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domingo, 7 de mayo de 2017

JUEGO DE DADOS

EL MUNDO, Barcelona, 4 de mayo de 2017
 TRIBUNA
'Outsiders' y populismos en Francia
Marta Rebolledo de La Calle

De 'outsiders', populismos y movimientos. De esto va la campaña electoral francesa, campaña singular donde las haya también por su contexto debido a una confluencia de factores. Por un lado, es la primera vez en el país galo en que un presidente no se presenta a la reelección. Seguramente, el 4% de nivel de aprobación de François Hollande por parte de la ciudadanía francesa influyó en esta decisión. Por otro lado, el 30% de indecisos es un porcentaje aún más elevado respecto a anteriores citas electorales -hay que tener en cuenta que hay 3,3 millones de jóvenes con derecho a voto por primera vez; el 7,4% del cuerpo electoral-. Sin embargo, este alto número de indecisos no significa que esta campaña no suscite interés. Según una encuesta elaborada por el centro de investigación CEVIPOP de Sciences Po, un 82% de los franceses estarían interesados en estas elecciones presidenciales, de entre los cuales, el 57% se mostrarían incluso muy interesados. Los datos relativos al número de indecisos, electores primerizos e interés por este acontecimiento refuerzan la importancia y necesidad de las campañas en cuanto a captación del voto por parte de las opciones políticas.

Pero estas elecciones serán recordadas especialmente por el protagonismo de candidatos 'outsiders', el reforzamiento de los populismos y el vuelo de movimientos políticos frente a las estructuras de los partidos.

Varios candidatos se han presentado como outsiders; dos de ellos, los candidatos que se enfrentan en ballotage. Emmanuel Macron ha hecho carrera profesional fuera de la política y, si bien ocupó la cartera de Economía en el Gobierno Hollande, permaneció sólo dos años para después salirse, preparar el asalto al Elíseo y alejarse de todo lo que tuviera que ver con la gestión del actual Ejecutivo, un tanto denostada. En este sentido, el líder centrista achaca a la candidata por el Frente Nacional que no es una outsider en tanto que su partido y sus ideas le han venido dadas por su padre y fundador del partido, Jean-Marie Le Pen. A su vez, Marine Le Pen se desmarca de todo aquello considerado como perteneciente al establishment. Desde luego, su principal éxito ha sido suavizar y normalizar la imagen del Frente Nacional, alejándolo de ese aire de empresa familiar que tuvo durante años, así como consolidar un núcleo de votantes fieles.

El populismo se ha consolidado. Las presidenciales francesas siguen la línea de otros países europeos donde partidos considerados populistas han protagonizado las últimas campañas. Que Le Pen no sea elegida presidenta en la segunda vuelta del domingo no significa la caída del populismo. Si miramos la distribución del voto en la primera vuelta, el voto populista ascendió casi a un 50%, representado éste principalmente por el Frente Nacional de Le Pen y el movimiento La France Insoumise de Mélenchon, que se quedó a cuatro puntos de Macron. El posible escenario entre dos populismos en segunda vuelta, uno de izquierda y otro de derecha, no era descabellado. Contrasta todo ello con el declive de los partidos tradicionales: el Partido Socialista y los Republicanos han pasado de casi un 60% de voto conjunto en el 2012 a un 26% en estas elecciones.

Una de las causas del desinfle es precisamente la emergencia de nuevos movimientos políticos: En Marche!, liderado por Macron, y La France Insoumise, por Mélenchon. Si bien, según cómo se mire, el éxito de estas plataformas puede entenderse a su vez fruto del hastío de los franceses por su clase política. Llama la atención de estos movimientos el espectro político que aglutinan. El primero representa el centro y se ha beneficiado del voto de una gran parte de votantes que en su día votaron por Hollande, además del de antiguos votantes del centrista Bayrou y algunos flujos de los Republicanos. En cuanto al segundo, se sitúa a la izquierda de los socialistas, y ha sabido recoger el voto también de una parte del socialismo decepcionado por la gestión del actual gobierno. Lo curioso de cara a la segunda vuelta es que probablemente el voto de La France Insoumise sea capitalizado tanto por Macron como por Le Pen; esta última aspira a hacerse con ese espectro del electorado mediante sus promesas relativas al proteccionismo económico para crear empleo y proteger el Estado de bienestar, así como por sus propuestas ecológicas. Esto es un indicio más de cómo el eje ideológico clásico izquierda-derecha pierde vigor y las divisiones ideológicas, tal y como se entendían hasta ahora, se difuminan.

