jerusalén, también el Corán. La verdad no puede conocerse pero puede encarnarse).
Como buen católico, el hermano Bonet me dio a leer a San Agustín, nacido el 13 de noviembre del año 354 en Tagaste, Numidia (actual, Argelia). Uno, Confesiones: la obra capital de Agustín de Hipona, constituida por trece libros en los que nos narra su vida, formación y su evolución interior, y dos, La ciudad de Dios: en esta obra que consta de 22 libros, formuló una filosofía teológica de la historia. 10 están dedicados a polemizar sobre el panteísmo.    Los otros 12 se ocupan del origen, destino y progreso de la Iglesia, a la que considera como oportuna sucesora del paganismo.
Agustín fue maniqueo y orador imperial en Milán. Era el rival en oratoria del obispo Ambrosio de Milán, figura que después hizo a Agustín conocer los escritos de Plotino y las epístolas de Pablo de Tarso. Por medio de estos escritos se convirtió al cristianismo. Ya como obispo, escribió libros que lo posicionan como uno de los cuatro primeros padres de la Iglesia. La vida de Agustín fue un claro ejemplo del cambio que logró con la adopción de un conjunto de creencias y valores. Agustín me dejó su huella imborrable, que me acompañó en cada uno de los recovecos de mi vida: creyente, estoico, agnóstico, comunista, gulags y comunas maoístas, decepción, reconstrucción, denuncia y, al fin, sapiencia y tolerancia. Al “pienso, luego existo” de Descartes lo reemplazó el “Yo soy otro” de Rimbaud. Sueño con hallar a ese “otro” en la retina de mi alma.
Bajo mis lunas pasaron muchas obras de escritura sapiencial. A lo que leo y enseño, o enseñé, aplico tres criterios: esplendor estético, fuerza intelectual y sabiduría. La mortalidad y la muerte siempre acechan, y debemos aprender que el tiempo siempre triunfa, y que la belleza y la verdad son una necesidad, de ojos bien abiertos.
Némesis, hija de la noche era una diosa griega, venerable. Es nuestra mortalidad, nuestra mala suerte, nuestro autoflagelo. Nuestra incapacidad para perdonárnoslo todo. No hay amnistía, no hay gracia. Nuestra ausencia de sabiduría se centra en esa incapacidad, en el mal que no es banal. Goethe y Emerson, que no eran cristianos, nos enseñan que dentro de nosotros hay un dios que es capaz de resistir a Némesis. Esto, bajo cualquier creencia, nos ayuda, al menos, a pasar los días duros y aciagos. Nos ayuda a creer que Heracles matará de nuevo a la hidra de Lerrna, aquel despiadado monstruo acuático policéfalo, que poseía la virtud de regenerar dos cabezas por una que perdía o le era amputada.
El monoteísmo occidental –judío, cristiano, islámico– quizá no es tan opuesto sino complementario de la confianza en el genio individual. La tradición de la sabiduría laica y la esperanza monoteísta quizá, al final, nunca puedan conciliarse, al menos no del todo. Pero los más grandes escritores antiguos y modernos –Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare– idean equilibrios que permiten que coexistan la sabiduría sapiencial y algunas lumbres de esperanza. Es la vida, la esperanza.
(http://www.el-nacional.com/hector_silva_michelena/vida-sapiencial_0_845915603.html)
Ilustración: San Agustín, según Francisco Zurbaran.

lunes, 11 de abril de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO



- Héctor Silva Michelena. "José Agustín y Ludovico: sueños sonoros". Últimas Noticias, Caracas, 08/12/1991.
- Ludovico Silva. "Marisa Vannini y los idiomas". El Nacional, Caracas, 21/08/79.
- Entrevista a Hernán Méndez Castellanos. Tribuna Popular, Caracas, 28/07/89.
- Domingo Alberto Rangel. "La democracia directa". El Universal, Caracas, 01/11/84.

Reproducción: Germán Borregales. Élite, Caracas, nr. 1965 del 25/05/1963.

sábado, 9 de agosto de 2014

PANEBARCO 1/10

EL NACIONAL, 7 de agosto de 2014
De Marx a los bolcheviques: un Reader’sDigest (I)
Héctor Silva Michelena

