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miércoles, 24 de enero de 2018
sábado, 19 de septiembre de 2015
MÁS VALE TARDE QUE NUNCA
Érase un espía
Guido Sosola
A principios de los ochenta del siglo pasado, Pedro Estrada le echó una gran vaina a Alfredo Tarre Murzi, pues, lo aseguró como confidente o espía del régimen perezjimenista. Si mal no recordamos, se lo dijo a Agustín Blanco Muñoz que redondeó la faena de sus célebres entrevistas con la del policía convertido en símbolo de la muerte y represión, ya reforzado poel magnífico papel que hizo Gustavo Rodríguez para la telenovela “Estefanía”.
La revelación produjo un gran escándalo y el temible Sanin, en una de sus mejores entregas, satirizó la versión (El Nacional, Caracas, 19/08/1983). Estaba por recibir – literalmente – la paliza que atribuyó al entonces presidente Lusinchi, tiempo después, pero – mientras tanto, en el fragor de la campaña electoral en la que promovió a Caldera, el de la Venezuela entera que dijo que lo necesitaba, los adecos celebraron el dato, extendiéndose un manto de duda en medio de la polémica.
Érase un espía, pues, como también se dijo de los guerrilleros que pasaban por Miraflores, el Palacio Blanco o el ministerio de Relaciones Interiores, por persona interpuesta, a recibir su tajada de la partida secreta en los difíciles años sesenta y, luego, admitida la derrota, en el reajuste de los setenta. Prueba alguna se exhibía, pero se elevaba la convicción propicia para que, en un acto de venganza, algún viejo y alto funcionario, revelara un nombre por la certeza del soborno o por las simples ganas de joder: aceptemos, por más ácido que fuese el debate, que sepamos, a nadie se aventuró en tamaña temeridad.
Por cierto, pudiera ocurrir hoy. En la sede del Legislativo ha sugerido el gobierno el favor concedido a determinados dirigentes de la oposición que inmediatamente callan, otorgando, pero – consabido – la delación significa el rompimiento de un suerte de pacto o contrato de caballeros, si cabe el término, propio del avatar político (se dirá). Sin embargo, hay un básico convencimiento en torno al colaboracionismo que puede afectar a justos y pecadores, porque – nos inquieta - ¿si el gobierno difama o calumnia al más firme de sus adversarios, cómo solventar el problema?
Claro, el actual régimen es revanchista por vocación y cuando sepa que ya ha llegado su hora terminal, en lugar de recoger las evidencias, las dejará regadas por doquier. E, incluso, recordamos a un joven y muy notorio dirigente juvenil de la Coordinadora Democrática, merecedor de sendas entrevistas de prensa, estelarmente dominicales, prontamente apagado con el triunfo de Chávez Frías en el conocido revocatorio, del que se dijo fue beneficiario de numerosos contratos gubernamentales.
El caso está en que Tarre Murzi tuvo que cargar con el bacalao de esa infidencia de Estrada y, aunque tuvo destacados defensores en la efímera prensa diaria, no hubo testimonios contundentes como el que ahora arroja Héctor Rodríguez Bauza en su libro de memorias, por fortuna, publicado gracias a la colaboración de los amigos más cercanos que lo saben un actor importantísimo de nuestra historia contemporánea. Apuntó el reputado líder peceuvista: “Quisiera desenmascarar la falacia de Luis Piñerúa Ordaz según la cual Alfredo Tarre Murzi era agente de la dictadura. Fui a comienzos de enero con el camarada y médico Jesús Enrique Luongo Font a ver a Alfredo Maneiro quien estaba enfermo. Él vivía con Evelyn Capriles en Bello Monte. Al salir me encontré con un camarada acompañado de Alfredo Tarre Murzi, quien iba a plantearle a Maneiro el deseo de entrevistarse con Guillermo García Ponce, su amigo de juventud. Le habían informado que él era integrante de la Junta Patriótica, con la cual deseaba entrar en contacto. Previa consulta lo llevé a hablar con Guillermo. Con esto quiero destacar que si Tarre Murzi hubiese sido agente de la dictadura, podría haber entregado a la policía a los integrantes de la Junta Patriótica y del Frente Universitario, a los que prácticamente tuvo en sus manos, precisamente en días bastante críticos para el gobierno” (“Ida y vuelta de la utopía”, Editorial Punto, Caracas, 2015: 187).
