El Nacional, Caracas, 25/07/1996.
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sábado, 14 de julio de 2018
domingo, 1 de abril de 2018
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Rubén Ferrer Rosas. "1910-1968: Manuel García Conde, un gran sacerdote que consagró su vida a Maturín". El Nacional, Caracas, 27/10/1968.
- Omar Alberto Pérez. "Guzmán Blanco y los límites guayaneses". El Nacional, 28/02/82.
- Fidel Castro: "Cumpliremos la zafra". Deslinde, Caracas, 15 al 30/04/70.
- Hugo Briceño Salas. "La universidad y el país". La Esfera, Caracas, 02/06/66.
- Carlos Canache Mata. "Alejandro Otero en Italia". El Nacional, 08/10/77.
lunes, 4 de septiembre de 2017
NOTICIERO RETROSPECTIVO
-- Alberto Sato. "Cipriano Domínguez: Un constructor de hitos para Caracas". Arquitectura Hoy / Economía Hoy, Caracas, 04/02/1995.
- Luis Arturo Domínguez. "Folklore del estado Falcón". El Nacional, 02/05/48.
- Miguel Acosta Saignes. "Corpus: Primer diablo de Guacara". Shell, Caracas, nr. 18 de 03/56.
- C. Montiel Molero. "El adjetivo maracucho en el Diccionario de la Real Academia Española". El Nacional, Caracas, 22/10/65.
- Francisco N. Tenora. "El descubrimiento de Vraz: La aluciante Guayana de fines del siglo XIX". El Farol, Caracas, nr. 153 de 08/54.
Reproducción: Pedro Bargalló. Vista hacia la esquina de Capitolio, Caracas. Élite, Caracas, 1961.
- Luis Arturo Domínguez. "Folklore del estado Falcón". El Nacional, 02/05/48.
- Miguel Acosta Saignes. "Corpus: Primer diablo de Guacara". Shell, Caracas, nr. 18 de 03/56.
- C. Montiel Molero. "El adjetivo maracucho en el Diccionario de la Real Academia Española". El Nacional, Caracas, 22/10/65.
- Francisco N. Tenora. "El descubrimiento de Vraz: La aluciante Guayana de fines del siglo XIX". El Farol, Caracas, nr. 153 de 08/54.
Reproducción: Pedro Bargalló. Vista hacia la esquina de Capitolio, Caracas. Élite, Caracas, 1961.
miércoles, 13 de agosto de 2014
PLOMO, GAS DEL BUENO Y RERESIÓN
La sovietización de Guayana
Trino Márquez
Damián Prat, periodista del Correo del Caroní, se convirtió en un investigador implacable de los desmanes cometidos por los rojos en las empresas de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). En sus denuncias abundan datos acerca del saqueo que han perpetrado, las volteretas que han dado para destruir la gerencia y la meritocracia que ese emporio industrial formó durante más de cuatro décadas, la improvisación que domina y la forma como el PSUV, ni siquiera el Gobierno o el Estado, se adueñó de las quince empresas que conforman el conglomerado. Sus estudios son rigurosos. Ampliamente documentados. Al régimen no le ha quedado más camino que rumiar su indignación y amenazar al periodista. No puede rebatirlo. Las cifras son elocuentes e irrefutables.
Cuando el Comandante asumió el poder, la mayoría de esas empresas producían ganancias, algunas muy modestas, pero, al menos, no generaban pérdidas al Fisco. Sus balances estaban impresos en tinta negra. Tres lustros más tarde, los números son rojos. En la CVG el régimen ha realizado los experimentos más lunáticos. El primer Presidente que tuvo fue Carlos Lanz, un señor que no sabía distinguir entre una barra de aluminio y un balón de futbol; además, estaba intoxicado por las tesis comunistas de Marx, Mao Zedong y Ernesto Guevara. Su propósito inicial se dirigió a acabar con la “división capitalista del trabajo” –basada en las jerarquías y la especialización de la fuerza laboral- para sustituirla por la “división socialista del trabajo” –fundada en la horizontalidad y movilidad de los trabajadores-, de acuerdo con el esquema que trataron de imponer Mao y Guevara en China y Cuba, respectivamente. El resultado fue desastroso. Se rompieron las líneas de mando, indispensables para mantener la producción y las altas tasas de productividad que esas industrias requieren. El maoísmo de Lanz fue tan nocivo que Chávez se vio obligado a destituirlo, antes de que terminara de acabar con lo poco que quedaba.
De allí en adelante ha predominado el caos y la bancarrota. Las empresas nunca han podido recuperarse. Del maoguevarismo se pasó a la sovietización del holding industrial. El PSUV se adueñó de la CVG. La convirtió, al igual que PDVSA, en una prolongación del partido. Trato de recomponer la gerencia, pero bajo la tutela del partido rojo. El presupuesto de la agrupación y el de la CVG son la misma cosa. La “segunda independencia” nacional, proclamada por el régimen, que tenía en Guayana a uno de sus ejes, se evaporó producto de la corrupción, el sectarismo y la incompetencia. Los trabajadores de SIDOR conforman la línea de resistencia y oposición a ese modelo de destrucción.