En esta segunda vuelta, los candidatos finales juegan sus últimas cartas intensificando los ejes de su estrategia. En los últimos actos de campaña, Macron sigue defendiendo su posición europeísta y avisa de las negativas consecuencias que supondría para el país la salida de la Unión Europea. En cuanto a la candidata de la ultraderecha, su mensaje se asienta en la defensa de los intereses de los franceses y hace de la inmigración y la seguridad sus consignas de campaña. Desde el punto de vista de la comunicación, Le Pen es una alumna aventajada y sabe cómo orquestar golpes de efecto. Ejemplo de ello es la visita que hizo a los trabajadores de una empresa en apuros en Amiens, mientras su rival se reunía a puerta cerrada con representantes sindicales. Dicha visita le ha servido para escenificar que es "la candidata del pueblo" y repuntar en las encuestas, si bien el margen entre uno y otro sigue siendo importante -algún suceso muy grave e inesperado tendría que ocurrir, como un atentado terrorista, para que se produjera un vuelco electoral-. La escenografía en sus actos refleja su importancia como candidata junto con el país de Francia: no es de extrañar que las siglas del partido queden relegadas a un segundo plano y su vestimenta se limite a los colores de la bandera nacional.

En cuanto a Macron, varios hechos han desconcertado a la opinión pública fruto de varios errores comunicativos debido a su inexperiencia en estos menesteres. Tras conocer los resultados de la primera vuelta, mostró demasiado triunfalismo: celebró su pase a segunda vuelta como si se tratase de la victoria final.

La comparación de esta celebración con la fiesta de Sarkozy tras ganar las presidenciales en 2007 por todo lo alto en un local distinguido de París ha hecho mella en su imagen de candidato serio y preparado con la que pretende convencer, dejando ver a una persona alejada de la realidad. Además, se percibe una excesiva visibilidad de su mujer en esta campaña como quedó de manifiesto esa misma noche, como si ya fuera la Primera Dama de Francia. Este rol protagonista de su cónyuge no hace más que fomentar el interés de medios people por su intimidad y dedicar portadas a su vida personal. Una mala gestión de su privacidad puede pasar factura en su imagen de político a largo plazo.

A pesar de que Emmanuel Macron sea elegido vigésimo quinto presidente de la República Francesa, como indican todas las encuestas de manera clara, esto no significa el final de los problemas y de incertidumbre que acecha al país galo y por extensión Europa. El 7 de mayo simboliza una puerta abierta ante una maraña de problemas e interrogantes a los que la clase política y la sociedad francesa tendrán que hacer frente desde el primer momento para evitar consecuencias duras e irreversibles en un medio largo plazo para el país. Macron tiene ante sí dos grandes retos tras su victoria. El primero será mostrar su valía y credibilidad como político, y esto sólo pasa por ser capaz de configurar su movimiento en una verdadera estructura política de cara a las elecciones legislativas del próximo mes de junio. Macron necesita una mayoría parlamentaria o un buen resultado para poder gobernar con cierto margen. En caso de que no fuera así, se vislumbra una posible cohabitación. El segundo reto tiene que ver con la gestión de expectativas. Si los franceses esperan demasiadas cosas del futuro presidente, pueden sentirse muy defraudados si finalmente no las cumpliera. Esta decepción minaría aún más a la sociedad francesa y dejaría más cancha a los populismos.