Probablemente, Piñita fue el más bullicioso en torno a la novedad que le metió gasolina a la candela, propio de una habitual polémica ahora insospechada, pero la suerte de una publicación que tardó demasiado, como la de Héctor, endereza el asunto: más vale tarde que nunca. Quedará como una curiosidad para el historiador de estos tiempos, retándolo al hallazgo de un testimonio superior al que rotundamente deja un autor libérrimo de toda sospecha, a pesar de las ambigüedades y deslices que, al principiar los cincuenta, las hemos leído, estampó Tarre Murzi en sus artículos de El Heraldo respecto a la Junta Militar de Gobierno, por lo demás, inherentes a una época que no debemos descontextualizar.
Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinionnacional/23830-erase-un-espia
guidososola@yandex.com
Reproducción: Momento, Caracas, nr. 606 del 25/02/1968.
Guido Sosola
A principios de los ochenta del siglo pasado, Pedro Estrada le echó una gran vaina a Alfredo Tarre Murzi, pues, lo aseguró como confidente o espía del régimen perezjimenista. Si mal no recordamos, se lo dijo a Agustín Blanco Muñoz que redondeó la faena de sus célebres entrevistas con la del policía convertido en símbolo de la muerte y represión, ya reforzado poel magnífico papel que hizo Gustavo Rodríguez para la telenovela “Estefanía”.
La revelación produjo un gran escándalo y el temible Sanin, en una de sus mejores entregas, satirizó la versión (El Nacional, Caracas, 19/08/1983). Estaba por recibir – literalmente – la paliza que atribuyó al entonces presidente Lusinchi, tiempo después, pero – mientras tanto, en el fragor de la campaña electoral en la que promovió a Caldera, el de la Venezuela entera que dijo que lo necesitaba, los adecos celebraron el dato, extendiéndose un manto de duda en medio de la polémica.
Érase un espía, pues, como también se dijo de los guerrilleros que pasaban por Miraflores, el Palacio Blanco o el ministerio de Relaciones Interiores, por persona interpuesta, a recibir su tajada de la partida secreta en los difíciles años sesenta y, luego, admitida la derrota, en el reajuste de los setenta. Prueba alguna se exhibía, pero se elevaba la convicción propicia para que, en un acto de venganza, algún viejo y alto funcionario, revelara un nombre por la certeza del soborno o por las simples ganas de joder: aceptemos, por más ácido que fuese el debate, que sepamos, a nadie se aventuró en tamaña temeridad.
Por cierto, pudiera ocurrir hoy. En la sede del Legislativo ha sugerido el gobierno el favor concedido a determinados dirigentes de la oposición que inmediatamente callan, otorgando, pero – consabido – la delación significa el rompimiento de un suerte de pacto o contrato de caballeros, si cabe el término, propio del avatar político (se dirá). Sin embargo, hay un básico convencimiento en torno al colaboracionismo que puede afectar a justos y pecadores, porque – nos inquieta - ¿si el gobierno difama o calumnia al más firme de sus adversarios, cómo solventar el problema?
Claro, el actual régimen es revanchista por vocación y cuando sepa que ya ha llegado su hora terminal, en lugar de recoger las evidencias, las dejará regadas por doquier. E, incluso, recordamos a un joven y muy notorio dirigente juvenil de la Coordinadora Democrática, merecedor de sendas entrevistas de prensa, estelarmente dominicales, prontamente apagado con el triunfo de Chávez Frías en el conocido revocatorio, del que se dijo fue beneficiario de numerosos contratos gubernamentales.