El target de este trabajo es mostrar, brevemente, la larga cola de paga que tiene el PSUV, al momento de realizar su III Congreso.
En artículo pasado señalé que la palabra socialismo era, en palabras de Engels (1845) “vaga, indefinida e indefinible”.  Esta situación arropó a la propia Unión Soviética, a los países del Este europeo y a China, sin olvidar a Vietnam y Cuba.  En una clara nota  en su libro The Socialist System. The Political Economy of Communism, Princeton (1992, p.10), János Kornai escribe: “Mi elección entre los términos ‘sistema socialista’ y ‘comunismo’ se basa en la siguiente consideración. El marxismo-leninismo, la ideología oficial del  Partido Comunista, usa la expresión ‘comunista’ en un sentido muy distinto. El Partido llama comunista a la nunca lograda sociedad  utópica del futuro, en la cual todos participarán de la producción social según sus necesidades. Los militantes del Partido Comunista  en el poder nunca se refirieron a su propio sistema como comunista”.
En la historia intelectual del socialismo previo a Marx, se produjeron ideas de un alto valor intrínseco. Decenas de miles de personas en el mundo todavía se aferran –y siempre habrá quiénes lo sigan haciendo, los hombres y sistemas perecen: las ideas no– ¿Cómo estar en desacuerdo con la visión de una sociedad fraternal, equitativa y democrática que, mediante una planificación indicativa, asuma un Estado en sinergia con el mercado, a fin de controlar las fallas de este último, y las desigualdades intolerables que genera, si se lo deja al arbitrio de un arcaico  laissez faire, laissez passer?
El espíritu socialista fue herido de gravedad cuando la Revolución Rusa generó de sus entrañas una dictadura totalitaria, y se debilitó aun más cuando espurios movimientos autoritarios expropiaron la palabra socialista. Esta gente pensante se pregunta, con razón ante la presente crisis mundial, en particular la europea: “después del Estado de Bienestar, ¿qué?” Hay respuestas, pero no por el camino de una ilusión, de una entelequia cuya praxis dejó millones de cadáveres sembrados por el mundo. Son cadáveres, pero sus gritos de dolor y sangre aun se escuchan. No olvidemos que Sócrates, el Tábano de Atenas, dijo: “...Porque, si me matáis, difícilmente encontraréis otro hombre como yo, a quien el dios ha puesto sobre la ciudad, aunque el símil parezca ridículo, como el tábano que se posa sobre el caballo, remolón, pero noble y fuerte, que necesita un aguijón para arrearle. Así, creo que he sido colocado sobre esta ciudad por orden del dios para teneros alerta y corregiros, sin dejar de estimular a nadie, deambulando todo el día por calles y plazas...”.
Las corrientes socialistas mencionadas fueron ríos tributarios de una poderosa corriente que dominó la tradición socialista en el último tercio del siglo XI: el marxismo. Karl Marx (1818-1883), poseía una poderosa mente sintetizadora: fusionó la filosofía idealista alemana, con la economía política británica y con el socialismo francés. Su pensamiento maduro se inicia con El Manifiesto Comunista (1848), publicado junto con Friedrich Engels, su compañero intelectual de toda la vida.
El Manifiesto Comunista es bien conocido, sin embargo, presentamos aquí un digesto: para Marx la sociedad es una balanza móvil de fuerzas antitéticas, la discrepancia es la madre de todas las cosas, y el conflicto social es el núcleo del proceso histórico. Los hombres luchan contra la naturaleza para arrancarle sus medios de vida. En este proceso, los hombres se relacionan entre sí, y estas relaciones difieren según la etapa de desarrollo que han alcanzado en sus actividades productivas. Emerge en la sociedad la división del trabajo, la cual conlleva a la formación de clases antagónicas que son los primeros actores del drama histórico. En contraste con sus predecesores, Marx no vio la historia como una simple lucha entre ricos y pobres o entre poderosos y desposeídos; mostró que tales luchas difieren cualitativamente dependiendo de cual clase histórica particular emerge en una etapa dada de la historia. Marx define a una clase como un conjunto de hombres que comparten una posición común en el proceso productivo y desarrollan una visión común y la realización de sus intereses mutuos. Introduce el concepto de modo de producción el cual, en último análisis es el factor decisivo de un movimiento de la historia. Sostuvo que las relaciones de producción constituyen la estructura económica de la sociedad sobre la cual se erige toda una súper estructura política, cultural, religiosa, etc.
Denominó a su doctrina “socialismo científico”, para diferenciarlo del de sus predecesores que proponían un “socialismo utópico”. La lucha de clases conforma la historia; la lucha de los proletarios contemporáneos contra sus amos capitalistas conducirá inevitablemente a una sociedad comunista, después de un período de transición liderada por la dictadura del proletariado, para despojar despóticamente a la burguesía de sus medios de producción; logrado este objetivo los trabajadores se asociarán para diseñar su destino colectivo cooperativamente, libres de toda restricción económica y social. La lucha de clases llegaría así a su fin.
Como profesor, pregunté a muchos aspirantes a hacer equivalencias con el currículo de la Universidad Central, de sus materias aprobadas en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos Patricio Lumumba, donde les inculcaron que la lucha de clases es el motor de la historia: si el motor de la historia es la lucha de clases, entonces, una vez apagado el motor ¿qué mueve a la sociedad comunista? La respuesta se reflejaba en el desconcierto de sus ojos.
El Manifiesto no tuvo impacto en las revoluciones europeas de 1848, y Marx y Engels se dedicaron al estudio aislado en Inglaterra y en el Continente. El socialismo era, en esa época el credo de sectas aisladas, a menudo exiladas. Pero en 1864 volvieron al trabajo con orientación internacionalista sobrepasando a los estados nacionales. Fundaron así Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional. En Inglaterra la clase obrera fue impermeable a la ideología marxista. En el Continente, especialmente en Alemania, el marxismo se difundió rápidamente y pronto se convirtió en la principal doctrina de los movimientos laborales. La social democracia alemana jugó un papel muy importante en la difusión y polémica del socialismo. Sus principales representantes fueron: Ferdinand Lassalle (1825-1864) quien fue el arquitecto del movimiento laboral alemán, Karl Kautsky (1854-1938) y Eduard Bernstein (1850-1932). Entre estos dos últimos autores hubo grandes polémicas relacionadas con la conciliación de la teoría marxista con la participación de los socialistas en las actividades nacionales de los países burgueses.  Estas discrepancias dieron lugar a los que se conoce con el nombre de revisionismo. Entre estos dos importantes pensadores se desarrolló una agria polémica, el revisionismo conmovió  las bases del Partido alemán. Las tesis de Bernstein fueron derrotadas en 1903, pero el revisionismo impregnó al Partido, en especial a sus líderes sindicales y parlamentarios. Cuando estalló la Gran Guerra casi la totalidad de los líderes socialistas apoyaron a sus respectivos gobiernos, poniendo así fin a sus pretensiones internacionalistas.
