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domingo, 30 de septiembre de 2018
VARIAS DISCIPLINAS EN UNA
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martes, 5 de septiembre de 2017
AFINACIÓN DEL ESCUCHA
EL NACIONAL, Caracas, 5 de septiembre de 2017
I Hear America Singing
Hannia Gómez
Gaily bedight,
A gallant knight,
In sunshine and in shadow,
Had journeyed long,
Singing a song,
In search of Eldorado
Edgar Allan Poe. "Eldorado" 1
Las ciudades invisibles son un sueño
que nace del corazón de las ciudades visibles
Ítalo Calvino. Las ciudades invisibles 2
I Hear America Singing 3
En el magnífico valle de la ciudad de Caracas y su largo frente marítimo sobre la costa del mar Caribe, coexistieron muchas influencias arquitectónicas a mediados del siglo XX que la convirtieron en una de las ciudades más arquitectónicamente ricas de toda América. Observando la ciudad moderna, una de las culturas más influyentes y transformadoras de su fábrica urbana la trajeron consigo los arquitectos, diseñadores, urbanistas y artistas norteamericanos que trabajaron en la capital. La exposición que la Fundación Docomomo Venezuela presenta hasta el próximo 1° de octubre en la Sala TAC del Trasnocho Cultural en Caracas, Arquitectura norteamericana en Caracas 1925-1975: Our Architects, es el resultado de acercarnos a oír el canto de América en Caracas.
Coincidiendo con los años del inicio y auge de la explotación petrolera y también de la apertura y el fortalecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica, ubicamos el florecimiento de los aportes norteamericanos entre 1925 y 1975. Cincuenta años de producción arquitectónica y urbana intensa que transformarán radicalmente a la capital y de la que hoy la ciudad de Santiago de León de Caracas, que este 2017 llega a sus cuatrocientos cincuenta aniversario, se enorgullece en contar como suya, conservándola como su patrimonio para el mundo. Una herencia compartida con Estados Unidos, pronta a ser incluida en el Registro de Docomomo US gracias al presente proyecto, ya que en esta oportunidad, además del placer de trabajar de nuevo con la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, Docomomo Venezuela tuvo el honor de colaborar con el programa de Historic Preservation de la Graduate School of Architecture, Planning and Preservation (Gsapp) de Columbia University, gracias a su director Jorge Otero-Pailos y a la profesora Jennifer Gray y con Docomomo US, de la mano de su presidente, Theodore Prudon.
Al comenzar esta investigación nos encontramos con una situación inesperada. Al ir a buscar en la ciudad la arquitectura construida por los norteamericanos y querer adentrarnos más allá de los iconos reconocidos, era difícil discernir en la fábrica urbana la obra arquitectónica norteamericana menos monumental. Para oír a América cantar, debimos afinar mucho el oído. Era como si la modernidad local, por estar tan cercana a los modelos y referencias estadounidenses, se había fusionado con ellos de manera prácticamente indeleble. Esto se explica tanto por el enorme impacto cultural de la influencia norteamericana en todos los ámbitos de la vida caraqueña en esos años, como por la gran cantidad de profesionales venezolanos que se formaron en Estados Unidos cuando en el país aún no había una escuela de arquitectura –la de la Universidad Central de Venezuela fue fundada en 1953–, cosa que siguió pasando incluso después.
De manera que Caracas es una ciudad llena de lo que hemos querido denominar “avatares”; es decir, formas urbanas y arquitectónicas que parecen norteamericanas, pero que fueron diseñadas por autores locales.4 Como su nombre lo indica, un avatar es una encarnación. Una vicisitud por la que pasan los edificios cuando se suscita un cambio.5 Y eso fue lo que ocurrió en la ciudad cuando se produjo el acercamiento a Estados Unidos. Decenas de nuevas tipologías urbanas y arquitectónicas irrumpieron en ella, unas proyectadas en su país de origen y otras… aquí.
Pero hay más. Otro hallazgo es que de nuevo, al igual que lo que descubrimos al estudiar las arquitecturas de influencia italiana (Las Italias de Caracas, 2013) y las arquitecturas de influencia española (Suite Iberia, 2015), al investigar la influencia norteamericana encontramos que en nuestra ciudad vinieron a trabajar los mejores autores.6.7. Caracas siempre quiso lo mejor para Caracas. En este caso, los mejores de todo Estados Unidos. Los mejores artistas, como Calder; los mejores paisajistas, como Olmsted Brothers; los mejores arquitectos de golf, como Banks, Van Kleek y Wilson; los mejores promotores, como Moses; la mejor diseñadora de interiores, como Parish; los mejores planificadores, como Violich y Sert; el mejor arquitecto de casas club, como Wendehack; los mejores arquitectos de palacios del cine, como John & Drew Eberson. Y los mejores arquitectos: Harrison, Neutra, Breuer, Goff, Fuller, Embury, Hatch, Webb, Vestuti, Johnson & Burgee, Holabird, Robot & Burree, Badgeley & Bradbury, Shaw, Metz & Dolió, Graven & Mayger, Emery Roth & Sons. Los mejores. Simply, the best.
Una excelencia que se explica por la presencia en Venezuela –y por la pasión que sentía por este país– un hombre que, también él mismo, era el mejor en todo lo que hacía: Nelson Aldrich Rockefeller. Rockefeller quiso siempre lo mejor para Caracas y para Venezuela, un país del cual se enamoró y al que colocó en lugar preferencial sobre todos los demás países latinoamericanos. Es el país donde se construyera su casa moderna sutilmente neocolonial, la hermosa Monte Sacro (Don Hatch, 1959), donde viniera a pasar en 1963 la luna de miel con su esposa Happy. De una u otra manera, los profesionales estadounidenses que hemos mencionado fueron casi todos hombres de Rockefeller, los arquitectos, relacionados con sus empresas, sus proyectos y sus oficinas del número 30 de Rockefeller Plaza, en Nueva York. Las líneas de las historias de estos personajes y de sus proyectos se entrecruzan siempre con las de Rockefeller, como veremos desarrollarse a todo lo largo del relato de OUR architects: en Caracas.
Lo cual nos trae a una tercera revelación: la importancia de la influencia de la ciudad de Nueva York por sobre todas las demás ciudades norteamericanas en Caracas, lo cual confirma lo que siempre habíamos sospechado: que Caracas es en muchos sentidos como Nueva York y que la relación Caracas-Nueva York es fundamental para su historia moderna.8
NOTAS:
1 Edgar Allan Poe. “Eldorado”, The Flag of Our Union, Boston, 1849.
2 Ítalo Calvino. Nota preliminar, Las ciudades invisibles, conferencia en inglés para los estudiantes de la Graduate Writing Division, Columbia University, Nueva York, 29 de marzo, 1983.
3 Walt Whitman. “I Hear America Singing”, Inscriptions, Leaves of Grass, Harold W. Blodgett & Sculley Bradley editores, Brooklyn, Nueva York, 1900.
4 Miguel de Toro y Gisbert. “Avatar”, Pequeño Larousse Ilustrado, Editorial Larousse, París, 1970: p. 118.
5 La idea se la debemos al arquitecto Frank Alcací, vicepresidente de Docomomo Venezuela.
6 Docomomo Venezuela. Las Italias de Caracas, Sala TAC, Caracas, julio-octubre 2013: http://docomomovenezuela.blogspot.com/2012/12/exposicion-exhibition.html
7 Docomomo Venezuela. Suite Iberia: La arquitectura de influencia española en Caracas, Sala TAC, Caracas, julio-septiembre 2015: http://docomomovenezuela.blogspot.com/2015/08/exposicion-exhibition.html
8 A la primera persona que le oímos decir esto fue al profesor Richard Plunz, director del Programa de Diseño Urbano de la Gsapp de la Universidad de Columbia, cuando estuvo en Caracas conduciendo un trabajo junto al IREU (Instituto Regional de Estudios Urbanos) a finales de 1999. Ver: Richard Plunz, Michael Conard y Modjeh Baratlo. Caracas Litoral, Venezuela: New Urbanisms, Princeton Architectural Press, Princeton, 1999: https://www.amazon.com/Caracas-Litoral-Venezuela-NewUrbanisms/dp/1568984464
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/hear-america-singing_202018
Fotografías:
Centro comercial Las Mercedes (f. 1955 - Progressive Architecture).
Monte Sacro, la casa sobre una colina del Nelson A. Rockefeller, obra del arquitecto estadounidense Don Hatch, 1959 (f. 1963 - Cablefoto).
I Hear America Singing
Hannia Gómez
Gaily bedight,
A gallant knight,
In sunshine and in shadow,
Had journeyed long,
Singing a song,
In search of Eldorado
Edgar Allan Poe. "Eldorado" 1
Las ciudades invisibles son un sueño
que nace del corazón de las ciudades visibles
Ítalo Calvino. Las ciudades invisibles 2
I Hear America Singing 3
Coincidiendo con los años del inicio y auge de la explotación petrolera y también de la apertura y el fortalecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica, ubicamos el florecimiento de los aportes norteamericanos entre 1925 y 1975. Cincuenta años de producción arquitectónica y urbana intensa que transformarán radicalmente a la capital y de la que hoy la ciudad de Santiago de León de Caracas, que este 2017 llega a sus cuatrocientos cincuenta aniversario, se enorgullece en contar como suya, conservándola como su patrimonio para el mundo. Una herencia compartida con Estados Unidos, pronta a ser incluida en el Registro de Docomomo US gracias al presente proyecto, ya que en esta oportunidad, además del placer de trabajar de nuevo con la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, Docomomo Venezuela tuvo el honor de colaborar con el programa de Historic Preservation de la Graduate School of Architecture, Planning and Preservation (Gsapp) de Columbia University, gracias a su director Jorge Otero-Pailos y a la profesora Jennifer Gray y con Docomomo US, de la mano de su presidente, Theodore Prudon.Al comenzar esta investigación nos encontramos con una situación inesperada. Al ir a buscar en la ciudad la arquitectura construida por los norteamericanos y querer adentrarnos más allá de los iconos reconocidos, era difícil discernir en la fábrica urbana la obra arquitectónica norteamericana menos monumental. Para oír a América cantar, debimos afinar mucho el oído. Era como si la modernidad local, por estar tan cercana a los modelos y referencias estadounidenses, se había fusionado con ellos de manera prácticamente indeleble. Esto se explica tanto por el enorme impacto cultural de la influencia norteamericana en todos los ámbitos de la vida caraqueña en esos años, como por la gran cantidad de profesionales venezolanos que se formaron en Estados Unidos cuando en el país aún no había una escuela de arquitectura –la de la Universidad Central de Venezuela fue fundada en 1953–, cosa que siguió pasando incluso después.
De manera que Caracas es una ciudad llena de lo que hemos querido denominar “avatares”; es decir, formas urbanas y arquitectónicas que parecen norteamericanas, pero que fueron diseñadas por autores locales.4 Como su nombre lo indica, un avatar es una encarnación. Una vicisitud por la que pasan los edificios cuando se suscita un cambio.5 Y eso fue lo que ocurrió en la ciudad cuando se produjo el acercamiento a Estados Unidos. Decenas de nuevas tipologías urbanas y arquitectónicas irrumpieron en ella, unas proyectadas en su país de origen y otras… aquí.
Pero hay más. Otro hallazgo es que de nuevo, al igual que lo que descubrimos al estudiar las arquitecturas de influencia italiana (Las Italias de Caracas, 2013) y las arquitecturas de influencia española (Suite Iberia, 2015), al investigar la influencia norteamericana encontramos que en nuestra ciudad vinieron a trabajar los mejores autores.6.7. Caracas siempre quiso lo mejor para Caracas. En este caso, los mejores de todo Estados Unidos. Los mejores artistas, como Calder; los mejores paisajistas, como Olmsted Brothers; los mejores arquitectos de golf, como Banks, Van Kleek y Wilson; los mejores promotores, como Moses; la mejor diseñadora de interiores, como Parish; los mejores planificadores, como Violich y Sert; el mejor arquitecto de casas club, como Wendehack; los mejores arquitectos de palacios del cine, como John & Drew Eberson. Y los mejores arquitectos: Harrison, Neutra, Breuer, Goff, Fuller, Embury, Hatch, Webb, Vestuti, Johnson & Burgee, Holabird, Robot & Burree, Badgeley & Bradbury, Shaw, Metz & Dolió, Graven & Mayger, Emery Roth & Sons. Los mejores. Simply, the best.
Una excelencia que se explica por la presencia en Venezuela –y por la pasión que sentía por este país– un hombre que, también él mismo, era el mejor en todo lo que hacía: Nelson Aldrich Rockefeller. Rockefeller quiso siempre lo mejor para Caracas y para Venezuela, un país del cual se enamoró y al que colocó en lugar preferencial sobre todos los demás países latinoamericanos. Es el país donde se construyera su casa moderna sutilmente neocolonial, la hermosa Monte Sacro (Don Hatch, 1959), donde viniera a pasar en 1963 la luna de miel con su esposa Happy. De una u otra manera, los profesionales estadounidenses que hemos mencionado fueron casi todos hombres de Rockefeller, los arquitectos, relacionados con sus empresas, sus proyectos y sus oficinas del número 30 de Rockefeller Plaza, en Nueva York. Las líneas de las historias de estos personajes y de sus proyectos se entrecruzan siempre con las de Rockefeller, como veremos desarrollarse a todo lo largo del relato de OUR architects: en Caracas.Lo cual nos trae a una tercera revelación: la importancia de la influencia de la ciudad de Nueva York por sobre todas las demás ciudades norteamericanas en Caracas, lo cual confirma lo que siempre habíamos sospechado: que Caracas es en muchos sentidos como Nueva York y que la relación Caracas-Nueva York es fundamental para su historia moderna.8
NOTAS:
1 Edgar Allan Poe. “Eldorado”, The Flag of Our Union, Boston, 1849.
2 Ítalo Calvino. Nota preliminar, Las ciudades invisibles, conferencia en inglés para los estudiantes de la Graduate Writing Division, Columbia University, Nueva York, 29 de marzo, 1983.
3 Walt Whitman. “I Hear America Singing”, Inscriptions, Leaves of Grass, Harold W. Blodgett & Sculley Bradley editores, Brooklyn, Nueva York, 1900.
4 Miguel de Toro y Gisbert. “Avatar”, Pequeño Larousse Ilustrado, Editorial Larousse, París, 1970: p. 118.
5 La idea se la debemos al arquitecto Frank Alcací, vicepresidente de Docomomo Venezuela.
6 Docomomo Venezuela. Las Italias de Caracas, Sala TAC, Caracas, julio-octubre 2013: http://docomomovenezuela.blogspot.com/2012/12/exposicion-exhibition.html
7 Docomomo Venezuela. Suite Iberia: La arquitectura de influencia española en Caracas, Sala TAC, Caracas, julio-septiembre 2015: http://docomomovenezuela.blogspot.com/2015/08/exposicion-exhibition.html
8 A la primera persona que le oímos decir esto fue al profesor Richard Plunz, director del Programa de Diseño Urbano de la Gsapp de la Universidad de Columbia, cuando estuvo en Caracas conduciendo un trabajo junto al IREU (Instituto Regional de Estudios Urbanos) a finales de 1999. Ver: Richard Plunz, Michael Conard y Modjeh Baratlo. Caracas Litoral, Venezuela: New Urbanisms, Princeton Architectural Press, Princeton, 1999: https://www.amazon.com/Caracas-Litoral-Venezuela-NewUrbanisms/dp/1568984464
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/hear-america-singing_202018
Fotografías:
Centro comercial Las Mercedes (f. 1955 - Progressive Architecture).