El caso está en que Tarre Murzi tuvo que cargar con el bacalao de esa infidencia de Estrada y, aunque tuvo destacados defensores en la efímera prensa diaria, no hubo testimonios contundentes como el que ahora arroja Héctor Rodríguez Bauza en su libro de memorias, por fortuna, publicado gracias a la colaboración de los amigos más cercanos que lo saben un actor importantísimo de nuestra historia contemporánea. Apuntó el reputado líder peceuvista: “Quisiera desenmascarar la falacia de Luis Piñerúa Ordaz según la cual Alfredo Tarre Murzi era agente de la dictadura. Fui a comienzos de enero con el camarada y médico Jesús Enrique Luongo Font a ver a Alfredo Maneiro quien estaba enfermo. Él vivía con Evelyn Capriles en Bello Monte. Al salir me encontré con un camarada acompañado de Alfredo Tarre Murzi, quien iba a plantearle a Maneiro el deseo de entrevistarse con Guillermo García Ponce, su amigo de juventud. Le habían informado que él era integrante de la Junta Patriótica, con la cual deseaba entrar en contacto. Previa consulta lo llevé a hablar con Guillermo. Con esto quiero destacar que si Tarre Murzi hubiese sido agente de la dictadura, podría haber entregado a la policía a los integrantes de la Junta Patriótica y del Frente Universitario, a los que prácticamente tuvo en sus manos, precisamente en días bastante críticos para el gobierno” (“Ida y vuelta de la utopía”, Editorial Punto, Caracas, 2015: 187).
Probablemente, Piñita fue el más bullicioso en torno a la novedad que le metió gasolina a la candela, propio de una habitual polémica ahora insospechada, pero la suerte de una publicación que tardó demasiado, como la de Héctor, endereza el asunto: más vale tarde que nunca. Quedará como una curiosidad para el historiador de estos tiempos, retándolo al hallazgo de un testimonio superior al que rotundamente deja un autor libérrimo de toda sospecha, a pesar de las ambigüedades y deslices que, al principiar los cincuenta, las hemos leído, estampó Tarre Murzi en sus artículos de El Heraldo respecto a la Junta Militar de Gobierno, por lo demás, inherentes a una época que no debemos descontextualizar.
Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinionnacional/23830-erase-un-espia
guidososola@yandex.com
Reproducción: Momento, Caracas, nr. 606 del 25/02/1968.
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domingo, 13 de octubre de 2013
SOCIEDAD DE PAJÚOS, PUES
Espiación y sapocracia
Luis Barragán
Posiblemente, por numerosos y variados, mutuamente interferidos hasta por motivos fútiles y personales, ha surgido una entidad capaz de espiarlos a todos. El Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (Cesppa), anudará o pretenderá anudar todos los servicios de (contra) inteligencia del país, ordenando la participación de los amigos foráneos, para copar buena parte del tiempo disponible por el Presidente de la República, quien ha decidido igualmente el alumbramiento de un Órgano Superior en el área comunicacional.
El miedo saudí los obliga a sospechar de una colonoscopia realizada en algún precario y lejano caserío del país, o del fallido pronóstico de un avezado y cercano lector de tabaco, pues, más allá despunta la Corte Internacional de La Haya. Poco a poco, el socialismo rentista nos conduce hacia una sociedad de delatores en la que importará más el consumado gesto histriónico, abaratando el ejercicio dictatorial.
Trastocada en cultura más que en oficio de supervivencia, la delación inundará todas las avenidas, calles, veredas y callejuelas sociales, metiéndose en casa, por muy afectivo y reputado sea el vínculo familiar. La historia arroja sobradas lecciones al respecto, cotizándose mejor los colaboracionistas de una abnegada teatralidad opositora, y encumbrándose audazmente los funcionarios capaces de propinar una implacable investigación a otros de menor rango partidista.
Un organismo velará por saber todo, mientras que el otro lo hará para que no se sepa nada. Incluso, para que ignoremos la naturaleza, conformación y alcance de la Dirección Político-Militar de la Revolución Bolivariana, cuya inicial ventaja consiste en su inexistente soporte constitucional y legal.