El próximo domingo no es el fin de unas elecciones, sino el comienzo de un nuevo período político.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/05/04/590a0bf0e2704e51708b469b.html
Ilustración: Javier Olivares.

miércoles, 23 de mayo de 2012

LOTARIO SE JUBILÓ

EL NACIONAL - Miércoles 23 de Mayo de 2012     Opinión/7
Mandrake llegó a Europa
ANÍBAL ROMERO

El nuevo Presidente francés desea emular a Mandrake. Así como el famoso mago realiza prodigios con sólo decir "abracadabra", monsieur Hollande pronuncia su conjuro: ¡Crecimiento! El político galo parece convencido de que la economía funciona mediante sortilegios, y el suyo arremete contra un etéreo e inasible mal: la austeridad. Con pasmoso desdén hacia los riesgos y jugando con fuego, Hollande empuja a Alemania a asumir las deudas de Europa y pagarlas imprimiendo dinero y acelerando la inflación, violando así la Constitución alemana y el reglamento de su banco central (Bundesbank).

¿Pero de qué austeridad puede hablarse en Francia, Inglaterra o España, por ejemplo? El gasto público francés aumentó en 33,4 millardos de dólares entre 2009 y 2010, añadiendo 29,5 millardos adicionales en 2011 y alcanzando en total 56% del PTB. Lo que desea Hollande es gastar más, para lo cual aspira a subir los impuestos a 75% a quienes ganan más de 1,3 millones de dólares al año y acrecentarlo a las corporaciones. Como ha dicho la economista Veronique de Rugy, "si esta es una política pro crecimiento, entonces el aliento con aroma de ajo es pro romántico".

La mencionada experta explica que el coro de los demagogos, que hablan de crecimiento como si se tratase de un teatro de prestidigitación, ignoran que donde los gastos han sido de veras reducidos el recorte ha sido pequeño en relación con la magnitud del problema. De paso, como en Francia, las reformas estructurales prometidas en el mercado de trabajo y el tamaño de la burocracia no se han llevado a cabo. Por otro lado, en la medida en que los declinantes países europeos han concretado alguna austeridad, la misma ha consistido en aumentar impuestos y no en minimizar el gasto.

En Gran Bretaña el gasto público ascendió igualmente en 50 millardos de dólares el pasado año, y no ha ocurrido reforma alguna del quebrado sistema de pensiones. Al contrario, el Gobierno aumentó los impuestos a las ganancias y al seguro social, y también subió el IVA, en conjunción con otras cargas. En cuanto a España e Italia, la retórica es allí casi siempre más elocuente que los actos, y las reformas necesarias para reducir el peso del gasto y abrir espacios para la inversión reproductiva marchan a paso de tortuga.

Las teorías económicas estatistas y socialistas, con su mezcla de confusión, banalidad y fantasía, han hecho un daño inmenso al viejo continente.

Las nuevas generaciones europeas, hoy presas del pánico ante el futuro, fueron educadas en el marco de Estados de bienestar que les enseñaron a esperarlo todo de los gobiernos. La libertad individual y los mercados han sido gradualmente asfixiados por una filosofía social errada, dirigida a complacer a electorados que acabaron por creer en un quimérico paraíso secular, que les garantizaría seguridad económica desde la cuna a la tumba. La cultura de los "derechos" a todo se hizo un dogma inquebrantable, y se perdió de vista que no hay nada fijo e inmutable en la historia, excepto que somos mortales.

Llegó la hora del ajuste de cuentas, hacia el que también se dirige a su modo Estados Unidos. Europa debería abandonar la pesadilla del euro y retornar a un mercado común de bienes, servicios y trabajo, sin moneda única. Quizás es demasiado tarde para hacerlo de manera ordenada y el desenlace será muy costoso. Pero la tragedia griega no tiene otra salida que el retorno a una moneda propia. Alemania no va a echarse a Europa sobre los hombros, e Italia, España, Irlanda, y hasta Francia, requieren respirar.