Monte Sacro, la casa sobre una colina del Nelson A. Rockefeller, obra del arquitecto estadounidense Don Hatch, 1959 (f. 1963 - Cablefoto).
lunes, 4 de septiembre de 2017
CAZA DE CITAS
"La fuerza de inercia de la opinión pública resiste - a veces por mucho tiempo - la confrontación con la realidad: pensamos, creemos y hablamos en términos de ciudad y campo, a pesar de que tales conceptos pierden rápidamente su diferenciación y la relevancia de su significado con el fenómeno de la metropolitanización de la población. De hecho, funcionalmente, la ciudad de antaño está siendo sustituida por el complejo metropolitano. Quizás este hecho es el que suscita las más vehementes críticas de quienes abogan por el retorno al campo auténtico, o añoran el 'verdadero urbanismo' de la ciudad tradicional"
Víctor Fossi
("Desarrollo urbano y vivienda: la desordenada evolución hacia un país de metrópolis", en: "El caso Venezuela: una ilusión de armonía", Ediciones IESA, Caracas, 1985: 494)
Fotografía: "La Carlota es la última oportunidad que tiene Caracas". Entrevista a Manuel Delgado: http://www.imutc.org/sitio/?p=2594
Víctor Fossi
("Desarrollo urbano y vivienda: la desordenada evolución hacia un país de metrópolis", en: "El caso Venezuela: una ilusión de armonía", Ediciones IESA, Caracas, 1985: 494)
Fotografía: "La Carlota es la última oportunidad que tiene Caracas". Entrevista a Manuel Delgado: http://www.imutc.org/sitio/?p=2594
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jueves, 8 de enero de 2015
¿PRETERINTENCIONAL?
EL IMPULSO, Barquisimeto, 2 de enero de 2015
¿Urbanicidas?
Claudio Beuvrin
Una consecuencia de la inseguridad es la tendencia a abandonar las calles ya encerrarse enurbanizaciones, en clubes privados y centros comerciales, perdiéndose con ello una característica fundamental de las ciudades: que sus calles y plazas sean lugares donde gente de distintas características y condiciones se hagan presentes sin temerse unos de otros.
El fenómeno, muy común entre la población de altos recursos, ahora ocurre también entre las pobres pues siempre hay alguien más pobre al cual hay que temer y del cual hay que protegerse.
El fenómeno se ha extendido tanto que ya no se trata del cierre de las calles de pequeñas partes de la ciudad sino de grandes complejos. En Argentina está el Nordelta, una ciudad planificada para familias de alto ingreso donde viven unas 30.000 personas y que se prevé que puede llegar a 100.000 habitantes. Tiene estrictos controles de entrada, muros perimetrales, vigilantes privados, cámaras de seguridad, servicios de emergencia, centros comerciales, estaciones de servicios, hospital, hotel, campos deportivos, colegios, aeropuerto, centros culturales, etc. Nordelta está gobernada como una sociedad cuyos accionistas son los propietarios de las casas. No tienen alcalde sino gerente y no hay concejales, sino junta directiva y tampoco hay manifestaciones políticas ni enfrentamientos en las calles.
Se trata, sin duda, que la materialización, en el siglo 21, de alguna utopía del renacimiento: todos más o menos iguales y de conducta muy reglamentada.En ella no hay pobres, no hay recoge latas, mendigos, borrachos ni perros realengos. El crimen ocurre muy raramente. Esto suena muy bueno, pero tiene su lado oscuro: el desinterés de sus residentes por lo que ocurre afuera de su ámbito.
El tema tiene aspectos importantes para reflexionar. Uno de ellos tiene que ver con el derecho que todos tenemos a la seguridad, derecho que en teoría debería ser garantizado por el Estado, pero no lo hace. En Venezuela, es común el pugilato entre comunidades que levantan barreras y los alcaldes que las derriban porque impiden el derecho a la libre circulación en las calles, lo cual es cierto, pero los alcaldes suelen hacer poco o nada para mejorar la seguridad de todos. Al final ganan los vecinos, aunque los delincuentes siempre encuentran la manera de penetrar y robar.
A quienes construyen estas ciudadelas se los acusa de matar la diversidad y la coexistencia propias de las ciudades. Pero está acusación invierte las relaciones entre causas y efectos: urbanicidas son las groseras diferencias de ingresos, la cultura de la violencia y el odio de clases.
Urbanicida es el sistema económico, político y social incapaz de disminuir las desigualdades y educar en la convivencia ciudadana. Hay países donde no existen guetos cerrados pues las diferencias sociales y económicas son pequeñas y hay una cultura básica de tolerancia y convivencia, haciendo del crimen un fenómeno más bien raro.
¿Urbanicidas?
Claudio Beuvrin
Una consecuencia de la inseguridad es la tendencia a abandonar las calles ya encerrarse enurbanizaciones, en clubes privados y centros comerciales, perdiéndose con ello una característica fundamental de las ciudades: que sus calles y plazas sean lugares donde gente de distintas características y condiciones se hagan presentes sin temerse unos de otros.
El fenómeno, muy común entre la población de altos recursos, ahora ocurre también entre las pobres pues siempre hay alguien más pobre al cual hay que temer y del cual hay que protegerse.
El fenómeno se ha extendido tanto que ya no se trata del cierre de las calles de pequeñas partes de la ciudad sino de grandes complejos. En Argentina está el Nordelta, una ciudad planificada para familias de alto ingreso donde viven unas 30.000 personas y que se prevé que puede llegar a 100.000 habitantes. Tiene estrictos controles de entrada, muros perimetrales, vigilantes privados, cámaras de seguridad, servicios de emergencia, centros comerciales, estaciones de servicios, hospital, hotel, campos deportivos, colegios, aeropuerto, centros culturales, etc. Nordelta está gobernada como una sociedad cuyos accionistas son los propietarios de las casas. No tienen alcalde sino gerente y no hay concejales, sino junta directiva y tampoco hay manifestaciones políticas ni enfrentamientos en las calles.
Se trata, sin duda, que la materialización, en el siglo 21, de alguna utopía del renacimiento: todos más o menos iguales y de conducta muy reglamentada.En ella no hay pobres, no hay recoge latas, mendigos, borrachos ni perros realengos. El crimen ocurre muy raramente. Esto suena muy bueno, pero tiene su lado oscuro: el desinterés de sus residentes por lo que ocurre afuera de su ámbito.
El tema tiene aspectos importantes para reflexionar. Uno de ellos tiene que ver con el derecho que todos tenemos a la seguridad, derecho que en teoría debería ser garantizado por el Estado, pero no lo hace. En Venezuela, es común el pugilato entre comunidades que levantan barreras y los alcaldes que las derriban porque impiden el derecho a la libre circulación en las calles, lo cual es cierto, pero los alcaldes suelen hacer poco o nada para mejorar la seguridad de todos. Al final ganan los vecinos, aunque los delincuentes siempre encuentran la manera de penetrar y robar.
A quienes construyen estas ciudadelas se los acusa de matar la diversidad y la coexistencia propias de las ciudades. Pero está acusación invierte las relaciones entre causas y efectos: urbanicidas son las groseras diferencias de ingresos, la cultura de la violencia y el odio de clases.
Urbanicida es el sistema económico, político y social incapaz de disminuir las desigualdades y educar en la convivencia ciudadana. Hay países donde no existen guetos cerrados pues las diferencias sociales y económicas son pequeñas y hay una cultura básica de tolerancia y convivencia, haciendo del crimen un fenómeno más bien raro.
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sábado, 21 de diciembre de 2013
TEJIDO
EL IMPULSO, Barquisimeto, 20 de diciembre de 2013
La ciudad como tema - Chinos y no tan chinos
Claudio Beuvrin
Yo creía que el asunto de la identidad nacional era un problema sentido profunda y sinceramente por nuestros gobernantes rojos rojitos, empeñados en borrar nuestras simpatías por todo lo que no sea estrictamente nacional y en particular por todo lo que provenga de los Estados Unidos pero parece que la cosa no es nada fácil pues ni siquiera los cubanos, tras más de cincuenta años de estricto control cultural han logrado cancelar la admiración y el apetito que ellos sienten por los productos típicos del capitalismo norteamericano. Claro que les dan sucedáneos, pero no es lo mismo: unaMcCastro no se parece a una McDonald ni la Cuba-cola es una Coca-Cola. Traigo esto a colación porque el anterior gobierno municipal aprobó para el centro de la ciudad la creación de un barrio chino, dada la abundante presencia de chinosy sus muchos comercios que hay en el centro de Barquisimeto. El asunto trajo la protesta de los comerciantes criollos argumentando queeso altera los elementos de la identidad urbana tradicional y porque ellos ya estaban ahí mucho antes que los chinos. Si esta iniciativa se lleva adelante prontoveremos como las fachadas del centro de la ciudad, deterioradas tras años de decadencia económica, se recubrirán de colores rojo y dorado, con dragones y lámparas propios de la cultura china: tendremos pues nuestro propio barrio chino, un ítem a añadir a nuestros recursos turísticos. El más famoso de los barrios chinos está en San Francisco, el Chinatown, un barrio que comenzó a formarse en 1840 a medida que el hambreempujaba a los chinos a emigrar a la costa oeste norteamericana. El barrio ayudó mucho a los emigrantes recién llegados a asentarse y adaptarse a su nueva situación. Barrios con una alta concentración de inmigrantes o de grupos sociales específicos los hay en todas partes. En Nueva York sigue existiendo la"Little Italy”, conformada hoy por los bisnietos de los italianos que llegaron en los primeros años del siglo pasado.Las morerías y las juderíasque existían en las ciudades españolas medievales son otros ejemplos. El tema de la identidad es tratado con mucha seriedad por sociólogos y politólogos que ven en la intolerancia a las diferencias una fuente de discriminación, conflictos, exclusión y guerras. Las personas muy nacionalistas rechazan–y agreden- cualquier cosa que ellos consideren que atentan contra los rasgos identitarios de su país o su región, sin darse cuenta que toda identidad está en constante evolución. La respuesta a los nacionalistas fanáticos es afirmar que lo democrático no es que todos seamos igualessino que todos seamos todo lo diferente que queramos y podamos ser.Recuerdo a un profesor radical de historia de la arquitectura que al referirse a las viviendas de los campos petroleros recalcaba mucho que esas edificaciones eran extrañas a la tradición arquitectónica nacional, lo cual es cierto, pero obviaba decir que esas viviendas aportaban enseñanzas extraordinarias mostrando como se adapta exitosamente a las duras condiciones climáticas, una lección que las petroleras habían aprendido de sus experiencias en la India y que nosotros no aprendimos y que nosotros no copiamos, desafortunadamente. Es curioso saber que en la propia China están creando ciudades a imitación delas europeas. Unade ellas esTianducheng, que incluye una Torre Eiffel, edificios con mansardas, plazas, paseos, fuentes, etc., similares a las existentes en Francia, Incluyendo estatuas y grupos escultóricos con mujeres desnudas, con traseros redondos, muy a la francesa, no a la china. Debo aclarar que no tengo nada contra los chinos, a los que considero tienen una virtud que es extraña a nuestra identidad nacional y que bien quisiera para nosotros: trabajan como unos chinos. Y si ellos quieren dotarse de un escenario urbano que imite sus ciudades, para sentirse como en casa, pues no veo en ello ningún problema principista, a menos que ese barrio chino sea una evidencia del proceso de neocolonización que la boliburguesía ha pactado con el imperialismo chino a cambio de unos realitos. Nuestras ciudades están llenas de ranchos: ¿debemos dejarlos tal como están considerando que son parte esencial de la identidad nacional?
Ilustración: Dalia Ferreira.
La ciudad como tema - Chinos y no tan chinos
Claudio Beuvrin
Yo creía que el asunto de la identidad nacional era un problema sentido profunda y sinceramente por nuestros gobernantes rojos rojitos, empeñados en borrar nuestras simpatías por todo lo que no sea estrictamente nacional y en particular por todo lo que provenga de los Estados Unidos pero parece que la cosa no es nada fácil pues ni siquiera los cubanos, tras más de cincuenta años de estricto control cultural han logrado cancelar la admiración y el apetito que ellos sienten por los productos típicos del capitalismo norteamericano. Claro que les dan sucedáneos, pero no es lo mismo: unaMcCastro no se parece a una McDonald ni la Cuba-cola es una Coca-Cola. Traigo esto a colación porque el anterior gobierno municipal aprobó para el centro de la ciudad la creación de un barrio chino, dada la abundante presencia de chinosy sus muchos comercios que hay en el centro de Barquisimeto. El asunto trajo la protesta de los comerciantes criollos argumentando queeso altera los elementos de la identidad urbana tradicional y porque ellos ya estaban ahí mucho antes que los chinos. Si esta iniciativa se lleva adelante prontoveremos como las fachadas del centro de la ciudad, deterioradas tras años de decadencia económica, se recubrirán de colores rojo y dorado, con dragones y lámparas propios de la cultura china: tendremos pues nuestro propio barrio chino, un ítem a añadir a nuestros recursos turísticos. El más famoso de los barrios chinos está en San Francisco, el Chinatown, un barrio que comenzó a formarse en 1840 a medida que el hambreempujaba a los chinos a emigrar a la costa oeste norteamericana. El barrio ayudó mucho a los emigrantes recién llegados a asentarse y adaptarse a su nueva situación. Barrios con una alta concentración de inmigrantes o de grupos sociales específicos los hay en todas partes. En Nueva York sigue existiendo la"Little Italy”, conformada hoy por los bisnietos de los italianos que llegaron en los primeros años del siglo pasado.Las morerías y las juderíasque existían en las ciudades españolas medievales son otros ejemplos. El tema de la identidad es tratado con mucha seriedad por sociólogos y politólogos que ven en la intolerancia a las diferencias una fuente de discriminación, conflictos, exclusión y guerras. Las personas muy nacionalistas rechazan–y agreden- cualquier cosa que ellos consideren que atentan contra los rasgos identitarios de su país o su región, sin darse cuenta que toda identidad está en constante evolución. La respuesta a los nacionalistas fanáticos es afirmar que lo democrático no es que todos seamos igualessino que todos seamos todo lo diferente que queramos y podamos ser.Recuerdo a un profesor radical de historia de la arquitectura que al referirse a las viviendas de los campos petroleros recalcaba mucho que esas edificaciones eran extrañas a la tradición arquitectónica nacional, lo cual es cierto, pero obviaba decir que esas viviendas aportaban enseñanzas extraordinarias mostrando como se adapta exitosamente a las duras condiciones climáticas, una lección que las petroleras habían aprendido de sus experiencias en la India y que nosotros no aprendimos y que nosotros no copiamos, desafortunadamente. Es curioso saber que en la propia China están creando ciudades a imitación delas europeas. Unade ellas esTianducheng, que incluye una Torre Eiffel, edificios con mansardas, plazas, paseos, fuentes, etc., similares a las existentes en Francia, Incluyendo estatuas y grupos escultóricos con mujeres desnudas, con traseros redondos, muy a la francesa, no a la china. Debo aclarar que no tengo nada contra los chinos, a los que considero tienen una virtud que es extraña a nuestra identidad nacional y que bien quisiera para nosotros: trabajan como unos chinos. Y si ellos quieren dotarse de un escenario urbano que imite sus ciudades, para sentirse como en casa, pues no veo en ello ningún problema principista, a menos que ese barrio chino sea una evidencia del proceso de neocolonización que la boliburguesía ha pactado con el imperialismo chino a cambio de unos realitos. Nuestras ciudades están llenas de ranchos: ¿debemos dejarlos tal como están considerando que son parte esencial de la identidad nacional?
Ilustración: Dalia Ferreira.