Lo que ha ocurrido en Guayana no puede ser calificado de capitalismo de Estado o mercantilismo. Para que exista capitalismo de Estado no basta con que el sector público sea el dueño de las empresas. Esta es una condición, pero no es la única. También es necesario que esas industrias o empresas, por “básicas” que sean, respeten las leyes del mercado y trabajen de acuerdo con patrones de calidad, productividad y eficiencia comunes a cualquier negocio. En Taiwán y en Corea del Sur hubo capitalismo de Estado muy fuerte, que progresivamente fue desmantelándose. El Estado le transfirió la inmensa mayoría de sus activos al sector privado. Taiwán, por ejemplo, por razones de seguridad nacional, ha conservado los astilleros. Es su “empresa básica”, solo que trabaja con tales niveles de eficiencia y calidad, que países vecinos y empresas privadas de navegación marítima, mandan a construir grandes barcos en esos astilleros estatales.
En la CVG no se ha impuesto el capitalismo de Estado, sino el sovietismo, forma perversa de estatización que arruina las empresas porque las politiza, las partidiza y las convierte en caja chica del Gobierno y del partido oficial. Las empresas no trabajan para generar beneficios y autofinanciarse, sino que operan como un mecanismo de distribución de la renta estatal. Los sindicatos oficialistas han formado parte de la destrucción. Por fortuna, existen sindicatos opositores que se han dado cuenta de que este camino conduce a la parálisis y ruina total. Ven los ejemplos de la Mitsubishi y Helados Efe, donde los sindicatos actuaron como factores destructivos contra la clase obrera. Las lecciones en Guayana han venido acompañadas de plomo, gas del bueno y represión, única fórmula pedagógica que conocen los comunistas.
Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/20181-la-sovietizacion-de-guayana
Fotografía: http://www.theatlantic.com/infocus/2011/12/20-years-since-the-fall-of-the-soviet-union/100214/
Trino Márquez
Damián Prat, periodista del Correo del Caroní, se convirtió en un investigador implacable de los desmanes cometidos por los rojos en las empresas de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). En sus denuncias abundan datos acerca del saqueo que han perpetrado, las volteretas que han dado para destruir la gerencia y la meritocracia que ese emporio industrial formó durante más de cuatro décadas, la improvisación que domina y la forma como el PSUV, ni siquiera el Gobierno o el Estado, se adueñó de las quince empresas que conforman el conglomerado. Sus estudios son rigurosos. Ampliamente documentados. Al régimen no le ha quedado más camino que rumiar su indignación y amenazar al periodista. No puede rebatirlo. Las cifras son elocuentes e irrefutables.
Cuando el Comandante asumió el poder, la mayoría de esas empresas producían ganancias, algunas muy modestas, pero, al menos, no generaban pérdidas al Fisco. Sus balances estaban impresos en tinta negra. Tres lustros más tarde, los números son rojos. En la CVG el régimen ha realizado los experimentos más lunáticos. El primer Presidente que tuvo fue Carlos Lanz, un señor que no sabía distinguir entre una barra de aluminio y un balón de futbol; además, estaba intoxicado por las tesis comunistas de Marx, Mao Zedong y Ernesto Guevara. Su propósito inicial se dirigió a acabar con la “división capitalista del trabajo” –basada en las jerarquías y la especialización de la fuerza laboral- para sustituirla por la “división socialista del trabajo” –fundada en la horizontalidad y movilidad de los trabajadores-, de acuerdo con el esquema que trataron de imponer Mao y Guevara en China y Cuba, respectivamente. El resultado fue desastroso. Se rompieron las líneas de mando, indispensables para mantener la producción y las altas tasas de productividad que esas industrias requieren. El maoísmo de Lanz fue tan nocivo que Chávez se vio obligado a destituirlo, antes de que terminara de acabar con lo poco que quedaba.
De allí en adelante ha predominado el caos y la bancarrota. Las empresas nunca han podido recuperarse. Del maoguevarismo se pasó a la sovietización del holding industrial. El PSUV se adueñó de la CVG. La convirtió, al igual que PDVSA, en una prolongación del partido. Trato de recomponer la gerencia, pero bajo la tutela del partido rojo. El presupuesto de la agrupación y el de la CVG son la misma cosa. La “segunda independencia” nacional, proclamada por el régimen, que tenía en Guayana a uno de sus ejes, se evaporó producto de la corrupción, el sectarismo y la incompetencia. Los trabajadores de SIDOR conforman la línea de resistencia y oposición a ese modelo de destrucción.
