Del niño que vino y se fue del mismo país
Luis Barragán
El pasado martes 10 de los corrientes, fue un día duro y penoso. Antes de acudir a la sesión parlamentaria e intentar que se debatiera la solicitud hecha por el legítimo Tribunal Supremo de Justicia para enjuiciar a Nicolás Maduro, acudimos a la funeraria del Hospital Militar para dar testimonio de solidaridad por el trágico deceso del menor hijo de una integrante del servicio médico del Palacio Legislativo.
Todavía incomprensible, el niño se ahorcó y, sobrepasando los límites de la póliza, sus familiares hicieron un extraordinario esfuerzo para sufragar los gastos del sepelio. Puede decirse, moderándonos con los detalles del doloroso caso, que el escolar vino y se marchó de un país que sus padres y muy numerosas generaciones atrás, jamás conocieron o sospecharon.
Después, coincidiendo con uno de los fotógrafos de la Asamblea Nacional, decimos caminar hacia el centro histórico de la ciudad para cumplir con nuestras obligaciones laborales, pues, fue imposible tomar el transporte público, el subterráneo o el de superficie, como ya es lógico en la trama urbana. Bajando por las instalaciones hospitalarias, nos detuvimos por un momento y logramos la gráfica de un mural relacionado con Chávez Frías, un poco más meritorio que el grafiterismo deliberado y masivo que él mismo ordenó, saturando todas los caseríos, pueblos y ciudades del hastío que el sucesor ha consagrado.
Ya en la avenida San Martín, un poco más delante del otrora INCE, aún enrejado el acceso de lo que supusimos una dependencia oficial, descubrimos otro mural en el que un niño – así es, un niño – repite el gesto violento y emblemático del socialismo del siglo XXI, con vestimenta militar y en trance de golpear con un puño la palma abierta de otra mano. Por más hipótesis que nos desbordaran silenciosamente en la funeraria, sintetizando una respuesta necesaria, es el país al que vino y del que prematuramente se fue el hijo de una abnegada enfermera que, faltando poco, ha sufrido los embates de la agresión oficialista en la sede parlamentaria.
Siempre nos inquietó ver los fragmentos de las estatuas de Antonio Guzmán Blanco, “El saludante” y “El manganzón”, en el Museo Boulton de la ciudad capital, pues, asegurábamos, debieron quedar en pie como recordatorio de su prolongado dominio en el siglo XIX, al igual que la reflexión suscitada por el inmediato desmantelamiento de las esculturas alusivas en la Rusia del derrumbe soviético, como lo ejemplifican algunas escenas de la película “Good Bye, Lenin!” de Wolfgang Becker (2003). Ahora, comprendemos a cabalidad la necesidad y la razón terapéuticas de borrar todo vestigio de las dictaduras que, al burlarse de sus víctimas, nunca dejaron de publicitarse, emplear una intensa y perversa pedagogía, y de profundizar en la pretendida religiosidad de sus desmanes.
Mayoritariamente huérfanos de alguna novedad o mérito estético, nada asombrará el activo y espontáneo desprecio hacia los murales de un oficialismo que se ofende cuando es atacada una que otra escultura alusiva al barinés, como si él mismo no ´consintió el impune derribo de la tradicional pieza de Colón hacia Plaza Venezuela, aun tratándose de una obra pública. Por ello, creemos, estamos a tiempo de salvar la memoria de lo que fue y ha sido este régimen que tarifó todas las paredes y rincones del país con su brochazo de indignidades, por lo que luce indispensable fotografiarlos y orbitarlos en las redes antes que la rabia les dé alcance.
Mueren prematuramente muchos inocentes en la Venezuela actual, más de lo que se sabe a través de los medios. Dios acoja en su Santa Gloria al muchacho que, apenas, por instantes, se supo venezolano.
Fotografías: LB (Caracas, 10/04/2018): Murales del Hospital Militar y de la Avenida San Martín.