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Ciudad,
Claudio Beuvrin,
Dalia Ferreira,
Urbanismo
FLOTAMIENTO
EL IMPULSO, Barquisimeto, 13 de diciembre de 2013
La ciudad como tema - Poblamiento y despoblamiento
Claudio Beuvrin
Mientras las ciudades del tercer mundo son desbordadas por muchedumbres que invaden tierras para construir ranchos, en el primer mundo hay ciudades quesufren importantes despoblamientos y cientos de miles de viviendas en buen estado se deterioran por falta de ocupantes: sus habitantes las abandonan por empleos en otras ciudades. Estefenómeno es tan intenso que hay ciudades que en 50 años han reducido su población a la mitad, como es el caso de Chicago y Detroit. El resultado es lapérdida de miles de millones de dólares invertidos en viviendas y equipamientos colectivos completos como vialidad, escuelas, comercios, centros de salud, etc., más los gastos adicionales, también milmillonarios, requeridos para despejar esas áreas. El despoblamientopone en riesgo la viabilidad de toda la ciudad pero también esuna oportunidad para corregir la degradación ecológica existente tanto en lasciudades que expulsan población como para las que la reciben.Las primeras, al encogerse, hacen posibledevolver áreas urbanas a la naturaleza, reconvirtiendo en bosques, parques y áreas agrícolas lo queantes eran cemento y asfalto. Para las segundas es la oportunidad de crecer en poblaciónsin mayor expansión física, densificando los espacios que hoy tienen muy baja densidad,sin aumentar las distancias de transporte y haciendo viable el transporte público en detrimento del automóvil y sin aumentar los costos asociados tanto a la dispersión como a la congestión. En Europa este proceso de migración ocurre como un movimiento de adultos mayores que se retiran a la tranquilidad de pequeños centros rurales que han perdido población joven, pues las actividades agrícolas muy automatizadas requieren de mucho menos personal. Esos centros poblados son modernizados y reequipados recuperando las viejas casas campesinas sin aumentar la superficie urbanizada: así, mientras se repuebla el campo se ruralizan las periferias de las ciudades, aunque en Europa las periferias dispersas y de baja densidad nunca han sido un problema grave.Todo esto ayuda a un objetivo a largo plazo: aumentar la sustentabilidad del medio ambiente. El despoblamiento de esas ciudadeses una situación que nos puede ser útil. Por ejemplo, podemos aligerar Caracas,una ciudad muy densa y mal equipadaestimulando el empleo en ciudades más pequeñas y de baja densidad como Barquisimeto. Esto requiere una política nacional y de largo plazo de población y asentamientos urbanos orientada a descongestionar las grandes ciudades invirtiendo en empleos de calidad donde sea conveniente. Si la política se diseña y aplicasensatamente durante un tiempo suficientemente largo, por lo menos 50 años, es posible detener primero el crecimiento de la población de Caracas para luego dar paso a su despoblamiento y esto sin aplicar medidas coercitivas. Con una población disminuida en un 20-30% y ya estabilizada en un número razonable de habitantes, será posible eliminar losranchos de los cerrosconvirtiéndolos en parques,logrando una ciudad mucho más amigable. Esto no es utopía, es cuestión de sensatez y tiempo. Por desgracia, el país se mueve en otra dirección: estamos sufriendo un proceso de desindustrialización estimulado desde el gobierno central. En Guayana, por ignorancia, incompetencia y simple delirio ideológico.Sin alternativas reales de empleos, en Guayana o en otras partes, están empujando a la población a la miseria, la informalidad y el rancherío. La ranchificación en el país tiene más de 90 años en marcha, a un ritmo que ha dependido de las circunstancias económicas y que las diversas políticas de viviendas, planteadas solo como políticas de vivienda y no de empleo y población, no lograban realmente mitigar. Hay que disminuir las tasas de natalidad a niveles tales que el crecimiento económico no se vea desbordado por el crecimiento poblacional y se sigan acumulando los déficits de escuelas, hospitales, carreteras, redes de servicios, etc. Nota: el arrase de José Barrera y su equipo, tras 14 años de delirio, incompetencia y corrupción, abre nuevas posibilidades a Palavecino. José tendrá que batallar mucho: en la alcaldía solo quedaron deudas y los del PSUV harán todo lo posible para sabotearlo.
Ilustración: Dalia Ferreira.
La ciudad como tema - Poblamiento y despoblamiento
Claudio Beuvrin
Mientras las ciudades del tercer mundo son desbordadas por muchedumbres que invaden tierras para construir ranchos, en el primer mundo hay ciudades quesufren importantes despoblamientos y cientos de miles de viviendas en buen estado se deterioran por falta de ocupantes: sus habitantes las abandonan por empleos en otras ciudades. Estefenómeno es tan intenso que hay ciudades que en 50 años han reducido su población a la mitad, como es el caso de Chicago y Detroit. El resultado es lapérdida de miles de millones de dólares invertidos en viviendas y equipamientos colectivos completos como vialidad, escuelas, comercios, centros de salud, etc., más los gastos adicionales, también milmillonarios, requeridos para despejar esas áreas. El despoblamientopone en riesgo la viabilidad de toda la ciudad pero también esuna oportunidad para corregir la degradación ecológica existente tanto en lasciudades que expulsan población como para las que la reciben.Las primeras, al encogerse, hacen posibledevolver áreas urbanas a la naturaleza, reconvirtiendo en bosques, parques y áreas agrícolas lo queantes eran cemento y asfalto. Para las segundas es la oportunidad de crecer en poblaciónsin mayor expansión física, densificando los espacios que hoy tienen muy baja densidad,sin aumentar las distancias de transporte y haciendo viable el transporte público en detrimento del automóvil y sin aumentar los costos asociados tanto a la dispersión como a la congestión. En Europa este proceso de migración ocurre como un movimiento de adultos mayores que se retiran a la tranquilidad de pequeños centros rurales que han perdido población joven, pues las actividades agrícolas muy automatizadas requieren de mucho menos personal. Esos centros poblados son modernizados y reequipados recuperando las viejas casas campesinas sin aumentar la superficie urbanizada: así, mientras se repuebla el campo se ruralizan las periferias de las ciudades, aunque en Europa las periferias dispersas y de baja densidad nunca han sido un problema grave.Todo esto ayuda a un objetivo a largo plazo: aumentar la sustentabilidad del medio ambiente. El despoblamiento de esas ciudadeses una situación que nos puede ser útil. Por ejemplo, podemos aligerar Caracas,una ciudad muy densa y mal equipadaestimulando el empleo en ciudades más pequeñas y de baja densidad como Barquisimeto. Esto requiere una política nacional y de largo plazo de población y asentamientos urbanos orientada a descongestionar las grandes ciudades invirtiendo en empleos de calidad donde sea conveniente. Si la política se diseña y aplicasensatamente durante un tiempo suficientemente largo, por lo menos 50 años, es posible detener primero el crecimiento de la población de Caracas para luego dar paso a su despoblamiento y esto sin aplicar medidas coercitivas. Con una población disminuida en un 20-30% y ya estabilizada en un número razonable de habitantes, será posible eliminar losranchos de los cerrosconvirtiéndolos en parques,logrando una ciudad mucho más amigable. Esto no es utopía, es cuestión de sensatez y tiempo. Por desgracia, el país se mueve en otra dirección: estamos sufriendo un proceso de desindustrialización estimulado desde el gobierno central. En Guayana, por ignorancia, incompetencia y simple delirio ideológico.Sin alternativas reales de empleos, en Guayana o en otras partes, están empujando a la población a la miseria, la informalidad y el rancherío. La ranchificación en el país tiene más de 90 años en marcha, a un ritmo que ha dependido de las circunstancias económicas y que las diversas políticas de viviendas, planteadas solo como políticas de vivienda y no de empleo y población, no lograban realmente mitigar. Hay que disminuir las tasas de natalidad a niveles tales que el crecimiento económico no se vea desbordado por el crecimiento poblacional y se sigan acumulando los déficits de escuelas, hospitales, carreteras, redes de servicios, etc. Nota: el arrase de José Barrera y su equipo, tras 14 años de delirio, incompetencia y corrupción, abre nuevas posibilidades a Palavecino. José tendrá que batallar mucho: en la alcaldía solo quedaron deudas y los del PSUV harán todo lo posible para sabotearlo.
Ilustración: Dalia Ferreira.
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Claudio Beuvrin,
Dalia Ferreira,
Ranchos,
Urbanismo
ENCOMENDARLA A TODOS LOS SANTOS
EL NACIONAL - Miércoles 13 de Noviembre de 2013 Opinión/7
Ciudad por hacer
SERGIO ANTILLANO A.*
Caminamos en unas calles con basura dispersa o sorteando bolsas que emanan lixiviados tóxicos y malolientes, sobre aceras usualmente mugrientas donde tocones de árboles evidencian talas que acabaron con la sombra y el ornato. Transitamos acosados por ruidos y vehículos que usan combustibles contaminantes del aire que respiramos. Sabemos que no es confiable ni "potable" el agua que sale por el tubo y tenemos filtros en casas y oficinas para tratar de mitigar su carga de bacterias.
En Venezuela se vive en medio de un fuerte deterioro de las condiciones ambientales naturales que impacta la calidad de vida y aumenta el empobrecimiento.
Los bienes y servicios ambientales forman un entramado complejo de sostén de la vida que la naturaleza provee gratuitamente y no parecen tener aliados efectivos en la gestión de gobierno ni en la conducta de muchos ciudadanos.
La situación ambiental de la nación se manifiesta en la reducción de la calidad de elementos esenciales para la vida, como el agua, la diversidad biológica y el aire, pero igualmente su precaria condición actual es evidente a los ciudadanos en la contaminación del río Guaire, el Unare, el Cabriales, el mismo Orinoco y tantos otros que cruzan moribundos los centros poblados. La naturaleza herida es evidente en el drama de los lagos de Maracaibo y de Valencia, cuyos procesos de eutroficación acelerada son casos claros de homicidio culposo e intencional de gestores públicos ecológicamente analfabetas.
El patrimonio natural de los venezolanos sufre continuo deterioro y mayores amenazas, que derivan también del estilo de desarrollo petrolero rentístico que repite errores, tecnologías inadecuadas, arquitecturas no climáticas ni eficientes; crecimientos urbanos desordenados y anárquicos que ignoran las leyes naturales y los procesos ecológicos. El resultado está a la vista: contaminación del agua para consumo humano y disminución de su disponibilidad; deterioro de los ríos, lagos y otros cuerpos de agua con poblados cercanos; agudos problemas asociados al manejo inadecuado de los residuos sólidos y líquidos; contaminación del aire y la atmósfera; erosión y empobrecimiento de suelos; descuido de Parques Nacionales y otras Áreas bajo Régimen de Administración Especial (Abrae), la disminución acelerada de poblaciones de fauna y flora, así como deterioro de ecosistemas y aumento de nuestra vulnerabilidad ante impactos derivados del cambio climático. El estilo de vida y la ineficiencia ambiental de muchos van acumulando pasivos ambientales. Limitada conciencia ecológica de buena parte de la población y la pobre gestión ambiental del gobierno nacional nos hunden cada vez más en esa crisis.
Los gobiernos regionales y locales, junto a los ciudadanos organizados pueden impulsar el cambio de rumbo necesario que exige la calidad ambiental del país. Los nuevos gestores de gobiernos locales a ser electos el 8D pudieran reencauzar la gestión ambiental de las alcaldías sobre bases científicas, que ayuden a humanizar y ecologizar sus ciudades. Pudieran potenciar programas de educación ambiental en diversos niveles y ámbitos del municipio para promover cambios de estilo de vida y avanzar hacia la ciudad sustentable. Formular con la gente y las universidades, planes de ordenación urbanística de las ciudades con criterios de sustentabilidad y fortalecer los procesos de planificación ambiental y ordenamiento urbano, con base en criterios ecológicos e introducir principios ambientales en la planificación, construcción y mantenimiento de espacios públicos, obras de infraestructura y nuevas urbanizaciones.
Los nuevos alcaldes y concejales pudieran contribuir a mejorar la gestión de desechos incorporando prevención con políticas de reducción de cantidades de basuras que promuevan, entre otras cosas, el retorno de los envases de bebidas de consumo masivo; propicien la recuperación y el reciclaje de materiales y el re-uso de objetos; auspicien la eficiente recolección y transporte de basuras en la ciudad, y promuevan disposición final adecuada. Arborizar las zonas urbanas y proteger los árboles monumentales, así como establecer o recuperar áreas verdes y parques de recreación a cielo abierto, son urgentes en muchos municipios. Hacer aceras, garantizar que podamos caminar la ciudad y desestimular el uso de vehículos con el mejoramiento del sistema de transporte colectivo, de la mano con medidas para reducir las emisiones y optimizar la transitabilidad en el medio urbano, son acciones factibles y necesarias.
Es mucho lo que las alcaldías y los ciudadanos pueden hacer con una nueva y moderna gestión ambiental. ¡Que nada los detenga!
*Planificador ambiental
Ilustración: Dalia Ferreira.
Ciudad por hacer
SERGIO ANTILLANO A.*
Caminamos en unas calles con basura dispersa o sorteando bolsas que emanan lixiviados tóxicos y malolientes, sobre aceras usualmente mugrientas donde tocones de árboles evidencian talas que acabaron con la sombra y el ornato. Transitamos acosados por ruidos y vehículos que usan combustibles contaminantes del aire que respiramos. Sabemos que no es confiable ni "potable" el agua que sale por el tubo y tenemos filtros en casas y oficinas para tratar de mitigar su carga de bacterias.
En Venezuela se vive en medio de un fuerte deterioro de las condiciones ambientales naturales que impacta la calidad de vida y aumenta el empobrecimiento.
Los bienes y servicios ambientales forman un entramado complejo de sostén de la vida que la naturaleza provee gratuitamente y no parecen tener aliados efectivos en la gestión de gobierno ni en la conducta de muchos ciudadanos.
La situación ambiental de la nación se manifiesta en la reducción de la calidad de elementos esenciales para la vida, como el agua, la diversidad biológica y el aire, pero igualmente su precaria condición actual es evidente a los ciudadanos en la contaminación del río Guaire, el Unare, el Cabriales, el mismo Orinoco y tantos otros que cruzan moribundos los centros poblados. La naturaleza herida es evidente en el drama de los lagos de Maracaibo y de Valencia, cuyos procesos de eutroficación acelerada son casos claros de homicidio culposo e intencional de gestores públicos ecológicamente analfabetas.
El patrimonio natural de los venezolanos sufre continuo deterioro y mayores amenazas, que derivan también del estilo de desarrollo petrolero rentístico que repite errores, tecnologías inadecuadas, arquitecturas no climáticas ni eficientes; crecimientos urbanos desordenados y anárquicos que ignoran las leyes naturales y los procesos ecológicos. El resultado está a la vista: contaminación del agua para consumo humano y disminución de su disponibilidad; deterioro de los ríos, lagos y otros cuerpos de agua con poblados cercanos; agudos problemas asociados al manejo inadecuado de los residuos sólidos y líquidos; contaminación del aire y la atmósfera; erosión y empobrecimiento de suelos; descuido de Parques Nacionales y otras Áreas bajo Régimen de Administración Especial (Abrae), la disminución acelerada de poblaciones de fauna y flora, así como deterioro de ecosistemas y aumento de nuestra vulnerabilidad ante impactos derivados del cambio climático. El estilo de vida y la ineficiencia ambiental de muchos van acumulando pasivos ambientales. Limitada conciencia ecológica de buena parte de la población y la pobre gestión ambiental del gobierno nacional nos hunden cada vez más en esa crisis.
Los gobiernos regionales y locales, junto a los ciudadanos organizados pueden impulsar el cambio de rumbo necesario que exige la calidad ambiental del país. Los nuevos gestores de gobiernos locales a ser electos el 8D pudieran reencauzar la gestión ambiental de las alcaldías sobre bases científicas, que ayuden a humanizar y ecologizar sus ciudades. Pudieran potenciar programas de educación ambiental en diversos niveles y ámbitos del municipio para promover cambios de estilo de vida y avanzar hacia la ciudad sustentable. Formular con la gente y las universidades, planes de ordenación urbanística de las ciudades con criterios de sustentabilidad y fortalecer los procesos de planificación ambiental y ordenamiento urbano, con base en criterios ecológicos e introducir principios ambientales en la planificación, construcción y mantenimiento de espacios públicos, obras de infraestructura y nuevas urbanizaciones.
Los nuevos alcaldes y concejales pudieran contribuir a mejorar la gestión de desechos incorporando prevención con políticas de reducción de cantidades de basuras que promuevan, entre otras cosas, el retorno de los envases de bebidas de consumo masivo; propicien la recuperación y el reciclaje de materiales y el re-uso de objetos; auspicien la eficiente recolección y transporte de basuras en la ciudad, y promuevan disposición final adecuada. Arborizar las zonas urbanas y proteger los árboles monumentales, así como establecer o recuperar áreas verdes y parques de recreación a cielo abierto, son urgentes en muchos municipios. Hacer aceras, garantizar que podamos caminar la ciudad y desestimular el uso de vehículos con el mejoramiento del sistema de transporte colectivo, de la mano con medidas para reducir las emisiones y optimizar la transitabilidad en el medio urbano, son acciones factibles y necesarias.
Es mucho lo que las alcaldías y los ciudadanos pueden hacer con una nueva y moderna gestión ambiental. ¡Que nada los detenga!
*Planificador ambiental
Ilustración: Dalia Ferreira.
