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domingo, 12 de julio de 2020

DE LA DELIBERACIÓN A LA MILICIANIZACIÓN PARLAMENTARIA

5-J y parlamento
Luis Barragán

Profundamente significativo, la  independencia venezolana tuvo por origen la deliberación. El 5 de julio de 1811, condensa todas las inquietudes,  pareceres y también temores de una hora que se supo estelar  en todo el continente.

En una extraordinaria conferencia virtual a la que concurrimos ayer, la Dra Carole Leal,  así lo ratificó, luego de disertar en torno  al proceso electoral que dio origen al Congreso Constituyente. Y, aunque se ha  perdido un buen porcentaje  de las actas de entonces, hay  evidencias de un rico y continuo intercambio de ideas de profundidad en medio de las apremiantes circunstancias y las variadas  presiones políticas del momento.

Parlamentarizadas las aspiraciones por la libertad, encontraron cauce y orden las numerosas demandas surgidas de una naciente y activa opinión pública. Al igual que la Junta Patriótica, otros clubes políticos intentaron influir en la voluntad de una representación que, con todas sus imperfecciones, insistió en reivindicarse como tal.

Hubo disidencias manifiestas en relación a la propia declaración de Independencia o del modelo a acoger, añadida la posibilidad de una monarquía constitucional.  Aquellas discrepancias no acarrearon el desconocimiento de la investidura, la estigmatización inmediata o la criminalización del parlamentario en trance de hacer historia.

Quizá la impresión de un congreso timorato, tímido o débil para dar el paso decisivo, fruto de la intensa propaganda de grupos que rivalizaron por la atención pública, dejó una huella en el inconsciente colectivo, capaz de aminorar el papel del parlamento de compararlo con los otros órganos del Poder Público, a la postre. Quizá, por siempre, se le supuso  domicilio seguro de lo peor de  la política que es la política de lo peor, como casi dos siglos más tarde se hizo moneda común para  facilitar la emergencia del proyecto totalitario hoy en curso. 

Capturas de imagen:
05/07/2020:

CADETAJE Y PODER

De la militaridad y el 5-J
Luis Barragán 

La independencia venezolana nació de la deliberación, aunque  creyó se declarada por siempre al filo de las bayonetas. Valga acotar, hay consenso en relación a la tradicional sobreimposición de la  guerra frente al ejercicio de la razón devenida  pasión incontenible hacia 1811.

El culto bolivariano de cuño guzmancista, versionado después por López Contreras y, perversamente, por Chávez Frías, irradió el imaginario social hasta consumarlo como un acto eminente y exclusivamente militar. Por más que el célebre óleo de Martín Tovar y Tovar, infaltable en los textos escolares, revelara el predominio de los civiles,  el 5 de julio quedó en la memoria como un hecho de fuerza, sin que comportase diligencia política alguna.

Posiblemente, con la creación  del Ejército en  el marco del Estado Nacional al que  le dio definitivo piso Juan Vicente Gómez, quedó consagrada la asociación. Quizá hubo  paradas militares alusivas en las décadas anteriores, llamativas y contrastantes, con motivo de la  fecha, pero es con el hijo de La Mulera que adquiere la organización y vistosidad el desfile anual de lo que se convirtió en una corporación castrense estable y  convincente, redoblando el paso en la  pista estelar del Hipódromo de El Paraíso, por ejemplo: empero, la Dra. Inés Quintero,  en su discurso ante el parlamento por 2017, supuso el rito marcial sólo  a partir de  1949 (https://www.youtube.com/watch?v=hR1JMJL39GI).

Desde nuestra más  remota infancia, entendimos como lo más importante de la celebración independentista el majestuoso evento de la avenida de Los Próceres, convertida  la sesión solemne del Congreso en una fastidiosa jornada que lo retrasaba.  En el presente siglo, en nada cambió la percepción general, excepto una variación determinante: traspasando los límites del espectáculo, devino una fatigosa faena de abierto proselitismo político, perdiendo cada vez más audiencia y entusiasmo, hasta no celebrarse con la habitual puntualidad muy antes de la pandemia en el escenario acostumbrado.

Por ironía, la militaridad ha perdido terreno en el imaginario social, según la categoría de análisis concebida por el Dr. José Alberto Olivar, quien igualmente ha reportado serios indicios de decadencia. Luego, una sencilla conclusión, al invocar la fecha, es tiempo de recuperar el espacio que perdió la civilidad.