Suele ocurrir, más adelante los sapócratas unirán su destino al de la nomenclatura importadora, dándole una real consistencia y complejidad a las nuevas relaciones sociales que se avecinan. Mientras tanto, orgullosos de sus pecados, cumplirán con las más rudas tareas de espiación y enmudecimiento que, inevitable, requerirá de un mínimo de sentido creador para inventar el delito donde – simplemente – no lo encuentre.
http://www.noticierodigital.com/2013/10/espiacion-y-sapocracia/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=993908
Luis Barragán
Posiblemente, por numerosos y variados, mutuamente interferidos hasta por motivos fútiles y personales, ha surgido una entidad capaz de espiarlos a todos. El Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (Cesppa), anudará o pretenderá anudar todos los servicios de (contra) inteligencia del país, ordenando la participación de los amigos foráneos, para copar buena parte del tiempo disponible por el Presidente de la República, quien ha decidido igualmente el alumbramiento de un Órgano Superior en el área comunicacional.
El miedo saudí los obliga a sospechar de una colonoscopia realizada en algún precario y lejano caserío del país, o del fallido pronóstico de un avezado y cercano lector de tabaco, pues, más allá despunta la Corte Internacional de La Haya. Poco a poco, el socialismo rentista nos conduce hacia una sociedad de delatores en la que importará más el consumado gesto histriónico, abaratando el ejercicio dictatorial.
Trastocada en cultura más que en oficio de supervivencia, la delación inundará todas las avenidas, calles, veredas y callejuelas sociales, metiéndose en casa, por muy afectivo y reputado sea el vínculo familiar. La historia arroja sobradas lecciones al respecto, cotizándose mejor los colaboracionistas de una abnegada teatralidad opositora, y encumbrándose audazmente los funcionarios capaces de propinar una implacable investigación a otros de menor rango partidista.
Un organismo velará por saber todo, mientras que el otro lo hará para que no se sepa nada. Incluso, para que ignoremos la naturaleza, conformación y alcance de la Dirección Político-Militar de la Revolución Bolivariana, cuya inicial ventaja consiste en su inexistente soporte constitucional y legal.
Suele ocurrir, más adelante los sapócratas unirán su destino al de la nomenclatura importadora, dándole una real consistencia y complejidad a las nuevas relaciones sociales que se avecinan. Mientras tanto, orgullosos de sus pecados, cumplirán con las más rudas tareas de espiación y enmudecimiento que, inevitable, requerirá de un mínimo de sentido creador para inventar el delito donde – simplemente – no lo encuentre.
http://www.noticierodigital.com/2013/10/espiacion-y-sapocracia/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=993908
viernes, 26 de abril de 2013
CUADERNO DE BITÁCORA
Ciertamente, no da tiempo para una lectura pausada de la diaria prensa. Muy temprano, apenas, alcanza para los titulares y un par de textos que luce importante, postergando otros que, luego, acumulándose, se traspapela. LLama la atención, por ejemplo, un artículo de opinión: el de Silva Michelena parece el testimonio de un converso, más que la síntesis de un análisis sobre la conducta manipulatoria del gobierno en materias tan delicadas; no demerita su punto de vista, aunque - tratándose de antiguos camaradas - puede arribar al evidente desmoronamiento y molicie moral que les permite un divertimento irresponsable de tal monta. Otro ejemplo, la detención de un estadounidense que nos permite, de un lado, recordar aquél anuncio de Chávez Frías sobre la detención e investigación de otro (¿o es el mismo?), de quien no se supo más, ni siquiera el nombre; y, de otro lado, así lo sentimos, revelando - además - la asesoría cubana, la manía de relacionar la historia venezolana con la insular, la cual supone el descubrimiento, captura y confesión de un agente oriundo del imperio.
Valga agregar que hay una diferencia entre el cineasta yankee y los otros que, materializándolas o no, sin que sepamos todavía de un oportuno subsidio oficial, vienen en nombre de las obras documentales que les inquieta y realizan sobre la revolución en curso, mientras que aquél nos espiona. Digamos que, al interés político, se suma una particular interpretación policial y judicial pues, unos son los buenos y, pocos, los malos. Fin del recreo, día largo.