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Sergio Antillano,
Urbanismo
EN UNA Y EN OTRA
EL NACIONAL - Domingo 29 de Septiembre de 2013 Papel Literario/3
Caracas entre la ciudad guzmancista y la metrópoli revolucionaria
El texto que reproducimos aquí es un fragmento de la introducción a Caracas, de la metrópoli súbita a la meca roja (2012), publicado por la Organización Latinoamericana y del Caribe de Centros Históricos (Olacchi) dentro de una serie de libros sobre ciudades de América Latina. En el caso del volumen dedicado a Caracas, Arturo Almandoz fue su editor y el que escribió el texto introductorio
ARTURO ALMANDOZ
Después de 1992: urbe violenta e insurgente Estallado a pocos días de la suntuosa toma de posesión de Pérez en febrero de 1989, el Caracazo prefiguró la agonía de la Cuarta República a lo largo de los años noventa (Sanoja, 2004), cuando muchos de esos conflictos y contradicciones se desahogaron por vía institucional, militar o subversiva. Mientras CAP II regresaba de un encuentro de líderes neoliberales en Davos, Suiza, los conjurados del ejército intentaron perpetrar, en la madrugada del 4 de febrero de 1992, un golpe de Estado desde los cuarteles de Maracay, Valencia y Maracaibo. Sin embargo, el teniente coronel Hugo Chávez no logró completar la toma del palacio de Miraflores en la capital. Al aparecer esa mañana ante las cámaras televisivas reconociendo que no había podido cumplir "por ahora" sus objetivos militares, el comandante Chávez se perfiló como protagonista de los cambios por venir, mientras la audiencia trasnochada, como hace notar Arráiz Lucca, observaba "con estupor y hasta con admiración a un hombre que se hacía responsable por su fracaso, cosa infrecuente en la vida pública venezolana de entonces" (Arráiz Lucca, 2007: 195). Mientras la economía venezolana crecía cerca del 10% para finales de aquel año aciago (1992), los caraqueños tuvimos que presenciar, en la madrugada del 27 de noviembre, una segunda asonada golpista, perpetrada esta vez por militares de la aviación. La separación de CAP del ejecutivo por causa de la "partida secreta" de 250 millones de bolívares insignificante en comparación con otros escándalos posteriores fue acaso la estocada final del vilipendiado statu quo de Punto Fijo, que curiosamente Rafael Caldera hubo de cerrar en su segunda presidencia (1994-1999), a pesar de haber sido protagonista firmante del pacto original y dueño de la quinta caraqueña que le diera nombre (Arráiz Lucca, 2007: 197-200).
Al decir de Tulio Hernández, el Caracazo es un "acontecimiento realengo" que ha trascendido tanto las interpretaciones simplistas y elusivas de los partidos tradicionales como las ideologizadas de la historia bolivariana posterior. Por un lado, en la temprana resaca del gobierno de CAP, "aquel acontecimiento tan complejo fue minimizado, obviado y soslayado con tal de seguir a pie juntillas el plan de ajustes económicos que se había concebido como panacea nacional" (Hernández, 2007); su incomprensión y obliteración por parte de políticos que semejaban avestruces o dinosaurios "fue la evidencia incontestable de que AD y Copei, y todas las élites que los circundaban y se nutrían parasitariamente de su poder, ya no estaban entendiendo nada de lo que ocurría en el país" (Hernández, 2007).
Pero, por otro lado y postreramente, la interpretación de la "metodología bolivariana", según la cual el Caracazo era un anuncio teleológico de las asonadas golpistas de 1992, ha probado ser "un inmenso subterfugio dramatúrgico para encontrarles justificación moral a las razones por las cuales una logia emprendió el fallido golpe de Estado del 4 de febrero de 1992" (Hernández, 2007).
Más allá de la interpretación que se tome, lo cierto es que, a partir del Caracazo y especialmente después de las revueltas militares, se vivió en la paranoia de los rumores de toda especie, divulgados la mayor parte de ellos por sectores que comenzaron a invocar las charreteras y mirar a los cuarteles como panacea no exenta de romanticismo y nostalgia por la ya mítica década de Pérez Jiménez, sin percatarse ni avizorar que el militarismo latinoamericano tiene rostros menos progresistas y más aviesos. Mientras las élites políticas y sociales se desplomaban y cundía una fiebre reformista (Romero, 1999: 90-95), después del Caracazo el "sistema político se volatilizó y cualquier cambio brusco fue posible", lo que reinició la "política de la calle" (González Téllez, 2005: 110-111), que no se veía desde los años sesenta, dominados por la guerrilla.
Y, paralelamente, la espiral de violencia criminal en las ciudades venezolanas en especial el homicidio con armas de fuego, que aumentó en un 500% entre 1989 y 1999 tuvo en Caracas su escenario protagónico y apocalíptico, y desplegó un catálogo delincuencial que ha configurado una suerte de nueva urbanidad capitalina (Sanjuán, 2000).
Sumado a males nacionales como el agotamiento del Estado rentista y del bipartidismo desgastado, la criminalidad urbana terminó de abonar el terreno para el arribo al poder de Hugo Chávez en 1999, cuyo régimen ha sabido capitalizar el autoritarismo que, como clamaba la violenta ciudad, debía seguir al Caracazo. Los resultados de su gobierno son polémicos en cuanto a su "democracia participativa" y claramente deficitarios respecto al mantenimiento capitalino, cuyo deterioro se evidencia en variables ambientales como las que ilustra Chacón (2005), así como en la falta de inversión en transporte, servicios públicos y vivienda, tal como es detectado por Mundó Tejada (2007) y Rosas Meza (2009).
A pesar de las proclamas igualitarias del régimen, la Caracas del chavismo ha acentuado sus segregaciones y fracturas, en buena parte como consecuencia de la inestabilidad política, que alcanzó sus picos entre los abriles de 2002 y 2003, caracterizados por enfrentamientos entre facciones opositoras y oficialistas en espacios públicos tradicionales e inusitados. Como ilustran Irazábal y Foley (2008) en este libro, desde las plazas locales y metropolitanas hasta las urbanizaciones y autopistas, algunas de esas ágoras improvisadas cobraron nuevos significados al ser tomadas por los bandos, pero acabarían debilitándose en términos de valores cívicos. Más allá de la inestabilidad política, a niveles más profundos y estructurales, la resentida retórica chavista ha atizado la lucha de clases, latente y preterida, pero sobrellevada por la democracia representativa de Punto Fijo, y con ello ha retrotraído a Caracas y a Venezuela toda a la inflamada antinomia entre oeste pobre y este rico, ahora con una renovada artillería de conflictividad y violencia, integralmente analizada por García-Guadilla en este volumen.
Como capital de un gobierno que pretende fortalecer ejes interurbanos y fluviales paralelos al centro-norte costero, pero que desarrolla a la vez políticas populistas tendentes, por ejemplo, a una saturación vehicular comparable a la de la Caracas saudita, con niveles de servicio vial que están ahora entre los más bajos del continente (Mundó Tejada, 2007), es difícil seguir asegurando el supuesto carácter antiurbano de la "Revolución bolivariana".
La lobreguez citadina del chavismo ha sido principalmente denunciada en términos del imaginario rural que se ha traído al centro mismo de Caracas con conucos y gallineros que colindan ahora con una de las chamuscadas torres del Parque Central y rastreada en las mercaderías insalubres y piratas que han colonizado espacios peatonales, lo que convierte a Caracas en capital latinoamericana de la buhonería y la basura (Negrón, 2004).
Sin embargo, con sus nuevos centros comerciales, trenes de cercanías y extensiones del metro, puede decirse que la enrojecida capital se debate ante un doble discurso oficial sobre lo urbano, expansivo y punitivo a la vez, como acaso conocieron, mutatis mutandis y en las antípodas, la Berlín de Speer y la Pekín de Mao.
Blandiendo el rojo oficialista con una ferocidad que en la historia del caudillismo latinoamericano hace pensar en Juan Manuel de Rosas y su mazorca policial, las huestes milicianas y las vallas rojas, que ahora campean en Caracas bajo el patronato del Che Guevara y otros santos revolucionarios, completan el tapiz anacrónico y populista de una ciudad apocalíptica pero auroral al mismo tiempo, porque proclama ser meca del socialismo del siglo XXI. La estrafalaria rojez de esa capital insurgente, ensangrentada también por las cifras de criminalidad rampante e impune, permite atribuirle ese color como predominante, así como explicarla y entenderla a través de la segregación y la violencia, la obsolescencia y el tercermundismo, distintivos todos de la súbita metrópoli modernista de otrora trocada hoy en revolucionaria meca roja.
Ilustración: Dalia Ferreira.
Caracas entre la ciudad guzmancista y la metrópoli revolucionaria
El texto que reproducimos aquí es un fragmento de la introducción a Caracas, de la metrópoli súbita a la meca roja (2012), publicado por la Organización Latinoamericana y del Caribe de Centros Históricos (Olacchi) dentro de una serie de libros sobre ciudades de América Latina. En el caso del volumen dedicado a Caracas, Arturo Almandoz fue su editor y el que escribió el texto introductorio
ARTURO ALMANDOZ
Después de 1992: urbe violenta e insurgente Estallado a pocos días de la suntuosa toma de posesión de Pérez en febrero de 1989, el Caracazo prefiguró la agonía de la Cuarta República a lo largo de los años noventa (Sanoja, 2004), cuando muchos de esos conflictos y contradicciones se desahogaron por vía institucional, militar o subversiva. Mientras CAP II regresaba de un encuentro de líderes neoliberales en Davos, Suiza, los conjurados del ejército intentaron perpetrar, en la madrugada del 4 de febrero de 1992, un golpe de Estado desde los cuarteles de Maracay, Valencia y Maracaibo. Sin embargo, el teniente coronel Hugo Chávez no logró completar la toma del palacio de Miraflores en la capital. Al aparecer esa mañana ante las cámaras televisivas reconociendo que no había podido cumplir "por ahora" sus objetivos militares, el comandante Chávez se perfiló como protagonista de los cambios por venir, mientras la audiencia trasnochada, como hace notar Arráiz Lucca, observaba "con estupor y hasta con admiración a un hombre que se hacía responsable por su fracaso, cosa infrecuente en la vida pública venezolana de entonces" (Arráiz Lucca, 2007: 195). Mientras la economía venezolana crecía cerca del 10% para finales de aquel año aciago (1992), los caraqueños tuvimos que presenciar, en la madrugada del 27 de noviembre, una segunda asonada golpista, perpetrada esta vez por militares de la aviación. La separación de CAP del ejecutivo por causa de la "partida secreta" de 250 millones de bolívares insignificante en comparación con otros escándalos posteriores fue acaso la estocada final del vilipendiado statu quo de Punto Fijo, que curiosamente Rafael Caldera hubo de cerrar en su segunda presidencia (1994-1999), a pesar de haber sido protagonista firmante del pacto original y dueño de la quinta caraqueña que le diera nombre (Arráiz Lucca, 2007: 197-200).
Al decir de Tulio Hernández, el Caracazo es un "acontecimiento realengo" que ha trascendido tanto las interpretaciones simplistas y elusivas de los partidos tradicionales como las ideologizadas de la historia bolivariana posterior. Por un lado, en la temprana resaca del gobierno de CAP, "aquel acontecimiento tan complejo fue minimizado, obviado y soslayado con tal de seguir a pie juntillas el plan de ajustes económicos que se había concebido como panacea nacional" (Hernández, 2007); su incomprensión y obliteración por parte de políticos que semejaban avestruces o dinosaurios "fue la evidencia incontestable de que AD y Copei, y todas las élites que los circundaban y se nutrían parasitariamente de su poder, ya no estaban entendiendo nada de lo que ocurría en el país" (Hernández, 2007).
Pero, por otro lado y postreramente, la interpretación de la "metodología bolivariana", según la cual el Caracazo era un anuncio teleológico de las asonadas golpistas de 1992, ha probado ser "un inmenso subterfugio dramatúrgico para encontrarles justificación moral a las razones por las cuales una logia emprendió el fallido golpe de Estado del 4 de febrero de 1992" (Hernández, 2007).
Más allá de la interpretación que se tome, lo cierto es que, a partir del Caracazo y especialmente después de las revueltas militares, se vivió en la paranoia de los rumores de toda especie, divulgados la mayor parte de ellos por sectores que comenzaron a invocar las charreteras y mirar a los cuarteles como panacea no exenta de romanticismo y nostalgia por la ya mítica década de Pérez Jiménez, sin percatarse ni avizorar que el militarismo latinoamericano tiene rostros menos progresistas y más aviesos. Mientras las élites políticas y sociales se desplomaban y cundía una fiebre reformista (Romero, 1999: 90-95), después del Caracazo el "sistema político se volatilizó y cualquier cambio brusco fue posible", lo que reinició la "política de la calle" (González Téllez, 2005: 110-111), que no se veía desde los años sesenta, dominados por la guerrilla.
Y, paralelamente, la espiral de violencia criminal en las ciudades venezolanas en especial el homicidio con armas de fuego, que aumentó en un 500% entre 1989 y 1999 tuvo en Caracas su escenario protagónico y apocalíptico, y desplegó un catálogo delincuencial que ha configurado una suerte de nueva urbanidad capitalina (Sanjuán, 2000).
Sumado a males nacionales como el agotamiento del Estado rentista y del bipartidismo desgastado, la criminalidad urbana terminó de abonar el terreno para el arribo al poder de Hugo Chávez en 1999, cuyo régimen ha sabido capitalizar el autoritarismo que, como clamaba la violenta ciudad, debía seguir al Caracazo. Los resultados de su gobierno son polémicos en cuanto a su "democracia participativa" y claramente deficitarios respecto al mantenimiento capitalino, cuyo deterioro se evidencia en variables ambientales como las que ilustra Chacón (2005), así como en la falta de inversión en transporte, servicios públicos y vivienda, tal como es detectado por Mundó Tejada (2007) y Rosas Meza (2009).
A pesar de las proclamas igualitarias del régimen, la Caracas del chavismo ha acentuado sus segregaciones y fracturas, en buena parte como consecuencia de la inestabilidad política, que alcanzó sus picos entre los abriles de 2002 y 2003, caracterizados por enfrentamientos entre facciones opositoras y oficialistas en espacios públicos tradicionales e inusitados. Como ilustran Irazábal y Foley (2008) en este libro, desde las plazas locales y metropolitanas hasta las urbanizaciones y autopistas, algunas de esas ágoras improvisadas cobraron nuevos significados al ser tomadas por los bandos, pero acabarían debilitándose en términos de valores cívicos. Más allá de la inestabilidad política, a niveles más profundos y estructurales, la resentida retórica chavista ha atizado la lucha de clases, latente y preterida, pero sobrellevada por la democracia representativa de Punto Fijo, y con ello ha retrotraído a Caracas y a Venezuela toda a la inflamada antinomia entre oeste pobre y este rico, ahora con una renovada artillería de conflictividad y violencia, integralmente analizada por García-Guadilla en este volumen.
Como capital de un gobierno que pretende fortalecer ejes interurbanos y fluviales paralelos al centro-norte costero, pero que desarrolla a la vez políticas populistas tendentes, por ejemplo, a una saturación vehicular comparable a la de la Caracas saudita, con niveles de servicio vial que están ahora entre los más bajos del continente (Mundó Tejada, 2007), es difícil seguir asegurando el supuesto carácter antiurbano de la "Revolución bolivariana".
La lobreguez citadina del chavismo ha sido principalmente denunciada en términos del imaginario rural que se ha traído al centro mismo de Caracas con conucos y gallineros que colindan ahora con una de las chamuscadas torres del Parque Central y rastreada en las mercaderías insalubres y piratas que han colonizado espacios peatonales, lo que convierte a Caracas en capital latinoamericana de la buhonería y la basura (Negrón, 2004).
Sin embargo, con sus nuevos centros comerciales, trenes de cercanías y extensiones del metro, puede decirse que la enrojecida capital se debate ante un doble discurso oficial sobre lo urbano, expansivo y punitivo a la vez, como acaso conocieron, mutatis mutandis y en las antípodas, la Berlín de Speer y la Pekín de Mao.