La Primera Internacional generó una variedad de movimientos socialistas en toda Europa, y pronto se hizo evidente que el movimiento internacional ya no podría ser controlado por un solo centro directivo. Después de eso la disolución de la Primera Internacional en 1876, Marx y Engels permanecieron como figuras paternales cuyo consejo era solicitado; pero ellos ya no podían dirigir el movimiento. La historia del socialismo se convirtió entonces en movimientos nacionales separados, que solo con un reconocimiento ceremonial de la ortodoxa marxista tendieron cada vez más hacia una línea revisionista y no revolucionaria. Tal vez por eso, a inicios del siglo XX el socialismo ya era una fuerza parlamentaria poderosa en la mayoría de los países europeos. La excepción fue Rusia donde la autocracia zarista aún se mantenía. Pero permanecían minorías de izquierda, revolucionarias ortodoxas.
La Segunda Internacional estaba dominada por el partido alemán que mantenían la retórica marxista tradicional y eran inflexibles contra la propuesta de apoyar la participación socialista en los gobiernos burgueses. Para el momento esta posición no era realista, claramente intransigente. Cuando el asunto se sometió a voto en el congreso de Ámsterdam de 1904, se produjo un enfrentamiento entre los alemanes u otros socialistas liderados por Jean Jaurès, quien dijo: “Detrás de la inflexibilidad de las formulas teóricas de su excelente camarada Kautsky le proveerá hasta el fin de sus días, ustedes esconden… su incapacidad para actuar”. Sin embargo, cuando estalló la guerra la mayoría de los componentes nacionales del partido abandonaron la idea de la solidaridad internacional de la clase obrero: los obreros, después de todo, tenían una patria.
Como vimos los bolcheviques habían tomado el poder en octubre  de 1917 y sostenían la creencia de que la revolución se difundiría por el resto de Europa. Con el tiempo las tesis de Bernstein se han ido imponiendo; sostenía en su obra Socialismo Evolucionario (1899) que el partido debería abandonar el bagaje revolucionario y reconocer teóricamente lo que ya había aceptado en la práctica, es decir, que Alemania no tenía por qué atravesar convulsiones revolucionarias con el fin de alcanzar los objetivos socialistas. Estas tesis fueron gravemente discutidas y dieron lugar a severas acusaciones y condenas. Finalmente, la socialdemocracia alemana, desde 1951 dejó de mencionar la lucha de clases y otros elementos marxistas tradicionales. En 1959, en Bad Godesberg, el partido eliminó los últimos remanentes del marxismo, el nombre de Marx y las palabras “clases” y “lucha de clases” no aparecen en el programa que se hizo. El partido apoyaba la tesis de: tanta competencia como sea posible y tanta planificación como sea necesaria. La “economía mixta” fue vista como un ideal. Y ya para 1969, bajo el liderazgo de Willy Brandt, el partido se volvió reformista, pluralista y democrático, y hecho las bases del Estado del Bienestar.
Volvamos atrás y miremos brevemente los acontecimientos en Rusia. El padre del marxismo ruso fue Gregory Plejanov quien, conforme con Marx sostenía que la revolución burguesa era inevitable en Rusia en el curso del desarrollo industrial, lo que generaría una clase obrera importante, fundamental para lograr el comunismo. Pero, contra la etiqueta del marxismo alemán, Lenin (1970-1924) argumento en su panfleto qué hacer 1902 que el socialismo sólo se lograría cuando revolucionarios profesionales tuviesen éxito en movilizar a las masas obreras y campesinas, las cuales, dejadas a sí mismas no irían mas lejos de formarse una conciencia sindicalista. Se necesitaba una organización de revolucionarios militantes, disciplinada y sin compromisos para moer a las masas. Este es el origen de las tesis adoptadas por todos los comunistas según la cual el partido es la vanguardia de la revolución: nació así el vanguardismo, que no es más que un jacobinismo que hizo demasiado daño al movimiento.
Lenin y sus seguidores del Partido Social-Demócrata Ruso de Trabajadores se reunieron (ilegalmente) en Londres. Pronto se formaron dos corrientes: una, liderada por L. Martov  pseudónimo de Yuly Osipovich Tsederbaum (1873-1923), la más ortodoxa quien sostenía: “A nuestro modo de ver el partido no se limita a una organización de revolucionaros profesionales. Consiste de ellos, más toda la combinación de los elementos activos y líderes del proletariado” las dos fracciones se enfrentaron hasta su división final en 1912 en Mencheviques (minoría) y bolcheviques (mayoría) donde estaban Lenin y Trotsky.
La chispa que hizo estallar la revolución de fue un motín de  masas de campesinos descontentos por la recluta para la guerra, y se amotinaron al negase a dispararles a las multitudes civiles insurrectos. Los generales, temerosos de que el motín se propagara al frente, persuadieron alzar Nicolás de que abdicara con el fin de salvar a Rusia de la derrota. El zar abdicó el 15 de marzo y se retiró. Asumió el poder un comité de diputados de la Duma, que se autodenominó “gobierno provisional”. Su primer ministro fue Gueorgui Lvov, del  Partido Constitucional Democrático (KD o kadete, liberal). Renunció a su cargo el 20 de julio de 1917 tras recibir de sus ministros socialistas una lista de principios generales que debían dar pie a un programa de reformas políticas y que se basaba en las resoluciones del Primer Congreso Nacional de los Soviets (Consejos). Demasiado radical para Lvov, este rechazó la propuesta y dimitió. Lvov rechazaba subordinar el gobierno a las decisiones del Sóviet de Petrogrado, aplicar el programa de reforma agraria del ministro social revolucionario de Agricultura, Víctor Chernov, disolver la Duma Imperial de Rusia o proclamar la república.