LB
Valga agregar que hay una diferencia entre el cineasta yankee y los otros que, materializándolas o no, sin que sepamos todavía de un oportuno subsidio oficial, vienen en nombre de las obras documentales que les inquieta y realizan sobre la revolución en curso, mientras que aquél nos espiona. Digamos que, al interés político, se suma una particular interpretación policial y judicial pues, unos son los buenos y, pocos, los malos. Fin del recreo, día largo.
LB
lunes, 13 de agosto de 2012
SOSPECHA BIBLIOGRÁFICA
De la certeza de lo incierto
Luis Barragán
Objeto de nuestra atención en anteriores ocasiones, la recientemente concluida Feria del Libro de Caracas deparó otros títulos de Jorge Giordani. Sumados a los ya consabidos sobre la transición, hallamos “Impresiones de lo cotidiano” correspondientes a 2009, 2010 y 2011.
Además de la importancia que cobra el autor como el ministro más durarero e influyente, suerte de Pepe Grillo que susurra en el (sub) consciente de Chávez Frías, según nos refiere el profesor Jonathan Benavides, es uno de sus pocos partidarios que dejan constancia de una reflexión escrita y distinta al panfleto que también se ha hecho hábito entre los suyos, cuando se atreven. El titular de un despacho tan complejo y fatigante como el de Planificación y Finanzas, afortunadamente ha dispuesto del tiempo necesario para escribir, aventajado – valga la sagacidad - por un acceso privilegiado a la información y el inmediato auxilio de los técnicos.

Avalado por una interesante trayectoria académica, quizá nunca se imaginó con tan graves responsabilidades de Estado. Experimentado sobreviviente en un gabinete que ha superado la centena de integrantes en más de una década, calificó de “escoria” a los parlamentarios de la oposición como el mejor argumento frente a sus interrogaciones, devenida fórmula magistral del atornillamiento burocrático.
Recordemos, transitamos la llamada V Internacional por decreto, a pesar las escasas definiciones y demás aventuras teóricas que digan autorizarla, como ocurrió con las anteriores. Contraste que añade a Trotsky, pues, por más limitada que haya sido la asistencia al acto inaugural, fundó la IV Internacional en el marco de unas propuestas que la diferenciaban de la maquinaria stalinista.
Los apuntes ministeriales dicen un poco más que las Memorias y Cuentas del despacho que, por adicional ventaja, gozan de la calculada neutralización de una discusión que ni propia Asamblea Nacional escenifica, a menos que se tenga por tal el ahora distante espectáculo de una comparecencia a las sesiones plenarias. Luego, no hay interlocución alguna en torno a cifras y supuestos reñidos con la realidad que nos agobia, como – es necesario reconocerlo – acaecía décadas atrás: entonces, ¿por qué de la insistencia bibliográfica?
Creemos que Giordani desea a todo evento salvar su responsabilidad histórica, promoviendo una versión que lo reivindique ante las futuras generaciones, a la par de las banderas ideológicas que enarbola. Poco importa que la inflación sea medida según la mercadería subsidiada por el Estado, o que la extraordinariamente sufragada red de Barrio Adentro diste de la atención y los servicios efectivamente prestados por el sector privado y los viejos ambulatorios públicos, pues, teniendo el sello de Vadell Hermanos como albacea, expone sus certezas sobre el incierto presente que se precipita cada vez más, atropellando al confeso propulsor del socialismo rentístico.
Siendo lo único seguro el amasijo inédito de las incertidumbres políticas, independientemente de los resultados electorales venideros, parafraseando el título de una novela digital que nos brinda Luna Liliana, el ministro Giordani reinterpreta constantemente la situación del país alfilerando una apuesta con sendas categorías de análisis que lo relevan de ofrecer todo el genuino e íntegro repertorio estadístico que los venezolanos nos merecemos. De la condena o absolución, definitiva e inapelable, quizá no lo sepa nunca.