Ilustración: http://www.sandinovive.info/?page=ver_articulo&id=1087

jueves, 17 de mayo de 2012

MEJOR TRIUNFO: LA NORMALIDAD DE UNOS COMICIOS

EL UNIVERSAL, 8 de Mayo de 2012
Francia: el triunfo de un hombre normal
JEAN MANINAT 

En el debate televisado del miércoles 2 de mayo, el entonces presidente-contendiente, Nicolás Sarkozy, le espetó a su contrincante que para gobernar Francia hacía falta algo más que un "hombre normal". Era un jab picante para cuartear la imagen de ciudadano de a pie que François Hollande quiso presentar a los franceses.

El hombre de aparato que hizo su carrera política en la sede del Partido Socialista (PS) en la calle Solferino de París, es también un "enarca", como llaman a los egresados de la prestigiosa Escuela Nacional de Administración (ENA). De allí han salido los "Harry Potter" del servicio público y la política francesa.

La contienda fue entre la tradición republicana de la meritocracia y el remedo impetuoso de la política norteamericana. Ciertamente, Sarkozy, presentaba un pedigree de hombre de Estado, con experiencia de mando en los diversos ministerios que dirigió durante el mandato de la derecha francesa, pero en el camino fue entregando lealtades personales y valores republicanos. Algo que en política -a la larga- nunca paga.

Hollande, el ninguneado, le ganó la elección por pocos puntos (51,67% contra 48,33%) a un Sarkozy que creyó que la presidencia era una extremidad de su cuerpo y de sus ansias de figuración. Poco le valió la presencia a su lado de una exquisita artista que dejó de cantar para nunca ser una primera dama.

El ciudadano Hollande es ahora el presidente de un país en "busca del tiempo perdido". Su propósito de añadir un capítulo de crecimiento y empleo al pacto fiscal europeo, ya encontró el apoyo en Berlín, hasta hace nada ensimismado en el rigor fiscal. Se disipan, así, las nubes negras de un enfrentamiento con la canciller Merkel. La política, el demiurgo laico de la democracia, obra milagros.

¿Será difícil? ¡Mais bien sûr! qué duda cabe; pregúntele al presidente del gobierno español y a los sindicatos que conducen las protestas en España. O a los votantes griegos que lanzaron a la orilla del camino, en las recientes elecciones legislativas, a los partidos de derecha e izquierda que forjaron el retorno a la democracia en Grecia.

Las crisis no son de derecha o izquierda. Si uno se apropia del lugar común: son fotografías de un instante en la salud económica, social y política de un país.

¿Qué emparienta a Bush y a Zapatero? El mal manejo de una crisis cantada.

De manera tal que se asentarán tiempos difíciles.

¿Puede Europa mantener el estado de bienestar que fue su razón de ser después de la segunda post-guerra? Los ciudadanos que crecieron protegidos por un Estado benefactor, ¿comprenderán lo que está en juego? Los jóvenes que buscan trabajo, sin destino, ¿se quedarán en sus casas?

Son las preguntas, nada retóricas, que se hacen los ciudadanos europeos. El presidente electo francés ya lo ha dicho: "La austeridad no puede ser una condena". Pero puede ser una realidad con la cual cohabitar, se dicen muchos.

El presidente saliente, Sarkozy, deja un país dividido, con la tradición gaullista herida por su entrega a los valores de la ultraderecha. Su partido, el UMP, se apresta a una batalla interna por la sucesión que lo dejará con pocas fuerzas para asumir la contienda de las elecciones legislativas en junio. Marine Le Pen y el Frente Nacional sueñan con repartirse el botín del naufragio sarkozista.

Con Hollande emerge un nuevo liderazgo en Europa. El dueto franco-alemán cambia de registro, y habrá un duro compromiso entre el rigor fiscal de la canciller alemana y las políticas de inversiones y estímulo al crecimiento económico del presidente electo socialista. "El progreso sólo puede alcanzarse con unas finanzas sólidas más crecimiento" dijo la canciller Merkel al darle la bienvenida al nuevo presidente. La mesa está servida.