Nota LB: Descubrimos a Daniele Panebarco (*) muy a principios de los ochenta, cuando la curiosidad nos llevaba a adquirir revistas como “El Viejo Topo”, “Debate” y otra de probable origen paraguayo, cuyo nombre no recuerdamos. Precisamente, en “Debate”, en una de las tres ediciones que conservaba y, como siempre, un préstamo que jamás nos devolvieron (¿Vladimir Bolívar?), traía las ingeniosas ilustraciones de la italiana. Removiendo papeles en diciembre de 2007, hallé de nuevo las fotocopias (creo que la hice circular entre contados amigos de la universidad). E, incluso, fallida anécdota, en una reunión que se hizo fastidiosa en la sede de la Coordinadora Democratica, enseñé el juego de copias a un conocido de Bandera Rojas, quizá a Armando Díaz, a quien no le hizo demasiada gracia (las cargaba al intentar salvarlas digitalizándolas, cosa que no hice finalmente). Ahora, por sugerencia de otro amigo, “pdfeo” las aventuras del piccolo, complementándola con otras ilustraciones, escasas en la red de redes. Digamos, que se trata de una “edición” destinada a muy contados y cercanos internautas, pues, inadvertidamente, influyó la Panebarco un poco más de lo que creemos en nuestra visión de algunas cosas, colándose en nuestro siempre imperfecto y modesto sentido de la ironía. Valga acotar que no pretendemos ridiculizar a los personajes históricos, ni asumir postura política alguna al compartir las ilustraciones. Teniendo una determinada convicción ideológica, celebramos por siempre el humor ajeno, porque el nuestro es escaso o carente de talento. Ojalá sirva de ocasión para intercambiar otras versiones semejantes, sean o no de Daniele Panebarco.
(18/03/08): https://www.facebook.com/profile.php?id=1070325318&sk=photos&collection_token=1070325318%3A2305272732%3A69&set=a.1009557553784.2534.1070325318&type=3