De tres coletillas necesarias
Escasos de tiempo, incluso para indagar sobre la recepción del triunfo de Francisco “Morochito” Rodríguez en 1968, hubiésemos incursionado en lo que ha escrito Fernando Savater sobre el héroe y el heroísmo, por lo menos. Avalado por la Asamblea Nacional que alguna consecuencia jurídica tendrá, Chávez Frías decretó como héroe nacional al Ruben Limardo de todos los venezolanos que, por cierto, ha visto asaltada su cuenta Twitter:
Ya crónica denuncia, Chávez Frías gotea la información en torno a la captura de un presunto mercenario estadounidense en la frontera, entrenado para resistir toda suerte de interrogatorios. No sabemos si, en verdad, es la punta del iceberg de una inmensa conspiración, pues niegan su identidad y la misma presentación ante los tribunales; es un pote más de humo que, por interesada plasticidad, busca convertirse en el monstrete electoral de los anti-imperialistas de ocasión; o, absolutamente falso, imploran la gratuita defensa de una oposición atolondrada.
Tareck El Aisami no prendió como candidato a la gobernación del Táchira, era demasiado, y Chávez Frías – in situ, constatando lo dicho por los estudios de opinión - dedocráticamente seleccionará a otro, como ha ocurrido en Carabobo (“ustedes verán qué hacen”, dijo). El ministro que, seguramente deseaba quedarse en el gabinete, como Diosdado Cabello en la Asamblea Nacional, no sirvió siquiera como recolector de votos, siendo el responsable de la inseguridad personal que reina pavorosamente en esa entidad federal, por ejemplo.
Fotografía: LB
Luis Barragán
Objeto de nuestra atención en anteriores ocasiones, la recientemente concluida Feria del Libro de Caracas deparó otros títulos de Jorge Giordani. Sumados a los ya consabidos sobre la transición, hallamos “Impresiones de lo cotidiano” correspondientes a 2009, 2010 y 2011.
Además de la importancia que cobra el autor como el ministro más durarero e influyente, suerte de Pepe Grillo que susurra en el (sub) consciente de Chávez Frías, según nos refiere el profesor Jonathan Benavides, es uno de sus pocos partidarios que dejan constancia de una reflexión escrita y distinta al panfleto que también se ha hecho hábito entre los suyos, cuando se atreven. El titular de un despacho tan complejo y fatigante como el de Planificación y Finanzas, afortunadamente ha dispuesto del tiempo necesario para escribir, aventajado – valga la sagacidad - por un acceso privilegiado a la información y el inmediato auxilio de los técnicos.

Avalado por una interesante trayectoria académica, quizá nunca se imaginó con tan graves responsabilidades de Estado. Experimentado sobreviviente en un gabinete que ha superado la centena de integrantes en más de una década, calificó de “escoria” a los parlamentarios de la oposición como el mejor argumento frente a sus interrogaciones, devenida fórmula magistral del atornillamiento burocrático.
Recordemos, transitamos la llamada V Internacional por decreto, a pesar las escasas definiciones y demás aventuras teóricas que digan autorizarla, como ocurrió con las anteriores. Contraste que añade a Trotsky, pues, por más limitada que haya sido la asistencia al acto inaugural, fundó la IV Internacional en el marco de unas propuestas que la diferenciaban de la maquinaria stalinista.
Los apuntes ministeriales dicen un poco más que las Memorias y Cuentas del despacho que, por adicional ventaja, gozan de la calculada neutralización de una discusión que ni propia Asamblea Nacional escenifica, a menos que se tenga por tal el ahora distante espectáculo de una comparecencia a las sesiones plenarias. Luego, no hay interlocución alguna en torno a cifras y supuestos reñidos con la realidad que nos agobia, como – es necesario reconocerlo – acaecía décadas atrás: entonces, ¿por qué de la insistencia bibliográfica?