Reproducción: El Universal, Caracas, 10/07/1913
Captura de pantalla: https://www.youtube.com/watch?v=CWhseQxcrNo
05/07/2020:
http://www.opinionynoticias.com/opinionhistoria/37231-militaridad

sábado, 11 de julio de 2020

EL CAMINO PENDIENTE

En busca del 5-J
Víctor Maldonado C.  
  
A Luis Barragán

Doscientos nueve años y un inmenso vacío. Ese sería un epitafio perfecto para un país fallido. Es poco lo que se puede evocar de la declaración de independencia y de aquellas gestas gloriosas que se narran todavía hoy en tono peripatético e infatuado, cuando la realidad es otra. Si acaso hubo independencia, ahora mismo no somos libres. Si alguna vez tuvimos país, en la actualidad eso es poco menos que una nostalgia. Ahora somos más colonia bastarda que país libre. Y el millón de kilómetros cuadrados que casi somos se lo disputan cualesquiera de las variopintas versiones de fuerza cuyo único interés es el saqueo y la depredación. Hemos vuelto al pavoroso año 1814, cuando las ciudades se vaciaron, queriendo huir de Boves, esa tiranía hecha de resentimiento, y que iba montada a caballo para arrasar con todo. Nuestro éxodo contemporáneo huye de lo mismo, de la reivindicación del odio, capaz de matarnos de hambre mientras suena al fondo la última versión de “patria querida”. La historia sirve para apreciar la secuencia que nos ha traído hasta aquí.

Ahora todo el tiempo del país transcurre encerrados en una terrible cuarentena que hiede a control social y a condicionamiento operante. El miedo a todo y a todos es la negación fisiológica de la libertad y la esperanza. Y no es que alguno piense que la pandemia sea eterna, como si lo parece ser el control férreo que tiene el caos que nos aplasta bajo el imperativo ideológico tenaz del socialismo del siglo XXI. La pandemia cesará, solo para indicarnos que no tenemos independencia alguna. Que vivimos la ruina y el fallido en la inmensa soledad de lo poco importante. Pero además lo experimentamos sabiendo que quienes deberían dirigirnos son tan fatuos y escasos, más aún que los que debieron improvisar un rol en aquellos tiempos de nuestra revolución germinal.

¿Acaso tuvo sentido? Los venezolanos solemos perdernos en los recovecos de una historia mal contada, pero que nos ha acomplejado hasta el presente. Porque ¿cómo podemos volver a ser esos héroes magnánimos que arruinaron sus vidas y haciendas para parir la libertad de todo el continente? Peor aún ¿acaso lo fueron? ¿Hubo alguna vez esa coincidencia de semidioses esclarecidos que se dedicaron a la libertad? ¿Y si no fue así? ¿Si solo fueron intereses, emociones, envidias y desencuentros que al final se sintetizaron en un curso de acción posible, el más posible, el que aprovechó las circunstancias de la debilidad y la confusión de los borbones? 

¿Qué pasa si en lugar de ser nosotros los protagonistas de nuestro destino, solamente fuimos la consecuencia de la capacidad rapaz y depredadora del “emperador de los franceses”, que puso de rodillas a una familia real venida a menos por las conjuras internas y el fétido manejo de la sucesión? ¿Y si los interinatos de aquellas épocas, las cortes y la regencia, lo hicieron tan mal que nos abrieron un espacio de justificación de los hechos cumplidos, tan incapaces que eran de comprender nada, víctimas de su propia contradicción, y si, de las brutales embestidas del ejército napoleónico? ¿Qué vamos a responder si llegamos a la conclusión de que para la época el imperio ya no era posible, y finalmente fuimos resultado y no causa, a pesar del guión que dijimos que interpretamos con esa solidez de las proclamas? ¿Y si solo fue una huida hacia ningún sitio? ¿Y cómo podemos justificar lo que después ocurrió? La primera república estaba condenada antes de nacer. ¿Por qué?

Mariano Picón Salas en su ensayo sobre Francisco de Miranda nos va relatando la trama. Para finales de 1.810 los saldos eran agridulces. La Junta Suprema no había podido incorporar al movimiento autonomista a Maracaibo, Coro y Guayana. Ellas seguían como garantes del poder español. Divididos llegaron al 5 de julio, y por eso el documento fundamental de la nacionalidad fue suscrito por representantes de las provincias de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Mérida, Barcelona y Trujillo. Un sitio, la capilla del seminario Santa Rosa de Lima. Una hora, 3:00 p.m. “Nosotros, reunidos en Congreso, queremos reafirmar nuestros derechos y autorizar el libre uso que vamos a hacer de nuestra soberanía”. ¿Nosotros? 