PANEBARCO 2/10

EL NACIONAL, Caracas, 8 de agosto de 2014
De Marx a los bolcheviques: Un Reader’s Digest (y II)
Héctor Silva Michelena

Aleksandr Kérenski que había sucedido a Gueorgui Lvov, del Partido Constitucional Democrático (KD o kadete, liberal) actuó como el segundo y último primer ministro del Gobierno provisional instaurado tras la Revolución de Febrero, del cual era su figura principal, fue capaz de hacer fracasar el golpe del general Lavr Kornílov, pero no pudo evitar la Revolución de Octubre en la que los bolcheviques tomaron el poder. Estos primeros Gobiernos realizaron una amplia labor de reforma política, pero no resolvieron los problemas más importantes para la población: el fin de la guerra, la reforma agraria, los cambios en las condiciones de los obreros urbanos y las aspiraciones de las minorías. Kerenski liberó de la cárcel a los bolcheviques que habían participado en el golpe de Kornilov, y les proporcionó armas. Durante los siete meses del “gobierno provisional”, existió en Rusia un “poder dual”, ya que los soviets de Petrogrado (San Petersburgo) y Moscú, muy poderosos, incitaban a la subversión.
En las elecciones a los soviets celebradas el mes siguiente, los bolcheviques obtuvieron resultados impresionantes, lo que indicó a Lenin que había llegado el momento del golpe decisivo, y así fue. La  decisión de tomar el poder se decidió en una reunión clandestina celebrada la noche del 23 al 24 de octubre de 1917. El golpe tuvo lugar el 7 noviembre  (calendario gregoriano adoptado en 1918), que corresponde al 25 de octubre, según el calendario juliano, vigente en esa época. Cuando los bolcheviques se estaban preparando para asaltar el Palacio de Invierno, sede del Gobierno provisional, en el Palacio Smolny comenzaron las sesiones del Segundo Congreso de los Sóviets de los Representantes de Obreros y Soldados de Rusia. Del total de 670 delegados, 300 eran bolcheviques y unos 100 miembros del partido social-revolucionario de izquierda que también estaban a favor de derrocar al Gobierno provisional. Los demás delegados insistían en calificar de ilegítimo el asalto al Palacio de Invierno.
Lev Trotski dijo que eran “penosos individuos aislados” y les instó a marchar al “basurero de la historia”. Los que no estaban a favor de los bolcheviques abandonaron el Palacio Smolny. Unos cuantos días atrás, Lenin había lanzado su famosa consigna: “Todo el poder a los soviets”, que penetró rápidamente en los soviets urbanos de San Petersburgo (Petrogrado) y Moscú. Fue el soviet de San Petersburgo el que dio a Trotski  el instrumento militar con el cual fue capaz de derribar el gobierno provisional, instalado en el Palacio de Invierno.
Cuando los bolcheviques se estaban preparando para asaltar el Palacio de Invierno, sede del Gobierno provisional, en el Palacio Smolny comenzaron las sesiones del Segundo Congreso de los Sóviets de los Representantes de Obreros y Soldados de Rusia. Del total de 670 delegados, 300 eran bolcheviques y unos 100 miembros del partido social-revolucionario de izquierda que también estaban a favor de derrocar al Gobierno provisional. Los demás delegados insistían en calificar de ilegítimo el asalto al Palacio de Invierno. Lev Trotski dijo que eran “penosos individuos aislados” y les instó a marchar al “basurero de la historia”. Los que no estaban a favor de los bolcheviques abandonaron el Palacio Smolny.
Lenin proclamó el triunfo de la revolución. El congreso aprobó un mensaje a todos los ciudadanos de Rusia en el que se anunciaba la caída del Gobierno provisional y la toma del poder por el sóviet de comisarios del pueblo. Lenin fue elegido su presidente, Trotski encabezó la comisaría de relaciones exteriores y Iósif Dzhugashvili, el nombre real de Stalin, se ocupó de las minorías étnicas.
Los bolcheviques estaban convencidos de que, con la toma del poder, la revolución se difundiría rápidamente por toda Europa. Lenin siempre tuvo una perspectiva internacionalista; para ese entonces, no aceptada la tesis de “la revolución en un solo país”. Karl Marx había sentenciado: “Es imposible la revolución en un solo país”. Y Engels, todavía más enfático: “La emancipación del proletariado no será posible más que como un acto internacional”. Cuando Lenin constató que la gran mayoría de los líderes socialistas habían apoyado a sus gobiernos nacionales en 1914, cuando estalló la Gran Guerra, los denunció como traidores a la causa y dedicó sus fuerzas a echar las bases de una nueva organización de revolucionarios socialistas. Después de apoderarse del poder, los bolcheviques  resolvieron crear una Tercera Internacional. Cuando los delegados concurrentes se reunieron en Moscú en 1919, un levantamiento revolucionario en Berlín había sido aplastado, y sus líderes asesinados. Pero la gran mayoría de la clase obrera alemana quería, con toda evidencia, darle una oportunidad  al liderazgo social demócrata de crear una nueva República alemana. Empero,  para los líderes rusos todavía se avistaba cercana la revolución mundial.
Los bolcheviques formaron, de esta manera, la llamada Internacional Comunista, o Comintern, que se reunió en Moscú en julio de 1920; ya no se trataba de una reducida reunión de individuos o de representantes de pequeñas sectas, sino de un congreso de delegaciones provenientes de más de una docena de los mayores Partidos Comunistas europeos. Como resultado de esta reunión, se le entregó a los bolcheviques el control  de la nueva Internacional, que rompió definitivamente con el movimiento socialista, a quienes acusaron de “social patriotas”,  un herejía antimarxista. El Comintern quedó bajo la férula de los líderes rusos que exigían disciplina y obediencia revolucionaria. Hacia 1923, la tan esperada marea revolucionaria en Europa nunca se desarrolló. Más bien, Europa entró en una fase de relativa estabilidad económica y social. Después de la muerte de Lenin en 1924, los bolcheviques, bajo Stalin, comenzaron a utilizar los partidos sobre los cuales todavía ejercían un cierto dominio como instrumentos de la política exterior rusa. Aunque un líder de la talla de Trotski todavía creía (y murió creyendo) que la revolución mundial estaba en la agenda del Partido, su fe ya no era compartida por la mayoría del liderazgo ruso.