16/04/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/32395-barragan-
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sábado, 14 de abril de 2018
domingo, 2 de octubre de 2016
TRAGEDIA
La difteria y el infanticidio
Nicomedes Febres
* La difteria es una enfermedad epidémica, casi siempre infantil que es terrible, porque es altamente transmisible y con frecuencia es mortal, y los niños, además del malestar de la infección, sufren de disnea por el crup diftérico que son membranas infectadas que se alojan en las vías respiratorias y dificultan la respiración. El tratamiento es con unos sueros especiales antidiftéricos y antibióticos y se previene con vacunas. Se transmite por contacto con personas infectadas por las gotitas en el aire que respiran. Nunca he visto a un paciente con difteria, pero debíamos estar pendientes de su diagnóstico. Como fue una enfermedad que desapareció desde la aplicación de la vacuna triple, y aquí se le aplicaba a todos los niños, fue perdiendo importancia epidemiológica. De allí que la aparición de ella y la muerte de muchos niños en el estado Bolívar habla de ausencia de aplicación de la vacuna triple, que era antes una norma sagrada de aplicación, lo cual configura un delito sanitario del gobierno, sus responsables de salud y sus sanitaristas. Supongo que algún genio oculto del Ministerio de Sanidad decidió que si la enfermedad no hacía aparición desde hacía tantos años, para que se iba a gastar un dinero que se podían robar, si no iba a pasar nada, o lo que es peor, son los cubanos los responsables de traer las vacunas que antes se importaban de Estados Unidos e Inglaterra, y por supuesto las vacunas no sirven para un carajo. Esto es un infanticidio masivo causado por los cubanos; y maduro?, bien gracias. La mejor descripción de la enfermedad la leí en un cuento de Rudyard Kipling llamada Stalky y Compañía y se los recomiendo, como sería de angustiante la narración que todavía la recuerdo entre mis lecturas de adolescencia. Sin embargo, he visto morir de asfixia a pacientes y es muy dramático, imagínenselo en un niño. Pero no es solo la difteria la que ha retornado, lo mismo sucede con otras enfermedades epidémicas como la malaria que fue erradicada de Venezuela por nuestros sanitaristas, no solo médicos sino también de otras profesiones como biólogos, ingenieros ambientales hasta el personal de apoyo, y vale la pena acotar que esos estudios fueron con mucho financiados por Nelson Rockefeller y la Standard Oil. Rockefeller comenzó a venir a Venezuela luego de la muerte de Juan Vicente Gómez y se amistó con todos los presidentes venezolanos desde López Contreras hasta Betancourt y una vez que se dieron cuenta los gringos que aquí no habría una suerte de Revolución Mexicana a la muerte del Benemérito, empezaron a invertir duro en nuestro país. Esos profesionales criollos fueron formados en la Universidad de New York, y allí aprendieron su trabajo, luego se desparramaron por nuestros campos a fumigarlos hasta que la malaria desapareció en la batalla que encabezó Arnoldo Gabaldón y otros sanitaristas de la primera generación. Fue por esa amistad entre Rockefeller y López Contreras o Betancourt, que Venezuela en esa década posterior a la muerte de Gómez, se transformó en el primer productor mundial de crudo y se modernizó y su petróleo fue 8 veces más rentable que el petróleo mexicano de Lázaro Cárdenas. No creo que haya habido un extranjero que haya influenciado más positivamente a Venezuela que Rockefeller, desde lo petrolero, de donde sacó ingentes beneficios porque tampoco era carmelita descalza, a lo agropecuario, lo industrial, lo comercial, lo sanitario o lo asistencial y preventivo. Lo que nunca he entendido es porque fue tan satanizado. Supongo que sería por la habilidad innata de los comunistas para desprestigiar a la gente o por la mala fama del padre, fundador de la Standard Oil, un tipo famoso por lo cicatero y hábil comerciante y su visión para los negocios. Leí su vida y obra cuando estaba escribiendo el libro sobre la historia cultural del petróleo en nuestro país, aun no publicado, y que ninguna empresa lo publicará hasta que no salgamos de esta pesadilla. Porque esa es otra historia, la de la autocensura de las empresas para no disgustar a PDVSA y el gobierno y no estoy entre los afectos del régimen ni en su lista de invitados. Es que no me dejo querer.
* La foto del día es la garganta de un paciente con difteria. Se aprecia en primer plano a la lengua y luego la úvula llamada popularmente la campanilla y a su lado las placas blancas del crup diftérico. Me perdonan la crudeza, pero al pan, pan y al vino, vino.