Al parecer pugnaban tres partidos, digamos que tres puntos de vista sobre las razones y alcances de la movida independentista. No había, por lo tanto, una antorcha de luz que los guiara hacia los senderos inefables de la unidad. Ni luz, ni música de fondo. Cada grupo tenía una apuesta que poco a poco iba a colocar sobre la única mesa posible. Tres partidos y “algunas individualidades sobre salientes y enérgicas como Rivas y Bolívar”, y de seguro, la de Francisco de Miranda. 

El primer grupo estaba integrado por “los aristócratas autonomistas que querían aprovechar la excelente coyuntura de la guerra española para mandarse solos”. Picón Salas sigue escudriñando en las razones. “Su vigorosa patria potestad, sobre hijos, esclavos, hatos de ganado, haciendas de cacao y tanques de añil, no encuentra otra restricción que la política. Ser poder político, así como ya son poder familiar y poder económico, es lo que en el fondo auspician. Hay buenos y malos hombres en esta primera ficción autonomista”.  Como siempre, a un preclaro Martín Tovar Ponte se opondrá un tortuoso e integrante Marques de Casa León. 

El segundo grupo estará formado por una juventud ilustrada, y embriagada con la lectura de los textos y autores de la revolución francesa. Estos “sienten, románticamente, el deseo de un cambio; abominan de todo lo viejo, ven en la revolución una maravillosa aventura cargada de sorpresas, y para escándalo de las antiguas familias y los prejuicios vigentes, cultivan la amistad de los pardos y gentes de color. Ellos serán el núcleo dirigente de la Sociedad Patriótica. 

El tercer grupo es la reacción. Son los comerciantes y funcionarios españoles que se ven desplazados por el patriarcado criollo, demasiado cerca, y, por lo tanto, una imposición más interesada que el lejano rey. Ellos, y el pueblo mismo, preferían esa justicia y ley aplicadas en nombre del borbón, y no lo que se venía venir, “el ensoberbecido patricio criollo que subrayaba su altanera preeminencia”.

“En nombre de Dios, todopoderoso, nosotros los representantes…”. Así comienza la larga fundamentación encomendada al diputado Juan Germán Roscio y al secretario del congreso, Francisco Isnardi. España no puede seguir rigiendo debido al “trastorno, desorden y conquista que tiene ya disuelta a la nación española”. No deja de considerarse una larga y exhaustiva lista de agravios, desencuentros y desplantes practicados por los gobiernos de España, que no les dejan ninguna otra alternativa que declarar solemnemente que las provincias unidas de Venezuela son, de hecho y de derecho, estados libres, soberanos e independientes, creyendo y defendiendo la santa, católica y apostólica religión de Jesucristo, como el primero de los deberes.

El diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar señala que el manuscrito original se perdió. Cosas de la larga guerra. No se tiene el original que llevaba las firmas de los cuarenta y un diputados, el sello del congreso, la firma de secretario Isnardi y el decreto refrendatorio suscrito por los triunviros Mendoza, Escalona y Padrón. Afortunadamente el texto había sido reproducido en El Publicista de Venezuela del 11 de julio de 1811, y en la Gaceta de Caracas del 16 de julio del mismo año. Los primeros cien años de independencia tuvieron como referencias esas fuentes. Pero en 1907 se consiguió en Valencia un libro de actas manuscrito del Congreso Constituyente de 1811-1812. Ese es el que está en el Salón Elíptico del Palacio Federal, que se abre solemnemente una vez al año. 

Al llegar Chávez al poder, lo primero que hizo fue abrir el cofre y manipular el libro de actas. Las profanaciones siempre van contra los símbolos. El que haya sido él, debió advertirnos sobre la catástrofe que luego nos iba a venir por él. Pero antes a alguien se le ocurrió que el mismo día de la independencia se celebrara también el día de la fuerza armada venezolana. Ese maridaje constante entre la ficción militar y una independencia que fue proclamada por civiles siempre ha atentado contra la comprensión de lo que somos, por una parte, y lo que nunca fuimos por la otra. Buscando el 5 de julio caigo en cuenta que todas nuestras efemérides se han perdido entre marchas militares, arengas marciales y esa visión epopéyica, ridícula y mentirosa que no nos pone a pensar en las fisuras de lo humano, que bien nos haría saber y reconocer para comprender esta inercia laberíntica que nos asola una y otra vez.