En el período de entre guerra se produce la ruptura total y agresiva de socialistas y comunistas. Los comunistas denunciaron por el mundo entero a los socialistas como “traidores sociales” que “objetivamente” estimulaban el sostenimiento del capitalismo. Los acusaron de haber repudiado el marxismo y traicionaron al socialismo internacional. Los socialistas replicaron enérgicamente demostrando los hechos dictatoriales del Estado soviético y acusaron a los comunistas de haber traicionado la tradición democrática socialista. El movimiento socialista europeo quedo irremediablemente dividido. La oposición fue tan agria que en las elecciones de 1932, los nazis ganaron el 33 por ciento de los votos, más que cualquier otro partido. En enero de 1933, Hitler fue nombrado canciller con el apoyo de los comunistas, al partido nazi (los socialistas se opusieron). Los comunistas esperaban que la victoria nazi sería solo temporal y que, después las masas alemanas los seguirían a ellos. Su grito de batalla era: “Después de los nazis, nosotros”. El resultado final fue el desastre: tanto comunistas como socialistas fueron duramente perseguidos por los nazis, que habían ayudado al ascenso del fascismo.
Ahora nos preguntamos ¿cuál es el carácter del PSUV? Aplicando la frase de la Biblia: “Por sus obras los conocerías” (Mt 7,15-20). Ciertamente, los primeros siete años del gobierno de Chávez no definieron nunca con claridad el carácter de su “revolución bolivariana”, más bien hubo muchos vaivenes en el modelo económico, y la economía fue sometida a la política bajo el mando de Chávez pues la consolidación del poder político fue la guía de su gestión, y para eso ajustaba en una u otra forma el modelo económico. La pretensión de un Estado socialista se dibuja, al fin, después de muchas indefiniciones y esperas en el proyecto de reforma constitucional sometido a Referendo en diciembre de 2007 y derrotado. En el artículo 112 del citado proyecto se planteaba que, el Estado promovería una economía productiva, independiente, diversificada, fundada en valores humanísticos y la preponderancia de los intereses comunes sobre los individuales, todo ello con el objeto de crear las mejores condiciones para la construcción de una economía socialista. La propuesta fue derrotada en Referéndum, sin embargo, la propuesta fue introducida mediante leyes habilitantes y una enmienda constitucional aprobada en referéndum de 2009.
Se desarrolló entonces una estructura económica caracterizada por un capitalismo de Estado muy importante, una decreciente economía privada y un pequeño de economía social, que se aspiraba a extender. Así en su programa de gobierno presentado al CNE el 11 de junio de 2012 para las elecciones del 7 de octubre de ese año, titulado “Plan de la Patria”. Programa del Gobierno Bolivariano 2012-2019. Planteada una “radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso”. “para avanzar hacia el socialismo necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana”. Un párrafo importante es el siguiente: “La consolidación y el acompañamiento del Poder popular en el periodo 2013-2019 afianzaran la conformación de tres mil Comunas Socialistas, considerando un crecimiento anual aproximado de 450 Comunas, de acuerdo a las características demográficas de los ejes de desarrollo territorial. Esta Comunas agruparan 39.000 Consejos Comunales donde harán vida 4.680.000 familias, lo que representa 21.060.000 de ciudadanos. Es decir, que alrededor de 68% de los venezolanos en el años 2019 (30.550.479) vivirán en subsistemas de Comunas”. Finalmente, digamos que su última gran divisa política fue: ¡Comuna o nada! De esta manera Chávez trazo los rasgos de la Revolución Socialista Bolivariana.
Quedaban así definidos un Poder Público y un Pode Comunal. En la realidad, el Poder Público exacerbó su presencia  e introdujo una maraña irrespirable de controles en toda la vida económica y social, que ataron el movimiento progresivo de la economía y la llevaron al profundo agujero económico en que hoy nos encontramos.
Celebrado el III Congreso del PSUV del 26 al 29 de julio de 2014, y entregado los documentos el 30 de julio a Nicolás Madura en el suntuoso Cuartel de la Montaña (tomado del poema de Neruda dedicado a Bolívar), se produjeron 32 resoluciones que el articulista de Aporrea Yuri Valecillo tituló adecuadamente, de “Infusiones para dormir”, no atacaron nada especial. Sin embargo, propusieron “transformar el partido en poderosa herramienta de lucha para superar la pobreza. Generar desde el Partido, en unos perfecta con el Gobierno Bolivariano, la estrategia de lucha”. También aprobaron “asumir plenamente, desde la practica revolucionaria el carácter cívico-militar  de la Revolución Bolivariana Socialista”.
Es decir, se actuó con un típico partido marxista –leninista: una organización vanguardista, vertical, y en este caso unida a una oligarquía militar obcecada por la “enfermedad infantil del comunismo” (Lenin). Esta oligarquía es la verdadera dueña del poder. En conclusión, no se admitió que la crisis económica fue generada por las políticas tomadas y practicadas por el tándem Giordani/Chávez. No comprendieron que los profundos desequilibrios económicos son un signo claro del fracaso total del modelo diseñado por el “líder Eterno y presidente fundador” del Partido.
El Buró Político del PSUV (en verdad comunistas), en especial Maduro, Cabello y Jorge Rodríguez ignoraron que la historia ya había sentenciado el colapso del comunismo. Lean: 
El ocho de diciembre de 1991 los líderes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, ex repúblicas de la URSS de población eslava, se reunieron en el coto natural de Belovézhskaya Puscha para firmar un acuerdo que pusiera fin a la Unión Soviética y establecer la Comunidad de Estados Independientes (CEI), inicialmente percibida por muchos habitantes de la URSS como el mismo perro con distinto collar.
Pero muy pronto se dieron cuenta de que no era así. El veinte de diciembre el jefe de un Estado que ya no existía, Mijaíl Gorbachov, renunció a la Presidencia de la Unión Soviética y declaró la disolución de la misma. Inmediatamente después Gorbachov firmó un decreto por el que traspasaba el botón nuclear al jefe de las fuerzas armadas de la CEI, mariscal Yevgueny Sháposhinikov, ex ministro de defensa de la URSS. La entelequia creada por Marx quedo al desnudo: era una ilusión. Al tratar de imponerla por la fuerza, se convirtió en represión, crimen y terror.

