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sábado, 7 de abril de 2012

(A) NORMALIDAD


EL PAÍS, Madrid, 06 de Abril de 2012
LA CUARTA PÁGINA
Sexismo lingüístico: de la punta del iceberg al glaciar
El lenguaje no solo está marcado por el género, sino, en general, por el arquetipo viril. Revisarlo requiere una revolución científica; ampliar el enfoque para percibir lo hasta ahora “anómalo” como normal
Amparo Moreno Sardá


La publicación del informe Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, en el que Ignacio Bosque evalúa guías de lenguaje no sexista, ha abierto un debate que se ha quedado en la punta del iceberg. Propongo prolongarlo para abordar lo que oculta en aguas más profundas y qué pasa con unos glaciares que siempre dijimos que acumulan hielos perennes y hoy se quiebran a un ritmo acelerado. Porque las palabras son instrumentos para el pensamiento y el conocimiento y el masculino constituye la pieza clave de las humanidades, las ciencias sociales, la política, el periodismo...

Bosque y otros proponen continuar utilizando el masculino porque muchas mujeres no nos sentimos excluidas. Cierto. Desde que en 1910 las mujeres pudimos acceder a la Universidad hemos asumido las palabras con las que se elabora el pensamiento y el conocimiento desarrollado en torno al concepto “hombre”. Sin embargo, tras profesar, muchas y algunos hemos detectado que el masculino supuestamente genérico no permite designar a los dos sexos porque está marcado y conduce a considerar a las mujeres una “anomalía”, de acuerdo con la explicación de Kuhn sobre las revoluciones científicas. La mayoría propone hacer visibles a las mujeres mediante un lenguaje no sexista y hacen aportaciones a las distintas disciplinas “con perspectiva de género”.

Por mi parte, la lectura atenta de numerosos textos me condujo a constatar que el masculino, tal como lo utilizamos en los debates públicos académicos, políticos, periodísticos, no abarca a las mujeres y tampoco a todos los hombres porque sólo considera humano el arquetipo viril.

La lectura de numerosos textos me condujo a constatar que el masculino no abarca a las mujeres y tampoco a todos los hombres

Por eso las mujeres nos podemos sentir incluidas en los masculinos, porque estamos donde queremos estar. Pero algunas los evitamos, conscientes de que afectan al objetivo de la cámara que utilizamos, reducen el enfoque sobre los seres humanos, dejan fuera parte de las relaciones sociales, borran matices, crean la ilusión óptica de que vemos lo universal y nos llevan a confundir lo particular con lo general. Y buscamos otras imágenes y palabras adecuadas a unas sociedades plurales y complejas que queremos cambiar para hacerlas justas y equitativas.

El primer indicio de que los masculinos restringen y tergiversan nuestro conocimiento lo encontré cuando regresé a la Universidad como profesora. Siendo estudiante, el enunciado “el hombre es el protagonista de la historia” me había permitido pasar de la versión tradicional de fechas, héroes y batallas, a otra que me ayudó a comprender el funcionamiento de la sociedad. Quise aplicar esta enseñanza a explicar la historia de los medios de comunicación y la cultura de masas. Y un día una alumna me recriminó que mi asignatura era “tan machista como todas las de esta casa”. Tenía razón. No mencionaba a las mujeres porque lo ignoraba todo. Para subsanar mi ignorancia leí y releí atentamente y advertí que la mayoría de textos académicos casi no hablan de las mujeres, que si lo hacen suelen utilizar expresiones negativas o ironías para aligerar párrafos densos… Y deduje que el hombre al que consideraba protagonista de la historia no incluía a las mujeres; los nombres propios ratificaban que solo abarcaba parte de los hombres; y las actuaciones que se les atribuían delataban que tampoco incluían a los seres humanos de sociedades a las que se menosprecia como primitivas, subdesarrolladas… Así, al preguntarme de quién hablamos cuando hablamos del hombre tuve que responder que este concepto está marcado por prejuicios androcéntricos, sexistas, adultos, clasistas y etnocéntricos, y no solo por el género, término que empezó a utilizarse para emular la cultura anglosajona.