Fuente:
https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10209986605922490
Nicomedes Febres
* La difteria es una enfermedad epidémica, casi siempre infantil que es terrible, porque es altamente transmisible y con frecuencia es mortal, y los niños, además del malestar de la infección, sufren de disnea por el crup diftérico que son membranas infectadas que se alojan en las vías respiratorias y dificultan la respiración. El tratamiento es con unos sueros especiales antidiftéricos y antibióticos y se previene con vacunas. Se transmite por contacto con personas infectadas por las gotitas en el aire que respiran. Nunca he visto a un paciente con difteria, pero debíamos estar pendientes de su diagnóstico. Como fue una enfermedad que desapareció desde la aplicación de la vacuna triple, y aquí se le aplicaba a todos los niños, fue perdiendo importancia epidemiológica. De allí que la aparición de ella y la muerte de muchos niños en el estado Bolívar habla de ausencia de aplicación de la vacuna triple, que era antes una norma sagrada de aplicación, lo cual configura un delito sanitario del gobierno, sus responsables de salud y sus sanitaristas. Supongo que algún genio oculto del Ministerio de Sanidad decidió que si la enfermedad no hacía aparición desde hacía tantos años, para que se iba a gastar un dinero que se podían robar, si no iba a pasar nada, o lo que es peor, son los cubanos los responsables de traer las vacunas que antes se importaban de Estados Unidos e Inglaterra, y por supuesto las vacunas no sirven para un carajo. Esto es un infanticidio masivo causado por los cubanos; y maduro?, bien gracias. La mejor descripción de la enfermedad la leí en un cuento de Rudyard Kipling llamada Stalky y Compañía y se los recomiendo, como sería de angustiante la narración que todavía la recuerdo entre mis lecturas de adolescencia. Sin embargo, he visto morir de asfixia a pacientes y es muy dramático, imagínenselo en un niño. Pero no es solo la difteria la que ha retornado, lo mismo sucede con otras enfermedades epidémicas como la malaria que fue erradicada de Venezuela por nuestros sanitaristas, no solo médicos sino también de otras profesiones como biólogos, ingenieros ambientales hasta el personal de apoyo, y vale la pena acotar que esos estudios fueron con mucho financiados por Nelson Rockefeller y la Standard Oil. Rockefeller comenzó a venir a Venezuela luego de la muerte de Juan Vicente Gómez y se amistó con todos los presidentes venezolanos desde López Contreras hasta Betancourt y una vez que se dieron cuenta los gringos que aquí no habría una suerte de Revolución Mexicana a la muerte del Benemérito, empezaron a invertir duro en nuestro país. Esos profesionales criollos fueron formados en la Universidad de New York, y allí aprendieron su trabajo, luego se desparramaron por nuestros campos a fumigarlos hasta que la malaria desapareció en la batalla que encabezó Arnoldo Gabaldón y otros sanitaristas de la primera generación. Fue por esa amistad entre Rockefeller y López Contreras o Betancourt, que Venezuela en esa década posterior a la muerte de Gómez, se transformó en el primer productor mundial de crudo y se modernizó y su petróleo fue 8 veces más rentable que el petróleo mexicano de Lázaro Cárdenas. No creo que haya habido un extranjero que haya influenciado más positivamente a Venezuela que Rockefeller, desde lo petrolero, de donde sacó ingentes beneficios porque tampoco era carmelita descalza, a lo agropecuario, lo industrial, lo comercial, lo sanitario o lo asistencial y preventivo. Lo que nunca he entendido es porque fue tan satanizado. Supongo que sería por la habilidad innata de los comunistas para desprestigiar a la gente o por la mala fama del padre, fundador de la Standard Oil, un tipo famoso por lo cicatero y hábil comerciante y su visión para los negocios. Leí su vida y obra cuando estaba escribiendo el libro sobre la historia cultural del petróleo en nuestro país, aun no publicado, y que ninguna empresa lo publicará hasta que no salgamos de esta pesadilla. Porque esa es otra historia, la de la autocensura de las empresas para no disgustar a PDVSA y el gobierno y no estoy entre los afectos del régimen ni en su lista de invitados. Es que no me dejo querer.
* La foto del día es la garganta de un paciente con difteria. Se aprecia en primer plano a la lengua y luego la úvula llamada popularmente la campanilla y a su lado las placas blancas del crup diftérico. Me perdonan la crudeza, pero al pan, pan y al vino, vino.
Fuente:
https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10209986605922490
Etiquetas:
infanticidio,
Nicomedes Febres. Difeteria
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