Creemos que Giordani desea a todo evento salvar su responsabilidad histórica, promoviendo una versión que lo reivindique ante las futuras generaciones, a la par de las banderas ideológicas que enarbola. Poco importa que la inflación sea medida según la mercadería subsidiada por el Estado, o que la extraordinariamente sufragada red de Barrio Adentro diste de la atención y los servicios efectivamente prestados por el sector privado y los viejos ambulatorios públicos, pues, teniendo el sello de Vadell Hermanos como albacea, expone sus certezas sobre el incierto presente que se precipita cada vez más, atropellando al confeso propulsor del socialismo rentístico.
Siendo lo único seguro el amasijo inédito de las incertidumbres políticas, independientemente de los resultados electorales venideros, parafraseando el título de una novela digital que nos brinda Luna Liliana, el ministro Giordani reinterpreta constantemente la situación del país alfilerando una apuesta con sendas categorías de análisis que lo relevan de ofrecer todo el genuino e íntegro repertorio estadístico que los venezolanos nos merecemos. De la condena o absolución, definitiva e inapelable, quizá no lo sepa nunca.
De tres coletillas necesarias
Escasos de tiempo, incluso para indagar sobre la recepción del triunfo de Francisco “Morochito” Rodríguez en 1968, hubiésemos incursionado en lo que ha escrito Fernando Savater sobre el héroe y el heroísmo, por lo menos. Avalado por la Asamblea Nacional que alguna consecuencia jurídica tendrá, Chávez Frías decretó como héroe nacional al Ruben Limardo de todos los venezolanos que, por cierto, ha visto asaltada su cuenta Twitter:
Ya crónica denuncia, Chávez Frías gotea la información en torno a la captura de un presunto mercenario estadounidense en la frontera, entrenado para resistir toda suerte de interrogatorios. No sabemos si, en verdad, es la punta del iceberg de una inmensa conspiración, pues niegan su identidad y la misma presentación ante los tribunales; es un pote más de humo que, por interesada plasticidad, busca convertirse en el monstrete electoral de los anti-imperialistas de ocasión; o, absolutamente falso, imploran la gratuita defensa de una oposición atolondrada.
Tareck El Aisami no prendió como candidato a la gobernación del Táchira, era demasiado, y Chávez Frías – in situ, constatando lo dicho por los estudios de opinión - dedocráticamente seleccionará a otro, como ha ocurrido en Carabobo (“ustedes verán qué hacen”, dijo). El ministro que, seguramente deseaba quedarse en el gabinete, como Diosdado Cabello en la Asamblea Nacional, no sirvió siquiera como recolector de votos, siendo el responsable de la inseguridad personal que reina pavorosamente en esa entidad federal, por ejemplo.
Fotografía: LB
viernes, 10 de agosto de 2012
EL ROBOT DEL "CURIOSITY" ENTRE NOS
Desde hace dos o tres días, Cávez
Frías habla de la captura de un sujeto de aparente nacionalidad
estadounidense, resistente a los interrogatorios. Se le encontró
rompiendo un cuaderno. No dice más nada el cuenta-gotero. Una de tres (o
los tres): 1) Efectivamente es un conspirador, punta de lanza de quién
sabe qué cosa, y quizá ha debido presentarlo ya a los triunales,
identificándolo por la vía ¿dactilar?, etc.; 2) no existe, es un cuento
chino, busca entretenernos; 3) es un "peine", a la espera que la
oposición lo defienda...LB
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lunes, 14 de junio de 2010
Un suceso más cercano

EL UNIVERSAL, Caracas, 12 de Junio de 2010
Antonio Torres
Elías Pino Iturrieta
Antonio Torres participó en la guerra de Independencia, pero hoy nadie sabe quién fue. Tal vez nadie tenga motivos para conocerlo, porque no le dejó a la posteridad ni siquiera el vestigio de una hazaña capaz de llevarlo a la celebridad. Sin embargo, sus pasos descubren muchas verdades de la epopeya. Vamos a seguirlos un poco, mientras arden las candelas del Bicentenario.