Lo que ha ocurrido en Guayana no puede ser calificado de capitalismo de Estado o mercantilismo. Para que exista capitalismo de Estado no basta con que el sector público sea el dueño de las empresas. Esta es una condición, pero no es la única. También es necesario que esas industrias o empresas, por “básicas” que sean, respeten las leyes del mercado y trabajen de acuerdo con patrones de calidad, productividad y eficiencia comunes a cualquier negocio. En Taiwán y en Corea del Sur hubo capitalismo de Estado muy fuerte, que progresivamente fue desmantelándose. El Estado le transfirió la inmensa mayoría de sus activos al sector privado. Taiwán, por ejemplo, por razones de seguridad nacional, ha conservado los astilleros. Es su “empresa básica”, solo que trabaja con tales niveles de eficiencia y calidad, que países vecinos y empresas privadas de navegación marítima, mandan a construir grandes barcos en esos astilleros estatales.
En la CVG no se ha impuesto el capitalismo de Estado, sino el sovietismo, forma perversa de estatización que arruina las empresas porque las politiza, las partidiza y las convierte en caja chica del Gobierno y del partido oficial. Las empresas no trabajan para generar beneficios y autofinanciarse, sino que operan como un mecanismo de distribución de la renta estatal. Los sindicatos oficialistas han formado parte de la destrucción. Por fortuna, existen sindicatos opositores que se han dado cuenta de que este camino conduce a la parálisis y ruina total. Ven los ejemplos de la Mitsubishi y Helados Efe, donde los sindicatos actuaron como factores destructivos contra la clase obrera. Las lecciones en Guayana han venido acompañadas de plomo, gas del bueno y represión, única fórmula pedagógica que conocen los comunistas.
Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/20181-la-sovietizacion-de-guayana
Fotografía: http://www.theatlantic.com/infocus/2011/12/20-years-since-the-fall-of-the-soviet-union/100214/
lunes, 21 de octubre de 2013
LA CORRUPCIÓN DESINDUSTRIALIZADORA
Del milagro al revés
Luis Barragán
Vilmente asesinado un dirigente sindical guayanés, nos sorprendió un año atrás el parlamentario oficialista que lo dijo como una mera expresión de la lucha de clases. Partícipe de un conversatorio con los líderes obreros en Puerto Ordaz, quizá mes y medio atrás, nos consternó el diagnóstico de las empresas básicas, al igual que el testimonio sobre la represión oficial que pasea las tanquetas en ellas.
Damián Prat es una referencia importante para conocer la catástrofe al sur del país: “Guayana: el milagro al revés. El fin de la soberanía productiva” (Editorial Alfa, Caracas, 2012). Cumple un periplo que asombra sobre la CVG, Alcasar, Sidor, Tavsa, Venalum, Bauxilum, Carbonorca, Ferrominera, hasta hurgar la crisis eléctrica, dar cuenta del mito estatista y proponer un nuevo Plan de Guayana.
A nuestro juicio, no cabe duda alguna del inmenso esfuerzo desindustrializador de década y media que, en nombre del supuesto ejercicio de soberanía, partió del asalto que hizo el gobierno nacional de unas empresas ahora estratégicamente reveladoras del nuevo papel de Venezuela en la división internacional de trabajo. Por ello, compartimos la idea de reidustrializarnos urgentemente,sin afanarnos en “inventar el agua tibia”, como en grandes trazos sugiere el autor en veintidós puntos, al finalizar la obra.
Imposible de olvidar, Guayana se ha convertido en el otro epicentro de la más sórdida corrupción y violencia, pulverizada como nunca antes. A la evidente vocación anti-obrera del poder central, se suma el desprecio galopante por la vida humana, provocando una mayor descomposición moral, que convierte el libro mismo en un acto de audacia.
Prat, ha llevado el registro del fenómeno guayanés mediante su columna “Público&Confidencial”, desarrollando un espacio radial que – nos importa acotar – más que condensarse en el libro en cuestión, ofrece el testimonio del temple y el coraje de quien está consciente de peligros y amenazas. Vale decir, no es un apuntador de pendejadas, sino un portador de verdades que las dice con su nombre y apellido, atemorizando así – con su nombre y apellido – al régimen.
Obra publicada a finales del año pasado, resulta de indispensable lectura. Hay razones para luchar por sustituir el actual orden de cosas, y Prat también nos las dice.
http://opinionynoticias.com/librosyautores/17099-del-milagro-al-reves
Luis Barragán
Vilmente asesinado un dirigente sindical guayanés, nos sorprendió un año atrás el parlamentario oficialista que lo dijo como una mera expresión de la lucha de clases. Partícipe de un conversatorio con los líderes obreros en Puerto Ordaz, quizá mes y medio atrás, nos consternó el diagnóstico de las empresas básicas, al igual que el testimonio sobre la represión oficial que pasea las tanquetas en ellas.