Los días previos fueron obviamente tensos. Tres partidos y dos puntos de vista. ¿Centralistas a favor de Caracas, o federales en desmedro de la fortaleza que iba a ser necesaria para enfrentar una guerra civil pavorosa, y la reacción de un imperio que no iba a quedarse de brazos cruzados? La decisión no fue la más conveniente. Y la república se perdió. Había quienes preferían hacer las cosas con calma, apostando a la progresividad. Bolívar respondía febrilmente que “vacilar es perdernos”. La sabiduría a veces no se lleva demasiado bien con el ímpetu. Miranda, diputado por El Pao, gracias a uno de los varios desplantes de la petulancia caraqueña, observaba con temor. Él quería la independencia, pero sabía de riesgos, y presentía el bochinche.

En el congreso, un arrollador discurso de Miranda a favor de la independencia fue respondido con una bofetada de Ramón Ignacio Méndez. Se fueron a las manos porque los argumentos en contra se habían agotado. La verdad es que declararon dejar de ser colonia española, pero no podían dejar de ser cultura colonial, esa que por más de trescientos años había regido sus vidas. No es fácil dejar de ser a través de un acta. No es fácil dejar de ser, por más que la emoción del momento suscriba lo contrario. Esta búsqueda nos confronta con algunos hallazgos: No fueron todos, no estaban claros, no estaban realmente unidos alrededor de un propósito unívoco, no previeron los costos. Fue una época de confusa agitación. El bochinche estaba a la vuelta de la esquina.

El resultado no podía ser otra que “la patria boba”. Una cosa era la declaración de la independencia, además suscrita con la prosa encendida de Roscio, y otra muy diferente encarar la realidad, que tuvo efectos telúricos para los que no estaban preparados los constituyentes. Mariano Picón Salas lo describe maravillosamente: “la guerra había sido actividad ajena a aquellos patricios caraqueños que gozaron de un mundo tan próspero y pacífico como el de los últimos años del coloniaje. Los capitanes de milicia de la provincia venezolana apenas lucían su hermoso tricornio, su espadín diplomático, su casaca azul, su camisa de seda en las fiestas oficiales, además regidas por el más cortesano ceremonial”. Será la guerra de las primeras sorpresas con que tropezarán los magnates. La guerra y la necesidad de reconocer la capacidad de quien la tuviera, que no todo podía darse graciosamente por el merecimiento de un buen nombre, o por riqueza.

Dos mundos se enfrentaban fratricidamente. Por una parte, los privilegios que pretendían conducir lo que ignoraban. Por la otra, la experiencia comprobada de Miranda, que por pardo, tenía los días contados. Lo odiaban. Le envidiaban su trayectoria. No lo soportaban. Pero más allá de la inquina, del quítate tú para ponerme yo, de la pretensión de que fueran los demás los que pagaran los costos, lo cierto es que después de las proclamas, y más allá de los encendidos debates del congreso, la realidad se iba a imponer y a dar todas las lecciones que fueran necesarias.

El pretender que fue un momento idílico es totalmente falso. Seguían siendo colonia. Culturalmente restringidos a sus propios fueros, tuvieron que ocurrir muchas cosas para que cayeran en cuenta que el desafío podía atropellarlos hasta dejarlos fuera de combate. Que podía ser más grande que ellos y lo que significaban. Y que nada ni nadie podía asegurarles nada. Que probablemente iban a perderlo todo, que el camino era largo, sangriento y extenuante. Pero, sobre todo, que las categorías con las que trataban de comprender al mundo no les iban a servir. Estaban inmersos en una revolución saturniana, ávida de devorar a sus perpetradores. 

Lo cierto es que en los albores de esa primera experiencia de adultez republicana la acción política y militar de 1811 estaba atascada entre el problema regionalista, el de las castas, el problema hacendado, el miedo a la igualdad que en realidad pocos, muy pocos querían, la querella constitucional, y los costos de ese experimento que, invocando a Dios todopoderoso, llamaron independencia. Desde nuestra época fundacional improvisamos, despreciamos la realidad tal y como es, creemos que los detalles que estorban a nuestros planes, ellos mismos se disuelven. Desde el principio el delirio se posesiona de nuestras decisiones. 