miércoles, 21 de agosto de 2013

MAGNICIDIO, CIERTAMENTE

EL NACIONAL - Miércoles 21 de Agosto de 2013     Opinión/6
Albert Camus no fue al paraíso
Lo que fuera considerado en 1960 un accidente mortal había sido, en el fondo, un asesinato político. Camus pagaba así su condena de la invasión soviética a Hungría
HÉCTOR SILVA MICHELENA

A hora se rumora que Albert Camus podría haber muerto a manos de los servicios secretos de la Unión Soviética; así, el accidente donde el Facel-Vega en que viajaba se estrella espectacularmente contra un árbol podría haber sido provocado por el KGB. Bueno, nada de que extrañarse, asesinar oponentes es algo que los comunistas han hecho y continúan haciendo muy bien, no olvidar al presente a China, a Corea del Norte y, claro, a Cuba; viejo y eficiente oficio de los camaradas en cualquier tiempo y latitud.

Los rumores sobre una muerte provocada se recogen en "¿Fue Albert Camus asesinado por el KGB?", del escritor cubano Antonio José Ponte (del Diario de Cuba digital, Madrid) publicado en El País (5-11-11) basado a su vez en un artículo aparecido en Corriere della Sera (11-8-11), apuntan a que, presumiblemente, los camaradas vengaban de ese modo la condena que hiciera Camus de la invasión soviética a Hungría y su apoyo al escritor ruso disidente Boris Pasternak para que obtuviera el Nobel. El cañón de la izquierda intelectual parisina apuntó a Camus.
Y es que Camus, nacido el 7 de noviembre de 1913 en Mondovi, Argelia, y muerto el 4 de enero de 1960 en Villeblevin, Francia, desarrolló una carrera literaria en la defensa de un humanismo fundado en la conciencia del absurdo de la condición humana. Ganador del Nobel 1957, precisamente por "el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy", no podía ser ajeno a los avatares de un escritor disidente como Pasternak y, por supuesto, al abuso soviético invadiendo a una pequeña Hungría que clamaba ¡libertad! El escritor sabía muy bien de qué se trataba, pues muy joven conoció en Orán y Argel no sólo el cine, el teatro y el fútbol sino también el comunismo, y se entusiasmó con el tema social hasta ingresar en el Partido Comunista de Argelia, 1935-1936, cuando la Internacional de los camaradas apoyaba a los primeros movimientos independentistas; al ser abandonados, Camus se separó del partido para iniciar su propia andadura, primero como individuo y luego como autor. Con la publicación de El hombre rebelde, 1951, su heterodoxia frente al dogma marxista quedó clara.
A continuación copio la parte esencial del texto de A. J. Ponte (El País, 5-11-11) titulado "¿Fue Albert Camus asesinado por la KGB?": "El pasado agosto de 2011 el Corriere della Sera habló del asesinato de Albert Camus a manos de la KGB. El diario italiano citaba al eslavista Giovanni Catelli, este citaba una entrada de los diarios del checo Jan Zabrana y su encuentro con alguien próximo a la inteligencia soviética. Según esa versión, lo que fuera considerado en 1960 un accidente mortal de tráfico había sido, en el fondo, un asesinato político. Camus pagaba de ese modo su condena de la invasión soviética a Hungría y el apoyo ofrecido a Boris Pasternak para el Nobel".
"Escuché algo sumamente extraño de boca de un hombre que sabía muchas cosas y contaba con fuentes bien informadas", anotó Zabrana en su diario. Aquel hombre confesó que el accidente automovilístico había sido orquestado desde Moscú. Ofreció detalles de la operación (un artefacto segó el neumático que giraba a alta velocidad) y del procedimiento: la orden venía del propio ministro de Exteriores, Shepílov, a quien Camus había acusado de las muertes ocurridas en Hungría.
Zabrana no dejó pistas acerca de la identidad del confidente. Su viuda (él murió en 1984) se inclina por dos candidatos: un checo estadounidense de Waterloo y un canadiense. De ellos, solamente vive el segundo, que evitó comentar la noticia. ¿Dudaba? Ad orbis non veritas.
No sabemos si efectivamente la KGB mató o no a Albert Camus, pero, lo que sí sabemos es que Camus era el tipo de persona que la KGB solía matar, prototipo de su novela El extranjero, 1942, de los que también murieron por millones en los gulags y paredones en la URSS, China, Corea del Norte y Cuba, los más despiadados en la escabechina.

EL PAÍS, Madrid, 5 de noviembre de 2011
Tribuna:LA CUARTA PÁGINA
¿Fue Albert Camus asesinado por el KGB?
Los diarios del checo Jan Zabrana recogen que el accidente automovilístico en el que murió en 1960 el premio Nobel francés fue orquestado desde Moscú por su condena a la invasión de Hungría
ANTONIO JOSÉ PONTE 