Damián Prat es una referencia importante para conocer la catástrofe al sur del país: “Guayana: el milagro al revés. El fin de la soberanía productiva” (Editorial Alfa, Caracas, 2012). Cumple un periplo que asombra sobre la CVG, Alcasar, Sidor, Tavsa, Venalum, Bauxilum, Carbonorca, Ferrominera, hasta hurgar la crisis eléctrica, dar cuenta del mito estatista y proponer un nuevo Plan de Guayana.
A nuestro juicio, no cabe duda alguna del inmenso esfuerzo desindustrializador de década y media que, en nombre del supuesto ejercicio de soberanía, partió del asalto que hizo el gobierno nacional de unas empresas ahora estratégicamente reveladoras del nuevo papel de Venezuela en la división internacional de trabajo. Por ello, compartimos la idea de reidustrializarnos urgentemente,sin afanarnos en “inventar el agua tibia”, como en grandes trazos sugiere el autor en veintidós puntos, al finalizar la obra.
Imposible de olvidar, Guayana se ha convertido en el otro epicentro de la más sórdida corrupción y violencia, pulverizada como nunca antes. A la evidente vocación anti-obrera del poder central, se suma el desprecio galopante por la vida humana, provocando una mayor descomposición moral, que convierte el libro mismo en un acto de audacia.
Prat, ha llevado el registro del fenómeno guayanés mediante su columna “Público&Confidencial”, desarrollando un espacio radial que – nos importa acotar – más que condensarse en el libro en cuestión, ofrece el testimonio del temple y el coraje de quien está consciente de peligros y amenazas. Vale decir, no es un apuntador de pendejadas, sino un portador de verdades que las dice con su nombre y apellido, atemorizando así – con su nombre y apellido – al régimen.
Obra publicada a finales del año pasado, resulta de indispensable lectura. Hay razones para luchar por sustituir el actual orden de cosas, y Prat también nos las dice.
http://opinionynoticias.com/librosyautores/17099-del-milagro-al-reves
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domingo, 12 de junio de 2011
HASTA TRANSARSE CON LA GUERRA

Lucha de clases y muerte
Luis Barragán
En la última sesión de la Asamblea Nacional, acertó Andrés Velásquez al denunciar la muerte de un dirigente sindical en Guayana, entre varios heridos, a propósito de un acto electoral u otro evento a las puertas de la Ferrominera del Orinoco. Luego, un diputado oficialista, cuyo nombre olvidamos, pretendió responderle alegándola como resultado de la lucha de clases que se libra en la región, además del sabotaje y terrorismo promovido por la oposición.
Pasa por alto tan distinguido agitador de ocasión, que es el chavezato responsable del ejercicio del gobierno venezolano y del bolivarense, por lo que no hay excusa alguna cuando no puede garantizar la vida e integridad de las personas. Por más que reclame al fallecido como militante del PSUV, el problema reside en la inadvertida circunstancia: son gobierno.
E, igualmente, llama la atención esa ligerísima apelación a la lucha de clases que, al desconocerla teóricamente, apenas se asoma como el pretexto de un marxismo decididamente ágrafo y oportunista. Y, aunque no monopoliza la consideración del conflicto de carácter histórico entre las clases, es necesario reconocer al hijo de Tréveris como uno de sus mejores formuladores.
No todo expresa la lucha de clases en los términos de Marx, ni todos pueden exigirla como beneficiarios, pues, precisamente, Hugo Chávez, el PSUV y sus acólitos de Guayana niegan absolutamente a la clase obrera. Estatización de empresas que arrojan inmensas pérdidas y corruptelas, rechazando la más pacífica y modesta solicitud de aumento del salario real y de contratación colectiva, se suma al sicariato sindical que el Estado, nada más y nada menos que el Estado que administra la legítima violencia y todos los cuerpos policiales y de inteligencia, no logra o no le interesa desmantelar, perseguir y castigar.
La lucha de clases no pasa por la agudización del resentimiento social y odios personales, y mucho menos por insolencias, improperios, infamias, descréditos. Esos artilleros del ultraizquierdismo de cafetín gubernamental, ni siquiera se pasean por existencia de las clases sociales en Veezuela – repetimos – en los términos ortodoxamente marxistas y la consciencia que le es inherente, asombrosamente desactualizados.
Sospechamos que, lejos de la clásica polarización social, la política e ideológica esconde otra realidad: la unidad y confrontación de un país plural frente a sus victimarios, esa rara alianza cívico-militar que ha confiscado el Estado y lumpenizados al resto de sus seguidores. Un artificio quizá fruto del ultrarrentismo que nos informa, capaz de celebrar la muerte, pero nunca de trascenderla.
Fuente: www.medios24.com
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