A doscientos nueve años mi parecer es que queda poco de esa independencia proclamada. Pasaron cosas. No nos hemos reconciliado con nuestros propios mitos. Bolívar fue también profanado, no solamente en sus huesos, peor aún, en su significado, quedando sumergido en la vorágine que nunca quiso ser. Su nombre pisoteado e igualado a la peor barbarie posible. Su legado escarnecido. Su pueblo diezmado.  ¿No habrá llegado el momento de ofrendarle la paz y el silencio que nunca le hemos dado? Y nosotros ¿advertiremos que llevamos poco más de dos siglos sin encontrar el reposo de la libertad y la verdadera prosperidad, que solo producen repúblicas con instituciones fuertes y un apego irrestricto al derecho? ¿Seguiremos invocando los trágicos espectros del caudillismo, la violencia, el poder mal entendido, la corrupción y el populismo? ¿No tenemos acaso los mismos problemas de la época fundacional? 

Mario Briceño Iragorry señaló alguna vez que Venezuela se debía a sí misma un mea-culpa colectivo. Porque mientras no adoptemos una aptitud humilde y serena, no seremos capaces de tener la claridad requerida para entender nuestra función social. Yo coincido con el intelectual trujillano en que necesitamos abrirnos a un proceso de sinceridad y austeridad capaz de llevarnos a la salvación de nuestro destino histórico y darnos las razones de nuestro desfigurado rostro presente. No podemos dejar de buscar la ocasión para que ese proceso, doloroso pero fructuoso, se dé alguna vez. Mientras tanto yo seguiré buscando en el 5J los rastros perdidos de esa libertad que quiero y que no encuentro. 

05/07/2020:
Capturas de imágenes:

5-J, HOY

5-J: OPE y la Sociedad Patriótica que somos
Juan Pablo García 
 
La  pandemia es un buen pretexto para que Nicolás y sus secuaces, se contenten con una cadena radiotelevisiva, invadiendo todas las redes sociales con sandeces, en lugar del consabido desfile militar de Los Próceres y los actos tan propios del Estado. Sin embargo, fallido, no hay Estado en Venezuela. . Además, le importa poco la fecha, porque la suya es el 26 de Julio como solemne recordatorio de fiesta nacional de los comunistas cubanos. Esto debemos tenerlo claro quienes pulverizaron  la soberanía nacional que alcanzamos en el siglo XIX con la Independencia que tantos sacrificios comportó para los venezolanos. Hoy, por ejemplo, siendo un elemento existencial del Estado, éste no controla más del 56% del territorio, subastándolo entre terroristas de toda índole; ha diezmado por hambre y mengua a la población, literalmente desplazando a más de seis millones de conciudadanos, refugiados en distintas partes del mundo; y el poder establecido es dependiente y subordinado de las mafias de otras latitudes empeñadas en acabar con la propia civilización occidental.

El 5 de Julio de 1811, nosotros asumimos la soberanía territorial, incluyendo, por cierto el territorio del Esequibo (principio del utis possidetis iuris), y la soberanía popular, es decir, la ciudadanía. Nos hicimos republicanos para reconstruir la civilidad. Sin embargo,  este régimen socialista, manipulador hasta la saciedad de Bolívar y su  herencia, ha hecho trizas la  soberanía y somos un califato petrolero del comunismo, aunque sin petróleo que procesar porque acaron con las refinería que tenemos dentro y fuera del país. Luego, no se trata sólo  de hacer unos comicios a todo evento, a todo trance, aceptarles agradecidos la conformación de un arbitrario CNE, ni  de acordar la cohabitación con el victimario. Se trata de la Independencia misma, de actualizar y de hacer valer aquél grito razonado, vehemente y contundente de 1811 frente a los enemigos de Venezuela.

Por ello, asumamos un documento fundamental, una propuesta realista y viable, un compromiso para salvar al país, iniciando la salvación del occidente amenazado: La Operación de Paz y Estabilidad (OPE), anunciada por María Corina Machado, es el camino adecuado y necesario para enfrentar y superar los inmensos peligros que representan Nicolás Maduros y sus secuaces, aún infiltrados en la Sociedad Patriótica. Porque nosotros, los venezolanos, somos y nos sentimos parte de la Sociedad Patriótica que aguijoneó al Congreso de 1811 para la Declaración de la Independencia.

05/07/2020:

5 de julio, OPE e independencia
Juan Pablo García
 
Siento la patria aquí, en el pecho. Tal día como hoy, los parlamentarios de la Venezuela de entonces, declararon con la debida contundencia, la Independencia de Venezuela. Nadie dijo que sería fácil. Ninguno arrugó a la hora de firmar el acta. La Sociedad Patriótica mantuvo en pie. La opinión pública elevó su extraordinaria y potente voz.