"Voy a ser un francés más" ha dicho Sarkozy en su despedida. Es decir, un "hombre normal" como el que se prepara para ocupar sus oficinas en el Palacio del Elíseo.

miércoles, 9 de mayo de 2012

UNA OPINIÓN

EL NACIONAL - Miércoles 09 de Mayo de 2012     Opinión/7
Europa. La huida hacia atrás
ANÍBAL ROMERO

Las élites europeas han actuado con suprema irresponsabilidad y los electorados pasan factura. Desde Platón sabemos que las democracias decaen bajo el impacto de la demagogia. Ahora bien, la frivolidad política tiene dos caras, y bien decía Schumpeter que la mayoría de las personas, la mayor parte del tiempo, "piensan sobre política con la mentalidad de un niño de 7 años". Los electorados comparten la culpa, pues confunden la realidad con sus deseos.

Allí se centra el mal europeo: en la voluntad de evasión. En paralelo, Europa, donde se labró la libertad, ha sucumbido a otra pasión, la de la igualdad. Y por desgracia se trata de una pasión generalmente movida por la envidia y el resentimiento, motores a su vez de todo socialismo digno de tal nombre. Empujada por la voluntad de escapar a la realidad y por la pasión igualitaria, Europa marcha a tientas hacia el abismo de la radicalización política y la bancarrota financiera.

Francia es un caso emblemático. Las agencias de prensa y grandes órganos noticiosos, una vez más, han perdido la pista del significado de las elecciones francesas. No acaban de caer en cuenta de que todos los candidatos a la Presidencia, sin excepción, y cada cual a su manera, prometieron lo mismo: preservar un tal "modelo social" que está en quiebra desde hace rato, asfixiado bajo una montaña de deudas y la conducta infantil de un electorado malcriado, al que nadie se atreve a decir la verdad.

A lo anterior se suma el tema de Alemania y su visión de la austeridad, como único camino efectivo a una sana recuperación económica. El atolondrado Sarkozy y el desvaído Hollande acudieron a toda suerte de chivos expiatorios para dar sustancia al vacío de sus mensajes, y el proceso terminó por incluir a la señora Merkel, la única dirigente política de cierta entidad en el actual circo europeo.

Hollande solicita un "pacto a favor del crecimiento" como alternativa al ya existente pacto de austeridad, sellado hace pocos meses por los atemorizados líderes de Europa en medio de severas turbulencias. Traducido a su sentido real, el famoso "pacto por el crecimiento" es un llamado a repetir todas las torpezas y desatinos que llevaron a Europa al punto en que se encuentra. Lo que quiere Hollande es multiplicar las recetas de aumento del gasto público, endeudamiento y complacencia al infantilismo político que, precisamente, decretaron la quiebra de los inflados e insostenibles Estados de bienestar.

Podría decirse con cierta razón: no todos podemos trabajar tan duro y ahorrar tanto como los alemanes; pero, en tal caso, a Francia, Italia, Grecia, España y Portugal, entre otros, les vendría bien reconsiderar el tema del euro y vislumbrar el retorno a sus monedas nacionales, antes de que el peso del tótem les aplaste. Pero allí está el problema: sostener el Euro se ha convertido en una especie de tabú, tan intocable como nefasto.

De modo que Europa, habiendo abandonado el amor por la libertad, aferrada a la pasión igualitaria, y empeñada en cerrar los ojos ante un mundo globalizado e indispuesto a esperarla, huye afanosamente hacia atrás, en busca de las certidumbres y quimeras que por décadas plácidamente la adormecieron. La irreversible crisis del modelo socialdemócrata golpea sin piedad al viejo continente y lo seguirá haciendo. Entretanto, Barack Obama reproduce en Estados Unidos el fracaso europeo, y en tres años y medio de gobierno ha multiplicado la deuda más que durante los 8 años de Bush. ¿Pero qué son 5 trillones de dólares para un mesías al que resulta obligatorio cantar loas?

martes, 8 de mayo de 2012

POR CIERTO, SARKOSY ¿NO HAY REEMPLAZO PARA LA MODELO O ACTRIZ?