“Para hacer grandes cosas hay que ser tan superior como lo es el hombre a la mujer, el padre a los hijos y el amo a los esclavos”. Aristóteles definió así los rasgos del arquetipo viril, sabiendo que solo podía afirmar que ese hombre es superior diciendo que otras mujeres y hombres son inferiores. Y con esta pieza elaboró una explicación para influir en la organización de la polis y lo consiguió. Hasta nuestros días. Aunque los estudiosos y estudiosas actuales ofrecen una versión opaca de sus palabras al utilizar el masculino como si no estuviera marcado y al generalizar como humano lo que el filósofo solo atribuyó a algunos hombres. Además, eliminan aspectos de su análisis que son fundamentales para comprender tanto lo que dijo como el presente.

Proyectan hacia el pasado una visión centrada en lo público que menosprecia lo privado como si fuera insignificante o anómalo. Por eso no logramos entender qué hacemos y podemos hacer cada persona con nuestra economía doméstica en relación con los negocios del consumo transnacional, con una especulación financiera que se ha alimentado de hipotecas basura y ante los paraísos que promete la publicidad y los infiernos de la marginación que dramatizan las televisiones.

El concepto "hombre" que acuñó Aristóteles fue asumido en las universidades cristiano-escolásticas por los varones adultos europeos

No confiesan, como sí hizo Aristóteles, que consideramos “la guerra… un medio natural de adquirir bienes que comprende la caza de los animales bravíos y la de aquellos que nacidos para ser mandados se niegan a someterse”; que la guerra alimenta la apropiación privada y pública de bienes a expensas de desposeer a la mayoría de los recursos necesarios para su supervivencia; que dominar a otros pueblos no es algo espontáneo; que los varones lo han practicado tras ser cruelmente instruidos; que obliga a distribuir tareas entre mujeres y hombres adultos (“el hombre conquista y la mujer conserva”); y algunas atribuyen a los hombres toda la violencia y niegan cualquier complicidad de las mujeres, imprescindible para que las jóvenes generaciones perpetúen y amplíen el sistema. Por eso, ante una crisis que ya no permite ensalzar a los héroes ni proclamarnos superiores, porque África ya no empieza en los Pirineos, sólo sabemos alimentar el miedo… o entonar lamentos victimitas en beneficio de redentores profesionales.

Ciertamente, el concepto “hombre” que acuñó Aristóteles fue asumido en las universidades cristiano-escolásticas por los varones adultos europeos vinculados a la jerarquía eclesiástica que además debían ser célibes. A partir del siglo XII expulsaron a las mujeres, los judíos y los musulmanes de las universidades, como ha explicado Julia Varela. A medida que la cristiandad europea impuso su dominio sobre otros pueblos, transformó las relaciones sociales internas. Algunos hombres y mujeres antes excluidos nos hemos incorporado a los escenarios del poder y hemos tenido que asumirlos; y aunque la lengua se adapta a los cambios sociales, hoy sigue “firmemente asentado en el sistema gramatical del español”, como una “prisión de larga duración”, en palabras de Fernand Braudel.

Todo esto recomienda no usar el masculino como hasta ahora y tampoco sustituirlo por femeninos o doblar palabras. Y obliga a ampliar el enfoque para percibir lo hasta ahora “anómalo” como normal: a promover una revolución científica que permita hacer diagnósticos rigurosos de los problemas de nuestras sociedades para encontrar remedios eficaces. Ardua tarea en unos ambientes académicos que multiplican las evaluaciones, obligan a hacer y decir dentro de cánones estrictos y penalizan cualquier aventura.

Afortunadamente, como detectó Fernández Hermana en los noventa, más allá de estos monasterios hay vida. Otros científicos han generado instrumentos que facilitan elaborar explicaciones plurales, desde diferentes posiciones, en red, de forma cooperativa. Pero para no limitarnos a copiar y pegar hemos de pasar de la punta del iceberg al glaciar de la cultura occidental y preguntarnos con Donna Haraway: “¿Con la sangre de quién se crearon mis ojos?”.