Que sepamos, hubo discusión en torno a lo que puede llamarse el abanico de escenarios para un gesto precursor en toda Iberoamérica. Se tomó la decisión conscientemente, empleando la ruta del coraje. No hubo otra, sino la del coraje. Esto es necesario subrayarlo porque nadie, en su sano juicio, planteó una negociación con la Corona española, ni suscribió acuerdos secretos con sus representantes y, mucho menos, hizo negocios con la propia declaración. Por ello, como diputado hoy por el estado Monagas, me siento heredero de los congresistas de 1811 que no andaban lloriqueándole a las autoridades españolas.

Ahora, planteada la propia desintegración de Venezuela por las mafias socialistas, sentimos la patria en lo más íntimo. Independencia frente a esas mafias, sus terroristas y narcotraficantes que tienen invadida a Venezuela. Este es el grito que se escucha en lo más hondo del corazón. Empuñamos el Acta de la Independencia para salir adelante con la Operación de Paz y de Estabilización (OPE).

06/07/2020:

5-J: EL HORROR

5 de Julio y Holodomor
José Alberto Olivar
 
Que la lucha por la independencia de Venezuela estuvo teñida de sangre por más de una década y la saña que la caracterizó en sus primeros años, sobre todo aquel terrible 1814, superó al resto de los procesos coetáneos en la América Hispana, hoy quizá luce fútil. Si a ello le agregamos, la vorágine federal que, a mitad del siglo XIX, apenas treinta años después de la magna gesta, casi condenó a la disolución política y social de aquel endeble país, su secuela demográfica resulta banal para los cultores de la barahúnda. 

No resulta inverosímil elucubrar que cuando transcurra el tiempo necesario, a veces más de lo esperado, y se haga referencia al sacrificio de los venezolanos en esta hora menguada, salte alguno a negar o al menos a relativizar, el genocidio programado que el régimen totalitario ha puesto en marcha en Venezuela, siguiendo a pie juntillas, apolillados métodos estalinistas.

Esta suerte de Holodomor criollo azuzado por tenebrosas mentes de naturaleza criminal, resueltos a no entregar jamás el poder político que lograron asaltar, puede que haya comenzado a ensayarse de manera focalizada hacia sectores opositores particularmente activos, muchos de los cuales, al ver recrudecer los sinsabores del panorama nacional, optaron por una emigración forzada, que permitió al chavezalato primero y luego al madurato, liquidar de un tajo su incidencia electoral.

Y ante la imposibilidad de seguir maquillando la caída de la renta internacional de petróleo, como bien lo definiera Asdrúbal Baptista, los personeros de la ignominia no dudaron en desplegar todo el horror de una política deliberada que ya no solo dirigida contra opositores sino contra su propia clientela. El déficit nutricional agravado y la insuficiencia de medicamentos pulsada con mayor dramatismo entre 2014 y 2017, causó estragos inimaginables a dos generaciones de venezolanos que mal que bien había sobrellevado su vida imbuidos por el consumismo de otrora.

De manera que rasgos cotidianos del presente como la escasez, la hiperinflación, el colapso generalizado de los servicios públicos y privados, la inseguridad jurídica, entre otras malignidades que afectan como un todo al cuerpo social del país, tienden a somatizarse individualmente, concitando víctimas mortales, la más de las veces no cuantificadas por los registros oficiales.

No se trata simplemente de reducir la calidad de vida del venezolano promedio hasta doblegarlo y colocarlo a merced del Estado totalitario, sino de dar de baja por la vía del suicido, la muerte súbita, la riña callejera, entre otros, a todo aquel sea chavista u opositor en un rango de 40 y 70 años de edad, que hoy resulta un fardo entre pesado y poco confiable a un régimen que apuesta en el mediano y largo plazo controlar las mentes de millones de niños, adolescentes  y jóvenes adultos “nacidos en revolución”, maleables y propensos a servir de cohesionada tropa, tal como lo advirtiera el relato orwelliano. 

Ese Holodomor nuestro, del que probablemente no se hallarán pruebas documentales, será negado una y mil veces por una maquinaria de propaganda mundial complaciente y oportunista, que a lo sumo comienza a rumiar que el proyecto venezolano no representa el verdadero socialismo. 

¡Que Dios nos agarre confesados!