El pasado agosto el Corriere della Sera habló del asesinato de Albert Camus a manos de la KGB. El diario italiano citaba al eslavista Giovanni Catelli, este citaba una entrada de los diarios del checo Jan Zabrana, y Zabrana, su encuentro con alguien próximo a la inteligencia soviética. Según esa versión, lo que fuera considerado en 1960 un accidente mortal de tráfico había sido, en el fondo, un asesinato político. Camus pagaba de ese modo su condena de la invasión soviética a Hungría y el apoyo ofrecido a Boris Pasternak para el Nobel.
"Escuché algo sumamente extraño de boca de un hombre que sabía muchas cosas y contaba con fuentes bien informadas", anotó Zabrana en su diario. Aquel hombre confesó que el accidente automovilístico había sido orquestado desde Moscú. Ofreció detalles de la operación (un artefacto segó el neumático que giraba a alta velocidad) y del procedimiento: la orden venía del propio ministro de Exteriores, Shepílov, a quien Camus había acusado de las muertes ocurridas en Hungría. (Acerca de la URSS, Camus escribió en otra ocasión: "Que ese régimen concentracionario sea adorado como el instrumento de la liberación y como escuela de la felicidad futura..., eso es lo que combatiré hasta el fin").
Camus murió en el acto, el cráneo fracturado y el cuello roto. La carretera era recta en aquel tramo
La edición en español de los diarios de Zabrana recoge solo una décima parte del original checo
Zabrana no dejó pistas acerca de la identidad del confidente. Su viuda (él murió en 1984) se inclina por dos candidatos: un checoestadounidense profesor de literatura rusa en la Universidad de Cornell y un profesor checo en la Universidad canadiense de Waterloo. De ellos, solamente vive el segundo, que evitó comentar la noticia.
Ganador del Nobel de Literatura en 1957, Albert Camus compró con dinero del premio un antiguo criadero de gusanos de seda en Lourmarin, en la Provenza. Hizo obras en el edificio, recorrió los anticuarios locales hasta conseguir amueblarlo del todo, mandó traer un piano de París. Convirtió el granero en despacho, y prometió al anterior propietario que cuidaría de los olivos del jardín. A los 45 años de edad comentó a unos amigos: "Por fin he encontrado el cementerio donde seré enterrado".
En esa casa, acompañado de su esposa y de sus hijos gemelos, celebró la Nochevieja de 1959. Camino de París llegaron los Gallimard (de la familia de su editor) que le eran más cercanos: Michel, su mujer Janine, Anne, un perro. Y a la hora de marcharse él hizo subir al tren a su esposa e hijos, y decidió hacer el viaje con los Gallimard.
Michel condujo su Facel-Vega, Janine cedió el puesto de copiloto a Camus. Viajaron sin prisas: visitaron a unos amigos, comieron en Orange. Cenaron en una hospedería cerca de Mâcon, donde brindaron por el nuevo año y por los 18 años recién cumplidos de Anne. Al día siguiente, después de una comida ligera en Sens, retomaron el viaje. En las proximidades de Villeblevin, un pueblito del departamento de Yonne, el Facel-Vega se salió de la carretera de un bandazo, chocó contra un plátano, rebotó contra otro árbol y se hizo pedazos.
Michel Gallimard falleció a los cinco días. Su mujer y su hija salieron indemnes. Del perro no se tuvo más noticia. Camus murió en el acto, el cráneo fracturado y el cuello roto. En uno de sus bolsillos fue encontrado el billete de vuelta a París que no utilizaría. En el maletero del coche, el manuscrito inconcluso de la novela El primer hombre, publicada décadas más tarde por su hija.
La carretera era recta en aquel tramo. Los peritos hablaron de bloqueo de una rueda y de rotura de un eje. El médico personal de Camus llegó a reconocer que el estado de sus pulmones no le habría permitido hacerse viejo. A la luz del viaje tan casual que hiciera con los Gallimard y del zigzagueante retorno a París podría desestimarse la hipótesis del asesinato político. Aunque más casual y zigzagueante podían mostrarse los servicios secretos soviéticos.
Consultado acerca del asesinato, el biógrafo Olivier Todd se resistió a aceptar tal hipótesis. Sus investigaciones en los archivos secretos soviéticos no arrojaron indicio alguno que pudiese alentarla. Y, si bien un informe enviado por el Partido Comunista Argelino al Partido Comunista Francés y de allí a Moscú consignaba: "Hay que proceder a algunas depuraciones de agentes provocadores troskistas como Camus", ese informe estaba fechado en 1937.
Todd reconoció, sin embargo, que los fondos examinados por él mostraban cómo Moscú utilizaba a los checos para los trabajos sucios. (Quizás el interlocutor de Jan Zabrana sabía de qué hablaba). Aunque Praga era, además de campamento de reclutaciones, gran mentidero de la guerra fría. Y por la ciudad pululaban sospechas (bastante descabelladas algunas) que apuntaban a Moscú igual que, tres siglos antes, en torno a la derrota de la Montaña Blanca, cundieron fantásticos rumores en contra del catolicismo.
Jan Zabrana era lector de libros prohibidos, radioyente clandestino de emisoras occidentales. Reconstruía detectivescamente cuanto ocurría en el mundo. El 31 de diciembre de 1973 anotó: "Anteayer se publicó en París el nuevo libro de Solzhenitzin, el Archipiélago Gulag. ¿Una novela? ¿Un reportaje? Hasta ahora no sé nada más. El acrónimo Gulag lo conozco del epílogo de El doctor Zhivago".
Narrador y poeta, la prohibición de publicar sus textos le dejó como única salida la traducción literaria. Tradujo de los dos principales idiomas contendientes de la guerra fría: a Pasternak y Mandelstam, a Ginsberg y Plath. Su único delito consistía en descender de políticos socialdemócratas. Sus padres fueron encarcelados al llegar los comunistas al poder, y la casa familiar terminó expropiada. Él tuvo cerrado el acceso a los estudios superiores (ni siquiera en seminarios teológicos consiguió estudiar) y, recluido en el país bajo restricciones de libros y de ideas, cada dato lejano que obtenía tuvo que resultarle precioso.
En sus diarios calibra las equivocaciones políticas de Pound y Sartre y Ginsberg y Eluard y Evtushenko: practica una entomología no reducida a los ejemplos locales. Así, anota nombres de escritores cubanos encarcelados por el régimen castrista o lamenta que no llegue de una vez la desaparición de Franco. Esas notas versan también sobre el oficio de traductor, la perversión política de la lengua, el envejecimiento y la muerte. Son páginas excelentes, que lo colocan entre los grandes escritores de diarios del pasado siglo. ("A partir de los 45 me paso la vida escribiéndole a alguna gente para contarles cuánto los quiero. Y no es porque los quiera, es para que no me maten", apuntó. A la misma edad en que Camus dijo encontrar su cementerio, él tuvo también cálculos de muerte).
La edición en español de estos diarios -Toda una vida, Melusina, 2010- constituye solamente una décima parte del original checo. Coincide en selección con las ediciones italiana y francesa, y ninguna de ellas incluye la referencia al asesinato de Camus. Tan extraña decisión editorial, la de dejar fuera de los extractos traducidos una noticia así, permite suponer cuánto de apasionante habrá quedado inalcanzable para quien no lea checo.
El final de Albert Camus como ajuste de cuentas remite a unas páginas más imposibles todavía. No por escritas en checo, sino por inescritas: las que habría compuesto Leonardo Sciascia, precisamente colaborador del Corriere della Sera, con todo este asunto. Sciascia, que dedicó un volumen al secuestro y asesinato de Aldo Moro, que investigó los pormenores del suicidio de Raymond Roussel y la desaparición del físico Ettore Majorana, ¡qué bien se habría ocupado de los detalles automovilísticos de la muerte de Camus, de los rumores del espionaje soviético en Praga, de las suposiciones de la viuda de Zabrana y del silencio guardado por ese profesor que aún queda vivo!
(*) Antonio José Ponte es escritor y vicedirector del Diario de Cuba.