Amparo Moreno Sardá es catedrática emérita de Historia de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sobre el tema que plantea en este artículo ha publicado (1986), El arquetipo viril protagonista de la historia; (1988), La otra ‘Política’ de Aristóteles; (1991), Pensar la historia a ras de piel; (2007), De qué hablamos cuando hablamos del hombre. Treinta años de crítica y alternativas al pensamiento androcéntrico.

miércoles, 21 de marzo de 2012

LENGUAJEGRADO


EL NACIONAL - Lunes 19 de Marzo de 2012 Opinión/7
Pianisto, arpisto y bateristo
CLAUDIO NAZOA

A D. Francisco Javier Pérez, Presidente de la Academia de la Lengua

Razón tiene mi profesor de literatura, el cardenal in péctore Germán Flores, al estar preocupado por lo que él denomina "el idiolecto" de Chávez, ya que los venezolanos estamos siendo afectados por la forma de hablar del Presidente. Repetimos o aceptamos como graciosos los sobrenombres con los que insulta, creando una especie de idioma lleno de cuentos en donde liga lo ficticio con lo real. Inventa pensamientos de Bolívar y utiliza la ficción al hablar de sí mismo o de su historia familiar y personal. Cada vez que se refiere al "golpe" que le dieron (no el que él dio, ese se le olvidó), inventa una historia nueva de su "heroicidad", aunque todos conocemos la realidad.

Hay que estar atentos con esta forma de utilizar el idioma, ya que podemos, entre otras cosas, llegar a hacer el ridículo si seguimos la línea que nos quieren imponer. A los autócratas y a los dictadores siempre les ha gustado cambiar a su antojo los términos y significados de las cosas: los símbolos, los escudos, la historia, las banderas, los límites geográficos, el idioma, la moneda e incluso hasta la hora, entre otras cosas.

Hitler "descubría" en los países que invadía material arqueológico que daba fe de que ese territorio alguna vez fue germano y que él lo estaba rescatando; para sustentar eso contaba con la anuencia de respetables arqueólogos alemanes que se prestaron para la ignominia.

Stalin bautizó San Petersburgo con su nombre: Stalingrado.

Otros, como los horribles dictadores de Corea del Norte, abuelo, padre e hijo, han llegado a la absoluta locura, inventado cosas que si no fuera por los millones de muertos, serían cómicas: "...Un rayo de luz que venía del cielo, indicó el lugar del parto...".

En cada casa de Corea del Norte es obligatorio colgar una foto de estos monstruos, etc.

Ni hablar de Saparmyrat Nyýazow de Turkmenistán (una región de la antigua URSS), quien sustituyó la palabra "pan" por "Gurbansoltanedzhe", el nombre de su madre; los meses de enero y abril pasaron a llevar su nombre y el de su madre respectivamente; cambió la fiesta nacional al 12 de febrero, día de su cumpleaños; reemplazó los nombres de los días de la semana, por el de sus familiares... y etc.

Pero regresemos con nuestra pequeña y aparentemente inofensiva y absurda ridiculez idiomática, rechazada por la Academia de la Lengua, como lo es el hecho de que obligatoriamente tenemos que usar el femenino en todo, con la hipócrita, populista y engañosa excusa de que estamos evitando el sexismo en el idioma. Lo peor ha sido la irracional e impertinente reacción de algunos respetados y admirados intelectuales que arremetieron contra la academia; son los mismos que antes estaban atentos ante cualquier desmán o cursilería militar o civil que cometían los gobiernos de la cuarta república, y que ahora están ciegos ante la evidente locura que nos lleva por el despeñadero.

Pero como palo por palo no es palo, o en lenguaje revolucionario: pala por pala no es pala, me gustaría saber, en medio de este absurdo, cómo nombramos algunas palabras sin ser sexista al revés, por ejemplo: pianista, arpista y baterista.