05/07/2020:
Captura de pantalla / Protesta 2017:

5-J: EL AULA

Universidad y libertad: 5-J
William Anseume  

Conmemoramos la libertad pérdida. Los fundadores, reunidos en Congreso Constituyente, sabiamente, desde la política,

proclamaron palabras inolvidables, en acta: "... usar de los derechos de que los tuvo privada la fuerza...". "Soberanía". "...la horrorosa suerte que vamos ya a apartar de nosotros para siempre...". "...estamos libres y autorizados para no depender de otra autoridad que la nuestra...". Y así...

Pues bien, varios de esos diputados pertenecían a la Universidad de Caracas. Encabezados, los miembros pertenecientes a ella, nada menos que por uno de los cerebros más útiles de la fundación, acariciador del proyecto de la liberación desde mucho antes del 19 de abril del año anterior a la independencia: Juan Germán Roscio. 

Además, si atendemos las relaciones documentadas en el libro de Inés Quintero y otros autores, titulado Más allá de la guerra (2008), muchos universitarios conformaron la más o menos escandalosa y rebelde Sociedad Patriótica. Así: "La Universidad de Caracas respaldó la declaración de independencia del 5 de julio de 1811". "La respuesta de los estudiantes y profesores de la Universidad de Caracas fue de compromiso y defensa del proyecto independentista". Hasta en armas: "... los estudiantes de la Universidad de Caracas se comprometieron de manera directa en la protección y defensa de la República". No abundo más, innecesariamente. 

Desde la fundación de la República, toda tiranía tiene en la universidad un fortísimo enemigo. Puede cotejarse revisando cuidadosamente el devenir histórico al respecto: la universidad contra Gómez, la universidad contra Pérez Jiménez, la universidad contra Chávez y ahora contra Maduro, por ejemplo. Tiranía y universidad, opresión y universidad, son definitivamente incompatibles desde los orígenes que nos permitieron la libertad, ésa, la que se nos volvió desgraciadamente a extraviar. 

Es una obligación la restitución de la República. De nuevo el congreso (Asamblea Nacional),con escaso tiempo de permanencia ya, y los representantes de los respectivos estados, los diputados, varios de ellos que fueron o son universitarios; varios de ellos presos en las mazmorras hoy, corre con el peso mayor de las circunstancias políticas. Deben obrar con todas las cartas sobre y bajo la ¿mesa? Fincarse, además, en la universidad. Porque el propósito hoy, como aquel 5 de julio, no puede ser otro que la libertad y la soberanía. Dos conceptos oprimidos hasta la muerte en este momento también horrendo en Venezuela. La universidad tiene mucho que aportar y lo hace, como siempre: ideas y lucha continua. Universidad y libertad han corrido hermanadas. No es momento, como se aprecia en el odio mortal que el el régimen le profesa, para que haya separación alguna, ni chica, entre libertad y universidad. 

Libertad y soberanía vuelven a esperar por su rescate. Los venezolanos, universitarios o no, debemos apreciar de nuevo no sólo el acta como un resultado simbólico al que alabar de lejos, sino fundamentarnos en las acciones que indujeron a la liberación. Allá debemos ir responsablemente. Sin detención alguna. Es tarde. Luego será más tarde. 

05/07/2020:
Captura de imagen / Graduación de Oficiales / Universidad Militar:

5-J: EL PRESENTE

Venezuela esta como pocas veces en riesgo desde el 5-J de 1811
Armando Martini

El 5-J, se conmemora una fecha patria, sublime, gloriosa, excelsa, tiempo ciudadano, momento de libertad. La declaración de Independencia. Proceso político/jurídico que comienza a dar sus pasos el 19 de abril 1810, y culmina con la promulgación de la Constitución, el 21 de diciembre 1811. Genuino y único proceso constituyente que ha habido en Venezuela. Y con ocasión de esa causa, se da la transformación política transcendental: de la Monarquía a la República.

El 2 de marzo de 1811 se instala el Congreso General de Venezuela, primer Parlamento de nuestra historia republicana, reunido en la capilla del Seminario Santa Rosa de Lima, cuya misión seria la redacción de la Constitución. Sin embargo, se observa, percibe un ambiente de necesidad que reclama juramentos para una declaración seria, formal de independencia; se plantea la oportunidad, considera la legitimidad, fundamentan alegatos de las razones y queda la redacción del Acta a cargo de Juan Germán Roscio/Francisco Isnardi.