Nuestras elecciones francesas
Luis Barragán

Ya concluyó todo. Segunda vuelta en Francia, François Hollande le gana  a Nicolás Sarkozy, quien se irá a casa con la modelo o actríz. Lo curioso es el tratamiento venezolano del tema. Específicamente, el del oficialismo.Telesur y los restantes canales, asumen el tema como un triunfo contra las fuerzas reaccionarias que levantan la justificada protesta en la Europa colapsada del capitalismo decadente.  Muy escasos matices ofrece audiovisualmente la izquierda halagada, apenas un poco más en los medios escritos respecto a las distintas tendencias que exhibe. Lo cierto es que, simplificando las cosas, el triunfo es contra el pillaje, la explotación, el racismo, la xenofobia, como el que Chávez tendrá el venidero 7-O. Empero, hay distancias.

Faltando el Negro Encarnación, Hollande y sus partidarios son los adecos de allá; tan heroicamente combatido acá, el capitalismo galo parece un poquito más maduro; allende el mar, los hornos crematorios dejan atrás a las guarimbas alegadas. No hay siquiera un análisis poutlancero, el que anida en la nostalgia del marxismo althusseriano que frecuentemente se exhiba, sobrando el mesianismo del presidente convaleciente que ha de regresar de la muerte para consolidar la revolución. Además, el Consejo de Estado es una decisión adoptada con miles de años de retraso, al que se le niega toda vocación para la transición que los angustia y que, además, tiene por milagro el de ocupar a Jorge García Carneiro que ni ganas tiene de reelegirse en el estado Vargas. De modo que, decretada la expropiación, los comicios franceses adquieren momentáneamente otra significación hasta que el Partido de Mitterrand deba enfrentar a sus propios indignados. Otras noticias, quizá la computadora de Doble Aponte, goteando bytes, los proveerá de un distinto contenido defensivo mientras, poco a poco, paso a paso, se agotan los largos cinco meses que nos separan de las eleciones presidenciales de la bolivariana Venezuela presente en el Arco de Triunfo del viejo París, gracias a Francisco de Miranda y al cine que lo ha realzado.

La construcción de un fascismo del patio, hecho a la medida, lo encarnará Capriles, el "cara e´loco" como dijo un ministro entrevistado por la sorprendida Vanessa Davis por el acento lombrosiano que le puso. Es el del laboratorio propagandístico y publicitario, más no el que realmente corre por los sótanos de la realidad venezolana ejemplificado por los motorizados y palpado en el celebérrimo video de Ivanna Chávez y Javier Pita ("Caracas, ciudad de las despedidas"). Aquél fascismo lo pueden derrotar, éste seguirá su curso. Otra curiosidad, como en la ya vieja Venezuela Saudita, la actual tiene por características la sobreabundancia de recursos fiscales, el endeudamiento y la explosión de un sifrinismo que, igualmente, nace de un Estado que crea y renueva - inevitable - su propio apostolado de negocios. Ni los 21 diputados neonazis de la Grecia hundida en la crisis, llama la atención como nada que pueda interpelarnos seriamente al extrapolarlo.

El libreto cambiará por estos días. Los sucesos europeos los emblematizará Rajoy. Es lo más lejos que se puede llegar en el "Dossier" de Walter Martínez, si es que el líder del Partido Popular se monta en el avión militar de una base que visite, permitiéndole al animador extenderse sobre los detalles técnicos de la lejana y también presente vocación que no agota. No creo que Luis Britto García vuelva a Washington en un avión Shokoy, permitiéndole otros análisis sobre la CIDH de la que pretenden sacarnos y, para ello, lanzada la propuesta, simula un debate necesario para perfeccionar los estudios de opinión encargados sobre otros objetivos.

Fuente: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/8946476.asp

NOTA DE LB:

Gustamos de las ilustraciones de Etten Carvallo, quizá por el empleo de los colores planos (aunque tiende a dejar mucho espacio en su configuración). La que exponemos, tomada de Ciudad Caracas (08/05/12) muy bien transmite la alborazada recepción que el chavezato tiene del triunfo de FH. Sin embargo, no estamos expresamente autorizados por el autor para colocarla acá, habida cuenta del comentario que la contextualiza. En todo caso, la quitaremos inmediatamente si así lo demanda.