El idioma castellano es susceptible al cambio, no es estático, pero no puede ser cambiado porque yo soy arrecho o arrecha, o porque soy autoritario o autoritaria. Si aceptamos este "idiolecto" que nos quieren imponer, nos vamos a convertir en burros o burras, ignorantes o ignorantas...

domingo, 4 de marzo de 2012

IUS(EXISMO)


EL UNIVERSAL, Caracas, 4 de Marzo de 2012
LINGÜÍSTICA | Real Academia Española
Ponen a la Constitución venezolana como ejemplo de mal uso del lenguaje
Académico de la RAE Ignacio Bosque reconoce que "existe la discriminación hacia la mujer" y que es necesario "extender la igualdad social de hombres y mujeres y lograr que la presencia de la mujer en la sociedad sea más visible", pero sin excesos
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Madrid.- ¿Es necesario el desdoblamiento léxico para no ser sexistas? No para la Real Academia Española (RAE), cuyo pleno considera que recurrir a fórmulas como "ciudadanos y ciudadanas" supone recargar el lenguaje hasta hacerlo impracticable y cita como ejemplo un artículo de la Constitución de Venezuela.

"Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento podrán ejercer los cargos de presidente o presidenta de la República, vicepresidente ejecutivo o vicepresidenta ejecutiva...", reza el citado fragmento que se alarga, innecesariamente según la RAE, para escribir en masculino y femenino casi una veintena de cargos. Sólo se libra el de Fiscal General de la República, destacó Efe.

El pleno de la RAE acaba de aprobar un informe del académico Ignacio Bosque en el que se critican las directrices contenidas en nueve guías sobre lenguaje no sexista elaboradas por regiones, sindicatos y universidades de España porque, si se aplicara estrictamente cuanto dicen, "no se podría hablar".

En este documento de 18 páginas se cita un par de largos párrafos de la Carga Magna venezolana, adoptada en 1999 a instancias del presidente Hugo Chávez. La denominada Constitución Bolivariana buscaba con su redacción ser un ejemplo de la no discriminación, incluida la sexista, lo que recargó algunos de sus artículos.

El informe sobre lenguaje y género de la RAE, en el que su autor se pregunta irónicamente si decir "los perros, los gatos o los lobos" supone discriminar a las hembras de estos animales, recuerda que las normas gramaticales "no tienen extremos".

"Se formulan de cierta manera y se aplican en función de ciertos criterios léxicos, morfológicos o sintácticos que deben expresarse con claridad", expone el académico.

En algunas de las guías españolas que analiza se indica que los críticos del desdoblamiento léxico "construyen deliberadamente ejemplos recargados con el solo propósito de ridiculizar, a menudo en periódicos o en blogs, a quienes proponen dicho recurso visibilizador".

Y añade: "Pero los fragmentos de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela... no constituyen ejemplos inventados por periodistas o escritores".

Aunque Ignacio Bosque reconoce que desdoblamientos múltiples como los de dicha Carta Magna "se proponen a menudo como ejemplos" en las guías españolas estudiadas, sostiene que esas propuestas "no están hechas para ser adaptadas al lenguaje común".

En su opinión, la igualdad consiste en tratar de que esta "se extienda por completo en las prácticas sociales y en la mentalidad de los ciudadanos", y poco tiene que ver con usar la palabra ciudadanía para que las mujeres no se sientan excluidas.

"No creemos que tenga sentido forzar las estructuras lingüísticas para que constituyan un espejo de la realidad o impulsar políticas normativas que separen el lenguaje oficial del real", arguye.

Aunque el académico de la RAE reconoce que "existe la discriminación hacia la mujer" y que es necesario "extender la igualdad social de hombres y mujeres y lograr que la presencia de la mujer en la sociedad sea más visible", la opción de decir "nadie estaba contenta" para evitar una supuesta discriminación femenina no le parece lógica.