En su primer párrafo se ubica en contexto y justifica:

“En el nombre de Dios Todopoderoso, nosotros, los representantes de las Provincias Unidas de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo, que forman la Confederación americana de Venezuela en el continente meridional, reunidos en Congreso, y considerando la plena y absoluta posesión de nuestros derechos, que recobramos justa y legítimamente desde el 19 de abril de 1810, en consecuencia de la jornada de Bayona y la ocupación del trono español por la conquista y sucesión de otra nueva dinastía constituida sin nuestro consentimiento, queremos, antes de usar de los derechos de que nos tuvo privados la fuerza, por más de tres siglos, y nos ha restituido el orden político de los acontecimientos humanos, patentizar al universo las razones que han emanado de estos mismos acontecimientos y autorizan el libre uso que vamos a hacer de nuestra soberanía”.

Diáfana, cristalina e inequívoca en el último párrafo:

“Nosotros, pues, a nombre y con la voluntad y autoridad que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solemnemente al mundo que sus Provincias Unidas son, y deben ser desde hoy, de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la Corona de España o de los que se dicen o dijeren sus apoderados o representantes, y que como tal Estado libre e independiente tiene un pleno poder para darse la forma de gobierno que sea conforme a la voluntad general de sus pueblos, declarar la guerra, hacer la paz, formar alianzas, arreglar tratados de comercio, límite y navegación, hacer y ejecutar todos los demás actos que hacen y ejecutan las naciones libres e independientes”.

Un evento civil, como pocos, (16J 2017 día de la Consulta Nacional o plebiscito, es otro magnífico ejemplo), ante la situación política derivada de la invasión napoleónica a España, los venezolanos se plantean hasta qué punto es legítimo el sometimiento a esa Corona. El proceso de Independencia fue así, en su origen, un planteamiento fundamentado en ideas, preocupación por cuál era el camino legítimo y correcto a seguir como Nación.

Es por ello que una ceremonia militar, como es la tradición, resulta anacronismo histórico. El 5-J de 1811, debe ovacionarse en la Asamblea Nacional, heredera del Congreso General de Venezuela, en el cual se declararía la Independencia y suscribiría el Acta.

2020 debe ser jornada de valor, coraje, ya no seremos peones cómplices ni complacientes del castrismo, ni de la torpeza injustificable de secuaces asociados, menos aún, de una revolución ficticia producto de un capricho e ignorancia de patibularios; sinvergüenzas oportunistas, que abandonaron la delincuencia, en la cual ayudaron a saquear y saquearon a su vez, estableciéndose descarados en inversos, con el solo interés de sobrevivencia, encontrando encubridores en la impunidad a sus delitos, tropelías y abusos. Todos deberán ser denunciados, juzgados, expuestos; pagar con cárcel y desprecio popular sus infracciones.

Los ciudadanos están comprometidos con la conciencia en la mirada y voluntad de cambio profundo, radical, por los que vendrán mañana. Somos dueños de nuestro destino, beneficiarios de la sangre ardiente libertadora y herencia genética de los próceres. No roedores de la tiranía, sino abanderados de la libertad.

Venezuela vive una tragedia y atraviesa una de la más grave crisis de su historia. Dificultades en todos los aspectos y ámbitos de la sociedad. El panorama es de enorme intranquilidad e inmenso desespero, se plantea la entrega a un régimen castrista por la irrita e ilegítima Asamblea Nacional Constituyente, arrogándose poderes soberanos, al margen de la Constitución, principios y valores republicanos que, condensados en el Acta de Independencia, deberían ser el ámbito de nuestra vida política.

Se nos quiere imponer con arbitrariedad y dominación atraso en las conquistas ciudadanas a la libertad lograda, con avances y retrocesos, desde el 19 de abril 1810 y el 5 de julio 1811. Si la celebración como acto civil de rebeldía constitucionalmente protegida ante el poder espurio, fraudulento, abusivo, opresor y violador de los Derechos Humanos es vital recordarlo cada año, este 2020 es mucho más que todos los anteriores.

¡Dios bendiga a Venezuela y a quienes, en ella, tuvimos la distinción de haber nacido o adoptado como patria!

05/07/2020:
https://www.lapatilla.com/2020/07/05/venezuela-esta-como-pocas-veces-en-riesgo-desde-el-5-j-de-1811-por-armandomartini/
Captura de imagen / Nicolás Maduro el 5 de julio de 2020:
https://www.youtube.com/watch?v=6hOlZXsh3_A