Blandiendo el rojo oficialista con una ferocidad que en la historia del caudillismo latinoamericano hace pensar en Juan Manuel de Rosas y su mazorca policial, las huestes milicianas y las vallas rojas, que ahora campean en Caracas bajo el patronato del Che Guevara y otros santos revolucionarios, completan el tapiz anacrónico y populista de una ciudad apocalíptica pero auroral al mismo tiempo, porque proclama ser meca del socialismo del siglo XXI. La estrafalaria rojez de esa capital insurgente, ensangrentada también por las cifras de criminalidad rampante e impune, permite atribuirle ese color como predominante, así como explicarla y entenderla a través de la segregación y la violencia, la obsolescencia y el tercermundismo, distintivos todos de la súbita metrópoli modernista de otrora trocada hoy en revolucionaria meca roja.
Ilustración: Dalia Ferreira.
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Dalia Ferreira,
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domingo, 3 de noviembre de 2013
AL DERECHO Y AL REVÉS
EL IMPULSO, Barquisimeto, 01 de noviembre de 2013
La ciudad como tema - El cáncer y la ciudad
Claudio Beuvrin
Los ecologistas más radicales suelen afirmar que las ciudades son el cáncer de la buena madre tierra y señalan varios puntos en común: son de crecimiento incontrolable, suelen expandirse a partir de un simple campamento-comparable a una primera célula maligna- y, desarrollando vías y caminos-el equivalente a un sistema vascular- se extienden afectando todo el espacio en su entorno: flora, fauna, agua, suelos agrícolas, etc., que ya no volverán a ser como antes si no ocurre una radical intervención quirúrgica, algo que ha sucedido muy pocas veces en la historia. Pero la recuperación masiva de los suelos ahora urbanizados –y dañados- está en la agenda del futuro: empezará a ocurrir cuando la población detenga su crecimiento y luego comience a reducirse, liberando espacios hoy ocupados. Esto será, espero, la cura del cáncer urbanístico. Las ciudades además de ser consideradas un cáncer por sí mismas, ellas también provocan muchas enfermedades, incluyendo el cáncer. Aire y aguas contaminadas con cualquier combinación y concentración de agentes químicos, físicos y biológicos mantienen a la población expuesta a muchos daños que eventualmente les llevará la muerte. Y aquí es donde deberían intervenir las autoridades a todos los niveles, para bajar la insalubridad de la ciudad, pero hacen poco, tarde y mal. Ellas pueden mejorar los ambientes urbanos aplicando leyes, estimulando el sano comportamiento del público, castigando lo que debe castigarse, y, por supuesto, recurriendo a las herramientas técnicas y políticas del planeamiento urbano.Para nuestras autoridades la tarea es simplemente abrumadora y carecen de los recursos técnicos, financieros y sobre todo intelectuales para hacerlo, peroprobablemente ni saben que es una de sus tareas más importantes. Afortunadamente, si las ciudades enferman, también es cierto que tienen –o deberían tener- recursos para sanar. En ellas se concentran conocimientos, experticias e instalaciones de distintas especialidades de las que se espera ayuden a curar o mitigar las enfermedades, entre ellas el cáncer, cuyas medicaciones y procedimientos médicos son sumamente costosos para ser cubiertos sin ayuda por la población de bajos recursos. Y es aquí donde intervienen los hospitales y centros oncológicos públicos. Por desgracia hay problemas y limitaciones muy graves y uno de los más terribles es el de la destrucción, por incuria, incompetencia o simples negociados, de los sistemas de radioterapia públicos. Al parecer en el país quedan pocos hospitales con servicios de radioterapia que estén funcionando a plenitud. Hace más de un año el Ministerio de Salud compró muchos equipos costosísimos pero algunos se dañaron en sus embalajes esperando por espacios para instalarlos, otros fueron instalados pero nunca arrancaron y unos másfuncionaron pero al poco tiempo se dañaron y están esperandoreparaciones y repuestos, entrampados en una mafia burocrática que todo lo retarda. Así, los servicios se fueron cerrando uno tras otro y los que pueden acuden a las clínicas privadas, siempre a un costo muy alto, pero que, precisamente porque cobran pueden mantenersefuncionando. En su odio hacia todo lo que funciona bien en el sector privado, las autoridades nacionalescada tanto amenazan con nacionalizar las clínicas privadas sin reconocer que con eso los servicios privados correrán la misma suerte de los servicios públicos, salvándose, tal vez, aquellos centros hospitalarios cuyo acceso está reservadoexclusivamente al alto gobierno. Lo que ha ocurrido con los servicios de radioterapia de los hospitales públicos es más que simple corrupción, ineficiencia o irresponsabilidad: es un genocidio que clama al cielo. En el país hay miles de enfermos sufriendo y muriendo y que podrían haber tenido otra suerte. Sus actas de defunción solo dirán que murieron de cáncer sin añadir que murieron por vivir en ciudades insalubres en las que las autoridades no hacen mayor cosa para que no sigan haciendo daño ni dirán que murieron por falta de radioterapia y de drogas especiales. Proclaman querer salvar al mundo y no pueden salvar siquiera a sus propios ciudadanos enfermos.
La ciudad como tema - El cáncer y la ciudad
Claudio Beuvrin
Los ecologistas más radicales suelen afirmar que las ciudades son el cáncer de la buena madre tierra y señalan varios puntos en común: son de crecimiento incontrolable, suelen expandirse a partir de un simple campamento-comparable a una primera célula maligna- y, desarrollando vías y caminos-el equivalente a un sistema vascular- se extienden afectando todo el espacio en su entorno: flora, fauna, agua, suelos agrícolas, etc., que ya no volverán a ser como antes si no ocurre una radical intervención quirúrgica, algo que ha sucedido muy pocas veces en la historia. Pero la recuperación masiva de los suelos ahora urbanizados –y dañados- está en la agenda del futuro: empezará a ocurrir cuando la población detenga su crecimiento y luego comience a reducirse, liberando espacios hoy ocupados. Esto será, espero, la cura del cáncer urbanístico. Las ciudades además de ser consideradas un cáncer por sí mismas, ellas también provocan muchas enfermedades, incluyendo el cáncer. Aire y aguas contaminadas con cualquier combinación y concentración de agentes químicos, físicos y biológicos mantienen a la población expuesta a muchos daños que eventualmente les llevará la muerte. Y aquí es donde deberían intervenir las autoridades a todos los niveles, para bajar la insalubridad de la ciudad, pero hacen poco, tarde y mal. Ellas pueden mejorar los ambientes urbanos aplicando leyes, estimulando el sano comportamiento del público, castigando lo que debe castigarse, y, por supuesto, recurriendo a las herramientas técnicas y políticas del planeamiento urbano.Para nuestras autoridades la tarea es simplemente abrumadora y carecen de los recursos técnicos, financieros y sobre todo intelectuales para hacerlo, peroprobablemente ni saben que es una de sus tareas más importantes. Afortunadamente, si las ciudades enferman, también es cierto que tienen –o deberían tener- recursos para sanar. En ellas se concentran conocimientos, experticias e instalaciones de distintas especialidades de las que se espera ayuden a curar o mitigar las enfermedades, entre ellas el cáncer, cuyas medicaciones y procedimientos médicos son sumamente costosos para ser cubiertos sin ayuda por la población de bajos recursos. Y es aquí donde intervienen los hospitales y centros oncológicos públicos. Por desgracia hay problemas y limitaciones muy graves y uno de los más terribles es el de la destrucción, por incuria, incompetencia o simples negociados, de los sistemas de radioterapia públicos. Al parecer en el país quedan pocos hospitales con servicios de radioterapia que estén funcionando a plenitud. Hace más de un año el Ministerio de Salud compró muchos equipos costosísimos pero algunos se dañaron en sus embalajes esperando por espacios para instalarlos, otros fueron instalados pero nunca arrancaron y unos másfuncionaron pero al poco tiempo se dañaron y están esperandoreparaciones y repuestos, entrampados en una mafia burocrática que todo lo retarda. Así, los servicios se fueron cerrando uno tras otro y los que pueden acuden a las clínicas privadas, siempre a un costo muy alto, pero que, precisamente porque cobran pueden mantenersefuncionando. En su odio hacia todo lo que funciona bien en el sector privado, las autoridades nacionalescada tanto amenazan con nacionalizar las clínicas privadas sin reconocer que con eso los servicios privados correrán la misma suerte de los servicios públicos, salvándose, tal vez, aquellos centros hospitalarios cuyo acceso está reservadoexclusivamente al alto gobierno. Lo que ha ocurrido con los servicios de radioterapia de los hospitales públicos es más que simple corrupción, ineficiencia o irresponsabilidad: es un genocidio que clama al cielo. En el país hay miles de enfermos sufriendo y muriendo y que podrían haber tenido otra suerte. Sus actas de defunción solo dirán que murieron de cáncer sin añadir que murieron por vivir en ciudades insalubres en las que las autoridades no hacen mayor cosa para que no sigan haciendo daño ni dirán que murieron por falta de radioterapia y de drogas especiales. Proclaman querer salvar al mundo y no pueden salvar siquiera a sus propios ciudadanos enfermos.
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Urbanismo
AL REVÉS Y AL DERECHO
Últimas Noticias, Caracas, 31 de octubre de 2013
Ciudad para vivir
Ramón Guillermo Aveledo
En razón de mis responsabilidades, he tenido que viajar este año con cierta frecuencia al exterior. Cada visita es ocasión para ver los cambios que las ciudades van experimentando.
En Bilbao, constaté la transformación de una urbe industrial en decadencia a una ciudad limpia y ordenada, con espacios para la cultura y el deporte, cuya calidad de vida es evidente. De regreso, pasé por Madrid. La gestión municipal y la perspectiva olímpica le dieron un vuelco. Es una urbe moderna, con servicios de muy buena calidad, a pesar de la crisis económica.
Vengo de Ottawa, y de atender compromisos en las universidades de Columbia y Harvard, por lo cual debí tocar Nueva York y Boston. De la capital canadiense me impresionó su civilidad, cuidado público y vida comunitaria. Estados Unidos tiene graves problemas fiscales, pero Nueva York es una ciudad segura cuya administración ha mejorado sustancialmente. Boston transcurre gratamente; sectores urbanos renovados, limpieza, servicios adecuados.
Es verdad que me refiero a ciudades del mundo industrializado. Pero estos años no han sido fáciles por allá. No es consuelo. ¿Cómo explicarnos el progreso impresionante de ciudades de América Latina? La transformación de Lima, hoy atractiva, destino de moda para turistas de todo el mundo. El cambio radical de Bogotá, aunque la vecina y querida Colombia sufra por la violencia y otros dolores, nadie puede negar cuánto ha mejorado su enorme capital. Y el progreso también se nota en Medellín o en Calí y en las ciudades de la costa, como la hermosa Cartagena. Una campaña publicitaria para estimular el turismo hacia tierra colombiana dice: “El único riesgo es que te quieras quedar”.
Santiago de Chile es una ciudad pujante que impacta por su vitalidad, su arquitectura, su vialidad. En Montevideo, a la que siempre encontré entrañable, pude constatar el año pasado que hoy se vive allí mucho mejor. En contraste, ¿qué le pasa a nuestras ciudades? Sin ir muy lejos, ¿qué le pasa a Caracas? Atraso, decadencia, retroceso.
El secreto parece ser gobiernos municipales buenos y honestos, con ideas claras, en países que prosperan. Buen gobierno nacional y local y economías que funcionan, bien porque crezcan o porque hayan generado niveles suficientes de bienestar.
La ciudad para vivir no es un sueño imposible. El 8 de diciembre podemos dejar clara la ciudad que queremos, y lo que no queremos.
Ciudad para vivir
Ramón Guillermo Aveledo
En razón de mis responsabilidades, he tenido que viajar este año con cierta frecuencia al exterior. Cada visita es ocasión para ver los cambios que las ciudades van experimentando.
En Bilbao, constaté la transformación de una urbe industrial en decadencia a una ciudad limpia y ordenada, con espacios para la cultura y el deporte, cuya calidad de vida es evidente. De regreso, pasé por Madrid. La gestión municipal y la perspectiva olímpica le dieron un vuelco. Es una urbe moderna, con servicios de muy buena calidad, a pesar de la crisis económica.
Vengo de Ottawa, y de atender compromisos en las universidades de Columbia y Harvard, por lo cual debí tocar Nueva York y Boston. De la capital canadiense me impresionó su civilidad, cuidado público y vida comunitaria. Estados Unidos tiene graves problemas fiscales, pero Nueva York es una ciudad segura cuya administración ha mejorado sustancialmente. Boston transcurre gratamente; sectores urbanos renovados, limpieza, servicios adecuados.
Es verdad que me refiero a ciudades del mundo industrializado. Pero estos años no han sido fáciles por allá. No es consuelo. ¿Cómo explicarnos el progreso impresionante de ciudades de América Latina? La transformación de Lima, hoy atractiva, destino de moda para turistas de todo el mundo. El cambio radical de Bogotá, aunque la vecina y querida Colombia sufra por la violencia y otros dolores, nadie puede negar cuánto ha mejorado su enorme capital. Y el progreso también se nota en Medellín o en Calí y en las ciudades de la costa, como la hermosa Cartagena. Una campaña publicitaria para estimular el turismo hacia tierra colombiana dice: “El único riesgo es que te quieras quedar”.
Santiago de Chile es una ciudad pujante que impacta por su vitalidad, su arquitectura, su vialidad. En Montevideo, a la que siempre encontré entrañable, pude constatar el año pasado que hoy se vive allí mucho mejor. En contraste, ¿qué le pasa a nuestras ciudades? Sin ir muy lejos, ¿qué le pasa a Caracas? Atraso, decadencia, retroceso.
El secreto parece ser gobiernos municipales buenos y honestos, con ideas claras, en países que prosperan. Buen gobierno nacional y local y economías que funcionan, bien porque crezcan o porque hayan generado niveles suficientes de bienestar.
La ciudad para vivir no es un sueño imposible. El 8 de diciembre podemos dejar clara la ciudad que queremos, y lo que no queremos.
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domingo, 15 de septiembre de 2013
ESTATÚISTICA
EL NACIONAL - Domingo 08 de Septiembre de 2013 Siete Días/6
Lo que dicen las estatuas
Estatuas de un mismo personaje que se multiplican, títulos rimbombantes, despliegues de poder.
En Costa Rica sería impensable que el presidente saliera a la calle con una caravana de 15 vehículos llenos de guardias armados
SERGIO RAMÍREZ
Al recorrer a pie el viejo San José donde viví por tantos años, voy encontrándome en los parques y plazas con las estatuas de los próceres modernos de Costa Rica, que adornan el paisaje urbano, y cívico, de la ciudad. Algunas me eran conocidas, como la de Rafael Ángel Calderón Guardia, que sigue frente al edificio de la Caja Costarricense del Seguro Social, fundada por él gracias a una rara conjunción de planetas, pues para darle al país una nueva legislación laboral a comienzos de los años cuarenta del siglo pasado, contó con el respaldo del arzobispo, monseñor Víctor Manuel Sanabria, y del jefe del Partido Comunista, Manuel Mora. Otras me resultan novedosas, aunque ya tuvieran tiempo de estar allí, como la del presidente Daniel Oduber, inaugurada en 1998, que se alza en la frontera entre el parque España y el parque Morazán.
La de Pepe Figueres, dos veces presidente, que abolió el ejército tras el triunfo de la revolución democrática que encabezó en 1948, fue develada también en 1998. Medía tres metros, medio metro menos que la de Oduber, y fue retirada de la plaza de la Democracia en 2006. Desde entonces aguarda su reinstalación en una bodega municipal adonde fue confinada bajo el alegato de que los vándalos no la dejaban en paz, o de que Pepe merecía otra mejor.
Pero que esté al aire libre, a la vista pública, o en la clausura de un almacén, es algo que no parece inquietar a la opinión pública.
Próceres antiguos y contemporáneos se reparten en Costa Rica los honores que las ordenanzas municipales les deparan, sin alardes ni exageraciones. Estuve en la ciudad de San Ramón, donde nacieron tres presidentes, José Acosta, Figueres y Francisco Orlich, y se les recuerda en sordina, un pequeño museo, alguna escuela que lleva sus nombres. El culto ciudadano guarda su equilibrio, como todo en este país. En la estatua ahora embodegada, el escultor representó a Pepe vestido en mangas de camisa, no de militar, que lo fue efímeramente. Que no esté ahora en ninguna plaza, no es inquietante. Si estuviera en todas, sí lo sería.