Antonio Torres era un pastor que vivía cerca de Coro, localidad en la que había nacido en 1799. Su padre, un arriero libre de los aledaños, llamado Juan Francisco, le había regalado un burro y seis cabras para que se procurara la vida. No le iba mal en 1814, pues ya alimentaba ocho animales y ahorraba cuatro pesos para pagar una deuda. Fue al terminar el pago de su acreencia cuando le cambió la suerte, pues un oficial realista lo invitó a incorporarse a las tropas para pelear contra los insurgentes. Antonio se animó con la sugerencia, como mucha gente de la comarca ante la cual hablaba el oficial. Vendió las bestias, pidió de rodillas la bendición de la señora Petra Cristiana, su madre, y se hizo soldado de Su Majestad.
Espionaje
Juzgado más tarde por los patriotas en un curioso proceso por espionaje y traición, gracias a su expediente podemos reconstruir su peripecia. En las declaraciones Antonio Torres reconoce su actuación con los españoles desde 1814, pero aclara que participó "convidado a mejorar la vida". Y mejoró, desde luego. En un año obtuvo, aparte del sueldo y la comida, una muchacha en cuyo lecho se estrenó de amante, una silla de montar, un fusil, tres navajas y un par de botas de campaña. Huyó de la tropa, sin embargo, porque se enteró de que pensaban enviarlo a una campaña en Puerto Rico. Corrían rumores sobre intensas travesías y sobre los peligros de la navegación, de los cuales quiso librarse poniendo pies en polvorosa en medio de la noche.
Cuando escapaba con otros tres soldados, tuvo noticia de la cercanía de unas avanzadas de Páez y fue a ver. Lo que vio le gustó, de acuerdo con su declaración: "El capitán Vásquez nos dijo que pasáramos y nos ofreció media res si cogíamos a unos bandidos, y pasamos y nos quedamos en asosiego, sin queja de nadie". Estuvo con Vásquez entre 1815 y 1817, pero decidió marcharse con un capitán Quintín, su superior en el momento del juicio. ¿Cuál fue ahora la razón de su escogencia?
Escuchemos las palabras de Antonio Torres: "Quintín era más animado y más ofrecedor, como había sido cuando peleó por el rey don Fernando en Guanare, y con la misma fama estaba ya con la Patria". Así dijo. Además, a Torres le gustaban las arengas del nuevo jefe a sus hombres: "¡A pelear por Bolivita!", gritaba el capitán Quintín.
Sobre las acusaciones de espionaje soltó las siguientes frases: "Yo no sé hablar con los españoles, y tenía sus papeles como cucuruchos de envolver. En las gacetas guardaba una cuajada, y con los otros papeles del resto, que habían repartido muchos del cuartel de Bolivita, guardaba unas panelas de dulce y un rosario de cuentas amarillas, que ahora se me perdió sin aparecer, y que me servía para una protección antes de ponernos a batallar".
No sabía leer
Cuando el propio Quintín le preguntó sobre el contenido de los papeles, aseguró que lo ignoraba porque no sabía leer. Un fraile le pasó una cartilla para averiguar si mentía pero, luego de unas preguntas sobre el texto, comprobó que apenas conocía la o por lo redondo. Al final, después de un intercambio de opiniones, los superiores resolvieron que podía continuar en el ejército de la república sin ninguna reserva, aunque reportándose cada día al cabo de la guardia. En adelante perdemos el rastro de Antonio Torres. Ningún otro documento ofrece pistas sobre su oscuro tránsito, o por lo menos no han aparecido otras evidencias hasta ahora.
¿Por qué nos llama hoy la atención? Porque no debió ser un caso insólito. Seguramente muchos como él pelearon por la Independencia por motivos semejantes. Unos motivos que no fueron, ni el amor por la Corona ni el divorcio de España ni la intranquilidad de la conciencia ni la libertad pregonada por los revolucionarios, sino la alternativa de tentar la suerte en un ambiente lleno de oportunidades. Porque también, gracias a su discreto paso por la historia, Antonio Torres hace de la Independencia un suceso más familiar y menos pomposo.
Ilustración:
Retrato de Daniel Henry Kahnweiler
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