Estatuas de un mismo personaje que se multiplican, títulos rimbombantes, despliegues de poder. En Costa Rica sería impensable que el presidente saliera a la calle con una caravana de 15 vehículos llenos de guardias armados hasta los dientes, sirenas, motocicletas abriendo vía, y hasta una ambulancia. No es leyenda que al presidente Otilio Ulate lo atropelló un ciclista cruzando la calle, porque solía andar a pie, sin guardaespaldas.
En 1956 se celebró en Panamá una cumbre de presidentes americanos, en la que participó Eisenhower. Era un verdadero zoológico: el generalísimo Trujillo de la República Dominicana, el general Somoza de Nicaragua, el general Batista de Cuba, el general Pérez Jiménez de Venezuela, el general Rojas Pinilla de Colombia, el coronel Castillo Armas de Guatemala... todos llegados al poder por golpes de Estado.
Figueres, una rareza entre aquella constelación de quepis y charreteras, se negó a darle la mano a Somoza, que poco antes había hecho develar su gigantesca estatua ecuestre en Managua, una estatua de Mussolini guardada en un almacén en Roma, comprada de remate, y a la que sólo cambiaron la cabeza, según la tradición oral. "Somoza develiza la estatua de Somoza en el estadio Somoza", dice el epigrama de Ernesto Cardenal. Ya se sabe que fue derribada de su pedestal el 19 de julio de 1979 y los pedazos de bronce fueron arrastrados por las calles de Managua.
En poco tiempo, empezando por Somoza que cayó abatido ese mismo año por las balas del poeta Rigoberto López Pérez, no quedaría en el paisaje ninguno de los felices gorilas de aquel aquelarre de Panamá. El último en desaparecer fue el generalísimo Trujillo, quien murió asesinado en 1961. Hasta entonces, la capital de la República Dominicana se llamaba Ciudad Trujillo, y entre su extensa lista de títulos se contaban los de Padre de la Patria Nueva, Genio de la Paz, Campeón Invicto del Pueblo, y Protector de todos los Obreros. También era obligatorio estudiar su pensamiento en cátedras universitarias e institutos de investigación.
El viejo Somoza no le iba a la saga. Era el Arquitecto de la Democracia, el Gran Pacificador de Nicaragua, el Adalid del Progreso, y tampoco desperdiciaba las fechas de guardar; el 30 de mayo pasó a ser el día de la madre, porque era el cumpleaños de su suegra, Casimira Debayle, y el 27 de mayo el día del ejército, porque era el natalicio de su esposa, Salvadora Debayle. Su hijo Anastasio, el último de la dinastía, era el Huracán de la Paz; Pedro Joaquín Chamorro, para desafiarlo humorísticamente, le envió una vez un telegrama en el que consignaba todos sus títulos, no menos de 30; y su lema era "Somoza for Ever", porque creía en la necesidad de su eternidad en el poder. Una necesidad para la prosperidad de la patria, para la prosperidad de sus múltiples negocios y para la prosperidad de su familia.
Es así como dice el epigrama de Cardenal, los dictadores se erigen estatuas a sí mismos, y ellos mismos las develan. Creen que esas estatuas van a seguir allí por los siglos venideros, recordando su grandeza. Es una suerte de inseguridad encubierta, buscar como afirmarse en efigies, imágenes que están por todos lados, que asaltan la vista desde todas partes, como si multiplicarse fuera una necesidad que nace de la convicción perturbadora e insoslayable de que nadie es eterno, por mucho que quien manda a fundirse en bronce, o a desplegar su figura en gigantografías y vallas de carretera pretenda aparentar que la eternidad es suya, otra más de sus posesiones terrenas.
Pepe Figueres sabía bien que no es necesario estar subido a un pedestal para quedarse para siempre, porque la memoria viene a ser la mejor plaza para vivir en ella.
Lo que dicen las estatuas
Estatuas de un mismo personaje que se multiplican, títulos rimbombantes, despliegues de poder.
En Costa Rica sería impensable que el presidente saliera a la calle con una caravana de 15 vehículos llenos de guardias armados
SERGIO RAMÍREZ
Al recorrer a pie el viejo San José donde viví por tantos años, voy encontrándome en los parques y plazas con las estatuas de los próceres modernos de Costa Rica, que adornan el paisaje urbano, y cívico, de la ciudad. Algunas me eran conocidas, como la de Rafael Ángel Calderón Guardia, que sigue frente al edificio de la Caja Costarricense del Seguro Social, fundada por él gracias a una rara conjunción de planetas, pues para darle al país una nueva legislación laboral a comienzos de los años cuarenta del siglo pasado, contó con el respaldo del arzobispo, monseñor Víctor Manuel Sanabria, y del jefe del Partido Comunista, Manuel Mora. Otras me resultan novedosas, aunque ya tuvieran tiempo de estar allí, como la del presidente Daniel Oduber, inaugurada en 1998, que se alza en la frontera entre el parque España y el parque Morazán.
La de Pepe Figueres, dos veces presidente, que abolió el ejército tras el triunfo de la revolución democrática que encabezó en 1948, fue develada también en 1998. Medía tres metros, medio metro menos que la de Oduber, y fue retirada de la plaza de la Democracia en 2006. Desde entonces aguarda su reinstalación en una bodega municipal adonde fue confinada bajo el alegato de que los vándalos no la dejaban en paz, o de que Pepe merecía otra mejor.
Pero que esté al aire libre, a la vista pública, o en la clausura de un almacén, es algo que no parece inquietar a la opinión pública.
Próceres antiguos y contemporáneos se reparten en Costa Rica los honores que las ordenanzas municipales les deparan, sin alardes ni exageraciones. Estuve en la ciudad de San Ramón, donde nacieron tres presidentes, José Acosta, Figueres y Francisco Orlich, y se les recuerda en sordina, un pequeño museo, alguna escuela que lleva sus nombres. El culto ciudadano guarda su equilibrio, como todo en este país. En la estatua ahora embodegada, el escultor representó a Pepe vestido en mangas de camisa, no de militar, que lo fue efímeramente. Que no esté ahora en ninguna plaza, no es inquietante. Si estuviera en todas, sí lo sería.
Estatuas de un mismo personaje que se multiplican, títulos rimbombantes, despliegues de poder. En Costa Rica sería impensable que el presidente saliera a la calle con una caravana de 15 vehículos llenos de guardias armados hasta los dientes, sirenas, motocicletas abriendo vía, y hasta una ambulancia. No es leyenda que al presidente Otilio Ulate lo atropelló un ciclista cruzando la calle, porque solía andar a pie, sin guardaespaldas.
En 1956 se celebró en Panamá una cumbre de presidentes americanos, en la que participó Eisenhower. Era un verdadero zoológico: el generalísimo Trujillo de la República Dominicana, el general Somoza de Nicaragua, el general Batista de Cuba, el general Pérez Jiménez de Venezuela, el general Rojas Pinilla de Colombia, el coronel Castillo Armas de Guatemala... todos llegados al poder por golpes de Estado.
Figueres, una rareza entre aquella constelación de quepis y charreteras, se negó a darle la mano a Somoza, que poco antes había hecho develar su gigantesca estatua ecuestre en Managua, una estatua de Mussolini guardada en un almacén en Roma, comprada de remate, y a la que sólo cambiaron la cabeza, según la tradición oral. "Somoza develiza la estatua de Somoza en el estadio Somoza", dice el epigrama de Ernesto Cardenal. Ya se sabe que fue derribada de su pedestal el 19 de julio de 1979 y los pedazos de bronce fueron arrastrados por las calles de Managua.
En poco tiempo, empezando por Somoza que cayó abatido ese mismo año por las balas del poeta Rigoberto López Pérez, no quedaría en el paisaje ninguno de los felices gorilas de aquel aquelarre de Panamá. El último en desaparecer fue el generalísimo Trujillo, quien murió asesinado en 1961. Hasta entonces, la capital de la República Dominicana se llamaba Ciudad Trujillo, y entre su extensa lista de títulos se contaban los de Padre de la Patria Nueva, Genio de la Paz, Campeón Invicto del Pueblo, y Protector de todos los Obreros. También era obligatorio estudiar su pensamiento en cátedras universitarias e institutos de investigación.
El viejo Somoza no le iba a la saga. Era el Arquitecto de la Democracia, el Gran Pacificador de Nicaragua, el Adalid del Progreso, y tampoco desperdiciaba las fechas de guardar; el 30 de mayo pasó a ser el día de la madre, porque era el cumpleaños de su suegra, Casimira Debayle, y el 27 de mayo el día del ejército, porque era el natalicio de su esposa, Salvadora Debayle. Su hijo Anastasio, el último de la dinastía, era el Huracán de la Paz; Pedro Joaquín Chamorro, para desafiarlo humorísticamente, le envió una vez un telegrama en el que consignaba todos sus títulos, no menos de 30; y su lema era "Somoza for Ever", porque creía en la necesidad de su eternidad en el poder. Una necesidad para la prosperidad de la patria, para la prosperidad de sus múltiples negocios y para la prosperidad de su familia.
Es así como dice el epigrama de Cardenal, los dictadores se erigen estatuas a sí mismos, y ellos mismos las develan. Creen que esas estatuas van a seguir allí por los siglos venideros, recordando su grandeza. Es una suerte de inseguridad encubierta, buscar como afirmarse en efigies, imágenes que están por todos lados, que asaltan la vista desde todas partes, como si multiplicarse fuera una necesidad que nace de la convicción perturbadora e insoslayable de que nadie es eterno, por mucho que quien manda a fundirse en bronce, o a desplegar su figura en gigantografías y vallas de carretera pretenda aparentar que la eternidad es suya, otra más de sus posesiones terrenas.
Pepe Figueres sabía bien que no es necesario estar subido a un pedestal para quedarse para siempre, porque la memoria viene a ser la mejor plaza para vivir en ella.
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lunes, 9 de septiembre de 2013
SIEMBRA DE IMAGINARIOS
De los enrojecidos elefantes blancosLuis Barragán
Derrocada la dictadura de Pérez Jiménez, quedó la siembra de sendas edificaciones inconclusas, curiosamente ininvadibles, que tuvo por único destino el de soportar estoicamente el deterioro. La emblemática ciudad capital exhibió inmuebles de un atrevido e innovador diseño que convirtió la ruindad en un contrapuesto testimonio político, pues, por una parte, socialmente insensible, las construcciones eran las de un gobierno faraónico, mientras, por otra, la naciente democracia representativa aniquilaba el modernizador sueño urbano, trastocando su insensibilidad en revanchismo. Empero, buena parte de los fallidos proyectos corrió bajo la responsabilidad del sector privado que, endeudado, provocó un largo e inadvertido litigio como garante del consabido abandono.
La cosecha política que soportó un imaginario de tardía desaparición, respecto al perezjimenato, acuñó una denominación de probada fortuna y, aunque realmente el tipo no era común, los innumerables elefantes blancos sirvieron para la defensa y la acusación en esa otra pugna que la insurrección armada de los sesenta diluyó o intentó diluir. Ahora, regresando a etapas supuestamente superadas, un mismo gobierno de prolongada década y media, ha logrado su propia siembra disgustándole contranatura cualquier asomo del costo político que inexorablemente acarrea.
Por lo pronto, tres son los grupos familiares de la displicencia militante del Estado. Conciernen a los inmuebles improvisados, a los heredados y – de origen privado – a los expropiados.
Por una parte, la llamada Misión Vivienda surgió con un propósito eminentemente electoralista, y, además de las obras efectivamente entregadas que suscita la crítica de los expertos, dudosos de su calidad, están las que esperan demasiado por el último ladrillo y mano de pintura, pues, simplemente, ya pasaron los comicios, y quedó agotado el presupuesto y satisfecho el objetivo de amortiguar las consecuencias de un déficit que no deja de alarmar. Por el efecto de vitrina tan anhelado, la urbe está llena de esos edificios a medio hacer en sus mejores pasarelas, calles y avenidas que los desaconsejaban por el colapso de los servicios, imposibles – esta vez – de invadir, clamando por una inversión volandera que no repara en su futura y adecuada habitabilidad.
Por otra, fomentada por la desidia y el prejuicio respecto a lo heredado, hallamos los espacios públicos que gozaron de una gran prestancia y, hoy, hasta la lenta recuperación levanta sospechas, dado el precedente de la Plaza Diego Ibarra que, por mucho tiempo, exhibió una masiva e impune venta de videos-pirata para abrirse a una costosa remodelación que pudo atajarse. Pasar por las proximidades del antiguo edificio de la Corte Suprema de Justicia y hurgarlo a través de sus quebrados ventanales inspira una profunda lástima, pues, bajo la responsabilidad de la Asamblea Nacional, si bien es cierto que sirve todavía de oportuno refugio para las víctimas de las lluvias que esperan aún soluciones, agotada la ya vieja Ley Habilitante que las pretextó, no menos lo es que desespera por una restauración que repetidamente ha conocido el Capitolio Federal; y sumamos la indecible precariedad del complejo hidroeléctrico de Guri que, advertido años atrás, urgía de una decidida inversión, o la impensable demora en restituir la consabida torre de Parque Central o el complejo del Centro Simón Bolívar, por no citar hasta el mismo Palacio de Miraflores del que ya se alegan algunos daños o averías que aparentemente lo hacen dispensable para el supremo despacho, aunque el único y conocido presupuesto de mantenimiento de la Residencia Presidencial de La Casona hubiese bastado para subsanarlos.
Destaquemos, por último, las expropiaciones realizadas según el canon, libreto o metarrelato revolucionario, que evidenciaron la ausencia de toda propuesta alternativa para el uso y la administración de los inmuebles, enmascarando situaciones y conflictos que el Estado no supo resolver en su debido momento. Enunciándolos, están casos como el Nuevo Circo que, cohabitando con la sede del Museo Nacional de Arquitectura, espera largamente por un destino definitivo; el tristemente célebre edificio de Los Andes que, gracias al pendón que lo engalanó, suponiéndolo sede de una inexplicado “Poder Constituyente”, fue inutilizado por años hasta que, por fin, apostaron por una masiva residencia estudiantil para los adeptos, así no logren explicar los reiterados fracasos en las elecciones estudiantiles; o el del centro comercial Sambil de La Candelaria, parcialmente ocupado por los refugiados que también esperan, tampoco ha conocido de una propuesta que convincentemente justificase la medida expropiadora, enmascarando la delictiva autorización para su construcción, si la hubiere de acuerdo al alegato esgrimido por Chávez Frías.
Una suerte de elefantiasis urbana, busca cupo en el imaginario social de los días que corren. De no solucionarse el fenómeno, quedará para el porvenir como testimonio político de lo que se quiso hacer y no los dejaron, o – dejándolos – lo que quedó como muestra de una gigantesca incompetencia.
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/16575-de-los-enrojecidos-elefantes-blancos
Fotografías: LB, Nuevo Circo (2012). Nóteses el pendón de REDES. partido de Juan Barreto, expropiador, restaurador o remodelador del coso caraqueño. Y aviso, Caracas, 1936.
lunes, 20 de mayo de 2013
DE LOS ESPACIOS ILUSOS
De la Plaza Farruco
Luis Barragán
Finalizando 2012, la exposición inaugural del Museo Nacional de Arquitectura (MusArq), cuya vecindad con el Nuevo Circo le concede varias significaciones, incluyó el Proyecto de la Plaza de la Revolución, elaborado por la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales (OPPPE), dirigida por Farruco Sesto y que un poco evoca aquella dirigida por LLovera Páez en la década de los cincuenta. Anunciada por Chávez Frías hacia 2007, en la Avenida Bolívar de Caracas, probablemente sea uno de los tantos y costosos bocetos que el arquitecto ha tendido sobre la urbe amenazada que, siguiendo a Teodoro Petkoff, presuntamente forma parte de un complejo y continuo negociado como el que ejecutó Pérez Jiménez al transformarla.
Paradójicamente, una ciudad tan agorafóbica dará cobijo a una obra de considerables dimensiones que estará delimitada por varios inmuebles residenciales, acarreando una inmensa inversión económica y dislocación de su intransitable vialidad, considerada la intervención de La Hoyada y sectores aledaños que procuran un nuevo destino, después de instalada, desmantelada y restaurada la infraestructura de los mercados populares para el tormento de más de dos décadas. No cabe duda que la plaza se levanta como una provechosa prioridad, ante otras de las urgencias que todavía el par de satélites artificiales no logra siquiera aliviar.
Propio del imaginario habanero, más que del moscovita de principios de siglo, el oficialismo sueña con una gigantesco templo al aire libre, donde plebiscitarse con las masas obedientes y seducidas por el espectáculo que ha de dispensar épicamente. De vez en cuando, bautizan como plaza de la revolución cualquier rincón citadino que sirva de escenario para el populismo de movilización convertido en un hábito precario, quizá por fallar el metarrelato del asalto al cuartel de invierno que pueda darle una superior prestancia y motivación epopéyica.
Los grandes espacios están así concebidos para la predicación sistemática de quienes posiblemente piensen en el achicamiento y la lejanía del Paseo de los Próceres, el cual exige un mínimo del protocolo y la marcialidad que lucen reñidos con una suerte de Primera Declaración de Caracas y la hazaña retórica que supondrá. Por lo demás, flanqueada por los celosos y privilegiados vigilantes que habitarán sus costados, la descomunal plazoleta constituirá un desafío para los promotores y diseñadores de los actos proselitistas, distantes y diferentes a los que la antigua oposición o gobierno protagonizaban en la Plaza de los Museos de Bellas Artes, la Plaza de la Concordia, la Plaza O’Leary, la Avenida Bolívar, la Sala Plenaria de Parque Central, El Poliedro o la Avenida Bolívar que el pluralismo político empleó oportuna y convincentemente.
La ciudadanía necesita de espacios amplios y libérrimos de tránsito, recreación y esparcimiento. Negadas las aceras, con una lenta y penosa movilidad en la metrópoli de sus inseguridades y desencantos, el complicado borrador de la Plaza Farruco no autoriza al desahogo de los viadantes, sino el hacinamiento móvil que soportará la frecuente tempestad de los dardos propagandísticos.
Por cierto, objetivamente, no fue casual que Betancourt promoviera y entregara el Parque del Este, en lugar de proveerse de un gran palco que forzara a los venezolanos a presenciarlo y escucharlo. Hay sensateces necesarias de reivindicar, a pesar del difícil historial urbanístico y arquitectónico que tenemos.
Valga acotar, la aludida oficina está relevada de toda la inquietud que provenga de la Asamblea Nacional, pues la Comisión Permanente de Cultura – a la que pertenecemos – no la conoce y tampoco al titular, por lo que respecta a sus roles ministeriales y misteriosos. Y no puede decirse que ésta Comisión no tiene por competencia el patrimonio material pasado, presente y futuro de nuestras ciudades, ya que ella – en una ocasión – investigó las supuestas modificaciones realizadas en la Casa de Gobierno de Los Teques, por iniciativa del PSUV y el apoyo de la MUD.
Fotografías: LB (MusArq, Caracas, 2012)
http://opinionynoticias.com/opinionnacional/15223-de-la-plaza-farruco
Luis Barragán
Finalizando 2012, la exposición inaugural del Museo Nacional de Arquitectura (MusArq), cuya vecindad con el Nuevo Circo le concede varias significaciones, incluyó el Proyecto de la Plaza de la Revolución, elaborado por la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales (OPPPE), dirigida por Farruco Sesto y que un poco evoca aquella dirigida por LLovera Páez en la década de los cincuenta. Anunciada por Chávez Frías hacia 2007, en la Avenida Bolívar de Caracas, probablemente sea uno de los tantos y costosos bocetos que el arquitecto ha tendido sobre la urbe amenazada que, siguiendo a Teodoro Petkoff, presuntamente forma parte de un complejo y continuo negociado como el que ejecutó Pérez Jiménez al transformarla.
Paradójicamente, una ciudad tan agorafóbica dará cobijo a una obra de considerables dimensiones que estará delimitada por varios inmuebles residenciales, acarreando una inmensa inversión económica y dislocación de su intransitable vialidad, considerada la intervención de La Hoyada y sectores aledaños que procuran un nuevo destino, después de instalada, desmantelada y restaurada la infraestructura de los mercados populares para el tormento de más de dos décadas. No cabe duda que la plaza se levanta como una provechosa prioridad, ante otras de las urgencias que todavía el par de satélites artificiales no logra siquiera aliviar.
Propio del imaginario habanero, más que del moscovita de principios de siglo, el oficialismo sueña con una gigantesco templo al aire libre, donde plebiscitarse con las masas obedientes y seducidas por el espectáculo que ha de dispensar épicamente. De vez en cuando, bautizan como plaza de la revolución cualquier rincón citadino que sirva de escenario para el populismo de movilización convertido en un hábito precario, quizá por fallar el metarrelato del asalto al cuartel de invierno que pueda darle una superior prestancia y motivación epopéyica.
Los grandes espacios están así concebidos para la predicación sistemática de quienes posiblemente piensen en el achicamiento y la lejanía del Paseo de los Próceres, el cual exige un mínimo del protocolo y la marcialidad que lucen reñidos con una suerte de Primera Declaración de Caracas y la hazaña retórica que supondrá. Por lo demás, flanqueada por los celosos y privilegiados vigilantes que habitarán sus costados, la descomunal plazoleta constituirá un desafío para los promotores y diseñadores de los actos proselitistas, distantes y diferentes a los que la antigua oposición o gobierno protagonizaban en la Plaza de los Museos de Bellas Artes, la Plaza de la Concordia, la Plaza O’Leary, la Avenida Bolívar, la Sala Plenaria de Parque Central, El Poliedro o la Avenida Bolívar que el pluralismo político empleó oportuna y convincentemente.
La ciudadanía necesita de espacios amplios y libérrimos de tránsito, recreación y esparcimiento. Negadas las aceras, con una lenta y penosa movilidad en la metrópoli de sus inseguridades y desencantos, el complicado borrador de la Plaza Farruco no autoriza al desahogo de los viadantes, sino el hacinamiento móvil que soportará la frecuente tempestad de los dardos propagandísticos.
Por cierto, objetivamente, no fue casual que Betancourt promoviera y entregara el Parque del Este, en lugar de proveerse de un gran palco que forzara a los venezolanos a presenciarlo y escucharlo. Hay sensateces necesarias de reivindicar, a pesar del difícil historial urbanístico y arquitectónico que tenemos.
Valga acotar, la aludida oficina está relevada de toda la inquietud que provenga de la Asamblea Nacional, pues la Comisión Permanente de Cultura – a la que pertenecemos – no la conoce y tampoco al titular, por lo que respecta a sus roles ministeriales y misteriosos. Y no puede decirse que ésta Comisión no tiene por competencia el patrimonio material pasado, presente y futuro de nuestras ciudades, ya que ella – en una ocasión – investigó las supuestas modificaciones realizadas en la Casa de Gobierno de Los Teques, por iniciativa del PSUV y el apoyo de la MUD.
Fotografías: LB (MusArq, Caracas, 2012)
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jueves, 30 de agosto de 2012
LA OTRA GUERRA
EL PAÍS, Madrid, 30 de Agosto de 2012
La batalla verde se juega en la ciudad
Asia es el terreno abonado para las ‘ecourbes’ que buscan la sostenibilidad
Algunas nacen como ensayos, otras como guetos y pocas prosperan
Anatxu Zabalbeascoa
Si el siglo XX vio cómo los países competían por la hegemonía mundial, parece que el siglo XXI colocará a las ciudades a la cabeza de esa lucha. Que el futuro del planeta se ganará, o se perderá, en las urbes es algo que los urbanistas llevan años advirtiendo. Se espera que, para 2050, 8 de cada 20 personas vivan en una metrópolis, pero antes, ya en la próxima década, en China —el país de mayor peso demográfico— la población aumentará en más de 300 millones, el equivalente a todos los habitantes de Estados Unidos hoy. Así, es lógico que sea precisamente en China donde se decida, en buena parte, el futuro de las ciudades y, por eso, resulta lógico que sea ese país el lugar donde mayor cantidad de ciudades construidas con criterios sostenibles se estén planificando e incluso construyendo. Esto último es fundamental: el paso de los planos al suelo —o del idealismo a la realidad— es todavía el gran problema de las ecociudades que, ofreciendo respuestas a necesidades urgentes, no dejan de parecer utópicas. El hecho de que se levanten aisladas y de que partan de cero hace desconfiar a muchos urbanistas. La cuestión de la sostenibilidad, o de la supervivencia del planeta, no admite matices. O nos salvamos todos o se hunde el sistema. No hay clases ni privilegios en la lucha contra el deterioro medioambiental. Por eso la mayoría de las ecociudades que se están dibujando y construyendo hoy solo se entienden como ensayos, como urbes piloto o como guetos para millonarios con miedo o mala conciencia.
China acoge el mayor número de proyectos sostenibles
En medio de ese escenario, Tianjin Eco-city quiere cambiar el panorama. Ha habido estrepitosos fracasos como Dongtan —al norte de Shanghái, ideada para ser inaugurada durante la Expo de 2010—, que se postulaba como la ciudad-solución para el futuro chino y ha visto cómo su promotor, el líder del partido comunista de la ciudad, Chen Liangyu, terminaba encarcelado por fraude. Pero en Tianjin, a 150 kilómetros de Pekín, están yendo más despacio. Y son más modestos. Esta primavera llegaron allí los 60 primeros habitantes de la que, cuando alcance 350.000 vecinos en 2020, será la mayor ciudad ecológica del mundo. Y, como es natural, un lugar grande nunca puede ser un gueto. A 45 kilómetros de la actual Tianjin, los pioneros de la futura urbe llevan una dosis de realidad a una fórmula que ha fracasado ya demasiadas veces por resistirse a pasar de las ideas a los hechos. En Tianjin Eco-city habrá mezcla de personas y pisos de varios tipos, tamaños y precios, pero en una cosa será igualitaria: todos sus habitantes tendrán que aprender a administrarse. El 60% de los desechos deberá ser reciclable y la recogida de basura será siempre selectiva. Habrá disponibles 120 litros de agua al día por habitante. Ni uno más. La lluvia se recogerá y se reciclará para riego o aguas grises —para lavado y aseo—, se fomentará la vida de barrio —con colegios y hospitales en todos los vecindarios— y el transporte rodado quedará reducido un 90% respecto a una ciudad de ese tamaño.
En Tianjin Eco-city habrá mezcla social y el consumo de agua será limitado
La idea es ser realista y crear lugares habitables en vez de utópicos escenarios de una perfección que además, por definición, también es insostenible. Así, el principal valor de Eco Tianjin es ese: la normalidad de la propuesta no la hace parecer ciencia ficción. ¿Su mayor contribución? Quiere ser una ciudad modelo y, por tanto, exportable y repetible. Se ofrece como conejillo de indias en un país, China, que es líder mundial en instalación de acumuladores de energías renovables, pero en el que, con el 70% de los ríos contaminados, los cambios en las políticas medioambientales pasan por transformaciones urbanísticas.
El Gobierno chino y el de Singapur están detrás de las finanzas para levantar esta ciudad. Pero también figuran empresas como General Motors —ensayando medios de transporte no contaminantes y a partir de energías limpias— y la holandesa Philips —a cargo de la iluminación nocturna—, conscientes de que para salvar sus negocios deben hacerlos necesarios, esto es: contribuir con ellos a la sostenibilidad del planeta.
Los peores lugares del mundo se transforman para ser los mejores
Asia es el terreno abonado para las ecociudades —una escala urbanística que parece tener más fácil partir de cero que reparar—. Por eso, el profesor de Geografía de la Universidad Autónoma de Bellaterra Francesc Muñoz está convencido de que “en China está pasando lo que sucedió en EE UU en los años veinte y treinta: es un lugar de experimentación tan brutal que lo que salga de allí puede tener capacidad de ser un modelo de futuro”. La experiencia europea de los ecobarrios alcanza en China dimensiones brutales. Tal vez por eso, en la pasada Bienal de Arquitectura de Venecia Singapur propuso que el mundo siguiera su modelo. El 0,5% de la superficie mundial bastaría para acoger a los 7.000 millones de habitantes del planeta si las metrópolis fueran tan densas como esta ciudad-Estado, segunda del mundo en densidad —tiene 5,3 millones de habitantes en algo menos de 700 kilómetros cuadrados— tras Mónaco. Allí lo tienen claro: “La ecología, pero también la economía, decidirán las ciudades del futuro”, ha asegurado el ministro de Información, Comunicación y Artes, Lui Tuck Yew. Por eso, su propuesta en la anterior Bienal consistía en la edificación de 1.000 singapures en el mundo (una superficie equivalente a dos veces el tamaño de España). La sostenibilidad no puede ser ni una coartada ni un disfraz. “Es una urgencia y tiene un potencial económico que pasa por la reorganización: en las ciudades compactas el consumo energético está más controlado y las inversiones son mucho más rentables”, aseguró.
Al ser más fácil partir de cero que reparar, las ecociudades del planeta buscan acomodo en los pocos lugares que permanecen vacíos junto a las grandes metrópolis. Estos terrenos son, por definición, territorios con pasados difíciles. Así, se da la paradoja de que son los peores lugares los que se están transformando para convertirse en los mejores. La japonesa Fujisawa se levanta en los antiguos solares de una zona fabril y Treasure Island, en San Francisco, ocupa una isla junto al puen
te Golden Gate azotada por el viento y cubierta habitualmente por una niebla que los arquitectos Skidmore, Owings y Merrill pensaban vencer combinando planificación urbanística y plantación de árboles.
Las empresas apostarán por las ciudades verdes cuando sean un nicho de mercado
“Sin pensar en la gente, sin planificar con los urbanistas, sin cuidar la arquitectura, las ecociudades corren el peligro de convertirse en ecoclichés, la receta más directa para el desastre seguro”, apunta Austin Williams, autor del libro Enemies of progress: the danger of sustainability (Enemigos del progreso: el problema de la sostenibilidad). Este arquitecto británico, director del proyecto Future Cities advierte que, “sin inversores, los chinos prefirieron correr recurriendo a la construcción tradicional”. Pero antes de criticar, Williams recomienda recordar lo que sucedió en Europa: “Hubiera sido mucho más lógico enterrar el tendido eléctrico, pero ahí está, atravesando los campos del mundo desde 1926 porque también nosotros quisimos ir más rápido”. También el profesor Muñoz, que dirige el Observatorio de la Urbanización, se pregunta por la gente: “Tenemos conocimiento y tecnología para controlar la eficiencia energética de las ecoaldeas, pero nos falta plantearnos si la sociedad sostenible va a ser más justa o no”.
Fracasos como Dongtan, o como Huangbaiyu —que el gurú del cradle to cradle, o diseño capaz de evitar el impacto ecológico, William McDonough, abandonó cuando las autoridades chinas decidieron recurrir a la construcción rápida para rentabilizar la inversión—. O irrealidades como Masdar en Abu Dhabi —donde no se pueden permitir vivir los obreros que la construyen— convierten Tianjin en verosímil. De momento, lo que la hace posible es, precisamente, que no es perfecta. Pero, como sucede con los avances tecnológicos, “es fundamental comprobar si las ecociudades son, o no, un nicho de mercado. Cuando eso suceda, las empresas y las grandes economías apostarán por ellas”, advierte Francesc Muñoz. Solo entonces podrán convertirse en modelos de ciudad a imitar. Con todo, la llegada de los primeros habitantes a una Tianjin en construcción añade humanidad al proyecto. Uno aprende a cuidar lo que ayuda a construir. Esa es la idea. Evitar los escenarios y conseguir que Tianjin sea, como cualquier ciudad, un imperfecto y cambiante lugar de encuentro y mezcla para una población heterogénea con ganas de contribuir a salvar el lugar en donde vive.
Algunos intentos de ecociudad
Las iniciativas para poner en marcha ecociudades menudean, pero con frecuencia solo llegan a nacer en los planos.
» Fujisawa, en Japón. Con un millar de viviendas y una inversión de 81 millones de euros, la ciudad se inaugurará el año que viene sin atascos ni gasolineras y con un nivel de emisiones un 70% inferior a una población de su tamaño. Con sensores para moderar el gasto en iluminación, paneles solares acumulando energía en todos los edificios y acceso a una red de conexión que unirá a los habitantes con instalaciones médicas (la población japonesa envejece rápidamente), la ciudad tiene detrás al grupo Panasonic, que busca un modelo inteligente de ciudad para ser líder en sostenibilidad cuando celebre su centenario, en 2018.
» Dongtan, en una isla china. En la de Changming, al norte de Shanghái, la que estaba llamada a ser la gran ecociudad china nunca despegó. Ideada por los ingenieros ingleses de Ove Arup, se esperaba que para la pasada Expo de Shanghái de hace dos años los 10.000 primeros habitantes pudieran explicar las ventajas de vivir en un lugar autosuficiente en la producción de agua y energía, donde solo se podría utilizar transporte verde (eléctrico, alimentado por hidrógeno o bicicletas). Se hizo mucha publicidad de esa ecociudad llamada a servir de modelo. Tal vez demasiada. Tony Blair apoyó públicamente a Hu Jintao sin haberla visto
» Masdar, en Abu Dabi. La más glamurosa de las ecociudades, ha sido diseñada por el estudio de Norman Foster y ha comenzado a construirse. A pesar de sus altas ambiciones —aspira a que el 100% de su consumo energético proceda de energías renovables y asegura que reciclará el 80% de su agua—, sus 50.000 habitantes tendrán que ser millonarios si quieren instalarse en esta urbe de altísimo presupuesto. Arquitectos y políticos han firmado un acuerdo para evitar explotar a los trabajadores que la levantan, pero falta por saber qué ocurrirá con los que la mantengan en funcionamiento y no puedan vivir allí. Está previsto que la educación tecnológica sea la base de la economía de la futura ciudad del emirato, pero son muchos los expertos que se preguntan cómo se mantendrá una ciudad de esas características cuando se termine el petróleo y el gas cuya venta la está haciendo posible.
» Montecorvo, en España. Una de las escasas propuestas para levantar ciudades sostenibles en nuestro país llegó de la mano del estudio holandés MVRDV asociado al despacho español Gras y apoyado en 2008 por el Gobierno autónomo de Pedro Sanz, en La Rioja. En un terreno no urbanizable de Monte El Corvo, al norte de Logroño, iba a crecer un barrio sostenible para 3.000 viviendas que ocuparían solo un 10% de los terrenos. Sanz, del PP, declaró el proyecto, con una inversión prevista de 388 millones de euros, “de interés supramunicipal”, pero el municipio, liderado por Tomás Santos (PSOE) alegó. La recalificación de los terrenos hubiera multiplicado por 50 el precio de las tierras áridas que cubren el monte y que esperan regenerarse, pero no edificarse. El caso, que la prensa local tachó de intento de pelotazo urbanístico, quedó también en intento.
» Treasure Island, en EE UU. Para 2020 estaba previsto que se finalizara esta ciudad de 12.000 habitantes levantada en una isla frente al puente Golden Gate de San Francisco. Por paradójico que parezca, no es habitual que las ecociudades se piensen para el tipo de ciudadanos que, mayoritariamente, ocupan las ciudades actuales. Por eso, era especial: la densidad, un tráfico peatonal y grandes jardines públicos —además de un 30% de las viviendas de protección oficial— eran los puntos fuertes de este proyecto parado por falta de acuerdo entre las autoridades municipales y las estatales.
Fotografías: Nelson Ching, entrada a Tienjin Eco-city, a 150 kilómetros de Pekín;y, de la Cordon Press, entrada a Tienjin Eco-city, a 150 kilómetros de Pekín (EL PAÍS, Madrid, 30/08/12).
La batalla verde se juega en la ciudad
Asia es el terreno abonado para las ‘ecourbes’ que buscan la sostenibilidad
Algunas nacen como ensayos, otras como guetos y pocas prosperan
Anatxu Zabalbeascoa
Si el siglo XX vio cómo los países competían por la hegemonía mundial, parece que el siglo XXI colocará a las ciudades a la cabeza de esa lucha. Que el futuro del planeta se ganará, o se perderá, en las urbes es algo que los urbanistas llevan años advirtiendo. Se espera que, para 2050, 8 de cada 20 personas vivan en una metrópolis, pero antes, ya en la próxima década, en China —el país de mayor peso demográfico— la población aumentará en más de 300 millones, el equivalente a todos los habitantes de Estados Unidos hoy. Así, es lógico que sea precisamente en China donde se decida, en buena parte, el futuro de las ciudades y, por eso, resulta lógico que sea ese país el lugar donde mayor cantidad de ciudades construidas con criterios sostenibles se estén planificando e incluso construyendo. Esto último es fundamental: el paso de los planos al suelo —o del idealismo a la realidad— es todavía el gran problema de las ecociudades que, ofreciendo respuestas a necesidades urgentes, no dejan de parecer utópicas. El hecho de que se levanten aisladas y de que partan de cero hace desconfiar a muchos urbanistas. La cuestión de la sostenibilidad, o de la supervivencia del planeta, no admite matices. O nos salvamos todos o se hunde el sistema. No hay clases ni privilegios en la lucha contra el deterioro medioambiental. Por eso la mayoría de las ecociudades que se están dibujando y construyendo hoy solo se entienden como ensayos, como urbes piloto o como guetos para millonarios con miedo o mala conciencia.
China acoge el mayor número de proyectos sostenibles
En medio de ese escenario, Tianjin Eco-city quiere cambiar el panorama. Ha habido estrepitosos fracasos como Dongtan —al norte de Shanghái, ideada para ser inaugurada durante la Expo de 2010—, que se postulaba como la ciudad-solución para el futuro chino y ha visto cómo su promotor, el líder del partido comunista de la ciudad, Chen Liangyu, terminaba encarcelado por fraude. Pero en Tianjin, a 150 kilómetros de Pekín, están yendo más despacio. Y son más modestos. Esta primavera llegaron allí los 60 primeros habitantes de la que, cuando alcance 350.000 vecinos en 2020, será la mayor ciudad ecológica del mundo. Y, como es natural, un lugar grande nunca puede ser un gueto. A 45 kilómetros de la actual Tianjin, los pioneros de la futura urbe llevan una dosis de realidad a una fórmula que ha fracasado ya demasiadas veces por resistirse a pasar de las ideas a los hechos. En Tianjin Eco-city habrá mezcla de personas y pisos de varios tipos, tamaños y precios, pero en una cosa será igualitaria: todos sus habitantes tendrán que aprender a administrarse. El 60% de los desechos deberá ser reciclable y la recogida de basura será siempre selectiva. Habrá disponibles 120 litros de agua al día por habitante. Ni uno más. La lluvia se recogerá y se reciclará para riego o aguas grises —para lavado y aseo—, se fomentará la vida de barrio —con colegios y hospitales en todos los vecindarios— y el transporte rodado quedará reducido un 90% respecto a una ciudad de ese tamaño.
En Tianjin Eco-city habrá mezcla social y el consumo de agua será limitado
La idea es ser realista y crear lugares habitables en vez de utópicos escenarios de una perfección que además, por definición, también es insostenible. Así, el principal valor de Eco Tianjin es ese: la normalidad de la propuesta no la hace parecer ciencia ficción. ¿Su mayor contribución? Quiere ser una ciudad modelo y, por tanto, exportable y repetible. Se ofrece como conejillo de indias en un país, China, que es líder mundial en instalación de acumuladores de energías renovables, pero en el que, con el 70% de los ríos contaminados, los cambios en las políticas medioambientales pasan por transformaciones urbanísticas.
El Gobierno chino y el de Singapur están detrás de las finanzas para levantar esta ciudad. Pero también figuran empresas como General Motors —ensayando medios de transporte no contaminantes y a partir de energías limpias— y la holandesa Philips —a cargo de la iluminación nocturna—, conscientes de que para salvar sus negocios deben hacerlos necesarios, esto es: contribuir con ellos a la sostenibilidad del planeta.
Los peores lugares del mundo se transforman para ser los mejores
Asia es el terreno abonado para las ecociudades —una escala urbanística que parece tener más fácil partir de cero que reparar—. Por eso, el profesor de Geografía de la Universidad Autónoma de Bellaterra Francesc Muñoz está convencido de que “en China está pasando lo que sucedió en EE UU en los años veinte y treinta: es un lugar de experimentación tan brutal que lo que salga de allí puede tener capacidad de ser un modelo de futuro”. La experiencia europea de los ecobarrios alcanza en China dimensiones brutales. Tal vez por eso, en la pasada Bienal de Arquitectura de Venecia Singapur propuso que el mundo siguiera su modelo. El 0,5% de la superficie mundial bastaría para acoger a los 7.000 millones de habitantes del planeta si las metrópolis fueran tan densas como esta ciudad-Estado, segunda del mundo en densidad —tiene 5,3 millones de habitantes en algo menos de 700 kilómetros cuadrados— tras Mónaco. Allí lo tienen claro: “La ecología, pero también la economía, decidirán las ciudades del futuro”, ha asegurado el ministro de Información, Comunicación y Artes, Lui Tuck Yew. Por eso, su propuesta en la anterior Bienal consistía en la edificación de 1.000 singapures en el mundo (una superficie equivalente a dos veces el tamaño de España). La sostenibilidad no puede ser ni una coartada ni un disfraz. “Es una urgencia y tiene un potencial económico que pasa por la reorganización: en las ciudades compactas el consumo energético está más controlado y las inversiones son mucho más rentables”, aseguró.
Al ser más fácil partir de cero que reparar, las ecociudades del planeta buscan acomodo en los pocos lugares que permanecen vacíos junto a las grandes metrópolis. Estos terrenos son, por definición, territorios con pasados difíciles. Así, se da la paradoja de que son los peores lugares los que se están transformando para convertirse en los mejores. La japonesa Fujisawa se levanta en los antiguos solares de una zona fabril y Treasure Island, en San Francisco, ocupa una isla junto al puen
te Golden Gate azotada por el viento y cubierta habitualmente por una niebla que los arquitectos Skidmore, Owings y Merrill pensaban vencer combinando planificación urbanística y plantación de árboles.
Las empresas apostarán por las ciudades verdes cuando sean un nicho de mercado
“Sin pensar en la gente, sin planificar con los urbanistas, sin cuidar la arquitectura, las ecociudades corren el peligro de convertirse en ecoclichés, la receta más directa para el desastre seguro”, apunta Austin Williams, autor del libro Enemies of progress: the danger of sustainability (Enemigos del progreso: el problema de la sostenibilidad). Este arquitecto británico, director del proyecto Future Cities advierte que, “sin inversores, los chinos prefirieron correr recurriendo a la construcción tradicional”. Pero antes de criticar, Williams recomienda recordar lo que sucedió en Europa: “Hubiera sido mucho más lógico enterrar el tendido eléctrico, pero ahí está, atravesando los campos del mundo desde 1926 porque también nosotros quisimos ir más rápido”. También el profesor Muñoz, que dirige el Observatorio de la Urbanización, se pregunta por la gente: “Tenemos conocimiento y tecnología para controlar la eficiencia energética de las ecoaldeas, pero nos falta plantearnos si la sociedad sostenible va a ser más justa o no”.
Fracasos como Dongtan, o como Huangbaiyu —que el gurú del cradle to cradle, o diseño capaz de evitar el impacto ecológico, William McDonough, abandonó cuando las autoridades chinas decidieron recurrir a la construcción rápida para rentabilizar la inversión—. O irrealidades como Masdar en Abu Dhabi —donde no se pueden permitir vivir los obreros que la construyen— convierten Tianjin en verosímil. De momento, lo que la hace posible es, precisamente, que no es perfecta. Pero, como sucede con los avances tecnológicos, “es fundamental comprobar si las ecociudades son, o no, un nicho de mercado. Cuando eso suceda, las empresas y las grandes economías apostarán por ellas”, advierte Francesc Muñoz. Solo entonces podrán convertirse en modelos de ciudad a imitar. Con todo, la llegada de los primeros habitantes a una Tianjin en construcción añade humanidad al proyecto. Uno aprende a cuidar lo que ayuda a construir. Esa es la idea. Evitar los escenarios y conseguir que Tianjin sea, como cualquier ciudad, un imperfecto y cambiante lugar de encuentro y mezcla para una población heterogénea con ganas de contribuir a salvar el lugar en donde vive.
Algunos intentos de ecociudad
Las iniciativas para poner en marcha ecociudades menudean, pero con frecuencia solo llegan a nacer en los planos.
» Fujisawa, en Japón. Con un millar de viviendas y una inversión de 81 millones de euros, la ciudad se inaugurará el año que viene sin atascos ni gasolineras y con un nivel de emisiones un 70% inferior a una población de su tamaño. Con sensores para moderar el gasto en iluminación, paneles solares acumulando energía en todos los edificios y acceso a una red de conexión que unirá a los habitantes con instalaciones médicas (la población japonesa envejece rápidamente), la ciudad tiene detrás al grupo Panasonic, que busca un modelo inteligente de ciudad para ser líder en sostenibilidad cuando celebre su centenario, en 2018.
» Dongtan, en una isla china. En la de Changming, al norte de Shanghái, la que estaba llamada a ser la gran ecociudad china nunca despegó. Ideada por los ingenieros ingleses de Ove Arup, se esperaba que para la pasada Expo de Shanghái de hace dos años los 10.000 primeros habitantes pudieran explicar las ventajas de vivir en un lugar autosuficiente en la producción de agua y energía, donde solo se podría utilizar transporte verde (eléctrico, alimentado por hidrógeno o bicicletas). Se hizo mucha publicidad de esa ecociudad llamada a servir de modelo. Tal vez demasiada. Tony Blair apoyó públicamente a Hu Jintao sin haberla visto
» Masdar, en Abu Dabi. La más glamurosa de las ecociudades, ha sido diseñada por el estudio de Norman Foster y ha comenzado a construirse. A pesar de sus altas ambiciones —aspira a que el 100% de su consumo energético proceda de energías renovables y asegura que reciclará el 80% de su agua—, sus 50.000 habitantes tendrán que ser millonarios si quieren instalarse en esta urbe de altísimo presupuesto. Arquitectos y políticos han firmado un acuerdo para evitar explotar a los trabajadores que la levantan, pero falta por saber qué ocurrirá con los que la mantengan en funcionamiento y no puedan vivir allí. Está previsto que la educación tecnológica sea la base de la economía de la futura ciudad del emirato, pero son muchos los expertos que se preguntan cómo se mantendrá una ciudad de esas características cuando se termine el petróleo y el gas cuya venta la está haciendo posible.
» Montecorvo, en España. Una de las escasas propuestas para levantar ciudades sostenibles en nuestro país llegó de la mano del estudio holandés MVRDV asociado al despacho español Gras y apoyado en 2008 por el Gobierno autónomo de Pedro Sanz, en La Rioja. En un terreno no urbanizable de Monte El Corvo, al norte de Logroño, iba a crecer un barrio sostenible para 3.000 viviendas que ocuparían solo un 10% de los terrenos. Sanz, del PP, declaró el proyecto, con una inversión prevista de 388 millones de euros, “de interés supramunicipal”, pero el municipio, liderado por Tomás Santos (PSOE) alegó. La recalificación de los terrenos hubiera multiplicado por 50 el precio de las tierras áridas que cubren el monte y que esperan regenerarse, pero no edificarse. El caso, que la prensa local tachó de intento de pelotazo urbanístico, quedó también en intento.
» Treasure Island, en EE UU. Para 2020 estaba previsto que se finalizara esta ciudad de 12.000 habitantes levantada en una isla frente al puente Golden Gate de San Francisco. Por paradójico que parezca, no es habitual que las ecociudades se piensen para el tipo de ciudadanos que, mayoritariamente, ocupan las ciudades actuales. Por eso, era especial: la densidad, un tráfico peatonal y grandes jardines públicos —además de un 30% de las viviendas de protección oficial— eran los puntos fuertes de este proyecto parado por falta de acuerdo entre las autoridades municipales y las estatales.
Fotografías: Nelson Ching, entrada a Tienjin Eco-city, a 150 kilómetros de Pekín;y, de la Cordon Press, entrada a Tienjin Eco-city, a 150 kilómetros de Pekín (EL PAÍS, Madrid, 30/08/12).
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